viernes, 16 de enero de 2015

Año nuevo, blog nuevo

Abrí este blog cuando en segundo de carrera tuve que escribir una crítica cultural y elegí ‘Brothers & Sisters’, que acababa de estrenarse en ABC. Era esa época en la que creíamos que cualquier ficción estrenada en EE.UU. tendría el nivel de ‘Mujeres desesperadas’ y (por entonces) ‘Perdidos’, y estas series juntamente con ‘O.C.’ me habían obsesionado con la televisión.

El ejercicio de clase se convirtió en un medio para expresarme en un tema que despertaba mi curiosidad y provocó que no me perdiese ningún estreno. Yo, que había entrado en la carrera de periodismo porque supuestamente quería escribir sobre política, me pasé a un arte que encima se consideraba menor (preguntadle a mi abuelo, que a sus 92 años se le escapa una sonrisa cuando hace referencia a mis artículos, como si escribiera el horóscopo).

Sin embargo, toca pasar página y me he mudado. En La Vanguardia, además de colaborar en el papel, escribo en la nueva sección de series de la versión online y allí he alojado un nuevo blog. Nuevo blog, nuevo nombre. Se trata de ‘En el sofá’ y, como he hecho aquí durante muchísimos años, pienso opinar libremente de aquello que me interesa, de aquello que me estimula y de aquellos que detesto y siento el deber de ver de vez en cuando como Aaron Sorkin.

¿Qué sucederá con esta página? Ni en broma quiero que muera porque demasiados años han pasado y demasiadas vueltas da la vida. Aprovecho para comentar, por ejemplo, que ‘Togetherness’ de HBO apunta maneras. Los hermanos Duplass, de la escuela indie americana, proponen una serie sobre relaciones de pareja y crisis de los treintaytantos que despierta interés. Aparece Amanda Peet, que siempre es un punto a favor, y así se une a su marido a la hora de trabajar para el prestigioso canal. Hablo de David Benioff, que adapta ‘Juego de tronos’ y, según ella dice, ni tan siquiera le adelanta los spoilers.

Supongo, por lo tanto, que escribiré por aquí un día a la semana, ni que sea para publicitar el podcast. Lo anunciaré, como siempre, en mi cuenta de Twitter. Quien quiera seguir la actualidad desde la sección de series de La Vanguardia, aquí tenéis el enlace. Y, para opiniones, aquí tenéis ‘En el sofá de Pere Solà Gimferrer’.

Y, para que veáis que nada cambia, hay un nuevo programa de ‘Yo disparé a J.R.’ con algunas de las novedades que ya se han estrenado en este nuevo año. Eso sí, nada cambia pero sí evoluciona.

viernes, 2 de enero de 2015

Las otras (de la lista)

Este año pasado ha sido excepcional. Lo he dicho, escrito y hablado por todas partes. Un comentario, por ejemplo, me comentó que recibiría críticas por no meter ‘Juego de tronos’ y ‘True detective’ entre la listas de las diez mejores y otro año, uno más flojo, tendría sentido. ¿Este? Ha habido demasiada competencia. Poco a poco se amontonaron series de calidad y cuando tocó hacer un recuento había 25 que (¡por lo menos!) debían estar en esos puestos.

‘The fall’, ‘Jane the virgin’, ‘Halt and catch fire’, ‘Girls’, ‘Rick & Morty’, ‘Please like me’, ‘Happy Valley’, ‘The Leftovers’, ‘The walking dead’, ‘Downton Abbey’, ‘Homeland’, ‘Mad men’ y ‘Silicon Valley’ también hicieron méritos para colarse. Por lo tanto, los criterios utilizados fueron la racionalidad y la coherencia: no metí ninguna serie que no mereciera estar allí pero sí tuve que excluir.

‘Downton Abbey’ no entró porque para obra de época ligera ya incluí ‘Outlander’; me resultó más interesante la concepción de ‘Fargo’ que ‘Happy Valley’; psicológicamente es más estimulante ‘Hannibal’ que ‘True detective’ y 'True detective' también tuvo una dirección maravillosa pero este criterio ya lo utilicé para 'The Knick'; en la categoría de animación adulta prefiero ‘Bob’s Burgers’ a ‘Rick & Morty’; y para comedias de autor ‘Transparent’ superó a ‘Girls’. Podéis ver, por lo tanto, algunas decisiones que tomé para que fuera una lista diversa. Y, si bien acabó habiendo mucha animación en mi listado final (hay que sumar ‘Gravity Falls’ y ‘The Legend of Korra’), las series no pueden tener menos en común, tanto a nivel de trazo como de filosofía y objetivos.

Otras como ‘The Leftovers’ y ‘Homeland’, en cambio, no entraron porque tuvieron episodios muy buenos y otros tramos que no me convencieron y, en un año con tanta competencia, ser una serie regular es indispensable (y de ‘Jane the virgin’ ni hemos terminado la primera mitad de temporada). Y, por supuesto, no puedo meter ninguna serie que no he visto en su totalidad. De aquí que ni contemple ‘Boardwalk Empire’ y ‘Sons of Anarchy’, series que pude disfrutar en su momento pero que en determinado punto decidí que ya no me aportaban más y que prefería entretenerme con otras habituales y/o entregar ese tiempo a novedades.

Las listas, además, son un entretenimiento para comparar y descubrir. Yo soy el primero que entro en todas las listas americanas y que aplaudo cada vez que veo ‘The good wife’ en los puestos de arriba, y me apunto alguna serie desconocida que observo que está bien considerada. Y, como para listas ya escribí la del blog, con Marina Such decidimos grabar un ‘Especial 2014’ sobre tendencias, modas y las series más destacadas que habíamos visto durante el año. Me refiero, por supuesto, al podcast de ‘Yo disparé a J.R.’ y, si queréis, aquí os dejo los dos reproductores con enlaces para descargar los dos programas de hora y media de duración. Ahora crucemos los dedos. ¡A ver si tenemos un 2015 con otra cosecha tan buena!

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Las mejores series de 2014 (III)

No he querido hacer trampas en la lista de este año. En lugar de fingir que escribía una lista de diez series y acabar metiendo de extras aquí y allá, una opción un tanto cobarde, me he mantenido fiel al principio de exclusión. Pero llegados al podio, me he permitido el lujo de no ordenarlas. Las tres son perfectas y, cuando uno encuentra la perfección, no compara sino que lo celebra. Aquí las mejores series del 2014, probablemente el año que he visto mejor ficción.

1. Transparent
Cuando Amazon mostró el piloto de ‘Transparent’, los críticos americanos se esforzaron en aplaudirla para que se les escuchara y la plataforma de contenidos encargara una temporada completa. Les hicieron caso y Jill Soloway, la creadora, fue muy agradecida. El episodio de presentación era prometedor con su apuesta indie, honesta y temáticamente sorprendente, pero la continuación fue coherente, mantuvo los principios y se volvió más sofisticada si era posible.

El título puede referirse a Morty Pfefferman, el patriarca judío que sale del armario como transexual y que pasa a llamarse Maura, pero pronto Soloway escribió unos hijos con tantos defectos como virtudes a la hora de observarlos como personajes. Maura obliga al espectador a plantearse la experiencia transexual, pero es tan interesante como el resto de los Pfefferman. Sobre el papel pueden resultar prácticamente extraterrestres, pero no existe nada más humano e íntimo que verles quererse, relacionarse y culparse. Son un espejo: que cada cual decida hasta donde quiere verse reflejado.

1. The Legend of Korra
¿La incluyo tan arriba o no? Me he hecho esta pregunta durante estos últimos días. Su desenlace fue hace apenas unos días y el factor tiempo muchas veces afecta y, una vez pasan unos meses, uno se arrepiente de las decisiones tomadas. No será el caso y, si queréis, en un tiempo me decís si me pasé. ¿Una serie de Nickelodeon al mismo nivel que ‘Transparent’ y ‘The Good Wife’? Pues sí y, aunque no lo parezca a simple vista, alguna similitud tienen.

Por ejemplo, Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko quieren y alimentan todos los personajes de su universo desde a la protagonista, una heroína a la enésima potencia, a cualquier secundario y los villanos. Sólo hay que echar un vistazo a la serie anterior, ‘Avatar’, donde incluso dedicaban un episodio a la mascota. Y se parece a ‘The Good Wife’ en el sentido que podría ser “sólo una serie de animación” pero cuenta mucho más: habla de política de forma accesible, hablar de honor y deber, y habla de espiritualidad.

No es HBO pero puede apreciarse el esfuerzo por acercar estas cuestiones a un público infantil y juvenil. Si se hace, además, con unos paisajes y unos colores preciosos, es todavía mejor de ver. Y el final, por razones que no quiero destripar aquí, es historia de la televisión (y el de la tercera temporada, que también se emitió este año, uno de los momentos más tiernos).

