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lunes, 1 de agosto de 2011

Yo disparé a J.R.: The Hour, Alphas y tiburones legales

Desde hace unos años el verano es muy mal momento para empezar nuevos programas. Los consumidores somos más infieles y por eso las cadenas se suelen reservar los grandes estrenos para el otoño. Pero la BBC parece que es un poco como nosotros, que decidimos estrenarnos con las altas temperaturas, y nos ha obsequiado con The Hour, una interesante ficción sobre el periodismo, la mujer y la conspiración en los años cincuenta. Sé que tanto Marina Such como yo hemos hablado de ella en nuestros blogs, pero os aseguro que con la conversación siempre surgen nuevos puntos.


Pero, como es verano, no todo es tan denso. También toca hablar de Alphas, la serie de superhéroes de SyFy de la que tenemos muchas dudas, y Suits, la segunda serie de abogados que estrena USA Network en lo que va de año y que nada tiene que ver con Damages. Y es que Glenn Close, a la que aún no hemos visto ganar un caso en los juzgados, ha vuelto en otra cadena pero con el mismo gancho: la relación entre Patty Hewes y Ellen Parsons sigue avanzando en una cuarta temporada que ha empezado bastante distinta a como nos tenía acostumbrados.


Aviso que en este episodio no hay spoilers aparte de cuando tocamos el tema de Damages, que por algo la serie está avanzada y como máximo nombramos la revelación del final de la primera temporada (así de pasada).


Aquí tenéis una guía:


- 00’ 00’’: Introducción y The Hour, la mujer, el periodismo y la TV de los 50.

- 20’ 55’’: Alphas, los superhéroes y otras series SyFy.

- 35’ 30’’: Damages, el inicio de la 4ª temporada y la relación entre Patty y Ellen.

- 51’ 00’’: Suits, el White Collar de la abogacía.




Si queréis también podéis obtenerlo mediante iTunes y por si acaso también os cuelgo el feed.


(La operación nostalgia que me llevo con Dallas está dando sus frutos. No solamente me está enganchando, sino que he descubierto ese sex-symbol que fue Patrick Duffy con su Bobby Ewing. Me gustan los bañadores de la época.)

jueves, 23 de diciembre de 2010

Las series del 2010: Las cinco mejores

Esta entrada es el top5 del año, la continuación del post de ayer. Aquí no hay explicaciones sobre porqué "éstas sí y otras no", pero todo se andará.


5.- Daños y Perjuicios

Este año si algo hemos visto es que no se puede condenar una serie por culpa de alguna mala temporada. Cougar Town encontró su camino a mitad de trayecto, Fringe en su segundo año y Daños y Perjuicios, tras un decepcionante segundo año, regresó a lo más alto y habiendo madurado mucho. La relación de Patti Hewes y Ellen Parsons es digna de análisis, pues es coherente sin ignorar las terribles traiciones que maquinó la primera y las que sufrió la víctima de Ellen. Está por ver si en las dos últimas temporadas, gentileza de DirecTV, los papeles se intercambiarán y la joven perderá toda su bondad. O quizá sólo la perderá con respecto a Patti. Bueno, y mención especial para la season finale, atropellada pero donde la sucesión de revelaciones fue como un sablazo tras otro en la cara.


4.- Cougar Town

Una comedia tenía que caer y para correcciones políticas ya existen las listas oficiales. Hay cuyas situaciones cómicas están mucho más calculadas (Modern Family) y hubieron episodios más redondos (‘Modern Warfare’ de Community), pero lo que permite a Cougar Town alzarse como la mejor es la actitud que la impregna. Eres uno más entre los amigos de Jules. Comparten con el espectador, ya sea su vocabulario absurdo y natural (el colectivo tiro en la cabeza lo estoy intentando introducir en mi vida cotidiana) o sus hábitos (la copa de vino, que tiene tanta importancia que incluso le celebraron un funeral). Y mientras que Courteney Cox nos mira por el rabillo del ojo para comprobar que nos lo pasemos tan bien como ella, su defecto también le sirve para incluir al espectador en tan curioso experimento. Ah, y el cachondeo que se llevan con los títulos de crédito no tiene desperdicio.


