lunes 8 de febrero de 2010

Algo chirría en la isla...

El silencio a veces parece el mejor antídoto para que los peores augurios se hagan realidad. Pero la crítica también es una práctica sana que puede evitar que el 23 de mayo, cuando termine Perdidos, nos demos de bruces con el desenlace. El primer episodio de la nueva temporada, desafortunadamente, no me quitó el mal sabor de boca que me dejó la season finale de la quinta y ha habido algunos apuntes que señalan que no vamos por el camino correcto. ¿Estarán cargándose la serie justo en su traca final?


El gurú de la isla


¿Un monje oriental que se niega a hablar inglés “porque ensucia su lengua”? Como dirían Amy Poehler y Seth Meyers en uno de sus Weekend Updates... ¡¿REALLY?! Desde ya mismo pido a Damon Lindelof y Carlton Cuse que incluyan en los extras de la sexta temporada explicaciones acerca de este personaje, porque los ojos casi se me salen de las órbitas sólo de ver ese cliché con patas caminando por el templo. Parecía más un sketch fallido que uno de esos WTF moments a los que nos tienen acostumbrados.


Hablando de whatthefucks...


Ese plano bajo el océano pacífico fue una buena idea para empezar la temporada, pero no será ni de lejos uno de los WTF más recordados de la historia de la serie. Después de seis temporadas, creo que el mayor problema de Perdidos es que el espectador se ha vuelto inmune a los golpes de efecto. Escenas como ese maravilloso Downtown introduciendo a Juliet (y el poblado), la explosión del hogar de Kate Austin, ese “Dad?” en la pantalla del ordenador de la escotilla o las buenas noches de Kate a Aaron ya no se repiten con la misma asiduidad. Y después de la muerte-homenaje a Charlie, de ese flashback con cariño a Shannon (que poco después moriría), o la pena con la que vimos a Juliet llorando con toda su alma e intentando hacer explosionar la bomba... todos sabíamos que Sayid no moriría. Otro momento que pudo ser y no fue.


Saturación


Los amigos de Jacob que llegaron con el segundo avión sobran (otros otros otros ya es excesivo). Pero seguramente lo que más recrimino a los guionistas (o showrunners) es que desvirtuaran el bosque. Antes daba miedo ver a nuestros perdidos caminando a tientas con las antorchas entre los árboles, empapados de lluvia y de sudor. Sabíamos que cualquier crujido, cualquier aullido del monstruo, podría terminar con ese apacible paseo. Sin embargo, la isla ahora parece las Ramblas de Barcelona y sólo le faltan los vendedores ambulantes ofreciendo cervezas o hachís. ¿Otra nota negativa? Ese templo kitsch y también superpoblado que, como la palanca de la isla, era más propio de Xena que de esta serie que aspira a entrar en los anales de la televisión (bueno, en realidad ya está, la misión es que ahora nadie se arrepienta).


Por un Perdidos laico


Que el humo negro no nuble el juicio de Lindelof y Cuse, por favor. Como ya apunté la anterior temporada, el dilema final, la solución a la gran encrucijada, tiene que tocar de peus a terra. Sin embargo, el estreno del tramo final sigue en la línea de confirmar mis temores y convertir toda esta aventura que ha durado seis años en una batalla de egos mitológicos. Aaron, por lo que apuntan algunos, podría ser la piedra angular de este quebradero de cabeza. ¿Realmente os interesa el anti-Locke? ¿O sois como yo y preferís que las cámaras se centren en Hurley, Jack y Sawyer?


Pero...


Me niego a mojarme y predicar que el final será una birria. Perdidos constituye un capítulo de la historia de la televisión y por lo tanto merece un voto de confianza. No obstante, esto no significa que sea intocable, como muchos pretenden. La partida aún no está ganada y el último movimiento la encumbrará... o nos quitará, en cierto modo, la venda de los ojos. Las obras maestras son totales y redondas. ¿Perdidos lo es? Aún está por determinar.

viernes 5 de febrero de 2010

La hora de la merienda

Todo el mundo tiene un pasado y mi historial teléfilo no está exento de manchas. Aquí, tan americanófilo como me leéis, tuve mi particular adolescencia rebelde y uno de los errores que cometí fue el de engancharme cada tarde al programa de Emma García. Sí, lo confieso: yo veía ese ordinario referente de la telebasura llamado A Tu Lado.


