viernes, 29 de agosto de 2014

El 50% de Jim Parsons

Lo mío con ‘The Big Bang Theory’ no es amor, es directamente obsesión. Como si fuera Sheldon Cooper intentando encontrar el sentido a una convención social, me puse como objetivo entender porqué Jim Parsons, Johnny Galecki y Kaley Cuoco podían llegar a cobrar un millón de dólares por episodio. Lo que no esperaba es que desarrollase una adicción en estos meses tan perezosos.

Las emisiones en televisión hicieron que tuviera una mala disposición con los físicos. Habrá quienes disfruten con su doblaje pero era incapaz de reírme con una sola broma de Sheldon, quien supuestamente era la joya de la ficción. Pero fue ver la serie en versión original y esta manía desapareció. Lo que me resultaba pedante ahora se me antoja hilarante y así llevo más de tres temporadas en menos de un mes.

Entiendo aquellos que argumentan que el aumento del millón de dólares depende casi exclusivamente de Jim Parsons, si bien no lo comparto del todo. Él es el 50% de la ficción. Chuck Lorre y Bill Prady tuvieron una muy buena idea y crearon un buen personaje, entendiendo el público al que se dirigían sin despreciar el espectador medio.

Pero es la interpretación de Parsons la que lleva la serie a otro nivel, la que permite que todas las escenas funcionen siempre y cuando él esté en el plano. Ahora entiendo (y comparto) un Emmy, el otro, el otro y el último. Los actores con una vis cómica tan bien explotada aparecen muy de vez en cuando en televisión y, cuando están allí, hay que apreciarlos y reverenciarlos. Sería también el caso de Julia Louis-Dreyfus en ‘Veep’.

A los guionistas, por defecto (y porque lo merecen), hay que atribuirles probablemente un 25% del éxito. No existe un cómico que se pueda lucir si no tiene un material semi-decente delante (claro que esa risa de Sheldon, sus tics y su pedantería-reconvertida-en-carisma son todo cosa suya). Y, en realidad, la efectividad cómica de ‘The Big Bang Theory’ permite que se le perdone un error de base que pasa a no importar. ¿Cuántos episodios parecen inacabados? Destinan tanto tiempo a teorías físicas y razonamientos estúpidos (ellos y sus discusiones de ciencia ficción) que se quedan sin tiempo de rematar las pequeñas tramas episódicas, que no suelen tener continuación.

¿Pero y qué peso tienen Kaley Cuoco y Johnny Galecki en todo esto? Pues menor y, en el caso de Galecki, nulo (0%). Leonard no es el personaje más agradecido del planeta pero la falta de talento de este señor no tiene nombre. Mientras que Parsons creó un gran personaje, él se conformó con mirar hacia arriba y tocarse las manos como si fuera un niño tonto. Diría que en sesenta episodios todavía no ha habido una escena que me haya hecho gracia por su actuación.

Pero Kaley es otro tema porque una comedia sólo es buena en la medida que los actores funcionen y ella consigue encajar donde sea. No es fácil ser la chica mona y a la vez resultar divertida, pero combina atractivo con adorabilidad y gracia, y no hay dinámica mejor engrasada que las escenas entre Penny y Sheldon. Me recuerda demasiado a Jennifer Aniston porque no había visto una actriz con un perfil tan similar salirse tan bien con los guiones cómicos (ahora nos parece una norma cuando realmente las chicas guapas no son lo más divertido de una serie). Por esto Cuoco se merece un 20% porque también contribuye a que sus escenas funcionen.

¿Y qué queda entonces? ¿Un 5% del éxito de ‘The Big Bang Theory? Pues hay que atribuírselo a Simon Helberg porque su Howard fue el robaescenas de las primeras temporadas, cuando todavía no se pasaba de rabioso con tanto grito (y Raj es otro 0% como Galecki). Más adelante, supongo, sentiré la necesidad de darle un pequeño porcentaje a Mayim Bialik porque llevo pocos episodios con Amy Farrah Fowler y ya noto que apunta maneras. Sea como sea, me están divirtiendo mucho este verano que me había quedado sin comedias para ver. Hasta he empezar ‘Friends’ de nuevo, claro que eso ya se merece otra entrada.

martes, 26 de agosto de 2014

Los Emmys indiscutibles

Siempre nos quejamos de las galas americanas, que son eternas y que sobran premios pero hay que reconocer que también son unos profesionales a la hora de escribir sketches. Probablemente mi momento favorito de los Emmy de todos los tiempos fue ese número humorístico-musical capitaneado por Jimmy Fallon con medio reparto de ‘Glee’, Jon Hamm, Tina Fey, Nina Dobrev y hasta Kate Gosselin entre otros. Y este año el mejor instante fue antes de la gala, ese sketch promocional protagonizado por Bryan Cranston, Aaron Paul y Julia Louis-Dreyfus, que precisamente subieron al escenario a recoger premios esta madrugada.


