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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Los fenómenos

Literalmente todas las publicaciones que existen ya han comentado el aniversario de ‘Perdidos’ y ‘Friends’, mientras que aquí en este blog ni nos percatamos. No es memoria de pez sino que cuesta añadir algo a las celebraciones y recuerdos, sobre todo cuando yo espero otro aniversario dentro de unos días, el de ‘Mujeres Desesperadas’, que sí me marcó un antes y un después (y tampoco ayuda que haya escrito ya sobre estas dos series en La Vanguardia).

‘Perdidos’ no cambió la ficción, lo que cambió era la forma de verla. Hasta ese momento no había tanta paranoia entre el espectador, que desde entonces analiza hasta el más mínimo detalle cuando hay algún misterio enterrado en la trama. Aquí entran series como ‘True Detective’, que no necesitaban tal escrutinio y salieron perjudicadas por el trastorno obsesivo del público, que ha hecho desaparecer la palabra casualidad de su vocabulario. Y, junto las demás series de la temporada 2004-2005, asesinó nuestra paciencia.

Hasta ese momento, entendíamos que las series eran aquello que emitían los canales cuando les daba la gana y en el horario que creían más oportuno. ¿Que te la cambiaban de sitio? Pues no tenías que descartar que, por más que te gustase, tenía pasar a formar parte de tu pasado porque en el nuevo horario era imposible seguirla, dos años después de haber emitido los capítulos en Estados Unidos. Pero aprendimos que habían otras formas de consumir televisión, unos hábitos que obligaron a los canales a ponerse las pilas. Aunque en mi caso, que conste, primero consumí ‘Mujeres Desesperadas’ al ritmo americano.

Influencia tuvo, sí, pero esto sucede con cualquier serie de éxito. Hemos visto infinidad de series high-concept que tenían arranques potentes y luego perdían interés a una velocidad pasmosa (‘FlashForward’, ‘The Event’), pero no había inventado el género de ciencia ficción. Lo mismo podríamos decir de ‘Friends’, cuyo mayor mérito fue ser una buena comedia que crearía escuela. Los canales americanos se ofuscaban en encontrar la próxima serie sobre un grupo de amigos que rompiera los medidores de audiencia.

Quién nos iba a decir que lo más parecido que hemos encontrado a Jennifer Aniston es Kaley Cuoco. Pero no podemos comparar el timing cómico de Rachel con las habilidades de Penny, que no pasa de simpática. Una simpática que funciona bien con todo el reparto y en todas sus escenas pero que no entiende tan bien los parámetros de la comedia como Aniston. El problema es que Aniston se enfurruñó en protagonizar comedias de medio pelo en Hollywood con tal de mantener su estatus de famosa y luego la gente no se la toma en serio, pero era una buena actriz (y, según parece, tiene una película en la recámara donde sorprenderá a más de uno). Y ‘Friends’ es mejor que ‘The Big Bang Theory’, incluso con veinte años a sus espaldas.

Sea como sea, hay que celebrar el aniversario de ambas. No todas las series pueden alardear de haberlo sido todo durante un tiempo (y no utilizo la etiqueta “buenas” porque las últimas temporadas de ‘Perdidos’ todavía pienso que debería no haberlas visto). Pero me interesa mucho más el movimiento que generaron los náufragos con las desesperadas, Meredith Grey, Gregory House y, que diría mi compañera de podcast, Veronica Mars. No todos los años nacen tantos fenómenos de golpe.


P.D.Podcast: Juraría que la semana pasada olvidé recomendar el inicio de temporada de 'Yo disparé a J.R.', el podcast que grabo con mi compañera Marina Such. Pero aquí estamos otra semana con algunos estrenos, los aniversarios y el regreso de 'The Good Wife'. Aquí tenéis la guía del programa
- 00': Introducción y recordatorio de 'Friends' y 'Perdidos'.
- 09': El estreno de 'The Mysteries of Laura', el remake de 'Los misterios de Laura'.
- 22': El piloto de 'Red Band Society', el remake de 'Polseres Vermelles'.
- 34': Una primera impresión de 'The Flash'.
- 44': El regreso de 'The Mindy Project' con spoilers del 3.01.
- 54': 'The Good Wife' ha vuelto. Spoilers del episodio 6.01.