¿Qué me fascinaba? Sinceramente no lo sé. Preguntadle a todas esas marujas sin clase qué les gusta de Belén Esteban y a ver si os saben dar una respuesta racional. Supongo que, en una época en la que yo también gritaba más que nadie, las trifulcas de ese plató saciaban mi eterno sentir de indignación. ¡Qué etapa, la adolescencia!


Me perdí con ese triángulo amoroso que liaron Raquel (post accidente), Noemí (en pleno apogeo zorril) y ese tal Judd, que llegó a los platós siendo una chica y se despidió de la farándula siendo un chico (sí, los cheques regalo de Telecinco también sirven para los cambios de sexo). Me enteré que Tamara se había cambiado de nombre artístico, para pasarse a llamar Ámbar (aunque ahora es Yurena) y comprobé como Margarita Seisdedos tardaba aproximadamente dos minutos en perder los papeles en un plató.


Por esas horas perdidas en las que fingía hacer los deberes (y que compaginaba con el Flaixmania de Josep Lobató), también adquirí moralidad con la virginidad de Mónica y David (con la presencia de los suegros), vi cómo crecía ese monstruo llamado Kiko Hernández, me enteré de los primeros pasos de los hermanos García en el mundo del porno (de Dinio y de Rafa) y llegué a creer que Lydia Lozano se merecía cierto respeto dentro de sus círculos (por entonces aún no había empezado a resucitar a los muertos).


Pero como la memoria es traicionera y encima todos estos famosetes resplandecieron de forma fugaz, para dejar tras de si pequeños agujeros negros, ya no me acuerdo si por allí también se paseó Aída, Fresita y ese ganador de Gran Hermano que era taxista y que acosaba por Guadalix a una modelo muy fea y muy coqueta (no creo que ninguno de los dos se merezcan una búsqueda de google de 0,03 segundos).


En cambio, lo que no olvidaré es porqué dejé de ver semejante circo televisivo. Era el inicio de una nueva etapa basuresca y con los polígrafos subieron a otro nivel de vulgaridad. ¿Qué pudo conmigo? Las confesiones de la paleta de Tammy, que en horario infantil reconoció que ejercía de dominatrix con los hombres que le pagaban por ser sus esclavos sexuales. Entonces dije “¡basta!” y esa furcia televisiva llamada Emma García no me volvió a ver el pelo.


Esta tarde, por culpa del pique que protagonizan estos días Kiko y Lydia, he visto un ratito del Sálvame, que viene a ser un A Tu Lado con Tomate pasado por el minipimer. Y aparte de la ironía que supone que el agrio tertuliano se enfade porque Lydia ha aireado algo de su vida privada (¿qué haces tú cada tarde, perro rabioso?), me he dado cuenta que ahora, aunque quisiera, sería incapaz de tragarme semejante programa, por más que le hayan dado un poco la vuelta y exalten el cachondeo, pongan pastitas para la merienda e incluso traigan a la payasa de Paz Padilla.


Esto es como la infancia o la adolescencia: en algún momento toca hacerse mayores. Y mientras algunos aún disfrutan viendo estas versiones contemporáneas de la mujer barbuda, las siamesas trapecistas y los enanos acróbatas, yo me cansé de los numeritos de estos indeseables que siguen en sus trece de que gana quien grita más alto. Si a la chusma no la dejo entrar en mi casa por la puerta, tampoco la dejaré entrar por la tele.

martes 2 de febrero de 2010

El despreciable Archer

Es una paradoja ver que la animación sirve en los Estados Unidos para dos propósitos bien distintos: uno, el más tradicional, es el de entretener al público infantil con pequeños cuentos audiovisuales. Pero el otro, que muchos creen que ha llegado a su cenit con Padre de Familia, es el de dar cobijo a la incorrección política. Primero fueron Los Simpson, luego hubo el boom del eresuncabrónhijoputa de South Park y ahora parece que el reino le pertenece a Seth McFarlane, capaz de brindar grandes gags pero cuyo humor es a todas luces torpe, por más que él disfrace la falta de cohesión de buscada anarquía. Y si algo une estas series, además de la incorrección, es que todas ellas intentaron dinamitar conceptos abstractos como el sueño americano y los pilares de la familia.


