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miércoles, 17 de diciembre de 2014

El desafortunado machismo de Sorkin

Estos días Aaron Sorkin está para felicitarle. Él, que se considera un Mesías de la sociedad con sus lecciones sobre moralidad, política y (anti)tecnología, no despertó el debate que esperaba con el quinto episodio de la última temporada de ‘The Newsroom’: lo único que hizo fue ganarse detractores. Como es un hombre cuya voz se percibe claramente a través de sus personajes, pocos críticos americanos le perdonaron la discusión entre un periodista y una chica presuntamente violada, que discutían sobre la presunción de inocencia, de culpabilidad y el deber de los medios de comunicación.

Puede que no quisiera parecer claramente machista (o criminal) pero, al intentar mezclar tres debates en una misma conversación, le quedó un discurso horrible. La frase “me siento obligado a creerme al tipo turbio” dirigida a una chica traumatizada es probablemente el peor momento del año 2014. Sí, no siento ninguna simpatía por este guionista tan adorado desde ‘El ala oeste’, pero aquí se metió en camisa de once varas sin ninguna necesidad y saliendo claramente herido.

Él quería hablar de los riesgos de internet y del periodismo populista, pero contraponer estas ideas que tanto le obsesionan justo con una víctima no fue la mejor decisión posible. ¿Y es justo que el personaje de Don elija por ella, negándole la libertad con paternalismo y en cierto modo haciendo que esa chica sea forzada otra vez por un hombre? No, no estuvo acertado y no creo que nadie se imagine teniendo esa misma conversación: no por no tener principios morales tan avanzados sino porque delante de una víctima quizá es mejor no exponer el terrible daño social que puede comportar acusar a... tu agresor. Con esto no reclamo que los programas de noticias se conviertan en circos mediáticos pero, si se creyera a esa universitaria, ¿Don no tendría la obligación de investigar porqué las autoridades fallaron a la hora de procesar su crimen?

Pero esto no es todo. Estos días están siendo muy prolíficos para el guionista ganador de un Oscar por ‘La red social’. Por ejemplo, una guionista de ‘The Newsroom’ explicó en Twitter que había estado horrorizada por el guión de ese episodio y que tuvo una discusión con Sorkin que acabó con ella no participando más en el episodio. Según Sorkin, esta chica ha violado la intimidad de la sala de guionistas. Los hay que opinan que esta chica no volverá a trabajar nunca y luego hay quienes defienden que nadie se lo tendrá en cuenta: alguien tenía que denunciar ese desastre de texto y, si yo fuera ella, no querría que me vincularan con algo tan desafortunado (y evitable). Los ejecutivos de HBO debieron darse golpes contra la pared por darle tanta libertad creativa a este hombre que, recordemos, tiró a la basura el presupuesto de dos episodios de la segunda temporada porque no estaba convencido con el resultado final. Ni quiero imaginar cómo debían ser los episodios.

Y es que el pobre no puede evitar los comentarios desafortunados. Por ejemplo, opina que los Sony Leaks, esta filtración de correos privados de los productores de Sony y que le ha perjudicado, es peor que la filtración de los desnudos de Jennifer Lawrence y otras estrellas. Sorkin, es cierto que es terrible que se amenacen a las familias de los directivos por la distribución de la película 'The Interview' pero no hace falta que compares esta violación de la privacidad con otra violación de la privacidad muy explícita. No es necesario, sobre todo cuando ahora mismo se te conoce como un machista en Hollywood.

Esto debería contribuir, por ejemplo, a que no digas cosas como que “sólo Meryl Streep y Helen Mirren pueden jugar con los chicos” y que Jennifer Lawrence ganó el Oscar por hacer su trabajo mientras que Daniel Day-Lewis hizo algo superior en ‘Lincoln’. ¿Es verdad? Sí. ¿Todos los años el nivel de los papeles protagonistas tiene en ese nivel? Ni en broma. Veamos ‘Las horas’, ‘Cisne Negro’, ‘Monster’s Ball’ o ‘Blue Jasmine’. Pero es que, según él, Cate Blanchett no estaba a la altura de ninguno de los nominados al Oscar de ese mismo año pese a estar fantástica. Si alguien no piensa que esta opinión es muy machista (por lo menos si han visto la película de Woody Allen), es que viven muy cegados por su amor a Sorkin.

