miércoles, 6 de marzo de 2013
¿Tocadas de muerte?
miércoles, 5 de diciembre de 2012
El motor de Storybrooke
domingo, 21 de octubre de 2012
El primero en caer
viernes, 5 de octubre de 2012
Los subrayados del cuento
Una de las sorpresas del año pasado fue Once Upon a Time. Se esperaba de ella que durara cuatro telediarios porque nadie creía que el gran público pudiera soportar una serie algo casposa, con unos cromas muy obvios y un vestuario un poco drag-queen, pero se convirtió en la serie que había que seguir (junto con la otra revelación que fue Revenge). Logró que incluso aquellos poco propensos a dar una oportunidad a un drama familiar se interesaran por un uso de la narrativa algo lostiano y la nostalgia que despiertan los cuentos y también el mundo Disney que utiliza sin disimulo. Ahora, sin embargo, Blancanieves, el Príncipe Encantador y Emma han dejado de ser los novatos inexpertos después de volver con una segunda temporada de estreno tan acelerado como directo. He aquí varias impresiones (así que puedes dejar de leer si no quieres saber nada del episodio):viernes, 18 de mayo de 2012
El final del cuento
sábado, 31 de marzo de 2012
El foro de la familia

Hace ya algún tiempo, leí un artículo en un periódico norteamericano que comentaba que el mérito de Modern Family era que tenía un espíritu muy familiar en una era donde todos los programas buscaban nichos muy concretos. Decían de ella que tenía un afán de unión que no todas las series tenían, sobre todo ahora que da la impresión que sólo algunos realities como American Idol pueden unir a varios miembros de una familia en la misma sala, y diría que a Once Upon a Time se le podría aplicar el mismo cuento dentro del terreno del drama.
Puede que al principio uno pudiera esperar que eligieran un tono un poco más adulto, pero con el tiempo se ha ido dirigiendo hacia lo que cabía esperar de un producto de estas características, teniendo ingredientes para cualquier persona que pueda soportar una serie con ambiciones para todos los públicos. Hay un personaje con el que cualquier niño puede identificarse y que justamente tiene la visión más lúcida de cuantos viven en el pueblo desencantado de Storybrooke y unos cuentos con distintas lecturas. Bueno, más que varias capas, juegan con personajes integrados en nuestra cultura y les dan una vuelta de tuerca para que los adultos nos divirtamos con las obvias referencias.
Diría que, de momento, los twists de la Bella y la Bestia y de Caperucita son los más sorprendentes y que habrán despertado más sonrisas en los mayores de edad, aunque también son las historias más agridulces, y cualquier forma de relacionar los distintos personajes de cuento, aportando nuevos matices a todos ellos. Además, su inofensiva estética les permite abordar la mala leche que impregna muchos de estos relatos, hablando de corazones arrancados, huesos de niños y campesinos desmembrados.
La ABC, supongo, debe estar muy contenta con su rendimiento. La estrenaron más tarde para poder promocionarla sin la voracidad del septiembre, evitándole gran parte de los parones que sí sufren otras series del canal, y buscaron atrapar una audiencia que se rindiera a un mundo de cuentos con una perspectiva novedosa. Y curiosamente el público respondió, de la misma forma que podría haberla rechazado frontalmente. Lo que no sé si esperaban es que, con semejante tono, incluso mantuvieran durante tanto tiempo la parroquia mayor que también seguía Perdidos con ganas de encontrar respuestas.
Puede que cada semana se oigan comentarios negativos acerca del camino que han elegido, no tan adulto como algunos desearían, pero ahí siguen esperando el momento en el que Mary Margaret se dé cuenta de quién es o que Regina desate su maldad de bruja en Storybrooke. Y retener un público tan amplio y satisfacerles en mayor o menor medida (pero siempre lo suficiente) no es una tarea fácil. De hecho, ni tan siquiera recuerdo una serie que consiguiera semejante propósito desde que la televisión generalista hizo su paso hacia otro nivel por allá 2004.
martes, 10 de enero de 2012
El viaje de Once Upon a Time

Los creadores escriben las series con un concepto en mente. Puede gustar más o menos al público, puede estar más o menos conseguida, pero hay una voluntad y una conciencia de cómo debe ser la obra y hacia dónde debe dirigirse (al menos cuando sus responsables tienen la cabeza bien amueblada). Pero siempre habrá gente que pedirá peras al olmo y querrá proyectar sus gustos a las necesidades del relato, criticando que se aleje del modelo que tiene metido en la cabeza. Y con esta mentalidad es improbable que se pueda disfrutar de Once Upon a Time.