Por suerte, hay quien ha sabido ver que no todo en este mundo es meterse con estas supuestas estructuras que fundamentan la sociedad norteamericana (y que a veces parece que hay envidiosos que demonizan sin saber muy bien porqué) y sencillamente se ha metido en el mundo de la animación adulta con ganas de hacer un poco el gamberro. De Archer no se podrá anunciar que critica el american way of life, que es un paradigma que parece dar sentido y justificar cualquier ficción, sino sólo que ofrece los capítulos más redondos de la animación adulta (y sólo lleva tres). De hecho, están tan bien pensados que uno no se fija en lo rígida que es la animación, y cuando ve a la madre del protagonista con la voz de Jessica Walter, automáticamente ve a una actriz de carne y huesos.


Archer, en resumidas cuentas, podría decirse que es el reverso irreverente de James Bond, un niño de papá que trabaja en la agencia de espías de su madre, para la que siente cierta atracción sexual, y cuyos despistes provocan la muerte de sus compañeros sin dejar ningún rastro de remordimiento en su conciencia. Su personalidad, además, va acorde con su vocación por el espionaje: no se corta a la hora de vejar a las mujeres, ni de soltar comentarios racistas, antisemitas, homófobos y con cualquier connotación peyorativa hacia cualquier colectivo. Sí, soy tan básico que con esto me tienen ganado.


Pero lo mejor de esta comedia es ver que los episodios están bien construidos y no son sólo una consecución de gags, por más que haya escenas ya memorables. ¿Algunas? Pues la frase con la que Archer echa a una azafata de su cama ("If you want breakfast, go to the dinner. You're obviously into greek"), un (¿involuntario?) roce de penes en el vestuario, la secretaria que tiene tan poca personalidad que cada día cambia de nombre, la semierección de Archer cuando ve a su madre apuntada por una pistola y el muy ingenioso fuera de cámara del final del tercer episodio, donde toda la trupe monta un "clásico" escenario de crimen en casa de los vecinos mientras critican la decoración del lavabo y provocan un incendio en el piso. Sin verse nada, se disfruta todo. Un must-see, vamos.

sábado 30 de enero de 2010

Las filosofías de Survivor

¿Se puede hacer cualquier cosa por un millón de dólares?


Contesta esta pregunta. No es sencillo, la verdad, pues estamos delante de una suma de dinero que puede cambiarte la vida. ¿Has decidido ya si importa más tu integridad como persona o los ceros de tu cuenta corriente? Y es que estas dos opciones, si estás en tus cabales, son las dos filosofías esenciales en las que podrías basar tu juego en Survivor.


Hay quien defiende que cuando se entra en Survivor, uno se zambulle en un entorno donde la brújula moral ya no señala el norte. Que cualquier movimiento es correcto siempre y cuando se avance en el juego. Que echar a la buena chica y hacer avanzar a un cerdo ególatra se puede excusar, traicionar a tu firme alianza a ciegas es un gran golpe, y quemar los calcetines de tus compañeros es para quitarse el sombrero. Esta es una opción válida para muchos.


Pero yo no estoy de acuerdo. Estar continuamente grabado por unas cámaras no significa que vivas una serie de ficción y un millón de dólares no debe comportar necesariamente acuchillar a un inocente por la espalda. Hay formas y formas de lograr los objetivos y meterse en la burbuja de Survivor no significa que las personas de tu alrededor dejen de ser eso, personas. Y aquí reside gran parte de mi interés por el programa: observar como sobre una base real se disputan un millón de dólares el bien contra el mal. Por suerte, siempre hay alguien dentro de cada edición que se acerca a este razonamiento.


El máximo exponente de esta tesis es Sugar, que se unió a la aventura en Gabón (de las mejores). Ella era una pin-up, rubia y muy mona, que decidía ir a asumir la muerte de su padre en el concurso. Un encanto de chica y la típica que todos confundieron como la tonta del grupo, sin darse en cuenta que si acaso era todo lo contrario. Y gracias a su brújula moral, que no se desimantó por irse a un lugar remoto, se dieron de los mejores giros de la historia del concurso.