Ninguno de ellos era un extraño de la gala. Cranston dejó a Matthew McConaughey sin un galardón que se creía cantado (si ‘True Detective’ hubiera ido a miniserie, no hubiera tenido problema en derrotar a ‘Sherlock’) y que ganó por cuarta vez, para Paul fue el tercero como secundario también por ‘Breaking Bad’ y Louis-Dreyfus se llevó el tercero por ‘Veep’. Esta serie de HBO, por cierto, parecía que podía desbancar a ‘Modern Family’ como la reina de la comedia pero finalmente los votantes se decantaron por los Dunphy y los Pritchett, que se alzaron con el premio máximo por quinta vez consecutiva, algo que solamente ‘Frasier’ había conseguido también de forma consecutiva.

Sea como sea, volviendo al sketch donde Cranston y Paul fingen trabajar en una tienda de empeños, tienen gracia los comentarios meta-televisivos que sueltan mientras Louis-Dreyfus intenta vender una estatuilla para pagarse una isla privada. ¿Qué le dicen cuando comenta que se trata de su primer premio como secundaria por ‘Seinfeld’? Pues que tendría más valor en el mercado si se tratase de uno dramático, que son más importantes. Una impresión tan errónea como generalizada.

Al fin y al cabo, ¿cuántas personas han defendido el premio de Cranston mientras critican que Jim Parsons haya obtenido un cuarto por ‘The Big Bang Theory’? Suelen argumentar que Cranston ha tenido un personaje más complejo, que ha evolucionado y ha tenido que ir desarrollando nuevos matices por el camino, además de hacer un estupendo trabajo. Todo esto es cierto. Pero Parsons también hace algo maravilloso, que es coger un buen personaje y dotarlo de toques que hacen que sea uno entre un millón. Hay muchos repelentes en televisión, hay muchos personajes con falta de don de gentes pero él se diferencia y, si la serie es correcta sin más, él es memorable. Pero es comedia, claro. No hay evolución, claro. ¡Pues menuda tontería! Que diría el propio creador de ‘Breaking Bad’, Vince Gilligan, Walter White dio el paso al lado oscuro en la primera temporada y por esta regla de tres el trabajo ya estaba casi hecho.

Lo que sí habrán demostrado los Emmy con todos estos premios es que les gusta repetirse. Esta es la primera conclusión que puede extraerse al ver el palmarés, donde las sorpresas estaban en miniserie y tv-movie gracias a ‘Fargo’ y ‘The Normal Heart’, que casi parecían caer ante ‘American Horror Story: Coven’ y ‘Sherlock’ que dominaron en las categorías interpretativas. Jessica Lange y Kathy Bates le han cogido el gustillo a llevarse Emmys, ya que ambas repetían, y Cumberbatch y Martin Freeman dieron la sorpresa por la adaptación de Steven Moffat. Pero al ver los premios de ‘Modern Family’, ‘Breaking Bad’, el de Ty Burrell y el de Allison Janney (que ya tiene seis Emmys) y los demás, no puedo decir que fueran inmerecidos.
Todos los premiados habían hecho una labor fantástica, sobre todo Julianna Margulies, que subió al escenario como la estrella televisiva que es y recogió su tercer Emmy, el segundo por ‘The Good Wife’. La temporada había sido excelente y, aunque se olvidaron de nominarla como Mejor Drama (y mira que ‘House of Cards’ es decepcionante), su victoria sirvió para reconocer el esfuerzo del matrimonio King. Ella misma lo dijo, que les adoraba por hacer realidad veintidós guiones al año y siempre con un buen material. Y demostró que puedes hacer únicamente televisión y tener presencia, elegancia y ser reconocida por la industria como una estrella. Hay pocas como ella y probablemente Louis-Dreyfus y Janney son dos más. Por eso, que podíamos preferir una victoria u otra, pero ninguna fue ultrajante y todas fueron dignas.

domingo, 24 de agosto de 2014

Médicos, enfermeras y físicos nucleares

¿Os acordáis cuando en invierno nos rasgábamos las vestiduras porque no había novedades interesantes? ¿O esas series que apuntaban alto y se estrellaron? Pues el verano ha sido el revulsivo perfecto. Sin esperar nada de ninguna propuesta, más que nada porque estoy curtido y me cuesta ilusionarme, ha habido unas cuantas novedades que han sobrepasado las expectativas.

‘The Knick’, por ejemplo, podía ser la enésima obra que llevase la etiqueta de “serie de calidad” pero sin entusiasmar entre el público. Una de esas series que acostumbra a hacer HBO y que gustan más en la teoría que en la práctica (‘Boardwalk Empire’ y ‘Luck’, os miro a vosotras). Pero este proyecto que destinaron a Cinemax, el otro canal del conglomerado, funciona a otro nivel. Es una inmersión absoluta a la medicina del año 1900, en concreto en Nueva York, y Steven Soderbergh hace un buen trabajo plasmando ese universo.

