miércoles, 26 de noviembre de 2014

La (sorprendente) regularidad de 'Rick & Morty'

Hay series que uno piensa que jamás dejará de ver porque cree infalibles. Todavía recuerdo los primeros episodios de ‘Community’, donde los personajes progresaban adecuadamente y pudimos entender el sentido del humor de Dan Harmon. El nivel de algunos episodios era tan elevado, con referencias y juegos tan inteligentes, que jamás creí que dejaría de verla. ¿Cómo podía fallar el hombre que escribió el episodio del paintball? Imposible, ¿no?

Contra todo pronóstico, dejé de verla. Bueno, mi futuro con esa serie cada vez quedó más claro cuando vi que el ratio de episodios fallidos crecía exponencialmente. No podía ser tan y tan irregular, con momentos emotivos fallidos y homenajes a la desesperada para atraer la atención de los fieles. Para algunos, el intento era suficiente, ya les aportaba algo que no estaba en el resto de la televisión. Probablemente este hecho es el que impide que diga que llegó a ser mala porque por lo menos intentaba algo distinto, pero no puedo fingir que dejó de ser divertida.

Esta deriva tan irregular de ‘Community’ fue la razón por la que no comencé ‘Rick & Morty’ cuando se estrenó en Adult Swim, el contenedor de animación adulta que tiene Cartoon Network en Estados Unidos. La idea de invertir en una serie de televisión comandada por un señor tan inestable como Dan Harmon me daba pereza. Si en acción real y con las restricciones de NBC algunas de sus idas de olla ya no funcionaban, la libertad creativa podría sentarle mal. Pero me equivoqué.

Ahora que ha llegado a España de la mano del canal TNT, he descubierto que es una maravilla. Las aventuras del joven Morty, un chaval un poquito corto, que viaja por el universo y las líneas temporales con el genio alcohólico de su abuelo, el despreciable Rick, es un pozo de fantasías cínicas que siempre dan buenos resultados. Desconozco si tiene que ver la co-autoría de Justin Roiland, que creó los personajes en un cortometraje y luego Harmon se unió al proyecto, pero se nota la mano del responsable de ‘Community’ y solamente en el buen sentido.

Aquí aprovecha el potencial de la animación adulta. No solamente permite unas criaturas, parajes, planetas y acciones imposibles en acción real, también aprovecha que la animación permite situaciones que en otras circunstancias nos parecerían demasiado depravadas. Puede tomarse más licencias y, aun así, a veces te escandaliza con algunas de sus propuestas, siempre originales y rebosantes de mala leche.

El juego de las referencias y de las anécdotas meta-televisivas no devora el contenido de los episodios. Pueden hacer guiños a Jurassic Park, a cualquier reality casposo de la televisión y a Freddy Krueger y estos no eclipsan a Rick y Morty, como alguna vez sí que ocurría en ‘Community’. Y de forma absolutamente retorcida, hasta desarrolla cierta sensación de cariño entre todos los personajes, en especial con los padres de Morty, siempre al borde del divorcio pero encontrando de vez en cuando la llama del amor.

Así que, si alguien hizo como yo e ignoró ‘Rick & Morty’ porque ya no confiaba en Dan Harmon, que les dé una oportunidad. El primer episodio puede que se exceda en los eructos de tanto querer marcar territorio y dejar claro que es animación muy adulta y con un punto desagradable (cuando crees que no irán por un camino, lo cogen y se pasan tres pueblos), pero fueron rápidos de reflejos y en el segundo episodio el tono ya estaba pulido. Y, hasta el final de temporada, un episodio inolvidable tras otro. Muy buen trabajo, Dan.

