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jueves, 11 de febrero de 2010

Culos borrosos (y otras partes)

Cuando el pecho de Janet Jackson se aventuró fuera del vestido en su actuación de la Super Bowl de hace unos años, algo se evidenció en los EEUU: las pupilas de los americanos, al igual que no pueden mirar fijamente el sol durante media hora, tampoco pueden ver una teta al descubierto. Si alguien se quedó ciego durante el PezonGate es algo que desconozco, pero a tenor de las reacciones que suscitó ese falso despiste, sospecho que los pequeños debieron tener algún tipo de ataque epiléptico parecido al que sufrieron los niños japoneses con los rayos de Pikachu.


Así, para evitar posibles desprendimientos de retina entre los defensores mundiales de la libertad, programas como Survivor o The Amazing Race vigilan con lupa que no se vea ni un centímetro de más de piel de la necesaria, con una táctica que debe ser parecida a la de las autoridades iraníes. Sin embargo, a veces la censura que ejercen en sus propios programas acaba resultando en una modificación de la situación, y los hermanos gays de la última edición de The Amazing Race, que se tuvieron que pasear en calzoncillos por obligaciones de alguna prueba, despertaron la curiosidad a más de uno cuando les difuminaron los calzoncillos. Metieron carga sexual donde no la había.


En Survivor esta práctica la respeto cuando se utiliza para defender la privacidad de esas personas, que no tienen la culpa que su rival les baje el bañador durante una lucha en el barro. En cambio, en situaciones en las que sencillamente eligen divertirse enseñando carne (las chicas del Amazonas saben de qué hablo) o por cuestiones estratégicas (Richard Hatch primero, Dave el pesado después), la telerrealidad podría perfectamente mostrar los (des)encantos.


No obstante, hay veces en las que simplemente son ridículos los parámetros bajo los que deciden difuminar (o pixelar, como se dice ahora) a los concursantes. Amanda Kimmel, una de las vedettes de Jeff Probst, que decidió repescarla para la edición especial de Micronesia y que ahora la ha querido traer a Heroes VS Villains, se pasó medio concurso en China con el culo borroso.


Su bikini de estampado militar, que justamente creo que a ella le pareció de los bañadores que más debían tapar de la tienda, no cumplía los requisitos establecidos por el colegio de los ópticos. Obviamente, al ver una redonda difuminada en alguna parte de la pantalla, el espectador no tenía otro remedio que imaginar cómo era el culo de esta chica, ganadora del concurso de Miss Montana. Se distraía por algo que realmente no tenía ninguna importancia. Pero esa redonda no fue lo único que despistó a los jugadores.


Su personalidad, amable, y sus preciosos ojos, de cervatillo, incapacitó a sus compañeros de batalla y al público para ver que tras esa mirada también había una mente pensante. El título de reina de la belleza tampoco ayudó, por supuesto. Y la percepción que acabó adquiriendo fue, siempre, la de inofensiva segundona (no la de mujer en la sombra), cuando desde mi punto de vista fue la gran jugadora de la edición de China y también una inteligente concursante en Micronesia.


Por esto espero que, con el bañador adecuado, sepa llevar a cabo su particular venganza con el público (pues este es ahora también parte del lema de la edición). Que vean más allá de su bonito pandero y también de sus morritos de Angelina Jolie porque, independientemente de los resultados, o de si se le sale una teta en una competición o no, ella es la auténtica guerrera de Survivor, con su equipo completo: es guapa, es lista y no hay otra mujer que dé tanto en las pruebas. Esto es, en realidad, lo que venía a decir su polémico bikini.

domingo, 13 de diciembre de 2009

The Amazing Race 15, una carrera decepcionante

La telerrealidad no tiene guionistas y, por lo tanto, se pueden mover unos cuantos hilos, provocar algunas situaciones, pero no se puede controlar del todo al pequeño crío. El resultado final sólo depende de cómo se conjugan los factores y aquí el programa no puede hacer nada. Se emancipa. Y la decimoquinta temporada de The Amazing Race, a pesar de tener un cásting en principio prometedor, ha desilusionado. Los personajes los tenían, pero quizá las fichas no se han acabado de mover como cabía esperar (y a partir de aquí llegan los spoilers).

Primero de todo, digo personajes pero en realidad el programa no va al recurso fácil de coger a cuatro tarados (como sí hace Tyra Banks). Sencillamente sucede que, bajo situaciones estresantes, las personas sacan a relucir caracteres imprevistos y también ponen a prueba sus filias y fobias. Para poner un ejemplo, sólo hemos tenido esta temporada el momento manguitos de piscina, que tuvo lo suyo, pero recordemos el año pasado y las clases de nado de las baloncestistas y también esos negados chinos. No hay punto de comparación.

