martes, 30 de julio de 2013
'Project Runway', la perfección hecha formato
martes, 28 de agosto de 2012
Tres pasatiempos para la sequía
lunes, 12 de marzo de 2012
Estrellas caídas

Se suele pensar que las ediciones All-Star de los concursos televisivos son una forma de recuperar antiguos espectadores con los participantes que tanto les gustaron en su momento. No sé si los propios ejecutivos que encargan el programa piensan lo mismo. Sea como sea, esta clase de ediciones no acaban atrapando antiguos espectadores, sino que premian aquellos que han sido fieles al programa.
Pocas cosas he visto más estimulantes que el gran Heroes vs Villains de Survivor, para poner un ejemplo, aunque para gozarlo de cabo a rabo se necesitara haber invertido más de 150 horas en la historia del programa (y de la televisión). Claro que no siempre se puede hacer diana y a veces hay excepciones como el Project Runway All-Stars que tenía todos los números para ser más que satisfactorio y se ha quedado en algo un tanto insípido.
No opino que el problema sea la ausencia de Heidi Klum, Nina Garcia, Michael Kors y Tim Gunn en un sentido estricto. Angela Lindvall puede que no opine demasiado en el panel de jueces, pero por lo menos es consciente que no puede emular a Heidi; Isaac Mizrahi y Georgina Chapman, fundadora de Marchesa, son voces con las credenciales suficientes para juzgar los vestidos de los concursantes; y Joanna Coles, la editora en jefe de Marie Claire y doppleganger de Tilda Swinton, merece un spin-off e incorporarse en las ediciones normales del reality. Diría que los tiros van por otra parte.
Primero de todo, la novena edición de Project Runway fue explosiva y, si comparamos, había mucho más talento en ese taller de moda que en el centrado en las revelaciones del pasado. Cuando Coles dijo en cierto punto de la actual temporada que “jamás había habido tanto talento en el taller de Project Runway”, esas palabras estaban vacías. Las Olimpiadas de la moda protagonizadas por Anya, Joshua, Viktor, Kimberly, Laura, Bert, Anthony Ryan y Olivier (es que fue muy, muy potente) siguen llevándose la palma por delante de cualquier otra temporada. Además, como el programa duraba una hora, también había más tiempo para ver las rencillas y seguir el proceso creativo, algo que ahora he echado algo de menos.
Sin embargo, el mayor defecto de la actual edición es que los jueces perdieron la perspectiva y echaron a bastantes concursantes muy prometedores a favor de otros mediocres (y a partir de aquí habrá spoilers). No puede ser, por ejemplo, que un favorito como Rami fuera expulsado por una mala semana cuando había vestidos extraordinariamente insulsos (¿what about Kara?) o que Mila también fuera eliminada antes que personajes como Kenley (Michael y Nina jamás le hubieran pasado el mismo vestido una y otra vez) o Austin Scarlett (que ya en la primera temporada tenía un gusto bastante pasado de moda que le impidió llegar a la final).
Son estas cositas las que hacen que el All-Stars no sea lo lucido que podría ser. Hay otros factores como la falta de dramatismo ahora que todos son conscientes que ganar o no tampoco les va a cambiar la vida, pero esto siempre he considerado que pasa a un segundo plano en un reality como este. Lo que importa, al fin y al cabo, es el talento que hay en el taller y el problema es que la mayoría de los concursantes no han estado a la altura. Suerte que siempre nos quedará Mondo.
jueves, 29 de diciembre de 2011
Los 'highlights' realiteros del 2011: las divas de concurso

El repaso a la telerrealidad del 2011 continúa. Esta vez centrándome en los concursos que más me han enganchado (Big Brother US, Project Runway) y un zasca para Tyra Banks y America’s Next Top Model que han protagonizado una ridículo polémica. Estad preparados porque habrá spoilers de todas estas últimas ediciones (y no me olvido de X Factor, por supuesto, lo que pasa es que le dedicaré un post entero antes del domingo).
Rachel Reilly
Su personalidad polarizadora acaparó toda la atención en la casa de Big Brother 13, por sus risas, salidas de tono, la grandilocuencia romántica y sus depresiones cíclicas. Lo divertido, sin embargo, fue verla ganar. Siempre tendremos la duda de si los productores introdujeron cierto twist para permitir que ella y Jordan pudieran salvarse y evitar que desaparecieran las estrellas de esta edición All-Stars, pero igualmente consideraré a Rachel una reina del programa. Volvió a la casa para redimirse y, aunque parecía que haría todo lo contrario, logró su objetivo. Por supuesto, nada de esto hubiera sido posible sin la ayuda de Jordan, que la soportó, ayudó y legitimó de cara a la final, y además permitió que la edición fuera redonda. Acabó siendo la historia de amistad entre dos chicas y así lo atestiguó el mensaje de despedida que Rachel le grabó a Jordan. Y así permitieron que el verano fuera estimulante, divertido y sobre todo muy entrañable. Que viva Rachel (y que viva Jordan, que ya tuvo su momento de gloria y su arco protagonista en la decimoprimera edición, insuperable). Y cada vez que necesito alegrarme el día, repito los gritos de Rachel con su vestido azul. Son historia (un poco trash, pero historia).
