lunes, 13 de agosto de 2012
Los inusuales retratos de Scott y Bailey
martes, 10 de abril de 2012
Series de mujeres

Hay dos tipos de series de mujeres. Primero están las más identificables y también más excluyentes que giran en torno a problemáticas supuestamente femeninas. Como en todas las familias, las hay de excelentes (Mujeres Desesperadas, Sexo en Nueva York) y también de horripilantes (Army Wives, GCB) y suelen tener bastantes problemas para que la crítica se las tome en serio. Y, cuando lo consiguen, deben vigilar que no se las humille a la primera de cambio. Sólo hace falta ver cómo las películas sobre Carrie Bradshaw han servido para ridiculizar una serie de seis magníficas temporadas que contribuyó a cambiar la televisión o cómo todos los especialistas dejaron de ver en masa a las chicas de Wisteria Lane tras haber protagonizado una temporada algo menos redonda. El segundo año jamás fue tan terrible, sólo les sirvió de excusa para abandonar una serie que por temática no les gustaba.
El otro grupo, en cambio, lo conforman las series enmarcadas en géneros más amplios. Esas que, al ser protagonizadas por mujeres, tienen un toque intrínsecamente femenino pero que por encima tienen otra temática muy clara. Aquí podríamos englobar también series malas (Rizzoli and Isles), otras que lo fueron todo (las primeras temporadas de Anatomía de Grey, cuando los casos médicos aún tenían importancia), propuestas que están por encima del bien, del mal y de Mad Men como The Good Wife y desde hace un año también una serie policíaca británica llamada Scott & Bailey.
A diferencia de otras series de las islas, Scott and Bailey suena bastante poco. Ningún canal español se interesó mucho en su momento en comprar los derechos como sí pasó con Downton Abbey y no goza de la etiqueta de la BBC (aunque tampoco lo hacen los Grantham y bien que les ha ido). Y la razón es simple: no es un producto hecho con un ojo puesto en el mercado internacional ni tiene una premisa supuestamente original, como sí tenía Luther. Al contrario, tiene una esencia completamente británica, algo que sólo un buen cielo nublado y una moqueta muy tupida pueden transmitir. Pero esto no quita que sea una obra que, a su manera, también aporte su granito de arena. Sobre todo, por lo mujeril de la propuesta.
Scott and Bailey es una serie de policías, un género bastante masculino, con un desarrollo de los casos muy realista y que, curiosamente, ha estado elaborada exclusivamente por mujeres. Sally Lindsay y Suranne Jones tuvieron la idea, Sally Wainwright y Diane Taylor crearon la serie, la propia Wainwright ha escrito todos los episodios y encima la produce junto con Nicola Shindler y Yvonne Francas, la protagoniza Jones junto con Lesley Sharp y Amelia Bullmore y encima casi todos los episodios de la segunda temporada han sido dirigidos por China Moo-Young.
La declaración de intenciones no puede ser más obvia y, aunque pueda parecer lo contrario, no nos encontramos ante una serie ligera donde importa más abrirse de piernas que resolver casos. Rachel Bailey y Janet Scott son tan mujeres como policías, sin caer en ningún cliché de sentir la necesidad de reafirmarse como mujeres o policías para que se las tomen en serio y los casos bien podrían protagonizarlos hombres. Sin embargo, en la relación de amistad y laboral que tienen y en cómo se enfrentan a sus problemas emocionales y familiares hay un componente inherentemente femenino que le otorga valor añadido al producto (bueno, y Gill, la jefa, les robaescenas en cuanto puede). Porque entretiene, es de policías y aporta un punto de vista nuevo, Scott and Bailey no solamente pertenece al segundo grupo, sino que también es muy recomendable.
domingo, 11 de septiembre de 2011
Las vidas privadas de Scott y Bailey

La duración de las temporadas británicas puede ser una ventaja o una maldición. Muchos consideran que son demasiado cortas (entre los que me incluyo), pues seis episodios y esperar un año es una trastada, pero también pueden ser su salvación, más allá de si su autor ha podido escribir todos los capítulos o no. Scott and Bailey, por ejemplo, me ha gustado bastante y la considero bastante recomendable. Otra cosa es si hubiera sobrevivido a una temporada de unos trece episodios y ya no digamos de veintidós. Hubiera sido otra cosa muy distinta, claro que quizá también la hubieran escrito de otra forma.
Scott and Bailey como serie de seis episodios por temporada es muy correcta. Cuenta las pesquisas de dos detectives de policía que enfocan sus vidas privadas de dos formas muy distintas: Scott está casada, tiene hijas, es una mujer centrada y pone a raya sus sentimientos, mientras que Bailey es más pasional y tiene muy mal ojo a la hora de echarse novio. Y es por sus evoluciones en el ámbito personal que la serie vale la pena. Diane Taylor y Sally Wainwright planearon una evolución, sabían los puntos inflexión para justificar los cambios y eran consciente de a dónde querían llegar. Así se hacen las cosas.
Sin embargo, Scott and Bailey nunca hubiera sido lo mismo de tener una temporada un poco más larga por una razón muy clara: Taylor y Wainwright no tienen la misma maña escribiendo casos que perfilando personajes. Independientemente de que quisieran centrarse en lo personal, la investigación policial puede llegar a ser aburrida y da la impresión que los crímenes sobran. Ya sabemos que muchas series de casos utilizan éstos como pretextos para que avancen otras tramas, pero esto no justifica que se descuiden.
Suerte tienen, por ejemplo, de que Suranne Jones y Lesley Sharp sean muy solventes con sus personajes y consigan dar profundidad a sus personajes con una mirada, pero las responsables también tienen el talento de recrear una serie muy femenina sin caer en los clichés de ciertos personajes del género (modelos imposibles, reflexiones inútiles, cháchara jovial delante de cadáveres). Hasta la historia de Bailey, de premisa bastante ñoña, sabe engañar, desviarse y sorprender. Y sólo cuando se cierra la temporada con una escena simplemente genial (no puedo olvidar esas caras en la barra del bar), uno se puede dar cuenta de hasta dónde han llegado sus protagonistas y qué química han sabido crear. Ojalá todo hubiera estado a la altura, aunque ficharé para el segundo tomo (siempre y cuando Scott y Bailey sepan ser tan personales).
