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viernes, 28 de diciembre de 2012

Los momentos de 2012

La lista de las mejores series de 2012 vino marcada por los resultados más o menos finales de dichos programas. Esto no quita que este año a punto de terminar no haya tenido muchos más highlights que estas obras y, como ha habido muchos apuntes por aquí y por allá, aquí viene otra lista. La de los momentos más impactantes, emotivos, divertidos o entrañables del año.

- Wonderful, wonderful: Marc Cherry se pasó de ligero en la series finale de Mujeres Desesperadas, pero Johnny Mathis ilustró una escena preciosa, como tampoco olvidaré el último paseo de Susan por el vecindario y el divertido auto-homenaje final.

- Madeleine y el avión: La escena de Victoria Grayson subiendo en el avión con sus tacones de mujer fatal fueron una imagen tan potente como una posible señal de que Revenge estuviera saltando el tiburón. Todavía no sé si ha ocurrido.

- El bodorrio: Los habitantes del condado persiguieron el coche de Lady Mary y yo eché en falta tener una banderita para celebrarlo desde mi sofá.

- ¡Patrice!: Cada grito de Robin Scherbatsky demuestra que Cobie Smulders sigue siendo la mejor actriz de Cómo Conocí a Vuestra Madre.

- El episodio: El piloto de Smash puede que fuera el mejor capítulo del año. Aún recuerdo cómo se me pusieron los pelos de punto al escuchar Let Me Be Your Star.

- Bobby Cannavale: Quiso hacer la vida imposible a la enfermera Jackie pero le recordaremos este año por perseguir a unos matones en uno de los desnudos frontales más impactantes que haya visto. Bueno, desde Viggo Mortensen en Promesas del Este.

- “Sorry... I’m not sorry”: Awkward en estado de gracia.

- Los nuevos chicos del coro: Jake bailó Everybody Talks de los Neon Trees y me reconcilié con Glee.

- Jennifer Lopez: Girls es post-pedante y lo demostró utilizando el On The Floor para abrir su mejor episodio.

- Excuse me, bitches: La parodia de las Real Housewives of New Jersey en The Neighbors casi hace que me tire por los suelos.

- Sigur Ros: Puso música a uno de los momentos más bonitos del año, el final de temporada de The Vampire Diaries. Vídeo no apto para alérgicos a los spoilers.

- La caída de los Pond: El episodio de despedida de Amy y Rory en Doctor Who pudo no satisfacer a todos, pero sí tiene varios momentos memorables. Compro.

- Los créditos de Partners: Nadie se acuerda de la serie tras su cancelación pero sus créditos nos descubrieron un temazo de Imagine Dragons.

- El arco: Por favor, quién me iba a decir que la segunda temporada de Teen Wolf sería tan entretenida. Como ese highlight semanal que es ver a Alison coger su arco en el opening.

- El pene de Chloë: Hit and Miss no se desmarcó lo suficiente de Shameless como para poder apreciarla entre lo mejor del año, sobre todo porque nunca acabé de comprar su química grupal, pero la primera ducha de la transexual mercenaria no se olvida.

- Thank yew: Brenda subió al ascensor, se cerraron las puertas y la serie de cable más vista hasta ese momento, The Closer, se despidió.

- La cara de Glenn Close: Damages tampoco tuvo una última temporada memorable pero sí será fácil recordar ese primer plano final.

- Blackwaters: ¿Pero esto se puede hacer en televisión?

- Carne quemada: Sons of Anarchy y su sed de violencia. Crueldad extrema.

- La familia unida: Se puede odiar la edulcorada ternura de Jason Katims en Parenthood pero si alguien no se emociona con el anuncio de cáncer de Christina es porque no tiene corazón.