Si en realidad estas opiniones solamente quieren denunciar la falta de papeles potentes para las actrices (que supuestamente es lo que hacía y sigo siendo incapaz de meter ‘Blue Jasmine’ en esta categoría), quizá debería replantearse su talento. Hay obras audiovisuales que tienen protagonistas masculinos y no pasa absolutamente nada, pero pocas series han sido tan vapuleadas por el retrato de sus personajes femeninos como ‘The Newsroom’, que podríamos calificar como una serie en teoría igualitaria (en cuanto a minutos en pantalla de los dos sexos, número de personajes, peso en las tramas). Pero ellas son unas histéricas y ellos las aleccionan con condescendencia.

Y, con tanta metedura de pata, no puedo evitar acordarme de ‘La red social’ y preguntarme si la relación del protagonista con las mujeres tenía que ver con Mark Zuckerberg o si era un reflejo del propio Sorkin. El diálogo con el que arrancaba la película, donde el creador de Facebook era condescendiente con una mujer y le faltaba al respeto de forma automática, podría enmarcarse perfectamente dentro de ‘The Newsroom’. Y lo peor es que el personaje terminaba la película sin entender porqué esa ex no le aceptaba la solicitud de amistad en Facebook como el propio Sorkin, que todavía finge sorprenderse cuando le cuelgan la etiqueta de machista.

P.D.Podcast: De esto, por cierto, hablamos en 'Yo disparé a J.R.' junto otros temas jugosos. Aquí tenéis la guía del podcast:
- 00': Introducción. 
- 04': Las nominaciones de los Globos de Oro. 
- 12': 'Happy Valley', la sorpresa británica del año. 
- 22': La polémic a de 'The Newsroom'. - 43': ¿Cómo avanza 'Jane the virgin' hasta el 1x08? - 55': 'Arrow' y 'The Flash' con spoilers (4x10 y 1x09). 
- 75': Sección de respuestas.

 

martes, 10 de septiembre de 2013

¿Qué tal ha ido el verano? (I): Los desechos

Que ‘Breaking Bad’ no nos nuble el juicio. Puede que el verano sea el momento adecuado para que algunas series de cable brillen, pero en general es una estación de ficciones ligeras que, más que descubrir series nuevas, sirve para conocer de antiguas y ponerse al día. Sólo en una época tan intrascendente hubiera elegido ver ‘Devious Maids’ o ‘Twisted’ pero, como tampoco había mucho más que ver, me entregué a ellas.

Que conste que ambas acabaron siendo unos placeres culpables decentes. La primera por chabacana y divertida. Nunca me atreveré a decir que es la sustituta de ‘Mujeres Desesperadas’ a pesar de que copia el esquema línea por línea (algo que Marc Cherry puede permitirse que por algo es el creador de ambas), pero algunas de sus líneas son desternillantes. Nunca aguda, sí graciosa. Y ‘Twisted’ fue previsible pero resultó entretenida, sobre todo porque tenía una dirección muy clara y cada episodio tenía sus avances y lo que yo llamo sus momentos de amistad. Escenas donde todo se aparcaba en favor de las relaciones de todos sus protagonistas, ya fueran los adolescentes protagonistas o las madres. Ellas en concreto estaban bastante inspiradas: Denise Richards será mala actriz pero hasta llegó a transmitir la desesperación de ser madre.

Fue una serie más de personajes que, por ejemplo, ‘Under the Dome’: el fenómeno que tiene puesto el piloto automático desde que comenzó. Un drama de ciencia ficción cuyo único atractivo es el high-concept, lo cual siempre es mala señal. Si Brian K. Vaughan quería hacer una serie de varias temporadas, lo inteligente hubiera sido enfocarla más como drama que como misterio. Vamos, que tendría que haber escrito personajes interesantes y en los once episodios que he visto no han hecho acto de presencia. Pero, como el verano es una época tan descafeinada, hasta he llegado a conformarme con los dos mini-avances en el tema de la cúpula de cada episodio. Lo que tienen las altas temperaturas.

