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miércoles, 29 de mayo de 2013

'Smash', te echaré de menos

Sonará incongruente. Critiqué por twitter que el nuevo showrunner, Josh Safran, no era el tipo adecuado para reconducir ‘Smash’. Llegué a dejarla y durante semanas fingí que no existía. Jimmy era demasiado para mi cuerpo y probablemente será el peor personaje televisivo de este 2013, hasta peor que Ellis. Y, ahora que Ivy y Karen nos han dejado, las echaré de menos.

Este no es un caso de retrospectiva benévola, cuando alguien se muere y de repente se le encuentra todas las gracias en los días posteriores al fallecimiento. La gracia de ‘Smash’ es que, de cara a la ‘season finale’, tuvo momentos inspirados. Enfocaron la trama de cara a la entrega de premios de los Tony y con esa determinación tuvimos las últimas tomas de contacto con el musical de Marilyn, ‘Bombshell’, y esa obra moderna y alternativa llamada ‘The Hit List’. Y, si bien no fueron episodios sin mácula, sí que pudimos ver por última vez los destellos de genialidad de una serie que pudo serlo todo.

La historia de ‘Smash’, en cambio, será una de desorganización y de falta de visión colectiva. De como nada puede ir a buen puerto si la producción y todos los responsables de los aspectos creativos no van de la mano. Theresa Rebeck escribió un magnífico piloto y luego se negó a escuchar ninguna sugerencia, desconfió de sus compañeros guionistas como si les hubiesen infiltrado para minar su autoridad, irritó a la productora y el canal, y fue despedida. Ahora que ha terminado, hasta Marc Shaiman, uno de los compositores, ha comentado al respecto. Había “demasiados chefs”, ha afirmado en una carta donde analizó una por una sus canciones, el porqué de su creación (según él se tomaban muy pocas molestias en contextualizar el porqué de algunas canciones de ‘Bombshell’) y algunos desajustes en su concepción.

Los productores, por ejemplo, les criticaron que ‘The National Pastime’ era demasiado fiel al espíritu de su tiempo (no hacía falta ser tan 50’s, les dijeron a él y a Scott Whittman), como ‘Smash!’ tenía que ser el tema principal de la serie y que la calificaron de “demasiado musical”, y que ‘A Thousand and One Nights’ fue concebida para que participara todo el reparto y lo pasara bien, sin darle más vueltas. Claro que también reconoce que algunas de las diferencias creativas sirvieron para bien. Al principio, quisieron escribir un tema que definiera a Marilyn Monroe y fueron muy biográficos y el presidente de NBC, Bob Greenblatt, les sugirió que imitaran ‘Don’t Rain on my Parade’, que no hace demasiadas alusiones a la vida de Fanny Brice y a la vez definía perfectamente al personaje. Así nació ‘Let me be your star’.




Y este será su legado. Había errores de cásting, tramas que no iban a ninguna parte (y luego hacían ver que jamás habían ocurrido) y no hacía honor a la etiqueta de drama adulto que debería haber tenido, pero había talento a raudales a la hora de escribir canciones, de cantarlas y de transmitirnos el amor por Broadway. Fue una apuesta ambiciosa que fracasó pero aportó su granito de arena a la historia de la televisión. Y nos habrá dejado con unas ganas locas de ver ‘Bombshell’, el musical de Marilyn que se habría llevado a cabo si ‘Smash’ hubiese tenido éxito. ¿He oído Kickstarter?

jueves, 14 de febrero de 2013

Los retoques del musical de Marilyn

La expiación de Smash, por lo que parece, será uno de los temas más comentables de esta temporada. Como ya he comentado varias veces, Josh Safran es quien ahora lleva las riendas de la serie durante la segunda temporada para salvar la obra y su objetivo es muy claro: reconducirla porque, tras el piloto más alabado de los últimos años, fue destruida tanto por la crítica como el público. Y lo más divertido es que cada capítulo deja alguna anécdota y demuestra por qué camino quiere ir el showrunner.