3.- Mad Men

A veces toca ser gafapastoide y la temporada de Mad Men emitida este verano no permite la omisión: por fin dejaron atrás la sensación de estancamiento y volvieron a encimar el relato hacia una evolución. No es lo mismo ser un asalariado que ser un directivo, ni estar infelizmente casado que divorciado, y por ello hemos podido explorar nuevas facetas del ególatra de Don Draper. También ha habido un soplo de aire fresco en cuando al ámbito laboral, con el cambio de relaciones tras formar Sterling Cooper Draper Pryce, y la bajada a los infiernos de Betty Francis ha sido tan detestable como necesaria. Soy el primero en odiar a Betty por lo que se ha convertido, pero también el primero en perdonarle sus arrebatos, pues estar casada con alguien que valora tan poco a los demás como Don por fuerza tiene que dejar herida. Ahora sólo hace falta ver qué ocurrirá con el sorprendente compromiso final, que me dio la retorcida impresión de que se trata del camino de vuelta hacia Betty.


2.- Fringe

A partir de cierto drama de ciencia ficción se dictó el paradigma que para convertir un producto en serie de culto (y de calidad) se debe ser críptico y basar los giros en el desconocimiento. Pero cuando Fringe empezó con esas connotaciones, introduciendo pequeños guiños misteriosos en los casos, el resultado fue forzado. Been there, seen that. En cambio, cuando revelaron las cartas sobre la mesa y las incorporaron a la baraja, pasó a ser otra cosa. Un relato marcado por los conflictos y tensiones y que ha dado paso a unos casos más estimulantes, por las connotaciones personales que se cuelan a la vida laboral. El proceso de cocción fue lento pero dio sus frutos. Y el juego entre universos, en el que fácilmente se podrían haber perdido, demostró el dominio de los showrunners, que hicieron de la distracción de personalidades algo comprensible y que encima ayudó a asentar los pilares de la obra. Olivia Dunham tiene otro significado desde entonces.


1.- The Good Wife

Pero por nombres propios, el de Alicia Florrick. Ella es la diva y todopoderosa de este año porque ha conseguido que los casos legales vayan de la mano de una serialidad maquiavélica propia del bufete de Patti Hewes, una complejidad familiar y sentimental que ni las Desesperadas, y con una sutileza que raramente se observa en la televisión generalista. Todo en esta serie es mucho más de lo que aparenta, desde la interpretación de Julianna Margulies (contenida y muy emotiva) y la omnipresencia de Christine Baranski (y el magnífico resto), a las extrañas fuerzas que han temblar los cimientos del bufete y la minuciosidad con la que se escriben y comportan los personajes. Nunca nada en ella es gratuito (factor fundamental para que una obra sea redonda) y cada movimiento de secundarios como Zach, Grace o la suegra provoca una consecuencia para la vida de Alicia, su trabajo y la carrera de Peter.


Es una calculadísima telaraña de la que cuando se tira de un hilo tiembla todo el entramado. Pero no malinterpretéis estas alabanzas. Si The Good Wife es la serie del año es porque además de todos estos matices tiene unos casos escritos con el mismo aprecio que los guionistas le tienen a Alicia. A veces pueden ser sorprendentemente simples y se basan en un tecnicismo del argot jurídico, pero es en la ejecución donde se diferencia del resto. Me da que el matrimonio King, los creadores de la serie, tienen que ser unos maniáticos del control.

miércoles, 21 de julio de 2010

La misericordia de DirecTV

Si Dios existe, seguro que corta el bacalao en DirecTV. Lo que hizo hace dos años, cuando decidió rescatar Friday Night Lights cuando ya había entrado en el crematorio, fue un acto de fe. No tenía premios, no tenía mucho público, pero el suficiente para atraer unas cuantas miradas hacia la cadena. Pero la noticia que saltó el lunes a las portadas fue casi de infarto. Ahora DirecTV ha renovado Daños y Perjuicios para dos temporadas más. Esto, señores, es misericordia. Bendita sea la cadena.


Ya llevamos unos cuantos años en que cada temporada vemos uno de estos casos en que una cadena compra los deshechos de la competencia. La ABC se hizo con Scrubs para habituar su público a las sitcoms, la CBS acogió Medium a su noche de los viernes para hacer combo con Entre Fantasmas (para luego cargarse la de Jennifer Love Hewitt, por cierto), el canal de cable TNT dio cobijo a Southland y Arrested Development también cambió de manos en su momento: de la NBC a FX (que curiosamente ahora se ha librado de Damages). Y cada vez que se habla de cancelaciones, corren los rumores acerca de posibles transacciones entre las cadenas, como fue el caso de The New Adventures of Old Christine.