Aquí no quiero discutir si esta serie sobre los cuentos de toda la vida es correcta, buenísima o un zurullo. La cuestión es que Adam Horowitz y Edward Kitsis tomaron unas decisiones y las están siguiendo al pie de la letra. Quisieron hacer un drama que girara entorno a los cuentos con una óptica algo original (tampoco entraré en debates de si plagiaron Fábulas) y que avanzara a su ritmo.
En mi opinión, su intención siempre fue tomarse su tiempo en ir desvelando todos los secretos y giros que se esconden en Storybrooke, y ellos consideraron que el viaje era lo más importante (a veces se dice pero no se piensa). Y el espectador debe disfrutar con los flashbacks al mundo de los cuentos y enamorarse de esos momentos de optimismo de la mano de la señorita Blanchard, Emma Swan o Henry. En cada episodio los hay y se agradece que alguien quiera iluminar el oscuro presente (de allí y de aquí) con pequeñas dosis de esperanza y optimismo.
Si me tomo la osadía de decir cuáles eran los propósitos de los creadores es sobre todo porque así lo han expuesto con cada episodio. Podrán haber flashes que recuerden a Perdidos, que por algo Horowitz y Kitsis estuvieron en la escuela de Damon Lindelof y J.J. Abrams, y habrá ciertos puntos de inflexión para legitimar el arco de fondo (como el de antes del parón de Navidad, la estrategia de The Vampire Diaries), pero en todo momento nos avisan que el viaje es la clave. Quien no lo crea así, que se fije que siempre importan más esas sonrisas de Emma o Henry a cualquier detalle revelador que se haya podido filtrar por la trama.
Y también hay que tener en cuenta que este proyecto está escrito para todos los públicos. Es ideal para nostálgicos de los cuentos de Disney de toda la vida (o de nuestra infancia, para ser exactos), para que los padres quieran verla con sus hijos (también por el efecto nostalgia) y los niños pueden disfrutarla porque hay inocencia en cada plano.
Sólo hace falta ver el debate organizado en el pueblo, tan simple como ingenuo. O las reflexiones de su protagonista, que habla de ser una heroína sin pizca de ironía. Gustará más o menos, algunos querrán que sea más adulta y probablemente más compleja (y rápida), pero esta es la propuesta de Once Upon a Time y en ningún momento ha pretendido engañar a nadie.
jueves, 22 de diciembre de 2011
Los descartes del 2011

Las listas del final de año por regla general acaban sorprendiendo más por las series que no están entre las diez primeras, que las que sí pasaron el corte. Interpretar las exclusiones u omisiones no necesariamente debe tomarse como un desprecio. Simplemente hay un muy limitado número de puestos y hay que descartar. De aquí que me gustaría explicar porqué no entraron algunas vacas sagradas como Game of Thrones, Boardwalk Empire y Breaking Bad, o niñas mimadas de este blog como Cougar Town y Happy Endings.
Las adaptaciones de G.R.R. Martin y The Walking Dead, por ejemplo, tuvieron dos tramos finales que superaron todas las expectativas. Intensas, bien escritas y muy climáticas. Pero también ambas fallaron en los arranques. Game of Thrones tuvo unos primeros episodios un tanto ridículos, tanto por unos diálogos artificiosos como por el cartón piedra de alguna imagen, y The Walking Dead directamente aburrió. Por suerte, ambas pueden demostrar que son capaces de tener constancia con la segunda temporada de la primera, que adaptará Choque de Reyes, o el segundo tramo de los zombies.
Otras favoritas de la crítica como Boardwalk Empire no pude incluirlas porque no terminé la temporada y además nunca he podido disipar de mi mente que se le notan demasiado los hilos. Sí, es buena y el personaje de Margaret Schroeder me tiene enamorado, pero a ratos da la impresión que está confeccionada para que alucinemos con lo buena que es y echo en falta algo de corazón, por decirlo de alguna forma. Y de Breaking Bad ni he visto la cuarta temporada (voy por la tercera) por una razón muy simple: puede que la serie me fascinara en su primer año (nadie puede discutir lo fantástica que es y lo bien rodada que está), pero el viaje de Walter White me dejó de interesar cuando pasó del gris al negro.
