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domingo, 6 de junio de 2010

Guionistas a sueldo

Esta entrada contiene spoilers de las seasons finales de One Tree Hill, 90210 y Gossip Girl. Pero si os importan un comino estas series, mirad los vídeos. Así sabréis lo que es sacarse un as en el último minuto de la temporada.


Los guionistas deben ser un poco como Hansel y Gretel. A medida que construyen el relato deben ir esparciendo por el camino unas cuantas golosinas para poder seguirles por el camino. No se trata de intuir que más adelante nos raptará una bruja caníbal, pero que tracen la historia con respeto, con antelación, no significa que luego el golpe de efecto vaya a ser menos impredecible. Si no, luego ocurren situaciones como el WTF de la cuarta temporada de Skins, que más que un jarro de agua fría era un mazazo en el cogote del espectador.


Esto es el reverso negativo del término cliffhanger. Ese que todos los aprendices de Shyamalan nos intentan colar en cualquier producción y que en realidad no viene a cuento. Es el truco de aquellos que no saben diferenciar entre un buen susto y un mal susto, y que creen que dejarte con la mandíbula enrampada siempre es señal de triunfo.


Año tras año, la CW nos ha demostrado que pertenece a esta escuela. No es tanto que se aqueje de shyamalanitis en el sentido literal y pretencioso de la palabra, pues sus golpes de efecto ya se empleaban en los ochenta, pero sí que han intentado ocultar con un triste truco de magia que sus fiestas han sido un rotundo fiasco. Para ser exactos se han sacado de la manga a una loca con una arma, otra loca con un embarazo y una cruel violación. Y es que después de tanto rizar el rizo, de tanto cuernos, rupturas, mentiras y puterío, lo que han hecho con One Tree Hill, Gossip Girl y 90210 han sido tres rastas.


El caso de los upper-east-siders seguramente es el más light de todos. Tres temporadas y ya están de vuelta de todo. No hay relación que les sirva para hacernos olvidar que Serena y Dan están hechos el uno para el otro y justamente por esto mi trauma se centra en el embarazo de Georgina, más imprevisto que el de la Virgen María. Con esa semilla del diablo imposible de eliminar, ¿a quién le importa que le pegaran un tiro a Chuck Bass? Por favor, una operación y ya estará listo para susurrar a Blair Waldorf. En cambio, ahora que Mercy ha sido cancelada, no habrá quien se quite de encima a Michelle Tratchenberg (y como algunos usuarios de youtube son unos rancios y desactivan la posibilidad de insertar los vídeos en blogs... aquí tenéis el enlace).


Y si en Gossip Girl lo que se lleva es el humor negro, en 90210 les gusta traumatizar a sus personajes y darles motivos para acabar con sus vidas. Si el año pasado tuvimos la humillación pública de Annie y su atropello etílico y mortal, este tenemos una violación con altas dosis de bilis. Que te viole un profesor cuela. Que te viole el profesor al que acusaste falsamente de intentar violarte ya es otra cosa. De trauma a trauma y te violo porque te toca, Naomi.



Pero la palma, ni que sea porque llevan siete años al pie del cañón, se la lleva One Tree Hill. Una serie que empezó siendo irritante, que luego se dedicó a incluir asesinatos y psicópatas, y que ahora es tan buenrollista como una película de Nancy Meyers pero con pequeñas dosis de perturbados para así poder cargarte (o no) un par de protagonistas en la season finale. Todo un episodio dedicado a tirar bolas de nieve mientras suena pop-rock amable de fondo para terminar con dos disparos. Gratuito es poco (como toda su última temporada de las que hablaré otro día, que OTH da para mucho).


martes, 15 de diciembre de 2009

Los barbitúricos de Annie

Al final no mandaron a Annie a estudiar teatro en París, aunque muchos tuvieran ganas de perderla de vista. No. Rebecca Rand Kirshner, que fue contratada para agriar el ambiente en Beverly Hills, pensó un destino mucho más cruel para la protagonista de 90210: llevarla a los infiernos para que quemara lentamente delante de los espectadores. Y después de doce episodios, la pregunta que lancé por twitter en septiembre aún sigue en pie: ¿Cuándo intentará suicidarse la ex hija pródiga del director del instituto? Motivos no le faltan:

- Su frienenemy Naomi la humilló en la fiesta de fin de curso tirándole un cubata por la cabeza y llamándola zorra porque creía que se había acostado con su novio (sin ser verdad).
- Justo después del chaparrón, la pobre Annie atropelló a un indigente pero, al ir borracha, se dio a la fuga. La víctima, encima, muere al cabo de un tiempo y la pobre está que no puede.
- Los amigos, por supuesto, no se creen que no se acostara con Liam y le dan la espalda...
- ... y como si cargar con un muerto no fuera suficiente, su némesis manda a todos los alumnos del instituto una foto de ella en pelotas. Contento que se queda Rob Estes.
- Y la guinda del pastel es que la emparejan con el sobrino del indigente, un turbio camello de instituto con instintos psicópatas que la maltrata psicológicamente.

Quizá soy yo, pero a mí me parece que a Kirshner, la actual showrunner, se le fue un poco la pinza. Una cosa es tener mala leche y la otra traumatizar a tu protagonista, y obligarla a tener una cita semanal con el psiquiatra de por vida. Sin embargo, esto le ha servido para humanizar tanto a Annie (que ha perdido en histerismo gracias a una Shenae Grimes mucho menos irritante) como a Naomie, que va por su camino mientras su hermana la apuñala por la espalda una y otra vez. Ya es un poco menos femme fatale de Superpop y se toma más en broma sus morritos de adolescente ebria en celo.