Dudo que aquí nos acostumbremos a ver cómo alguna cadena filantrópica sabe sacar provecho del lastre del prójimo, sobre todo desde nuestra óptica televisiva en la que todo el público es uniforme, independientemente de la zona en la que resida, su edad y poder adquisitivo. Lo más parecido que hemos vivido en los últimos tiempos fue el robo de Aquí No Hay Quién Viva por parte de Telecinco, y lo hizo con demandas de por medio, cambios de nombre, de reparto y otras formas de blanqueo de series.


En el caso de Friday Night Lights, la estrategia se llegó a comprender. No era una serie con figuras caras, tenía una audiencia que fuera del competitivo mundo de las generalistas era razonable y encima combinaba con su programación (DirecTV es una plataforma de pago y tiene los derechos de la NFL). Pero justamente por este motivo, se dijo desde el primer día que la negociación entre FX y la cadena estaba muerta desde el primer día. ¿Qué aliciente podía tener comprar una serie con una audiencia paupérrima incluso para el cable y con un público envejecido?


De momento, lo único que los medios pueden extraer del acuerdo es que así DirecTV incorporará una serie premiable en su programación (ahora que justamente ellos han conseguido nominar a los protagonistas de FNL a los Emmys). Pero los costes elevados (dos millones por episodio, que deberán recortar sin poder tocar los sueldos de Rose Byrne y Glenn Close) y los pocos interesados en abonarse al servicio para seguirla, hacen de la operación una cuestión de vanidad. Con Connie Britton y Kyle Chandler nominados, un canal de pago como Showtime intentando desbancar la HBO, al igual que la abierta AMC, quizá DirecTV ha decidido plantar cara cual nuevo rico.


Unas nominaciones en los próximos Emmy y Globos de Oro ya las tienen aseguradas (Close y Byrne son habituales), los titulares ya los han conseguido y aunque nadie decida ver Damages por su cadena... nadie se enterará. Dos temporadas han emitido ya de Friday Night Lights y aún no hemos visto una sola cifra del público que la sigue por DirecTV. Y qué más da si Dios es generoso.

miércoles, 21 de abril de 2010

La caída de los Goliats

Se supone que Daños y Perjuicios debía tener tres temporadas. Nunca me lo he creído. Una cosa es lo que dijeran los contratos y la otra cual era la idea inicial. El final de la primera temporada, aunque fuera sublime, me dejó con la sensación de que no era orgánico, que había una pieza en él que sobraba. Y luego, la segunda temporada, confirmó las sospechas: de ese ejemplar primer año sólo quedaban las formas. El fondo, sin embargo, se había emborronado con la codicia de la cadena que quería continuar con ese imán de premios. La realización seguía siendo estupenda, pero se pasaron de la raya e incluso las trampas llegaron a ser tramposas.


Fue una temporada tan mala y con una resolución tan ridícula, que las ganas para ver la última entrega eran casi nulas. No porque no pudiera dar más de si la relación entre Ellen Parsons y Patty Hewes, sino porque no confiaba en la pericia de los guionistas. Pero a veces vale la pena pasar por un bache, por hondo que sea, y Daños y Perjuicios supo compensar al público.


Como si ellos mismos supieran que había sido un bodrio, pudimos olvidar que William Hurt y Marcia Gay Harden habían pasado por allí, y pudimos hacer ver que Rose Byrne no se había pasado cada episodio con esa pose amenazante mientras sostenía una pistola con la mano (una imagen estupenda que al final no significó nada). Ellos aplicaron fanesia y yo también.


Así, partiendo del hecho que esos trece episodios nunca existieron, Daños y Perjuicios encauzó otra vez todo su potencial y narró otra vez la caída de un magnate, esta vez inspirándose en el caso Maddox. Desmontaron la historia, como sólo Damages sabe hacer, y jugaron otra vez con los grises, en lugar del negro mórbido que teñía a todos los personajes del segundo año. Y, para colmo, supieron darle un sentido de la totalidad a la obra, gracias en parte a los nuevos personajes interpretados por Martin Short, Lilly Tomlin y Campbell Scott, y también del monstruoso Arthur Frobisher, que aún tenía mucho que aportar.