P.D. Podcast: Aquí tenéis el noveno programa de la temporada de ‘Yo disparé a J.R.’. La mayoría de temas giran alrededor de Shonda pero hay alguna recomendación decente (o no):
- 00': Introducción.
- 06': El piloto de 'State of Affairs'.
- 22': El arranque de la segunda temporada de 'The Fall'.
- 43': 'Anatomía de Grey' madura.
- 59': Puesta al día de 'How to get away with murder' (hasta el 1.09).
- 74': La grandeza de 'The real housewives of Beverly Hills'.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Ignorar a la virgen

Siempre digo que triunfar en la televisión americana es cuestión de suerte. Una serie puede caer en gracia y que Estados Unidos decida darle una oportunidad y otras, pese a tener todos los números, quedan relegadas en el olvido. Que se lo digan a ‘Scandal’, que hasta Shonda le dio un lavado de cara al terminar la primera temporada, pero que igualmente tuvo una parroquia entregada que empezó la segunda y la recomendó hasta que fue un éxito. Podía ser ‘Off the map’, esa serie que ABC estrenó de la factoría ShondaLand, y fue su nueva ‘Anatomía de Grey’.

Me pregunto, por ejemplo, qué habría ocurrido si ‘Jane the virgin’ hubiese tenido la suerte de estrenarse en ese mismo canal en lugar de la CW, que últimamente tiene muy buena voluntad con sus ficciones propias pero que probablemente ya no tiene la audiencia que necesita esta ficción. Antes querían obsesionar a las mujeres jóvenes con ‘Gossip girl’ y compañía y ahora han descubierto que se les da mejor la ciencia ficción y las adaptaciones de cómics con unos resultados fantásticos para ‘The Flash’, ‘Arrow’ les funciona de maravilla, ‘Supernatural’ es incombustible y hasta ‘The Vampire Diaries’ y ‘The Originals’ tienen las suficientes dosis fantásticas para no ser meros culebrones adolescentes.

‘Jane the virgin’, en cambio, es un homenaje y una parodia de las telenovelas sudamericanas, es una telenovela en si misma y tiene muchos elementos meta-telenovelescos. Es la nueva ‘Ugly Betty’ con una diferencia fundamental: es mejor y no da dolor de cabeza con la saturación narrativa, ni tiene unos personajes tan insoportablemente sobreactuados. Y, por más que no lo parezca por sus audiencias, es una serie que anima a verla semanalmente.

Si el episodio piloto sedujo a la crítica americana con su frescura, un ritmo despiadado y una protagonista muy sólida con el rostro de Gina Rodriguez, los cinco episodios emitidos a continuación han seguido la misma inercia. ¿Su mayor virtud? Que propone suficientes escenas impactantes por episodio, ya sea por originales, dramáticas o divertidas, para que la serie genere ruido mediático. La escena de la pobre Jane en la iglesia, donde su subconsciente la advierte que no debería mentir a su abuela a través del coro, era perfecta para comentarla durante 24 horas sin cesar; el cadáver cayendo sobre una estatua de hielo, también; y ese instante con pétalos de rosa del último episodio debería tener al público completamente obsesionado.

Por mala suerte, ‘Jane the virgin’ está pasando desapercibida dentro de su propio canal. La CW tuvo suficiente buena voluntad como para encargar una temporada completa, supongo que para ver si los Globos de Oro quieren dar la nota nominando a Rodriguez (que sería una candidata muy merecida en la categoría de comedia), pero nació en el canal equivocado.

Supongo que los directivos contaban con el apoyo de la comunidad latina, que muchas noches hace que el canal Univision tenga más audiencia que FOX o NBC y en verano ganaba prácticamente a todas las networks, pero parece que ellos están demasiado ocupados viendo telenovelas con denominación de origen al sur de la frontera con México. Y es una lástima porque esta idea tan y tan absurda, la de una chica virgen que es inseminada por error, está siendo la novedad más destacada, divertida y auto-consciente de este otoño.