No, de momento no es ‘Anatomía de Grey’. Tampoco lo será nunca, supongo. Su aproximación tiene más de documental, de contarnos otra era con otra filosofía de medicina (las cirugías eran prácticamente experimentos y una fiebre podía significar la muerte), pero es fascinante de ver. La música de Cliff Martinez, bien contemporánea, nos obliga a juzgar a todos los personajes y les desnuda a ellos, a su racismo, su machismo y su adicción a la cocaína. Clive Owen está bien en el papel principal, sí, pero lo interesante es todo lo demás.

Otra que es más emocional es ‘Outlander’, la serie que nos han vendido como un ‘Juego de Tronos’ para señoras. ¿Lo es? En concepto, sí. Pero esta adaptación de las novelas de Diana Gabaldón, que empezó con ‘Forastera’, no deja de ser un relato romántico con una gran e inequívoca heroína al frente. Una enfermera llamada Claire tras la Segunda Guerra Mundial se va de viaje a Escocia con su marido y, de repente, se encuentra en 1743. ¿Qué debe hacer una mujer en esa época sin nadie que pueda ayudarla? Pues, según parece, enamorarse de un granjero llamado Jamie.

Lo loable es que Ronald D. Moore (‘Battlestar Galactica’) quiere hacer bien las cosas. La ambientación está conseguida y el drama tiene sustancia: sabe quien es su público y entiende que también quiere algo bien hecho y bien escrito además de tensión sexual. Por esto ‘Downton Abbey’ arrasó en medio mundo porque entendió que una serie destinada al público femenino no tenía porque producirse como si fuera de segunda. Y Caitriona Balfe es una de esas actrices que parecen nacidas para interpretar un personaje de época. Podrían intercambiarla con la protagonista de ‘Call the Midwife’ y probablemente no apreciaría la diferencia. Starz por primera vez hace algo que me interesa (‘Boss’ entraría en esa categoría de series que apuntan maneras pero son un coñazo).

Y finalmente otro canal que está de enhorabuena es WGN. Empezaron en el terreno de la ficción propia con la decepcionante ‘Halem’ y ahora ‘Manhattan’ apunta maneras. ¿Otra serie sobre Nueva York? Ni en broma. Esto es un drama sobre los físicos que inventaron la bomba nuclear, que procuraban tenerla antes que el enemigo durante la Segunda Guerra Mundial. Un concepto original y otra serie sobre un entorno laboral estimulante, al igual que ‘Halt and Catch Fire’ de la que hablé (¡y que ha renovado por una segunda temporada!). Habrá que ver más pero me gusta que su piloto sea accesible, tenga ritmo y explique bien por dónde irán los tiros. No todo tiene porqué ser críptico en este mundo.

¿Quién dijo, entonces, que el verano era para las series ligeras y subproductos? ¡Se nos han amontonado los deberes de golpe!

jueves, 21 de agosto de 2014

10/90

El modelo de producción de 10/90 es una locura. Es un dato muy técnico, para aquellos que están interesados en la televisión americana como industria, pero es muy, muy peculiar. Se trata de un acuerdo muy específico donde un canal encarga diez episodios de una serie y, en lugar de encargar otra temporada si les interesa, se compromete a encargar noventa más si les funciona. Lo que decía: una verdadera locura.

Este acuerdo se popularizó estos últimos años gracias a Charlie Sheen. ¿Os acordáis cuando cobraba casi dos millones de dólares por episodio de ‘Dos hombres y medio’ y decidió enemistarse con el creador y productor Chuck Lorre? Prefirió seguir en su espiral de drogas, actrices porno y ausencia absoluta de responsabilidad y abandonó la serie cuando todavía estaba en su apogeo. Pues el canal FX vio la oportunidad y, como estaba codiciado a pesar de los percances, ofreció este acuerdo. Si el proyecto llamado ‘Anger Management’ cumplía unos mínimos durante esos primeros diez episodios, comprarían 90 más. Y los encargaron (y tanto).

El modelo tiene sentido con formatos sencillos como las sitcoms tradicionales. No requieren una extensa preproducción y se permiten el lujo de rodarlas como rosquillas: ¡Cinco actores, tres decorados y a correr! Y, como ya saben que tendrán noventa episodios de golpe, redistribuyen costes a sabiendas que llegarán a la sindicación y que no tienen que ir pactando aumentos de salario cada treinta episodios.

Evidentemente, no sale arte y ensayo: ruedan los cien episodios en dos años pero es una forma bastante barata de llenar la programación de contenido, las ventas internacionales tienen unas garantías y el canal puede emitir esos cien episodios como quieran. En lugar de esos dos años, pueden dividirlos en temporadas y que aguante cuatro años en la programación (siguen saliendo 25 episodios al año, una barbaridad igual).

