viernes, 28 de enero de 2011

La mujer del entrenador

Esta entrada es un balance de la quinta temporada de Friday Night Lights a falta de ver los dos últimos episodios. Por lo tanto, desvelará algunos apuntes de la trama hasta el momento.


Cuando Matt Saracen aparece por el umbral de la puerta o Tim Riggins sale en libertad condicional, te das cuenta de cómo ha cambiado Friday Night Lights. No solamente es el cambio de color, de azul pantera a rojo león. Se trata de la propia metamorfosis de la serie. Al principio creía que era el cambio de instituto de los Taylor, pero es más. Con el tiempo, sin que me diera cuenta, se distanciaron de los alumnos. Antes se los tenían que tragar hasta en la sopa, en cenas incómodas y tumbados en el sofá de su casa para pasar un par de noches. Ahora, desde que se mueven por la parte este, los problemas no pasan del quicio de la entrada. En casa de los Taylor, lo que es de los Taylor.


Este cambio de mentalidad de Eric y Tami es el principal motivo por el que los retoños de ahora no son como los de antes. Hay aspectos formales, por supuesto, como que la primera temporada tuviera más de veinte episodios y permitiera ahondar en todos y cada uno de ellos, también más numerosos. Pero mientras que antes todos crecían alrededor del matrimonio (menos Lyla, que ahora que lo pienso siempre giró en torno a Street y Riggins), ahora no. Los propios alumnos están emancipados y Luke, Vince, Becky y Jess, en la medida que pueden, intentan evitar llamar al timbre de los Taylor. Hay excepciones, pero si nos fijamos, en esta quinta temporada no han pedida ninguna ayuda a los Taylor, ni estos se han entrometido en sus vidas.


Es lo que tiene crear un pueblo que está vivo: que los personajes pueden sobrevivir por si solos y, a diferencia de antes, en la etapa Lion ha habido nuevos núcleos familiares con fuerza gravitatoria. Por una parte hemos tenido a Jess y Vince, cuya historia se remonta a mucho antes de la llegada de los Taylor y que, con su filosofía de barrio, intentan sacarse las castañas del fuego ellos mismos. Y luego está el hogar de los Riggins, al que hasta ahora no se había parado la atención necesaria (un puntazo la pandilla de strippers de la hermana de Tyra), y que tras tantos años de mal juicio se ha erigido en una familia estable que acoge a necesitados (Becky) de la misma forma que ellos invadían el sofá del coach. De hecho, quizá el retrato es ahora demasiado perfecto y Tim, de regreso de los infiernos, no puede asimilarlo. Una cosa es procurar lo mejor para tus seres queridos y otra es tener que ver con tus propios ojos todo lo que te has perdido. Y la estada fuera de su propio hogar quizá le servirá para perdonar a Billy, pero sobre todo debe decidir qué siente por Becky, si un poderoso instinto fraternal o simplemente amor. Quedan dos episodios y aún no sé descifrar la química que hay entre ambos.


Pero lo fundamental, a falta de grandes resoluciones entre los jugadores, no es si se llevan el campeonato estatal, que intuyo que sí (y de no ser así seguro que igualmente aprenden la lección). La cuestión es descubrir si los Taylor ya han acabado con Dillon. Tras cinco años de recibir ovaciones y críticas, de vivir con la soga al cuello, parece que su lugar podría ya no estar en el pueblo. El puesto de Eric, tras renunciar a un prometedor empleo como entrenador de un equipo universitario, se tambalea por enésima vez. Pero el poder de la situación recae en Tami. Después de vivir en la sombra durante años, de acompañar a su marido a un perdido pueblo de Texas, quizá es momento de que ella guíe a la familia y que él se amolda a sus necesidades, que el puesto de decana de admisiones también es la culminación de un trabajo bien hecho. Y yo creo que sí, que ya ha llegado la hora de Tami.

4 comentarios:

MacGuffin dijo...

Yo también creo que Eric sigue a su mujer a Filadelfia y, así, se cierra un poco el círculo. La serie empezó con los Taylor llegando a Dillon y se acabará con ellos marchándose de Dillon.

Con la familia Riggins me estoy riendo lo que no está escrito. Me hace mucha gracia que, a su modo, se estén convirtiendo en los Taylor 2.0.

satrian dijo...

Yo también creo que es la hora de Tami, no es fácil llevar una vida de cambios al lado de un entrenador, y ella ha hecho una carrera brillante a base de trabajo en su profesión, así que se lo merece, que ella no se lleva las alabanzas del público y jugadores cuando hace las coas bien.

titania (Verónica) dijo...

Yo estoy con MacGuffin, es el turno de Tami y además que se lo merece. Lo de Riggins y Becky a mí también me tiene desconcertadísima de verdad, estoy como tú, que no sé qué hay ahí, si amor fraternal o amor verdadero, pero sí sé que no me gustaría que fuera amor verdadero, prefiero el fraternal, no me gustan mucho los dos juntos.
Los alumnos de este año parece que sí están más alejados de la puerta de los Taylor pero sí que les han pedido mucha ayuda, si hasta Riggins (a través de su hermano) necesita que Eric hable por él. Lo que menos me está interesando es Vice-papa, que me suena a ya visto y es que todos sabíamos lo que iba a pasar. Y espero que (la tonta de) Julie se quede con Matt porque si está sola no sabe lo que hace. Me encantaría ver en el capi final a alguno de los alumnos de siempre, Tyra, Street, Lyla... pero creo que es mucho pedir.
Y ojalá ganen el State, no puede terminar FNL sin que ganen el State hombre por Dios!!

Crítico en Serie dijo...

MacGuffin, ya me extrañó que el 'coach' decidiera tan rápidamente que no iba a entrenar el equipo universitario. Fue un poco precipitado. Y después se entendió: es la hora de Tami. ¿Habrá spin-off con los Riggins? Puestos a soñar... ;)

Satrian, me alegro de que sea la hora de Tami porque Eric siempre ha sido bastante machista. A ver, de esos que saben que lo son y que sus mujeres los saben poner a raya cuando toca, pero está claro que por una vez debe apoyar a su mujer y trabajar él en un equipo determinado dependiendo de las necesidades de ella.

Titania, te aviso que Tyra creo que vuelve para la series finale pero Lyla no. Según dijo Berg en una entrevista, en la cuarta temporada ya nos la despidieron. Y tiene razón. De hecho, me extrañó que viéramos a Matt, aunque él realmente ha estado durante prácticamente toda la serie.
Y la relación entre Riggins y Becky está muy currada: al principio pensabas "nunca de la vida" y al final entiendes que Riggins esté medio hechizado. Esa chica enamora. El problema que le veo yo, y por lo que espero que sea fraternal, es que Tim es demasiado destructivo y nunca cambiará. Ella se merece una persona que realmente la pueda hacer feliz y no un ser que le amargará y le preocupará el resto de la vida.