(Por cierto, ya sabéis que no soy mucho de recomendar canciones por aquí pero ‘Sea of lovers’ de Christina Perri hay que escucharla en bucle después de terminar el sexto episodio de ‘Jane the virgin’. ¿Por qué la CW no deja colgar vídeos de esta serie para dar cierta sensación de comunidad y permitir que la gente le eche un vistazo?)

sábado, 22 de noviembre de 2014

Envejecer con dignidad

A veces sólo hace falta publicar un apunte de una serie para que esta decida llevarte la contraria y dejarte en evidencia. Fue decir “a estas alturas ya no puedo dejar ‘Anatomía de Grey’ pero debería” y automáticamente ha resurgido de entre sus cenizas. No es que se haya rejuvenecido sino más bien lo contrario. Ya prácticamente tiene once primaveras, lo que en televisión es una eternidad y media, y está utilizando todos estos años a su favor.

Shonda Rhimes, que es perra vieja, coló un episodio con retazos del pasado que fue maravilloso. Quiso hacernos un repaso de la vida de Meredith Grey después de saber que tenía otra hermanastra, en este caso Maggie, la nueva cirujana cardíaca que entró en el hospital para saber más de Ellis y de Richard, los padres que la dieron en adopción. ¿Me creo que Shonda tenía previsto este giro biográfico de Meredith desde que comenzó la serie? Ni en broma. He visto aviones caer. Pero metió esos flashbacks con una maestría que se merecía un aplauso. La imagen de Ellis con alzhéimer diciéndole a Meredith “qué lástima que no conociste a mi hija”, dejándonos con la duda de si hablaba de la hija que tenía delante o de Maggie, fue para quitarse el sombrero.

Esta mezcla de flashes de hace años o recreaciones de la infancia de Meredith han servido para pintar a la protagonista como un personaje redondo. En el octavo episodio, por ejemplo, otra vez reutilizó instantes de Ellis y también del piloto con Derek y Meredith conociéndose en el sofá. A veces parece que no haya pasado nada de tiempo pero hemos visto desarrollarse a los protagonistas, hemos visto envejecer a Patrick Dempsey y a Ellen Pompeo y, si cogiéramos una fotografía de cuando comenzamos la primera temporada, nosotros también. Cuando tenía 19 años y comenzaba la universidad, no tenía las cuatro canas que he heredado de mi padre y que me han salido a los 28.

De cara a esta undécima temporada, sin embargo, admiro algunas ideas que suelta Shonda y que a menudo saludo con reticencias porque las experiencias no siempre fueron buenas. Pongamos, por ejemplo, el episodio de la terapia de pareja de Arizona y Callie. Esos siete minutos, donde intercaló distintas discusiones de las dos, fue terriblemente insoportable, casi tanto como los roces de Meredith y Derek del último episodio. Pero cuando llegó el final del episodio pude respetar la decisión creativa. Aportó a los personajes, aportó a la trama y entendí que una posible ruptura no es fácil de observar. Lo mismo digo de la fantástica escena de despedida hasta finales de enero, cuando volverá ‘Anatomía de Grey’ con los 16 episodios restantes.

De momento, no está habiendo esa desesperación por crear triángulos amorosos innecesarios y se agradece. En cambio, estamos experimentando los entresijos de crear una familia, de prosperar y de conciliar el trabajo con la familia. Aunque cueste creerlo, Shonda lo está haciendo muy bien. Ha recuperado el toque, como si hubiera recobrado las ganas de darle vida a su primer éxito, en lugar de provocar que se apague lentamente, que es la inercia que seguía. Los episodios han tenido ritmo y por primera vez en mucho tiempo se molestan en contarnos los casos médicos y en vincularlos de forma orgánica a las situaciones de los personajes.

