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viernes, 29 de agosto de 2014

El 50% de Jim Parsons

Lo mío con ‘The Big Bang Theory’ no es amor, es directamente obsesión. Como si fuera Sheldon Cooper intentando encontrar el sentido a una convención social, me puse como objetivo entender porqué Jim Parsons, Johnny Galecki y Kaley Cuoco podían llegar a cobrar un millón de dólares por episodio. Lo que no esperaba es que desarrollase una adicción en estos meses tan perezosos.

Las emisiones en televisión hicieron que tuviera una mala disposición con los físicos. Habrá quienes disfruten con su doblaje pero era incapaz de reírme con una sola broma de Sheldon, quien supuestamente era la joya de la ficción. Pero fue ver la serie en versión original y esta manía desapareció. Lo que me resultaba pedante ahora se me antoja hilarante y así llevo más de tres temporadas en menos de un mes.

Entiendo aquellos que argumentan que el aumento del millón de dólares depende casi exclusivamente de Jim Parsons, si bien no lo comparto del todo. Él es el 50% de la ficción. Chuck Lorre y Bill Prady tuvieron una muy buena idea y crearon un buen personaje, entendiendo el público al que se dirigían sin despreciar el espectador medio.

Pero es la interpretación de Parsons la que lleva la serie a otro nivel, la que permite que todas las escenas funcionen siempre y cuando él esté en el plano. Ahora entiendo (y comparto) un Emmy, el otro, el otro y el último. Los actores con una vis cómica tan bien explotada aparecen muy de vez en cuando en televisión y, cuando están allí, hay que apreciarlos y reverenciarlos. Sería también el caso de Julia Louis-Dreyfus en ‘Veep’.

A los guionistas, por defecto (y porque lo merecen), hay que atribuirles probablemente un 25% del éxito. No existe un cómico que se pueda lucir si no tiene un material semi-decente delante (claro que esa risa de Sheldon, sus tics y su pedantería-reconvertida-en-carisma son todo cosa suya). Y, en realidad, la efectividad cómica de ‘The Big Bang Theory’ permite que se le perdone un error de base que pasa a no importar. ¿Cuántos episodios parecen inacabados? Destinan tanto tiempo a teorías físicas y razonamientos estúpidos (ellos y sus discusiones de ciencia ficción) que se quedan sin tiempo de rematar las pequeñas tramas episódicas, que no suelen tener continuación.

¿Pero y qué peso tienen Kaley Cuoco y Johnny Galecki en todo esto? Pues menor y, en el caso de Galecki, nulo (0%). Leonard no es el personaje más agradecido del planeta pero la falta de talento de este señor no tiene nombre. Mientras que Parsons creó un gran personaje, él se conformó con mirar hacia arriba y tocarse las manos como si fuera un niño tonto. Diría que en sesenta episodios todavía no ha habido una escena que me haya hecho gracia por su actuación.

Pero Kaley es otro tema porque una comedia sólo es buena en la medida que los actores funcionen y ella consigue encajar donde sea. No es fácil ser la chica mona y a la vez resultar divertida, pero combina atractivo con adorabilidad y gracia, y no hay dinámica mejor engrasada que las escenas entre Penny y Sheldon. Me recuerda demasiado a Jennifer Aniston porque no había visto una actriz con un perfil tan similar salirse tan bien con los guiones cómicos (ahora nos parece una norma cuando realmente las chicas guapas no son lo más divertido de una serie). Por esto Cuoco se merece un 20% porque también contribuye a que sus escenas funcionen.

¿Y qué queda entonces? ¿Un 5% del éxito de ‘The Big Bang Theory? Pues hay que atribuírselo a Simon Helberg porque su Howard fue el robaescenas de las primeras temporadas, cuando todavía no se pasaba de rabioso con tanto grito (y Raj es otro 0% como Galecki). Más adelante, supongo, sentiré la necesidad de darle un pequeño porcentaje a Mayim Bialik porque llevo pocos episodios con Amy Farrah Fowler y ya noto que apunta maneras. Sea como sea, me están divirtiendo mucho este verano que me había quedado sin comedias para ver. Hasta he empezar ‘Friends’ de nuevo, claro que eso ya se merece otra entrada.

lunes, 11 de agosto de 2014

El trío del millón de dólares

Todavía recuerdo los sueldos de ‘Friends’, esos actores que formaron el club del millón de dólares. Había habido otros casos de estrellas rutilantes de la televisión pero lo raro fue que hubiesen tantas personas (¡seis!) que cobrasen una cantidad tan jugosa por cada episodio y que encima hubiesen negociado en grupo. Desde entonces la televisión ha cambiado, el consumo se ha fragmentado y costaba creer que se pudiese llegar a una situación similar. Hasta que llegaron Kaley Cuoco, Jim Parsons y Johnny Galecki, claro.