1. The Good Wife
Y, finalmente, la habitual de este blog y del podcast (y de mi corazón, no es ningún secreto). Aparecerá en muchas partes porque un episodio en concreto cogió al público y a los periodistas desprevenidos, poco acostumbrados a no enterarse de los giros importantes de antemano. Pero yo la incluyo, en realidad, por las mismas razones de siempre. No finge ser otra cosa que una serie, no intenta transmitir ese insulto encubierto de “parece cine” (algo muy irrespetuoso para el medio), pero es una maravilla.

Tiene la virtud, además, de saber envejecer. Cojamos a Alicia Florrick al principio de la primera temporada y comparémosla con la actual. ¿Son la misma persona? Sí. ¿Pero podríamos imaginar que hubiera cambiado tanto? Ni en broma. Al igual que el universo legal y político de Chicago, los King entienden que los personajes fluyen, las relaciones les afectan y las decisiones les marcan, y se percibe en cada uno de ellos, desde la protagonista al resto del reparto (mirad con atención el viaje de Cary, casi tan complejo como el de Alicia). Por esto y porque encima consigue ser la serie más divertida, tensa y entretenida, ‘The Good Wife’ está arriba de todo (y sospecho que lo estará incluso cuando se haya ido).

martes, 30 de diciembre de 2014

Las mejores series de 2014 (II)

La lista sigue y el nivel sube.

6. Bob’s Burgers
Lo mejor y lo peor que le puede ocurrir a una comedia es conocerse a si misma cuando ya ha comenzado a emitirse. Muchas veces he comentado que es una situación muy común porque los personajes, los actores y las bromas tienen que encontrarse a medio camino y es normal que tarden unos cuantos episodios. ¿Y qué lectura tiene positiva? Pues que, será casualidad o no, mis mayores happy places cómicos de los últimos años tienen en común que empezaron en proceso de transformación. Me refiero a ‘Parks and Recreation’, ‘Cougar Town’ y ‘Bob’s Burgers’. Desde que entendió que los episodios le funcionaban mejor si utilizaba la acidez desde el cariño (en lugar de la acidez por acidez como ‘Padre de familia’), está en estado de gracia.

De esto hace cuatro años y no hay ni una sola semana que no tenga algún instante lúcido, acompañado de unas situaciones originales y bien desarrolladas. El especial de Acción de gracias de este año, donde les perseguían unos pavos asesinos, o el episodio donde Tina se disputa con una compañera de instituto un (falso) novio fantasma en forma de caja de zapatos son algunos de los destacados. Pero todos se mueven igualmente entre el notable alto y el sobresaliente, unos resultados admirables para cualquier comedia.

5. Hannibal
¿Qué tendrá en la cabeza Bryan Fuller? ¿Cómo pudo dibujar el maravilloso mundo de ‘Pushing Daisies’ y luego descubrir las pulsiones más oscuras de los individuos más enfermos de la sociedad? Esta pregunta la lanzo evidentemente desde un punto de vista superficial porque, si paramos atención a las obras, se nota que son hermanas gemelas. Hay pocos autores televisivos que perciban y creen las series como obras artísticas totales donde cada elemento tiene que estar en consonancia con el resto: la cadencia, el vestuario, la fotografía, los decorados, los diálogos, el tono. Todo.

En esta segunda temporada, al habernos presentado ya el universo perverso, se tomó todavía más licencias. ¿Había mayor declaración de intenciones que ese psicópata que imitaba a Spencer Tunig? La persecución por los maizales, donde una víctima escapaba para terminar tirándose por un precipicio y darse fatalmente contra una roca antes de llegar al agua, nos contó que no era una historia de salvación. Es una historia sobre juegos mentales, donde retar al espectador es una obligación, poner a prueba nuestros estómagos y nuestros sentimientos. A esto obedecía el festín de pierna, el cadáver a lonchas y una traca final loca y, cómo no, más caníbal que nunca. Gracias, Fuller, por proporcionarme (literalmente) mi mayor pesadilla.

4. Fargo
Este año fue de bien a todavía mejor. Cuando comenzó creíamos que ‘True detective’ encabezaría todas las listas habidas y por haber y al cabo de unos meses ya teníamos a ‘Fargo’ retándonos, recordando que quedaba mucho por llegar. Pocas obras, sin embargo, fueron tan perfectas como esta adaptación del clásico de los hermanos Coen que (¡oh, sorpresa!) no repetía la trama por la que Frances McDormand ganó un Oscar. ¿Cuántas personas que calificaron de innecesario este proyecto tuvieron que tragarse sus propias palabras? Diría que, si todos no lo dijimos, la mayoría lo pensamos.

Si en su momento ‘Fargo’ participó como comedia en los Globos de oro, no es ninguna locura decir que la serie también es una comedia. Es violenta, dura y muy cínica pero la visión de Noah Hawley tiene una macabra sonrisa en cada momento. Y también un deje muy entrañable. Esto se notaría en la interpretación de Allison Tolman, una de las revelaciones del año, que daba a entender que no todo está perdido. Los juegos de Lorne Malvo, el tiroteo desde fuera el edificio, la pelea en la nieve y casi cualquier diálogo. ‘Fargo’ es una gran serie.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Las mejores series de 2014 (I)

Este año ha sido una locura. Tenemos tendencia a criticar todo aquello que fracasa pero, ahora que tocaba hacer balance, se ha hecho más evidente que nunca que este 2014 ha sido alucinante. Es el mejor año del que tengo memoria y esto se notará en la lista de las diez mejores series. Normalmente tenía margen de maniobra, con un par de puestos con los que podía permitirme licencias muy personales, pero esta vez ha sido un quebradero de cabeza. Demasiadas series para tan pocos puestos pero vayamos al grano que, una vez publicada en su totalidad, ya explicaré cuales se quedaron a las puertas, que son demasiadas y todas tenían razones para colarse entre las diez primeras.

10. You’re the worst
Este 2014 debía ser el año de las comedias románticas y, según parece, lo recordaremos porque casi ninguna ha funcionado. ‘You’re the worst’ tampoco se sale del todo de la norma, ya que su audiencia fue mínima incluso dentro de los parámetros del canal FX, pero en calidad se excedió. Stephen Falk creó una obra que se describió como una anti-comedia romántica y que, paradójicamente, ha sido muy entrañable: Chris Geere y Aya Cash interpretaron a dos jóvenes cínicos y despreciables que, pese a intuir que son incompatibles, deciden seguir viéndose después de una noche de borrachera y sexo.

La química, la acidez, unas situaciones que encapsulan bien la modernidad y el esnobismo y unos secundarios a la altura (primero sorprende Kether Donohue como la amiga conservadora y luego Desmin Borges desarrolla su personaje) han permitido que sea la comedia revelación. Es un diez y sobre todo es muy divertida.

9. Gravity Falls
Escribí en La Vanguardia que esta serie de Disney Channel debía tener el récord de ideas chulas por minuto y creo que, si se le echa un vistazo, queda claro. ¿Es animación infantil? Sí. ¿Es para los adultos? Y tanto. Todo espectador que disfrute con los viajes en el tiempo, máquinas imposibles, criaturas sobrenaturales, referencias al género de terror y con sentido del humor puede pasarlo demasiado bien con ‘Gravity Falls’.

Otra que juega en una liga similar es ‘Rick & Morty’, que se quedó a las puertas de entrar en la lista, y que es subversiva. Pero opino que escribir una serie tan redonda resaltando valores como la amistad y cariño fraternal sin escepticismo y que funcione sin resultar empalagosa al público adulto, tiene todavía más mérito.

8. The Knick
Este año ha habido dos direcciones que han maravillado y han sorprendido dentro de los parámetros de la televisión. Primero fue Cary Fukunaga en ‘True detective’, un trabajo por el que recibió el Emmy, y después llegó Steven Soderbergh con su mano más documental, la misma que empleó para llevarse el Oscar con ‘Traffic’. No, no creía que esta factura visual fuera posible con semejantes planos y una fotografía tan cuidada, que capturaba perfectamente el vestuario y los decorados de principios del siglo XX (bueno, técnicamente del último año del XIX).

Se la nota inteligente, por ejemplo, cuando la cámara baja las escaleras para meterse de lleno en una matanza de ratas. El tono encaja en esta radiografía de época protagonizada por Clive Owen donde prima el realismo a las tramas (que las hay) y donde se permiten esperanzarnos para devolvernos a la triste realidad, que Soderbergh sabe que no puede cambiar por más que ilustre las imágenes con la magnífica música de Cliff Martínez, la mejor del año.