Miss Project Runway
La victoria de Anya Ayoung-Chee podía haber sido aún más polémica que la de Gretchen pero el público la asimiló como si hubiera sido el movimiento lógico. Debió ayudar que el montaje girara entorno a esta Miss Trinidad y Tobago con un sextape a sus espaldas, mostrando que era tan inexperta como creativa y con una preciosa personalidad. Sea como sea, se la premió por tener buen gusto y por su tremendo potencial, y fue la guinda catártica de una edición potente y dramática como pocas. La mejor de Project Runway, diría, donde hubo muchos otros personajes interesantes y con talento de sobras. Por ejemplo, el gusto y la ejecución de Viktor fueron impecables, lástima que se dejó llevar por su yo estudiantil en la colección final.
El regreso de la Supercapulla
Los formatos bien hechos tienen éxito porque siguen un patrón y unos razonamientos. America’s Next Top Model, por más que desprecie a Tyra Banks, no está mal en esencia aunque ella se obsesione con hacer pruebas chorras para dejar en evidencia a las concursantes. Pero con el All-Stars de este otoño, Tyra se ha superado: se inventó el concepto (crear una marca y seguirla a rajatabla) porque no podía tirar del antiguo (algunas de las concursantes estaban ya demasiado arrugadas para venderlas como futuras supermodelos). Entonces nada tuvo ni pies ni cabeza ya que ninguna de las chicas sabía qué se evaluaba (¿cómo c#@$ se representa la libertad en el día a día?), elaboró pruebas muy estúpidas (¿Potledom? ¿En serio?) y encima coronó a un trozo de carne del ghetto sin educación y que había fracasado en la mitad de las pruebas, y por razones que desconocemos la eliminó después de la grabación, teniendo que rodar otra vez la final con las demás finalistas sin gracia alguna. Así Allison, la mejor (de largo), fue ignorada otra vez mientras se declaraba que Lisa era nuestra All-Star, alegando que sería una inspiración para aquellas chicas de quienes se abusó sexualmente en su niñez (menudo criterio, Tyra). Y la pseudodiosa de ébano, para colmo, dejó que su número dos explicara la insólita situación de la final, como si ella no fuera la productora, creadora y presentadora del programa. Vergüenza le tendría que dar ser tan cobarde y no querer mancharse las manos. Bueno, y hacer un programa tan lamentable como esta última edición de ANTM.
domingo, 30 de octubre de 2011
El gusto de Anya

Esta entrada contiene spoilers de Project Runway 9. Si jamás has visto el programa, debes saber que esta quizá ha sido la mejor edición y que ya es hora que te pongas manos a la obra.
La novena edición de Project Runway ha terminado y, como no puede ser de otra forma, la victoria de Anya tiene miga. Primero porque los jueces se sacaron un conejo de la chistera dejándola concursar en la pasarela de la Mercedes Benz Fashion Week y después porque, puestos a hablar de técnica, no era la finalista con más experiencia. Esto lo sabíamos todos desde el primer episodio y justamente por culpa del montaje siempre creí que sería una Ping de la vida. Sin embargo, mejor vayamos por partes y sobre todo tratemos la ética de la participación de Anya en la final. ¿Golpe de Estado o tropezón hacia un triunfo inevitable y merecido?
Según el planteamiento estricto del programa, fue un error. Demasiadas veces hemos oído a Heidi Klum decir que “one day you’re in, the next you’re out” para que no chirriara esa inclusión sobre todo porque tiraba por los suelos la propia existencia de ese episodio. Podía parecer una tomadura de pelo, pero también había otra versión. Aparte de la catch-phrase de Heidi también una ley no escrita en el programa: a veces Michael Kors, Nina Garcia y Heidi Klum no eliminan al peor del reto y hacen la vista gorda porque saben que ese diseñador tiene potencial para mejorar y creen que es un desliz aislado. Entonces siempre cae alguien que sí tiene algún defecto imperdonable (“the level of taste”, que siempre dice Nina) y todos contentos. Por esto, tras una trayectoria inmaculada y fascinante, era más injusto mandarla a la calle que cargarse unos falsos fundamentos. Otra cosa es determinar si por su perfil era la más apta candidata al trono.