Primero, despachó rápidamente en un episodio a todos los personajes que no acababan de cuajar y reconoció que los guiones no habían estado a la altura de las expectativas cuando Julia, la letrista del ficticio musical de Bombshell, también fue acusada de haber escrito un cuaderno ridículo. Pero en el segundo episodio, emitido la semana pasada, aún hubo más alusiones a las reformas que está aplicando Safran. El número musical que improvisaron en una gala de Broadway fue un recordatorio de “qué nos perderíamos sin el musical de Marilyn Monroe”, que dijo el personaje de Anjelica Huston y que se podría relacionar perfectamente con Smash en sí, si no le hubieran querido dar una segunda oportunidad. Y hasta podríamos 

La anécdota más divertida, sin embargo, se la llevó ese dúo formado por los compositores cuando Tom le aconsejó a Julia que dejara de lado las bufandas y los pañuelos porque no la favorecían. Y es que no había hate-watcher que no se recreara con los estilismos de Debra Messing, ciertamente de payasa. En Vulture, por ejemplo, metieron el dedo en la llaga cuando escribieron este artículo sobre los errores de vestuario del personaje.

Aparte de los metacomentarios, Smash también demostró en su segunda entrega que quería tener un tono más desenfadado pero con unas tramas más sólidas. Nada de dramas innecesarios que no tengan nada que ver con el musical de Marilyn, que fue uno de los elementos más criticados. Julia y Tom viven su spin-off ahora que son compañeros de piso y deben trabajar para tener un guión mejor, Eileen hace lo posible porque su proyecto siga adelante a pesar de los obstáculos, Ivy intenta redimirse tras ser una zorra y Karen y Jack configuran un peculiar dueto, desarrollando el trabajo de la vedette y fijándose en el talento de dos barmans de Manhattan que creen que tienen algo que aportar al mundillo de Broadway.

De momento, que conste, aún dudo de si este será el camino adecuado porque han optado por un tono muy ligero y no le sentaría mal un poquito más de dramatismo. Pero, por lo menos, se nota en cada minuto que hay otra persona encargada. Es muy curioso, además, leer este artículo que enlazó mi compañera Marina Such donde varios trabajadores de Smash explican desde el anonimato porqué la serie fracasó creativamente en su primera temporada. Durante los meses posteriores a su despido, Theresa Rebeck había acusado a los mandamases de meterse demasiado en la toma de decisiones creativas de la ficción, erigiéndose en mártir, y ahora salen a la luz declaraciones de compañeros que la describen como una controladora desconfiada que nunca aceptó ninguna sugerencia. Según esas fuentes, ella consideraba que Julia era una versión de sí misma y todo lo que le sucedía al personaje le encantaba, y creía que todos los guionistas que le proponía el canal estaban allí para destruir su visión. Una visión que todas las fuentes culpabilizan del fracaso de Smash.

jueves, 17 de enero de 2013

La segunda oportunidad de Smash

El camino que ha seguido Smash desde que se despidió en mayo con el fin de su primera temporada tiene que haber sido muy tortuoso. El episodio piloto había logrado tanta pasión de la crítica que, cuando el nivel descendió de forma evidente, ese furor se convirtió casi en furia. Del love-watching al hope-watching y finalmente al hate-watching. Pero como era una apuesta personal del creativo de la NBC, Robert Greenblatt, que la encargó tras recibir la propuesta de Steven Spielberg cuando aún trabajaba en el canal de cable Showtime, se encargó una segunda temporada con el objetivo de hacerle una buena limpieza de cara.

Había que salvar los muebles de una temporada nefasta y encima esa serie musical encajaría en la estrategia de cable que ahora tiene el canal, que no necesariamente busca programas masivos pero sí con nichos fieles. De aquí, también, que aprovecharan para encargarle una temporada de trece episodios para que tuviera tiempo de hacer las modificaciones necesarias y estrenarla ahora en febrero, sin el confort que le daba The Voice con su amplio cojín de audiencia. La intención, supongo, era que más público tuviera tiempo de descubrirla, como ocurre a veces en el cable donde temporadas posteriores tienen mejores cifras que la primera (The Walking Dead, Sons of Anarchy). Claro que esas suelen tener mejor boca oreja que Smash que, para confirmar el fracaso creativo que fue, echó de una temporada a otra a su creadora, Theresa Rebeck, para fichar como showrunner a Josh Safran de la factoría de Gossip Girl.