Y, como se trata de la reina del drama, se ha marchado con una tragedia en ciernes. No, no me refiero a Geena Davis y sus orgasmos (¡pobre de tú que se los robes, Arizona!), que bienvenida sea con su presencia de 1,80 de estatura. Pero qué te voy a decir a ti, querido lector, si probablemente ya estás en el supermercado comprando kleenex para cuando ‘Anatomía de Grey’ regrese en enero.

jueves, 20 de noviembre de 2014

La presión de 'The Knick'

Los canales de cable premium americano suelen tener unos objetivos cuando estrenan ficciones y la renovación de ‘The Knick’, que tendrá una segunda temporada también dirigida por Steven Soderbergh, tuvo más que ver con la exposición mediática que los datos de audiencia. El canal no podía cambiar la imagen de Cinemax con una sola serie, cuyo objetivo era decir que optaba por las series de calidad como su hermana mayor HBO, y luego cancelar el proyecto a los diez episodios. Sería poco profesional y el espectador se quedaría con la impresión que tiran la toalla, además de quedar decepcionado tras darles un voto de confianza.

El número de espectadores que obtuvo no fue ningún game-changer. El volumen de abonados tiene bastante que ver y, más que demostrar que no había picado tanto la curiosidad, diría que evidenció que una transformación no sucede de un día para otro. Es evidente que un buen contenido puede girar la suerte de un canal pero por cada ‘Mad Men’ hay unos cuantos ‘Oz’. Sólo ellos saben, en realidad, las dinámicas de sus suscriptores, qué hábitos tienen dentro de su plataforma, qué pueden considerar un pelotazo y hasta qué punto las audiencias acumuladas son fiables o son personas que planchan con un episodio repetido de fondo.

Sea como sea, ‘The Knick’ tendrá bastante que demostrar cuando llegue la temporada de premios. Puede que nadie vea el canal Cinemax pero sí que todo el mundo conoce a Soderbergh y a Clive Owen, por lo menos los cientos de votantes de los Emmy. Rascar algo, ni que sea por respeto y por arriesgarse, sería un síntoma de éxito, una circunstancia que una serie como ‘Manhattan’ difícilmente conseguirá por pertenecer a un canal igual de poco popular, WGN America, pero sin contar con nombres tan famosos. Cuando llegue el momento veremos el peso de los apellidos Soderbergh y Owen.

Por el estreno de ‘The Knick’ ya comenté que tenía un valor prácticamente documental. Los doctores Thackeray y Edwards se inspiran en médicos que existieron y los guionistas Jack Amiel, Michael Begler y Steven Katz prestan mucha atención al detalle. Quieren retratarnos la época, contarnos su dureza y los personajes son herramientas que sirven a este propósito de forma consciente. A Thack, Edwards o Cornelia no les guían las manos de los creadores sino que son víctimas del entorno y de la época. Hay algo casi fatal en sus destinos porque sólo los controlan hasta cierto punto y ‘The Knick’ ya se encarga de que entendamos que su margen de maniobra es minúsculo.

De hecho, este drama casi nos hizo creer que podía emanciparse de las convenciones del momento. Cuando parecía que se marcaría un ‘Downton Abbey’ y apostaría por algunas actitudes anacrónicas por el bien de las tramas, puso al espectador en su lugar. Una cosa es que Edwards pueda ganarse el respeto de otros profesionales y otra que la comunidad afroamericana reciba un trato decente en general. Es esta cuestión la que permite que el séptimo episodio sea el mejor de la temporada, ni que sea porque tiene un argumento claro y todo gira a su alrededor durante 42 minutos con un ritmo vertiginoso. En los siguientes episodios, no obstante, ponen otra vez al espectador y sus expectativas en su lugar.

Esta es una opción muy respetable: los responsables tienen una visión y son fieles a ella. Además, permiten que echar un vistazo al principio del siglo XX sea fascinante con ese juego estético. La dirección visceral de Soderbergh y la música moderna de Cliff Martinez nos recuerdan en todo momento la crueldad de esa época, sobre todo porque nos obligan a compararla con la actualidad. No es ‘Anatomía de Grey’ ni es ‘Downton Abbey’ ni es nada que se emita ahora mismo en televisión, y esto permite que sea una ficción muy estimulante.

martes, 18 de noviembre de 2014

¿Cómo vio esto la luz?