Joder al jodedor está bien (menos por menos es más). Contribuir a la salida de alguien, sin broncas gratuitas, para continuar, también (instinto de supervivencia). Pero ella tenía claro que no valía todo. De aquí su expresión "¿por qué lo machaca si ya está por los suelos?" y el giro que cambiaría el rumbo de la historia. Su determinación por hacer lo correcto llegaría a cotas heroicas.


Obviamente no os voy a contar el desenlace, sino que lo que quiero es que os embarquéis conmigo en mi particular camino hacia Survivor: Heroes VS Villains. Y en estas dos filosofías reside la grandeza del concurso, que no tiene un guión hermético que incline la balanza. Es por esto que el público norteamericano se hipnotizó con el formato. Porque lo que quiera el público no importa y el final puede ser tan desgarrador como justo y en Australia, Micronesia, las Islas Cook, Gabón y Samoa siempre hubo todo tipo de resultados y no siempre la heroicidad se premió con un millón de dólares. El bien, en la ficción, suele triunfar. Pero esto no es una película de Disney, sino la telerrealidad, y aquí sí que puede ocurrir cualquier cosa.


Como ya he dicho, hay muchos que opinan al revés que yo, como mi amigo anade. Si queréis, poder leer su reflexión acerca de la filosofía de Survivor y ver cómo hay quien cree que deben prevaler las malas artes a la integridad. Y si os queréis descargar Gabón, no hay mejor sitio que Survivor en Español

jueves 28 de enero de 2010

¿Diferencias irreconciliables?

Life UneXpected es la esperanza blanca de la CW. Como ya se ha profetizado en millones de páginas, es el posible mesías que devuelva un poco de integridad a esta cadena para adolescentes que, desde Gossip Girl, se ha perdido en los escándalos superficiales. Dicen que seguirá la estela de las Chicas Gilmore y también de Everwood, de los hogares pleasantivillianos con habitantes aún más entrañables, y quizá por ello disfruto de Lux a sabiendas que el amor pronto se convertirá en odio.

Son series que se debe adorar por lo que son, por sus pequeños detalles (a menudo muy obvios) y porque no buscan nada más que dar un poco de tranquilidad al alma. El mundo en el que vivimos puede ser defectuoso; el vecino de al lado, un idiota; la carnicera, una plasta; y la nieve, en lugar de asentarse, tiende a crear un barro asqueroso que sólo sirve para mancharse los pantalones. Pero allí, en Stars Hollow, en Everwood o incluso en Cicely y en Elmo, los problemas vuelan con romanticismo como las hojas de otoño, los jóvenes ayudan a las señoras mayores a cruzar la calle y, por gris que sea el día, una taza de café lo anima.

Sé que Life UneXpected no juega esta baza, la de retratar una localidad idílica, pero sus personajes parece que harán el mismo recorrido. De momento, la ternura que despierta Lux funciona, la patética historia que carga en sus recuerdos está fresca, los defectos que tienen los padres biológicos los pasamos por alto y aún hay unos secundarios por explorar. Pero alto. Mientras que algunos se conforman con esto, mi relación tiende a arrastrarme al divorcio.

Las fases son como las de cualquier pareja. Primero siento ese flechazo y disfruto de cada instante dramático, de las indignaciones de la protagonista y me alegro de tener cada semana un episodio por ver que sé que borrará durante un rato las preocupaciones.

Pero aquellos defectos que antes miraba con cariño, se empiezan a transformar en monstruosidades, como esa barriguita tan mona, tan especial, que luego se convierte en el primer indicio de dejadez, pura decadencia cervecera. Pues por esta regla de tres me da miedo acabar viendo las rabietas de Lux como las de una niñata insoportable (al estilo Rory Gilmore); desesperarme por la falta de evolución del peterpanismo del padre; y odiar todos esos consejos morales que bajan del cielo en cada episodio (Everwood).