Por la redacción de Aaron Sorkin, sin embargo, no paso. ‘The Newsroom’ quiso reducir la superioridad moral de los guiones y hay quienes dicen que lo logró. Pero Sorkin sigue siendo un repelente y un arranque de temporada menos odioso no hizo que cambiase de opinión. A otra cosa, me dije, y para no quedarme huérfano de HBO retomé ‘True Blood’. Buena decisión. Tuvo una temporada entretenida (lo cual fue un milagro después de un par de temporadas repletas de tramas soporíferas) y emitió un último capítulo que sirve para introducir una séptima y última temporada que apunta maneras. Y quien la cagó fue Showtime, que quiso colar ‘Ray Donovan’ como una serie de calidad y al cabo de dos semanas la gente prefirió fingir que no existía. ¿El peor piloto del año? Posiblemente.

¿Qué otras series no pude soportar? Pues ‘Teen Wolf’, que vi entera solo por principios; ‘Camp’ resultó tan descafeinada que hasta me olvidé de seguirla; y esta vez ni intenté seguir las series de TNT y USA Network y 'The Fosters' de ABC Family, también muy de segunda. No había mucho que ver, cierto, pero era mejor destinar esas horas a series mediocres de invierno (‘The Vampire Diaries’, ‘Revenge’), temporadas y ficciones pendientes (caerá otro texto al respeto) y a realities (y otro) que a estas obras tan inocuas que, más que un entretenimiento, son una pérdida de tiempo. Suerte de ‘Orange is the new black’, que ante semejante sequía de series de calidad, fue un refrescante oasis en el que refugiarse.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Sorkin cogió la goma

Existen pocos guionistas tan sinceros (y con tanto talento) como Robert y Michelle King, que reconocieron que una trama no les había funcionado a pesar de que el nivel de ‘The Good Wife’ seguía estando por encima de las demás series. Pero los hay como Aaron Sorkin que, aunque no se disculpen por cuestiones de ego, dejan entrever que son conscientes de sus errores.

Así debió entenderse la cabecera de la segunda temporada de ‘The Newsroom’. Algunos la calificaban como clásica y otros como rancia, y han modificado la magnífica (pero pasada de moda) sintonía y la han adaptado a los nuevos tiempos. Una decisión que, en realidad, quiere comunicar que la serie se ha hecho un lavado de cara. Y los cambios o son para renovarse (algo necesita la segunda temporada de una serie), o porque algo no funcionaba. Vamos, que Sorkin sabía que se la jugaba si ignoraba todas las críticas porque, cuando tienes a toda la crítica en contra, es que quizá algo haces mal (o eres un genio incomprendido, algo poco probable teniendo en cuenta que se rendían a sus pies con ‘The West Wing’ y el estilo es el mismo).

Al principio de rodar la temporada, de hecho, él mismo pidió quemar los dos primeros episodios, los re-escribió y los volvió a rodar. Hay quienes defienden sus agallas como creador pero dudo que al canal le entusiasmara la idea de perder dinero de forma tan gratuita, pero debieron aceptar para ver si finalmente Sorkin les escribía una serie que alimentara su reputación y no que la tirara por la borda. Y estos retoques, según dicen, se notan.

En mi caso, reconozco que únicamente he visto el estreno de temporada. He leído, sin embargo, que hay indicios de mejora en todos los campos. Para empezar, la temporada se sustenta en flashbacks a partir de los cuales podremos averiguar porqué demandan a la redacción (y su abogada, por cierto, está interpretada por Marcia Gay Harden). O sea, no son profesionalmente perfectos. También dicen en el podcast de Firewall and Iceberg que hay más personas aparte de Will McAvoy que tienen momentos de lucidez e importan verdades a sus congéneres. Que finalmente se intuye que el protagonista es republicano y no solamente de boquilla. Y aun así no pienso retomarla.

El motivo es el siguiente: los personajes de ‘The Newsroom’ son insufribles. Da igual si tienen razón o no. Cada vez que abren la boca, resultan tremendamente arrogantes. Deberían ser héroes cotidianos pero resultan más antipáticos que cualquier antihéroe televisivo. Especialmente Will, cuya forma de presentar el informativo es aburrida y cuesta verle como un referente cuando parece que esté en el plató castigado. Y, encima, no soy simpatizante de la forma de escribir de Sorkin. Sí, es cierto que explica conceptos enrevesados con facilidad, pero en esta serie se notan demasiado todos los hilos cuando algún personaje empieza a soltar un sermón. Y, sin personajes soportables, no hay serie que valga.