Ante el éxito de la maniobra de Sheen y que Tyler Perry también está acostumbrado a este modelo de 10/90 (vendió tres series así al canal TBS) hay unos cuantos nombres sonados que quieren aprovecharse. El cómico latino George Lopez lo intentó y fracasó y ahora tenemos a Martin Lawrence y Kelsey Grammer en ‘Partners’. Los dos son muy conocidos por el público americano y, al ser dos, también tienen más posibilidades, apelando a dos públicos distintos. La operación, de momento, se está saldando con unas audiencias bastante justas así que los noventa episodios adicionales serán duda probablemente hasta el último episodio.

Lo que no quiere FX, que también compró ‘Anger Management’, es tener que comerse con patatas 90 episodios de una serie que ven cuatro gatos. Esto es lo que les pasó con Charlie Sheen, que la novedad consiguió unas audiencias estelares para el arranque y desde entonces sólo han ido a peor. Debe ser barata y es fácil de vender, sí, pero no ha sido la gallina de los huevos de oro que creían desde el canal y el propio Sheen. Es lo que tiene prometer tanto contenido en tan poco tiempo.

Los episodios de ‘Dos hombres y medio’ tardaban equis en escribirse (no sé cuantos) pero seguro que en ‘Anger Management’ hay menos re-escrituras y les dedican menos tiempo. Estas cosas acaban pasando factura y encontrarles un público es complicado, que cada vez hay menos personas dispuestas a ver algo por inercia. Y ‘Partners’, según parece, seguirá los pasos de George Lopez y no de Charlie Sheen.

martes, 19 de agosto de 2014

El carisma de Jessica Fletcher

El maratón de ‘Los misterios de Laura’ que me pegué hace unas semanas- incluyendo el libro de ‘Laura y el misterio de la Isla de las Gaviotas’ que es como un episodio novelado escrito por los mismos Javier Holgado y Carlos Vila- me dejó con ganas de participar en más casos. Es lo que echaba de menos en la televisión, tener un papel más activo durante la investigación, algo que Jessica Fletcher me dejaba hacer. ¿Así que por qué no empezar directamente ‘Se ha escrito un crimen’?

No es como si no conociera las andanzas de la escritora de Cabbot Cove. Hasta recordaba el episodio piloto lo justo como para saber de antemano quien sería el autor del crimen, equis años después de haberlo visto. Es la grandeza de las reposiciones, que tanto pude verlo en TVE, en TV3 o más recientemente en 8tv, y probablemente todas las veces me quedé atrapado en el sofá. Es una serie muy ligera, muy patillera (Jessica Fletcher no comparte todas las sospechas) pero también es muy icónica.

En el episodio muere un hombre durante una fiesta de disfraces que curiosamente iba de Sherlock Holmes. Si esto no es una declaración de intenciones, ¿qué es? Pero el larguísimo episodio de noventa minutos, donde el primer sospechoso es el sobrino de Jessica (el responsable de que su primera novela fuese publicada), demuestra la clase de ficción que ‘Se ha escrito un crimen’ será. Hay unos minutos de presentación, hay un asesinato y luego seguimos la investigación de Jessica, de la que siempre nos faltan datos. A veces se intuye mejor quien es el asesino por las argucias de guión para que le descartemos que por las pistas que han sembrado (y que no se entienden del todo hasta el desenlace).

Pero lo más interesante de redescubrir los inicios de la escritora es presenciar la creación de este mito de la televisión. Angela Lansbury había tenido una carrera cinematográfica decente sin llegar a ser una estrella, pero tenía las tablas suficientes para sostener una serie. Consigue vender ese carisma de Jessica, una mujer que siempre está dispuesta a ayudar al prójimo pero que también tiene una tendencia natural a meterse donde no la llaman. La facilidad con la que recibe todas las informaciones de la policía es pasmosa, como también la necesidad de todos los sospechosos de darle explicaciones y hablar ante su presencia.

Estas situaciones poco verosímiles para aquellos que hemos visto las ficciones posteriores, basadas en tecnicismos y donde los equipos de investigación cumplen las normativas al pie de la letra, son lo que permiten que ‘Se ha escrito un crimen’ sea un vehículo nostálgico maravilloso. Por ejemplo, me fascina su falsa modestia. Esta mujer, que supuestamente escribió un libro para que no lo leyese nadie y que se comporta como si fuera la autora de una guía de instrucciones, aceptaría encantada una invitación a la luna si la NASA se la ofreciese.

Ella también tiene el don de colarse en oficinas, remover todos los papeles y que no la veamos como una criminal porque es una menopáusica entrañable y hospitalaria. ¿Y qué me decís de su pelo de abuela estándar, que ni tan siquiera se le humedece cuando va a correr cada día por las calles de Cabbot Cove mientras saluda futuros asesinos? Eso sí es talento y no su capacidad por resolver crímenes.