¿Y cuáles añadiríais vosotros?

lunes, 20 de agosto de 2012

El falso spin-off de The Closer

Generalmente, los spin-offs hay que cogerlos con pinzas. En los últimos años ha habido la tendencia de introducir personajes de prisa y corriendo en alguna serie de éxito y después mandarlos por otro camino y con una serie propia bajo el brazo. Sólo hizo falta ver The Finder la temporada pasada, cómo intentaron introducir un detective privado en House con la esperanza de emanciparlo (cosa que no ocurrió) o esa estrategia de la NBC de buscarse una excusa para que Parks and Recreation saliera de The Office (que tampoco se acabó llevando a cabo). En la televisión americana, de hecho, no hay un ejemplo viable desde que Addison dejó el Seattle Grace para practicar la medicina en California (Private Practice). Y, curiosamente, Major Crimes tampoco es un spin-off de The Closer por más que se haya promocionado de esta manera.

Cuando Kyra Sedgwick planteó al creador de su serie, James Duff, que quería dejar el papel de Brenda Leigh Johnson para participar en otros proyectos, tanto él como el canal TNT tuvieron que pensar cómo aprovechar su gallina de los huevos de oro antes de que pasara a otra vida. Su maniobra fue clara y directa. De repente, desarrollaron en mayor profundidad a Sharon Raydor, que había aparecido ocasionalmente para ejercer de antagonista, y le tejieron una personalidad atractiva y más simpática para que encabezara Major Crimes, la unidad antes comandada por Brenda.

La información la teníamos. La mayor parte del reparto y del equipo técnico también trabajarían en el nuevo drama policial y, si echábamos un vistazo a los guionistas de la primera temporada, se podía ver que todos ellos ya habían escrito para Sedgwick. Por esta razón se percibía como un spin-off. Podía resultar casi irrespetuoso que una serie tan dependiente de su actriz protagonista (les ganó un Emmy para una serie ignorada en las otras categorías importantes) siguiera como si nada tras su marcha. Pero en la práctica cualquier espectador de Major Crimes habrá comprobado que es The Closer con el rol de Mary McDonnell de protagonista.

Hay algunas diferencias. Para empezar, además de Brenda desaparecen otros dos personajes (y se presenta otro par) y el objetivo de la brigada adquiere otros matices. Con la excusa de la crisis económica en el estado de California, el departamento de policía se impone el objetivo de lograr confesiones y acordar penas altas con los culpables de los crímenes para evitar tener que perseguirles en los tribunales pidiendo la pena capital y gastando el dinero del contribuyente. Pero sí mantiene un paralelismo con su serie madre: los detectives a primeras no le ponen las cosas fáciles a su nueva jefa, aunque esta vez no por ser mujer sino porque no creen que pueda medirse a Brenda.

Por esta razón, cualquiera que se entretuviera con los casos de The Closer podrá seguir haciéndolo con Major Crimes. Sharon Raydor jamás será Brenda, pero este tampoco es el objetivo de Duff. Da la impresión que el responsable quiere divertirse centrándose en una policía obsesionada con seguir las reglas (algo que habrá que ver si es tan efectivo) y McDonnell tampoco intenta emular a nadie. Ha creado un personaje bastante repelente pero a la vez muy interesante y repleto de humanidad (y me pica la curiosidad ver hacia dónde llevan el asunto de Rusty). Ahora sólo falta ver si saben enmarcarla en su nuevo puesto de trabajo, que de momento ha dado para un par de encontronazos poco afortunados (Provenza como adversario es bastante desagradable de ver), y si los casos están a la altura. Ojalá esta reformulación de The Closer sirva para volver a las andadas y Duff nos brinda unos cuantos episodios dramáticos y crudos, de esos que chafaban la noche a cualquiera.

