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viernes, 25 de abril de 2014

El cálido hogar de los vecinos

‘The Neighbors’ ha hecho todo lo posible para convertirse en un título de culto, por lo menos todo lo que le permite su etiqueta de comedia familiar. Es esa serie que se estrenó recibiendo palos de la crítica y que un episodio después obligó a que nos preguntáramos si habíamos sido demasiado duros con el piloto. Sí, muchísimo. En nuestras cabecitas obsesionadas con encontrar una comedia absurda y/o entrañablemente antipática (que son las que oficialmente molan) no existía la posibilidad que tuviera cierto potencial. Y lo tenía.

Esta idea del potencial es algo que no abandona nunca la convivencia de los Weaver y los extraterrestres, para bien y también para mal. ¿Por qué para mal? Pues porque hay elementos que nunca terminan de encajar del todo, por más que le den vueltas. Algunos ejemplos son los hijos menores de los Weaver, que prácticamente hacen desaparecer durante la segunda temporada, o la falta de química entre los hijos adolescentes y su relación imposible. Pero los adultos y ese personaje llamado Dick Butkus y que tiene uno de los físicos más peculiares de toda la televisión son pura química y momentos hilarantes.

La segunda temporada, a pesar de no solucionar del todo los defectos, es un paso adelante y construye mejor la relación de los padres. Pero lo mejor es que den rienda suelta al absurdo, que sepan equilibrar lo familiar con lo absurdo de tener amigos extraterrestres, y que encima hagan alusiones metatelevisivas prácticamente en todos los episodios. La temporada arrancaba con puñaladas a los directivos de la cadena, con comentarios acerca de su programación en el cementerio de los viernes, y me sacaron una amplia sonrisa en el 2.17 cuando Larry dijo “por favor, que ya no estamos en la primera temporada”, con otra alusión a su condición de serie de televisión a mitad del episodio.

Este capítulo, que se titula “Balle Balle!”, hasta transmite su condición de “happy place”, esa expresión que se inventó una crítica americana para referirse a aquellas series que la hacían sentirse feliz, como si estuviera en casa rodeada de sus seres queridos. Puede que no sea un episodio redondo pero termina con un número bollywoodiano tan cutre como simpático. No tienen presupuesto, se nota que casi no hubo ensayos pero también se percibe hasta qué punto el reparto se lo pasa bien rodando la serie. Es una lástima pensar que ‘The Neighbors’ seguramente será cancelada, sobre todo cuando Jami Gertz, Lenny Venito, Simon Templeman y Toks Olagundoye (revelación absoluta) están fantásticos.

Pero este probable final, que se puede predecir desde que los mandaron a los viernes y que solo un milagro podría impedir, también ha permitido que la segunda temporada se permita ciertas licencias. No sólo es la obsesión por reivindicar obras de culto un tanto trash como ‘Smash’ y ‘Cougar Town’ (curiosamente otra serie que ABC nunca supo apreciar), también las bromas acerca de como la telerrealidad forma parte de las vidas de las personas por más que muchos no lo reconozcan. O también tiene mucho mérito ese experimento de Larry y Jackie, que quieren vivir un especial de Acción de Gracias propio de una sitcom y utilizan a sus súbditos como público en directo, ellos mismos se proporcionan los giros de guión y también planean las moralejas finales.

Entre estos guiños que podemos apreciar los amantes de la televisión americana, la química de los adultos, la vis cómica de Ian Patrick (Dick Butkus) que dominan a la perfección (que haga ganchillo ya es lo más) y algunas líneas fantásticas permiten que sea una serie muy simpática y que la vaya a echar de menos si desaparece. Nunca una historia sobre un acoso había sido tan divertida porque esto es lo que es. Los Weaver han aprendido a convivir con ello, pero los guionistas siempre se salen cuando mencionan las vigilancias nocturnas, sus sistemas de espionaje o esa amenaza de que, vayan donde vayan los humanos, Larry, Jackie y compañía siempre serían capaces de rastrearles y encontrarles.

miércoles, 3 de abril de 2013

El equipo revelación de Larry Bird

El premio al piloto más engañoso de la temporada debería llevárselo The Neighbors. Exponía la premisa de la serie, sí, pero sus resultados se quedaron en un quiero-y-no-puedo. Entre lo raros que eran los marcianos, lo estándar que era la familia humana, la necesidad de sentar unas bases y los acordes musicales, irónicamente terroríficos, no fue especialmente divertido. De hecho, fue bastante anticlimático y poco representativo, pues pocas semanas después The Neighbors se confirmaría como una comedia divertida y afectuosa, muy recomendable.

Dan Fogelman ideó una serie bastante ambiciosa en su concepto y humilde en su ejecución. Quería hacer una comedia familiar de las de toda la vida pero con un extra de absurdo, bastantes bromas referenciales y sin perder las moralejas del género. Como bien le dice Larry Bird a Marty, “todos sabemos cómo acaba este guión. Vosotros nos decís que haréis algo, nosotros decimos que nos apuntamos, decís que no, vamos igualmente, la liaremos, aprendéis algo de nosotros, aprendemos algo de vosotros, y todo se habrá solucionado hacia las nueve de la noche”. Vamos, toda la filosofía de la serie en una línea del patriarca alienígena.

Puede que esta fórmula no sea tan infalible como en Modern Family, donde todos los episodios funcionan, pero su responsable sabe transmitir el cariño con el que están escritos los personajes en todo momento. No es algo artificial como en otras series de televisión, donde se ve más la matemática que el contenido, y demuestra que Fogelman sabía muy bien qué material tenía. Más allá de los clásicos enredos de los marcianos provocados por las tradiciones americanas (conocen Halloween, Acción de Gracias, la Navidad), The Neighbors también se ríe de otros elementos populares, de las pequeñas cosas y consiguen salir por dónde menos lo espera el espectador.