jueves, 17 de mayo de 2012

Las entregas de Fringe

Ninguna serie con una premisa cercana a la ciencia ficción ha escapado a las comparaciones con Perdidos y Fringe no fue la excepción cuando se estrenó en 2008. Los pequeños elementos mitológicos que se iban sembrando con cuentagotas en cada episodio obligaban a creer en una trama superior que podía ser de cariz absolutista. Me refiero a esos arcos de los que depende la esencia total de una serie, sus tramas y personajes, y que tiende a definirla porque responde a un planteamiento expuesto desde los inicios (los más claros ejemplos de esta categoría son los supervivientes de J.J. Abrams y Battlestar Galactica). Pero Fringe decidió jugar otra carta.
Desde sus inicios, evidenció que tenía una mitología propia que, según sus creadores, estaba pensada para explotarse durante ocho temporadas. De aquí que se tardara tanto en presentar la duplicidad de universos. Pero, cuando decidió que no duraría tanto tiempo y que podían quemar trama como pirómanos para contentar a sus fans (cosa que ocurrió al final de la segunda temporada), también demostraron que tenían otro modus operandi que pudieron corroborar en la tercera y cuarta temporada. Una vez habían construido sus universos de personajes, planteaban conflictos y los resolvían al final de las temporadas. 
Primero fue Olivia atrapada en el universo rojo, después la guerra fría declarada por Walternate y este año la extraña ausencia de Peter. Puede que siempre haya habido profecías, que Peter y Olivia estén predestinados a algo y que apunten a tramas superiores, pero al final del día siempre han dado conclusión a las tramas abiertas. Esto se corrobora, por ejemplo, con el cierre de temporadas. Tanto la tercera como la cuarta temporada, si les quitáramos la escena final, podrían servir como conclusiones definitivas o podrían contentar parcialmente a su parroquia. Sobre todo esta última. Y esto ocurre porque la mitología está al servicio de las tramas y no al revés. Lo que no quita que, cuando emitan la quinta temporada, no puedan escribir algo que dé cohesión y esté orientado a dar aún más sentido a todas las existencias de los personajes. Es la ventaja de tener una mitología. Claro que también hay quienes después se salen por la tangente, como hizo el más obvio referente de Fringe, Alias, cuando se pasó con el señor Rambaldi.
Y, ahora sí, spoilers del final de temporada de la cuarta temporada de Fringe.
Este modelo de Fringe, sin embargo, también comporta que pueda tener tramos más logrados que otros. Si bien nunca compré del todo la desaparición de Peter, me pareció bastante interesante el arranque de temporada. Sirvió, como muchas veces comenta MacGuffin, para darle nuevos matices a la relación entre Olivia y Walter, y nos dio una curiosa premisa con la que divertirnos unos cuantos episodios. Siempre defenderé el arranque de temporada por volver a sus raíces procedimentales, pero también es verdad que perdió fuelle una vez asumieron el nuevo universo, sobre todo porque no sacaron todo el jugo a la confusión de Olivia (ese alzheimer podría haber sido mucho más épico) y tardaron demasiado en exponer el conflicto final, esa arca de Noé orquestada por William Bell (que despreció todos los esfuerzos de Jared Harris por encarnar a un villano memorable, despachado sin gracia).
Pero, contra todo pronóstico (mío, claro), Wyman tenía claro el objetivo de la temporada y brindó una season finale que funcionaría como película. Los poderes de Olivia (demasiado guayones como para que hayan desaparecido para siempre), la visión de Bell y la clara determinación de la trama permitieron que Fringe remontara y nos diera esperanzas de cara a septiembre, cuando regresará para su último tomo donde el enemigo ya sabemos quién será. Es la ventaja de funcionar por entregas y objetivos, que siempre se puede subir (o bajar) el listón. Y, con los observadores acercándose como enemigo final, hasta ha quedado en un segundo plano la decisión de los guionistas de devolvernos al universo inicial, uno en el que Walter pasó su vida con el Peter de otro. Seguramente porque, a fin de cuentas, tampoco nos aporta menos y así tiene más sentido que nos hicieran invertir emocionalmente en Lincoln, los Walters y Nina finalmente ha podido ser humanizada. Bueno, y sobre todo porque necesitaban que el hijo de Peter fuera con Olivia y no con BOlivia, aunque aún nos falta saber porqué.

jueves, 29 de marzo de 2012

Las tramas superiores

El público siempre ha opinado pero, desde que existen las redes sociales, su voz cada vez se oye más. Supongo que influenciados por él, muchas de las series actuales optan por responder a unas demandas que, por otra parte, son prácticamente imposibles de satisfacer. Si a esto le sumamos que los aficionados de la ciencia ficción seguramente son los más exigentes (y ruidosos y pesados), está habiendo una auténtica obsesión por clarificar todos los aspectos de cualquier serie que parta de una premisa del género.


Cuando en la nueva apuesta de la NBC Awake dos personajes se sentaron en un banco y aludieron una conspiración mayor, pensé que ya estábamos en las mismas de siempre. Alguien quiere dejar entrever que, por surrealista que sea la situación, hay una explicación y unas personas implicadas. Y lo curioso es que, después de ver el piloto, pensé que era totalmente innecesario.


En mi opinión, lo interesante de una ficción como Awake es ver cómo sigue adelante un hombre que, desde un accidente de coche, vive en una realidad donde falleció su mujer y en otra donde su hijo fue el que murió. Al fin y al cabo, estos elementos son los que aportan matices a la historia y a los personajes, siendo claramente un drama familiar donde igualmente el protagonista puede estar desconcertado y buscar explicaciones a su situación. Pero que alguien se pregunte porqué ocurren las cosas, no significa que tengamos que saber las respuestas. Yo, por ejemplo, sobrevivo cada mañana sin entender el significado de la vida (y eso que la historia la protagonizo yo mismo).


El inconveniente es que, una vez se entra en el sendero de apuntar hacia unas respuestas, ya no hay marcha atrás. Este fue el problema de Perdidos. Apuntó a que todo tenía sentido y varios años después lo resolvieron chapuceramente (con palancas mágicas y templos de cartón propios de Xena). Por suerte, parece que los sucesores de JJ Abrams en Fringe sí que entendieron mejor cómo manejar el misterio y, mientras desvelaron quiénes eran los observadores al cabo de un tiempo (que tampoco lo pedía), tampoco quisieron detallar demasiado el razonamiento. Dijeron, dejaron entrever, pero igualmente nos quedamos con muchísimas dudas. La clave también reside en no elevar el misterio por encima de los personajes y sus tramas, y en la isla llegó un punto donde lo único importante era llegar al final, sin importar el camino.