Las previas semanas, por ejemplo, habíamos presenciado la consolidación de Victor como el gran rival a abatir, con un refinamiento y una ejecución impecables. Hasta llegué a creer durante el último mes que era imposible que pudiera perder porque había demostrado una tendencia a salirse día sí y día también con unos procesos y aptitudes que a la Miss de Trinidad y Tobago ya le hubiera gustado poseer. Y a Josh tampoco debía menospreciarle. Había conseguido “editar” todos los defectos que le achacaba Nina Garcia, la que creí que nunca podría premiarle, y tenía margen para culminar su paso con una colección repleta de sus mayores aciertos. Sin embargo optaron por Anya Ayoung-Chee.
La razón era sencilla: tenía un gusto delicioso. Hizo una colección muy y muy sencilla, solamente protagonizada por vestidos, pero todos eran preciosos. Por supuesto que al programa le sentó bien no ignorar una evidencia mediante Josh, que criticó durante toda la edición las dotes de la chica a la hora de terminar sus prendas y también su falta de chaquetas y pantalones, pero la decisión del jurado pareció razonable y mucho menos controversial que la del año pasado. Si bien entonces premiaron a Gretchen porque creían que podía vislumbrar la estética futura en lugar del inflexible Mondo (un tanto previsible), ahora premiaron la visión tropical, effortless y elegante de Anya, que había demostrado una gran predisposición a aprender y evolucionar (aunque vino a ganar y, por lo tanto, expuso lo mejor que sabía hacer en la final).
A esto contribuyó que Victor perdió su halo de intocable con una colección que era mitad prometedora, mitad fallida (se pasó todo el concurso sin recordar al Victor de los cástings y justo lo muestra en su colección final) y que Josh difícilmente hubiera conseguido el voto de Nina Garcia con algo tan estridente. Sí, hizo un statement, pero también uno que era por voluntad hortera. Tendría que haber dejado claro que había madurado lo suficiente para que pudieran darle los 100.000 dólares. Sin la prueba definitiva, uno podía imaginar que ignoraría otra vez los consejos y decidiría diseñar para drag queens y putones urbanos como esta última colección.
Anya, en cambio, tenía un gusto muy sólido. Michael Kors ya lo dijo: “me puedo imaginar cómo sería un bolso de Anya, un complemento de Anya y esto dice mucho a favor de ella y su visión”. Es probable que aún no sepa hacer chaquetas, que sé que se podría considerar un pecado, pero tiene un talento desbordante y un sentido estético definido, con una ojo increíble a la hora de encontrar telas que le hablen. Pero nadie puede negar que uno se imagina de lo que es capaz esta chica con sus deliciosos vestidos y, de apostar por alguien, yo también hubiera optado por la sencillez de Anya.
(No he mencionado a Kimberly porque siempre supimos que no ganaría y hasta costaba entender que hubiera llegado tan y tan lejos, cuando la razón era muy simple. Cada vez que todos alegaban que tenía una visualización muy clara de cómo era la mujer urbana y moderna, se olvidaban de decir qué punto de vista aportaba al panorama: el de una mujer de color. La misma Kimberly era consciente de ello y solamente así se podía entender su estética, bastante más extremada y con algunos retos con veredictos un tanto confusos. Por esto he acabado encantado con esta mujer que, aparte de ser una monada y muy graciosa, quería cambiar ciertos estándares del mundo de la moda.)
miércoles, 24 de agosto de 2011
La suerte del novato

La alineación de astros es el elemento más importante a la hora de lanzar un producto nuevo al mercado. Por más estudios de mercado que haya, por más que la escaleta sea magistral, hay cosas que escapan al proceso de producción y de creación, que no puedes probar hasta que la obra está en el escaparate. Un poco como las colecciones de los diseñadores de Project Runway. Con el montaje puedes intuir si los concursantes tienen alguna pieza interesante por ahí, pero hasta que no las ves juntitas, con sus complementos y en la pasarela, no sabes si es una colección, con todas las de la ley, o unas cuantas prendas bien hechas. Pero por suerte para los Weinstein, la primera edición del programa no pudo estar mejor cohesionada.
Esta alineación siempre es compleja, pero lo es más si encima se trata de un estreno. En 2004, cuando entró en producción esta competición de diseñadores de moda que luchaban por desfilar en Bryant Park y por un poco de publicidad en televisión, los productores aún no sabían qué monstruo tenían delante. Ellos no sabían si podía tener éxito, ni qué les iba a funcionar mejor y los concursantes que habían aceptado participar desconocían cómo les iba a retratar el programa y hasta qué punto podía beneficiarles. Firmar un contrato para un reality desconocido puede ser como vender el alma al diablo, algo que no creo que suceda en este caso.
