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lunes, 18 de marzo de 2013

El matrimonio no lo es todo

Las series de HBO no son las únicas que se toman su tiempo en mostrar qué clase de ficción quieren ser en realidad. Las que salen de la factoría FX puede que no sean tan inaccesibles a primeras pero suelen tardar unos cuantos episodios en arrancar. Por esto, cuando The Americans se estrenó y dejó a la mitad del público tibio, había que tomárselo con cautela. Había margen de maniobra.

Terriers no estaba mal en su inicio y en su única temporada subió episodio a episodio hasta desembocar a una dolorosísima cancelación; Sons of Anarchy nos presentó a sus motoristas pero no supimos por qué carretera conducirían hasta el quinto o sexto episodio; y Justified tuvo un buen piloto, unos posteriores episodios más flojos hasta que Graham Yost nos reveló que todo estaba relacionado. Pero creo que hay una diferencia significativa entre The Americans y las demás series: estas habían tenido unas presentaciones correctas, hasta buenas. Puede que no transmitieran que acabarían siendo las obras notables que acabaron siendo, pero ya eran apreciables.

Los espías soviéticos, en cambio, protagonizaron un piloto aburrido y sin mucho interés, por más que la premisa fuera ambiciosa. Desde el primer minuto fue verosímil que Elizabeth y Phillip Jennings estaban viviendo en los ochenta como dos ciudadanos americanos cuando en realidad estaban luchando en cubierto por los principios defendidos por la Madre Rusia con unas identidades falsas pero con trampa. Puede que fueran marido y mujer por obligación, pero los años de convivencia marital y sus dos hijos son reales.

Aquí es donde reside el auténtico interés de la serie como bien declaró su responsable, Joe Weisberg, mientras publicitaba la obra. Y, si bien Keri Russell y Matthew Rhys están estupendos en sus respectivos papeles (y cuelan muy bien como jovencitos en los flashbacks soviéticos), no es suficiente. A las escenas de espionaje les falta tensión, al hogar algo de calor familiar (debía haberlo, que bien que los hijos parecen estar libres de traumas) y al vecino de delante más escenas con su mujer. Porque el agente Beeman está más o menos con las mismas, conviviendo con su esposa después de pasar años infiltrado entre un grupo de supremacistas. Y ellos dos se merecen más minutos, sobre todo Claudia, el único personaje que puede mostrar una genuina inquietud por el estado de la relación.

Puede que haya algunos minutos honestos y que estas relaciones sentimentales aporten su granito de innovación a la televisión, pues son romances con premisas y desarrollos que no pueden clasificarse como comunes (bueno, quizá de momento no son romances pero sí relaciones), pero tengo la impresión que el momento de mejoras sustanciales ya ha tenido lugar y no dio los frutos esperados. El episodio seis creo que tenía esa función, elevar de golpe la serie de televisión con un contenido supuestamente redondo y fue algo defectuoso (¿y esa trama de los hijos?).

De momento, continuaré con The Americans. Pero cada vez tengo menos fe en ellos, por más que el potencial, la ambientación y los actores adecuados estén presentes. Han dejado pasar oportunidades y esto en televisión nunca es buena señal.

P.D.Podcast: Después de unas semanas sin invitados, tenemos con nosotros a Irene Cívico en este programa de Yo Disparé a J.R. para hablar de Nashville y The Americans. Pero hay más. Aquí tenéis la guía:
- 0’: Presentación y la improbable película de Veronica Mars.
- 23’: Arrow, el héroe busca el camino a seguir.
- 42’: ‘Nashville’ con spoilers.
- 62’: Una puesta al día con The Americans.
- 85’: ¿Ha perdido la magia Once Upon a Time?

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lunes, 11 de febrero de 2013

Los infiltrados de la Madre Rusia

Los canales de cable norteamericanos no tienen el mismo presupuesto para desarrollar pilotos que las networks y posiblemente pocos canales deben vigilar tanto qué encargan como AMC y FX. No solamente deben tener en cuenta el perfil de su audiencia a la hora de interesarse por un proyecto y sopesar si pueden rentabilizar la inversión, sino que tienen el objetivo adicional de gustar a la crítica.

En el caso de FX puede que sus esfuerzos no se vean tan recompensados por los premios como ocurre con AMC, que gracias a Mad Men y Breaking Bad tienen la respisa de la chimenea superpoblada de galardones, pero con los años han convencido a la crítica que aprecia las series adultas y masculinas que proponen. Sons of Anarchy es la vaca sagrada a nivel de audiencia, American Horror Story es de la que más se habla y Justified es la modesta joya que los analistas adoran, pero esto no quita que pasen apuros cada vez que quieren lanzar otro drama al mercado.

Todavía se lamen las heridas de la temporada 2010-2011, cuando estrenaron en poco tiempo Terriers y Lights Out y ambas se hundieron en el olvido a las pocas semanas, impidiéndoles renovar para más temporadas. Ambas muy recomendables, por cierto, Y esto explicaría que intentaran algo distinto al año siguiente con la casa del terror de Ryan Murphy, con la que avasallaron el público a base de promoción. La filosofía de llamar la atención y escandalizar a la parroquia, sin embargo, no es su estilo y este invierno han vuelto a la carga con otro drama adulto de cosecha propia, destacando su ambición por encima de su afán de provocación.

The Americans es un drama ambientado en los ochenta durante la era Reagan que sigue a Phillip y Elizabeth Jennings, dos espías del KGB que llevan quince años infiltrados en Estados Unidos y que fingen ser americanos con identidades falsas. Ni sus propios hijos, fruto del matrimonio de conveniencia, saben que sus padres son soviéticos y que, cuando dicen que van a cenar, en realidad están llevando a cabo misiones para la madre Rusia y con la intención de derribar al Tío Sam.

En teoría tiene todos los ingredientes para ser un proyecto interesante: un contexto histórico rico, tramas de espionaje, unos personajes implacables y una dimensión familiar que les humanice, todo bajo el confortante techo de FX, por lo menos a nivel creativo. Y, sin embargo, molesta que The Americans no sea mejor, ni en el primer episodio (donde tuvieron setenta largos minutos para mostrar sus intenciones), ni en el segundo. Tiene margen de mejora, sobre todo por la relación de ellos dos (Phillip con sus dudas y Elizabeth más fría que Siberia) y la frustración de ella por no poder enseñar a sus hijos los valores soviéticos, pero le falta mucha tensión. No la hay en las misiones secretas, en las interacciones familiares, ni en las conversaciones con el nuevo vecino, un inquietante agente federal bien interpretado por Noah Emmerich. Y, si no encuentra rápidamente la garra narrativa, posiblemente acabará en el mismo limbo que Terriers y Lights Out con la única diferencia que esta podría no aprovechar todo su potencial.

P.D. Podcast: El menú de Yo Disparé a J.R. va por otro lado y aquí tenéis el menú. Dramas adultos, otros juveniles, comedias intelectuales y otras simplemente modernas. ¡Voilà!
- 0’: Presentación del programa.
- 2’: The Carrie Diaries y la virginidad de la pequeña Bradshaw.
- 14’: Enlightened, la ignorada de HBO.
- 27’: House of Cards, la esperada serie de Fincher con Kevin Spacey.
- 52’: New Girl da la sorpresa con su segunda temporada.
- 65’: Utopia, comentario del episodio 1x04 y despedida.

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