P.D.Podcast: De ‘The Newsroom’ hablamos también en el regreso de ‘Yo Disparé a J.R.’, el podcast que grabo con Marina Such del blog El diario de Mr MacGuffin. Pero también hablamos de más cosas, incluyendo algún estreno, y aquí tenéis el menú del programa:
0’: Presentación y ‘Orange is the new black’. ¿La revelación del año?
23’: ‘The Bridge’, el remake americano de ‘Bron/Broen’.
35’: ‘Under the Dome’. ¿Aporta lo suficiente?
48’: Dejamos ‘The Newsroom’.
62’: ‘The Killing’. ¿Se resolvió correctamente el caso?

lunes, 31 de diciembre de 2012

Lo peor de 2012

La televisión de este año no sólo tuvo buenos programas y momentos para la memoria. Para que estos existan, también tiene que haber mucha morralla fallida o de mal gusto entre la que destacar. Así que aquí tenemos la lista de la basura televisiva de la última cosecha. Lo peor del año.

El No-Do de Sorkin: Se creía que de la suma de la pluma de Aaron Sorkin y el canal HBO sólo podía salir una especie de Mesías que devolvería la fe en los medios de comunicación porque se había propuesto hablar del tratamiento de la información y como puede haber principios en las redacciones. Por mala suerte, The Newsroom dibujó unos personajes hiper-repelentes con tendencia a ser condescendientes (si son hombres) o histéricos (si son mujeres), sermoneó al público del canal y trató noticias pasadas dando por supuesto que él sería mejor director de informativos que cualquier profesional del sector. Un cero patatero.

Los estrenos de otoño: La crítica americana se agarró a Nashville como si no hubiera un mañana porque la televisión estaba huérfana de algún estreno decente. Arrow fue otra de las excepciones que confirmó la regla.

X Factor US: No, Simon Cowell, no hay forma de salvar este descalabro musical. Incluso la nefasta última edición británica, marcada por unas votaciones que se cargaron el programa (Melanie Mason, Ella Henderson), le dio mil vueltas al karaoke con Britney y Demi Lovato.

Los flashes de Shonda: Podríamos emborracharnos cada vez que alguien dice “leader of the free world” o “we’re gladiators in a suit” en Scandal, pero diría que lo que más recrimino a esta serie son las cortinillas. Un festín de innecesarios flashes que separan todas las escenas de lo nuevo de Shonda Rhimes, una serie que cree ser un drama político denso e inteligente y que se queda en mamarrachada.

El avión de Meredith: Otro ataque a Shonda. La creadora de Anatomía de Grey demostró que había perdido cualquier tacto y estrelló un avión para dar un giro dramático a su serie. ¿Por qué escribir tramas de personaje y hacerlas avanzar progresivamente hasta llegar a un clímax cuando puedes liarla parda de forma totalmente gratuita?

La esposa del ejército: Como Claudia Joy no había tenido suficiente mala pata después de perder una hija y sufrir diabetes, los guionistas de Army Wives la mandaron a diálisis porque sus riñones habían dejado de funcionar, recibió un trasplante de su mejor amiga, se quedó fiambre durante unos segundos durante la operación y, mientras se recuperaba en una casa en la playa, fue secuestrada por un violador-asesino al que mató junto a Denise. Esto último en un solo episodio. Puede que una parte de mí crea que es magistral que tengan semejantes agallas, pero no puedo negar que también está en el vergonzoso altar de lo peor del año.

¿Otra vez, Nucky?: Ese desagradecido momento en el que veo la presentación de Boardwalk Empire y me doy cuenta que por enésima vez tendré que ver un montón de episodios aburridos para llegar a un clímax final antológico. No, esta vez ya me niego.

Las renovaciones de contrato: No mencionaré qué series se han visto afectadas por respeto a aquellos que logran vivir al margen de la actualidad televisiva, pero ojalá ningún medio de comunicación cubriera las renovaciones de contrato. Quitó suspense (dos veces) a una de las series de aquí arriba y estos últimos días me han destruido un capítulo muy esperado.