El jefe de entretenimiento del canal FOX, Kevin Reilly, fue despedido porque no conseguía levantar las audiencias del canal. Pero antes de irse procuró cambiar el rumbo con otro método de encargo de series. En lugar de pedir cientos de guiones, financiar decenas de pilotos y elegir a partir de ahí, prefirió coger el manual de las cadenas de cable y alimentar unos cuantos proyectos prometedores. Así salieron ‘Red band society’, ‘Gotham’ y otras propuestas y, por mala suerte para él, el tiempo no le ha dado la razón con una cantidad de fracasos abrumadora donde sólo el comisario Jim Gordon de Batman se salva.

Pero este debate de si la fase de pilotos es la más efectiva o si es mejor dedicar más tiempo y dinero a proyectos prometedores sigue en pie. O, mejor dicho, lo inquietante es ver algunos estrenos de este otoño y preguntarse hasta qué punto los ejecutivos de las cadenas se tomaron la molestia de ver los pilotos y con qué criterios los juzgaron. ¿Cómo pudieron seguir adelante proyectos como ‘Bad Judge’ y ‘Manhattan Love Story’?

No es que Kate Walsh no pueda capitanear una comedia, pues el género se le da bien como demostraba su papel en ‘Fargo’, pero una jueza fiestera es una premisa tan ridícula que sólo podía tener sentido en los noventa (o como personaje invitado en ‘The Good Wife’, que ellos sí manejan bien estos personajes). Y ‘Manhattan Love Story’, si bien la idea no me disgustaba, demostró tener una química nefasta en el piloto sobre todo por culpa del guión. Tirar adelante ese piloto no era un riesgo que valiera la pena.

No me meteré con ‘Selfie’ porque, a pesar de haber sido cancelada, mejoró con el paso de los episodios y Karen Gillan y John Cho sí funcionaban como pareja. A veces en una comedia sólo necesitas esto, dos personajes con química y el resto se puede desarrollar a su alrededor. ‘A to Z’ más de lo mismo, mala suerte. Y cosas como ‘The McCarthys’, que duelen profundamente por rancias, tienen razón de ser: encaja dentro de la filosofía de la CBS por más que no me gusten. Pero ahora que el canal ha tenido que cancelar ‘The Millers’ por sus bajos datos de audiencia, creo que se han dado cuenta que no perjudica a nadie que la serie además de encajar de paso sea buena.

A veces da la impresión que eligen unas cuantas series con todo el amor y la inteligencia del mundo y luego dicen “necesitamos mierda para rellenar el resto de programación”. Y, por mala suerte para ellos, el espectador detecta este tipo de proyectos y responde mal ante el visionado. Puede que con ‘The Mysteries of Laura’ la crítica americana fuera especialmente cruel, pues es ultra-ligera pero tampoco se merece la etiqueta de peor piloto de la década, pero hay unos cuantos pilotos que jamás debieron recibir luz verde. ¿Otro caso? ‘Marry Me’. Casey Wilson no es ese tipo de actrices que rebajan su personaje y en el episodio de presentación, por más que uno sea nostálgico de ‘Happy Endings’, entran ganas de mandarla de viaje de bodas al triángulo de las Bermudas.

(Y, ahora que ya he mencionado y valorado rápido y corriendo estos proyectos de segunda y tercera categoría, sigamos con nuestras vidas televisivas. ¿Podemos fingir que nunca han existido?)

P.D.Podcast: En el último programa de ‘Yo disparé a J.R.’ comentamos esto por encima. Como siempre, hay muchísimo más. Aquí la guía del podcast:
- 00’: Introducción y cancelaciones.
- 10’: Recomendación: 'Bob’s Burgers'.
- 24’: ¡Viva 'Gravity Falls'!
- 36’: El final de temporada de 'Doctor Who'.
- 46’: ¿Qué tal aguanta 'Revenge'? (spoilers hasta 4.07)
- 62’: ‘Downton Abbey’, balance de final de la quinta temporada (con spoilers).

domingo, 16 de noviembre de 2014

Cuando los tacones suenan como sables

El mejor drama de la televisión está a punto de volver. Pero no me refiero a una serie dramática de una hora de duración escrita por guionistas de ficción, me refiero literalmente a un drama. ‘The real housewives of Beverly Hills’ es una locura trágico-cómica, una desgracia social de proporciones épicas. Las batallas entre estas mujeres de la élite de Beverly Hills es como acudir a un golpe de estado social donde en lugar de sonar sables repican los taconazos de los Louboutins.