7. Outlander
Uno de mis principios a la hora de valorar una serie es reflexionar sobre si cumple con sus propios objetivos. No tiene los mismos deberes una comedia que un drama sobre el holocausto o una dramedia familiar, y la televisión sería aburridísima si todas las ficciones tuvieran las mismas intenciones. Por esto ‘Outlander’ está en el puesto número siete porque, a pesar de las dudas que suscitó al principio, se consolidó como una ficción muy entretenida que creó una de las heroínas de este año.

Claire, la enfermera de la Segunda Guerra Mundial que se encuentra de repente en el siglo XVIII rodeada de escoceses rebeldes, tiene uno de los mejores retratos del año. Caitriona Balfe ayuda con su composición, compenetrando muy bien la voz en off (que no es tan abusiva a medida que avanzan los episodios) y sus miradas. Y, si soy sincero, me quedé con la boca abierta con el sexto episodio, ese duelo teatral con un villano sin pizca de compasión, y después con el séptimo, ese relato erótico tan bien expuesto, rodado, picante y original. Allí pasó la línea entre correcta y buena, siendo también novedosa (hemos visto desnudos en televisión pero nunca tan bien rodados y tan sensuales).

viernes, 26 de diciembre de 2014

La síntesis de Brooker

Mentiría si dijera que soy de los que esperan ‘Black Mirror’ durante todo el año. No es que la odie, tampoco significa que no la aprecie, pero sus conceptos son tan inquietantes que no siento la urgencia de descubrirlos para dormir un poquito más intranquilo esa noche. Es lo que tienen los conceptos terroríficos de Charlie Brooker que, si los clava (y suele hacerlo), te impide coger tu smartphone con la misma alegría de siempre.

En el especial de Navidad que emitió Channel 4 este mes de diciembre, que muchos esperan que anime al canal a encargar una temporada completa, volvió a su tema recurrente: la tecnología y como podría afectar nuestra forma de relacionarnos. Pero no entra necesariamente en el típico discurso maniqueo de “la tecnología es el mal” (algo más propio de Aaron Sorkin) sino que sirve casi de guía. Es como si nos dijera “la tecnología es una herramienta útil pero vigilad que todo avance tiene sus contraindicaciones”.

El primer cuento que expone en el fondo no deja de ser una historia de terror donde la tecnología es una mera excusa, un vehículo para que la anécdota pueda suceder. No tiene un horror intrínseco del sistema domótico y el bloqueo personal de las siguientes historias, que cuenta un perfecto Jon Hamm en su pose “vende-humos” que emplea en ‘Mad Men’. Allí sí que la tecnología es la anécdota y la pesadilla y Brooker lo explota en la justa medida. No es pornografía terrorífico-tecnológica, es una idea tan hiriente como bien explicada.

De hecho, la mayor virtud de este especial es que comprime tres historias (y una cuarta de regalo) en una hora y cuarto de duración, exprimiendo al máximo el talento de Brooker. ¿Alguien se acuerda de la crítica a ‘X Factor’ de la primera temporada? No solamente es uno de sus episodios más flojos porque era una vendetta personal (a su mujer la echaron del programa) sino porque dilató la idea en un metraje excesivo. Es el problema que a veces tiene ‘Black mirror’: una vez entiendes qué te quiere contar, pierde la gracia y es mejor darle un rápido y bonito cierre (Waldo entraría en este mismo punto).

Por esto, porque hay múltiples ideas en un solo episodio, se han acentuado las virtudes. Brooker no solamente tiene una mente privilegiada capaz de extrapolar lo actual al futuro sin alejarlo sino que también ejerce de maestro de la síntesis. El cuento de Oona Chaplin, por ejemplo, es muy potente pero no sería mejor si alargásemos el metraje, entonces probablemente sería una torpe tortura. Lo mismo puede decirse del bloqueo. Y, como la jugada le ha salido tan bien, ahora no quiero que le encarguen una temporada completa de tres episodios. Quiero especiales como este: uno por Navidad, otro por Semana Santa y el otro para el aniversario de la Reina si hace falta.

martes, 23 de diciembre de 2014

Los episodios de 2014 (II)

El repaso continúa. Aquí hay de todo, británicas, americanas, australianas, comedias, dramas, HBO y ABC. ¿Qué bonito reino el de la televisión, verdad?

‘In Summation’ de The Fall
Un interrogatorio de diecinueve minutos, pulsiones que amenazan con descubrirse y unas miradas a cámara que parecían incluirme en la conversación. O quizá intentaban decirme que, al igual que Paul Spector, hay un monstruo en mí.

‘Beach House’ de Girls
La pluma de Lena Duhnam siempre resulta honesta pero no siempre casan a la perfección sus ideas y los viajes de los personajes. En este episodio todo funciona y hay ese baile, un soplo de aire fresco que nos muestra porqué Shosh, Jessa, Marnie y Hannah son amigas.

‘Who goes where’ de True Detective
Puede que la serie de Nic Pizzolato no me entusiasmara a nivel conceptual y que opine que no remataba el enigmático planteamiento con una resolución a la altura (¡qué convencional fue!) pero la dirección de Cary Fukunaga fue un placer. Y sí, este episodio es el del plano-secuencia. ¿Por qué este? Pues porque no esperaba ver una escena así en una serie de televisión.

‘Society of the Blind Eye’ de Gravity Falls
Los habrá más divertidos pero esta sociedad secreta del ojo ciego demuestra que ‘Gravity Falls’ puede ser un producto infantil pero es muy inteligente a la hora de manejar la mitología. Bueno, es que es inteligente en general.

‘Only Mama Knows’ de Anatomía de Grey
Shonda Rhimes es más lista que el hambre. Jamás me creeré que tuviera previsto introducir otra hermana sorpresa a Meredith Grey, en este caso la hija de Richard que Ellis dio en adopción, pero hay que reconocerle que tuvo mucho arte en hacernos creer que sí. Como ella misma dijo, este episodio cerraba una historia de once temporadas.

‘1.3’ de Happy Valley
Los dramas, cuando son cínicos y escépticos, pueden prácticamente colar como comedias. En este episodio, ‘Happy Valley’ demuestra que el drama, por cómico que sea, es drama y la vida de Catherine, uno de los mejores personajes del año, toma todavía más tintes de pesadilla.

‘Guest’ de The Leftovers
La adaptación de Damon Lindelof es tan ambiciosa que es inevitable que muchas veces se quede a medias. Habla de la pérdida, la desolación, el desconcierto y sus personajes son despojos humanos. Por suerte, Nora Durst (y esa revelación llamada Carrie Coon) nos descubrió que ‘The Leftovers’ sí podía aprovechar todo el potencial. Inquietante y a la vez reconfortante, ni que sea por la humanidad que transmite Nora.

‘So Did the Fat Lady’ de Louie
La facilidad con la que Louie C.K. expresa sentimientos y situaciones que yacen en nuestra conciencia y cultura es admirable. Su conversación con una inmensa Sarah Baker, donde diseccionan la obesidad y el atractivo, es una de las más inspiradas del año. Transmite autenticidad, el fuerte de ‘Louie’.

‘Tome-wan’ de Hannibal
Esta ópera del horror sorprende siempre. Su convergencia estética y su perturbadora belleza ponen al espectador al límite cada semana pero, dentro de esta lista, el factor “no pensé que vería nunca esto” ayuda. Y no, no creía que vería a un hombre comerse su propia nariz mientras se ríe, por lo menos en una serie en abierto de los Estados Unidos.

‘Ham’ de Please like me
En realidad ni debe ser el mejor episodio de la temporada, pero sí tiene la escena que mejor recuerdo y que más me impactó. Me refiero al juego de las peores anécdotas sexuales para ver quien se lleva el último bombón de la caja. Es aquí cuando Hannah, una de las compañeras del psiquiátrico donde ingresa la madre, simplemente dice que fue violada. Entré en ‘Please like me’ por el retrato gay del protagonista escrito e interpretado por Josh Thomas y me quedé por el retrato de las enfermedades psiquiátricas y el tratamiento del dolor y los complejos.

‘Work hard or die trying, girl’ de Bob’s Burgers
¿Un musical de ‘Armas de mujer’ y ‘Jungla de cristal’? Compro. Así de fácil.

Sólo hace falta publicar una lista para de repente acordarte de qué te has olvidado. Falta, por ejemplo, un poco de amor hacia 'Jane the virgin', que debió tener el mejor piloto de la temporada en cuanto a declaración de intenciones, ritmo y resultados. Pero ya recibirá amor en la próxima lista, supongo, donde tocará clasificar las mejores series en el año más reñido que he visto nunca.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Los episodios de 2014 (I)

Hay personas que se acuerdan de las citas de las series y el nombre de los capítulos pero yo no soy uno de estos afortunados individuos. Mi memoria es selectiva y a veces olvidadiza y esto se verá reflejado en esta lista de algunos de los episodios más destacados del año. No necesariamente son los mejores pero sí aquellos que más me han llamado la atención y que, cuando he querido acordarme de ellos, he podido. Y es que este año ha sido un muy, muy buen año y ahora toca prepararse para artículos y más artículos sobre lo más destacado.