Si yo tendiese una trampa a mi principal sospechoso de asesinato que consistiese en provocarle para que entrase a mi casa a robarme y/o matarme, no sólo significaría que me habría vuelto loco: probablemente estaría hecho un manojo de nervios con la frente empapada y abanicándome bien sofocado. Pero ella espera allí, paciente y sin despeinarse, y asumiendo que el asesino no querrá matarla al final porque ya lo ha atrapado. Al fin y al cabo, ¿por qué querría alguien matarla simplemente porque le ha estropeado los planes? Por el amor de Dios, ¡que es Jessica Fletcher!

Son estas cositas, junto con la absurda tasa de mortalidad y de crímenes violentos de Cabbot Cove, que me llevan a revisionar ‘Se ha escrito un crimen’. Es un simple y ligero entretenimiento que me recuerda esos tiempos en los que veía televisión únicamente para pasar el rato. Bueno, y también me recuerda a mi abuela, que en paz descanse, que tanto se parecía a Jessica Lansbury. Ella no iba por la vida atrapando asesinos ni salía a correr por las mañanas, pero tenía el mismo don de recibir a todo el mundo con una sonrisa y hacerles sentir a gusto con ese mismo peinado.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Las series que no quieren ser buenas

Se utiliza el adjetivo ‘pretencioso’ para referirse a aquellas series que se imponen objetivos elevados y no los cumplen, o que apestan a superioridad moral. Pero otra cosa es que toda serie de televisión tenga pretensiones: algunas tienen retos más artísticos, otras exponen un discurso del autor y otras simplemente quieren entretener. No podemos juzgar con el mismo listón ‘Rectify’ y ‘Devious Maids’ porque evidentemente pertenecen a universos tan distintos como presumen que es su público.

Con esto no quiero decir que tengamos que dejar de calificar una serie como pretenciosa, que me gusta demasiado sobre todo para referirme a cualquier guión de Aaron Sorkin, a ‘House of Cards’ o no hay mejor palabra para describir el piloto de ‘The Leftovers’, pero este relativismo también contrae otra discusión. ¿Hasta qué punto la auto-conciencia lo excusa absolutamente todo?

‘Pretty Little Liars’ no quiere ser Shakespeare pero esto no quita que hay demasiadas cosas que no funcionan como para pasárselas por alto. No van por aquí los tiros, ni tan siquiera por series ligeras como ‘Chasing Life’, que quiere ser un pasatiempo para pequeñas señoras. Lo que resulta complicado es juzgar obras como ‘The Strain’ y ‘Matador’, que se imponen metas absurdas y parecen hacerlo desde la inteligencia del que podría dar más de sí.

De ‘The Strain’ ya hablé. Es la serie producida por Guillermo del Toro que quiere homenajear la serie B. Esta es su intención o podríamos asesinarles por meter secundarios como el latino pandillero (que supuestamente deberá luchar contra los estereotipos) y el músico gótico al que deberíamos quemarle la peluca. Y ‘Matador’ es la serie que encargó El Rey, el canal que lanzó Robert Rodríguez, y que tiene en Roberto Orci uno de sus creadores.

También son bastante obvios a la hora de plantear el concepto de la serie. Es un producto para hombres: tiene fútbol, tiene mujeres y algo de violencia. Ellas, como he dicho en una crítica en ¡Vaya Tele!, me recuerdan a las actrices pseudo-porno de ‘Acapulco HEAT’ y es bastante ridículo todo el argumento. Un agente de la CIA que debe infiltrarse en un equipo de fútbol profesional y que se las liga a todas con su mirada de corderito degollado. ¿De verdad esta puede ser la premisa de una serie?

Es muy consciente que quiere ser una serie veraniega, un pasatiempo bastante estúpido y tópico. Hasta podría argumentarse que tiene un toque casi paródico por como aborda algunas escenas porque es imposible que Orci tenga tan mal gusto, que crea que esto es una buena serie. Y, si bien podría buscar paralelismos entre estas series, una la recomendaría y la otra no, por más que ambas se queden cortas.

A ‘Matador’ le falta violencia (algo que prometía su primera escena) y también escenas sexuales más explícitas y a ‘The Strain’ le faltan momentos gore, pero me quedo con esta última. Entretiene y no te hace sentir como si te faltase un hervor, algo que sí ocurre con el futbolista, por lo menos de momento. Pero las dos series obligan a plantearse hasta qué punto la gente que está detrás de los proyectos no debería haber hecho algo más decente, algo que tenga la intención de ser buena sin “peros”.