El otro caso similar sería el de Battlestar Galactica, donde la trama también había sobrepasado a los personajes. Pero su final, a diferencia del de Perdidos, sí que fue bastante satisfactorio. Después de tanto debate entre monoteístas y politeístas, la esencia de las máquinas, visiones y profecías, se optó por un cierre que se negaba a responder punto por punto todas las preguntas pero que igualmente era un final muy claro. Y se negó a ser del todo absolutista, dejando espacio para la mística.


Sin embargo, en casos como el de Awake, creo que se debería tomar ejemplo de Atrapado en el Tiempo de Harold Ramis. Mientras que en un principio se plantearon exponer todas las razones por las que Bill Murray se despertaba cada día en el día de la marmota, al final decidieron contar la historia de su personaje pero sin desvelarnos porqué había ocurrido o qué o quién lo había provocado. El conflicto consistía en cómo le afectaba la situación, no cuál era su causa. Y pocas películas son tan amables y tan redondas como esa, ni tienen una historia tan bien contada.

lunes, 9 de enero de 2012

El actor y el personaje

En una charla que el matrimonio King dio la semana pasada en Nueva York, los creadores de The Good Wife confesaron que algunos de los personajes que habían escrito para la serie les habían salido “fallidos”. Diane Lockhart y Cary Agos, para ser exactos. Ellos habían planeado que fueran los antagonistas absolutos de Alicia Florrick y, por culpa de la buena labor de Christine Baranski y Matt Czuchry, quisieron llevarlos por otros derroteros menos obvios. Es lo que tiene la televisión, que la obra no necesariamente está cerrada y se puede improvisar (con seny en este caso) sobre la marcha.


La propia Archie Panjabi también contaba hace poco en el especial de America in Primetime que al principio no sabía como abordar el personaje de Kalinda en la misma serie. No sabía cómo actuar con sus compañeros sin saber hacia dónde conducirían el personaje. Pero alguien le contó el truco: que hiciera lo que creyera oportuno, que se apropiara del papel. Así descubrió que la interpretación también lleva al personaje en una obra televisiva. Otra cosa es que alguna vez lleguemos a saber hasta qué punto Kalinda hubiera sido tan misteriosa y estimulante (y si los King se hubieran tomado tantas molestias).


Esta duda también nos puede asaltar con muchas otras series. En Friday Night Lights, por ejemplo, siempre supimos que los actores tenían cierto margen para la improvisación, pero nunca sabremos cuánto contribuyó a que el matrimonio Taylor se adueñara de la serie. Sólo hace falta ver cómo se planteaba su relación al principio y cómo terminó. De nexo de unión de un pueblo a centro emocional absoluto. Como pasó con Perdidos y el personaje de Jack. De morir en el piloto a protagonista.


En las comedias, sin embargo, es mucho más fácil observar cómo influyen los actores en los personajes o hasta qué punto los guionistas saben aprovecharlos. Bill Lawrence no tardó en darse cuenta que Cougar Town cuando mejor funcionaba era cuando más explotaba una química grupal que los propios actores habían forjado. Así acabó escribiendo una serie completamente distinta a la que había planeado (e infinitamente superior). Un poco como también ocurrió en Happy Endings, que también se olvidó de su premisa e hizo un borrón y cuenta nueva con el personaje de Elisha Cuthbert, que tiene cero vis cómica y pretendieron convertirla en ventaja.


Y por esta razón estoy disfrutando sobremanera con la segunda temporada de Parks and Recreation. Me entretiene ver cómo sus responsables detectaron que el patetismo de The Office no acababa de cuajar y que Leslie Knope funciona mejor como improbable y fallida (y entrañable) heroína que como patética aguafiestas. Al igual que el resto del elenco. Y lo que podía haber sido un pseudo-spin-off frustrado de la serie de Steve Carell acabó siendo una alegre y divertida comedia con mucha luz. Y todo porque los actores y el potencial estaban allí pero los guionistas no sabían verlo por lo que era.


P.D. Podcastero: Después del especial 2011 de la semana pasada que podéis recuperar aquí, en Yo Disparé a J.R. toca volver a la normalidad con un programa que gira alrededor de los especiales de Navidad de Doctor Who y Downton Abbey, donde hablamos sobre las expectativas de los estrenos norteamericanos para este midseason, encaramos la recta final de The Closer y comentamos la revelación británica de este invierno, Black Mirror, con Alberto Nahum de Diamantes en Serie. Un poco british, sí. Aquí tenéis la guía por si os lo queréis bajar aquí o en la barra lateral:

- 0': Presentación y avance de los estrenos de este invierno y primavera.

- 15': El especial de Doctor Who. Hacia dónde se dirige.

- 23': Navidad en Downton Abbey. Con spoilers.

- 35': Black Mirror, la polémica revelación.