lunes, 23 de julio de 2012

Los últimos días de Brenda

En tres semanas, Brenda Leigh Johnson cogerá las chocolatinas de su cajón y dejará el despacho de la unidad de crímenes especiales de la comisaría de policía de Los Angeles. Las causas y circunstancias aún están por concretar pero, más allá de cuáles serán y quién es el topo de la brigada, me resulta más interesante valorar el legado que dejará tras de sí The Closer.
La serie creada por James Duff no inventó las series del cable básico, pero sí ayudó a definir ese páramo donde muchos canales aún dedicaban todas las horas de su programación a emitir repeticiones, desconexiones locales y programas de bajo presupuesto. FX, por ejemplo, ya había desarrollado su imagen de marca a base de ficciones propias como The Shield, Nip/Tuck y Rescue Me que aprovecharon su condición de cable para ofrecer contenidos más arriesgados, y The Closer ayudó a consolidar el modelo de algunos canales de cable. Acostumbró a los espectadores a ver series de televisión en verano, en lugar de las reposiciones y los realities de tres al cuarto que las networks suelen reservarse para los meses más calurosos.
El público respondió a la propuesta: más de siete millones de espectadores vieron la llegada de la subjefa de policía y convirtieron The Closer en la serie del cable más vista de la historia, con picos de más de nueve millones en la tercera temporada. Había un hueco en televisión para otra serie de cariz policial, con algo menos de presupuesto pero más ingeniosa en el tratamiento de sus casos. Puede que algunos consideraran que las confesiones que conseguía la detective requirieran una suspensión de la incredulidad por parte de los espectadores, pero siempre fui de la opinión que se exponían muy bien las estrategias de Johnson para conseguir que sus sospechosos renunciaran a la presencia de un abogado. Hay que alabar, también, la fantástica labor de cásting de la serie, que siempre tenía unos sospechosos muy solventes.
Si The Closer será recordada, no obstante, será por Brenda Leigh Johnson, la subjefa sagaz, tozuda y teatral que se ganó el respeto de sus subordinados a base de esfuerzo y resultados. La crítica admiró, sobre todo, que Brenda fuera una mujer femenina (con su definido look de falda, enorme bolso y sombrero) y que lo utilizara a su favor. Ella era la protagonista absoluta de una serie policíaca y ni dependía de ningún hombre, ni intentaba hacerse un hueco en la comisaría comportándose como uno más del equipo, numeroso y con bastantes roba-escenas (Fynn y Provenza, básicamente).
Kyra Sedgwick, además, estuvo a la altura del reto con su excesivo pero entrañable acento sureño y mostrando su amalgama de registros con los distintos casos. En las primeras temporadas, James Duff disfrutó cambiando el tono de la serie de episodio a episodio, intercalando casos muy cómicos con otros que aguaban el día a cualquiera y que le dieron artillería pesada a la actriz para presentarse a los Emmy, siendo nominada cuatro veces antes de ganar por un episodio de la quinta temporada, Maternal Instincts, donde aparecía su hija, Sosie Bacon. Y, con el público y la crítica en el bolsillo, se convirtió en la estrella indiscutible del cable básico con un sueldo de 300.000 dólares por episodio.
En resumen, se echará de menos The Closer, independientemente de quien siga en el spin-off encabezado por Mary MacDonnell, Major Crimes. Puede que sus casos hayan sido algo más ligeros en los últimos años, pero siempre podrá alardear de tener una brigada con mucha química, unos casos muy realistas basados en la astucia de la policía y una protagonista sólida y cuya evolución no ha tenido fisuras. Larga vida a la Reina. Larga vida a Brenda.

jueves, 26 de enero de 2012

La ley de Brenda

Cuando Brenda Leigh Johnson se presentó en sociedad hace siete años, ya mostró desde el primer momento qué virtud la diferenciaba de las demás damas y caballeros. Su sed de justicia la llevaba a hacer los interrogatorios más feroces de Los Angeles y, gracias a estas intervenciones, los sospechosos salían de comisaría esposados y hacia los juzgados con una confesión firmada. De aquí que la llamaran The Closer.


En estos años, no obstante, siempre ha habido algunos incrédulos que han considerado que las armas de esta mujer estaban al margen de la ley. Que no era ético hacer chantajes emocionales tan descarados, aprovecharse de la letra pequeña en cada acuerdo y que no valía decir verdades a medias.


Por supuesto que algunas veces cuesta entender que los testigos no entiendan las palabras “derecho” y “abogado” y que no hayan visto jamás una serie de policías para saber que lo mejor es cerrar el pico. Pero no solamente suelen tomarse la molestia de justificar porqué renuncian a este derecho o hablan incluso en presencia de su defensor (que tienden a exasperarse), sino que en su última temporada le han dado un matiz mucho más verosímil a todas estas maquinaciones por parte de Brenda cuando un abogado se empeña en llevarla ante los tribunales por dichos tejemanejes.