Sons of Anarchy, en cambio, tuvo principalmente dos enemigos: Justified, que quería meter en lo más alto, la había superado la primavera pasada en la misma cadena (criterios de variedad, vamos) y no le ayudó a montar su caso que la season finale fuera una decepción en toda regla. La próxima vez que el señor Sutter quiera quejarse por no estar incluido en las listas, que se acuerde de lo barata que fue la conclusión.
En el terreno de la comedia, la serie con más fanáticos aún se excedió más. Community, como demostró en su segunda temporada, es frustrantemente irregular. Puede que tenga suficientes momentos de inspiración para que siga con ella (y lo hago con mucho gusto), pero cuando el balance de episodios buenos no es mayoritario, estás descartada automáticamente. Este rasero también acabó con las posibilidades de Happy Endings, cuyo humor adoro pero que tampoco ha estado todo lo acertada que debería en las últimas semanas y a Cougar Town, que tanto admiro, ya la premié como la cuarta mejor serie del 2010 y en cierto modo el desenlace de la segunda temporada entró en esa posición. Louie y Parks and Recreation, por otra parte, las llevo atrasadas. No, no es un desprecio, simplemente falta de tiempo (aunque ambas me están dando una muy grata sorpresa).
El encanto de True Blood tampoco pudo ocultar su falta de ritmo en algunas tramas, Lights Out fue muy notable pero no excelente, Big Love tuvo una temporada rabiosa, un desenlace precioso pero también una dimensión política algo increíble, Once Upon a Time aún tiene mucho que demostrar y así podría seguir y seguir con todas las series de la programación.
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Blancanieves, Cary y Serena

- Ya se puede decir que Once Upon a Time es el estreno dramático de la temporada. Se ha estabilizado por encima de los once millones de espectadores y tiene las mejores cifras en los demográficos preferidos por los anunciantes: empezó con un 4 y un mes después se ha estabilizado en un 3.8, una rareza en estos tiempos donde todo cae cual Pan Am (ay, pobre postal). Lo que me tiene en ascuas, no obstante, es el uso que están haciendo de la señorita Blanchard. Sabemos que es alguien importante para el relato porque está interpretada por Ginnifer Goodwin, porque es la madre de la supuesta protagonista y encima es, no lo olvidemos, Blancanieves. Y, tras ponerla en la primera línea con una historia de amor que distaba bastante de la original, vuelve a estar en un segundo plano. Este temple por no agotar los recursos demasiado rápido es otra razón por la que confío en este producto, aunque algunos ya estén decepcionados al ver que no hay tantos giros como en Perdidos. ¡Por favor, que se llama Once upon a time!
- Harry Osborn era un niño rico que, habituado a tenerlo todo, no podía aceptar que su padre fuera malvado y, en consecuencia, reflejó todo ese mal en Spiderman, que había acabado con él. Y, no sé porqué, no me puedo quitar de la cabeza que en cierto modo Cary Agos se está erigiendo en un villano de cómic como él poco a poco en The Good Wife. No sigue el mismo camino exacto, pero sí comparte algunos matices con el amigo y antagonista de Peter Parker.
Para empezar, tiene en común su condición de niño de bien que no está acostumbrado a oír la palabra “no”. Después prefiere no asumir la verdad y culpar a los demás de sus errores (en este caso suyos y no de su padre), y decide odiar visceralmente a Alicia Florrick por ganar la carrera para conseguir un empleo fijo en el bufete de Lockhart y Gardner (y a sabiendas que ella era una muy buena abogada). Y al final decide aliarse con Peter Florrick, pasándose al lado oscuro de forma definitiva.
Era como ver a Harry entrar en la guarida del duende verde. Esa imagen, además, se amplió cuando estrenó despacho y cada vez estoy más intrigado por descubrir hacia donde lo llevarán el matrimonio King. Debe ser el retrato más interesante de la temporada porque tiene unas motivaciones detrás que hemos conocido, porque sabemos que hay algo de bondad en él y porque además está enamorado de una damisela que le debe lealtad a Alicia. Bueno, también tiene mérito que acabe de llamar “damisela” a Kalinda y que, si seguimos con la teoría, Alicia pueda ser considerada directamente una superheroína. Ironías de la vida.