¿Por qué tienen pretensiones más elevadas? Orci tiene excusa (¿en cuántas cosas que se emiten ha metido la mano?) pero del Toro, que no se prodiga mucho por el medio, ya podría haberse lucido más. Primero una buena serie, luego a divertirse.

lunes, 11 de agosto de 2014

El trío del millón de dólares

Todavía recuerdo los sueldos de ‘Friends’, esos actores que formaron el club del millón de dólares. Había habido otros casos de estrellas rutilantes de la televisión pero lo raro fue que hubiesen tantas personas (¡seis!) que cobrasen una cantidad tan jugosa por cada episodio y que encima hubiesen negociado en grupo. Desde entonces la televisión ha cambiado, el consumo se ha fragmentado y costaba creer que se pudiese llegar a una situación similar. Hasta que llegaron Kaley Cuoco, Jim Parsons y Johnny Galecki, claro.

Ellos son los únicos que podían adquirir este estatus y tiene sentido. ‘The Big Bang Theory’ es la comedia con el público más atractivo para los anunciantes (‘The Walking Dead’ le disputa el trono) y es una fábrica de dinero para los productores. ¿Pero igualmente cómo se puede justificar este desembolso, si tenemos en cuenta que los actores que interpretan a Raj y Howard pasarán a cobrar 750.000 dólares? Por lo que paga la CBS por los episodios, el dinero que generan vendiendo las reposiciones al canal TBS (son líderes de audiencia en el cable) y las ventas internacionales. Mueven mucho dinero y las cifras que se manejan en EE.UU. son astronómicas.

La receta del éxito, además, es curiosa. ¿Cuánta gente hay que critica las series de Chuck Lorre como ‘Mom’ y ‘Dos hombres y medio’ y luego se ríe a carcajadas con esta? Pues porque ‘The Big Bang Theory’ entiende bien al público joven y no renuncia al resto. Podría ser ‘Community’ en el sentido que podría tener referencias físicas sólo para doctorados y en cambio aplica anécdotas científicas y de la cultura geek a un humor bastante básico. Puedes no tener ni idea de nada y reírte de todo, aunque no conozcas las anécdotas de Newton, quien es Thor, ni identifiques el traje espacial de la ‘Battlestar Galactica’ original.

Estas referencias resultan atractivas al público joven, al público nerd y también al gran público, que puede apreciar un esquema tan clásico de las sitcoms. Es como ‘Friends’, con los apartamentos de frente, pero no tiene el factor evento que tuvo esa. Sí, la gente la ve en directo porque se ríe pero no creo que haya conseguido el mismo furor mediático: los peinados de Rachel y los cliffhangers de ‘Friends’ eran de esos que te quitaban el aliento (o así lo vivíamos en mi casa).

Y no, yo no soy de los grandes defensores de ‘The Big Bang Theory’, ni de esos que llevan años riéndose de la superioridad intelectual de Sheldon. Como me suele ocurrir con las sitcoms con estas características, la repetición pasa a cansarme y tengo la impresión que veo las mismas bromas una y otra vez (por algo dejé ‘2 Broke Girls’ y ‘Mom’, a pesar de gustarme en sus arranques y apreciar los repartos). Pero ahora le daré otra oportunidad, por eso de subirme al carro de lo que está de moda. Si veo ‘Scandal’, puedo ver ‘The Big Bang Theory’, sobre todo ahora que he descubierto que mi mayor problema con los físicos era el doblaje.

viernes, 8 de agosto de 2014

La paradoja de Silicon Valley

El canal HBO a veces da un poco de rabia cuando se acercan las galas de premios y uno se da cuenta que sus series parten con ventaja, que no salen de la casilla de salida como las demás. ¿Acaso ‘Silicon Valley’ hubiese entrado en las quinielas de los Emmy si se hubiese emitido en otro canal? Cuesta creerlo por ser de informáticos, por tener sólo ocho episodios y porque ‘Veep’ del mismo canal ya iba a arrasar en las categorías de comedia. Pero sorprendió y entró en mejor serie cómica, un honor que no todas consiguen (que se lo digan a los fans de ‘Community’, por ejemplo).

Hay que tener en cuenta que a estas alturas todavía estamos discutiendo si ‘True Detective’ se sobredimensionó por culpa de pertenecer a HBO, si en algún momento podremos juzgarla por lo que realmente era o si se trataba de un precioso huevo de pascua con la cáscara vacía. Si este canal hubiese emitido ‘Fargo’ tendríamos directamente sectas que adorarían a Lorne Malvo? Y también tenemos otro debate entre manos con ‘The Leftovers’, esa serie que probablemente nadie hubiese visto después del segundo episodio si no fuera porque hay confianza en la marca. Hasta podríamos recordar el caso ‘True Blood’, esa serie paródico-dramática que tenía a los espectadores extirpando falsas lecturas socio-raciales porque era hija de Alan Ball y HBO.