- 1h 11': The Closer, el topo y la recta final.

domingo, 12 de septiembre de 2010

En el fondo del océano

Dicen que la televisión ahora es más arriesgada, se permite argumentos más originales, historias más complejas y que la división entre la pequeña pantalla y la grande cada vez tiende más a la desaparición. También dicen que Perdidos marcó una época, con argumentos más rebuscados donde la máxima es sorprender al espectador y dejarlo con cara de haber visto un fantasma. Y no voy a negar ni una cosa ni la otra, pero diría que hace ya un tiempo que hemos visto que así no todo son ventajas. Pasamos de los primeros años de Perdidos y la primera temporada de Prison Break a Jericho, FlashForward, Persons Unknown y ahora The Deep. ¿No empezáis a echar de menos la televisión que disfrutaba siendo televisión, y no estos engendros que quieren ser el Santo Grial de la intriga y acaban siendo espectáculos vacíos y gratuitos sin calcio en sus huesos?


Como suele ocurrir en estos casos, sobre el papel la idea inicial era interesante e incapaz de fallar, y en mi caso incluso imaginé que llegaría a la grandeza de esa Esfera de Sharon Stone que fue tildada de aburrida por la crítica y que yo me he chupado cada vez que la he visto por la tele. Una expedición submarina que se sumergía para descubrir qué había pasado con el anterior submarino enviado y, de paso, revolucionar la historia de la humanidad con un enigmático hallazgo (¿por qué no podía ser esta bola?). Y con Minnie Driver de capitana, que por lo visto fue nominada al Oscar porque algún ser con talento la poseyó durante el rodaje de El indomable Will Hunting, el submarino se hunde en lo más hondo y recóndito del océano ártico. Si el formato hubiera durado 90 minutos en lugar de seis horas, tanto ella como el resto del reparto (desde Goran Visnjic a la que muere a la primera de cambio) podrían haber desfilado por los Razzies sin desentonar lo más mínimo al lado de otras candidatas a la altura de Paris Hilton, Adam Sandler y la Sandra Bullock más pasada de rosca (que puede tener un Oscar, pero no me engaña).


Y si buscamos porqué The Deep es tan dolorosamente mala (por decepcionante) nos encontramos con que reúne los tres defectos magnos que podrían dinamitar cualquier serie y que le quitan cualquier posibilidad de redención:


- Ningún personaje cae bien: Las forzadas relaciones personales intentan otorgarles algún tipo de personalidad y ninguno escapa de despertar cierta tirria. Además, la verosimilitud no es uno de sus rasgos y el quejica que pasa por allí puede convertirse en un mártir por la causa en un abrir y cerrar de ojos. Obviamente tampoco ayuda que por allí ande Minnie Driver con su chaqueta invernal como si fuera la vedette del capitán y no la capitana del submarino.


- Sobran líneas espaciales: ¿Qué nos importa la tensión entre los de la superficie? ¿Y por qué demonios quieren entristecernos con la patética vida de una niña que posiblemente habrá perdido a sus dos padres en un año?


- El misterio, al desmenuzarse, pierde entidad, y esto ya ocurre desde el primer episodio. La historia se debilita con cada giro. Podríamos pensar que es una Esfera o un Horizonte Final submarino, pero The Deep quiere ser ella misma y cada episodio importa menos si la tripulación vuelve a respirar el aire ártico.


¿Y todo esto acaso no os recuerda alguna serie contemporánea? ¿Quizá Persons Unknown? ¿FlashForward? Y si le quitamos el primer punto... ¿incluso la última temporada de Perdidos?

martes, 8 de junio de 2010

Momentos perdidos y otros de olvidables

Que los sollozos cesen y las plañideras se retiren. Que las alusiones a la isla vayan cesando, poco a poco, como un día dejamos de mencionar a Rambaldi. Que la vida catódica regrese a la normalidad, al igual que los avatares del twitter han dejado de tener la cara de Jack, de Desmond y de Locke. Y que los comentarios dejen de ser, de una vez, tan generosos.


Perdidos no era ni tu hermana, ni tu padre, ni tu tía. Tampoco la mía. Era una producción televisiva que generó admiración, rechazo, adicción y también muchos ingresos. Y como una serie de televisión no es ningún ser humano, no hace falta que seamos políticamente correctos tras su desenlace. No es como la vecina del tercero, de la que empezamos a despotricar cuando ya hace unos meses que habita a dos metros bajo tierra. Quisiera o no, sus últimos tres años destruyeron el mito que ellos mismos habían creado y, a pesar de que me apetece seguir el post en cadena, y recordar sus momentos álgidos, hablar sólo de sus virtudes me parece incompleto.


La mejor temporada... La primera.

...y la peor: Ese monje islero-budhista era tan ridículo que incluso el maestro Miyagi se hubiera reído de él, y por eso la sexta temporada se merece este dudoso reconocimiento. Bueno, y si le sumas que toda la mitología dependía de un berrinche de dos hermanos que no pintaron nada de nada hasta el final de la quinta temporada... ya me diréis.


El mayor cliffhanger de temporada... La RAE debería hacer referencia a Perdidos en la palabra ‘escotilla’.

...y el mayor bluff: El “We have to go back” de Jack a Kate nunca me impresionó como sí hizo a la mayoría y nunca me gustó la idea de que huyeran de la isla antes de terminar la serie. Y lo peor es que el tiempo confirmaría mis temores.


La muerte más memorable... La de Charlie fue trágica, emotiva y agonizante.

...y la más innecesaria: La de Shannon. Se hubiera agradecido tener otra secundaria que seguir construyendo, sobre todo cuando la tercera temporada tuvo historias personales muy flojas y los supervivientes de la cola del avión nunca cuajaron.


