miércoles, 29 de septiembre de 2010

Los crímenes de Brenda Leigh

Algo que siempre he apreciado de The Closer es que, más que una serie visual, es una serie hablada. Nunca había necesitado de flashbacks e imágenes del crimen para explicar quién había cometido el crimen, cómo lo había cometido y cuál había sido la agonía de la víctima. Con las manchas de sangre en el suelo, las entrevistas y las hipótesis que exponía la subjefa de policía Brenda Leigh Johnson había suficiente para imaginárnoslo. Y era más cruel y realista lo que teníamos en mente que la propia representación que pudiera ofrecer la serie.


Por eso me quedé con la boca abierta cuando en la sexta temporada decidieron incluir pequeñas aportaciones visuales sobre las víctimas y los escenarios. Un detalle tan insignificante como reconstruir el crimen a base de imágenes cambiaba parcialmente la filosofía de la serie y este verano estas reconstrucciones han sido incluidas en todos los episodios emitidos en Estados Unidos.


The Closer siempre había sido lo más fiel posible a la realidad, sin detectives obsesionados con la tecnología (Thao es un experto en ordenadores, pero no vayamos a compararlo con la galería de CSI) y lo peor es que estos recursos tampoco dieron un valor añadido al producto, sino que fueron totalmente prescindibles. Con una buena explicación de la protagonista hubiéramos tenido más que suficiente, porque si ella domina un campo, este es el de la retórica y la comunicación (y las iluminaciones repentinas al más puro estilo ‘Jessica Fletcher’).


Quizá al señor James Duff, creador de la serie, le hubiera gustado poder contar con estos recursos desde un principio y por gajes de presupuesto no pudo. The Closer es de cable y poder prescindir de algunas escenas y sustituirlas por diálogos siempre es una forma de recortar escenas y por lo tanto también gastos. Pero esta limitación, más que una barrera, fue lo que distinguió a Brenda de los demás, sobre todo porque tenía unos guionistas que sabían elegir con detenimiento cada palabra para que ella no cruzara los límites de la ley y Kyra Sedgwick (por fin ganadora del Emmy por su labor) sabía dotar cada frase de la expresión correcta (y con la mirada oportuna para que nosotros, los espectadores, supiéramos cuando estaba mintiendo para lograr sus objetivos en la sala de interrogatorios).


Los flashbacks, cuando no hay excusa que valga, restan más que sumar y el sector audiovisual es demasiado caro como para invertir en futilidades que no aportan nada. Esto no quita, sin embargo, que la última temporada de Brenda Leigh Johnson haya estado a la altura de lo que se espera de ella. De hecho, incluso diría que ha subido el listón de la quinta entrega que probablemente se pasó con el humor y los casos ligeros, olvidando el reverso dramático que siempre solía azotarnos en las primeras temporadas. Y el hilo que ha dado cierta horizontalidad a los episodios, el posible ascenso de Brenda, también ha estado mucho mejor construido (la enfermedad de la gata es la peor trama de todo The Closer). Eso sí, hay tanta grandeza que no necesitamos flashbacks. Antes prefiero quedarme embelesado viendo los ojos de Kyra Sedgwick o sus inmensos labios diciéndome qué tengo que imaginar.

3 comentarios:

MacGuffin dijo...

Los flashbacks creo que eran más para introducir alguna novedad que otra cosa. Drama, desde luego, ha habido para aburrir. Y el ascenso, además, ha dejado momentos muy divertidos :)

satrian dijo...

Pobrecita Kitty snif snif, a mí me ha gustado mucho esta última temporada.

Crítico en Serie dijo...

MacGuffin, a veces no sé cómo interpretar tus comentarios. ¿Drama para aburrir? ¿Significa que para tu gusto ha habido demasiado? Para mí ha rozado la perfección. No ha habido ningún caso estilo 'Beau Bridges' con el que haya dicho "joder, se pasan de ligeros".

Satrian, y lo peor es que, tan buena que es la serie, y tiene menos seguimiento que The Event. Triste mundo en el que vivimos.