Pero TAR no sólo es un cúmulo de crisis catastróficas al estilo dos chinos perdidos en el bosque. Las personas deben convertirse en personajes, a base de carisma, la relación entre los integrantes del equipo y también con su alrededor (y cómo se comunican con los extras de la calle). Y aquí les salió el tiro por la culata.

El curso anterior puso el listón alto: había una cheerleader poseída, el sordo siniestro, las baloncestistas meonas, el padre e hijo gays, y esa pareja de chinos que se alzaron con el triunfo y a los que animé en todo su trayecto. Eran personas corrientes que reaccionaron a las circunstancias y ayudaron a desarrollar un relato, que es lo que se debe configurar a medida que avanzan las pruebas.

Los concursantes de este año, sin embargo, han sido correctos pero sin sobresalir. Los ganadores, los rubiales perfectos, han sido unos grandes competidores pero tanta corrección en la ejecución de sus tareas ha minado el concepto de entretenimiento. Y en cierto modo no se ha visto una progresión a medida que avanzaba el programa: el espíritu de la carrera, a medida que avanzaban, no se ha intensificado y no hubo excesiva tensión. Además, tuvieron la mala suerte que las parejas que más seducían a la cámara desaparecieron demasiado pronto: el chico con el síndrome de asperger y su amigo eran una pareja muy interesante, y las jugadoras de poker eran increíblemente televisivas.

Así que, como balance, diría que ha sido una edición correcta, porque el formato es excelente; pero para nada ha sido sobresaliente. Siempre nos quedarán los manguitos, la combinación de la maleta y ese momento Franz que era para pegar al Globetrotter. Pero no ha habido momentos ni muy emotivos, ni pruebas memorables, y los amantes de la cámara que podían aguantar el discurso televisivo, se esfumaron por desgracia de los productores. El riesgo de la telerrealidad.

lunes, 18 de mayo de 2009

The (Very) Amazing Race

Mercedes Milá ya puede decir en cada gala de presentación de Gran Hermano que eso es un programa con aspiraciones sociológicas. Si bien la primera edición revolucionó a la sociedad y a la televisión en general, desde entonces ha sido pura basura televisiva. Los degradantes debates, los sujetos que entraban en la casa y la propia Mercedes no sólo contaminaron el programa sino que también influyeron a lo que vendría después. Por este motivo siempre he desconfiado de los realities y los he ignorado, salvo algunas excepciones (Operación Triunfo 1, Hotel Glam). Ahora, sin embargo, me he visto de lleno sumergido en este género por culpa de las chicas bytheway y su recomendación: The Amazing Race (El Gran Reto).

Este programa, que en Estados Unidos ya goza de 14 ediciones (cuya última es la que he visto), es más que un reality: mezcla el género con el concurso y con una realización propia de la ficción. Once parejas deben superar distintas pruebas alrededor del mundo con el fin de ganar un millón de dólares. Y lo que permite que esta buena idea (estas Ratas a la carrera televisivas) sea completamente seductora, es que el público no tiene nada que decir. La carrera ha sido realizada. El montaje ha sido estupendamente acabado (y sin ser del todo tramposo, mantiene en vilo). Ahora lo único que le queda por hacer al espectador es disfrutar de semejante despliegue de recursos como si de una película por fascículos se tratara.

Esta condición pasiva lo que permite es que las personas que entran a concursar puedan ser ellas mismas y se preocupen solamente por las pruebas y no por satisfacer al público. Además, aunque pueda haber ciertos roces entre las parejas y que las eliminaciones sean dolorosas, el programa siempre busca la visión positiva. Da gusto que el formato en si tenga algo que aportar, no malos rollos gratuitos y buitres carroñeros.

No obstante, el factor humano juega la principal baza y donde hay personas compitiendo por supuesto debe haber problemas. En este caso, el miedo al agua (¿Cómo puede ser que alguien concurse en un programa de pasar pruebas sin saber nadar?), la desorientación (y el consecuente bloqueo de los chinos) o algunos problemas de última hora (¿ir al lavabo antes de llegar a la meta?) marcaron algunos de los momentos más (in)tensos de todo el programa. Aunque el verdadero sujeto digno de análisis fue el “sordo siniestro” y su madre, menos odiosa pero también controvertida.
Así que si os gustó El mundo está loco, loco, loco miradla puesto que es la versión realista de la película; si sentís un pequeño goce con las desgracias de los demás y quereis ver como un taxi te puede arruinar la vida, también; y si sencillamente pensáis que esto no va con vosotros ya que preferís las series, andáis muy equivocados. The Amazing Race no les tiene nada que envidiar.