Entre ellos y la relación de Ellen y Patty, Daños y Perjuicios nos ha acabado brindando un doble relato acerca de la ambición, el poder y la capacidad de corromper que tiene el dinero. Y a través de esos Goliats de la economía ha sabido elaborar un discurso que ha ido más allá de la panfletaria criminalización del sistema o del propio dinero para meterse con la naturaleza de las personas. Unos seres que, cuando el viento no les sopla a su antojo, pueden ser maestros del autoengaño y justificar los medios para cualquier fin.


Inesperadamente, Damages se ha despedido por la puerta grande. Ahora lo que costará no será obviar sus fallos, sino olvidar que ha desaparecido de la programación la serie más bien interpretada y realizada de la televisión.

domingo, 5 de abril de 2009

Una secuela con mucha mala leche (Crítica de la 2ª temporada de Daños y Perjuicios)

En Hollywood no existen buenos papeles para mujeres mayores a menos que seas Meryl Streep. Así lo reconoció una vez Glenn Close en una entrevista en El País donde explicaba por qué se había embarcado en un proyecto para televisión. “Voy siempre donde están los mejores guionistas, y Daños y Perjuicios era muchísimo mejor que los papeles que me ofrecían en el cine”. Este argumento era tan cierto como falso. El Emmy y el Globo de Oro que recibió por encarnar a la feroz picapleitos Patty Hewes corroboraron que el cambio de medio había sido un acierto, aunque fue tal el éxito que se convirtió en error. Firmó para una segunda temporada. Y, además de tener en cuenta las cifras del cheque, debería haberse fijado en el guión.

Si la primera temporada fue un sorprendente thriller que mantuvo al espectador inquieto hasta el último golpe de tuerca, expectante ante cada cara a cara entre Close y la entonces magnífica Rose Byrne y que disfrutaba de cada maquiavélica estrategia de Patty Hewes, esta segunda parte ha ido tan a la deriva y ha sido tan tramposa y fallida, que por caricaturesca bien podría haber sido interpretada por un Leslie Nielsen travestido. Lo que fue una buena película en trece capítulos se convirtió en un placer culpable. Y fue un placer culpable por el supuestamente magnífico elenco que la interpretaba, por lo que había sido y por la mala leche que corría en el guión, por escribir tantos viles personajes por página y por dibujarlos sin ninguna gracia.

Marcia Gay Harden bien podría ser el ejemplo perfecto del desliz que supuso el segundo año. Ella debía ser un contrapunto a Close, un personaje relevante y una mujer de armas tomar, pero ver el esfuerzo de Gay Harden en un terreno que no era el suyo (evidenciando sus terribles carencias) con un texto de risa, la convirtieron prácticamente en un sketch dentro de la propia serie. Y William Hurt también podría escenificar el calamitoso desastre, aún inmerso en el papel de psicópata en Mr. Brooks, desagradable a más no poder y vestido con unas camisas de hilo que bien podrían haber supuesto el despido del responsable del vestuario. Pero lo peor, además, es que ninguno de estos personajes (ni del sex-symbol Timothy Olyphant) acabaron aportando nada. Ellos parecen llevar el peso de la segunda temporada, cuando en realidad bien podría haber sido resuelta en 20 minutos y sin más que una anecdótica aparición por su parte.

Y es que esta vez los juegos temporales no son sólo tramposos, sino claramente mentirosos. Un delito en la profesión, básicamente, que resuelve el enrevesado entramado en un abrir y cerrar de ojos en el último minuto. Una tomadura de pelo. Y, después de ver las cartas con las que debían jugar Close y Byrne, uno entiende el porqué de la desorientada interpretación de Rose Byrne. La que fue la niña de los ojos de esta página tropieza una y otra vez a la hora de enfrentarse a la diabólica Patty Hewes, pero ¿qué debía hacer con lo que sabía que le depararía la historia?


Así que, si alguien aún no ha visto la segunda temporada, que no lo haga. Quien aún no hubiese oído nada acerca de Daños y Perjuicios, que mire la primera temporada y se abstenga de mirar la segunda. Y aquellos que hemos gozado maliciosamente al observar como caía el castillo de naipes y todos sus reyes y reinas deberemos esperar a una probable tercera temporada que se augura aún peor que esta temporada. Tendré que ir a comprar palomitas.

lunes, 23 de febrero de 2009

Instinto de supervivencia

Marcia Gay Harden, William Hurt y Timothy Olyphant. Tres pesos más o menos pesados que ayudaron a forjar la opinión que la segunda temporada de Daños y Perjuicios lograría, contra todo pronóstico, mantenerse en primera línea. El forzado final de la primera, que quería prolongar el argumento, sugería lo contrario. Y los fichajes, aunque seductores, no ocultan la pretenciosa estrategia para perpetuar una serie que debía tener una única temporada.