A Life UneXpected, de momento, le doy el beneficio de la duda. Estoy explorando, como siempre, el potencial de la relación. Pero el segundo día que las chicas cojan un helado de medio litro haciendo morritos, o que acompañen sus legañas con tazas de café interminables, o que el mejor amigo gordito ejerza de gurú vital… Puerta. La vida es demasiado corta como para malgastar el tiempo con relaciones que sabes que no funcionarán. Unas diferencias irreconciliables que todavía no han llegado.

martes 26 de enero de 2010

Las pesadillas de Allison

Me gustan las ‘buenas noches’ de Medium. Como dije el otro día, siempre suelen darte la tranquilidad del cierre, pero no siempre son la mejor forma de despedirse del día. Y es que mientras Allison Dubois tiene una muy interesante tendencia a sufrir pesadillas premonitorias, a menudo también opta por quitarte el sueño. Ver a una adolescente destripada en una mesa de operaciones no es el mejor plan para tener unos dulces sueños.

Sin embargo, no siempre es tan descorazonadora y desagradable. A menudo las pistas que le dejan los muertos tienen también un aire melancólico, o de cómic, o parecen pequeños cortos de alguna novela de Dennis Lehane, el autor de Mystic River y Adiós, Pequeña, Adiós. Es sorprendente que una serie que juega con la rutina como constante, pues cada día de Allison es más o menos igual que el anterior (despertarse, preparar el desayuno a las niñas, trabajar y cenar en familia), sepa otorgarse tanta entidad en el aspecto visual.

Por un lado tenemos los tintes anaranjados de la fotografía del presente de la vidente, sobre todo muy presente en el interior del hogar de los Dubois, que nos sitúa en el desierto aunque en todo el episodio no veamos un solo exterior. Y luego están las pizcas de cuento, de pesadilla, de imagen de cartón o de cromas azules, o de paisajes pintados. Así hay también novedad y, sobre todo, mucha clase.

Pero estas decisiones artísticas suelen funcionar como más macabras son los casos de Allison. No se trata de ser sensacionalista, sino que el tono onírico y las licencias que se toma el realizador, junto con la sensibilidad que tienen los guiones con la familia protagonista (como dice MacGuffin, esto es un drama familiar), dan profundidad a los casos más descarnados. Y también inquietan, y mucho. Y luego te hallas en la incómoda situación de experimentar la maldad humana en su esplendor, a diferencia de ese panfleto que busca el escándalo llamado Ley y Orden: Unidad de Víctimas Especiales.

Vivir desde los ojos de una niña un secuestro, una violación y el posterior entierro en vida es traumático (con la cámara colocada entre ceja y ceja). Esa escena antes mencionada de la mesa de operaciones, también te deja la carne de gallina. Ambos casos son del tramo final de la primera temporada, muy recomendable. Pero también hay sensibilidad incluso hacia lo más atroz, como cuando narran el secuestro de una niña a partir de la filosofía de Disney, con una princesa cautiva en lo alto de la torre de un castillo.

Sea como fuere, Medium me ha sorprendido con la guardia baja. Es fascinante, con toda su belleza y sus monstruosidades. Lo único que no entiendo es como no tiene espectadores un poco hooligans que me insultaran por no haberla visto antes.

miércoles 20 de enero de 2010

Echar el cierre

Es habitual leer por internet, ya sea en blogs, entre los comentarios o incluso en las críticas oficiales, reseñas despectivas hacia las series de casos o procedimentales, o que, siendo respetuosas, sencillamente tratan el género como si fuera hijo de un Dios menor. Da igual que sean de abogados, policías o médicos, siempre suelen recibir algún “Bah! Más de lo mismo…”. Es de esas cosas que me sacan de quicio.

Que yo sepa, no es lo mismo Ally McBeal que el Abogado o que The Good Wife. La tecnológica CSI tampoco es la humana The Closer, ni la hiperrealista Southland, ni tampoco la bobalicona Bones. Y de la misma forma que Urgencias no es House y nadie lo pone en duda, Medium tampoco es Entre Fantasmas. Básicamente, para lo que algunos es pura repetición, para mí es el abanico más variado de toda la televisión.

No debe confundirse tampoco el concepto de ‘procedimental’ con la filosofía de una cadena. Si algunos juegan a encontrar las ocho diferencias entre la franquicia de CSI, Mentes Criminales y Caso Abierto y no las encuentran todas, no es tanto porque el género esté gastado, sino porque la CBS no apuesta la suerte de su programación en la transgresión sino en el éxito conocido.