- Quien no goza del favor del Dios de los guionistas, sin embargo, es Serena Van der Woodsen. Cinco años llevamos de Gossip Girl y cinco años lleva vagando por las calles de Manhattan como una niña mona que no sabe qué hacer con su vida y agarrándose al primero que pasa. Lo curioso es que ella siempre ha sido la razón por la que he sufrido una serie tan mala como ésta por el simple hecho que Blake Lively me parece un encanto de mujer a la que han tratado como un maniquí un tanto furcio. Tiene un carisma desbordante y quien no esté de acuerdo que me explique cómo ha pasado de Leonardo DiCaprio a Ryan Reynolds sin despeinarse.
martes, 8 de noviembre de 2011
La abadía, el cuento y el fiscal

Esta entrada contiene spoilers de varias series. Para que nadie se horrorice, ya aviso con tiempo: en el primer párrafo hablo del desenlace de 'Downton Abbey', en el segundo del progreso de 'Once Upon a Time' y en el tercero y cuarto del avance de 'The Good Wife'. Así podéis 'driblar' los temas que no os interesen o que aún no podáis leer.
- La despedida de Downton Abbey vino a decirnos, así a grandes rasgos, que los detractores también tenían puntos muy válidos. La aparición de la peste española cuando aún no se había casado el primo Matthew hasta me puso los pelos de punta a mí, sobre todo porque los guionistas lo aprovecharon para impedir una boda que no podía ocurrir y se inventaron el enésimo obstáculo, esta vez moral, para que Mary y él no puedan estar juntos (muy drama queen afectada por su parte, por cierto). Tampoco ayudó, por supuesto, que le escribieran un adulterio a San Robert Crawley o esa habitación que Mary ordenó preparar a Anna y Bates. Por suerte, Michelle Dockery tiene suficientes matices para analizar (y alabar) su interpretación en un blog aparte y siempre ayuda ver a Maggie Smith con una batería de buenas escenas, como sus planes para minimizar la mala imagen de Sybil tras decidirse casarse con Branson.
- Pues sí, MacGuffin tenía razón cuando dijo que Once Upon a Time encajaría en el canal SyFy en el último programa de Yo Disparé a J.R. El tercer episodio, donde aún ocupa más minutos el mundo de cuento, tiene muchos aires de serie B, de fantasía de poco presupuesto. Esto no quita que se haya consolidado como una serie mágica y muy mona que sabe elaborar un argumento muy cruel y girarlo a su favor. Lo importante no es que la Bruja Malvada siempre acabe ganando, sino que los personajes sonrían al final del día, aunque sea gracias a las pequeñas cosas, y que nos atrapen con su ternura y esperanza (palabras que surgieron durante una discusión con Mar Guerrero vía Twitter). Aún me alucina que esté funcionando tan bien a nivel de audiencia, por más que comprenda que está muy bien programada: sigue siendo una serie muy serializada.
- Y The Good Wife ya ha puesto las cartas sobre la mesa por si alguien dudaba de la intensidad de esta tercera temporada. Peter Florrick ha encontrado la excusa idónea para husmear en los trapos sucios de Will sin tener que renegar de su nueva moral y será interesante ver hasta qué punto Cary se mete en el traje de villano, a pesar de que a primeras no está muy de acuerdo con la persecución judicial. Sería aún más interesante, sin embargo, enterarnos del caché de Chris Noth, que el otro día leía a algún yanqui comentar el poco uso que hacían del actor por razones seguramente monetarias. Sólo lo emplean cuando es imprescindible porque, para minucias, siempre pueden mandar a Cary a no hablar con nadie (y hacer que funcione).
