
Esta entrada es el top5 del año, la continuación del post de ayer. Aquí no hay explicaciones sobre porqué "éstas sí y otras no", pero todo se andará.
5.- Daños y Perjuicios
Este año si algo hemos visto es que no se puede condenar una serie por culpa de alguna mala temporada. Cougar Town encontró su camino a mitad de trayecto, Fringe en su segundo año y Daños y Perjuicios, tras un decepcionante segundo año, regresó a lo más alto y habiendo madurado mucho. La relación de Patti Hewes y Ellen Parsons es digna de análisis, pues es coherente sin ignorar las terribles traiciones que maquinó la primera y las que sufrió la víctima de Ellen. Está por ver si en las dos últimas temporadas, gentileza de DirecTV, los papeles se intercambiarán y la joven perderá toda su bondad. O quizá sólo la perderá con respecto a Patti. Bueno, y mención especial para la season finale, atropellada pero donde la sucesión de revelaciones fue como un sablazo tras otro en la cara.
4.- Cougar Town
Una comedia tenía que caer y para correcciones políticas ya existen las listas oficiales. Hay cuyas situaciones cómicas están mucho más calculadas (Modern Family) y hubieron episodios más redondos (‘Modern Warfare’ de Community), pero lo que permite a Cougar Town alzarse como la mejor es la actitud que la impregna. Eres uno más entre los amigos de Jules. Comparten con el espectador, ya sea su vocabulario absurdo y natural (el colectivo tiro en la cabeza lo estoy intentando introducir en mi vida cotidiana) o sus hábitos (la copa de vino, que tiene tanta importancia que incluso le celebraron un funeral). Y mientras que Courteney Cox nos mira por el rabillo del ojo para comprobar que nos lo pasemos tan bien como ella, su defecto también le sirve para incluir al espectador en tan curioso experimento. Ah, y el cachondeo que se llevan con los títulos de crédito no tiene desperdicio.
3.- Mad Men
A veces toca ser gafapastoide y la temporada de Mad Men emitida este verano no permite la omisión: por fin dejaron atrás la sensación de estancamiento y volvieron a encimar el relato hacia una evolución. No es lo mismo ser un asalariado que ser un directivo, ni estar infelizmente casado que divorciado, y por ello hemos podido explorar nuevas facetas del ególatra de Don Draper. También ha habido un soplo de aire fresco en cuando al ámbito laboral, con el cambio de relaciones tras formar Sterling Cooper Draper Pryce, y la bajada a los infiernos de Betty Francis ha sido tan detestable como necesaria. Soy el primero en odiar a Betty por lo que se ha convertido, pero también el primero en perdonarle sus arrebatos, pues estar casada con alguien que valora tan poco a los demás como Don por fuerza tiene que dejar herida. Ahora sólo hace falta ver qué ocurrirá con el sorprendente compromiso final, que me dio la retorcida impresión de que se trata del camino de vuelta hacia Betty.
2.- Fringe
A partir de cierto drama de ciencia ficción se dictó el paradigma que para convertir un producto en serie de culto (y de calidad) se debe ser críptico y basar los giros en el desconocimiento. Pero cuando Fringe empezó con esas connotaciones, introduciendo pequeños guiños misteriosos en los casos, el resultado fue forzado. Been there, seen that. En cambio, cuando revelaron las cartas sobre la mesa y las incorporaron a la baraja, pasó a ser otra cosa. Un relato marcado por los conflictos y tensiones y que ha dado paso a unos casos más estimulantes, por las connotaciones personales que se cuelan a la vida laboral. El proceso de cocción fue lento pero dio sus frutos. Y el juego entre universos, en el que fácilmente se podrían haber perdido, demostró el dominio de los showrunners, que hicieron de la distracción de personalidades algo comprensible y que encima ayudó a asentar los pilares de la obra. Olivia Dunham tiene otro significado desde entonces.

1.- The Good Wife
Pero por nombres propios, el de Alicia Florrick. Ella es la diva y todopoderosa de este año porque ha conseguido que los casos legales vayan de la mano de una serialidad maquiavélica propia del bufete de Patti Hewes, una complejidad familiar y sentimental que ni las Desesperadas, y con una sutileza que raramente se observa en la televisión generalista. Todo en esta serie es mucho más de lo que aparenta, desde la interpretación de Julianna Margulies (contenida y muy emotiva) y la omnipresencia de Christine Baranski (y el magnífico resto), a las extrañas fuerzas que han temblar los cimientos del bufete y la minuciosidad con la que se escriben y comportan los personajes. Nunca nada en ella es gratuito (factor fundamental para que una obra sea redonda) y cada movimiento de secundarios como Zach, Grace o la suegra provoca una consecuencia para la vida de Alicia, su trabajo y la carrera de Peter.
Es una calculadísima telaraña de la que cuando se tira de un hilo tiembla todo el entramado. Pero no malinterpretéis estas alabanzas. Si The Good Wife es la serie del año es porque además de todos estos matices tiene unos casos escritos con el mismo aprecio que los guionistas le tienen a Alicia. A veces pueden ser sorprendentemente simples y se basan en un tecnicismo del argot jurídico, pero es en la ejecución donde se diferencia del resto. Me da que el matrimonio King, los creadores de la serie, tienen que ser unos maniáticos del control.