‘Get the rope’ de The Knick
Es fantástico que el cable haya servido para que las series se tomen su tiempo en desarrollar las tramas. Por esto es curioso cuando una serie tirando a lenta como ‘The Knick’, ni que sea porque parecía tener un propósito más documental que narrativo, se propone ser trepidante. Los ataques racistas que recibe el hospital y el empeño del equipo médico por salvar la vida de los pacientes negros es uno de los episodios mejor engrasados del año. Ritmo, ritmo, ritmo.

‘The Wedding’ de Outlander
Es muy fácil de entender porqué este episodio está en la lista del año: jamás ha habido un episodio tan tórrido. Hemos visto sexo, hemos visto desnudos, pero ‘Outlander’ consiguió ser erótica, enamorar con cada roce y la dinámica sexual de esa noche de bodas que, como muchos medios americanos se fijaron, tenía una óptica muy femenina. Y esto, curiosamente, vino después de otro episodio casi teatral que podría haber entrado en esta lista (y que le pasaba la mano por la cara al episodio del hotel de ‘Masters of Sex’, por cierto).

‘Buridan’s Ass’ de Fargo
En Girona hace frío pero no nieva. Por lo tanto, me quedé helado y desconcertado (y maravillado) con los disparos en la nieve de ‘Fargo’. Estaba en medio de la tormenta mientras la serie de FX me decía sin disimulo que su propuesta estética estaba al mismo nivel que el cínico, divertido e inteligente guión.

‘Under pressure’ de Modern Family
Todavía no sé cómo Christopher Lloyd y Steven Levitan permitieron que la guionista Elaine Ko escribiera un episodio con un arco tan dramático. El ataque de nervios de Alex no era una coartada para rematar un gag final, simplemente nos permitía entender un personaje. Es muy, muy raro utilizar el adjetivo desgarrador para referirme a un episodio de ‘Modern Family’.

‘Dramatics, Your Honor’ de The Good Wife
No es el mejor episodio de esta serie, ni tan siquiera de esa temporada, pero hoy en día ya casi no existen las sorpresas en televisión, mucho menos una de ese calibre. Pero sólo se puede llevar a cabo con el respeto de todos los implicados, algo que parece que existe en el rodaje de ‘The Good Wife’.

‘The Last Stand’ de The Legend of Korra
Terminar una serie con una última escena tan impactante como coherente y satisfactoria tiene mérito, sobre todo cuando sirve de colofón para una última temporada muy sólida para una serie inmejorable. Sí, ‘The Legend of Korra’ despierta ahora mismo mi vena más talifán.

‘Thirsty Bird’ de Orange is the new black
Aquellos que odiaban al personaje de Piper Chapman y que pedían que la serie fuera más coral, estuvieron de enhorabuena. Aquellos como yo que pensaban que era una gran protagonista y que adoraban que la serie transmitiera cierta sensación de miedo dentro de la prisión, debieron disfrutar muchísimo con este arranque de temporada que lamentablemente fue a menos.

‘Execution’ de Revenge
Este año en el final de temporada hubo un plus de mala leche con una dinámica de “giro, giro, giro” tan loca que sólo pude levantarme y aplaudir. La escena de “te dejo un regalito bien colocado en el sofá” es uno de los momentos del año.

‘Rixty Minutes’ de Rick & Morty
Cualquier episodio de esta serie de animación podría estar en la lista. Las ideas son demasiado originales y potentes, y siempre están bien desarrolladas. Pero evidentemente me ganan con los canales de todas las realidades alternativas. Lo meta es uno de los mayores fuertes de Dan Harmon.

‘A Day’s Work’ de Mad Men
Se supone que ‘The Strategy’ encapsula a la perfección la relación y evolución de Don y Peggy como pareja laboral, pero el chiste de las rosas me gana. Es un ejemplo perfecto de como los mejores dramas suelen ser las mejores comedias (competición donde gana ‘The Good Wife’, por cierto).

Mañana, los once restantes.

sábado, 20 de diciembre de 2014

'Korra', un gran paso para la TV americana

La Segunda Guerra Mundial sirve a menudo de inspiración para obras de ficción. Uno no espera que sea precisamente en una serie de animación donde el dictador en cuestión, aquí una mujer, tiene un discurso expansionista similar al de Adolf Hitler. Pero ‘The Legend of Korra’ no es una serie de animación juvenil cualquiera. En realidad, después de hablar de terrorismo, justicia social, del concepto de democracia, abordar la espiritualidad y exponer la teoría del caos, que hiciera referencia al mayor villano de la historia era casi evidente. Lo que era menos probable es que terminase como terminó, revolucionando la televisión americana.

Mi recorrido con ‘The Legend of Korra’ ha sido precipitado. Quería terminar la serie antes de terminar el año 2014 porque intuía que sería de lo mejor que hubiera visto y no quería ignorarla en la lista que publicaré en unos días. Pero esto, que suena como un esfuerzo, fue precisamente todo lo contrario. Maratones, expectativas y un final que he podido ver con los demás seguidores de la serie (a nivel temporal, no físico). Y, si soy sincero, me emociona la idea que he presenciado semejante evento. Korra fue más allá, ella sí literal y metafóricamente.

De la serie pueden alabarse, por ejemplo, todos los elementos que lleguen a la vista y a la mente. Era un spin-off de ‘Avatar: The last airbender’ pero Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko lo escribieron para espectadores más adultos, esos niños que ya conocían el universo pero habían crecido. Pero mantuvieron las claves de la mitología: el Avatar es la figura que debe mantener el equilibrio de un mundo dividido en cuatro naciones: tierra, aire, agua y fuego (que además representan distintas razas y culturas) y Korra era el último ejemplo.

Optaron por un reparto muy coral desde el principio (algo que ‘Avatar’ acabó teniendo), donde ningún secundario es despreciado y tiene su momento de gloria, con pasado, motivaciones y aptitudes. Y mezclaron a la perfección humor, espiritualidad, lucha con buenas coreografías (y siempre justificada) y trascendencia. El Avatar, Korra en este caso, tiene como trabajo salvar el mundo y esto no es precisamente una tarea sencilla.

Aparte de los conceptos mencionados al principio que acercaron a un público que no necesariamente había destinado unos minutos a plantearse, la mayor obra de Dante y Konietzko fue elegir a Korra como la siguiente Avatar después de Aang. Escribieron una incuestionable heroína que, además, se diferencia bastante de aquellas que hemos visto hasta el momento. Se distancia, por ejemplo, del modelo ‘Ángeles de Charlie’ donde todas están tan delgadas que es incapaz que su piel albergue músculos. Ella es musculosa y se le nota con la ropa tradicional que siempre lleva, sin renunciar a ser una mujer. Es una líder nata sin adoptar los códigos masculinos.

Si echamos la vista atrás, además, se puede comprobar que en ‘The Legend of Korra’ hay más heroínas que héroes. Pueden ser madres, abuelas, solteras, niñas y adolescentes y, sean lo que sean, pueden ser implacables, inteligentes y fuertes. ¿Dónde se había visto esto antes? La protagonista también entra en una especie de triángulo amoroso con su amigo Mako y Asami, una experta en tecnología, y sorprende que (¡voilà!) ellas jamás se enfadan. No entran en la típica dinámica de “me robas el hombre” sino que entienden que el culpable de la situación es él con su indecisión. Y, si bien los villanos suelen ser hombres, diría que no es casualidad que la última villana, Kuvira, sea precisamente una mujer, una especie de reverso negativo de la protagonista que tiene un ejército de hombres a su mando.

No hay ningún panfleto, no hay diálogos explícitamente sexistas que pongan sobre la mesa el debate. ‘Korra’ lo hace desde la normalidad. Y, si juntamos la fantástica factura técnica, los paisajes y criaturas de ensueño, cómo maneja temas como la espiritualidad con una sensibilidad extraordinaria y compleja, y que encima tiene un discurso implícito precioso, hay que asumir que estamos ante historia.

Claro que hay algo que no he contado en esta opinión por contener detalles demasiado importantes del final. Aquí sigo para aquellos que quieren entender porqué ‘Korra’ fue todavía más allá.

Pero probablemente lo más rompedor es el viaje de la protagonista a nivel individual. Durante las cuatro temporadas vimos como pasaba de egoísta a altruista, de engreída a humilde, de intocable a vulnerable y en una última charla con su maestro Tenzen hizo este repaso mental. Cada experiencia sirve para entenderse mejor a uno mismo y, por ejemplo, había entendido que su relación con Mako era de amistad. Como se había demostrado a lo largo del tiempo, formaban un buen equipo pero no una buena pareja porque eran incapaces de tratarse con la sensibilidad oportuna.