Justamente, aquello que para los detractores es un síntoma de debilidad, las fórmulas archiconocidas en las que se suelen basar la mayoría de guiones, también puede convertirse en mérito. ¿Acaso no se les debe dar crédito por lograr esa diferenciación del producto y lograr fidelidad? Quizá no producirá el mismo efecto que una serie de autor de la marca HBO, ni quitará el aliento como un serial plagado de cliffhangers, pero los atisbos de genialidad también están ahí.

Pero esta declaración a favor de este tipo de series (que en realidad no están dentro de la misma categoría) también viene motivada por mi actual rutina televisiva. Si algo he aprendido en estos últimos meses (primero con Ley y Orden, después con Bones y ahora con Medium) es que su visionado puede provocar un insano grado de adicción, pero también son una agradable despedida.

Los culebrones del estilo de Anatomía de Grey y Cinco Hermanos suelen activar mi faceta más cotilla y de repente me entra el mono de saber qué ocurre con todas las tramas no resueltas de todas las series que tengo en el ordenador. Los realities sencillamente me alborotan, consciente que no entro en un relato ficticio sino que las proezas o injusticias experimentadas tienen una base real.

Pero estas tan ‘procedimentales’ (generalmente pronunciando con cierto tono despectivo) no sólo echan el cierre al episodio, sino que también ejercen de ‘buenas noches’. Permiten apagar la luz con la agradable sensación que no ha quedado nada pendiente. Y los seriéfagos que no sepan o no puedan apreciar los puntos y finales, y las fórmulas bien llevadas, por lo menos deberían aprender que las preferencias no necesariamente deben conllevar el menosprecio a esta forma de ver la televisión, legítima y sobre todo necesaria.

lunes 18 de enero de 2010

La prensa extranjera hincha el globo

La prensa extranjera vio la oportunidad. Eran ya demasiados años de coletilla sin sentido a la hora de premiar a la televisión. Dos categorías: Drama y Comedia o Musical. ¿Pero acaso había algún musical que premiar? Hasta que Glee llegó, no. Así que estos peculiares chicos del coro, con su espíritu de festival de fin de curso, se llevaron a casa el premio al mejor musical. Por fin los periodistas pudieron saldar cuentas con el género y darle significado a lo que hasta entonces había sido una coletilla simbólica.


Aunque por globo, el que se está hinchando alrededor de Glee. Este entretenimiento colorista ha logrado con este tanto que un placer culpable fuera galardonado. Ojo, que tiene mérito. Sin embargo, también habrá de los míos que pensarán que Modern Family debía llevarse el gato al agua. No es innovadora pero sí que tiene los mejores guiones cómicos de la televisión. Ya tendrá el año que viene y, a pesar que Glee no fuera mi favorita, ver subir al escenario a toda esa trupe, entre los que destacaba una guapísima Dianna Agron, no deja de alegrar un poco el alma. Es lo que tiene esta serie. Y me quedo con el discurso de Ryan Murphy, que agradeció el premio a Barbra Streissand de parte de todo su "fake sexy teen cast".


Más decepcionante fue ver que Mad Men consolidaba su monopolio al mejor drama con su tercer galardón consecutivo. Es irónico que, mientras en los Oscar siempre se critica los academicismos al estilo Una Mente Maravillosa, en los premios de la televisión se compren. Porque señores: si en los premios catódicos existe algún manual de academicismos, Mad Men cumple con todo el protocolo. No es que quiera poner la serie de Matthew Weiner a la misma altura que el bodrio de Ron Howard, pero los silencios de los publicitarios neoyorquinos son de un pretencioso que tira de espaldas. Big Love, en cambio, sabe que "de autor" no significa inclinar la balanza hacia la pedantería.

Pero no todo son quejas: Julianna Margulies confirmó a la CBS que habían hecho lo correcto renovando The Good Wife para una segunda temporada y Chloë Sevigny, musa de las revistas de moda, conquistó a la prensa extranjera en una categoría imposible, la de mejor actriz de reparto de una serie, miniserie o telefilm. No deja de ser paradójico que la que fue musa indie, conocida por enrollarse con Hilary Swank en Boys Don't Cry y que una vez creyó oportuno practicar sexo oral en una película de Vincent Gallo, haya sido por fin reconocida por interpretar a la retorcida, recatada y muy tradicional segunda esposa de un matrimonio polígamo. Es una lástima que los Globos de Oro no sean como los festivales y que no pudieran premiar, sin distinciones, a las tres mujeres Henrickson, incluyendo a Ginnifer Goodwin y Jeanne Tripplehorn.