Esto no deja de ser la consecuencia lógica de los esfuerzos de un canal. Si alguien se merece la presunción de calidad son ellos con unas apuestas que pocas veces tendrían cabida en otra parte, por lo menos en sus inicios. Showtime hizo de la copia su estilo de vida y, salvo la primera temporada de ‘Homeland’, nunca le ha llegado a la suela de los zapatos de tacón de Carrie Bradshaw. Su antiguo lema de “no es televisión, es HBO” ahora suena bastante ofensivo con el medio, al que parece ningunear, pero también expresó muy bien que había un giro en televisión. Normal, entonces, que ahora tengan una reputación para bien y para mal (me refiero a todas esas personas que leen que una serie es de HBO y piensan que será más lenta que el caballo del malo, que sucede pero se quedan callados para no parecer incultos).

‘Silicon Valley’, no obstante, entra en otra categoría. Las comedias de HBO no tienen la misma expectación que los dramas, por más que ‘Enlightened’ sea una de las joyas más relucientes de la última década y que ‘Sexo en Nueva York’ moldease la imagen del canal junto con ‘Los Soprano’ (se las olvida a menudo como hijas de la marca pero son iconos indispensables). Y sorprende que entre en comedia porque una obra con bromas sobre software y aplicaciones no entraría por sí sola, cuando la mayoría de votantes deben ignorar este mundo al igual que la ciencia ficción (si ‘Juego de Tronos’ no estuviese en la casa grande de HBO, no olería la alfombra de los Emmy ni en broma). ‘The Big Bang Theory’ entra a menudo porque es una comedia normal y corriente por encima de todo, accesible a todo el mundo y con la etiqueta de fenómeno.

Pero hay que reconocer que los ocho episodios de ‘Silicon Valley’ valen la pena, de menos a más. Empecé a verla como una copia de ‘Betas’, que llegó antes a Amazon, y he terminado viéndola como la nueva ‘Entourage’ con su estrella, su séquito y su persecución del éxito y sus consecuencias. Pero lo mejor ha sido ver como depuraban los gags hasta llegar a momentos cómicos brillantes como el coche sin conductor o ese algoritmo magistral que se inspira en una discusión tan absurda como la forma más óptima de coger penes a diestro y siniestro. Estas bromas y el universo que refleja, que resulta paródico y bastante verosímil (y que desconozco, así que sois libres de tirarme piedras), hacen que ‘Silicon Valley’ merezca ser contemplada como una de las mejores comedias del año. ¿Se la reconocería en los Emmy si no fuera de HBO? Probablemente no y unos cuantos raros perderíamos el tiempo reivindicándola.

miércoles, 6 de agosto de 2014

La maravillosa 'Fargo' como excusa

Hay quien piensa que el debate entre ‘True Detective’ y ‘Fargo’ es estéril y que discutir cual de las dos es mejor es comparar peras y manzanas. Las historias poco tienen que ver y el tono todavía menos, la primera con su (pseudo)trascendencia mística y moral y la otra con el cinismo intrínseco de todos sus planos. Pero su formato es demasiado parecido como para pasarlo por alto y personalmente no hay nada más divertido que esta pequeña revolución contra un producto de HBO, que es lo que es esta discusión.

En su momento, la serie de Nic Pizzolatto me dejó frío. Nunca pensé que la intensa atmósfera sembrada en los primeros episodios hubiera casado con un final tan convencional. Tampoco me entusiasmó que pasase de filo-ateísta (por los nihilistas pensamientos de Matthew McConaughey y la hipocresía del cristiano Woody Harrelson) a filo-cristiana. Mucho ruido (y pistas y planos opresivos), y pocas nueces (y muy normalitas).

Luego llegó ‘Fargo’ y de principio a fin fue un producto coherente, sólido y sorprendente. ¿Quién hubiese dicho que lo que creíamos que era un remake de la película de los hermanos Coen sería tan fiel y original como esta miniserie? Su argumento, en este caso sobre un supuesto pobre hombre cuya vida y moral se van al garete cuando entra en contacto con un psicópata que se divierte sembrando el caos, no era el mismo que el del largometraje pero podían verse los elementos fundamentales en el relato.

Teníamos a la bondadosa y embarazada policía interpretada por Frances McDormand dividida en dos agentes (Colin Hanks y la maravillosa Allison Tolman), un hombre débil (Martin Freeman), matones de tres al cuarto y una licencia que parecía sacada de ‘No es país para viejos’, el psicópata Lorne Malvo (Billy Bob Thornton) que podría ser el hermano mayor de Anton Chigurh. Noah Hawley, responsable de la adaptación, entendía el universo de los Coen y supo combinar el humor y la violencia con un tacto sorprendente, inspirándose más que copiando. La serie ‘Fargo’ no era la película ‘Fargo’ y, si bien no me atrevería a decir que es mejor, tampoco diría que es peor (y esto es decir muchísimo).