Por esto, cuando a tres minutos del final entra su amiga Asami en escena, miles de chicas lesbianas se llevaron las manos a la cabeza. Durante años habían defendido que su relación de amistad podía ser algo más (bajo el nombre de Korrasami) y es cierto que habían desarrollado una amistad especial. Por encima de todo se entendían y, dentro de una ficción como esta sobre el proceso de maduración, algunos espectadores defendían que era el siguiente paso lógico de Korra. Y Konietzko y DiMartino lo hicieron.

Puede que Asami y Korra no se besen explícitamente pero se embarcan juntas en un viaje en solitario de la mano y con mirada cómplice. No existe margen para la duda y la hipótesis: en esta travesía individual, Korra descubrió que la única compañía que necesitaba era la de Asami y viceversa. Para una animación infantil, es un paso muy importante, sobre todo tratándose de los Estados Unidos, donde las asociaciones de padres son hijas de Satanás (con sotana de evangélicos).

De paso demostró que, a la hora de ser feministas, nadie gana a ‘The Legend of Korra’. Las mujeres tienen poder, pueden ser amigas, madres, líderes, protagonistas, ser fuertes y lesbianas. Pueden serlo todo y pueden ser lo que quieran, siempre y cuando luchen por ello. Para una serie supuestamente juvenil, no está nada mal que su discurso acabe trascendiendo por todo el panorama televisivo, siendo transgresor y llevando más allá los universos de heroínas que hay o ha habido (‘Buffy’, ‘Alias’, ‘Homeland’).

Korra, ahora ya puedes pasar tranquilamente a los anales de la historia de la televisión.

viernes, 19 de diciembre de 2014

El juego de las pulsiones

Como si no tuviera suficientes deberes por la cantidad de buenas series que nos ha brindado este año, este otoño el Reino Unido me trajo la segunda temporada de ‘The Fall’, que decidí retomar por defecto profesional. Primero quiero explicar que, si la dejé durante la primera, fue por mi sobredosis de whodunnits, de series sobre crímenes cuyas temporadas giran alrededor de un único caso. Había tantos en emisión (y alguno tan mediocre como ‘Broadchurch’) que fui incapaz de entender la propuesta de Allan Cubitt. Él ofrecía algo distinto y yo, por agotado, pasé de largo.

Pero es curioso como el momento adecuado cambia la percepción por completo. Cuando comencé otra vez la ficción por donde la había dejado, quedé maravillado por el inquietante universo que planteaba Cubitt. No era tanto un juego del gato y el ratón (su argumento es bien simple: una detective persigue un asesino en serie) sino sobre la sexualidad y el papel que tiene en la sociedad actual, sobre los prejuicios sexistas, sobre la violencia y la necesidad de utilizar el sexo como arma. No hay imagen más representativa que la detective Stella Gibson pensando mientras se toca el botón de la camisa. ¿Había estado más atractiva Gillian Anderson en toda su vida? Pues ahora, a los 46, emanaba una sexualidad que, como le explicaría su compañero, ni era consciente del poder que tenía.

Podría sorprender que sea justamente un hombre quien pinte este lienzo lleno de pulsiones sexuales, frustradas, escondidas (recordemos que el otro protagonista es un psicópata). Si algo demuestra la televisión reciente es que los hombres guionistas no están precisamente interesados en el papel de la mujer. Pero en ‘The Fall’ tiene todo el sentido del mundo. Como si fuera el supervisor de Stella, da la impresión que él mismo se ha sentido abrumado alguna vez por el poder de una mujer, por el irresistible hambre de ella, y él ha tenido la valentía de preguntarse cuál es su papel. Se obliga a si mismo y a los demás hombres a preguntarse si tiene el gen del lobo feroz, del hombre capaz de forzarse. Si sería capaz, como dicen en la propia serie, de cruzar la línea.

La valentía de Cubitt, además, llega hasta el final. Hay un diálogo de diecinueve minutos en el último episodio que comprime la vertiente más bestial del concepto y lo expone delante del espectador con unas miradas directas a cámara que obligan a plantearse si los personajes hablan entre sí o con nosotros. ¿Nos retan a cuestionarnos nuestro papel? ¿Obliga a las mujeres a plantearse hasta qué punto se sienten atraídas por el peligro? ¿Advierte a los hombres que controlen sus instintos más oscuros? Estas son algunas de las cuestiones que deja en el aire la serie, de la misma forma que deja muy claro que todas las mujeres tienen la libertad de jugar con su sexualidad como ellas creen convenientes. ‘The Fall’ no las juzga, solamente lo hace con aquellos que buscan justificaciones ante actos monstruosos.

Y, en el fondo, no hay juego más evidente que elegir a Jamie Dornan para el papel de Paul Spector, el padre de familia que se divierte asesinando por las noches y cuya mentalidad, por cierto, resulta muy inquietante porque está razonada (y, al conocerle mejor, uno hasta puede comprenderle). ‘The Fall’ juega con nuestros instintos, con nuestras tendencias y preferencias, deja que reposen en cada escena, deja que estén implícitas en cada movimiento y mirada. Por esto es una maravilla. Qué más da el caso cuando lo que nos suscita es una reflexión tan profunda e inquietante, sutil pero visceral. Ahora, como prueba, ve al espejo y mírate y busca en tu mirada si hay (o podría haber) algún rastro de Paul Spector.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

El desafortunado machismo de Sorkin

Estos días Aaron Sorkin está para felicitarle. Él, que se considera un Mesías de la sociedad con sus lecciones sobre moralidad, política y (anti)tecnología, no despertó el debate que esperaba con el quinto episodio de la última temporada de ‘The Newsroom’: lo único que hizo fue ganarse detractores. Como es un hombre cuya voz se percibe claramente a través de sus personajes, pocos críticos americanos le perdonaron la discusión entre un periodista y una chica presuntamente violada, que discutían sobre la presunción de inocencia, de culpabilidad y el deber de los medios de comunicación.

Puede que no quisiera parecer claramente machista (o criminal) pero, al intentar mezclar tres debates en una misma conversación, le quedó un discurso horrible. La frase “me siento obligado a creerme al tipo turbio” dirigida a una chica traumatizada es probablemente el peor momento del año 2014. Sí, no siento ninguna simpatía por este guionista tan adorado desde ‘El ala oeste’, pero aquí se metió en camisa de once varas sin ninguna necesidad y saliendo claramente herido.

Él quería hablar de los riesgos de internet y del periodismo populista, pero contraponer estas ideas que tanto le obsesionan justo con una víctima no fue la mejor decisión posible. ¿Y es justo que el personaje de Don elija por ella, negándole la libertad con paternalismo y en cierto modo haciendo que esa chica sea forzada otra vez por un hombre? No, no estuvo acertado y no creo que nadie se imagine teniendo esa misma conversación: no por no tener principios morales tan avanzados sino porque delante de una víctima quizá es mejor no exponer el terrible daño social que puede comportar acusar a... tu agresor. Con esto no reclamo que los programas de noticias se conviertan en circos mediáticos pero, si se creyera a esa universitaria, ¿Don no tendría la obligación de investigar porqué las autoridades fallaron a la hora de procesar su crimen?

Pero esto no es todo. Estos días están siendo muy prolíficos para el guionista ganador de un Oscar por ‘La red social’. Por ejemplo, una guionista de ‘The Newsroom’ explicó en Twitter que había estado horrorizada por el guión de ese episodio y que tuvo una discusión con Sorkin que acabó con ella no participando más en el episodio. Según Sorkin, esta chica ha violado la intimidad de la sala de guionistas. Los hay que opinan que esta chica no volverá a trabajar nunca y luego hay quienes defienden que nadie se lo tendrá en cuenta: alguien tenía que denunciar ese desastre de texto y, si yo fuera ella, no querría que me vincularan con algo tan desafortunado (y evitable). Los ejecutivos de HBO debieron darse golpes contra la pared por darle tanta libertad creativa a este hombre que, recordemos, tiró a la basura el presupuesto de dos episodios de la segunda temporada porque no estaba convencido con el resultado final. Ni quiero imaginar cómo debían ser los episodios.

Y es que el pobre no puede evitar los comentarios desafortunados. Por ejemplo, opina que los Sony Leaks, esta filtración de correos privados de los productores de Sony y que le ha perjudicado, es peor que la filtración de los desnudos de Jennifer Lawrence y otras estrellas. Sorkin, es cierto que es terrible que se amenacen a las familias de los directivos por la distribución de la película 'The Interview' pero no hace falta que compares esta violación de la privacidad con otra violación de la privacidad muy explícita. No es necesario, sobre todo cuando ahora mismo se te conoce como un machista en Hollywood.