Un tros de flashback... ‘Abandoned’, o sea, enamorarte de Shannon para luego perderla.

...y los flashbluffs: Permitieron esas catarsis que eran soberbias, pero si echo la vista atrás... ¿qué aportaron la mayoría de ellos?


Un gran personaje (o dos)... Kate y Juliet.

...y prescindible: Si alguien puede explicarme por qué demonios existe Charles Widmore que me muestre la luz, por favor. Porque para describirlo tomaduradepelo se queda corto.


Esa pareja especial... Juliet y Sawyer y esa elipsis que tan poco nos costó creer.

...y la que no cuajó: Las chispas que saltaban entre Kate y Sawyer nunca estuvieron en las escenas de Kate y Jack.


Un momento inolvidable... Con Juliet y su Downtown se me cayó el ojo izquierdo encima del teclado.

...y el que borraré de mi memoria: Cualquiera protagonizado por Jacob y el rencoroso de su hermano en forma humana. Pero, me doy cuenta desde que Perdidos terminó, la fanesia es mucho más fácil de decir que de aplicar.

sábado, 5 de junio de 2010

Evangeline y los squickerwonkers

Todo el mundo odia a Kate cuando lo que deberían estar haciendo es amar a Evangeline Lilly. Ni Sandra Bullock y Garoubey Siddibe juntas con una cachimba en la mano hubieran sido más divertidas (y encantadoras) en una entrevista con Craig Ferguson. Aquí la prueba.




Y si a Madonna le publicaron libros para niños después de su Sex Book del mal gusto, le predigo un luminoso porvenir en el mundo de la literatura infantil a Evangeline. De hecho, me amputaría el dedo meñique de mi pié izquierdo sólo para saber cuál es el horrible secreto de los Squickerwonkers.

lunes, 24 de mayo de 2010

El reencuentro

Esta entrada contiene spoilers acerca del final de la sexta temporada de Perdidos. Aviso para los que como Conan O'Brian aún no sepan qué hay en la escotilla.


Pongamos que Jacob hubiera sido un mito que corría entre los otros, una invención de los que se consideraban indígenas para dominar las mentes de aquellos que podían aprovechar los poderes de una tierra enigmática. Que su hermano por lo tanto tampoco hubiera existido y que ese humo negro hubiera sido un inexplicable poder justiciero heredado de una civilización anterior. Que las irregularidades que ocurrían en la isla tuvieran más que ver con una cuna geológica que de dos tochos incultos raptados por una loca. Y que Charles Widmore se hubiera conformado con ser simplemente el suegro tocapelotas de Desmond. ¿No amaríais un poco más Perdidos ahora que ha terminado?


He decidido, como ya intuí que haría hace meses, que no todo ocurrió. Que a diferencia de lo que Christian Sheppard le cuenta a su hijo al final del capítulo “everything that’s happened to you is NOT real”. De esta manera quizá algún día podré citar Perdidos sin recordar la tomadura de pelo en la que se acabó convirtiendo. Al fin y al cabo yo me considero de esa generación del 2004 que empezó a adorar la televisión en parte gracias a esta creación de Damon Lindelof y JJ Abrams.


Prefiero agarrarme a los buenos tiempos, esos en los que nos masacraron a base de incongruencias (el oso polar se llevó la palma en la primera temporada) y dibujaron grandes personajes. Esos flashbacks, que ayudaron a crear personas de carne y hueso, fueron lo que hicieron de Perdidos el hito que a día de hoy es.


Vimos cómo reaccionaban esos supervivientes ante la catástrofe que habían vivido, qué acciones pasadas afectaban sus actuaciones presentes y cómo fueron capaces de evolucionar. Los giros, pinos y mortales se hubieran quedado en una mera exhibición de fuegos de artificio sin esos personajes (FlashForward, gracias por abrir los ojos a más de uno).


Es por esto que, con un poco de fanesia, he adorado la series finale. La luz, el tapón y la patética botella de agua eran trozos del mismo elástico y pegajoso chicle que sirvió para moldear el monje japonés, mandar la inexplicable caballería del señor Widmore en la cuarta temporada o inventar esos otros otros otros que llegaron con el vuelo de Ajira Airways. Sin embargo, nos ha vuelto a la esencia de la serie y nos ha permitido despedirnos de los personajes.


No es difícil imaginar, por ejemplo, que después de la tercera temporada casi no ocurrió nada. Unos se fueron, otros no, y Juliet y Sawyer tuvieron su romance en la isla. Y murieron, todos murieron. Unos antes, otros después, unos en Los Angeles y otros en la isla. Todos ellos marcados por esa experiencia, que fue independientemente de si terminaban siendo los protectores de la isla o chafados por una avioneta salida de Nigeria.


Y como en toda catástrofe, pasar página cuesta. Encontrar la comprensión y empatía en aquellos que no pasaron por lo mismo es imposible. Por esto el purgatorio que han terminado siendo los sideways ha sido la perfecta y justificada excusa para despedirlos a todos ellos. Sus vidas dieron pulso a Perdidos y sus muertes la desintegraron. Una muerte colectiva, pausada y emotiva que le ha servido a la serie para reencontrarse a si misma aunque hiciera tiempo que ya estuviera perdida.

lunes, 8 de febrero de 2010

Algo chirría en la isla...