Ah, y no solamente los King dijeron en voz alta lo que sabíamos, sino que encima lo hicieron en un episodio que se tomaron a modo de juego (como muy a menudo hacen en The Good Wife, donde lo importante es saber manipular la letra pequeña de las leyes a favor de uno mismo). Diane intentando controlar la situación sin decir nada, Alicia Florrick mordiéndose la lengua con el tesorero del Estado y las tácticas empleadas por la abogada interpretada por Carrie Preston, Arlene en True Blood, son lo más divertido de la temporada (y esa llamada ya veremos qué nos trae).
miércoles, 26 de octubre de 2011
Vender un cuento

La promoción de una serie como Once Upon a Time seguramente fue un quebradero de cabeza para su canal, la ABC. Las traducciones de la filosofía Disney a la narración de carne y hueso es una operación difícil, a menudo bochornosa, y el sneak peek que presentó la primavera pasada dejó a la parroquia un tanto patidifusa. Había una bruja, príncipes y enanos. Hasta qué punto esas imágenes podían haber sido demasiado, estaba por ver.
Lo que pretendían era invocar algo de curiosidad y sobre todo dejar claro al público que esto realmente era un cuento, de esos que nos contaron, leímos y vimos cuando éramos pequeños. De esos que querríamos traspasar a nuestros (o a los que los tengan) y que nosotros querríamos ver para invocar el factor nostalgia. Al fin y al cabo, esa audiencia que busca algo original y maduro (o así se consideran a ellos mismos) ya tenían a los creadores como anzuelo, pues Edward Kitsis y Adam Horowitz provenían de la escuela de Perdidos (y sabiamente lo publicitaron en los círculos adecuados).
Fue de ayuda que los americanos sabían que, si alguien poseía el monopolio de los cuentos, esta era la Disney y la ABC pertenece al mismo conglomerado empresarial. Y, al estrenarse un mes y pico más tarde que todas las demás series, Once Upon a Time consiguió centrar todo el interés de los medios estas últimas semanas. Esto explicaría cómo pasó de ser uno de los estrenos que se esperaban más mediocres y convertirse en el drama con más hype de la temporada, algo que se alentó con una avalancha de críticas positivas. Esto ha dado de sí que, contra todo pronóstico, el estreno ha cosechado casi 13 millones y 4 puntos en los demográficos (la novata triunfal de los dramas). Un éxito inicial bestial que, por lo menos por parte de la cadena, se intentará mantener a toda costa.
Los episodios están programados casi sin parones para que el espectador no se olvide de ella y, en este caso, la temática es hasta navideña, fechas a las que ya nos acercamos. Aquí se cuenta, sin embargo, la historia post-libro de Blancanieves cuando, después de su boda, sufre la maldición de la bruja y ella, su príncipe y su gente son enviados a un mundo donde no existen los finales felices y donde no se acuerdan de su identidad. Su única salvación pasa por Emma, la hija de Blancanieves, que ya mayor recibe la visita del hijo que dio en adopción y que la lleva al pueblo creado por la bruja, aunque ella tampoco es consciente de quién es y no está por cuentos de hadas, sobre todo tras creer durante toda una vida que sus padres eran unos irresponsables que la abandonaron en la cuneta.
Lo más gracioso del asunto es que, en un momento donde el mundo está concentrado en una crisis que no parece tener fin, Once Upon a Time nos viene a decir que nuestra realidad es un castigo donde no hay esperanza. Esta lectura, junto con una estética que se dedica a resaltar lo deprimentes que somos, da unos tintes bastante adultos a este producto que parecía que iba a ser demasiado infantil. Lo mejor, sin embargo, es constatar que aún así no renuncia a ser familiar, inocente y sobre todo muy honesta con sus intenciones, que hasta nos ofrecen algún momento precioso y emotivo (el giro del príncipe es tierno, tierno) y crean algún personaje muy límite y también muy encantador (la Blancanieves de Ginnifer Goodwin es un claro ejemplo de ello).
Y, en un panorama televisivo donde generalmente nos cuentan demasiado en los pilotos, sorprende que Once Upon a Time opte por ser fiel a lo que necesita el relato y a la vez nos intrigue a pesar de que sabemos cómo terminará el cuento. Lo importante en los cuentos nunca fueron los giros y los trucos, sino la imaginación y el tacto con el cuál nos los contaron y esta serie de ABC podría dirigirse hacia este camino.