Esto debería contribuir, por ejemplo, a que no digas cosas como que “sólo Meryl Streep y Helen Mirren pueden jugar con los chicos” y que Jennifer Lawrence ganó el Oscar por hacer su trabajo mientras que Daniel Day-Lewis hizo algo superior en ‘Lincoln’. ¿Es verdad? Sí. ¿Todos los años el nivel de los papeles protagonistas tiene en ese nivel? Ni en broma. Veamos ‘Las horas’, ‘Cisne Negro’, ‘Monster’s Ball’ o ‘Blue Jasmine’. Pero es que, según él, Cate Blanchett no estaba a la altura de ninguno de los nominados al Oscar de ese mismo año pese a estar fantástica. Si alguien no piensa que esta opinión es muy machista (por lo menos si han visto la película de Woody Allen), es que viven muy cegados por su amor a Sorkin.

Si en realidad estas opiniones solamente quieren denunciar la falta de papeles potentes para las actrices (que supuestamente es lo que hacía y sigo siendo incapaz de meter ‘Blue Jasmine’ en esta categoría), quizá debería replantearse su talento. Hay obras audiovisuales que tienen protagonistas masculinos y no pasa absolutamente nada, pero pocas series han sido tan vapuleadas por el retrato de sus personajes femeninos como ‘The Newsroom’, que podríamos calificar como una serie en teoría igualitaria (en cuanto a minutos en pantalla de los dos sexos, número de personajes, peso en las tramas). Pero ellas son unas histéricas y ellos las aleccionan con condescendencia.

Y, con tanta metedura de pata, no puedo evitar acordarme de ‘La red social’ y preguntarme si la relación del protagonista con las mujeres tenía que ver con Mark Zuckerberg o si era un reflejo del propio Sorkin. El diálogo con el que arrancaba la película, donde el creador de Facebook era condescendiente con una mujer y le faltaba al respeto de forma automática, podría enmarcarse perfectamente dentro de ‘The Newsroom’. Y lo peor es que el personaje terminaba la película sin entender porqué esa ex no le aceptaba la solicitud de amistad en Facebook como el propio Sorkin, que todavía finge sorprenderse cuando le cuelgan la etiqueta de machista.

P.D.Podcast: De esto, por cierto, hablamos en 'Yo disparé a J.R.' junto otros temas jugosos. Aquí tenéis la guía del podcast:
- 00': Introducción. 
- 04': Las nominaciones de los Globos de Oro. 
- 12': 'Happy Valley', la sorpresa británica del año. 
- 22': La polémic a de 'The Newsroom'. - 43': ¿Cómo avanza 'Jane the virgin' hasta el 1x08? - 55': 'Arrow' y 'The Flash' con spoilers (4x10 y 1x09). 
- 75': Sección de respuestas.

 

viernes, 12 de diciembre de 2014

'The Good Wife' como referente

‘Madam Secretary’ nunca será ‘The Good Wife’. Esta idea quiero que quede muy clara porque algunos directivos de la CBS nos han querido vender que así será. Pero, ahora que llevo unos cuantos episodios, no puedo negar que hay unos cuantos parecidos razonables y que la serie de Téa Leoni quiere aprender de la mejor. Otra cosa es que la creadora Barbara Hall no es Robert y Michelle King y, por lo tanto, los resultados de una y otra son dispares por defecto.

Cuando se estrenó, la serie nos contó que hablaría de una madre de familia que comenzaba un nuevo trabajo, el de Secretaria de Estado, cuya naturaleza diplomática se diferenciaba mucho de su antiguo empleo como agente de la CIA. Ahora su cometido es resolver, antes era detectar y ejecutar. Pero también insinuaba en el piloto que había habido una conspiración para eliminar a su antecesor en el cargo, Vincent Marsh, un descubrimiento que podría llevarla a desconfiar de las más altas esferas de Washington y de la diplomacia mundial.

Como pertenece a la CBS, no sorprendió que sus primeros episodios tuvieran un caso de la semana, donde Elizabeth McCord tanto tenía que reconciliar a China y Japón como irse a la India a defender los intereses de los empresarios americanos. La facilidad con la que Elizabeth lo puede resolver todo y siempre con resultados satisfactorios denotaba que no sería ‘The Good Wife’. Donde Alicia Florrick demuestra que con inteligencia y sobre todo dinero puedes utilizar la ley a tu favor y que la justicia es relativa, ‘Madam Secretary’ utiliza simplemente la fuerza de voluntad. Es un planteamiento bastante infantil.

Pero donde sí consigue parecerse a ‘The Good Wife’, aparte de su protagonista femenina fuerte y de un núcleo familiar al que se da importancia, es en su negativa a limitarse a una estructura concreta. Poco a poco genera un clima de desconfianza dentro de la Secretaría de Estado y en la Casa Blanca y, si bien sigue siendo bastante blanca porque tenemos a una Elizabeth inmaculada, hay que admirar que se salga del molde. Es aquí donde se nota que la CBS quería otra ‘The Good Wife’, otra serie femenina que explorase las tramas como sus guionistas creyeran oportuno.

Esto se nota, sobre todo, a partir del noveno episodio, donde finalmente dan rienda suelta a la conspiración y esas sospechas afectan de forma visible al matrimonio McCord (cuando la hija recibe un mensaje y grita de la ilusión, ellos ya creen que algún servicio de inteligencia les ha descubierto investigando). En ese episodio no hay caso y, si se echa la vista atrás, se percibe como se han sembrado las semillas para ser otra serie, una más compleja donde los personajes podrían no ser tan amables como parecían a simple vista.

‘Madam Secretary’ está todavía arrancando, esto está claro, pero podría salir algo decente si finalmente ponen toda la carne en tramas longevas. Los casos de la semana no funcionan del todo por grandilocuentes y resueltos de forma infantil, pero si se centran en detalles diplomáticos mientras desarrollan los personajes y sus viajes personales, entonces sí puede ser un buen sucedáneo de ‘The Good Wife’.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

La leyenda de Korra

Ni en broma volvería a ser adolescente. La idea de sentir con esa intensidad, de creer que soy la única persona del mundo al que le ha pasado algo en concreto, es tan cansado como (ego)absorbente. Pero hay una experiencia que me hubiera gustado tener, que es ver con los ojos de un niño la serie de animación de ‘Avatar: The last airbender’ y luego disfrutar como joven de la secuela de ‘The legend of Korra’. Como espectador, debe ser una vivencia muy estimulante y sobre todo única.

En cierto modo, ‘Dragonball’ (que para mí siempre será ‘Bola de Drac’) fue mi ‘Avatar’. Vi crecer el héroe durante su infancia con la incesante búsquedas de las bolas de dragón y los torneos periódicos de lucha, y luego vi esa deriva más adulta, más violenta y con mucho menos humor que fue la versión Z. Pero no tengo el recuerdo que aspirase a contarnos moralejas y que tuviera un toque casi poético, como sucede con ‘Avatar’. Y es una paradoja porque, mientras que Son Goku sí era un producto japonés, ‘Avatar’ y ‘Korra’ solamente son filo-asiáticas, cogiendo elementos de las culturas orientales para contar un relato cuyos autores son americanos.

La primera obra de ‘Avatar’ era infantil tanto por la trama como por el tono, pero explotaba todo su potencial y denotaba que podía tener muchas más lecturas. Sólo hacía falta ver el episodio donde Aang y compañía visitaban la capital del reino de la Tierra, donde se perdían entre las multitud y esa sociedad tan burocrática, donde cualquier trámite requería semanas. Ese atisbo de cómo sería la sociedad moderna desde el punto de vista más adulto es ‘The Legend of Korra’. Se abandonan los pueblos minúsculos y la interacción persona a persona: Korra debe tener relevancia en una sociedad industrializada y de masas, donde el populismo, la corrupción y las bandas criminales existen.

Este inicio, por esta misma razón, tenía mucho impacto. Quizá para el espectador que maduró con la original prácticamente era lo mismo. El efecto “crecer con una serie” es lo que tiene, que no necesariamente te das cuenta de algunas lecturas y la progresión natural la tienes asimilada de antemano. El universo es el mismo: hay personas con habilidades extraordinarias que pueden dominar un elemento, ya sea el agua, la tierra, el fuego y el aire, menos el Avatar, una figura que se reencarna generación tras generación y que tiene todas las habilidades. También tiene el don de estar en contacto con sus antepasados y de él o ella depende el equilibro del planeta.

Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko hacen un espléndido trabajo a la hora de desarrollar un mundo mucho más complejo. Comunican al instante que ‘Avatar’ en el fondo era lo mismo pero que, con tal de llegar al público infantil, reducían tanto los conflictos como las dimensiones. El impacto, no obstante, no desaparece: la animación mucho más sofisticada y las escenas de lucha no dejan de maravillar, por lo menos durante toda la primera temporada que he visto en dos días.

Como es animación de Nickelodeon, tampoco me dejó de sorprender el tono de los capítulos. La megalomanía del villano hereda tanto de Stalin como de V de Vendetta y el discurso de los revolucionarios que buscan la desigualdad tampoco está tan desencaminado por más que la serie no profundice. Y, si le sumamos una dinámica de grupo que rápidamente sustituye la de Aang, Katara y Sokka sin imitarla al pie de la letra, dosis de humor igual de entrañables (los pedos del hijo del maestro Tenzin) y unas tensiones sexuales en un primer plano (ellos son adolescentes mayorcitos, no ese niño llamado Aang), Korra es la digna sucesora de Aang. A ver qué me depara el resto de la leyenda.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Un valle poco alegre

Hay algo en la realización de las series británicas que te da a entender que están rodadas con el fin de trascender las fronteras del país o que están orientadas al mercado interno. Bueno, se distinguen por si tienen una fotografía más o menos cuidada, por lo fuertes que sean los acentos de los protagonistas y, sobre todo, por si el costumbrismo tiñe cada escena. Pero esto cada vez tiene menos importancia porque, como tanto los americanos como el resto del mundo sabe que se desarrollan cosas muy interesantes en las islas, siempre hay alguien con un ojo avizor que lo ve todo por si acaso y acaba recomendando.

En primavera sucedió con ‘Happy Valley’, que de repente obsesionó a la crítica americana y tuvo un correcto boca oreja por las redes sociales. Ahora que se acerca el fin de año y que me enfrento a las clásicas listas de lo mejor del año, le he dado una oportunidad para saber si tendría cabida allí o no, y lo que sí puedo adelantar es que entiendo el entusiasmo. Es una serie policíaca muy convincente y un drama familiar muy potente. Y el hecho de que no tuviera previsto exportarse como si fuera ‘Downton Abbey’, la verdad, tiene poca importancia si el resultado es este.

‘Happy Valley’, para aquellos que todavía no la hayáis visto, podríamos decir que es la versión británica de ‘Fargo’, la serie que se les adelantó por pocas semanas y con la que comparte la premisa de “hombre mediocre que la lía muy parda”. Su centro absoluto es Catherine, una buena policía que vive con su hermana drogadicta y su nieto, al que cuida desde que su hija se suicidó, mientras en su pueblo un hombre frustrado propone al mafioso local secuestrar a la hija de su jefe. Podéis imaginar que ambos personajes confluyen pero mejor ni desvelo qué relación tienen Catherine y uno de los delincuentes, algo que la serie no oculta y que podréis averiguar antes de que termine el primer episodio.

La serie, por lo tanto, no juega con la identidad de los criminales sino que crea una situación imposible, de esas que no tienen vuelta atrás, y pica la curiosidad con saber cómo terminará. Pero la ventaja es que, no solamente es inteligente en los retratos de los secuestradores, sino que Catherine es una protagonista maravillosa. Sarah Lancashire aguanta estoicamente las innumerables escenas dramáticas que tiene, las peleas, los moratones y los lagrimones, y en ningún momento ‘Happy Valley’ se convierte en una obra insoportable de tan desgraciada que es la situación de la sargento de policía. Su pátina costumbrista y la inteligencia emocional de ella impiden que sea un drama en mayúsculas, si bien la serie no quiere reírse de todo como, por ejemplo, sí hizo ‘Fargo’.

Este drama policial, de hecho, está muy en la línea de ‘Scott & Bailey’, una obra anterior de Sally Wainwright, la creadora. Allí escribía a dos detectives muy solventes y cuyos conflictos personales se trataban con el mismo tacto (una de ellas con un perfil muy similar, ni que sea porque Lancashire y Lesley Sharp tienen un parecido razonable), pero aquí da un paso adelante. Sube el listón del drama, pone en un primer plano a los delincuentes y acaba por contar algo más. Y, curiosamente, como sucedía en ‘Fargo’, tanto nos descubre la escoria que se esconde ante una situación frustrante o desesperada y como un ser supuestamente inocente se corrompe, como nos habla de la capacidad de las personas por sobreponernos a situaciones adversas y luchar por aquello en lo que creemos.

P.D. Podcast: Cuentas pendientes, avances, mucho debate sexual y ‘The Good Wife’. Aquí tenéis el programa de ‘Yo disparé a J.R.’ con su guía:
- 00’: Introducción.
- 03’: ‘Rick y Morty’ de Dan Harmon.
- 16’: ¿Qué tal avanza ‘Gotham’?
- 26’: Los finales de temporada de ‘Awkward’ y ‘Faking it’.
- 45’: ‘Transparent’, balance de temporada.
- 70’: ‘The Good Wife’, spoilers hasta el 6x10.
- 99’: Sección de preguntas de los oyentes.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Viola, la autopsia y Connor

Las tendencias en Estados Unidos van por rachas. Cambian los referentes y, por ejemplo, este año notamos la influencia de los éxitos de ‘Scandal’ y ‘Homeland’ en series como ‘Madam Secretary’ y ‘State of Affairs’, mientras que el género dramático ha ganado presencia. Cuando ‘New Girl’ y ‘2 Broke Girls’ se estrenaron hace tres años hicieron pensar que la comedia era el género por antonomasia, el que aguantaba mejor al público en directo, pero el éxito de las series de Shonda Rhimes y de ‘The Blacklist’ el año pasado demuestran que los dramas todavía tienen tirón. Sólo hace falta ver cuál es el mejor estreno a nivel de audiencia de la temporada: ‘How to get away with murder’, que ahora ha estrenado AXN con el nombre de 'Cómo defender a un asesino'.

La serie, como ya comenté tras su piloto (no sé si aquí, en ¡Vaya Tele! o el podcast, es heredera de ‘Scandal’ en el factor “oy-oy-oy” y también es una copia bastante barata de ‘Damages’. Viola Davis está más perdida en el personaje de Annalise Keating de lo que debería, con unas escenas llorando desconsoladamente a moco tendido que no terminan de encajar con su faceta de tiburón de los tribunales, pero probablemente le caerá la nominación al Emmy por una cuestión de nombre. Si a los votantes les gusta Kerry Washington y han premiado a Joe Morton por hacer de padre de Olivia Pope, cualquier cosa es posible. La pregunta es si estarán nominadas Viola y Kerry o si una le quitará el hueco a la otra, lo cual quedaría bastante racista. Sería como decir “hay cuota de una negra por categoría, señoras” aunque yo no metería ninguna de las dos porque ambas están para abuchearlas durante el rodaje.

El problema de ‘How to get away with murder’ es que si quiero una serie legal con un caso de fondo, me pongo otra vez ‘Damages’. Ese universo basaba el interés de la protagonista en el menos es más de Glenn Close, que hacía alarde de su contención, maldad y que asesinaba con esas miradas, y tenía en Rose Byrne a una alma inocente corrompida que ayudaba a seguir las tramas con simpatía. Bueno, y desvelaban las piezas del puzzle con gracia, guardándose siempre un as en la manga pero sin aburrir con los anticipos que repetían una y otra vez (las puertas de ese ascensor las tengo grabadas en mi memoria con mucho cariño). En el bufete de Annalise, en cambio, aburren con una repetición de escenas que aportaron casi nada la mayoría de las veces y que no eran lo suficientemente enigmáticas como para ayudar a crear una atmósfera.

Probablemente lo único bueno que ha tenido la serie en su temporal recorrido, que seguirá en enero con los últimos seis episodios, es el tratamiento natural de Shonda Rhimes de la condición de las personas. Peter Nowalk siguió su costumbre de elegir el reparto sin tener en cuenta el color de los actores y el personaje de Connor es un ejemplo de como tratar con naturalidad la homosexualidad. Como escribí en La Vanguardia, la filosofía es la siguiente: si en ‘Scandal’ puedes escribir escenas tórridas entre Olivia y el Presidente de los Estados Unidos, debes permitirse las mismas licencias con un gay y sus sujetos sexuales. Esto es un punto muy a favor para ‘How to get away with murder’, por lo menos a mí que me incumbe el tratamiento de la homosexualidad en televisión.