Pero este par de retoques y el proceso de expiación que lleva a cabo Annie no pueden disimular el resto de errores estructurales que tiene 90210. Un ejemplo clarísimo de por dónde van los tiros es la llegada de Trevor Donovan al instituto, que interpreta a un estudiante de 16 años cuando tiene 31 en la vida real. Y él simboliza de lo que adolece la serie: de unos guionistas demasiado adultos que no tienen ni idea de cómo hacer interactuar a los adolescentes. Cada conversación es una sucesión de clichés, cada cual más incómodo.
Quizá algún día Kirshner se dará cuenta que no es Annie quien necesita los barbitúricos, sino que es la propia serie la que pide la eutanasia. Le harían un favor.

domingo, 31 de mayo de 2009

El intenso lavado de cara que necesita la nueva Sensación de Vivir

Esta entrada contiene spoilers de la primera temporada.
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O Nielsen ha sufrido algún tipo de modificación en su método de medición de audiencias, o lo de la CW no se entiende. Lo que comenzó siendo un buen año para la cadena, con el estreno de 90210 rondando los cinco millones y One Tree Hill y Gossip Girl con unos aumentos significativos, ha terminado por los suelos: La nueva generación de Sensación de Vivir se ha quedado estancada en los 2 millones de espectadores al igual que las otros dos seriales adolescente. ¿Pero qué ha ocurrido? ¿Podrá la cadena superar otro año con un resultado tan fatídico?

The CW, sin embargo, confía plenamente en que sus series alcen el vuelo y las ha renovado todas. Pero, en el caso de los seriales (que son las únicas que sigo), serán necesarios unos retoques puesto que ninguna de ellas ha conseguido mantener el tipo durante toda la temporada. La que más lo necesita: Sensación de Vivir: La Nueva Generación. De momento, ya se han tomado cartas en el asunto y han dejado la serie a cargo de Rebecca Rand Kirshner, que pretende convertir la serie en un producto menos amable y aprovechar el potencial pijo de Beverly Hills. Básicamente, quiere convertirla en el Gossip Girl de la costa oeste.

No obstante, cambiar el concepto de una serie una vez empezada no es un encargo fácil y más cuando gran parte de su fallo está en el reparto: Shenae Grimes, la protagonista, sigue igual de revolucionada después de una temporada entera, gesticulando casi tanto como Jim Carrey después de tomarse tres red bulls. Y AnnaLynne McCord, con sus ínfulas de femme fatale, continúa con sus lamentables morritos. ¿Apuntarán a las actrices a un curso acelerado de interpretación en verano? ¿Y en el apartado masculino será suficiente la desaparición del inerte Dustin Milligan y el desarrollo del malote Matt Lanter?

En lo que sí que se ha notado la iniciativa de la nueva show-runner es en el inusitado impulso que ha dado a las tramas. De la amabilidad de su predecesora a los bruscos giros, incluyendo una season finale que ni tan siquiera se hubiera atrevido a escribir Silver en uno de sus brotes. Cinco minutos de infarto (y crueles risas) en los que Rand Kirshner destruye, sin ningún tacto, los gentiles pilares en los que se debía basar la serie. Cómo empezará la segunda temporada, después de tal explosión, será digno de ver.

Pero entre los cambios radicales que pide a gritos esta producción sólo hay dos cosas que no se deben tocar: Adrianna Tate-Duncan, interpretada por una inspirada Jessica Lowndes, y su inmaculada relación con Navid. Ellos han permitido que esta temporada se pudiera ver, gracias a sus breves pero gratificantes apariciones y a un embarazo que nada tiene que envidiar a Juno. ¿Por qué no mandan a Annie a estudiar teatro en Europa como hicieron con Brenda y dejan que la talentosa Lowndes remonte el fallido experimento?

jueves, 2 de abril de 2009

Los canadienses tienen un plan

En South Park dibujan a los canadienses con la cabeza partida para que el público los reconozca echándoles un vistazo, pero sólo es una estrategia para engañarnos. Ellos están entre nosotros. Tienen forma humana y sienten como los humanos. Y prácticamente todos los cylon vienen de esa desconocida tierra situada al norte de los Estados Unidos. ¿Será que los inocentes y pacíficos vecinos, siempre tan silenciosos, se están esperando para una rebelión? ¿Tendrán ellos también un plan? ¿Será Battlestar Galactica su pequeña broma hacia la raza humana?

De momento, las trece colonias las tienen controladas (y en parte masacradas). Tricia Helfer (Cáprica Seis) nació en Alberta; Aaron Doral (Número Cinco) en Toronto; y Callum Keith Renney y Grace Parks (Boomer), pese a haber nacido en California e Inglaterra respectivamente, crecieron ya de bien pequeños también en Canadá, como otros habitantes de Battlestar Galactica: Michael Hogan (el Coronel Tigh), Aaron Douglas (el Jefe Tyrol), Tahmoh Penikett (‘Helo’ en BG y actualmente también en Dollhouse) y Rekha Sharma (Tory). Pero para los cylon, acabar con los humanos a las órdenes del Almirante Adama no es su único objetivo.

El pijerío de Beverly Hills también está en peligro. Desde que esta temporada se instalaran tres supuestos canadienses en el codigo postal 90210, los californianos tienen los días contados. La sobreactuadísima Shenae Grimes (¿quizá debe acostumbrarse a las expresiones humanas?), el sosainas Justin Milligan (que debió tener problemas durante algún renacimiento) y la magnífica Jessica Lowndes (ríete tú de la Número Seis) se mudaron al vecindario sin levantar sospechas después de que, casi dos décadas atrás, Jason Priestley (Brandon Walsh) ya hiciera un reconocimiento por la zona.

Sin embargo, la canadiense por antonomasia infiltrada en la televisión contemporánea es Cobie Smulders, o sea, la Robin Scherbatsky de Cómo Conocí a Vuestra Madre. Los orígenes del personaje, como los de la actriz, sirven de diana de los mejores gags de la sitcom. Pero que nadie se fíe. Va en camiseta de manga corta en invierno, practica el sexo con sirope de arce y cree que Bruce Springsteen es una versión estadounidense de Bryan Adams. ¿No os suena todo esto un poco a inhumano? Y, entre tanto chiste, a ver qué día desnuca a un niño con un solo movimiento de meñique. Y esto no es todo.

En la América profunda de Friday Night Lights está Taylor Kitsch, que finge ahogar sus penas con six-packs para adaptarse al entorno, pero cuyo físico le delata: tanta perfección no puede venir del homo sapiens sapiens. Estudiando a la familia Walker en Cinco Hermanos, influyente en la costa oeste, están Luke McFarlane y Emily VanCamp. Controlando la policía de L.A., en Life, Donal Logue. Sandra Oh investiga con la cardiocirugía en Anatomía de Grey como mejorar los modelos cylon. Joshua Jackson, antes camuflado como petardo en Capeside, ahora ayuda a los terráqueos con sus conocimientos científicos en Fringe. Y para distraer y mandar mensajes en clave, desde su paradero de archifamoso escritor, también está Castle. Pero el objetivo más complicado se lo lleva, de calle, Evangeline Lilly, que aún no ha encontrado las coordenadas exactas de la isla de Perdidos por más que se haya estrellado en ella.

Y mientras Donald Sutherland supervisa que todo vaya según lo previsto desde su rascacielos de Sexy Money en Nueva York. Quien creyera que con el quinto cylon ya conoceríamos toda su especie, pecó de ingenuo.

viernes, 13 de febrero de 2009

El amor platónico de Diablo Cody (y su derecho a tenerlo)

Lo que hay entre Diablo Cody y 90210 es amor. Primero fueron las cartas románticas que la guionista mandaba a la serie a través de la revista Entertainment Weekly y ahora Cody ha visto como su amor incondicional daba sus frutos: ha grabado una escena en la ficción de Beverly Hills, con la mismísima Jennie Garth (Kelly) y Tori Spelling (Donna). Extraña pasión la de estos tortolitos.

Por un lado, ella es la oscarizada escritora de Juno, adolescente madura, auténtica y de lengua sagaz. También la creadora de la que iba a ser una genialidad de serie (y que se ha quedado a medias, por vérsele demasiado sus el plumero), United States of Tara. Y 90210, en cambio, es la abanderada de los críos adinerados, perfectos y repelentes, de diálogos que matarían de vergüenza ajena a cualquier otra persona de la profesión. Es la digna heredera de todo lo que significaba la antigua Sensación de Vivir: para lo bueno y para lo malo. Y, aún así, el romance continúa.

“Fui conducida al rodaje, en este caso la casa ficticia de Kelly Taylor. Sí, realmente estaba dirigiéndome a la casa de Kelly Taylor. Me costó procesarlo emocionalmente. Tampoco me ayudó que Jennie Garth estuviera grabando en el porche cuando llegó la furgoneta. La tenía totalmente idealizada en mi juventud. En este punto, empecé a sudar en lugares donde ni tan siquiera sabía que tenía glándulas sudoríparas.”

Las frases que brotaban de sus manos llevaron a Ellen Paige a las puertas del oscar y la hicieron subir a recoger la estatuilla delante de todo Hollywood, pero enfrentarse a Garth y Spelling en un mismo plano le ponía nerviosa como nunca. No solamente se trataba de pánico escénico. Se iba a encontrar con los iconos de su juventud y ninguna rutilante estrella puede brillar más que eso. Y lo entiendo perfectamente. Ver a Mischa Barton en directo fue toda una experiencia, por precario que sea su talento e improbable su porvenir.

Por esta razón, al estilo Cody, quiero volver a defender la función de 90210. Las conversaciones entre sus delgadísimas protagonistas pueden ser fatalidades acompañadas de muecas, pero está hecho para un público ávido de amor, de primeros besos, polvos y corazones rotos, adornado con mansiones decentes y un estilo “skinny-bitch chic” (en palabras de Cody). Por este motivo, de la misma forma que ella tuvo 90210 y yo tuve O.C., no se debe quitar la posibilidad de un nuevo referente a las próximas generaciones. Le falta naturalidad en el conjunto y tiene algún error de cásting pero de momento es sustancialmente superior a cualquier de sus coetáneos, sobretodo a Gossip Girl, reina de las frivolidades e incapaz de transmitir algún tipo de emoción.

Y aquí va una escena de 90210. No es apta para quien no haya llegado al 1x15, pero es la prueba de lo bien encaminada que puede estar esta serie. Por el momento, ya hay un personaje al borde del mito (adolescente).



jueves, 13 de noviembre de 2008

Souvenir Catódico: Juno, Dillon y la Doctora Hahn

¿Juno es fan de 90210?: Los profesionales del mundo audiovisual no solamente miran Los Soprano y Mad Men. Diablo Cody, la ganadora de un Oscar por su guión de Juno, ha alabado 90210 en Entertainment Weekly (y sin avergonzarse de ello). Que una voz tan presuntamente calificada como la suya defienda un producto básicamente dirigido al público adolescente y con la que tanta gente se está cebando, ya es una revelación (¿o revolución?). Ella era fan de la antigua Sensación de vivir, acepta los nuevos Walsh que son los Wilson, exige menos inocencia para Annie, pide unos títulos de crédito menos cool y más clásicos, y demanda más apariciones de Navid (a quien considera el nuevo Seth Coen: ¿así que también seguía a los de Newport Beach?). Este artículo, además, ayuda a esperar su nueva serie, The United States of Tara, con incluso más emoción: quizá en lugar de encontrarnos un producto de culto en tiempo muerto, nos hallaremos ante entretenimiento puro y duro. Quién sabe. Igualmente, ahora que más de uno se habrá enterado que Juno, en los ratos libres de su embarazo, seguramente miraba O.C. y 90210... ¿se estará uniendo la gente a la fiebre teen?

Recesión en Dillon: La crisis económica de la que ya se habló en este blog, se está haciendo notar bastante en Dillon. Buddy Garrity no consigue vender inmuebles que son una ganga y Jason Street, al que muchos creíamos desaparecido, tampoco pasa su mejor momento como vendedor de coches. ¡Cuánto reconocimiento se merecen estos guionistas de Friday Night Lights! No sólo escriben una de las mejores series en antena, sino que, ávidos en su capacidad de analizar la realidad, saben plasmar antes que nadie esta inmunda realidad financiera que acecha el sistema económico mundial.


El sonoro despido de Anatomía de Grey: A estas horas, quien no sepa que la Doctora Hahn abandona el Seattle Grace es porque está incomunicado: todas las publicaciones de televisión y la blogosfera se han hecho eco de la noticia. A primeras, el despido de Brooke Smith apestó, puesto que era una de las incorporaciones que más había aportado a Anatomía de Grey. El motivo: aún es un misterio. Hay quien dice que a los ejecutivos de la ABC no les acababa de gustar una relación lésbica tan explícita y otros que creen que la han echado por fea. Sea cual sea la versión auténtica, Hahn estaba siendo imprescindible en el hospital. Sin embargo, ahora que se estaba profundizando más en el vínculo Callie-Hahn, se ha visibilizado la falta de química entre ambas (y no gracias a los guiones). Posiblemente era necesario terminar con la relación y no sabían qué hacer después con el personaje de Smith. De la misma forma que Izzie y George no podían tener placenteras copulaciones, es difícil de creer que Hahn y Callie sí que mantenían una formidable química sexual. Otra cosa sería, en cambio, que apareciera Trece de House y revolucionara a la Doctora Torres. Esto sí que sería creíble.

martes, 4 de noviembre de 2008

El anhelado regreso de Melrose Place (y del pecado con ella)

Los noventa regresan a la televisión. Si Telecinco compró en el mercado audiovisual de Cannes (MIPCOM) los derechos de la versión de Sensación de vivir, 90210, que triunfa entre los adolescentes estadounidenses, ahora es su antigua compañera en la programación Melrose Place la que quizá viva una segunda oportunidad. Los resultados y la repercusión mediática que está teniendo la primera han impulsado el entusiasmo de la cadena CW que quiere recuperar el otro clásico de la década pasada.

Ante las especulaciones, la reacción de los antiguos seguidores no se ha hecho esperar: por internet se piden firmas para que el proyecto siga adelante y se estrene el próximo otoño. Quien tampoco va a impedir que así sea es el creador de la serie Darren Star, ahora más conocido por haber desarrollado Sexo en Nueva York, que pese a haber confirmado que no se embarcará en el proyecto, ha dado su beneplácito a que se actualice el culebrón. Y en el reparto original también han surgido voces que afirman tener interés en reemprender sus papeles, entre ellas la de Heather Locklear, que interpretaba a la malvada devora-hombres Amanda Woodward. No obstante, la actriz, que fue detenida a finales de septiembre por conducir en estado ebrio, evita pronunciarse claramente: su participación está sujeta a los demás nombres que vayan incorporándose y a la forma que vaya tomando el proyecto. Las otras que han declarado su voluntad de volver a sus antiguos roles son Kelly Rutherford, actualmente en Gossip Girl, y Lisa Rinna.

Cuando Melrose Place surgió en 1992 como un spin-off de Sensación de Vivir, empezó narrando los entresijos de unos jóvenes entrados en la veintena que debían enfrentarse a lo que conlleva la madurez: forjarse una carrera laboral, lograr una estabilidad emocional, enfrentarse a los problemas económicos... Las bajas audiencias, sin embargo, propiciaron que el productor Aaron Spelling metiera baza y, gracias a la inclusión de Lockear, convirtiera la serie en un retorcido culebrón sexual. Las siete temporadas y los 227 episodios que obtuvo avalan el éxito de la estrategia del ejecutivo que convirtió la tranquila comunidad de vecinos de Melrose Place en un degenerado lugar poblado de víboras donde el adulterio era el más corriente de los pecados (que no el peor).

Ante la negativa de Star de rediseñar la serie, el presidente de CW, Dawn Ostroff, está buscando quien lleve el timón de tan esperado barco. Por el momento y según apunta el periodista Ausiello, el nombre que más suena es el del creador de One Tree Hill Mark Schwahn, quien recientemente renovó el contrato con la cadena. Asimismo, también acecha la incertidumbre de cual será el enfoque que tome ahora el culebrón: si reemprenderá las vidas de aquellos que vivían en Melrose Place, ya en la cuarentena, o si introducirá una nueva hornada de jóvenes flanqueados por antiguos personajes, al estilo del nuevo Sensación de vivir.

viernes, 17 de octubre de 2008

Souvenir Catódico: Regresos, sobredosis y mujeres horteras

Dawson no crece: Mientras que Katie Holmes hace sus cameos “a lo mujer de Tom Cruise” en Eli Stone (y que la tenemos en el cine con Tres mujeres y un plan), que Joshua Jackson está, quizá no triunfando, pero sí sobreviviendo con Fringe (un producto de JJ, que tira mucho), que Michelle Williams ya prácticamente ni se la recuerda por la inigualable Jen (aunque sí por ser la madre de Mathilda Ledger), James Van der Beek, en cambio, se ve obligado a volver al nido. No es que vayan a arrancar otra vez con los pesados complejos y traumas de Dawson Crece en un remake como 90210, sino que aparecerá en One Tree Hill. Interpretará a un director de cine que quiere adaptar una novela de Lucas en un pueblo que, de no ser por nannies asesinas, sería casi clavadito a Capeside: ¿a alguien le suena? Con este fichaje presuntamente estelar, la serie de Chad Michael Murray confirma su declaración de principios y homenajea al drama que debió sustituir en su día. ¿Pero no es hora de que Van der Beek deje de parodiarse a si mismo? Con su decadente gag en Cómo conocí a vuestra madre pensaba que ya se consideraría suficientemente humillado.

En la línea: 90210 ha sufrido el descrédito de todos aquellos que tienen la firme creencia que “cualquier tiempo pasado siempre fue mejor”. Algunos vaticinaban una bajada en las audiencias perpetua (hasta desaparecer), pero no ha ocurrido así. Es más, el otro día (y sin ninguna explicación) subió por encima de los cuatro millones. El potencial sigue ahí. Además, aún y reconociendo que deseaba unos chicos más problemáticos, me he dado cuenta que este tono es el que debe seguir si lo que pretende es ser un remake de Sensación de Vivir. Justamente por ser tan gentil, escenas como la del final del séptimo episodio funcionan tan bien. Ese monólogo de una cabreadísima Naomi culpando a una Adriana que, sin ella saberlo, está con sobredosis... lo mejor desde que empezó la serie. De repente, incluso siento curiosidad por la drogadicta que hasta ahora me había parecido tan irrelevante. Por favor, que resucite al estilo de Uma Thurman. Y, por aquellos que necesiten saber qué gran canción acompañaba la magnífica escena, es Any other world de Mika.


¡Qué horteras!: Hablando de música, también cabe destacar el uso de Filthy/Gorgeous de los Scissors Sisters en la nueva comedia Kath & Kim protagonizada por Molly Shannon y Selma Blair. Aún no comprendo como se embarcaron en este proyecto. Cuando leyeron el guión ¿creyeron que por arte de magia se convertiría en una buena serie o algo de culto? Y es que es tan cutre y hortera, que ni puede ser analizada bajo unos parámetros normales. ¡Es simplemente horrible! Los personajes son aún peores que los de un episodio de Little Britain, oligofrénicos. La lástima es que esta mancha va a estar siempre en el currículum de Blair, actriz a la que tengo cierto aprecio por su irregular filmografía. De Una rubia muy legal hasta los Sexoadictos. Kath & Kim, no obstante, ya es demasiado. Sin embargo, si tuviera que sacarle punta al asunto y asumir algún acierto, no dudaría en remarcar la terapia para deprimirse de la madre: escuchar canciones de Cher. Por lo menos tiene buen gusto.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

El perpetuo fantasma de la televisión

"Espero que coman una hamburguesa con queso", dijo recientemente Penn Badgley, el protagonista de Gossip Girl, acerca de las chicas de 90210. Y es que, según comentan las revistas americanas, Shenae Grimes y Jessica Stroup no hacen más que perder peso. Hay quien dice que no se las ha visto comer nada durante los rodajes y, al tratarse de adolescentes, además de su propia salud preocupa la impresión que creará a los jóvenes espectadores de la serie. Sus últimas apariciones hablan por si solas. Asimismo, según fuentes de US Weekly, actores del reparto están planeando hacerles una intervención para resolver "el problema" antes de que empeore. Pero Grimes y Stroup no son las únicas que han estado en el ojo del huracán por el perpetuo fantasma de la anorexia.

Las Mujeres Desesperadas, que entraron por la puerta grande en la programación norteamericana, también empezaron a preocupar en su segunda temporada después de que Marcia Cross y Teri Hatcher pasaran a tener cuerpos de modelo a sus más de cuarenta años. De hecho, Cross, conocida por su papel de Bree Van de Kamp, sorprendió la madrugada del pasado domingo en la entrega de los Emmy con su delgadísima figura, que no hace más que disminuir y disminuir desde que tuvo mellizos. Y la cosa no se queda tan sólo en rumores: Felicity Huffman, 'Lynette', ha reconocido haber sufrido trastornos alimenticios, eso sí, cuando se hallaba en la veintena.

Tanta consternación por el incorrecto peso de las actrices de televisión choca con las constantes críticas hacia ellas. Este es el caso de Eva Longoria, la única desesperada que se salvó de los cotilleos, pero que ahora tiene que hacer continuas declaraciones acerca de los quilitos de más que se ha echado encima (y con los que sigue perfecta). Incluso se ha visto obligada a desmentir que esté embarazada. ¿Luego alguien se extraña de que niñas como Grimes y Stroup se vean presionadas por el entorno y vayan bajando de talla? Otra que ya pasó por esto fue Mischa Barton: primero la prensa se metía con ella por sus huesudos brazos y espalda, y luego por si se le había engrandado el culo o había aumentado su celulitis. Yo, por lo que vi, puedo decir que estaba estupenda.

No obstante, son muchas más las que se han visto sumidas en la vorágine de la anorexia o, por lo menos, han estado en el centro de su rumorología. Ally McBeal, por ejemplo, vio como Calista Flockhart se esqueletizaba (algo que, al cabo del tiempo, ha acabado reconociendo), como Courtney Thorne-Smith ('Georgia') abandonó la serie por la presión de rebajar su peso y como Portia di Rossi ('Nelle') acababa padeciendo también trastornos alimenticios (y culpando a la serie de ellos). Y en Friends fue Courteney Cox quien sufrió un alarmante cambio físico ante la atónita mirada del espectador. En Nip/Tuck fue Joely Richardson. En El abogado fue Lara Flynn Boyle. Y así se podría contar y especular pasando por todas las series.