Ellos son los únicos que podían adquirir este estatus y tiene sentido. ‘The Big Bang Theory’ es la comedia con el público más atractivo para los anunciantes (‘The Walking Dead’ le disputa el trono) y es una fábrica de dinero para los productores. ¿Pero igualmente cómo se puede justificar este desembolso, si tenemos en cuenta que los actores que interpretan a Raj y Howard pasarán a cobrar 750.000 dólares? Por lo que paga la CBS por los episodios, el dinero que generan vendiendo las reposiciones al canal TBS (son líderes de audiencia en el cable) y las ventas internacionales. Mueven mucho dinero y las cifras que se manejan en EE.UU. son astronómicas.

La receta del éxito, además, es curiosa. ¿Cuánta gente hay que critica las series de Chuck Lorre como ‘Mom’ y ‘Dos hombres y medio’ y luego se ríe a carcajadas con esta? Pues porque ‘The Big Bang Theory’ entiende bien al público joven y no renuncia al resto. Podría ser ‘Community’ en el sentido que podría tener referencias físicas sólo para doctorados y en cambio aplica anécdotas científicas y de la cultura geek a un humor bastante básico. Puedes no tener ni idea de nada y reírte de todo, aunque no conozcas las anécdotas de Newton, quien es Thor, ni identifiques el traje espacial de la ‘Battlestar Galactica’ original.

Estas referencias resultan atractivas al público joven, al público nerd y también al gran público, que puede apreciar un esquema tan clásico de las sitcoms. Es como ‘Friends’, con los apartamentos de frente, pero no tiene el factor evento que tuvo esa. Sí, la gente la ve en directo porque se ríe pero no creo que haya conseguido el mismo furor mediático: los peinados de Rachel y los cliffhangers de ‘Friends’ eran de esos que te quitaban el aliento (o así lo vivíamos en mi casa).

Y no, yo no soy de los grandes defensores de ‘The Big Bang Theory’, ni de esos que llevan años riéndose de la superioridad intelectual de Sheldon. Como me suele ocurrir con las sitcoms con estas características, la repetición pasa a cansarme y tengo la impresión que veo las mismas bromas una y otra vez (por algo dejé ‘2 Broke Girls’ y ‘Mom’, a pesar de gustarme en sus arranques y apreciar los repartos). Pero ahora le daré otra oportunidad, por eso de subirme al carro de lo que está de moda. Si veo ‘Scandal’, puedo ver ‘The Big Bang Theory’, sobre todo ahora que he descubierto que mi mayor problema con los físicos era el doblaje.

lunes, 10 de febrero de 2014

Ese subgénero televisivo llamado Chuck Lorre

Puede que hayan mil géneros para describir las películas y las series, pero a la televisión le falta una etiqueta: la de Chuck Lorre. No hay nada más práctico que decir “esta serie es de Chuck Lorre” o “parece que es de Chuck Lorre” para entender rápidamente ante qué tipo de serie nos encontramos. Significa que estamos ante una comedia con público en directo, que utiliza decorados y ningún exterior, todos los intercambios de palabras buscan la carcajada directa y no existe evolución posible. Para poner ejemplos, están las series escritas y/o producidas por él como ‘The Big Bang Theory’, ‘Mike & Molly’, ‘Dos hombres y medio’ y ‘Mom’, y otras podrían serlo como ‘2 Broke Girls’ que en realidad fue creada por Michael Patrick King y Whitney Cummings.

En el fondo esta definición de comedia de Chuck Lorre no deja de ser el de la sitcom tradicional, la de toda la vida. Pero como todas las demás cadenas prefirieron ir de guays y explorar otros formatos como la comedia single-camera (rodada sin público, con varias tomas) y a estas se las siguió llamando comedias de situación, él se quedó como el rey indiscutible. Así, mientras la NBC ganaba premios por series cada vez más minoritarias como ’30 Rock’, en la CBS no abandonaban el espíritu de las risas sonoras y Lorre se erigió como rey absoluto del género. Ahora, quién se lo iba a decir, encima es gurú entre el público joven y moderno gracias a ‘The Big Bang Theory’.