¿Y los demás? Pues otro para Alec Baldwin (y ya van tres), un regalo a Toni Collette (gran actriz, sencillamente no en United States of Tara) y un doblete para Dexter gracias a Michael C. Hall y John Lithgow. Pero estos dos mejor no los comento, que por buenos actores que sean, ya sabéis que Dexter me provoca urticaria

viernes 15 de enero de 2010

El revés Kármico de la NBC

Karma's a bitch o sino preguntádselo a los directivos de la NBC. La que hubo sido la reina de las sitcoms, con Friends y Frasier, ahora vuelve a estar en el centro de la actualidad por otro show: el suyo propio que es desde ya mismo el placer culpable de la temporada. Tiene tintes de culebrón, es cierto, pero sobre todo es una comedia de despropósitos en toda regla.

Lo mejor es que se veía venir. Desde que se anunció que arrasarían la programación con la inclusión del Show de Jay Leno a las 22.00h, segando una hora de la parrilla y perjudicando a algunas de sus vacas sagradas, los espectadores de este reality hemos estado esperando que la cadena reventara por algún lado. Y al fin ha ocurrido: el respeto a los espectadores se lo pudieron pasar por el forro, como siempre, pero al final no han podido hacer oídos sordos al enfado de los canales locales, que con Leno en el primetime han visto como sus informativos locales caían en picado.

Leno podía ser barato y reportarles pingües beneficios (recordemos el comunicado en el que avisaron que ganarían 300 millones de dólares anuales con el late show), pero también ha significado una retirada en la guerra de trincheras por la audiencia. Así que el presentador, por obligación, volverá a su antiguo horario.

Lo más hilarante del asunto es que, ahora que la NBC ha obedecido los deseos de su audiencia, el tiro les ha salido por la culata y el resentimiento que antes vociferaba por el adelanto de Leno en la parrilla, ahora se lamenta por el pobre Conan O’Brien, que ha perdido su hueco, que a su vez era el de Leno hace pocos meses. Y los seguidores de Conan y él mismo no son precisamente silenciosos.

De momento, el #TeamConan ya se hizo notar entre los trending topics de Twitter y el propio O’Brien se está currando una campaña militar desde la propia NBC que sigue la máxima estadounidense de hacer de todo un espectáculo. Incluso su posible despido.

Él se niega a volver al ostracismo de los late lates ahora que ha probado lo que es estar delante del programa más emblemático de la historia del país, el Tonight Show. Así que, además de culpar a la cadena del fracaso de su programa mediante una carta con mucha clase y razón, incluyó en su show un sketch muy cínico sobre su situación. Kenneth de Rockefeller Plaza pasó por su plató para enseñar a los visitantes "lo que un día fue el Tonight Show y que dentro de poco será un bonito almacén".



Pero las malas artes del canal dan para mucho revés kármico (cancelar Southland antes de estrenar su segunda temporada les dio muchos puntos) y ahora todos los planes con respecto a sus series van por caminos opuestos (en algunos casos para bien). Las novatas, excepto Community, se han dado de bruces con las expectativas y las antiguas de las que un día desconfiaron les están sacando las castañas del fuego.

Así, mientras siguen intentando sacar del coma a Heroes, que tuvo una muerte cerebral hace tiempo, Chuck, que casi no renovó, ha vuelto con unas cifras muy dignas. Y Rockefeller Plaza, que en su día se quedaron sólo por las buenas críticas, tiene la segunda mejor audiencia del canal. Y el curioso caso de Ley y Orden, que mandaron castigada a los viernes por la noche con la esperanza de que falleciera, les da unos números potables en una noche tan difícil.

Pero supongo que lo que les pone los pelos de punta es ver como Medium, a la que echaron de casa por ser demasiado adulta para el hueco de las 21.00h, ha hecho un tándem infalible con Entre Fantasmas en la CBS.