De esta forma, The Closer ha decidido legitimarse a si misma en lugar de despedirse con alguna trama de cariz únicamente personal. No pide al espectador que haga un salto de fe aceptando una forma de proceder bastante agresiva, sino que incluye esta petición de confianza en la propia trama. Pone a la protagonista y a la serie contra las cuerdas, como si The Closer estuviera siendo juzgada.


En el país de los litigios continuos, donde incluso hay abogados repartiendo tarjetas en las salas de espera de los hospitales, es normal que alguien quiera sacar tajada de las artes de esta mujer. Y sí, a menudo parece que se aproveche de la buena fe de la gente para salirse con la suya. Pero también hay que tener en cuenta que su labor es meter a los asesinos entre rejas.


Y en un momento en el que la sociedad se pasa el día hablando de lo injustas que son las sentencias y condenas del sistema judicial (por ser cortas y tener demasiado mano blanda) y por otra parte se pasa el día mirando con lupa que no se violen los derechos de los criminales, es por lo menos interesante la situación que plantea The Closer, sobre todo porque esa mujer prácticamente sentenció a muerte a uno de sus particulares clientes aprovechándose de la letra pequeña. Y podéis imaginar de qué lado estoy. Claro que, si la noticia saliera en los periódicos, me pregunto cuántos de sus seguidores le darían la espalda a la mismísima Brenda.

lunes, 18 de julio de 2011

Yo Disparé a J.R.: Mujeres de armas tomar y milagros de doble filo

El verano no está aquí hasta que no llega Brenda Leigh Johnson, como dijo MacGuffin hace una semana, así que es hora de hablar un poquito de ella y de las pocas novedades que se suceden estos días. Para empezar, las candidaturas a los Emmy ya fueron anunciadas, ha habido alguna revelación y toca analizar algunas de las sorpresas, aunque de forma muy breve. No podíamos pasar por alto, por ejemplo, que Friday Night Lights ha conseguido llegar al podio de los mejores dramas.


Una curiosidad también fue, por ejemplo, que el canal TNT decidiera emitir un primer tráiler del remake de Dallas entre los estrenos de temporada de The Closer y Rizzoli & Isles. No podemos tener este nombre de cliffhanger y olvidarnos de JR cuando vuelve a nuestras televisiones (aunque en realidad no llegará hasta dentro de un año).


El plato principal de este episodio, sin embargo, son las policías que reinan en el cable, las distintas formas de sus creadores de enfrentarse al crimen y también la entretenida y nada ofensiva óptica de Scott and Bailey, la versión británica de las buddy-series criminales. Y de postre nos reservamos Torchwood que con Miracle Day intenta repetir el éxito de Children of Earth pero esta vez en forma de coproducción entre el Reino Unido y Estados Unidos. Si no habéis visto nunca el spin-off de Doctor Who, avisamos que es igual de recomendable sin haber visto el clásico británico o las primeras misiones del capitán Jack Harkness.


Aquí tenéis una guía del episodio para quien quiera evitar ciertos spoilers:

- 00’: Presentación y comentario sobre el nuevo tráiler de Dallas.

- 04’: Comentario sobre las nominaciones de los Emmy.

- 12’: Las policías del verano: The Closer, Rizzoli & Isles y Scott and Bailey.

- 42’ 40’’: Miracle Day, la nueva etapa de Torchwood.


(Aviso que The Closer, Rizzoli y Scott son series cuyos spoilers son bastante relativos y, aunque haya gente que no haya visto nunca Torchwood, Miracle Day es apta para todos los públicos y encima muy recomendable.)




Si queréis también podéis obtenerlo mediante iTunes y por si acaso también os cuelgo el feed.


(Y hablando de mujeres de armas tomar, aquí una fotografía de Pamela Ewing. Cualquiera ve la foto y se acuerda de la chica inocente que llegó al rancho...)

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Los crímenes de Brenda Leigh

Algo que siempre he apreciado de The Closer es que, más que una serie visual, es una serie hablada. Nunca había necesitado de flashbacks e imágenes del crimen para explicar quién había cometido el crimen, cómo lo había cometido y cuál había sido la agonía de la víctima. Con las manchas de sangre en el suelo, las entrevistas y las hipótesis que exponía la subjefa de policía Brenda Leigh Johnson había suficiente para imaginárnoslo. Y era más cruel y realista lo que teníamos en mente que la propia representación que pudiera ofrecer la serie.