Este modelo, primero de todo, lo respeto profundamente. Es esencial dentro de la tradición televisiva americana y, si bien luce vieja porque el rodaje multi-cámara no puede tener virguerías, tiene una naturalidad envidiable. Sólo hace falta ver las chicas de ‘2 Broke Girls’, que no son las mejores actrices pero saben decir sus frases con actitud y entienden qué quiere su público. O recordemos esos momentos de ‘Friends’ donde casi se les escapaba la risa, fantásticos. Es una comedia más contagiosa, más buen-rollera, más cercana (y menos sutil). Pero el género Lorre también tiene sus desventajas y su universo de posibilidades es muy limitado y, lo peor de todo, me cansa profundamente.

Por esto defenderé a capa y espada el trabajo de Anna Faris y Allison Janney en ‘Mom’ pero ya me bajo del barco. También lo hice con ‘2 Broke Girls’ cuando tuve la impresión que ya no sabían cómo colocar las palabras pene y vagina para crear bromas nuevas. Pero esto no quita que tengan su mérito, que tengan su público y que puedan ser obras dignas. Otra cosa es si ‘2BG’ entra dentro de su categoría. Diría más bien que pertenece a otra galaxia, una compuesta por pelos púbicos, bebés abandonados y jeringuillas usadas. Pero moviéndose por estas temáticas, es infalible. Sólo hace falta ver el estado del sofá de una stripper para entender que la televisión en abierto puedo permitirse muchas guarradas siempre que no haya tetas de por medio. Y es muy, muy Lorre y curiosamente no es de Lorre.

P.D.Podcast: Esta entrada no tiene nada que ver con el último programa de ‘Yo disparé a J.R.’ donde tenemos un menú muy variado, como siempre, que aquí podéis ver:
- 0’: Introducción.
- 3’: ‘New Girl’, ‘Brooklyn Nine-Nine’ y la Superbowl.
- 21’: ¿‘Rake’ es más ‘House’ o más ‘Bones’?
- 34’: Las aventuras de ‘The Musketeers’.
- 45’: El final de temporada de ‘Sleepy Hollow’.
- 62’: El final de ‘American Horror Story: Coven’. ¿Una tomadura de pelo?

sábado, 16 de junio de 2012

La comedia moderna

Las comedias dirigidas al público joven cada vez están más desatadas. Los personajes tienden a la histeria con mucha facilidad, los guionistas juegan bastante con las formas y muy a menudo hacen alarde de un humor muy referencial. Incluso series de corte tan racio de la CBS como The Big Bang Theory y 2 Broke Girls intentan ir por este camino a pesar de estar limitadas por su formato con público en directo. Pero, si nos fijamos en las demás y en las redes sociales, se llevan otras de más modernas.

Así se entiende porqué Community es la comedia que genera más veneración entre este público. Cumple con los requisitos al pie de la letra. Tiene unos protagonistas muy encasillados y bastante límites, y se divierte homenajeando continuamente otras obras de ficción. Con esta excusa, no solamente opta por mencionar películas y series, sino que también adquiere algunos de sus recursos para cambiar la forma de lo que solemos considerar una comedia de veinte minutos para televisión. Los ejemplos más flagrantes siempre serán Modern Warfare y su veneración al género de acción, A Fistful of Paintballs con el western y Pillows and Blankets, que se basaba en el documental The Civil War de Ken Burns (del que también absorbió bastante The Pacific).
La otra que la sigue es Cómo Conocí a Vuestra Madre. Posiblemente no se divierte haciendo alusión a otros programas con tanta facilidad, pero sí que optó por otra clase de referencialidad, a sí misma, creando una mitología y un vocabulario impropios de una sitcom. Puede que Friends tuviera sus cortes de mangas y bromas privadas, pero el afán de Carter Bays y Craig Thomas de tener un arsenal propio es bastante exagerado. Con la excusa de que es un torpe relato que cuenta un padre a sus hijos, cambia constantemente el orden de los hechos, engaña dejando pistas en las escenas y juega con la percepción del espectador. Y con las expectativas de un espectador que constantemente oye referencias a una madre muy esquiva.