Los trapos sucios de AMC: Primero fue la negociación de contrato con Matthew Weiner, después las discusiones con Vince Gilligan para tener una última temporada de Breaking Bad en condiciones, echaron a Frank Darabont de The Walking Dead y estamos acabando el año con Glen Mazzara y su sonado despido. AMC pudo atraer a la crítica y los premios de forma precoz, pero ahora está aprendiendo cómo funciona el negocio. Y le queda bastante. Le tocaría también una mención especial a la patada en el culo a Dan Harmon por parte de NBC y sus disputas públicas con Chevy Chase, igual de deplorables.

Sé que hay muchas más series o episodios que deberían estar aquí pero ahora no tengo tiempo para seguir con el repaso. Lo importante, que era meterse con Sorkin, ya está hecho. ¿Y vosotros a quién añadiríais?

jueves, 30 de agosto de 2012

El telediario acabó

Debería dar las gracias a Aaron Sorkin. Él ha provocado que este verano carente de cualquier estreno de interés fuera un poquito más divertido de lo que debiera. Los episodios de The Newsroom, por odiosos que fueran, siempre tenían aspectos que analizar (sobre todo para mal) y, por suerte o por desgracia para él, ha habido perspectivas bastante polarizadas al respecto. De esas que contribuyen a la discusión y también a cierto talibanismo televisivo.

Hubo un momento, de hecho, en el que tuve que reírme de mí mismo en twitter. Mi cuenta se había convertido en una herramienta de acoso y derribo de la serie (también porque, como he dicho antes, no tenía mucho más de qué hablar). Algo que, paradójicamente, se podría criticar a todos los responsables de News Night, el programa de noticias ficticio sobre el que escribe Sorkin. Como los periodistas no estaban de acuerdo con el tratamiento de los hechos y las ópticas adoptadas por los rivales informativos, se plantearon su trabajo como una maniobra para abrir los ojos a todo el país y destruir a todos aquellos que, según su opinión, no tenían la razón y contribuían al empobrecimiento de la democracia. The Newsroom, que conste, dudo que afecte tanto al bienestar de la sociedad norteamericana.

Uno de los debates que ha alimentado durante estos meses ha sido el del visionado del odio. Porqué algunas personas ven programas que dicen no soportar y critican en público, y creo que en este frente la página Vulture dio en el clavo. Según su experiencia, el visionado ha sido una mezcla entre hate-watch y hope-watch. Por un lado rabiaban y se enojaban tanto que incluso encontraban cierto punto de placer entre tanto despropósito, y por otro aún esperaban que Sorkin encontrara algún tipo de equilibrio y sentido común. Aún contemplan la posibilidad de que The Newsroom se reformule en una buena serie en su segunda temporada y coincido en que tiene potencial. Otra cosa es que esta primera temporada lo hayan explotado de forma errónea todas las veces y que la season finale dé a entender que están encantados de conocerse.

Las metáforas y parábolas de Sorkin han estado desbocadas y faltadas de tacto; las mujeres son tan histéricas como estúpidas (Maggie, la mujer más inteligente de la serie, no sabe restar); el creador imparte clases de ética del periodismo y luego resuelve las situaciones porque sus personajes tienen parientes y conocidos directos por todo el planeta; y habla de la profesión despreciando la tecnología, como si hoy en día no fueran de la mano. Si os queréis divertir, os aconsejo leer el abecedario de defectos de Vulture, mucho más completo y al que pertenecen estos puntos (y que me facilitó Aldridge).

Ante estas críticas, algunos han defendido que el mayor problema de The Newsroom es que ha querido hablar de unos sucesos reales creando un universo alternativo muy idealista, donde sus personajes pueden comportarse como héroes y donde preservar la integridad es su mayor objetivo. Pero no diría que esta fuera la verdadera cuestión. Cuando veo ficción siempre sé que no es real, pero debe ser verosímil como espectador, y The Newsroom no ha funcionado en este aspecto. Por el tratamiento de la información, por sus diálogos y por sus personajes. Y Will, McKenzie y Mac probablemente se llevan la palma como los seres más insoportables de toda la televisión, lo que no es muy buena señal de cara a la próxima temporada. Todo, como diría Dianne Lockhart, muy “in my opinion”.