Quizá porque dejaron claras las bases del concurso, donde prima la calidad, o porque eran estadounidenses, donde todo el mundo tiene un showman dentro y se tiene una fe casi ciega en la industria del entretenimiento, la edición salió rodada y los concursantes no se privaron de opinar, de ser naturales y crear a pesar de la presencia de las cámaras. Jay McCarroll y Austin Scarlett, por ejemplo, eran tan personajes como también diseñadores y corrieron por allí visiones también muy interesantes como la de Kara Saun (efectiva y constante como pocas), Nora Caliguri (el vestido con el que se estrenó era precioso), Alexandra Vidal o Kevin John. Lo que distingue a Project Runway no son las confrontaciones, sino unos procesos creativos estimulantes y unos resultados brillantes (salvo excepciones), que convierten cada episodio en un pequeño documental sobre el arte de la moda.
Otra cosa es que, aparte de la calidad, hubiera también mucho drama. Wendy es seguramente uno de los personajes más viles que ha pasado por la telerrealidad americana, sobre todo porque confundió bastante el concepto del programa. Como el programa de la década estaba siendo Survivor, decidió enfocar su participación como un juego de estrategia, cuando en realidad se trata de demostrar en la pasarela que tienes talento. Esto no quita, sin embargo, que añadiera un poco de morbo al conjunto. Un morbo que se excedió en la reunión final cuando les apareció una ex concursante borracha como una cuba y con el hacha de guerra (por no hablar de la ausencia de Morgana, una excelente modelo y troll turbio entre horas que salía de fiesta con el vestido que debía lucir en la pasarela el día siguiente). No buscaron el mal rollo pero, si había ocurrido, tocaba mostrarlo.
Por eso me gustaría recomendar esta edición a todo aquel que dice amar la televisión y no se atreve con los realities. Los que me recomendaron regresar a los orígenes del formato acertaron de pleno. Y así también comprobaréis cómo nació un programa que tanto ha marcado la historia catódica americana. Cuando Heidi Klum aún iba de modelo y a Project Runway le faltaba limarse algunas asperezas, aunque la grandeza ya estaba allí y aún no existe temporada que pueda declararse mejor que ésta.
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Los realities del año: el Top3
Cuando toca hablar de telerrealidad yo mismo reconozco que me da miedo. Los puntazos que más gracia tienen también son los que peor reputación le dan al género, que es tan amplio que ni tan siquiera se le ven los límites. Pueden ser programas de seguimiento de personajes públicos, docusoaps, concursos de convivencia, de talento, reportajes 'con chicha' y de cariz social... Por eso es hora de poner los puntos sobre las íes y resaltar los tres grandes programas del año, cuyas bases del formato ya son infalibles. He aquí los tres grandes programas y la Miss Reality 2010:
Artistas bajo presión
Pedir a un grupo de artistas que se amoldaran a unas normas y obligaciones tenía sus riesgos. La urbanita no podrá amoldarse a la natura y la mayoría no te podrán ilustrar la cubierta de un libro “porque tú le pagues”. Cada artista tiene su visión, como se comprueba en este vídeo, y no debe modificarse. Pero el resultado de Work of Art, que sigue paso por paso la estructura de Project Runway, igualmente fue sublime. Donde haya un proceso creativo que se pueda seguir con interés y encima se pueda opinar desde el sillón del comedor, está claro que hay miga (a diferencia de Top Chef y varios concursos culinarios donde no se puede contrastar). El cásting, además, fue sensacional y aunque no tuviera unas audiencias bestiales la cadena Bravo ha decidido confiar en él y ha encargado a su productora, Sarah Jessica Parker, otra tanda de bohemios. Lo dicho: lo mejor del año.
Gretchen
Parecerá una chorrada, pero pocas polémicas ha habido tan sonadas como la decisión del jurado de la última edición de Project Runway. La mayor parte del público rechazó el veredicto, que yo defendí en su momento, pero lo más interesante fue comprobar en el juicio final quién tiene la última palabra. Era hora de que pusieran a Heidi en su sitio, que tiende al mal gusto y a mostrar demasiada carne, y que Nina Garcia y Michael Kors demostraran quién manda, que por algo son la editora del Marie Claire y un diseñador de mucho éxito en el país respectivamente. Que Heidi fuera a buscar a Tim Gunn a modo de apoyo (algo que nunca se nos mostró en el episodio) demuestra que, como cliché de modelo que es, es una niña consentida que cree que por su aspecto y gracia natural se saldrá con la suya. Bah. Esta mujer que se quedó embarazada de Flabio Briatore sólo para tener una vida de lujo asegurada no se merece mi respeto, pero Project Runway no deja de ser uno de los mejores programas que hay en televisión ahora mismo.