Faltan muchos episodios por ver, pero de momento no hay trampa-flashbackera ni contrato estelar que pueda disimular esta lacra. El gran esfuerzo narrativo que se ha montado alrededor de los guiones no ha sido tan efectivo como debería y el duelo entre Glenn Close y Rose Byrne se ha enfriado. Los textos además están siendo tan enrevesados que hay el gran riesgo de ahogar al espectador entre tanto personaje, movimiento temporal, elipsis y conspiraciones empresariales. Aunque, por lo menos, este anhelo de superación aleja a Daños y Perjuicios de otros fiascos televisivos como Prison Break, que ya se ha convertido en el ejemplo típico e histórico de una serie que no supo morir dignamente.

La audiencia tampoco está respaldando el nuevo cariz que ha tomado este thriller. Menos de dos millones de personas la siguen semanalmente, hecho que seguro que obligará a replantearse la producción de una tercera temporada. Pero no es la única.

Life o Chuck, también en su segundo curso, están siendo vilmente ignoradas por la audiencia masiva, a la vez que han sabido asentarse sobre unas bases firmes, de calidad y originales. Las pasarán canutas si quieren optar a la renovación. Sin embargo, juega a su favor que aún siguen en la parrilla, a diferencia de Mujeres de Manhattan o el pack de la ABC Eli Stone, Sexy Money y Criando Malvas que fueron guillotinadas sin ningún tipo de compasión por parte del canal.

La única, de momento, que parece que se salvará de la quema es Sin Cita Previa. Y es que, pese a unos registros iniciales insuficientes, su programación después de Anatomía de Grey ha relanzado el producto y después de realizar un exitoso crossover con la serie madre, ha conseguido levantar su número de espectadores hasta llegar a los once millones. La paradoja es que, de todas las series que peligran de cara a un tercer año, probablemente es la que menos se lo merece, con unas tramas éticas bastante ridículas y un elenco que no hay por donde coger. ¿Será la única superviviente de la malograda hornada del 07-08?

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Siéntense en sus puestos que la carrera va a empezar...

El pistoletazo de salida era tradicionalmente en septiembre. Las nuevas series empezaban de zero para labrarse un puesto fijo en la parrilla semanal y aquellas antiguas debían ratificar la confianza depositada en ellas. Este año, sin embargo, no sucede así. Ahora es en enero cuando se dispara al cielo. Y, por el momento, es fácil intuir quienes marcarán el ritmo en esta carrera que supone el 2009. Si luego resulta que tropiezan al salir o en el último sprint, ya es otra cosa, pero expectación seguro que van a conseguir.

Por la cadena FX competirán, con un exigente público a la espera, Daños y Perjuicios y Rescue Me. Con el arduo entrenamiento de Rose Byrne y Glenn Close (ahora secundados por William Hurt y Marcia Gay Harden), el thriller ambientado en el mundo de la abogacía aspira a revalidar el título: fue el campeón en cuanto a estilo y, con la cuestionable decisión de mantenerse, tiene a todos los críticos atentos a cualquier movimiento. Aunque no todo es desconcierto con respecto a Damages: ya se han filtrado informes acerca de sus primeros pasos y se espera que sean arrolladores. Después de un año de espera, Close y Byrne empezarán con el maratón el 7 de enero.

Al lado y con el mismo equipo, los bomberos neoyorquinos de Rescue Me volverán a concursar profesionalmente en abril, algo insólito desde el verano de 2007. Desde entonces, unos cuantos webisodios para levantar los ánimos entre los fans han sido el único entreno realizado. Pero el grupo de Denis Leary, también conocido como el machista Tommy Gavin, sin hacer mucho ruido promete ir a por todas. No hay nadie tan bruto como él compitiendo, ni lo ha habido desde que abandonó temporalmente. Imposible no haberlo echado de menos.