El silencio a veces parece el mejor antídoto para que los peores augurios se hagan realidad. Pero la crítica también es una práctica sana que puede evitar que el 23 de mayo, cuando termine Perdidos, nos demos de bruces con el desenlace. El primer episodio de la nueva temporada, desafortunadamente, no me quitó el mal sabor de boca que me dejó la season finale de la quinta y ha habido algunos apuntes que señalan que no vamos por el camino correcto. ¿Estarán cargándose la serie justo en su traca final?


El gurú de la isla


¿Un monje oriental que se niega a hablar inglés “porque ensucia su lengua”? Como dirían Amy Poehler y Seth Meyers en uno de sus Weekend Updates... ¡¿REALLY?! Desde ya mismo pido a Damon Lindelof y Carlton Cuse que incluyan en los extras de la sexta temporada explicaciones acerca de este personaje, porque los ojos casi se me salen de las órbitas sólo de ver ese cliché con patas caminando por el templo. Parecía más un sketch fallido que uno de esos WTF moments a los que nos tienen acostumbrados.


Hablando de whatthefucks...


Ese plano bajo el océano pacífico fue una buena idea para empezar la temporada, pero no será ni de lejos uno de los WTF más recordados de la historia de la serie. Después de seis temporadas, creo que el mayor problema de Perdidos es que el espectador se ha vuelto inmune a los golpes de efecto. Escenas como ese maravilloso Downtown introduciendo a Juliet (y el poblado), la explosión del hogar de Kate Austin, ese “Dad?” en la pantalla del ordenador de la escotilla o las buenas noches de Kate a Aaron ya no se repiten con la misma asiduidad. Y después de la muerte-homenaje a Charlie, de ese flashback con cariño a Shannon (que poco después moriría), o la pena con la que vimos a Juliet llorando con toda su alma e intentando hacer explosionar la bomba... todos sabíamos que Sayid no moriría. Otro momento que pudo ser y no fue.


Saturación


Los amigos de Jacob que llegaron con el segundo avión sobran (otros otros otros ya es excesivo). Pero seguramente lo que más recrimino a los guionistas (o showrunners) es que desvirtuaran el bosque. Antes daba miedo ver a nuestros perdidos caminando a tientas con las antorchas entre los árboles, empapados de lluvia y de sudor. Sabíamos que cualquier crujido, cualquier aullido del monstruo, podría terminar con ese apacible paseo. Sin embargo, la isla ahora parece las Ramblas de Barcelona y sólo le faltan los vendedores ambulantes ofreciendo cervezas o hachís. ¿Otra nota negativa? Ese templo kitsch y también superpoblado que, como la palanca de la isla, era más propio de Xena que de esta serie que aspira a entrar en los anales de la televisión (bueno, en realidad ya está, la misión es que ahora nadie se arrepienta).


Por un Perdidos laico


Que el humo negro no nuble el juicio de Lindelof y Cuse, por favor. Como ya apunté la anterior temporada, el dilema final, la solución a la gran encrucijada, tiene que tocar de peus a terra. Sin embargo, el estreno del tramo final sigue en la línea de confirmar mis temores y convertir toda esta aventura que ha durado seis años en una batalla de egos mitológicos. Aaron, por lo que apuntan algunos, podría ser la piedra angular de este quebradero de cabeza. ¿Realmente os interesa el anti-Locke? ¿O sois como yo y preferís que las cámaras se centren en Hurley, Jack y Sawyer?


Pero...


Me niego a mojarme y predicar que el final será una birria. Perdidos constituye un capítulo de la historia de la televisión y por lo tanto merece un voto de confianza. No obstante, esto no significa que sea intocable, como muchos pretenden. La partida aún no está ganada y el último movimiento la encumbrará... o nos quitará, en cierto modo, la venda de los ojos. Las obras maestras son totales y redondas. ¿Perdidos lo es? Aún está por determinar.

jueves, 31 de diciembre de 2009

De la A a la Z, que toca hacer repaso del 2009 (II)

I de Islas (ya sea la de los otros o Samoa): Hay una cita que desde hace cinco años no falla: la nueva temporada de Perdidos siempre es un acontecimiento de abasto mundial y esta vez los creadores tenían bastantes explicaciones que dar. Ese movimiento de palanca, al más puro estilo Xena la Princesa Guerrera, dejó a más de uno con la mandíbula desencajada. Una temporada después, todavía esperamos las respuestas. Pero menos predecible ha sido el gozo que me ha proporcionado Samoa con la nueva temporada de Survivor. Atentos a la R de Russell.

J
de Jeff y también de Jordan
: El romance del año en EEUU no ha sido de ficción sino real como la vida misma: Jeff Schroeder y Jordan Lloyd, dos de los concursantes de Big Brother, enamoraron a todos. Ellos eran el faro moral dentro de una casa con sobresaturación de víboras y su odisea por sobrevivir puso los pelos de punta, con Jeff como Superman y Jordan como inocente damisela en apuros. La relación, que fue platónica dentro de la casa, sobrevivió al periplo y ahora están juntos y revueltos. Dentro de poco les veremos en la nueva edición de The Amazing Race.