Su primera decisión como tal fue eliminar de las tramas aquellas historias más criticadas y los personajes más vilipendiados y, de momento, esto es lo que se ha podido ver en el estreno de la segunda temporada. Una carta despide a Dev; una frase de Anjelica Huston le da el cierre a Michael Swift (Will Chase), del que nos enteramos que quiere irse de Bombshell por el caos que reina en su producción (y que destrozó el matrimonio de él y de Julia); Ellis está desaparecido y así seguirá (aunque algunos sufren las repercusiones de que envenenara a esa estrella llamada Rebecca Duvall e interpretada por Uma Thurman); y el marido de la letrista, Frank (Brian D’Arcy James), tiene su adiós en esta presentación de temporada.

Estas despedidas impiden que Smash empiece directamente de cero y pisando fuerte el acelerador. Se ven algunas intenciones en ideas como que Julia y Tom compartirán piso (¿Will & Grace 2.0?) y los dos camareros que Karen descubre, pero igualmente es un episodio de transición. Muy entretenido, por otra parte, y con unos números musicales muy bien pensados, desde la original Cut, Print... Moving On de Bombshell (las canciones de este ficticio musical siempre dan muy buenas vibraciones), al On Broadway cantado por Katharine McPhee y la recién incorporada Jennifer Hudson, el Broadway Here I Come y hasta el Don’t Dream It’s Over de Crowded House que se utiliza para ilustrar una transición. Nada de números gratuitos delante de un espejo y que no aportan nada, lo que es buena señal.

Estos minutos no solamente confirman que Smash es un buen entretenimiento musical (cuando es musical de verdad y no un karaoke, claro) sino que los pequeños retoques obligan a darle un poquito de tregua. Después de ver el nivel de culebrón y de tramas sin tacto ni chispa de la primera temporada, ya no le pido que sea una obra excelente pero sí un divertimento bien interpretado, mejor cantado y con unos guiones con más química entre los personajes. Y, como siempre ha tenido potencial, puede serlo. Sobre todo ahora que ya hemos visto el mea culpa, unas disculpas y tiene unos cuantos episodios para emanciparse del fiasco.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Los momentos de 2012

La lista de las mejores series de 2012 vino marcada por los resultados más o menos finales de dichos programas. Esto no quita que este año a punto de terminar no haya tenido muchos más highlights que estas obras y, como ha habido muchos apuntes por aquí y por allá, aquí viene otra lista. La de los momentos más impactantes, emotivos, divertidos o entrañables del año.

- Wonderful, wonderful: Marc Cherry se pasó de ligero en la series finale de Mujeres Desesperadas, pero Johnny Mathis ilustró una escena preciosa, como tampoco olvidaré el último paseo de Susan por el vecindario y el divertido auto-homenaje final.

- Madeleine y el avión: La escena de Victoria Grayson subiendo en el avión con sus tacones de mujer fatal fueron una imagen tan potente como una posible señal de que Revenge estuviera saltando el tiburón. Todavía no sé si ha ocurrido.

- El bodorrio: Los habitantes del condado persiguieron el coche de Lady Mary y yo eché en falta tener una banderita para celebrarlo desde mi sofá.

- ¡Patrice!: Cada grito de Robin Scherbatsky demuestra que Cobie Smulders sigue siendo la mejor actriz de Cómo Conocí a Vuestra Madre.

- El episodio: El piloto de Smash puede que fuera el mejor capítulo del año. Aún recuerdo cómo se me pusieron los pelos de punto al escuchar Let Me Be Your Star.

- Bobby Cannavale: Quiso hacer la vida imposible a la enfermera Jackie pero le recordaremos este año por perseguir a unos matones en uno de los desnudos frontales más impactantes que haya visto. Bueno, desde Viggo Mortensen en Promesas del Este.

- “Sorry... I’m not sorry”: Awkward en estado de gracia.