jueves, 9 de agosto de 2012

El NO-DO de Aaron Sorkin

Hay obras que nacen para crear polémica, pero la HBO no debía tener esta idea en mente cuando compró The Newsroom. Por estos lares, el público se ha dividido entre aquellos que consideran que Aaron Sorkin es una deidad del guión y que el proyecto rinde a casi todos los niveles, y los hay que lo ven trufados de defectos y especialmente irritante. Sea como sea, uno de mis pasatiempos favoritos de este verano está siendo leer los blogs y resúmenes semanales de las publicaciones norteamericanas. La crítica de allí está bastante de acuerdo en que no está a la altura de las expectativas y que sus pedantes pretensiones se merecen un castigo, de aquí que le den a diestro y siniestro, pero mucho siguen a la espera de que su creador sepa aprovechar todo el potencial y haga algo decente con News Night. Aquí, a modo de resumen, están algunos de los puntos más criticados y en los que coincido plenamente:

Las lecciones
Sorkin muestra el día a día de la redacción de un programa de noticias tratando sucesos que realmente sucedieron como la aparición del Tea Party o el atentado contra la demócrata Gabrielle Giffords. Lo irritante, no obstante, es que imparte clases sobre el tratamiento de la información en los medios cuando su punto de partida es posterior y tiene todos los datos encima de la mesa gracias a meses de investigación de todos aquellos que desprecia. El idealismo es admirable y coincido en varias de sus creencias, como que el afán de captar audiencia deja el rigor informativo en un segundo plano, al igual que la necesidad de acercarse al espectador mina un intento de objetividad por parte de los periodistas. Pero también es muy criticable que aleccione cuando sus personajes descubren “la verdad” con un par de llamadas y se autodenominan los salvadores de la patria, como si los ideales del presentador fueran el centro moral indiscutible de la sociedad.

Las mujeres...
Cuando se habla de machismo en Hollywood, siempre hay que coger las críticas con pinzas. Muchas veces hay columnistas que se ponen muy quisquillosas y que incluso se ofenden si un personaje lleva zapatos de tacón y no calzado deportivo. Pero el caso es que The Newsroom hace un retrato muy poco alentador de sus mujeres. Mac puede ser la productora del programa y muy lista, pero es incapaz de separar su vida privada de la profesional, no sabe mandar correos electrónicos de una forma muy bochornosa y encima tampoco sabe restar sin los dedos de las manos. Y Maggie es entrañable porque sufre ataques de pánico cuando se la somete a algún tipo de presión.

...y ellos
Tienen el defecto de ser demasiado inteligente para su propio bien. Will es tan consciente de la verdad que incluso se ha autoimpuesto la misión de “civilizar” a las mujeres con las que sale. Un rasgo que podría ser divertido si no fuera tremendamente ofensivo. Y Jim, el sabelotodo pseudohumilde, se enamora aún más de su chica cuando descubre que es una histérica que necesita su ayuda.

El falso republicano
Sorkin jamás ha ocultado que sea demócrata y, como autor, se le reconoce rápidamente su ideología. El Ala Oeste, recordemos, siempre dejó claro que este partido era el correcto. Lo tramposo, no obstante, es que en The Newsroom haya optado por describir a Will como un republicano cuando éste sólo critica a los de su partido. Si directamente asumiera que todo el equipo de redactores son demócratas (ya que allí es donde reside su verdad) probablemente el discurso sería más honesto. Incluso en su crítica a Barack Obama por no tener una postura más rígida al respecto, hay una defensa ante los detractores.

Los trucos del guión
La sutileza tampoco está siendo su fuerte. La histeria de los protagonistas no acaba de casar con la solemnidad de algunos sucesos que se tratan en News Night, de la misma forma que hay artimañas demasiado descaradas para que resulten naturales. Algunos monólogos y anécdotas se fuerzan con calzador para reforzar clímaxes o punchlines posteriores (cierto discurso de Jane Fonda, como decía Adriana Izquierdo en un programa de Yo Disparé a J.R., o también la alusión a la película Rudy), y al personaje de Dev Patel se le intenta dar color a base de brochazos. Su obsesión por el Yeti y su experiencia en un atentado terrorista han sido tan excesivos como inútiles. Por no hablar del caso 'Fix You'. Argumentar durante todo un episodio que el derecho a poseer armas de fuego debería eliminarse para después contar al atentado contra Gabrielle Giffords, que aún vive una tragedia personal, es bastante insensible. Sobre todo cuando lo utiliza como una plataforma para que todos los personajes se sientan mejor con ellos mismos, se reafirmen como faros morales y utilicen una canción tan pornográficamente emotiva como la de Coldplay.