K
de Kristen Wiig
: Si alguien debe actuar como estandarte del mítico Saturday Night Live es ella. Es la viva esencia de este programa de humor. Sin embargo, esto también tiene sus contras: la falta de chispa de los guionistas los está llevando utilizarla para todo, como su fuera un 3 en 1, y ha pasado de ser la mujer más graciosa de América a oler a chamusquina. Pero aquellos que critican que los invitados no están a la altura, por ser estrellitas sin presencia (January Jones, Megan Fox, Taylor Lautner), están de enhorabuena: Sigourney Weaver ya ha sido confirmada para el 2010.


L
de Leno
:
La NBC decidió recortar gastos y cabezas y eliminó la última franja del prime time de su programación para imponer el cabezón de Jay Leno como única opción. ¿Lo bueno del asunto? Que tras unas primeras semanas titubeantes, la audiencia del show se ha estancado en unas cifras poco seductoras para las generalistas; al tener menos espectadores, la promoción de sus demás productos pierde eficacia; y encima está asesinando el mítico Tonight Show, ya que además de ser un pésimo lead-in ofrece exactamente lo mismo pero una hora antes. ¿Le veremos la temporada que viene?

M
de McHale
: Este hombre no se ha complicado la vida: su ajetreado panorama laboral no le obliga a la bipolaridad. Joel McHale, tanto en el programa-batidora The Soup como en la serie Community, hace exactamente el mismo personaje: de engreído e irrespetuoso cínico. Pero que este apunte no engañe: Community, la mejor comedia de la temporada junto con Modern Family, no depende sólo de él, sino de un gran plantel de secundarios que bordan las múltiples y surrealistas historias con las que los guionistas sorprenden cada semana.


N
de Network
: Si algo ha demostrado el 2009 es que la televisión norteamericana ya ha cambiado y las generalistas deben también cambiar de modelo y de expectativas. Las grandes audiencias de antaño ahora son prácticamente imposibles y los estrenos cada vez lo tienen más difícil para rasgar los diez millones de espectadores. De aquí, supongo, la estrategia de Fox con Glee: era bastante obvio que una serie musical no congregaría masas, pero amortizaron un nicho poniendo toda la carne en el asador. Eso sí, de esto al cable sólo hay un paso.


O
de Olimpiadas
: El mayor placer culpable de la temporada (aparte de las Real Housewives of New Jersey) ha sido, sin lugar a dudas, Make It or Break It. Los ficticios entrenamientos de un grupo de gimnastas que aspiran a colocarse una medalla olímpica alrededor del cuello ha hecho realmente equilibrios para no caer en el bochorno, pero ha sacado el ejercicio adelante y con nota. A Kmetko la queremos porque la pobre ha tenido una vida muy desgraciada, pero Lauren es la verdadera reina de la función. Si una zorra es casposa ya tiene la partida ganada de antemano.


P
de Pasarela
: No soy diseñador, ni estoy al tanto de las revistas de tendencias, pero tengo dos ojos en la cara y lo que lucieron las modelos en la última temporada de Project Runway me pareció sensacional. De acuerdo, estaba Logan sólo porque sus piernas arqueadas hacían flojear las nuestras, pero el nivel del reality de Heidi Klum estuvo en lo más alto. Faltaba carisma, sí, pero talento no.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

De la A a la Z, que toca hacer repaso del 2009 (I)

A de ABC: La operación de la cadena norteamericana de relanzar su programación al estilo 2004/05 (Mujeres Desesperadas, Perdidos y Anatomía de Grey) se ha quedado en un quiero y no puedo: el bodrio de Eastwick ha sufrido un siniestro total, FlashForward se hunde como el Titanic y V aún tiene mucho que demostrar en términos de audiencia.

B de Baltimore: Tantos años hablando de Los Soprano y resulta que tres cuartas partes del público habían obviado la existencia de The Wire. Este año, sin embargo, el lanzamiento en DVD de la serie ha puesto esta obra maestra en su sitio. Las alusiones en los medios de comunicación y el boca a boca deben haber ayudado, porque de sopetón han sacado la tercera y cuarta temporada este otoño. O quizá haya sido el amor que públicamente profesa Obama a Omar. Quién sabe.

C de Charlie Crews: Supongo que desde este Estado, que tan bien lo acogió, no se puede entender porqué en Estados Unidos marginaron este detective que supo diferenciarse dentro del género policíaco. Pues básicamente por nacer en el lugar equivocado: si Life hubiera ido acompañada de un CSI en la CBS, seguramente seguiría con nosotros. Pero la creó la NBC y ya se sabe que todo lo que toca esta cadena se hunde. Aunque para el protagonista Damian Lewis se cerró una puerta y se abrió una ventana: ahora está en los escenarios de Londres interpretando El Misántropo de Molière con Keyra Knightley. Afortunado.

D de Depredadora: Samantha de Sexo en Nueva York marcó tendencia (como siempre ha hecho la pandilla de Carrie Bradshaw): puso de moda a las maduritas depredadoras de jóvenes. Y este año la tendencia ha explosionado: Courteney Cox se pasa el día a cien mirándose los chavales en Cougar Town, que me ha seducido; Jenna Elfman se ha quedao preñada de uno en Accidentally on Purpose, un yogurín que se pasa el día enseñando abdominales (y quizá por eso la sigo); e incluso ha habido un reality basura, The Cougar, en que unos chicos de veintitantos debieron luchar para conseguir el amor de una madre soltera.