Estas ganas de romper con las limitaciones de las generalistas, que pecan de conservadoras (¿recordáis el tiempo que tardaron Cam y Mitch en darse un beso en ‘Modern Family’?), también han provocado algunas elecciones horribles. Este drama es feísimo de ver por la decoración del despacho, el color de los flash-forwards y la fotografía en general, pero lo llevaron al extremo con una escena de sexo en particular. ¿De quién fue la idea de intercalar escenas de sexo con la autopsia de un cadáver? Eso no es transgresor, eso simplemente no tiene ningún sentido, es asqueroso y empaña lo que debía ser una escena bonita (hubiera tenido sentido, por ejemplo, si fuera Annalise acostándose con su repulsivo marido, pero no con los dos tortolitos que presenciamos).

Pero, como ‘How to get away with murder’ tendrá solamente 15 episodios esta temporada, no me desengancharé. Es una de esas series que tengo que ver entera en su primer año porque es un fenómeno y para ver como cierran las tramas. Y puede dar gracias a Viola Davis, no por su pésimo trabajo, sino por aceptar interpretar el papel bajo la condición que la temporada sea más corta. Le sentará fenomenal. Otra cosa es que el resultado final seguramente no estará a la altura del talento de Viola (o del talento que creíamos que tenía).

miércoles, 26 de noviembre de 2014

La (sorprendente) regularidad de 'Rick & Morty'

Hay series que uno piensa que jamás dejará de ver porque cree infalibles. Todavía recuerdo los primeros episodios de ‘Community’, donde los personajes progresaban adecuadamente y pudimos entender el sentido del humor de Dan Harmon. El nivel de algunos episodios era tan elevado, con referencias y juegos tan inteligentes, que jamás creí que dejaría de verla. ¿Cómo podía fallar el hombre que escribió el episodio del paintball? Imposible, ¿no?

Contra todo pronóstico, dejé de verla. Bueno, mi futuro con esa serie cada vez quedó más claro cuando vi que el ratio de episodios fallidos crecía exponencialmente. No podía ser tan y tan irregular, con momentos emotivos fallidos y homenajes a la desesperada para atraer la atención de los fieles. Para algunos, el intento era suficiente, ya les aportaba algo que no estaba en el resto de la televisión. Probablemente este hecho es el que impide que diga que llegó a ser mala porque por lo menos intentaba algo distinto, pero no puedo fingir que dejó de ser divertida.

Esta deriva tan irregular de ‘Community’ fue la razón por la que no comencé ‘Rick & Morty’ cuando se estrenó en Adult Swim, el contenedor de animación adulta que tiene Cartoon Network en Estados Unidos. La idea de invertir en una serie de televisión comandada por un señor tan inestable como Dan Harmon me daba pereza. Si en acción real y con las restricciones de NBC algunas de sus idas de olla ya no funcionaban, la libertad creativa podría sentarle mal. Pero me equivoqué.

Ahora que ha llegado a España de la mano del canal TNT, he descubierto que es una maravilla. Las aventuras del joven Morty, un chaval un poquito corto, que viaja por el universo y las líneas temporales con el genio alcohólico de su abuelo, el despreciable Rick, es un pozo de fantasías cínicas que siempre dan buenos resultados. Desconozco si tiene que ver la co-autoría de Justin Roiland, que creó los personajes en un cortometraje y luego Harmon se unió al proyecto, pero se nota la mano del responsable de ‘Community’ y solamente en el buen sentido.

Aquí aprovecha el potencial de la animación adulta. No solamente permite unas criaturas, parajes, planetas y acciones imposibles en acción real, también aprovecha que la animación permite situaciones que en otras circunstancias nos parecerían demasiado depravadas. Puede tomarse más licencias y, aun así, a veces te escandaliza con algunas de sus propuestas, siempre originales y rebosantes de mala leche.

El juego de las referencias y de las anécdotas meta-televisivas no devora el contenido de los episodios. Pueden hacer guiños a Jurassic Park, a cualquier reality casposo de la televisión y a Freddy Krueger y estos no eclipsan a Rick y Morty, como alguna vez sí que ocurría en ‘Community’. Y de forma absolutamente retorcida, hasta desarrolla cierta sensación de cariño entre todos los personajes, en especial con los padres de Morty, siempre al borde del divorcio pero encontrando de vez en cuando la llama del amor.

Así que, si alguien hizo como yo e ignoró ‘Rick & Morty’ porque ya no confiaba en Dan Harmon, que les dé una oportunidad. El primer episodio puede que se exceda en los eructos de tanto querer marcar territorio y dejar claro que es animación muy adulta y con un punto desagradable (cuando crees que no irán por un camino, lo cogen y se pasan tres pueblos), pero fueron rápidos de reflejos y en el segundo episodio el tono ya estaba pulido. Y, hasta el final de temporada, un episodio inolvidable tras otro. Muy buen trabajo, Dan.

P.D. Podcast: Aquí tenéis el noveno programa de la temporada de ‘Yo disparé a J.R.’. La mayoría de temas giran alrededor de Shonda pero hay alguna recomendación decente (o no):
- 00': Introducción.
- 06': El piloto de 'State of Affairs'.
- 22': El arranque de la segunda temporada de 'The Fall'.
- 43': 'Anatomía de Grey' madura.
- 59': Puesta al día de 'How to get away with murder' (hasta el 1.09).
- 74': La grandeza de 'The real housewives of Beverly Hills'.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Ignorar a la virgen

Siempre digo que triunfar en la televisión americana es cuestión de suerte. Una serie puede caer en gracia y que Estados Unidos decida darle una oportunidad y otras, pese a tener todos los números, quedan relegadas en el olvido. Que se lo digan a ‘Scandal’, que hasta Shonda le dio un lavado de cara al terminar la primera temporada, pero que igualmente tuvo una parroquia entregada que empezó la segunda y la recomendó hasta que fue un éxito. Podía ser ‘Off the map’, esa serie que ABC estrenó de la factoría ShondaLand, y fue su nueva ‘Anatomía de Grey’.

Me pregunto, por ejemplo, qué habría ocurrido si ‘Jane the virgin’ hubiese tenido la suerte de estrenarse en ese mismo canal en lugar de la CW, que últimamente tiene muy buena voluntad con sus ficciones propias pero que probablemente ya no tiene la audiencia que necesita esta ficción. Antes querían obsesionar a las mujeres jóvenes con ‘Gossip girl’ y compañía y ahora han descubierto que se les da mejor la ciencia ficción y las adaptaciones de cómics con unos resultados fantásticos para ‘The Flash’, ‘Arrow’ les funciona de maravilla, ‘Supernatural’ es incombustible y hasta ‘The Vampire Diaries’ y ‘The Originals’ tienen las suficientes dosis fantásticas para no ser meros culebrones adolescentes.

‘Jane the virgin’, en cambio, es un homenaje y una parodia de las telenovelas sudamericanas, es una telenovela en si misma y tiene muchos elementos meta-telenovelescos. Es la nueva ‘Ugly Betty’ con una diferencia fundamental: es mejor y no da dolor de cabeza con la saturación narrativa, ni tiene unos personajes tan insoportablemente sobreactuados. Y, por más que no lo parezca por sus audiencias, es una serie que anima a verla semanalmente.

Si el episodio piloto sedujo a la crítica americana con su frescura, un ritmo despiadado y una protagonista muy sólida con el rostro de Gina Rodriguez, los cinco episodios emitidos a continuación han seguido la misma inercia. ¿Su mayor virtud? Que propone suficientes escenas impactantes por episodio, ya sea por originales, dramáticas o divertidas, para que la serie genere ruido mediático. La escena de la pobre Jane en la iglesia, donde su subconsciente la advierte que no debería mentir a su abuela a través del coro, era perfecta para comentarla durante 24 horas sin cesar; el cadáver cayendo sobre una estatua de hielo, también; y ese instante con pétalos de rosa del último episodio debería tener al público completamente obsesionado.

Por mala suerte, ‘Jane the virgin’ está pasando desapercibida dentro de su propio canal. La CW tuvo suficiente buena voluntad como para encargar una temporada completa, supongo que para ver si los Globos de Oro quieren dar la nota nominando a Rodriguez (que sería una candidata muy merecida en la categoría de comedia), pero nació en el canal equivocado.

Supongo que los directivos contaban con el apoyo de la comunidad latina, que muchas noches hace que el canal Univision tenga más audiencia que FOX o NBC y en verano ganaba prácticamente a todas las networks, pero parece que ellos están demasiado ocupados viendo telenovelas con denominación de origen al sur de la frontera con México. Y es una lástima porque esta idea tan y tan absurda, la de una chica virgen que es inseminada por error, está siendo la novedad más destacada, divertida y auto-consciente de este otoño.

(Por cierto, ya sabéis que no soy mucho de recomendar canciones por aquí pero ‘Sea of lovers’ de Christina Perri hay que escucharla en bucle después de terminar el sexto episodio de ‘Jane the virgin’. ¿Por qué la CW no deja colgar vídeos de esta serie para dar cierta sensación de comunidad y permitir que la gente le eche un vistazo?)