Larry David y su taller de mano de obra infantil es posiblemente uno de los puntos álgidos de la temporada, y todos los enredos (y parodias) que surgen por la incomprensión de la cultura americana, ridiculizándola y exaltándola, solían dar sus frutos. Jackie Joyner-Kersee creyendo que las estrellas de un reality son un modelo de conducta es mi chiste favorito (sobre todo porque imita a las chonarras italo-americanas de The Real Housewives of New Jersey).



Aparte de estos dos episodios (Mo Purses Mo Money Mo Problems y Things Just Got Real) hay muchos más de representativos y memorables: Halloween-ween, ni que sea por el disfraz de Dick Butkus (mejor personaje de la serie); Thanksgiving is for the Bird-Kersees por lo sorprendente de los hermanos psicópatas de Jackie; el loquísimo Juan of the Dead en el que los marcianos resucitan al jardinero y lo convierten en una especie de zombie; Cold War por lo tierno de Jackie cuidando a sus vecinos (tengo una especial predilección por la madre verde y por su actriz, Toks Olagundoye); Sing Like a Larry Bird, el episodio musical escrito por Alan Menken (autor de los temas más famosos de Disney); y el final de temporada, It has Begun..., que intentó ser representativo y más emotivo de lo habitual.

De proyecto de bodrio a la comedia con más potencial (y decentes resultados) de la temporada. A ver si ABC confía en ella y le da otra temporada. Material, lo tiene y merece mucho más el hueco de después de Modern Family que esa comedia encantada de conocerse y mucho menos graciosa llamada Suburgatory.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Démosles una segunda oportunidad a los vecinos

Puede que la premisa de The Neighbors pareciera sacada de los noventa, como si tuviera que hacer tándem con Cosas de Marcianos o fuera un spin-off temático de la serie. Una familia americana se muda a un barrio residencial de apariencia perfecta y sus vecinos resultan ser unos extraterrestres instalados indefinidamente en el planeta. A algunos les sonaba casposo pero yo, demasiado influenciado por la Kim Bassinger de Mi Novia es una Extraterrestre y la divertidísima Fuera de Órbita, tenía ganas de ver en qué quedaba semejante argumento. Y vi el piloto. Y decidí no ver nada más. Y me equivoqué.

Suele ocurrir que las presentaciones de las comedias suelen ser relativamente poco graciosas. Deben introducir a los personaje y también ofrecer un aperitivo de cómo será su humor y, en el caso de The Neighbors, fue lamentable. El episodio se entorpecía por la necesidad de contarnos el shock inicial de la familia Weaver y cómo establecían un principio de amistad con sus vecinos verdes, Lenny Venito ejercía de protagonista con una vis cómica algo desesperada y las cortinillas con sonidos sci-fi sólo contribuyeron a darle cero ritmo, cero gracia y la sensación de que habían llevado todo el potencial por dónde no tocaba. Mucha idea loca suelta mal presentada y la impresión de que el creador Dan Fogelman, de la factoría de Disney (Enredados, Cars), no sabría cómo canalizarlas.

Tenía todos los números para convertirse en el peor piloto de comedia de la temporada y, sin embargo, unos comentarios positivos en twitter me picaron la curiosidad. ¿Podía ser que todo ese potencial que le creía antes de verla estuviera bien aprovechado en los siguientes episodios? ¿Puede que, por primera vez, una serie tan pésimamente presentada supiera darle la vuelta al asunto en casi nada de tiempo? Repito que la idea de unos extraterrestres acostumbrándose a la vida humana a mí me gusta, que sé que no es de paladares muy refinados. Y la respuesta fue sí, Fogelman supo expresar mucho mejor cuál era su planteamiento de serie, que algunos chistes (como el hecho de que todos los marcianos tienen nombre de deportistas) les salieron muy por la culata cuando su absurdo podía haber dado en el clavo.

Las claves de su ávida redención son diversas. Por un lado, la relación entre humanos y forasteros da para líneas divertidas (la obsesión inicial de la madre con que quieren comerse a sus hijos), los malentendidos sociales de los vecinos pueden ser muy divertidos (que la madre alien crea que ser una ama de casa es comportarse como una de las Real Housewives of New Jersey es la mejor parodia que he visto de estas ricachonas sin clase), su absurdo consigue funcionar (las emociones de todo el vecindario cuando su líder tiene cambios de humor tiene su punto) y las sorprendentes ganas de escribir escenas entrañables.

Su responsable podría intentar escribir una serie absurda y loca (y punto) y opta por una serie de tintes más familiares, buscando momentos emotivos que le dan un plus. Aparte de sus compañeras de programación (The Middle y Modern Family), no hay muchas comedias que busquen complacer a este público tan amplio, una tarea nada fácil y un género bastante denostado. Si bien tiene que pulir asperezas y jamás estará a la altura de los Dunphy (o eso parece), de momento está siendo una comedia correcta y simpática. Ah, y yo que soy mucho de fijarme en el trabajo de las actrices, estoy encantado con la madre humana, Jami Gertz, y la extraterrestre, Toks Olagundoye. La primera por recordarme a Julie Bowen y la segunda porque me pilló completamente desprevenido con su acento de New Jersey. Excuse me, bitches.

(Por cierto, The Neighbors en España se ha traducido por ¡Vaya vecinos! Sí, todavía hay gente que cree que la palabra 'vaya' lo hace todo más divertido y no más casposo, com es en realidad.)