Naonka y la coja
Al igual que no se puede juzgar un libro por su cubierta, tampoco se puede juzgar un reality plural como Survivor por una sola concursante. NaOnka, una supuesta profesora de colegio, estaba medio p’allá, tenía cero educación y una mala leche como poca gente ha pasado por el programa. Pero, qué queréis que os diga, he conocido gente así. Por ello, mientras sea una minoría (representativa) en el programa, no se puede renegar de él. Además, nos dio los momentos más bestias y ordinarios, como esta lucha con Kelly B, que tenía una pierna ortopédica y ni así ella se privó de derribarla al suelo. A esto se le llama no discriminar a nadie. Por cierto, Nicaragua no habrá sido la mejor edición, pero igualmente sigue siendo un gran programa del cual no concreto mucho más pues aún nos espera una sorpresa para un día de estos.
Miss Reality 2010: Bristol 'The Pistol' Palin
Reconozco que tengo una debilidad: me cuesta no sentir fascinación por esos personajes que se pasean por la televisión cuando no es su medio natural y han acabado allí por azares de la vida (y sin un verdadero afán de notoriedad). Este fue el caso de Bristol Palin, que sintió la necesidad de lavar su imagen por culpa de la carrera vicepresidencialista de su madre y aceptó la proposición del concurso Dancing With The Stars de participar en la última edición. Lo que no debía esperar es que tantos espectadores la amaran a la vez que generaba cada vez más odio entre sus detractores. Era de lejos una de las peores cinco bailarines y le hubiera tocado irse a la tercera semana, pero dicen las malas lenguas que fueron los republicanos más recalcitrantes aquellos que la mantuvieron. También puede ser que mucha gente se sintiera identificado con esta niña que se encontró con media América juzgándola por un error de juventud con el que ahora tiene que apechugar (y feliz que debe ser, que conste). Ahora toca ver qué hace con su fugaz fama o si realmente su paso por el programa fue para allanar un poco más el camino de su madre hacia... ¿la cabeza del Tea Party? ¿ser la Oprah blanca? Los caminos de Sarah son inescrutables... Aquí os dejo una de las mejores actuaciones de Bristol:
jueves, 4 de noviembre de 2010
Golpe de Estado en la pasarela

Esta entrada contiene spoilers de la octava edición de Project Runway que ya terminó, pero sobre todo es una reflexión sobre el enfrentamiento entre los jueces del último episodio a partir de la clara oposición entre sus finalistas.
Gretchen y Mondo no podían haber tenido visiones más distintas de la moda y elegir entre ellos merecía un debate mucho más extenso y profundo que el de qué colección era mejor. Su oposición conceptual, más el probado talento de ambos, lo que ofrecía era un dilema sobre qué dictaminaba el éxito de un diseñador. ¿Tocaba premiar al personaje que sabía diseñar estridentes prendas para el aquí y el ahora? ¿O debían elegir en función de quien sería capaz de ver hacia donde avanzaría la moda y evolucionar con ella?
Según Heidi Klum, debía prevalecer la capacidad de asaltar a la vista con los bloques de color y todo aquello que le permitiera destacar en uno de sus paseos por la alfombra roja. Se trataba de saciar con un golpe de efecto las ansias del consumidor. Pero el exitoso diseñador estadounidense Michael Kors no podía estar más en desacuerdo. Quizá arrepentido por premiar a Seth Aaron la temporada anterior, un diseñador muy moderno y probablemente igual de pasajero, defendió la visión de Gretchen, una chica que sabía impregnar la moda presente con su estilo y encima con un ojo puesto en las futuras tendencias. Y ante este razonamiento la editora del Marie Claire, Nina Garcia, se dejó de medias tintas y se subió al carro de Kors, dejando a un lado el respeto por la presentadora. ¿Cuántas veces habían despreciado a las modelos que defendían las creaciones de los concursantes? Pues quizá era el momento de poner a Heidi en su lugar.
No era una cuestión de si los argumentos de Heidi eran válidos, pues lo eran y también muy razonables. El problema estaba en que la modelo tiene y ha tenido siempre criterios de consumidora. Ella puede valorar si un vestido ha sido diseñado y cosido con talento, pero no es capaz de dilucidar qué caminos va a tomar la moda y su gusto muchas veces se ha puesto en duda, por su sempiterna obsesión por aparecer en las revistas. Pero la mujer actual no vive de alfombras rojas ni de galas benéficas, sino que necesita una moda adecuada a su día a día. Y Gretchen es lo que ofrecía, con unos pantalones que veo creando tendencia entre las pijas de Barcelona. Y es que la audiencia puede decir misa con el colorido de Mondo, pero a la hora de la verdad comprarían los pantalones de Gretchen o alguna de sus blusas en lugar de la estética circense de Mondo.