Por eso me quedé con la boca abierta cuando en la sexta temporada decidieron incluir pequeñas aportaciones visuales sobre las víctimas y los escenarios. Un detalle tan insignificante como reconstruir el crimen a base de imágenes cambiaba parcialmente la filosofía de la serie y este verano estas reconstrucciones han sido incluidas en todos los episodios emitidos en Estados Unidos.


The Closer siempre había sido lo más fiel posible a la realidad, sin detectives obsesionados con la tecnología (Thao es un experto en ordenadores, pero no vayamos a compararlo con la galería de CSI) y lo peor es que estos recursos tampoco dieron un valor añadido al producto, sino que fueron totalmente prescindibles. Con una buena explicación de la protagonista hubiéramos tenido más que suficiente, porque si ella domina un campo, este es el de la retórica y la comunicación (y las iluminaciones repentinas al más puro estilo ‘Jessica Fletcher’).


Quizá al señor James Duff, creador de la serie, le hubiera gustado poder contar con estos recursos desde un principio y por gajes de presupuesto no pudo. The Closer es de cable y poder prescindir de algunas escenas y sustituirlas por diálogos siempre es una forma de recortar escenas y por lo tanto también gastos. Pero esta limitación, más que una barrera, fue lo que distinguió a Brenda de los demás, sobre todo porque tenía unos guionistas que sabían elegir con detenimiento cada palabra para que ella no cruzara los límites de la ley y Kyra Sedgwick (por fin ganadora del Emmy por su labor) sabía dotar cada frase de la expresión correcta (y con la mirada oportuna para que nosotros, los espectadores, supiéramos cuando estaba mintiendo para lograr sus objetivos en la sala de interrogatorios).


Los flashbacks, cuando no hay excusa que valga, restan más que sumar y el sector audiovisual es demasiado caro como para invertir en futilidades que no aportan nada. Esto no quita, sin embargo, que la última temporada de Brenda Leigh Johnson haya estado a la altura de lo que se espera de ella. De hecho, incluso diría que ha subido el listón de la quinta entrega que probablemente se pasó con el humor y los casos ligeros, olvidando el reverso dramático que siempre solía azotarnos en las primeras temporadas. Y el hilo que ha dado cierta horizontalidad a los episodios, el posible ascenso de Brenda, también ha estado mucho mejor construido (la enfermedad de la gata es la peor trama de todo The Closer). Eso sí, hay tanta grandeza que no necesitamos flashbacks. Antes prefiero quedarme embelesado viendo los ojos de Kyra Sedgwick o sus inmensos labios diciéndome qué tengo que imaginar.

lunes, 30 de agosto de 2010

Emmys para todos los públicos

No abrir la tele, tener que llegar a Clan TV para ver Bob Esponja sin pasar por ningún informativo y no poder abrir el twitter o algún otro blog ha sido arduo. Habrá quienes no lo entenderán, pero evitar espoilearse los Emmy es bastante complicado cuando tu vida casi gira entorno a la televisión (cuestión, de por sí, un poco preocupante). Pero la espera valió la pena, a la vez que los premios fueran bastante previsibles, lo que no significa que me hayan decepcionado. De hecho, después del remake del año pasado, cualquier resultado iba a parecer original. Aquí una breve lista con los highlights de la noche, una serie de impresiones sobre lo más...


Supercalifragilisticoespialidoso: El número musical inicial era para llorar de la emoción (el Born to Run de Bruce Springsteen es infalible) y aplaudir con las manos y los pies al ver a tanta grandeza junta. No sólo estaban por allí los chicos de Glee (en un sketch que casi me hizo reconciliar con Chris Colfer), sino que también estaba Hurley, la monérrima Nina Dobrev, una muy graciosa Tina Fey (haciendo de Liz Lemon, o sea, de ella misma), y también esa extraña pareja formada por Joel McHale (el destroyer de realities por excelencia) y una muy paródica Kate Gosselyn (la víctima de un tercio de sus bromas). Bueno, y ver a Tim Gunn soltándole un “make it work” a Jimmy Fallon mientras imita la portada del Boss... es un sueño catódico hecho realidad.