jueves, 1 de septiembre de 2011
Las expectativas de septiembre

Septiembre es la tierra prometida. Las networks buscan nuevos éxitos con los que regenerarse y los espectadores salivamos con tanto vocablo ambicioso para referirse a los estrenos. Otra cosa será el resultado final (nadie ha dicho que la promoción tenga que ser honesta), pero aquí tenéis cinc cèntims de qué espero de este otoño:
Hace mucho que te espero: Pan Am. Que una serie fuera comparada con Mad Men antes de que alguien viera un sólo episodio, daba bastante igual. Que se la calificara de versión light tras verla, no fue buena señal. Pero, como ha quedado claro con los años, un piloto sólo es una carta de presentación. Si está bien hecho, los diálogos no son ridículos y se introduce algo interesante en él, ya tienes una excusa para seguir con ella y ver qué serie decide ser. Por supuesto no me perderé a Christina Ricci como azafata en los sesenta, aunque tenga toda la pinta de hundirse a nivel de audiencia.
Pues ni fu ni fa: Terra Nova ha tardado tanto en llegar a la televisión que he perdido cualquier esperanza de que salga algo entretenido de ella. Primero tuvieron problemas con los efectos especiales que no estaban a la altura, lo que retrasó el estreno casi un año, y después apareció ese engendro llamado Falling Skies, que me quitó las ganas de ver más series producidas por Steven Spielberg. Sí, los dinosaurios marcaron mi infancia y adoro a Shelley Conn, pero ya no tengo buenas vibraciones. También da la impresión que tendremos un festival audiovisual en el piloto y después llegará la triste realidad de que toda la pasta estaba metida en dos o tres episodios y en los otros estarán encerrados en un búnker o algo. Ojalá me equivoque.
Las expectativas erróneas: Suena muy bien esto de que Person of Interest se basa en un guión de JJ Abrams y Jonathan Nolan, pero a la hora de la verdad es una ficción televisiva planteada a largo plazo. A Abrams se le conoce por arrancar los productos y a Nolan por el cine, por esto creo que su implicación se notará sólo en el piloto. Me creo, por ejemplo, la versión oficial de la CBS: la serie testeó muy bien entre los espectadores encuestados, de aquí que le hayan dado una franja histórica que parecía destinada a ser ocupada por algún spin-off o El Mentalista (los jueves a las 21h). Creo firmemente que me gustará, pues disfruto con varias series de la CBS, pero otra cosa es que espere la panacea televisiva como algunos. Es CBS y su programación es muy ambiciosa y conservadora a la vez. Cuando descubran que es un procedimental de la cabeza a los pies (que es muy probable), será divertido ver la desilusión.
Mi próximo placer culpable: Revenge. Tiene todos los ingredientes. Para empezar, su argumento es de culebrón para el primetime: una joven decide instalarse en los Hamptons para vengarse de aquellos que destruyeron su familia. Su protagonista es Emily Van Camp, una de esas actrices limitadas que te cautivan cada vez que aparece en pantalla (pero que no tiene el suficiente carisma o talento como para pasarse al cine). Ah, y para terminar de rematarlo, la mala es Madeleine Stowe. Que encima tengan el atrevimiento de decir que la serie está inspirada en El Conde de Montecristo aún da mejores vibraciones. Claro que nunca se sabe: quizá resulta que es buena a secas, que a fin de cuentas su responsable escribió esa joya llamada Swingtown, y el remake de Los Angeles de Charlie, en cambio, puede ser tan casposa que se merezca el título.
Que sea buena, por favor: No sé en qué estaría pensando la ABC cuando filtró un sneak peek de Once Upon a Time. Vale, esto tiene mucho de cuento de hadas y se tenía que comunicar, pero las imágenes eran ridículas. Otra cosa es que hubieran hecho un Encantada y hubieran presentado ese mundo con dibujos animados, lenguaje visual idóneo para la materia. Pero la curiosidad mató al gato y no puedo evitar preguntarme qué vio Ginnifer Goodwin para aceptar el papel, pues su carrera en el cine tampoco iba mal y encima era chica HBO, y cómo dos guionistas de Perdidos deciden hacer algo de estas características. Si el relato está bien llevado con algo de magia, la misma que perdió un deprimido pueblo que era de cuento, hasta podría ser la apuesta más interesante. También ayuda saber que la ABC ha decidido programarla con algo de juicio y llegará más tarde (23-O) para así poder emitirse del tirón, sin parones.