Este universo donde participan, por ejemplo, la mujer de David Foster, las tías de Paris Hilton o la copropietaria de un equipo de la NBA y de casinos de Las Vegas es una fantasía hecha realidad. ¿Tendrán guionistas que sugieren esas llamadas casuales y las fiestas donde todas marcan territorio y sacan los trapos sucios? Por supuesto. Pero cuando uno vive de cara la galería, por más que intente vender una imagen, siempre cuela una parte de la verdad.

Sólo hace falta recordar esa reunión de té de Lisa Vanderpump, que invitó a sus amigas a comer pastitas. ¿Cómo terminó? Con una de las sujetas presentándose como una cuba o directamente al borde de un ataque de nervios por su situación personal. ¿Quién podía imaginar que ese acontecimiento social se convertiría en una intervención? Del “quieres una galleta de mantequilla” se pasó a “tu marido te maltrata y nosotras no hemos dicho nada delante de las cámaras porque somos buenas amigas”. Y también del “quieres una nube de leche en el té” al “sabemos que te rompió la mandíbula”.

Este juego que llevan a cabo, el de querer transmitir una imagen determinada de ellas mismas, puede tener sus contrapartidas y es maravilloso ver como les puede salir el tiro por la culata. No darte cuenta que si en un determinado momento hay una conversación sobre dar a luz no es casual: alguien se ha enterado de tu secreto y en algún momento alguien lo soltará en una reunión. A Adrianne Maloof igualmente la cogieron con la falsa cicatriz de la cesárea al aire: nunca es buena idea fingir que has estado embarazada cuando tus gemelos los tuvo otra. No pasa nada, mujer, Camille Grammer también utilizó un vientre de alquiler y nadie la crucifica.

Camille es otra, por cierto, a la que la realidad de verdad la embistió en directo. ¿Creías que tu marido Kelsey, más conocido como ‘Frasier’, te dejaba participar en el programa porque era tu momento de brillar? No, mujer, lo que él quería es que no te dieras cuenta que te metía los cuernos con una stripper en Nueva York. Y no, dudo que Camille se prestase a la humillación social de que su marido la dejase por una bailarina a quien había dejado preñada. Tú utilizaste un vientre de alquiler y él fecundó otra mujer por si acaso.

Y, como decía al principio, las maquinaciones de poder tienen poco que envidiar a ‘Juego de tronos’. Los sables suenan en todas las fiestas y la fluctuación de poder es peligrosa. Ser la abeja reina no es fácil, hay que saber jugar bien las cartas. Primero hubo una batalla entre Kyle Richards y Camille Grammer y esta última perdió (esto de aparecer en el programa no fue su mejor decisión). Luego Lisa Vanderpump y Kyle entraron también en una guerra fría que parecía que no iba a resolverse. Parecía que la empresaria inglesa estaba saliéndose con la suya y apareció Yolanda Foster, que hizo valer los Grammys de su marido para brillar. Había otra europea con clase en Beverly Hills y, sin montar numeritos, nadie se atreve a levantarle la voz.

Así que, como podéis imaginar, me muero de ganas de que regresen este martes. No se acerca el invierno, lo que se acerca es el juego de diamantes de cada otoño. Pero no gana la que tiene el pedrusco más grande, sino la que sabe alinear mejor a sus tropas cuando toca luchar entre copas de champán. Y, como si no hubiese guerreros suficientes, ahora se suma un ‘Mad Men’ y dos divas de los culebrones. Ni que a ‘The real housewives of Beverly Hills’ le faltase el drama. Este adelanto, por cierto, no tiene precio.