Cansino: Que Mad Men y Brian Cranston hayan vuelto a ganar ya huele a rancio. En el caso de la serie porque es tan conscientemente inteligente, sutil y cool que empieza a apestar (y los premios sólo hacen aumentar su ego). En cambio, mientras que por fin he dado una oportunidad a Breaking Bad y me parece excelente, Cranston no me entusiasma. Demasiados tics le veo a este hombre (sobre todo para tener tres emmys en el lavabo).


Refrescante: Por suerte, no se podrá acusar este año a los Emmy de premiar siempre a los mismos gracias a la victoria de Modern Family y el sketch con el cameo de George Clooney probó porqué: es una serie en estado de gracia con un elenco muy compenetrado. Cada gag tiene una brillante idea y ejecución detrás.




Irritante: January Jones no se llevó el Emmy a la Mejor Actriz y seguramente nunca lo hará. Y he aquí porqué: no solamente demostró en el Saturday Night Live que era peor actriz que Tyra Banks, sino que además se comportó como la típica vedette estúpida por enésima vez consecutiva al salir con el equipo a recibir el premio a Mejor Drama. Otra que es de risa floja (y que tiene un Oscar en su haber) y en cambio irradia carisma es Anna Paquin. Sale, sonríe tontamente con sus dos maromos y yo sigo queriéndola invitar a conocer a mis padres.


Emotivo: Por si el número musical no fuera suficiente, los americanos demostraron con los montajes para drama y miniserie que ellos saben de qué va el asunto. Que sí, que era muy sensiblero, pero la emoción con un remix sigue teniendo mérito (y terminar el montaje de comedia con un gag sobre minusválidos tiene coraje).


Merecedor: Después de cuatro intentos fallidos Kyra Sedgwick se llevó el premio a la Mejor Actriz de Drama al que ya debía haber renunciado y sirvió para confirmar que The Closer tiene cuerda para rato. Si alguien debía ganar a Julianna Margulies y Connie Britton era ella. ¿Cómo elegir entre tres madres?


Sorprendente: Aunque actuar sea un oficio (que no necesariamente estigmatiza al sujeto), a menudo pierdo la cabeza pensando qué deben tener en común los personajes y los actores. Y difícilmente me hubiera imaginado que Archie Panjabi sonaría tan dulce (God Bless Her, aunque algunos critiquen su “this is great for my career” con el que terminó su discurso), y que Aaron Paul sería pastado a su personaje, en el recibimiento de premio más vulgar desde que Cuba Gooding Jr salió a recoger su Oscar por Jerry Maguire.


Gay Friendly: En un año en el que se habló demasiado acerca de las limitaciones de los gays en la industria y acerca de la constitucionalidad de los matrimonios del mismo sexo, se agradece que Jane Lynch salga a recoger su Emmy, que Neil Pratrick Harris sea el eterno nominado por hacer de seductor, Chris Colfer ande por ahí (aunque odie a su personaje) junto con Jesse Tyler Ferguson (homosexual reconocido), aunque gane Eric Stonestreet por interpretar a uno sin serlo y también Archie Panjabi por interpretar a la ambigua Kalinda. O que también corra por la sección de miniseries el veterano Ian McKellen y gane a Mejor Dirección de comedia el weirdísimo Ryan Murphy.


Soporífero: Ya sabéis que amo la televisión, ¿pero hace falta que las categorías a Mejor Telefilme y Mejor Miniserie sean tan aburridas? ¿No podrían esparcirlas durante la noche para que ni nos diéramos cuenta de su presencia? Eso sí, me quedó claro que toca ver Temple Grandin y que el mundo debe dar las gracias a la HBO por hacer de la televisión un lugar mejor (¿estaba en los contratos de Claire Danes y Al Pacino lo de adorar a la cadena en directo?).