Sin embargo, más allá de si ‘Fargo’ es mejor que ‘True Detective’, ambas ficciones demuestran que estamos ante otra etapa televisiva, una donde la dirección es capaz de tomar más relevancia. La televisión seguirá siendo un medio donde el autor es el guionista pero las dos tuvieron una realización fantástica. El tándem formado por Pizzolatto y Cary Fukunaga dio unos resultados bellos y poéticos (ese plano de la iglesia abandonada o el gratuito y fascinante plano-secuencia) y Adam Bernstein también sentó unas bases muy sólidas para ‘Fargo’.

Mencionar una escena en concreto sería inútil. Saltan a la mente el tiroteo en la nieve, desconcertante y onírico, o el asalto de Lorne Malvo por las distintas plantas de un edificio. Pero literalmente no hay ninguna escena rodada sólo con la funcionalidad en mente: todas obedecen a un concepto estético elevado y la pluma y la cámara trabajan al mismo compás. Y ‘Fargo’, puestos a comparar, tiene un tramo final tenso, delirante (ay, el viaje en ascensor) y más satisfactorio. Remata, algo que Rust y Martin no pueden decir.

En el fondo este debate de ‘True Detective’ contra ‘Fargo’ sólo tiene una razón de ser y no es el formato. Cuando se estrenó, la serie de HBO despertó tantas alabanzas que unos cuantos, no tan convencidos, esperaron la excusa idónea para expresar una opinión menos eufórica. ¿Pero quién iba a pensar que ‘Fargo’ proporcionaría el argumento perfecto para desmitificarla, estando tan bien dirigida y con su trayectoria ascendente y rutilante?

lunes, 4 de agosto de 2014

Amor entrañable, amor despreciable

La comedia muy a menudo se sustenta en oponer dos personajes irreconciliables que, a pesar de ello, persisten en estar cerca el uno del otro. El canal FX este verano ha estrenado dos ficciones que entrarían dentro de este saco y que encima tienen un cariz romántico. ‘Married’ es la vida de un matrimonio que ya no siente la chispa que les llevó al altar y ‘You’re the Worst’ es el inicio de una relación entre dos seres despreciables. Y una mola y la otra no.

Hay muchas personas que despiertan simpatías entre la crítica americana y justamente Nat Faxon y Judy Greer son dos de ellos, ella por tener una vis cómica destacable y él porque cae bien y ganó un Oscar por el guión de ‘Los Descendientes’ (sí, ese que ganó con Alexander Payne y Jim ‘The Dean’ Rush). Que protagonicen conjuntamente una comedia en un canal con cierto prestigio, por lo menos si olvidamos la existencia de ‘Anger Management’ con Charlie Sheen, significa que había esperanza. La había hasta que apareció el piloto.

El conflicto de presentación es la falta de vida sexual entre Lina y Russ Bowman. Él quiere aliviarse antes de ir a dormir y ella, como tiene sueño, no le deja otra opción que hacer un solitario y, a poder ser, sin mover la cama. Una escena desagradable. Pero luego está la solución posterior de la mujer que, justificándose con su labor como madre, le propone a Russ que se busque a otra para satisfacerse. Le quiere pero no tiene tiempo para polvos. Y sólo esta situación, donde ella queda como una bruja frígida y ni tan siquiera es divertida, comporta que ‘Married’ empiece con el pie equivocado.

Tener personajes desagradables no significa que la serie tenga que ser desagradable. De hecho, una serie tiene el derecho a ser desagradable si esa es su intención (¿cuántas emociones no gratificantes hemos sentido con los episodios de ‘Louie’?), pero algo en ‘Married’ indica que debería resultar entrañable. Los rostros de Greer y Faxon, acostumbrados a caer bien, así lo indican. Pero solamente transmite la falta de ganas de los Bowman y en ningún momento el amor que todavía les une y que sería su redención. Mal.

‘You’re the Worst’, en cambio, tiene todos los elementos para ser irritante y funciona. La batalla de sexos a partir de un escritor egocéntrico (Chris Geere) y una chica mona con mucho morro (Aya Cash) cobra sentido desde que se conocen en una boda, mientras ella roba un regalo del convite y él procura destrozar la velada a la novia. No tienen una química loca innegable pero Jimmy y Gretchen no tienen nada mejor que hacer y comparten una escena de cama cómica y conceptualmente brillante.

Los dos jóvenes asumen que son basura humana e intercalan posturas sexuales con confesiones de sus peores fechorías. No son el tipo el uno del otro y, por lo tanto, saben que no volverán a verse. Pero polvo a polvo descubren que el sexo se les da especialmente bien y que también comparten un don: el de ser incorrectos, inoportunos y egoístas.

Esta contraposición de caracteres y el afán de superación (para mal) de los dos podría ser insostenible y, curiosamente, el creador Stephen Falk y el reparto contribuyen a que sean divertidos de ver, carismáticos y muy frescos. Por ironías de la vida ‘You’re the worst’ es una buena comedia y ‘Married’ es lo peor.