domingo, 21 de octubre de 2012
El primero en caer
viernes, 7 de octubre de 2011
El círculo insípido

The Vampire Diaries demostró en su momento que era un producto bastante diferente a Crepúsculo, ni que fuera porque por allí corría Damon, un sádico y malvado vampiro que cambiaba el tono de la serie. Pero nadie puede negar que la serie tuvo éxito gracias a la moda instaurada por la saga de Stephenie Meyer, que suscitó interés entre el público joven. Esto no significa, sin embargo, que por esta regla de tres otros seres paranormales tengan el mismo poder de atracción. Los hombres lobo no son ni la mitad de atractivos y las brujas son otro mundo. Pueden ser un buen condimento pero otra cosa es hacer de ellas el plato principal como ocurre en The Secret Circle, la nueva serie fantástica de The CW.
El canal juvenil, teniendo en cuenta que sólo tiene un éxito en el canal (y ya está en decadencia) que es The Vampire Diaries, decidió encargar el proyecto a Kevin Williamson, responsable del drama vampírico y también de clásicos como Dawson Crece y Scream. Solamente porque estaba en tan buenas manos, valía la pena darle una oportunidad. Sin embargo, por bueno que sea un guionista, hacer una copia de tu misma obra no siempre es una buena idea. Y The Secret Life es lo que es. También se basa en una serie de novelas escritas por L.J.Smith como en TVD y tiene un tono similar y, sin embargo, no es lo mismo.
El esquema tiene algunas características en común. Cuando Cassie se queda huérfana (como Elena) se tiene que ir a vivir a casa de su abuela. Allí se sentirá atraída por un chico que junto con otros adolescentes del lugar esconde un secreto: nació para ser brujo, al igual que Cassie, que también proviene de un linaje de brujos. Este hecho, que la une con ellos aunque no quiera, también tiene consecuencias: controlar su poder es complicado y por ello deben unir fuerzas en un círculo mágico. Claro que todo esto tendrán que ocultarlo de sus padres y madres, que a su vez esconden un oscuro secreto (y curiosamente la mitad están muertos).
No se le puede criticar, por ejemplo, que no tenga una trama y que no avance acorde con sus necesidades (algo que, aunque parezca mentira, olvidan demasiadas series con un fuerte componente serializado). No obstante, este argumento no deja de ser un sucedáneo light de su referente porque, para empezar, TVD también cuenta con brujas entre sus personajes y, además, tiene unos malos que no están a la altura. Dos mediocres padres asesinos con ansias de poder no son seres centenarios que están buenérrimos y que tienen rencores y cuentas pendientes tan viejas como ellos. Pero, sobre todo, diría que su mayor problema es que tiene demasiada clara su estructura y se olvida que lo fundamental también son los personajes.
La protagonista, por ejemplo, se encuentra de repente rodeada de extraños y en tres episodios he sido incapaz de interesarme por algún personaje o de temer a algún villano. Tampoco he podido creerme ningún entresijo amoroso y diría que esto se puede atribuir a una terrible labor de cásting. No solamente Britt Robertson puede ser expresiva pero es muy falsa (lo que impide que te las creas en algún momento), sino que tampoco se entiende cómo alguien ha elegido como sujeto romántico a Thomas Dekker. Nunca me ha parecido mal actor, pero si todo el mundo pensaba que su personaje en Heroes era homosexual no era por casualidad. Lo parece. Y, con un motor romántico tan fallido (lo más importante en una serie teen), a ver quien queda atrapado por este producto.
viernes, 30 de septiembre de 2011
La agonía de un canal

La CW está en un pozo sin fondo. Hace años que estamos viendo este proceso de decadencia, pero las cotas de este años ya son ridículas y hasta temerarias. No importa que opten por la vía sobrenatural, por un drama más adulto o la filosofía feel-good que antaño le había dado tan buenos resultados a una de sus cadenas madre, la WB. Otros canales rivales no paran de comerle terreno y cada vez tienen menos cojín de audiencia para que la autopromoción pueda rendir sus frutos. Pero, como lo prueban todo y no les sale nada, ¿cómo van a empezar desde cero?
Se desviaron del camino cuando la percepción de la cadena se elevó con el estreno de Gossip Girl hace ya cinco temporadas. Cuando Blake Lively y Leighton Meester coparon las revistas de medio mundo, creyeron que les acabaría reportando beneficios que hablaran de ellos, algo que nunca ocurrió. Pasado el boom mediático del primer año y con un pico al principio del segundo, de repente los chicos del Upper East Side se hundieron, al igual que lo hizo el pijo remake-secueloso de 90210 y también harían posteriormente otros bodrios Privileged y Melrose Place (2.0). Por suerte, aprendieron de su propia burbuja especulativa y este año se han alejado de las series frívolas, aunque aún corren por allí los de Gossip Girl, que parecen haberse marcado como objetivo bajar del millón de espectadores. Aún así, nada les ha funcionado.
Tanto el ambicioso proyecto de Sarah Michelle Gellar, Ringer, como el drama sobre brujería de Kevin Williamson (The Vampire Diaries, Dawson Crece), The Secret Circle, y el retoño campestre de Josh Schwartz (O.C., Gossip Girl), Hart of Dixie, se la han pegado. Todas ellas han tenido el lamentable honor de cosechar menos de un punto en los demográficos que atraen a los anunciantes ya desde el primer o segundo episodio. Puede que alguna de ellas sobreviva a la criba de mayo, pero en un canal donde todo fracasa, una renovación puede tomarse como otro síntoma de decadencia más que como un honor (que se lo digan a Nikita, que sigue en antena porque la cadena no podía permitirse lanzar más de tres series).
El porqué de los fracasos puede atribuirse a varias razones. Para empezar, en toda la programación sólo tienen una serie con el cojín suficiente para ejercer de lead-in, The Vampire Diaries (que este año está marcado mínimos), y sus espectadores no han quedado atrapados por otra adaptación a cargo de Williamson. El efecto Crepúsculo no tenía porqué comportar un mayor interés por otros seres mágicos y, para brujas, ya está Bonnie Bennet. De Ringer, en cambio, se podría decir que el público fiel a Gellar gracias a Buffy no tenía mayores alicientes para probar su regreso a la televisión (y un tercio de los que vieron el estreno se esfumaron tras ver lo bazófica que era). Y Hart of Dixie, protagonizada por Rachel Bilson, tiene el lastre de haber nacido en la cadena frívola. Para ver series juveniles con algo de moralina, está ABC Family (aunque Dixie buscara un público joven algo más adulto).
Sé que podría atribuir parte de estos fracasos a que los jóvenes están poco pendiente de la programación y prefiere ver las series por otras vías. Es verdad. También lo es, sin embargo, que otras cadenas aguantan mejor el embate de las nuevas tecnologías (ABC Family) y que otras, como MTV, han optado por una paradójica estrategia: como la telerrealidad les funciona tan bien y soporta mejor las pausas publicitarias, arranca y mantiene las series detrás de los programas con más éxito. Awkward, por ejemplo, ha emitido una primera temporada con datos decentes y ha sido renovada gracias a Teen Mom. Vamos, que las madres trashy-teen-fame-whores han acabado siendo un mal necesario para aquellos que disfrutamos de la buena ficción.