Las elipsis
En este programa de noticias, el tiempo corre casi a tan rápido como en Downton Abbey. En siete episodios ha pasado un año entero. En parte justifica la evolución del ambiente en la redacción, pues Sorkin se saltó todo el proceso de integración por parte de los trabajadores y Mac de repente cayó en gracia a Will, pero también comporta que haya ciertos desajustes en algunas tramas. Por ejemplo, cuesta creer que Don siga con Maggie teniendo en cuenta que su novia tontea con otro hombre día sí y día también delante de sus narices. Y, si sigue avanzando a esta velocidad, ya me imagino a Sorkin dentro de poco prediciendo las noticias del futuro. No me extrañaría que se viera capaz.

miércoles, 27 de junio de 2012

El editorial de Sorkin

No me extrañaría que en septiembre, cuando empiecen las clases los estudiantes de periodismo, algún profesor decida poner a sus nuevos alumnos el piloto de The Newsroom en su primer día. Es una bonita presentación de lo que puede ser la profesión, cuyo objetivo es informar a la sociedad e influirla para bien (exponiéndole unos hechos para que entonces evalúe la realidad), como el cuarto poder que siempre se ha dicho que es y que en los últimos años parece haberse desviado de su objetivo. Will McAvoy, el presentador interpretado por Jeff Daniels, acierta bastante cuando argumenta que el público ya no busca objetividad en los informativos, sino su propia opinión.
Más allá de lo idealista de la propuesta y de su entrañable función en una presentación de la carrera de periodismo, The Newsroom ha despertado bastante recelo entre los críticos norteamericanos, a pesar del binomio que parecía infalible formado por Aaron Sorkin (responsable de The West Wing y ganador del Oscar por La Red Social) y la prestigiada HBO. Algunos argumentarán que ya en 2006 no compraron esa radiografía de la televisión llamada Studio 60, con lo que es evidente que no cae bien (lo cual también es verdad, pues tiene bastante mala prensa), pero entiendo a la perfección las opiniones adversas que ha suscitado esta nueva obra.
Para quienes no sepan de qué va, la serie muestra la redacción de un programa de noticias norteamericano que, ante la necesidad de un lavado de imagen por culpa de un patinazo del presentador (el “Jay Leno” de la información), decide volver a las raíces del periodismo y alejarse del populismo y la opinión barata a partir del fichaje de una productora ejecutiva interpretada por Emily Mortimer.
Lo curioso es que la serie probablemente no hubiera obtenido semejante backlash si el ficticio programa no hubiera perseguido noticias que ocurrieron de verdad (y cuyo punto de vista se ha puesto en duda) pues, al fin y al cabo, The Newsroom es lo que cabría esperar de Sorkin. Sus personajes hablan rápida y elocuentemente, tienden a soltar discursos, su ritmo impide que el espectador se aburra y huele a aleccionadora desde el primer minuto. Pero la superioridad moral con la que analiza el tratamiento informativo de hace dos años está bastante pasado de rosca, sobre todo cuando parece enseñar a los periodistas cómo hacer su trabajo con la perspectiva actual de esos hechos. Y un presentador ególatra no es el presidente de los Estados Unidos: no puede comportarse como si el futuro de la sociedad norteamericana recayera sobre sus hombros, ni Sorkin puede ser tan tramposo y arrogante en su planteamiento. Le describe como un republicano crítico cuando solamente tiene una perspectiva extraordinariamente demócrata, al igual que toda la serie. Sí, se pueden tener unos ideales, pero si la maniobra fuera al revés se acusaría la serie de pretender adoctrinar.
Me quedo, sin embargo, con la que ha colado el autor a la HBO: una serie con una filosofía muy de network en un canal que intenta desmarcarse de ese modelo. No sólo por una cuestión de ritmo, sino porque todos sus personajes se comportan (y la serie cree que son) héroes y tanto su tratamiento como el de sus relaciones apuntan a una ausencia total de matices, por más que Jeff Daniels grite en cada escena. Quien diría que se trata del mismo canal que apostó primero por los antihéroes, los grises y la relatividad moral.