Pero a la hora de las apuestas, no hay dos valores más seguros que Perdidos y Battlestar Galactica. El primero, porque volverá dentro de un mes y cualquier movimiento de Jack, Kate y Sawyer levanta de sus asientos a la masiva audiencia que los observa, se la peguen contra una farola o suban al podio. Ya hace semanas que los están esperando (haciendo la ola y quemando bengalas). Y con respecto a los humanos y los cylon de la nave Galactica, esta última cursa supondrá el punto y final a una carrera de fondo, de cinco años, en la que han tenido que sudar año tras año para seguir. No obstante, el escuadrón liderado por el comandante Adama debe conseguir un buen resultado: o se cuelga el broche de oro o se da de morros contra el fango. Difícil encontrar un punto intermedio.

Veteranía aparte, también hay valores prometedores en esta nueva temporada. Compitiendo por la cadena Showtime, United States of Tara pretende arrasar cual huracán. Con un equipo formado por Toni Collette, la guionista de Juno, Diablo Cody, y el Rey Midas Steven Spielberg, esta nueva comedia acerca de una madre de familia con múltiples personalidades puede ser la revelación. Claro que, cuando se apunta tan alto, el fracaso también es más probable. A partir del 18 de enero se podrá comprobar.

En otra situación completamente distinta se encuentra la criatura de Joss Whedon Dollhouse. La prensa especializada ha seguido cada uno de los movimientos de este producto de ciencia ficción acerca de formateadores de mentes, pero los rumores acerca de la baja forma con la que se enfrenta al reto están colapsando los tabloides. El primer tráiler fue seductor; los sneek peaks filtrados son bastante temibles. Así que ¿cogerá el testigo de las series de culto y de calidad? ¿O se quedará en un simple divertimento para los ya fans de Whedon? Mientras, parece que Dollhouse puede convertirse en el Éric Moussambani del 2009.

Estos son los concursantes que, por ahora, se sabe que van a dar que hablar. Que luego, durante la carrera, den que hablar otros, ya es algo incontrolable. Lie to Me con Tim Roth o Castle con Nathan Fillion también tienen previsto comparecer en la cita, pero el eco mediático que despiertan ni se asemeja a los ya analizados. ¿Qué opináis de los corredores del 2009? ¿Demostrará Glenn Close estar en tan buena forma como antes de largarse? ¿Se habrá oxidado el bombero Gavin? ¿Fracasará la nave Galactica en su intento de dar respuesta a todas las escrituras sagradas? Hagan sus apuestas.

Y como es fin de año... un recuerdo seriéfilo y guía para las campanadas.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Emmys '08: Tina Fey is the new bitch

Lo único que tenía en contra era su perfección. ¿Iban a tenerle rabia los académicos de los Emmy por ser tan ególatra? No solamente creó una serie, Rockefeller Plaza (30 Rock), sino que se metió de lleno en los guiones, en las tareas de producción y, encima, se otorgó el papel protagonista. Realmente, tener manía a Tina Fey era fácil. Pero no. Los académicos han valorado, justísimamente, el gran esfuerzo de esta excelente artista que ha logrado esta pasada madrugada coronarse oficialmente como la reina de la comedia al ganar, cumpliendo con todos los pronósticos, los premios a la mejor actriz de comedia, al mejor guión y a la mejor serie. Y esto, además, le viene en las mismas fechas en las que ha conseguido meterse el mundo en el bolsillo con su imitación de Sarah Palin (que a su vez ha reconocido haberse disfrazado de Tina Fey), y el mismo año en el que estrenó en cines como actriz principal Baby Mama, con probada eficacia en taquilla. Sí, efectivamente, Tina Fey is the new bitch (para entenderlo mejor, mirad el vídeo del youtube del final). Claro que, por supuesto, no fue la única en subir al escenario.

Las otras grandes ganadoras de la noche fueron, sin lugar a dudas, Mad Men, Daños y Perjuicios y John Adams. La primera porque obtuvo el cantado reconocimiento a la mejor serie dramática (aunque a John Hamm se le escapó el premio al mejor actor en favor de un compañero de la cadena amc, Bryan Cranston, por Breaking Bad). La segunda porque dos de sus actores, (la cantadísima) Glenn Close y Zeljko Ivanek, se alzaron con los respectivos galardones a la actriz principal y al actor de reparto (quien le iba a decir a Ted Danson que quien le robara el premio sería su compañero). Y la tercera porque, también predeciblemente, John Adams arrasó en casi todas las categorías en las que competía, con estatuíllas a la mejor miniserie y para Laura Linney y Paul Giamatti.