También quiero reconocer que no soy un especialista en moda, pero como espectador y ante el dilema y los criterios que nos presentaron, compro la óptica de Nina Garcia (líder de opinión en este campo) y Michael Kors (que si no viera más allá ya habría fracasado), y también la victoria de Gretchen, que para empezar nunca fue la bitch que nos intentaron vender, sino una chica segura de si misma pero un tanto repelente. También por todos es sabido que Heidi no la tragaba, de aquí que pidiera apoyo a Tim Gunn para combatir a los demás jueces (como si no supiéramos que Gunn también la odiaba, con su cruzada contra la pobre chica).
Pero si para algo nos habrá servido este choque frontal en el si del jurado es para comprender quién corta el bacalao en Project Runway y qué opinión les merece la presentadora a Nina y Michael. Con la frase de “Heidi, ¿a ti qué clase de cocina te gusta?” se me cayó la mandíbula al suelo. No les hizo falta recriminarle su obsesión por enseñar carne o la atroz colección deportiva que supuestamente ha diseñado. Una sola pregunta y a todos nos quedó claro que su sitio es el de presentar, el de dar ritmo en las deliberaciones y el de fingir que es algo más que una cara bonita, pero su opinión es lo de menos.
lunes, 12 de julio de 2010
Sarah-Jessica y el arte

De todos los concursos de telerrealidad, Project Runway juega en otra liga. El formato, que mezcla la creatividad, la competición y encima se puede juzgar desde el sofá, no sólo es infatigable sino que es infalible. No importa que una temporada los concursantes no rindan lo esperado: el producto sigue entreteniendo una barbaridad. Así que leer que Sarah-Jessica Parker preparaba Work of Art: The Next Great Artist, una versión de artistas (pintores, fotógrafos, escultores y performers), no tenía porqué desagradar a la parroquia: el resultado final son obras visuales, que también traspasan la pantalla (a diferencia del Top Chef culinario). Sin embargo, había un reto: saber tratar una vertiente tan íntima y personal como el arte en un medio tan masivo como es la televisión. Y de momento ya les han llovido unos cuantos palos.
A un grupo de artistas no se les puede encargar “un retrato que muestre el interior de vuestro compañero”. Primero, porque en media hora no sabrán si su compañero es un bonachón o un psicópata en potencia y además porque un retrato puede no tener otra ambición que la estética. Como si quiere ser vacío de significado o ser literal y mostrar los intestinos. Y tampoco se puede juzgar sus obras como si fueran los vestidos de los que raja Heidi Klum: no necesitan tener visión comercial para entrar en el mercado, sino simplemente enamorar a una persona (a diferencia de los diseñadores de moda). Project Runway es perfecto porque la moda y la televisión tienen mucho en común (ambos son arte y a su vez industria, de tal forma que uno no puede sobrevivir sin el otro), pero en el caso de Work of Art necesita adaptarse a sus propias necesidades (y no le ayuda a tener credibilidad que SJ acabe de estrenar Sexo en Nueva York 2 y ahora vaya de mecenas del arte).
A pesar de este defecto (y del ridículo intento de China Chow y Simon de Pury de imitar a Klum y Tim Gunn, pero cambiando los acentos), ser un calco de PR también tiene sus ventajas y es que, pongamos los peros que queramos a esta versión, el arte entra por los ojos y el proceso evolutivo de cada obra tiene vida por si mismo. Podemos decir “esto es una mierda en un palo” o quedar alucinados por el talento desbordado en 24 horas. Y que el ambiente sea un cúmulo de tópicos (el estudio es como un almacén donde no existen dos sillas iguales) quizá dice más del endogámico mundo de los artistas que de la falta de novedad de la cadena.
Y a todo esto, el magnífico cásting ayuda. No sólo por observar la petulancia de quien viene de los círculos bohemios de Nueva York, sino por comprobar la inspiración y referentes de cada uno. Desde una chica obsesionada con su propio cuerpo (y a fotografiarse desnuda), al cazurro de pueblo o la cristiana pija y adinerada. Aunque yo me quedo con Miles Mendenhall, que tiene el mismo don de gentes que Temperance Brennan (o peor), un atractivo trasnochado, el mismo precoz talento que Christian Siriano y un trastorno obsesivo compulsivo. Sí, la figura del genio es un cliché por antonomasia.
jueves, 31 de diciembre de 2009
De la A a la Z, que toca hacer repaso del 2009 (II)
I de Islas (ya sea la de los otros o Samoa): Hay una cita que desde hace cinco años no falla: la nueva temporada de Perdidos siempre es un acontecimiento de abasto mundial y esta vez los creadores tenían bastantes explicaciones que dar. Ese movimiento de palanca, al más puro estilo Xena J de Jeff y también de Jordan: El romance del año en EEUU no ha sido de ficción sino real como la vida misma: Jeff Schroeder y Jordan Lloyd, dos de los concursantes de Big Brother, enamoraron a todos. Ellos eran el faro moral dentro de una casa con sobresaturación de víboras y su odisea por sobrevivir puso los pelos de punta, con Jeff como Superman y Jordan como inocente damisela en apuros. La relación, que fue platónica dentro de la casa, sobrevivió al periplo y ahora están juntos y revueltos. Dentro de poco les veremos en la nueva edición de The Amazing Race.