E de Embarazo: Lexie Grey se dio a la comida para superar la ansiedad, mientras las mesas del hospital la ayudaban a ocultar la barriga. Lilly Van der Woodsen y Robin Scherbatsky, en cambio, optaron por tumbarse en el sofá durante múltiples episodios. Meredith Grey regaló un riñón y se pasó el postoperatorio postrada en la cama, y la detective Reese fue enviada directamente al FBI. Pero la palma, ya lo sabéis todos, se la lleva Allyson Hannigan: los de Cómo Conocí a Vuestra Madre aprovecharon el handicap para reírse un rato con los espectadores.

F de Fey, Tina Fey: El 2008 la coronaron musa de la comedia, pese a que desde Chicas Malas ya había dejado bastante claro todo su potencial (como guionista, porque su personaje era bochornoso). Pero este año ha llegado la resaca y su tan vanagloriado Rockefeller Plaza se queda a medio gas. No recuerdo la última vez que vi un episodio redondo. En la tercera temporada quizá vi un par.

G de Gatillazo: Ironías de la vida, Hung de la HBO no levantó cabeza. Puede estar renovada para otra temporada, pero la crítica la perdonó sin mucho entusiasmo por ser hija del Mesías televisiva. Y ahora que no está en antena, no hay nadie que hable de ella o que se acuerde. Suerte tuvo de tener de lead-in a True Blood (léase la V de Vampiro).

H de Hospital: Urgencias se despidió ante una audiencia mediocre por lo que hubo sido y con ella se fue otro estandarte de la NBC y de su época dorada (a la que sólo le quedan los Ley y Orden). Pero ha habido series médicas noveles para dar y traficar: Hawthorne, Mercy, Three Rivers, Trauma y, la única que se salva, Nurse Jackie. A día de hoy, sin embargo, los chicos del Seattle Grace siguen siendo mis niños mimados: la quinta temporada de Anatomía de Grey fue un soplo de aire fresco y la sexta es aún más deliciosa.

jueves, 24 de diciembre de 2009

El top 10 de la década: De lo bueno lo mejor (II)

5.- Mujeres Desesperadas


Cuando Mary Alice se pegó un tiro en la cabeza no sólo salpicó la pared y el suelo de su impoluto hogar, sino a toda una sociedad de raíces patriarcales bastante reticente a valorar el concepto de ama de casa. Las Mujeres Desesperadas demostraron con su cinismo que los cuchicheos en el patio trasero podían acarrear trágicas consecuencias. Algunos seguirán en sus trece que se trata del enésimo producto machista, pero esta serie si algo demuestra es que la mujer es capaz de desempeñar cualquier rol sin tener que abandonar a su familia. Por algo las amas de casa norteamericanas se obsesionaron con ellas y las eligieron abanderadas de su causa, y el desenlace de la primera temporada se convirtió en uno de los acontecimientos de la década.

4.- True Blood


Después de A Dos Metros Bajo Tierra dudo que alguien esperara que Alan Ball se diera a los psicotrópicos y a la literatura barata. Pero lo hizo, adaptando una saga de Charlaine Harris, y convirtiendo True Blood en la serie más controvertida de los últimos años. Hay quienes ven en ella basura sin sentido y otros que le quieren buscar metáforas para excusarse. Pero no. Este descalabro argumental, interpretativo, lleno de excesos, que pasa del drama a la comedia, con toques de gore y desnudos gratuitos, es la tomadura de pelo más inteligente de este arte no numerado. Y en cierto modo simboliza el pasotismo y hedonismo de esta era posmoderna en la que está la sociedad y de la que tampoco escapa la televisión.

3.- Perdidos



Un drama de personajes con toques fantásticos que se pasó al terreno de la ciencia ficción pura y dura. Un juego entre el presente y el pasado, que pasó del presente al futuro, para ir dando literalmente tumbos por el túnel del tiempo. Desde que Perdidos llegó a la programación, el concepto ‘jugar con el espectador’ ha alcanzado otro nivel y los espectadores, en lugar de revolucionarnos y castigar la serie, hemos pedido más y más. Ya lo dije en su día que éramos una panda de masoquistas. Pero el relato intertextual, los guiños a la literatura, las continuas referencias a ella misma, sus trampas y engaños, y la intrincada realidad paralela que ha establecido en la red, han creado un entramado tan complejo como revelador. Logró salir de la televisión para convertirse en una enigma de proporciones reales.

2.- The Wire



Podría estar en el primer puesto pero no lo está, porque los vínculos que establece con el espectador no llegan al mismo grado de emotividad que otras series. Sin embargo, por lo que es, The Wire es una genialidad de nuestra época, comparada con el resto de la televisión y también con el cine. El guión de cada una de sus temporadas es la fantasía sexual que Martín Scorsese soñó con cumplir algún día, y el grado de complejidad es tal que no podría haber sido reducida a 150 minutos. Es coral y elegir para ella un protagonista es complicado. Y su mérito consiste en plagar de claroscuros todos sus personajes y dejar claro que en los dos bandos existentes, la policía y la mafia, hay quienes hay por simple casualidad. En realidad dependió del lado de Baltimore en el que nacieron, y los camellos lo hicieron en el equivocado.

Y mañana tocará colgar la que considero que es la mejor serie de la década. No ha sido una elección fácil y mucho menos obvia. ¿Apuestas?