El karma, que es muy jodido.

martes 12 de enero de 2010

Guía para ser un buen superviviente

Cada vez queda menos para el acontecimiento del año. La 20ª edición de Survivor se estrena el próximo 11 de febrero y, aunque algunos aún no le hayáis dado una oportunidad, aquí es propongo un recorrido para formaros y mentalizaros de cara a la fecha. ¿Pero por qué diantre hay tanta expectativa con respecto a esta edición? Pues porque se trata de Survivor Redemption: Heroes VS Villains.

Esto significa que, en lugar de mandar a Samoa a gente anónima dispuesta a competir, serán antiguos concursantes los que lucharán para sobrevivir y llevarse un millón de dólares. Pero no serán unos competidores cualquiera: una tribu estará formada por aquellos que despertaron admiración por su juego limpio y otra por aquellos malvados que irritaron al público, a sus compañeros y encima apuñalaron por la espalda a quien fuera. Se me ponen los pelos de punta sólo de pensar en lo feroz que será la lucha y de lo que serán capaces, porque hay que tener en cuenta que todos conocen las tácticas previas de sus rivales.

Para aquellos que sepan vislumbrar una joya en medio de una montaña de bisutería y no queráis perderos la intensidad que proporcionará esta colosal edición, me gustaría proponer una guía para disfrutar de este Heroes VS Villains como si mañana fuera el fin del mundo. Y es que no lo descarto: sólo de saber que Russell (de Samoa) se reuniría con otros de su diabólica especie, ya intuí a los jinetes del apocalipsis cabalgando desde el horizonte.

Primera Parada: COOK ISLANDS
Como el All-Stars de Pearl Islands no lo he visto, para aquellos que nunca han visto el programa recomiendo empezar con la edición de las Islas Cook. Tiene fuegos de artificio suficientes, una heroína (Candice) y una villana (Parvati, que en realidad se pasó al lado oscuro en Micronesia) y es una buen lugar para hacer los primeros pasos con este formato. Si no amas Survivor gracias a las Islas Cook, es que no estáis hechos el uno para el otro.

Segunda Parada: MICRONESIA
Esta fue la primera vuelta de tuerca al concepto de All-Stars: dividieron el rebaño entre los favoritos de las ediciones anteriores (donde hay tres de Cook) y fans anónimos del programa. Se goza con fervor porque todos ellos son pura estrategia, y se crea un club de viudas negras que debería estudiarse en los seminarios feministas. Hay tres héroes y una villana en la edición, y es la más intensa de todas las que he visto hasta el momento.

Tercera Parada: ALL-STARS (en Pearl Islands)
Quizá debería ser el primer destino, porque hay muchos de los futuros concursantes, pero al no haberla visto no sé si es buena o no, aunque después de ver cómo se lo montaron los favoritos de Micronesia está claro que este All-Stars, más antiguo, también debe ser dinamita. Contiene dos héroes y dos villanos.

Cuarta Parada: TOCANTINS
No la he visto, pero tiene dos villanos (que ya es multitud) y un héroe, y las críticas que recibió fueron muy positivas. Teóricamente es de las mejores ediciones. (RECTIFICACIÓN: Es de las peores)

En total, siguiendo esta ruta, contemplaréis las hazañas de 12 de los viejos supervivientes que lucharán con uñas, dientes y puterío por el millón de dólares, y podréis decidir si los Héroes merecían ser denominados así (que yo ya pongo en cuarentena a un par) y si los Villanos dan lo que prometen.

Pero si os preocupa no tener tiempo suficiente como para tragaros tantas horas de maquinaciones, podéis reducir el trayecto a Micronesia, el All-Stars previo y Tocantins, pues Cook Islands sólo es para introducir y entrar con más fuerza en Micronesia. O incluso con sólo Micronesia y ver los vídeos de Russell por youtube Al fin y al cabo, lo que importa es cómo afrontan el próximo reto. Saber los precedentes es casi un plus para disfrutarlo con más alevosía.

Yo aún no me puedo quitar de la cabeza que el mundo tal y como lo conocemos se vaya a resquebrajar el 11 de febrero. Aquí el vídeo que se presentó en los People Choice Awards: