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martes, 24 de junio de 2014

¡Verano!

En 'Devious Maids' también llegó el calor
Este verano planteo jugar un juego. Es muy sencillo: hay que contar cada vez que menciono la palabra “verano” o “veraniego” en algún texto, tanto en las entradas de este blog, como en la página en la que colaboro o mi cuenta de Twitter. Hasta yo me estoy dando cuenta del sobre-uso que hago de estas palabras y, ahora que estaba pensando sobre qué demonios escribir, las series veraniegas se me han pasado por la cabeza. Otra vez.

No es tanto que el calor nubla mi juicio como que la filosofía televisiva cambia. Los canales apuestan por series más baratas, más fáciles de seguir y son pocos los canales que optan por cosas más pesadas. Estos suelen ser los de cable como HBO (‘The Leftovers’), FX (‘The Bridge’), Sundance (‘Rectify’) y AMC (‘Halt and Catch Fire’), que intentan destacar en el panorama televisivo con obras ambiciosas y adultas. Como veis, no menciono a CBS y su ‘Under the Dome’: nos entretuvo el año pasado pero era veraniega como pocas. Su condición de serie high-concept no podía tener una ejecución más simple y de manual. A ver cómo se las apañan para aguantar la trama esta segunda temporada.

Los hábitos de los espectadores son distintos y es el momento de bajar el listón. Pasa con el drama médico ‘The Night Shift’ sobre el turno de noche de un hospital de Texas, un ‘Anatomía de Grey’ de segunda (y eso que hace años que Meredith y compañía ya son de segunda). ¿Potable? Sí, siempre que la veamos en verano y a veces ni esto. Me recuerda a ‘Rookie Blue’, que pude aguantar en su primera temporada y luego tuve que abandonar porque ni tan siquiera mi cuerpo puede aguantar algo tan rebajado durante mucho tiempo. ¿Y ‘Jennifer Falls’? Más de lo mismo. Jaime Pressly hace que valga la pena pero no duraría ni cuatro segundos en mi particular programación si se estuviesen emitiendo las comedias de otoño (y eso que sigo pocas).

Es curioso como la mente se adapta al cambio de estación. El otro día me encontré buscando episodios de ‘Drop Dead Diva’ y la última temporada de ‘Make it or break it’. Las dos fueron alegrías ligeras en épocas de temperaturas altas y acabé dejándolas porque tenía ingredientes tan bajos en calorías que acabaron resultándome insípidas. De citas obligadas a series ignoradas. ¿Me pasará lo mismo un día de estos con ‘Devious Maids’, esa serie que me divierte casi tanto como me avergüenzo de verla? Pero me avergüenza porque reduce a bromas obvias aquello que ‘Mujeres Desesperadas’ conseguía hacer sofisticado, inteligente y con discurso. Las asistentas latinas no son ni una cosa ni la otra, ni tienen lectura social. Son one-liners y mucha actitud.

Pero incluso esto requiere cierto arte. USA Network fue la reina del verano durante muchos años con series de casos ligeras (‘White Collar’, ‘Burn Notice’ y ahora ‘Graceland’) y jamás he caído rendido a su hechizo. Les falta la gracia y el desparpajo de ciertas series que funcionan tan bien como placeres culpables o que saben bajar muy calculadamente el listón.

‘Drop Dead Diva’ era un pasatiempo para nostálgicos de ‘Ally McBeal’, ‘Make it or break it’ tenía la indecencia de contar con una bruja de cuidado y ser menos sutil que Claire Danes y por esto les guardo cierto cariño, incluso después de haberme cansado. ¿‘Jennifer Falls’ y ‘The Night Shift’? Estas probablemente nunca más me acordaré de ellas. Pero si me entretienen unas cuantas semanas (para no retomarlas nunca más) ya habrán cumplido su cometido. ¡Cuánto baja el listón en verano...!

miércoles, 23 de junio de 2010

MIOBI Love

No hacía falta ser un lumbreras para intuir que Embrujada, al lado de Moulin Rouge y Las Horas, no estaría a la altura del listón de Nicole (y aún así fui a verla). Tampoco comprendí porqué las distribuidoras españolas tuvieron interés en llevar Entre Mujeres a Europa cuando era el principio del fin de la carrera de Meg Ryan y todos lo sabían. Pero Adam Brody estaba allí (y una semidesconocida Kristen Stewart, que estaba lanzándose al estrellato y nadie lo sabía), así que también pagué la entrada de rigor. Y hasta un día me tragué en la tele Mi padre... ¡qué ligue! a pesar de despreciar al sucio de Gerard Depardieu. Porque allí estaba Katherine Heigl, cuya sonrisa acabó rebajando a Julia Roberts a la categoría de caballo parlante.


Pero mientras existe un ‘palabro’ que define la acción de olvidar de forma más o menos consciente todo aquello que no está a la altura de nuestros ídolos y fetiches (fanesia), aún no he encontrado la expresión que defina todo aquello que hacemos por amor al séptimo y octavo arte. Y es que lo que me ocurre con Make It or Break It, que vuelve el próximo lunes, no es ni medio normal. El poder que un placer culpable ejerce sobre mí siempre será superior que el de un David Simon o Aaron Sorkin (de hecho, Sorkin, de tan pedante, casi me produce urticaria).


MIOBI, por ejemplo, puede provocar que decidas romper tu promesa de no ver nunca jamás CSI: Miami sólo para ver en otro escenario a dos Diosas trash como Chelsea Hobbs y Cassie Scerbo, sobre todo si una de ellas acaba siendo la asesina de la semana. Y si adoráis a Emily Kmetko por encima de todas las cosas (y empatando con su madre, cuya obsesión por la laca hasta ofendería a las reinonas de los ochenta), no podéis perderos su mala leche final. Ver a una diva confesando un crimen con una sonrisa y levantando la ceja no tiene premio (a partir del minuto 4:45 podéis ver grandeza en estado puro):




Tampoco tiene precio que te revelen que el panfleto cristiano de melena rubia resulte ser un icono de la televisión. Candace Cameron, de Padres Forzosos, era para mí una completa desconocida. Pero Montsinya, con su camiseta de “My favorite DJ is DJ Tanner” me abrió los ojos y me condujo a ver la anticuada serie para ver a una de las actrices más abiertamente republicanas:




Claro que, por basura, la que me tragué para disfrutar de Cody Longo (a.k.a. “Tommy Walker”) en la nueva versión de A Por Todas. Contenía moralejas tan trascendentes como que la autenticidad está en los ‘ghettos’ y las bandas callejeras, “no mires a nadie a los ojos si no quieres que te peguen con razón” o “si eres negra siempre puedes ser racista con los latinos”. Qué profundidad, amigos. Por no hablar de grandes citas como “lo siento, pero no hablo el dialecto del ‘Taco Bell’” y la inmensa filosofía de reggaetón que impregna cada segundo del metraje. Todo sea por ver a Cody Longo (que, para empezar, ni tan siquiera es un personaje regular):




Supongo que debería responsabilizar al Twitter de parte de esta obsesión por el cásting de MIOBI al que, siendo razonable, tampoco le veo mucho futuro (bueno, a Nico Tortorella quizá sí). Y es que todas las gimnastas, progenitores y demás prole tienen cuenta. ¿Y lo mejor? Gracias a los tweets he podido descubrir que la zorra de Lauren sale con Cody y que él tiene un grupo de música con Johnny Pacar, que en la ficción sale con la Kmetko. El grupo primero se llamaba Fairlene y ahora Forever The Day (y si queréis escuchar algo de ellos, siempre podéis ir a su página de MySpace). Y si os morís de ganas de followearlos, de la misma forma que Cameron sigue a Sarah Palin, aquí tenéis los links a sus cuentas: Chelsea Hobbs (mi venerada Kmetko), Cassie Scerbo, (la zorrupia Lauren), Susan Ward (la Kmetko Sénior), Josie Loren (Kaylie Cruz), Rosa Blasi (la adúltera y ex Lu Delgado), Jason M. Olazabal (el cuernudo Mr Cruz), Neil Jackson (el buenorro de Sasha), Candace Cameron (la guarrilla revirginizada), Johnny Pacar (el segundo pizzero), Nico Tortorella (el guapo de las pizzas y Dios personal) y Nicole Anderson (la temible Kelly Parker en MIOBI y la tonta del insti en Jonas).

jueves, 31 de diciembre de 2009

De la A a la Z, que toca hacer repaso del 2009 (II)

I de Islas (ya sea la de los otros o Samoa): Hay una cita que desde hace cinco años no falla: la nueva temporada de Perdidos siempre es un acontecimiento de abasto mundial y esta vez los creadores tenían bastantes explicaciones que dar. Ese movimiento de palanca, al más puro estilo Xena la Princesa Guerrera, dejó a más de uno con la mandíbula desencajada. Una temporada después, todavía esperamos las respuestas. Pero menos predecible ha sido el gozo que me ha proporcionado Samoa con la nueva temporada de Survivor. Atentos a la R de Russell.

J
de Jeff y también de Jordan
: El romance del año en EEUU no ha sido de ficción sino real como la vida misma: Jeff Schroeder y Jordan Lloyd, dos de los concursantes de Big Brother, enamoraron a todos. Ellos eran el faro moral dentro de una casa con sobresaturación de víboras y su odisea por sobrevivir puso los pelos de punta, con Jeff como Superman y Jordan como inocente damisela en apuros. La relación, que fue platónica dentro de la casa, sobrevivió al periplo y ahora están juntos y revueltos. Dentro de poco les veremos en la nueva edición de The Amazing Race.


K
de Kristen Wiig
: Si alguien debe actuar como estandarte del mítico Saturday Night Live es ella. Es la viva esencia de este programa de humor. Sin embargo, esto también tiene sus contras: la falta de chispa de los guionistas los está llevando utilizarla para todo, como su fuera un 3 en 1, y ha pasado de ser la mujer más graciosa de América a oler a chamusquina. Pero aquellos que critican que los invitados no están a la altura, por ser estrellitas sin presencia (January Jones, Megan Fox, Taylor Lautner), están de enhorabuena: Sigourney Weaver ya ha sido confirmada para el 2010.


L
de Leno
:
La NBC decidió recortar gastos y cabezas y eliminó la última franja del prime time de su programación para imponer el cabezón de Jay Leno como única opción. ¿Lo bueno del asunto? Que tras unas primeras semanas titubeantes, la audiencia del show se ha estancado en unas cifras poco seductoras para las generalistas; al tener menos espectadores, la promoción de sus demás productos pierde eficacia; y encima está asesinando el mítico Tonight Show, ya que además de ser un pésimo lead-in ofrece exactamente lo mismo pero una hora antes. ¿Le veremos la temporada que viene?

M
de McHale
: Este hombre no se ha complicado la vida: su ajetreado panorama laboral no le obliga a la bipolaridad. Joel McHale, tanto en el programa-batidora The Soup como en la serie Community, hace exactamente el mismo personaje: de engreído e irrespetuoso cínico. Pero que este apunte no engañe: Community, la mejor comedia de la temporada junto con Modern Family, no depende sólo de él, sino de un gran plantel de secundarios que bordan las múltiples y surrealistas historias con las que los guionistas sorprenden cada semana.


N
de Network
: Si algo ha demostrado el 2009 es que la televisión norteamericana ya ha cambiado y las generalistas deben también cambiar de modelo y de expectativas. Las grandes audiencias de antaño ahora son prácticamente imposibles y los estrenos cada vez lo tienen más difícil para rasgar los diez millones de espectadores. De aquí, supongo, la estrategia de Fox con Glee: era bastante obvio que una serie musical no congregaría masas, pero amortizaron un nicho poniendo toda la carne en el asador. Eso sí, de esto al cable sólo hay un paso.


O
de Olimpiadas
: El mayor placer culpable de la temporada (aparte de las Real Housewives of New Jersey) ha sido, sin lugar a dudas, Make It or Break It. Los ficticios entrenamientos de un grupo de gimnastas que aspiran a colocarse una medalla olímpica alrededor del cuello ha hecho realmente equilibrios para no caer en el bochorno, pero ha sacado el ejercicio adelante y con nota. A Kmetko la queremos porque la pobre ha tenido una vida muy desgraciada, pero Lauren es la verdadera reina de la función. Si una zorra es casposa ya tiene la partida ganada de antemano.


P
de Pasarela
: No soy diseñador, ni estoy al tanto de las revistas de tendencias, pero tengo dos ojos en la cara y lo que lucieron las modelos en la última temporada de Project Runway me pareció sensacional. De acuerdo, estaba Logan sólo porque sus piernas arqueadas hacían flojear las nuestras, pero el nivel del reality de Heidi Klum estuvo en lo más alto. Faltaba carisma, sí, pero talento no.

lunes, 27 de julio de 2009

Hay de todo en la viña del Señor Disney

Toca pasar por alto, esta vez sí, que las dos series veraniegas de la ABC Family, Make It or Break It y 10 Razones Para Odiarte, sean las enésimas defensoras de la castidad. A partir de ellas se deduce que la pérdida de la virginidad es un paso traumático que sólo puede afrontarse después de adquirir la madurez, al revés de cómo en realidad funciona el mundo, donde la primera vez es justamente un paso más (aunque significativo) en la formación de uno mismo. Pero, a ver, es la cadena de Disney y los moralismos están a la orden del día y se pueden ignorar siempre y cuando no lleguen a las cotas de Vida Secreta de una Adolescente, esa guía de bolsillo cristiana.

Make It or Break It es más bien un relato de superación personal, el de cuatro adolescentes gimnastas que luchan por hacerse un hueco de las Olimpiadas. Es, sólo por la categoría en la que quieren competir, un poco original. El esqueleto de la serie y los giros del argumento ya los hemos visto mil veces (chica pobre y de familia disfuncional intenta encajar en un entorno nuevo y distante), pero si a las piruetas en el gimnasio se le suma una correcta ejecución de las reglas del género romántico-juvenil y también familiar, es un buen producto para el público al que va dirigido. Un entretenimiento soft que por su vertiente dramática tiene tintes de placer culpable y que se puede catalogar al lado de Greek como parte de la oferta digna de la cadena (que no quiere decir que esté a la altura de las zibizís, los omega chis, y los kappas, que gobiernan desde un estrato superior).

En cambio, de 10 Razones para Odiarte no se puede decir lo mismo. Hay una falta de definición en su concepto que chirría. ¿Qué sentido tiene adaptar una superficial película de adolescentes y encima convertirla en algo aún más vacío? Y es que, acogiéndose a un formato de 20 minutos, el remake repasa de puntillas el largometraje de Heath Ledger y todos los tópicos del género con un aire cómico y anecdótico que no aporta nada y que encima peca de rancio. La rebelde de hoy en día ya no viste de artista trasnochada, ni el macarra lleva un look de motorista de décadas pasadas.



Si lo que se pretendía era entrar descaradamente en el terreno de la parodia, que se hubieran contentado con reponer la película de No Es Otra Estúpida Película Americana que lo hizo con más gracia y con unos buenos actores de serie B (Chyler Leigh y Chris “Dios” Evans), algo que no se puede aplicar aquí. En esta adaptación hay un chico de serie que es bastante desagradable de ver (su mirada es perturbadora) y una cheerleader popular que es un retaco vulgar (después de tantos intentos, es evidente que Dana Davis no encuentra su sitio en televisión). Si se entra en un género, aunque sea para parodiarlo, también se tienen que seguir ciertas normas, por superficiales que sean.