Penny, Zooey y la zorra

En esta línea han ido otras series más noveles como Happy Endings y New Girl por distintas razones. La primera por algunas tramas francamente absurdas, referencias pop y unos personajes especialmente histriónicos, encabezados por Penny. La segunda, por ser tan radicalmente moderna, aprovechando el charm de Zooey Deschanel e ignorando el timing cómico más tradicional. Todavía me pregunto si es algo buscado o simplemente es que se trata de una comedia fallida, porque de otra forma no logro entender la gritona interpretación de Jake M. Johnson y que le dejen seguir por ese camino.
Y, un poquito también de vuelta del género, llegó esta primavera Don’t Trust the Bitch in Apartment 23 sobre una chica ingenua que comparte piso en Manhattan con una zorra egoísta llamada Chloe. De esas series que, al igual que 30 Rock, tienen un gag cada treinta segundos aunque bastante más pasada de rosca, probablemente porque su creadora Nahnatchka Khan estuvo influenciada por su trabajo anterior, sus seis años en American Dad. Puede que sus juegos metatelevisivos protagonizados por James Van der Beek justamente no sean su fuerte, pero el trabajo que hacen con Chloe, la zorra del título, permiten que sea una serie altamente recomendable. Sobre todo porque Krysten Ritter está en estado de gracia, ya sea quitándose las bragas o sonriendo a su compañera de piso mientras se masturba en la bañera. Lo da todo.
La paradoja

Por todas estas series, es comprensible que Modern Family pueda ganar el Emmy a la mejor comedia por tercer año consecutivo. No intenta innovar, engloba un público muy amplio y encima tiene unos guiones sin mácula. Y, entre tanto histerismo y ganas de innovar y pasar de las viejas fórmulas y recursos, lo más clásico (que no rancio) acaba siendo el soplo de aire fresco de la programación, paradójicamente. Puede que Community sea más estimulante cuando tiene un buen episodio, que se hable más del Robingate y que Apartment 23 tenga alguno de los gags más divertidos del año, pero de momento no hay ninguna comedia joven y/o moderna con semejante halo de perfección. Por lo menos desde que a Tina Fey le empezaron a fallar dos chistes de cada tres.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Ja, ja, ja

Las risas enlatadas jamás han desaparecido de la televisión americana, pero igualmente hay una especie de acuerdo no escrito que determina que así es. De aquí que, cada vez que se estrena una serie que utiliza este recurso, nos esforzamos en remarcar esta condición y en recordar cómo nos gustaba antes (y ahora no). Supongo que la raíz de la situación se encuentra en el hecho que la NBC llevaba unos cuantos años ignorando el recurso para abrazar las comedias de single camera (The Office, 30 Rock), al igual que la ABC hizo unos años después (Modern Family, Cougar Town), y encima los críticos casi sólo tenían ojos para estas series.


La escuela de la CBS, sin embargo, jamás se ha olvidado de incluir las carcajadas del público en sus comedias. Se podría alegar que es propio de ellos, teniendo en cuenta que son el canal con más público viejo, pero si miramos las cifras podemos comprobar que How I Met Your Mother y The Big Bang Theory tienen el doble y el triple de la audiencia joven que tiene Community. Por lo tanto, la teoría de la vieja escuela para adultos de más de cincuenta años se va al garete y, de paso, nos acordamos que efectivamente estas dos series tienen risas enlatadas. Porque en ese acuerdo tácito también se incluye que, si nos gusta una serie con risas enlatadas, tenemos que hacer ver que no existen y, en caso de salir a relucir en un tema de conversación, tratar a dicha serie como la excepción que confirma la regla de que todas las series con risas son malas y que están caducadas (y seguro que yo mismo lo he hecho más de una vez).


Con el tiempo esta practica también se ha pervertido sobremanera. Aquí solemos hablar de risas enlatadas aunque sean las de un público en directo, mientras que en Estados Unidos diferencian claramente entre live audience y laugh-track, aunque muchas veces los propios espectadores no puedan distinguirlo. Pero no deja de ser curioso que los aficionados a la televisión parecen penalizar más las series con un público presente que las que no lo tienen.


Las razones en parte son obvias. Cuando se rueda ante un público es más complicado tener un resultado final muy pulido, sobre todo la mayor parte del metraje que se utiliza proviene de las tomas con espectadores y no se puede tener una dirección tan detallista. De aquí que los Emmy distingan la dirección de las sitcoms con una sola cámara de las que tienen varias cámaras. Y la principal forma de distinguir las series con live audience de las que tienen un laugh-track es la forma de actuar de los actores. Los que tienen público suelen actuar en función de cómo funcione el gag, dejando que las risas respiren.