Por esto no creo que la cuestión sea que Grimes y Stroup "coman una hamburguesa con queso", como comentó Badgley sin ningún tipo de tacto. Ellas, en caso de estar enfermas, no son culpables de su condición. Si se debe responsabilizar a alguien, quizás debería apuntar hacia la maquinaria y los estándards hollywoodienses a la que tantas estrellas ya han sucumbido y sucumbirán, o también a su cadena (tanto 90210 como Gossip Girl están en The CW). Además, casi es irónico que el protagonista de una serie tan elitista y superficial vaya dando lecciones, cuando él tenía como madre en la ficción a una muy flaca y consumidísima Susan Misner.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Souvenir Catódico: Antiguallas, juegos y pijos

¿30?
Reconozco que me pasó desapercibido en el primer visionado, pero haciendo un repaso a las imágenes del piloto de 90210, pude reconocer los apellidos de Hannah Vasquez Zuckerman, la presentadora de informativos del West Beverly Hills High. Ella es, efectivamente, la hija de Andrea Zuckerman y su marido Jesse, que sigue los pasos de su madre en el mundo del periodismo. No obstante, lo más gracioso de la anécdota es el comentario de uno de los protagonistas que, al ver a la hija de Andrea, exclama: "¿Cuántos años tienes esa chica, 30?". Recordemos que Gabrielle Carteris, cuando empezó a interpretar a la Andrea de 15 años, tenía 29. Esto quizá explicaría parte del motivo por el que nadie ha mencionado a Carteris para reemprender su papel: en lugar de tener los 33 que requeriría, tiene 47.


NO ES OTRA ESTÚPIDA SERIE AMERICANA
Todo seriéfilo tiene tendencia a ver actores de todos los programas por todas partes. Igualmente, esto no explica el caso 'No es otra estúpida película americana'. Y es que el filme es prácticamente un ejercicio de reconocimiento de actores de televisión. De esta manera se puede encontrar a la hermana de Meredith Grey jugando con el vibrador (Chyler Leigh), al Ted Mosby de Cómo conocí a vuestra madre (Josh Radnor), la repelente violinista de Party of Five (Lacey Chabert), la exmujer de Earl como jefa de las cheerleaders (Jaime Pressly), la tutora de Privileged como una nueva animadora con síndrome de Tourette (Joanna Garcia, tu "mi abuelo me sodomiza, ¡jódeme!" es mítico), la Anna de The O.C. y también chica-Darling como la deformada siamesa (Samaire Armstrong), una seguidora de Safo en L (Mia Kirshner), y la madre de la embarazada más sosa de la televisión como azafata de vuelo (Molly Ringwald). Y atentos a los cameos de Sabrina (Melissa Joan Hart) como instructora de aplausos y a Mr. T del Equipo A como consejero (y mirón de los vestuarios del equipo de football).

Aquí Joanna García con su síndrome (y Jaime Pressly de animadora)

FIEBRE PIJA
Justo cuando he empezado mi particular cruzada contra Gossip Girl, parece que todo el mundo se haya puesto de acuerdo para apoyarla frente a 90210. Si en los últimos días se ha visto como toda la blogosfera idolatraba a los upper-east-siders como el mejor placer culpable (Alberto Rey incluido), ahora las audiencias americanas, que siempre los habían ignorado, también los adoran: 3.730.000 personas vieron el tercer capítulo de la nueva temporada.

Y hablando de aumentos, Fringe (el Expediente X de J. J. Abrams) a su vez ha alzado el vuelo con un incremento de cuatro millones gracias al arrastre de House, hecho que la lleva a superar los sobresalientes trece millones de espectadores. Sin embargo, no todo están siendo subidones en la programación estadounidense, puesto que los hogares parecen haber dado un espaldarazo definitivo a Prison Break y a Terminator: Las crónicas de Sarah Connor, ambas con menos de seis millones. Puede que el drama carcelario haya mejorado, pero esto no cambia que debería haberse quedado con una excelente primera temporada. Eso sí, la que huele a inminente cancelación es la nueva sitcom Do not disturb, que en su estreno ni consiguió seducir a unos pésimos cinco millones. ¿Cuánto tiempo va a durar? Se aceptan apuestas.

domingo, 14 de septiembre de 2008

The O.C. + Sensación de Vivir = 90210

La FOX estaba buscando un nuevo Sensación de Vivir (Beverly Hills 90210). Así le llegó a los oídos a Josh Schwartz, que por aquel entonces era un joven a no tener mucho en cuenta por parte de los directivos. Pero dio al clavo con The O.C. y logró reunir delante de la pequeña pantalla a una cantidad importante de telespectadores para seguir las andanzas de cuatro adolescentes. Sin embargo, al terminar el culebrón ambientado en Newport Beach y con la llegada de la infantiloide y vacía Gossip Girl (también de Schwartz), fue inevitable que me preguntara: ¿es la madurez lo que me impide disfrutar de los upper-east-siders como lo hacía con Ryan, Marissa, Seth y Summer? Pasé a dudar si mi paladar teen se había atrofiado. Ahora, gracias a 90210, he visto que no es así. Los pijos de Manhattan eran tan insípidos como intuía. Y, si en su momento The O.C. fue la heredera de Sensación de Vivir, ahora 90210, en lugar de versionar descaradamente a su predecesora (para la que los años no han pasado en balde), bebe directamente del antiguo serial de Mischa Barton. Y demuestra, así, que aún queda esperanza para los culebrones de adolescentes.

Novedades no ofrece ninguna, pero la correcta mezcla de sus factores juega mucho a su favor: los personajes, típicos y tópicos, están bien elaborados. La mala tiene su corazoncito, la protagonista cae simpática, está la torturada y guapísima hermana de Kelly (el personaje más atractivo), y aunque no sean carne de Oscar, hay una mayoría decente en lo que a las interpretaciones se refiere (Shenae Grimes me ha sorprendido gratamente). Asimismo, como introdujo The O.C., los adultos adquieren cierta notoriedad y cargan con parte de la trama, de forma demasiado amable, puesto que Kelly parece estar firmemente mortificada a hablar solamente de su hijo, y la copia barata de Sandy Cohen no acaba de cuajar. Peter Gallagher no era ningún gran actor, pero gozaba de muchísimo más encanto que el melroseplaciano Rob Estes, mal intérprete de costumbre (en El club contra el crimen lo demostró), y aquí plastamente sobreactuado.