- Los nuevos chicos del coro: Jake bailó Everybody Talks de los Neon Trees y me reconcilié con Glee.

- Jennifer Lopez: Girls es post-pedante y lo demostró utilizando el On The Floor para abrir su mejor episodio.

- Excuse me, bitches: La parodia de las Real Housewives of New Jersey en The Neighbors casi hace que me tire por los suelos.

- Sigur Ros: Puso música a uno de los momentos más bonitos del año, el final de temporada de The Vampire Diaries. Vídeo no apto para alérgicos a los spoilers.

- La caída de los Pond: El episodio de despedida de Amy y Rory en Doctor Who pudo no satisfacer a todos, pero sí tiene varios momentos memorables. Compro.

- Los créditos de Partners: Nadie se acuerda de la serie tras su cancelación pero sus créditos nos descubrieron un temazo de Imagine Dragons.

- El arco: Por favor, quién me iba a decir que la segunda temporada de Teen Wolf sería tan entretenida. Como ese highlight semanal que es ver a Alison coger su arco en el opening.

- El pene de Chloë: Hit and Miss no se desmarcó lo suficiente de Shameless como para poder apreciarla entre lo mejor del año, sobre todo porque nunca acabé de comprar su química grupal, pero la primera ducha de la transexual mercenaria no se olvida.

- Thank yew: Brenda subió al ascensor, se cerraron las puertas y la serie de cable más vista hasta ese momento, The Closer, se despidió.

- La cara de Glenn Close: Damages tampoco tuvo una última temporada memorable pero sí será fácil recordar ese primer plano final.

- Blackwaters: ¿Pero esto se puede hacer en televisión?

- Carne quemada: Sons of Anarchy y su sed de violencia. Crueldad extrema.

- La familia unida: Se puede odiar la edulcorada ternura de Jason Katims en Parenthood pero si alguien no se emociona con el anuncio de cáncer de Christina es porque no tiene corazón.

¿Y cuáles añadiríais vosotros?

miércoles, 30 de mayo de 2012

Los momentos de la temporada

La temporada norteamericana llegó a su fin con las despedidas de American Idol, Modern Family y Revenge el miércoles de la semana pasada y, mientras que los ránkings ya llegarán cuando termine el año, toca hacer algo de balance. Por esto he decidido copiar a mi companion del Diario de Mr MacGuffin y publicar una lista de lo que han sido para mí los highlights de esta temporada. No van por orden, ni son necesariamente las mejores series. Simplemente, algunos de los elementos más destacados, ya sea para bien o para mal.
- La última escena de Mujeres Desesperadas. Un homenaje bastante paródico a lo que fue esta serie y que recordó porqué nos enamoraron.
- Tanta expectación alrededor del arranque de Mad Men podía jugar en su contra, pero Matthew Weiner se sacó el Zou Bisou Bisou de la manga y al día siguiente todo el público estaba enloquecido con Megan.
- No sé porqué algunos críticos yanquis esperaban que 2 Broke Girls fuera “otra cosa”. Cuando Caroline cayó en un montón de mierda de su caballo, quedó bastante claro que Michael Patrick King no pretendía escribir una comedia intelectual.
- El Let Me Be Your Star puso a Smash en el punto de mira de todos los críticos. La continuación probó que nunca podría ser tan elegante, ni tan buena como el mejor piloto de los últimos años.
- Los indios de Hell on Wheels hablando en inglés. No, AMC no era infalible.
- El himno de Colette en Berlín. Puede que se hable de incongruencias históricas, pero la lagrimilla no nos la quita nadie.
- Cierta escena de sexo de The Good Wife. Nunca se había sido tan explícito sin enseñar absolutamente nada (que aprenda Game of Thrones).
- El despertar de Dewey Crowe en una bañera llena de hielo. La escena más perturbadora de la temporada.
- Los títulos de crédito del séptimo episodio de Girls. Lena Dunham bien podría fingir que vive en un mundo de música indie, pero prefirió presentar su fiestero episodio con On The Floor de J.Lo (y rematarlo con un remix de Til The World Ends para el clímax).
- Brody mintiendo en la prueba del polígrafo ante la atenta mirada de Carrie.
- Tara abrazando a Jax Teller emulando a Gemma, ni que sea porque aún no sabemos qué quiere la cirujana.
- El parpadeo de Dalia en Suburgatory. El resto, prescindible.
- La aparición de Sophia en The Walking Dead, aunque se agradecería no tener que sufrir varios episodios aburridos para ver una escena potente.
- Emily Thorne (o Amanda Clarke o Emanda) aprendiendo karate. ¿Alias en los Hamptons?
- Los primeros veinte minutos de Terra Nova. Ojalá jamás hubieran viajado en el tiempo.
- El viaje en lancha de Sarah Michelle Gellar (x2), el momento más bochornoso de toda la temporada.
- El beso en medio de la calle de Fringe. Épico, aunque podría haber durado un minuto más.
Como he dicho antes, esto no es un ránking. Sólo unos cuantos momentos destacados. ¿Y cuáles añadiríais vosotros?