Asimismo, la gala de los Emmy resultó ser como se intuía: aburridísima, con cortes publicitarios continuos (impresionante), una mezcla de presentadores sin ningún tipo de gracia (los cinco nominados al mejor presentador, entre los que se encontraba una felizmente objetivizada Heidi Klum) y un arranque flojísimo que dio cierta sensación de déjà-vu, por más que la nueva hornada de series se llevara unos cuantos premios. Y es que Jeremy Piven se hizo con su tercer consecutivo por su interpretación en El Séquito (Entourage) y Jean Smart, gracias a Samantha ¿qué? (Samantha Who), también dispondrá de una tercera estatuílla. De esta manera, Kristin Chenoweth, ese bombón que ha robado el corazón a más de uno con Criando Malvas, se fue con las manos vacías de la misma forma que lo ha hecho por enésima vez Neil Patrick Harris (¿cuándo van a satisfacer todas esas voces que claman a favor del robaescenas de Cómo conocí a vuestra madre?).

Otro que en cambio sí que ha visto como le resolvían una cuenta pendiente ha sido Alec Baldwin (por Rockefeller Plaza). Mientras que el año pasado se planteaba imposible que recibiera el Emmy después de hacerse público que había amenazado a su hija por teléfono, ahora el asunto ya se ha pasado por alto (disculpas incluidas) y se ha tenido en cuenta la labor de este actor que ha encontrado en televisión un hueco para él. Otra razón de peso para declarar como ganadora indiscutible de la noche a Rockefeller Plaza, que gracias al prestigio de los premios consigue renovar año tras año. Esperemos que siga así.





Entiende porqué Tina Fey is the new bitch.


Los académicos alucinan con House

La dirección, pese a que no se le dé tanto bombo en televisión como en el cine, no deja de ser uno de los premios más importantes de los Emmy y este año han ido a parar en la categoría de drama a House y en comedia a Criando Malvas. Probablemente a la vista de todos la nota la dé esta última, una nueva serie de este año que con tan sólo nueve episodios se ha llevado el premio (y gracias a Barry Sonnenfeld, responsable del piloto). Sin embargo, al analizar el episodio entregado por parte de la serie médica, la sorpresa la da el doctor más insoportable de la televisión: 'La cabeza de House' fue uno de los episodios más vulgares de la temporada. Las alucinaciones del médico, esa patraña para desvelar que Amber estaba al filo de la muerte, un ritmo inaguantable por culpa de un guión muy cojo... Quizás no era culpa de los directores, Katie Jacobs y Greg Yaitanes, pero alabar tan irregular episodio sólo indica la voluntad de los jueces de premiar House. Eso sí, no seré yo quien mienta y diga que la realización no es casi siempre impecable (y que esas alucinaciones no nos llevaron a la mejor season finale de la primavera pasada).

jueves, 15 de mayo de 2008

Daños y perjuicios: Misericordioso abrigo verde

Ellen Parsons era una sobresaliente licenciada en derecho que consiguió trabajo en el bufete de la muy ambiciosa Patty Hewes cuando esta se enfrenta a uno de los mayores casos de su carrera. Seis meses más tarde, encuentran a Ellen con el abrigo verde manchado con la sangre de su prometido. ¿Qué sucedió?

El nuevo drama de Glenn Close, que ya había trabajado en producciones de la cadena FX con The Shield (conocida en Catalunya como Vic Mackey), prometió desde el momento en que se anunció el elenco. ¿Qué no se podía esperar de un proyecto que se centrara en esta magnífica actriz? Pues las expectativas no fallaron. En la primera temporada de Daños y Perjuicios (Damages) se halló uno de los más estimulantes thrillers que han pasado por televisión. Magnético, de los que te dejan pegados a la silla.

El planteamiento ya es de los que dejan sin aliento: vemos a una inocente Rose Byrne adentrándose al mundo de la abogacía... y ya sabemos, desde el principio, que acabará con la sangre de un asesinato impregnándole el abrigo. Quizás el proceso de reconstrucción de la historia es algo tramposo, pero debe reconocérsele su efectividad y, más que mentirnos, hace mirar hacia otro lado y deja con interrogantes. Claro que (casi) toda respuesta acaba llegando en su momento.