K de Kristen Wiig: Si alguien debe actuar como estandarte del mítico Saturday Night Live es ella. Es la viva esencia de este programa de humor. Sin embargo, esto también tiene sus contras: la falta de chispa de los guionistas los está llevando utilizarla para todo, como su fuera un 3 en 1, y ha pasado de ser la mujer más graciosa de América a oler a chamusquina. Pero aquellos que critican que los invitados no están a la altura, por ser estrellitas sin presencia (January Jones, Megan Fox, Taylor Lautner), están de enhorabuena: Sigourney Weaver ya ha sido confirmada para el 2010.
L de Leno:
M de McHale: Este hombre no se ha complicado la vida: su ajetreado panorama laboral no le obliga a la bipolaridad. Joel McHale, tanto en el programa-batidora The Soup como en la serie Community, hace exactamente el mismo personaje: de engreído e irrespetuoso cínico. Pero que este apunte no engañe: Community, la mejor comedia de la temporada junto con Modern Family, no depende sólo de él, sino de un gran plantel de secundarios que bordan las múltiples y surrealistas historias con las que los guionistas sorprenden cada semana.
N de Network: Si algo ha demostrado el 2009 es que la televisión norteamericana ya ha cambiado y las generalistas deben también cambiar de modelo y de expectativas. Las grandes audiencias de antaño ahora son prácticamente imposibles y los estrenos cada vez lo tienen más difícil para rasgar los diez millones de espectadores. De aquí, supongo, la estrategia de Fox con Glee: era bastante obvio que una serie musical no congregaría masas, pero amortizaron un nicho poniendo toda la carne en el asador. Eso sí, de esto al cable sólo hay un paso.
O de Olimpiadas: El mayor placer culpable de la temporada (aparte de las Real Housewives of New Jersey) ha sido, sin lugar a dudas, Make It or Break It. Los ficticios entrenamientos de un grupo de gimnastas que aspiran a colocarse una medalla olímpica alrededor del cuello ha hecho realmente equilibrios para no caer en el bochorno, pero ha sacado el ejercicio adelante y con nota. A Kmetko la queremos porque la pobre ha tenido una vida muy desgraciada, pero Lauren es la verdadera reina de la función. Si una zorra es casposa ya tiene la partida ganada de antemano.
P de Pasarela: No soy diseñador, ni estoy al tanto de las revistas de tendencias, pero tengo dos ojos en la cara y lo que lucieron las modelos en la última temporada de Project Runway me pareció sensacional. De acuerdo, estaba Logan sólo porque sus piernas arqueadas hacían flojear las nuestras, pero el nivel del reality de Heidi Klum estuvo en lo más alto. Faltaba carisma, sí, pero talento no.
sábado, 31 de octubre de 2009
The Fierce Style of Christian Siriano
Estaba engañado y a la vez en lo cierto. Creía haber dado con la grandeza televisiva después de ver Project Runway. Pero por lo tardío de mi descubrimiento (o más bien de mi elección) he empezado con la sexta temporada. Y yo la veía inmensa. Me daba igual que algunas personalidades pasaran sin pena ni gloria por esas cámaras, porque el proceso de diseño de la ropa era tan interesante, y el resultado en la pasarela tan intrigante, que ni me daba cuenta. Pero ha sido entrar en el mundo de Christian Siriano y la pasarela ha dado un giro copernicano. So fierce!Este chico de 21 años fue uno de los concursantes de la cuarta edición de este reality-game para ver quién es el mejor diseñador (y, ojo, que no es ninguna tontería y quienes acuden son verdaderos genios). Y su instinto artístico retro y a la vez transgresor satisfizo las retinas, mientras su carácter se esculpió en un pedestal catódico.
Su vocabulario era algo limitado, no por corto, sino por su ramalazo a lo spoiled brat y sus aires de minidiva. Todo lo que sale de su boca, para ser exactos, viene acompañado de “hot” y su adjetivo preferido es “fierce” (y las combinaciones que puede llegar a hacer son asombrosas, de aquí el “this is a hot tranny mess” que se parodió en el Saturday Night Live en uno de los sketches más relevantes de los últimos años).