miércoles, 23 de mayo de 2012

Los tropiezos de Marilyn

Lo primero que hizo el jefe de entretenimiento de NBC, Robert Greenblatt, cuando llegó al canal NBC fue encargar Smash. El proyecto había pasado por sus manos cuando aún trabajaba en el canal de cable Showtime y tenía muchas esperanzas puestas en ella. Era comprensible la ilusión. Era una serie muy arriesgada por su condición de musical bastante tradicional y su perenne homenaje a Broadway, uno de los estandartes del país, y encima debía haber leído el piloto, que era perfecto.
Puede que, buena o mala, jamás hubiera despegado porque era demasiado clásica y se alejaba del modelo de Glee, que casi se podría considerar una aberración musical más que un musical en sí. Al fin y al cabo, los críticos hicieron lo que pudieron para predicar toda la grandeza del primer episodio y aún así pasó bastante desapercibida con el cojín de The Voice de lead-in. Y sí, el piloto se merecía semejantes alabanzas. Pocas veces he visto una presentación más adulta, elegante y detallista. ¿El mejor piloto norteamericano de los últimos ocho años? Posiblemente.
El problema es que, después del despliegue de intenciones, Smash entró en un hoyo de mediocridad. No creo que se pueda echar las culpas a la falta de carisma de Katherine McPhee (de la que tengo la teoría que jamás supieron dirigir más allá del piloto), ni a los números gratuitos y excesivamente contemporáneos (son tres minutos por episodio, podríamos sobrevivirlos). El error fue que no supieron darle intensidad al drama humano que planeaba de fondo, con cuatro pinceladas con poco tacto que no daban profundidad, sólo parecían llenar el tiempo. Sólo hace falta ver cómo todos funcionan mucho mejor cuando están al servicio de la obra de Marilyn que manejando sus vidas personales, predecibles, aburridas y torpemente contadas. También porque, por miedo a convertir Smash en una obra demasiado inaccesible, se olvidaron de darle cierta naturalidad y la rebajaron a drama ligero de baja estirpe.
Por suerte, ni semejante cobardía (o falta de inspiración por parte de Theresa Rebeck, la creadora), pudo acabar con el talento de Marc Shaiman y Scott Whitman. Let me be your star, History is made at night, Mr and Mrs Smith, Don't Forget Me o el divertimento A thousand and one nights son canciones espléndidas y no cuesta imaginarlas encima de los escenarios de Broadway (menos quizá esta última). Son tan buenas, de hecho, que dejan en evidencia el resto del producto, pues el espectador acaba con más ganas de ver Bombshell que de seguir con la serie. Son estos dos compositores quienes seguramente me impedirán bajarme del escenario de cara a la segunda temporada, de la que ya se han anunciado bastantes cambios.
Primero, se hizo público que Rebeck había sido despedida y que Josh Safran ocuparía su lugar como showrunner. Y ayer se anunció el despido de dos secundarios y de dos actores recurrentes, que no sé si mencionar por miedo a que se considere spoiler (los tenéis aquí). Puede que Safran no me despierte ninguna confianza por venir de la mediocre factoría de Gossip Girl, pero con estos retoques queda bastante claro que ha detectado cuáles eran los puntos flacos de las tramas y que quiere ponerles remedio. Si va a conseguirlo o no, no lo sabremos hasta enero, pues Greenblatt ha querido darle cierto margen para hacerle un lavado de cara a Smash. Sea como sea, será muy interesante comprobar si una serie con tanto potencial puede remontar a un arranque tan flojo.