El máximo defensor de este modelo de hacer comedia actualmente es Chuck Lorre. Tanto Two and a Half Men, como The Big Bang Theory y Mike & Molly siguen esta regla que les da un look menos cool pero también es más honesto. Porque, puestos a juzgar, es mucho más artificial el modus operandi de How I Met Your Mother que primero ruedan el capítulo y después lo emiten a un grupo selecto de gente que, curiosamente, ríe muy escandalosamente a pesar de estar encerrado en una sala sin ningún actor presente.


En el fondo lo que importa con estas series es que el público se divierta y que ría, independientemente de dónde lo haga. Por eso abogo por dejar de hablar de las risas en el metraje como si fuera un defecto heredados de tiempos inmemoriales y dejarnos también de dobles morales. Porque, lo que es el colmo, es que casi toda persona que critica las risas de series como Whitney o Hot in Cleveland después defiende la efectividad de The Big Bang Theory, HIMYM o 2 Broke Girls. Quizá las primeras serán peores pero, si lo son, nada tendrá que ver con las risas que suenen en el plató.

miércoles, 7 de octubre de 2009

El accidental Big Bang entre dos hombres y vuestra madre

Si se hiciera una encuesta para saber cuál es la serie más odiada por la red, ésta seguramente sería Dos Hombres y Medio. A muchos les cuesta soportar el hecho de que sea la comedia más vista de los Estados Unidos y que Jon Cryer le robara el Emmy al actor secundario a Neil Patrick Harris. Y no seré yo quien defienda las camisas de bolera de Charlie Sheen. No obstante, prefiero no posicionarme mucho con respecto a la serie porque estoy seguro que, de alguna manera, hay factores socioculturales que me impiden entender la razón de su éxito.

Durante estos siete años que lleva en antena ha servido de excusa para no cambiar la tradición de la programación de la CBS y a su alrededor se ha configurado la noche de sitcoms más masiva de la televisión norteamericana, la de los lunes. Esta temporada tiene de compañeras a Cómo Conocí a Vuestra Madre, The Big Bang Theory y Accidentally on Purpose que, inesperadamente, se ha revelado como una comedia muy simpática.

Esta nueva serie, al igual que la también novata Cougar Town, se centra en una mujer (casi) madura que busca consuelo en un chico bastante más joven. Sin embargo, lo que no se espera es quedarse embarazada a las primeras de cambio y, sin casi darse cuenta, la periodista de 37 años se encuentra viviendo con un chico de 23 que no quiere renunciar a su paternidad. Fue directa al grano en su piloto y, después de tres episodios, aún no defrauda.

Se le debe atribuir gran parte del mérito a Jenna Elfman, en general una actriz que me cae bastante gruesa con su sobreactuación, pero que aquí da el pego y ayuda a pasar por alto lo descuidado que está el padre, Jon Foster. De momento, los guionistas no se han esforzado en otorgarle mucha comicidad, quizá porque tampoco es un tipo muy gracioso. Pero se le dan bien los instantes romanticones y los paseíllos sin camiseta, así que mejor no quejarse. Y con sus risas enlatadísimas y los histrionismos de los secundarios (que por allí anda Ashley Jensen de depredadora) hace pasar un buen rato.

Pero la cadena no se lo ha puesto fácil: en lugar de programarla después de Dos Hombres y Medio (con la que comparte cierto old-fashionismo), tiene a Cómo Conocí a Vuestra Madre de lead-in. Y no es muy buena señal, cuando los presuntos herederos de Friends, que casi nunca me acaban de convencer, tienen la terrible costumbre de renovar al último momento. Pero algo me dice que los neoyorquinos llegarán al curso que viene: han superado el obstáculo de unir a Barney y Robin (que los escritores idolatraron sin disimulo esta semana) y dudo que les puedan parar los piés. Ahora lo único que falta es saber, de una vez por todas, quien es la madre. No les debe dar miedo y, si los (enésimos) rumores son ciertos, acertarán. Aquí un voto para la candidata.

Esta estrategia, por otra parte, evidencia que la CBS tiene una extraordinaria confianza en The Big Bang Theory a la que alimenta con la audiencia anterior de Dos Hombres y que, sorprendentemente, incluso cosecha mejores resultados en los demográficos. Esos geeks superdotados, Sheldon y Leonard, se dirigen a la cumbre y están incorporando a un público con un perfil radicalmente distinto a la filosofía del canal. Seguro que los directivos ya les están construyendo un altar porque, además, sus sueldos ni se acercan a los exorbitados 875.000 dólares por episodio de Charlie Sheen.