Con respecto a la reunión de antiguos alumnos de Brenda y Kelly, en realidad, por el momento, el asunto no ha pasado de mero homenaje a la cuna de 90210 y, según los rumores que corren, tampoco trascenderá mucho más. Shannen Doherty, la eterna niña mala de los platós, ya ha apuntado que seguramente no renovará el contrato que la liga a la serie por sólo cuatro episodios. Cuando desaparezca y los directivos vean minvar las reminiscencias a los noventa, tocará ver si ofrecen un cheque más sustancioso (y parecido al de sus compañeras) a Tori Spelling. Y es que Joe E. Tata, el de las hamburguesas, no es que tenga un gran potencial aglomerador, ni mucha razón de ser, y la muy mayor madre de Kelly tampoco despierta pasiones.

No obstante, los Wilson y los demás alumnos del West Beverly Hills High ya han llamado suficientemente la atención como para superar la etapa de los guiños y centrarse en la sangre fresca y las nuevas tramas que nos han traído. Si se la valora por lo que es, una nueva The O.C. emitida en una cadena menor como The CW, la verdad es que apunta maneras.




Los nuevos créditos con la antigua melodía modernizada es uno de los aciertos.

lunes, 8 de septiembre de 2008

The CW empieza a dar sus frutos

Las nervios en la cadena The CW debían ser mayúsculos el pasado martes. La operación 90210 iba a demostrar si había resultado rentable. Apetecibles ofertas a antiguos iconos californianos (Shannen Doherty, Jennie Garth) y nuevos adolescentes prefabricados (en la foto) con los que inundar las portadas de las revistas teen y atraer de una vez por todas una audiencia que se resistía a ver las nuevas series del canal. Además, en caso de que la estrategia resultara fallida, todo indicaba a que rodarían más cabezas que las de 90210. El versión de Sensación de Vivir no parecía una ficción más, sino un ultimátum de la directiva, que quería comprobar si con todos los ases en la manga eran capaces de ganar la partida. Los casi cinco millones de espectadores que se congregaron frente sus televisores (5'1 en el segundo episodio) indican que afortunadamente así fue. Queda esperanza. Ahora los directos de la CBS y la Warner Bros podrán respirar un poco más tranquilos.

Cuando estas dos grandes corporaciones decidieron unir sus dos canales UPN y WB en 2006, los responsables de la fusión esperaban también sumar sus índices de audiencia y ser los abanderados del target juvenil femenino. No obstante, sufrieron un grave revés y padecieron el efecto Cold Mountain: cuando el total es menos que la suma de las distintas partes (teorema bautizado por Alberto Rey). Desde entonces, ninguna de las nuevas series pareció dar los frutos esperados (Aliens in America, Life is wild o también Gossip Girl), las antiguas no evolucionaron óptimamente (Veronica Mars, Girlfriend o One Tree Hill) y su infalible America's Next Top Model también empezó a mostrar síntomas de cansancio. ¿Podría sobrevivir la cadena cuando emblemas como Smallville o las amateurs modelos desaparecieran?

Desesperados, depositaron confianza (y una gran inversión promocional) y dieron otra oportunidad a Gossip Girl, esa serie de la que se hablaba en todas partes pero que nadie veía, renovaron sus votos con vacas sagradas como Smallville, One Tree Hill y Supernatural (que consigue tres millones en la feroz noche de los jueves contra CSI y Anatomía de Grey) y llegaron a la temporada de otoño 08/09 con el spin-off/remake de 90210, una apuesta que ha dado mucho que hablar este verano en los medios de comunicación. Finalmente, los cheques de entre 30.000 y 50.000 euros a Brenda y Kelly (que costaron la autodespedida de Tori Spelling, que cobraba menos) funcionaron estupendamente, al igual que la salvaje campaña de los upper-east-siders (que llenan más portadas que nunca) o el perfecto mantenimiento de los hermanos Scott (que por primera vez cosecharon menos espectadores que su predecesora en la parilla, Gossip Girl, ambas por encima de los aceptables tres millones).

Pero no toda la artillería ha llegado a la programación. Queda por ver si la comedia Privileged logrará mantener los espectadores de 90210 en su estreno de mañana o si Valentine y Easy Money darán suficiente guerra la noche de los domingos. Sin embargo, parece que por fin The CW ha logrado configurar una oferta realmente competitiva y ha demostrado con los chicos de Beverly Hills que puede aspirar a mucho más.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Coldplay inaugura la temporada de otoño

Coldplay aterriza esta noche en el Palau Sant Jordi con todas las entradas vendidas desde hace semanas. Que la crítica musical no mostrara ningún entusiasmo por su cuarto álbum Viva la vida and death and all this friends parece no haber afectado ni a los catalanes que acudirán esta noche al recinto barcelonés, ni a los millones de personas que compraron el disco (encumbrándolo en las listas de medio mundo), ni a los ejecutivos de la cadena americana The CW. Y es que, casualmente, en esta semana repleta de estrenos teen, Coldplay ha sido la encargada de ilustrar musicalmente dos de sus series más preciadas.

La primera intervención de la banda de Chris Martin fue el lunes con los habitantes de One Tree Hill. Lovers in Japan / Reigns of Love fue la encargada de abrir la sexta temporada y de desvelarnos (¡por fin!) quién será la futura esposa de Lucas. Y Violet Hill, el bastante vapuleado primer single, dejó tieso al espectador cerrando el episodio con un angustiante final (que traerá una oscuridad nunca vista en este pueblo tan rancio). Además, parece ser que la Nanny Carrie dejará de ser una versión de La mano que mece la cuna para pasar a ser una Kathy Bates de pacotilla a lo Misery: seguro que no tendrá desperdicio (y no necesariamente en el buen sentido).

Por otra parte, The CW también ha tirado la casa por la ventana con su esperadísimo spin-off/remake de Sensación de vivir: 90210. Los nuevos Walsh, o sea, los Wilson, llegaron a su nueva vida en Los Ángeles acompañados de ese himno de la alegría que titula el álbum, Viva la vida. De esta manera se confirma la peculiar tendencia de empezar las series que tiene The CW: el uso de una canción megaconocida. El año pasado, con Gossip Girl pasó lo mismo. En ese momento quien dio la bienvenida a Serena fue Young Folks de Peter Björn & John (la de los silbidos, básicamente).