miércoles, 9 de mayo de 2012

La naturaleza del midseason

Septiembre es un mes feroz para estrenar las series. Todas los canales van a por todas, se gastan millones de dólares en la promoción de casi todas sus series y, en menos de un mes, ya han caído algunas de las grandes apuestas. Sin embargo, el midseason es un mundo aparte porque, para empezar, parece haber menos probabilidades de supervivencia que en esos Juego del Hambre de otoño, sobre todo porque en primavera se consume menos televisión y por lo tanto cuesta aún más fidelizar al espectador con un producto nuevo. Bueno, y encima hay que tener en cuenta que los canales siempre tienen sus razones para aplazar esos estrenos para marzo o abril.
Por un lado están aquellas series que se presentan al público tardíamente porque la cadena no sabía qué hacer con ellas. Las típicas series que sobre el papel podían tener potencial y que, después de ver los pilotos, se dieron cuenta que necesitaban tener un golpe de suerte para que les sobrevivieran. Es el caso de Scandal (y de Missing, igual de bochornosa). Una cosa era soportar los inútiles monólogos de Meredith Grey sobre la vida y la muerte y otra ver al presidente de los Estados Unidos decir semana sí y semana también que es “el líder del mundo libre”. No es de extrañar, por lo tanto, que haya habido tanta gente por las redes sociales que dice habérsela quedado de lo involuntariamente cómica que llega a ser. Y Kerry Washington, por cierto, es para darle de comer aparte junto con Shonda Rhimes por sus extrañas muecas y por creer que tiene un buen papel entre manos (y que lo suyo es una interpretación seria).
Awake, en cambio, pertenecía a otro grupo, el de los experimentos (en el que también entraría The River, por ser un experimento). La NBC sabía muy bien que en septiembre semejante serie no sobreviviría porque con la crisis que tenía el canal costaría que la gente se fijara en ella y encima tenía un concepto que no sabían cómo vender: una serie de policías sobre un hombre que vive en dos realidades paralelas. Por eso confiaron en los críticos, que se pasaron muchos meses esperándola como agua de mayo, y la estrenaron en marzo. No les funcionó, por supuesto, pero no porque no valiera la pena y seguramente acabará su primera temporada y no la volveremos a ver.
Y después están esas series para las que sí había grandes expectativas como Smash y Touch, que se reservaron para más adelante. Smash porque querían que The Voice fuera su lead-in, porque tenía mucha audiencia y encima era de temática musical, y Touch porque literalmente la FOX no tenía suficiente espacio en la programación para emitir todas sus grandes apuestas en septiembre. Hay que entender que, a diferencia de las otras networks, FOX no tiene la franja de las diez de la noche y por eso siempre tienen alguna fuerte apuesta en la recámara, ni que sea porque Kiefer Sutherland es icono desde 24 y encima le habían dejado el espacio de después de American Idol para que se luciera. Claro que, semejantes casualidades babélicas y sentimentaloides, tampoco han cuajado del todo. Tuvo la mejor promoción, el mejor estreno pero poco a poco se ha ido deshinchando.
Por lo tanto, y en resumen, este año tampoco ha habido otra gran revelación como Anatomía de Grey, que en su momento sorprendió a todos dando una sonada campanada con veintitantos millones de espectadores. Esto no quita que, ni que sea porque la televisión norteamericana tampoco tiene muchas alegrías estos días, algunas de estas regresarán en primavera. Touch, por ejemplo, ha decepcionado pero sigue en mejor forma que Alcatraz, en la que confiaron muy poco, y Scandal está consiguiendo unas cifras aceptables sobre todo porque comparte público con Anatomía de Grey. Eso sí, juega en una liga muy inferior, la de las ridiculeces que jamás debieron ver la luz del día.