WTF: Al Pacino haciendo de Al Pacino, las brutales envenenadas bromas sobre Conan O’Brian que tiraron a la NBC (que emitía la gala), el tremebundo traje de Rico 'Manny' Rodríguez, el auténtico asombro del equipo de Top Chef (y la casi caída de una de sus integrantes), la muy rara Julia Ormond (que perdió su característica clase, soltó palabras sin mucho sentido y encima se olvidó de mencionar a su compañera de reparto Catherine O’Hara) y las necesarias apariciones (en el montaje de realities) de Danielle Staub, Rob Mariano y Snooki. Ellas por ser de lo peor de América; él por ser lo mejor de Boston.


Y hasta aquí el resumen de este año. Ahora la pregunta es cuándo empezará la promoción de Friday Night Lights para Mejor Drama del año que viene, después de ver que finalmente el duro trabajo de Connie Britton y Kyle Chandler rinde sus frutos (que el próximo año podrían materializarse en estatuillas), si Mad Men seguirá ganando enemigos con su éxito crítico (¿os imagináis que El Señor de los Anillos hubiera ganado el Oscar a la Mejor Película durante tres años consecutivos?) y si The Good Wife y Julianna Margulies seguirán al pié del cañón y recibirán el cariño de una Academia que solía amar los procedimentales.


(Ah, y si no he mencionado a Betty White en ningún momento es porque gala tras gala (y cameo tras cameo) quizá también bajará a los infiernos de los cansinos. Acepto que está mayor, pero tampoco hace falta que la exprimáis tanto por miedo a que muera cualquier día de estos. Que se nota.)

martes, 3 de agosto de 2010

¿Originalidad sobrevalorada?

De forma indirecta, un crítico norteamericano se preguntaba el otro día si quedaba margen para diferenciar las series de asesinatos, ahora que se ha exprimido el punto de vista tecnológico (CSI), la estética (Medium), las personalidades (The Closer) y las tensiones sexuales (Bones). La excusa del artículo era el estreno de The Glades, que haciendo honor a esta época, ha aparecido con la única voluntad de entretener sin buscar desmarcarse de la tendencia actual de las series de criminales (como sí hizo la franquicia de Bruckheimer en su momento, por ejemplo).


Esta frase, como ocurre también con las series de médicos y de abogados, ya la había oído unas cuantas veces. Las bocas espectadoras, cuando no quieren esforzarse mucho, sueltan rápidamente sentencias de este estilo, al igual que “todas son iguales”, “los viejos tiempos siempre fueron mejores” o, en contraposición, “¡es de culto!”. Lo sorprendente era que por primera vez la oía por parte de un crítico de un periódico de renombre que, en lugar de quejarse por la falta de ambición, daba a entender que quizá ya no era posible ser original y cambiar las reglas del juego una vez más.


La pregunta que yo me haría, en cambio, es “¿hace falta cambiar las reglas con carácter urgente?”. Seguir con el esquema ‘asesinato, investigación, resolución’ no tiene porqué analizarse como una involución, un retroceso o una etapa conformista. Existirán siempre personalidades por explorar (y sin la necesidad que la Isles de Rizzoli se parezca tanto a Bones), nuevas tensiones sexuales que crear (y sin que sean tan manidas como la de Beckett y Castle), y muertes quedan por un tubo, sin necesidad de que sean pirotécnicas o rebuscadas.


Lo que debería importar al final del día es que la serie en cuestión construya buenos casos. The Glades quizá tampoco sería el ejemplo a seguir, más que nada porque es muy veraniega, los casos son un poco torpes (menos en el primero, que lo es con alevosía y con un giro de película) y cae por inercia en la moda de crear un protagonista que hace piruetas encima de la línea que separa el carisma de la imbecilidad (House, cuánto daño nos hiciste). Pero lo que tampoco se puede hacer es esperar que la tele haga lo que el cine no se atreve (y The Glades, por la época en la que está programada y por lo que es, está bien).