El uso de canciones tan famosas, sin embargo, me inquieta. Hace cuatro años, un amigo mío y experto en el terreno audiovisual me comentó que el uso de estas melodías lo que hacía era distraer la atención del espectador, que en lugar de centrarse en lo que cuentan las imágenes, se dedica a pensar “¡anda, si es tal canción”. Así que ¿les pagan por pinchar las canciones? ¿o es que pasan a importar más las formas que el contenido?

En el caso de los upper-east-sides, sí. En verano ya intentaron escandalizar con unos posters promocionales muy seductores pero que prometen algo que no acaban ofreciendo. Ahora, es la banda sonora la que intenta que se la escuche por motivos extramusicales: su título OMFGG también está dando que hablar por su malinterpretación como Oh My Fucking Great God cuando teóricamente significa Original Music From Gossip Girl. Eso sí, como siempre, defrauda y, en el recopilatorio ni tan siquiera está la de los silbidos.

domingo, 15 de junio de 2008

90210: El regreso a la mano que les dio de comer

Hay series que marcan a una generación. Sensación de Vivir (Beverly Hills: 90210) fue una de estas. Aún recuerdo las cartitas con imágenes e información de la serie que se podían intercambiar en los patios de los colegios. El corazón indomable de Dylan, la guapita de cara Kelly, los hermanos Walsh... todos ellos pasaron a ser iconos de toda una generación en los noventa. A partir del 2000, se fueron directamente al olvido.

Claro que todo el mundo tiene algún apunte más o menos idealizado en el baúl de los recuerdos. ¿Quién iba a borrar de su mente, por ejemplo, a la virgen más conocida (con perdón de María), o sea, Donna? Sin embargo, la memoria es selectiva y, aún en antena, la gente ya empezó a deshacerse de ellos. Pocos son los que recuerdan que Andrea se fue con un latino con quien tuvo un hijo (en lugar de salir eternamente con Brandon), que Brenda desapareció a Francia para no volver en tan sólo cuatro años de programa (de los diez que duró) o que Dylan no participó en casi 100 episodios.

Peor suerte tuvieron los actores que participaron en ella. Como si de una maldición se tratara, uno a uno han tenido problemas a la hora de seguir con sus trayectorias fílmicas que nunca han llegado a fructiferar fuera del marco de la televisión. De esta manera, Tori Spelling (Donna), la hijísima del productor de la serie, hizo de reírse de si misma un profesión (con cameos en Scary Movie incluidos). Luke Perry, en quien recaían las mayores esperanzas de prosperar en el cine, no pasó de ser carne de telefilm y alguna pequeña aparición en el cine (sírvase El quinto elemento de ejemplo). Y parecidos fueron los casos de las demás personas del elenco.

Shannen Doherty pasó de ser Brenda a embrujada, Jason Priestley (Brandon) se perdió en papeles de poca monta, se ha podido reencontrar a Brian Austin Green (David) en Terminator: Las crónicas de Sarah Connor, a Ian Ziering (Steve) en el programa Dancing with the stars, la versión americana del Mira quién baila de La Primera, y a la rubia por excelencia de esa década (aparte de la vigilante de la playa Pamela Anderson) Jennie Garth (Kelly) en el vehículo de lucimiento de Amanda Bhynes, una auténtica estrella de carpetas en Estados Unidos que le robaba la función (Garth tenía nulas dotes para la comedia).

Solamente Hilary Swank (sí, la doble ganadora del Oscar por Boys don't cry y Million Dollar Baby) ha sobrevivido al ciclón del olvido que arrasó con el resto del cast. Esta actriz, que participó en 16 episodios y protagonizó los joviales créditos de la octava temporada, interpretó a una madre soltera de quien Steve se enamoró.

Ahora, ocho años después de que se despidiera Sensación de Vivir, Jennie Garth, Tori Spelling y Jason Priestley volverán al concepto que les dio de comer y que también los condenó a ser, para siempre jamás, Kelly, Donna y Brandon. The CW está rodando un spin-off de la serie que pasará a llamarse 90210 (el código postal por excelencia) y donde los adolescentes serán otros. Spelling y Garth retomarán sus papeles y pasarán a ser las adultas-guía del nuevo rebaño de descarriados (como en su momento lo fueron los padres de la familia Walsh o el camarero Nat) y Priestley ha pedido dirigir algunos episodios.

Este movimiento de la cadena The CW de hacerse con la mayor cantidad del antiguo reparto es obvio que ha sido una potente estrategia promocional. No sólo se contentan con enganchar a una nueva generación (la que ha pasado la pubertad en el nuevo milenio) sino también a aquellos que en su momento se quedaron sin respiración a cada cambio de chica de Dylan (de rubia a morena). Además, para esta revisitación también se ha contratado a un actor protagonista de otro icono de los noventa, Melrose Place. Rob Estes, que se lo ha visto hace poco en la fallida serie de detectives El club contra el crimen, encarnará al padre de dos de los chavales que aparecerán. O sea, que se convertirá en el nuevo patriarca Walsh.

Debe reconocerse que la inclusión de todos estos actores juntos en el nuevo 90210 obligan a esperarlo con una ilusión inusitada para un producto de este calado. Reencontrarse con dos pilares fundacionales de nuestros primerizos revoloteos hormonales es una razón de peso. Por otra parte, también resulta triste que hayan tenido que acabar aceptando estos papeles. Todos ellos acercándose o sobrepasando la cuarentena y regresando al nido, como un cuarentón que se queda al paro y tiene que volver a casa de sus padres. Sólo espero que esta nueva hornada de adolescentes tenga éxito: de no ser así, este regreso será doblemente triste.