jueves, 26 de abril de 2012

La segunda temporada

Las segundas temporadas en televisión muchas veces sirven para consolidar un modelo. Durante el primer año plantean una visión, hacen pequeños tests a los personajes y hasta llegan a improvisar según la marcha, intentando aprovechar las virtudes y reduciendo los defectos. Pero en el segundo año, si se han encontrado, algunas series son capaces de hacer unos saltos cualitativos bestiales porque ya desde el primer minuto saben qué quieren y hasta donde pueden llegar.
El matrimonio King, por ejemplo, lo reconoció. No solamente moldearon algunos personajes secundarios como Cary Agos y Dianne Lockhart porque les encantaban los actores que los interpretaban, Matt Czuchry y Christine Baranski, sino que vieron que les funcionaban muy bien las tramas secundarias que iban plantando brevemente en cada episodio. Así que decidieron cambiar la filosofía de la serie, que presentaron a la CBS como una serie de casos bastante pura y acabó convirtiéndose en algo más refinado y repleto de matices, con eternos arcos argumentales que planean de fondo y afectan continuamente a todos los personajes de la serie. De aquí que Julianna Margulies agradeciera al canal que les dejaran ser como querían mientras recogía el premio a la mejor actriz en los Emmy. El canal bien podría haber pedido a los creadores que volvieran las aguas a su cauce y se restringieran al modelo del canal, estrictamente procedimental, que tantos beneficios les reporta.
Graham Yost también hizo algo parecido con Justified en el canal FX. Adaptó el relato ‘Fire in the hole’ de Elmore Leonard y lo trasladó a la televisión. Lo más curioso, sin embargo, es que en ese episodio inicial el personaje de Boyd Crowder, el antagonista, moría al igual que lo hacía en el texto. Sin embargo, cuando vieron las imágenes, los responsables decidieron que el personaje tenía que sobrevivir, que tenía demasiado potencial y que Walton Goggins hacía un trabajo magnífico. Y el actor no se lo esperaba puesto que, según él, aceptó grabar el piloto solamente porque sabía que la iba a palmar, puesto que creía no estar preparado para regresar a la televisión tan pronto, después de The Shield.
Cuesta imaginar, entonces, qué hubiera ocurrido con la primera temporada de Justified de no ser por él y qué tramas debía tener planeadas Yost cuando planteó la serie al canal. Al fin y al cabo, tuvo que cambiarlo todo y creo que esto también se puede ver en los primeros episodios de la serie, en los que Boyd está presente pero no tan bien atado como en el tramo final, donde saben cómo aprovecharlo. No es de extrañar, por lo tanto, que en la segunda temporada dieran en el blanco una y otra vez. Después ya sabían exactamente qué querían, qué les funcionaba y con quién contaban para llevarlo a cabo.
Pero también está el caso opuesto, el de aquellas series que arrancan con tanta fuerza que después no saben cómo explorar nuevas vías una vez han agotado la premisa inicial. Prison Break, por ejemplo, pasó de serie revelación a decepción en pocos meses y Heroes, que no se atrevió a matar a Sylar por miedo a qué sería de ellos sin el malo por excelencia, siguió un camino similar.
Y después están aquellas series que, a pesar de tener un planteamiento interesante, no acaban de encontrar un tono y de aprovechar sus personajes, por más que jueguen con los factores. A Smash, por ejemplo, le ha ocurrido y en la NBC ya han reemplazado a su creadora, Theresa Rebeck, como showrunner y han puesto en su lugar a Josh Safran. El fichaje, de la factoría de Gossip Girl, tendrá la dura misión de encontrar el camino a seguir para la serie musical en la segunda temporada, después de un piloto que ilusionó a toda la industria y una primera temporada que no está a la altura. Claro que, en estos casos, las segundas temporadas no suelen ser fuego, sino pruebas de fuego. Una maniobra que suele poner en evidencia que, cuando se empieza con mal pie, difícilmente se puede redirigir una obra.