¿Cuántas veces hemos oído que una película es “notable”, siguiendo los esquemas tradicionales? Y es que un guión es mucho más que giros y extremismos. The Closer lo demuestra cada verano siendo clara, realista y con unas investigaciones que, siendo más o menos predecibles, son coherentes, consecuentes y creíbles (y mejor actuada). Y lo mismo podría decirse de The Good Wife con respecto al género legal. Su éxito no depende únicamente de los magníficos claroscuros del matrimonio de Alicia Florrick, sino también del saber comprender que para tirar hacia delante no hace falta renegar del pasado. Que yo sepa, lo pantalones de pitillo siempre vuelven y van y nadie se meterá con los diseñadores por saber aprovechar aquello que una vez les funcionó.

lunes, 19 de julio de 2010

La estela de Brenda Leigh

Ser literal a veces también puede ser la solución. La CBS lo fue y lograron sostener su programación durante diez años a base de series de crímenes. Pero la TNT, de cable y demasiado indecisa, se negaba a ser solamente la cadena de Brenda Leigh Johnson, la reina del verano. En los últimos dos años, intentaron emparejarla con extraños compañeros de parrilla. Primero Raising the Bar no estuvo a la altura y después Men of Certain Age dejó indiferente a un público ávido de casos. Por suerte, alguien en la cadena vio la luz y decidió ser más práctico: si tienes una serie de asesinatos que es la envidia del cable, dales a tus espectadores más cuerpos.


Rizzoli & Isles es la encargada de explotar el tirón de The Closer y, a pesar de estar a años luz de su lead-in, tampoco estuvo tan mal como algunos la querrían pintar. A la agente de policía y su amiga forense se les vieron unos cuantos defectos, pero los ingredientes estaban allí: tuvimos muertos, un asesino en serie y el atisbo de una amistad que, a la espera de pasar del piloto, podría dar buenos momentos. Si la gente le dio una oportunidad a Bones, cuyo engranaje tardó un tiempo en funcionar al 100%, y a Castle se le perdona su tensión sexual de manual (y compañeros catres), no entiendo porqué habría quienes despreciarían a Rizzoli & Isles a las primeras de cambio. Infantiles esas dos lo son un buen rato y el caso de Rizzoli no estaba peor construido que los de Booth y Beckett.


Agujeros hubo unos cuantos. ¿De verdad es tan fácil fugarse de una prisión? ¿Por qué todas las mujeres policías acusadas por un psicópata dicen que no necesitan protección? ¿Y por qué sus compañeros creen que la necesita por ser mujer? Pero a todo esto, junto con la precipitada resolución del caso, también se podría resaltar la magnética presencia de Lorraine Bracco, la pija de Isles, que aún no sabemos qué química tendrá con Rizzoli, y una estética que, siendo genérica, se agradece. Claro que estoy pasando por alto la razón fundamental por la que la defiendo: si me entretiene, ya puede ser normalita, mala o peor, que prefiero no ahuyentar al público potencial. Las próximas semanas, sin presentaciones y sin un psicópata obsesionado con Angie Harmon, podremos comprobar hasta qué punto encuentra su propia identidad en un género tan trillado. Y veremos hasta qué punto el aplastante éxito de su estreno fue flor de un día: 7,6 millones de espectadores, con una retención con respecto a The Closer del 99% (y con una décima por arriba en los demográficos).


Memphis Beat, en cambio, no ha cumplido de la misma forma, aunque quizá su puesto en la programación también indica que la cadena no apostaba de una forma tan evidente con ella (colocarla después de Hawthorne, un semifracaso del año pasado, provocaba que no tuviera lead-in). Y como les ocurre a muchas series veraniegas (sobre todo a las de USA Network) intenta ser ligera y apta para todos los públicos y se queda sin ser mucho de nada en concreto (drama, comedia, buddy movie, de personajes, realista, costumbrista). Tampoco ayuda (y esto es completamente personal) que su protagonista sea Jason Lee, uno de los actores que más repele (ya desde Casi Famosos).


La diferenciación del producto a partir del emplazamiento en la ciudad del Rey y la siempre curiosa interpretación de la desesperada Alfre Woodard (¿buena o mala?) no sirven de excusa para justificar este producto que me ha parecido el remedio light de otra mejor. A ratos da la sensación que si el detective Hendricks pudiera, se pondría las botas y el sombrero de Raylan Givens y tomaría la justicia por su mano. Y cuando una serie es la versión light de otra superior... la tabla de salvación se les escapa automáticamente de la punta de los dedos.