Y su actitud de comediante, a la vez muy bitchy y tocando de pies al suelo, llenó el programa. Había nacido para el show y su cameo en Ugly Betty lo corroboró (está aquí). Como tampoco cabe duda que este diseñador, si llega lejos, puede acabar dando mucho miedo. Diría que es un cruce entre la Meryl Streep de El Diablo Viste de Prada y el Chandler de Friends, pero es que Christian Siriano es el mismo (a lo bestia y sin medida).
Él puso, más o menos, el 51% del factor humano de la temporada, pero también hubo más. Vistieron a wrestlers, a adolescentes tontas y el plantel de diseñadores era formidable: desde una ex motorista, al grandioso (en gracioso, tamaño y risa) de Chris e incluso a una especie de Superman de bisturí que tuvo que abandonar el reality por un infección que por su condición de seropositivo tuvo que tratarse. Revelador (no por la enfermedad, por supuesto), de la misma forma que lo fue ver como perdían los papeles al tener que vestir un hombre. Sí, sí, hay diseñadores que pueden hacer un hot dress con chucherías y luego no tienen ni pajolera idea de cómo son los pantalones para hombre (y te hacen un hot tranny mess, claro). De esta comparativa he sacado una primera conclusión: la sexta temporada, a la que diría que le faltan un par de semanas para terminar, es flojilla viendo el auténtico potencial que tenía. Pero justamente por esto también he comprendido que Project Runway se eleva a los cielos porque, incluso en su peor estado, sigue siendo espléndida (y Heidi Klum es muy fierce por mal que me caiga en el programa).
Clonismos
lunes, 7 de septiembre de 2009
Los tiburones en el estanque y las víboras en la pasarela
¡Qué muerden!: Que los norteamericanos quieran ser millonarios otra vez, no significa que deseen ver en sus pantallas a empresarios ricachones misericordiosos que discutan sobre si invertir o no en pequeños negocios de gente corriente. Esto debería estar dirigido a un público minoritario en el cable, no en la ABC. Porque ver a los forrados protagonistas del formato japonés Shark Tank en un pedestal mientras intentan desvalijar las buenas ideas a humildes trabajadores, es una imagen demasiado soberbia para el público general. Es de una frivolidad extrema, a la vez que descubrir a los empresarios rivalizando entre ellos para hacerse con una idea (y a menudo aprovecharse) tiene chicha. Esto sobre todo se acentúa en el segundo programa y es la máxima expresión de un capitalismo que se niega a dar crédito a las iniciativas particulares. Y el cabecilla de los tiburones, que también ejerce de malo malísimo, suelta sus perlas proverbiales cual Confucio: “Don’t cry for Money, because it never cries for you”, “Money is like soldiers, I send them out to war everyday and I want them to take prisoners and come home” o “never laugh at Money!”. Vaya, un capullo en toda regla que ve en los dólares a su mejor amigo. Being Valentino: Que Heidi Klum estuviera y esté nominada al Emmy a la mejor presentadora, es algo que se me escapa (a no ser que fuera candidata el año pasado sólo para que hiciera ese mini-striptease en la gala). Cabe decir, pero, que su saber estar de topmodel, que la llevó a los brazos de Briatore (y que no se debe olvidar), y su fría actitud muy zorreica dan el pego, aunque son Tim Gunn y sus chanclas los que dan el toque personal al programa, que lamento no haber visto en sus anteriores ediciones. Así que, si alguien no ha visto Project Runway y es de los que disfruta despotricando sobre los modelitos de las alfombras rojas, que se lo baje. No es tanto para satisfacer el morbo antropológico-basuril como para alucinar con las facultades de todos ellos y lo que son capaces de esbozar. De momento, Ra’Mon tiene aptitudes de favorito; Nicholas, que parece que se lave el pelo en una freidora, de pisoteador; y Qristyl, a quien le gusta reafirmarse en estereotipos, se lleva la palma del mal gusto. Sin embargo, las mejores son…
...las modelos: Dan otra dimensión completamente distinta al show desde que tienen su propio reality, menor en duración, y que sí que destaca por su vertiente morbosa. Su reto es, además de realizar su trabajo, conseguir que las elijan y reelijan los futuros diseñadores y seducir, si hace falta, al que crean que será ganador, para así aparecer en la revista Marie Claire. Y esta nueva visión, que muestra su fragilidad y las injusticias que sufren por culpa de los minidivos, también ofrece una especie de making off del programa madre. Así el espectador sabe qué piensan ellas, que tienen que ponerse cualquier ridiculez que hayan ingeniado los otros en un delirio de grandeza, y nos descubren nuevas facetas de los otros protagonistas: qué trato les dispensan y, sobre todo, qué clase de humanidad destilan. Tras ver The Models of Project Runway, por ejemplo, Mitchell, que iba de simpático, se delató como débil y, sobre todo, rastrero. Y ellas también aportan su cuota de villanas con Fatma, esa víbora de ébano a la que es mejor no dar la espalda.