Y es que en el método no reside el problema, sino más bien en lo muy intrincado del argumento. La inocencia de la abogada, los viajes temporales, las siempre enigmáticas escenas de Patti Hewes, peor que Cruella De Vil, las tribulaciones del excelente Ted Danson como Arthur Frobisher, el demandado, y las subtramas que se van pegando colateralmente obligan a tener fe en el conjunto. De hecho, suerte del camino hacia al infierno de la protagonista (el de Byrne, a quien ya alcé un pedestal en otro artículo), puesto que si no fuera por ella, resultaría demasiado difícil depositar la fe en este producto tan bien diseñado. Por ella como personaje y como actriz, ya que en el reparto reside una parte elemental del éxito de este último hit en el mundo de la abogacía, que tanto se desmarca de otras series centradas en esta profesión como El abogado, Eli Stone, Shark o Ally McBeal. Daños y Perjuicios, más que una serie, es una película de diez horas. Por esto, y por lo enrevesado de la historia, casi es más aconsejable esperar a su edición en DVD.

Guión y actores aparte, este drama es un más que notable ejercicio de estilo, con una mezcla de funcionalismo televisivo y de la ambición de quien tiene un ojo puesto en la gran pantalla. Pese a seguir una misma línea, la realización se toma ciertas licencias con el potente uso de ‘I think I smell a rat’ de los White Stripes después de un falso final en el episodio piloto y un uso de la música que celebra el cinismo y la maldad que impera en la serie. Asimismo, durante todo el metraje se lanzan unos guiños al espectador de los que provocan incómodas sonrisas, como cada vez que aparece en pantalla lo que se sabe que será el arma homicida (y que consiguen enfocar en cada episodio) o la aparición del fatídico abrigo verde de la protagonista en los flashbacks. No sólo Byrne está estupenda con el precioso abrigo, sino que la envuelve en un halo de fatalismo y misericordia que recuerda que la sangre aún está por llegar.

sábado, 26 de abril de 2008

Daños y perjuicios: Byrne, a la altura

Le pasó a Anne Hathaway. Protagonizó El diablo viste de Prada y no es que se llevara todos los laureles su compañera Meryl Streep, sino que la productora prefirió promocionarla como protagonista. Y Streep se llevó una nominación al Oscar por su interpretación de la desagradable editora de una revista femenina. ¿Y la vis cómica de Hathaway en esa comedieta? Pero es que en realidad, no era una cuestión de talento: los minutos en pantalla hablaban por si solos. No dejaban lugar a dudas.

Lo mismo le ha pasado a Rose Byrne. Ha protagonizado Daños y perjuicios (Damages) y todos los laureles han ido a parar a Glenn Close. No sólo esto: además la nominaron como actriz secundaria por esta serie, mientras que Close ganó el globo de oro a la mejor actriz principal. El nombre o, mejor dicho, el renombre, es lo que manda. Además, curiosamente el caso es muy parecido al de El diablo viste de Prada: en ambas producciones se ha dado los papeles más jugosos y ambiguos a dos vacas sagradas. Streep y Close son pesos pesados de la industria, cierto, pero también se les dieron unos personajes en bandeja. Cualquiera que haya visto alguna vez a Close actuando, sabrá que encarnar a Patti Hewes era para ella un caballo ganador. Se le da bien (como casi todo). Y no es que le reste méritos, sino que a mí la sorpresa me la ha dado Byrne. Diría que es una revelación, sino fuera porque la chica ya está muy rodada.
A una ganadora de la Copa Volpi de Venecia (a los 21 años) no se la puede llamar revelación. Ni que fuera novel. Que su carrera haya avanzado de forma irregular (de Troya a Sunshine), es otra cosa, pero Rose Byrne ya tiene un pasado fílmico a sus 28 años. No soy experto en ella: ni tan siquiera he visto su laureado The Goddess of 1969. Sin embargo, ya me llamó la atención en 28 semanas después. Como en Daños y perjuicios, interpretaba a una chica inmersa en un órgano éticamente reprobable pero que intentaba seguir la vía correcta. Pero lo que más me atrae de ella es su inocencia. La mostró en la muy recomendable película de terror y también se recrea en ella con la Ellen Parsons de la serie de FX. Qué decir de ella, pues realmente parece un ángel caído del cielo que se va corrompiendo poco a poco, y tal fragilidad consigue preocupar al espectador.

Solamente me indigna un poco que se venda a Daños y perjuicios como si se tratara de un recital interpretativo de Close. Anunciar esto es decir una verdad a medias. Byrne también está para darle la réplica en otro terreno: no el de la maldad, sino de la bondad, muy a menudo más difícil. Y no pondría la mano en el fuego a la hora de apostar por Close: esta joven actriz de origen australiano también pega muy fuerte.