jueves, 25 de julio de 2013
Una de Netflix que sí, otra que no y la que aún tengo pendiente
lunes, 17 de junio de 2013
El experimento de 'Arrested Development'
jueves, 14 de marzo de 2013
Dale un euro a Veronica Mars, hombre
jueves, 2 de diciembre de 2010
Del hattrick al rosco

Las comedias marcaron tres goles la pasada temporada y esta seguramente se irán de vacío con las manos en los bolsillos. Primero Modern Family hipnotizó a la crítica con una mirada rejuvenecida de la sitcom familiar de toda la vida; después Community se quitó el disfraz de mediocre tras unos cuantos episodios; y para rematar la jugada Cougar Town demostró que había mucho talento tras un título tan cutre. Pero si el año pasado había pocas esperanzas depositadas en estos productos, este año ha sido al revés. Se esperaba, por lo menos, que la Fox sorprendiera con sus comedias de carne y hueso al igual que hizo la ABC. Y no ha sido así.
Al contar con el creador de Arrested Development (Mitchell Hurtwitz) y con uno de sus actores (Will Arnett), todos los ojos se posaron en Running Wilde a la espera de otra familia Bluth, pero el resultado no podía ser más oligofrénico. En lugar de multitud de secundarios bien definidos y engrasados, una panda de gallinas decapitadas encabezadas por un Arnett que jamás debiera haber sido protagonista. Él es como el color rosa: cómprate un polo si te gusta, pero no pintes las paredes de tu habitación del mismo color. Y la nota triste de tal descalabro (que no se puede coger ni con pinzas y mascarilla) es que Keri Russell no relanzará su carrera justo cuando ha demostrado que era mucho más que Felicity. Una lástima.
Raising Hope, en cambio, sí ha sabido atrapar a una legión de fans que adoran el mal gusto con el que impregnan cada imagen. Prácticamente todo en ella es desagradable, desde la abuela exhibicionista con un alzheimer de caballo a la fea mediocridad de Lucas Neff (ahí su truco). Y mientras que se puede respetar al producto por lo que es (la abuela senil jugando a quitar muebles del trastero en ropa interior es un puntazo), personalmente prefiero series menos repulsivas y más inclusivas. Ojalá Martha Plimpton encuentre un vehículo de lucimiento a su altura y Gardner & Lockhart la fiche de forma permanente (o la HBO le prepare un spin-off a su personaje de How To Make It In America), algo que no sería muy descabellado teniendo en cuenta que tras esta temporada quizá Raising Hope cerrará la parada. Y es que una cosa es que la Fox haya comprado una temporada completa y la otra que vayan a renovarla: el pastel que le da en mano Glee cada semana es demasiado grande como para que se coma una porción tan pequeña.
De las otras cadenas, asimismo, poco hay que comentar. La ABC no ha encontrado en Better With You esa serie que le permita completar su noche de comedias, por infantil y artificial (aunque con un estupendo opening), y la CBS tendrá The Big Bang Theory y Cómo Conocí a Vuestra Madre, pero esto no significa que alguien espere algo de ella en cuanto a comedias. Mike & Molly, por ejemplo, es tan vieja que si viajara a los ochenta la desprogramarían. Como concepto, además, no consigo entenderlo. Tomando como premisa que la cadena suele buscar comedias longevas...¿espera pasarse cinco años haciendo chistes sobre la obesidad cada semana? Y da pena ver a Melissa McCarthy, tan querida por los seguidores de las Gilmore (entre los cuales no me encuentro), caer tan bajo. Por suerte, un tal William Shatner en un ataque de demencia senil decidió protagonizar Shit My Dad Says. En comparación, McCarthy es la sufrida diva de una obra de Shakespeare.
miércoles, 23 de diciembre de 2009
El Top 10 de la década: De lo bueno lo mejor (I)

9.- Battlestar Galactica

8.- Arrested Development

Los críticos postulan que Arrested Development nació prematuramente. Si se hubiera esperado un poco más, a la era Rockefeller Plaza, quizá hubiera tenido un hueco más confortable. Pero la cuestión es ¿hubiera existido Rockefeller Plaza si antes no hubiera pasado la familia Bluth por la programación? Absurda, patética y muy cohesionada en sus episodios, es la ejemplar comedia de la era post risas enlatadas.
7.- Big Love

Big Love es la serie que me reconcilió con la HBO. Ya me habían gustado muchas de las series que había en su programación (Los Soprano, Deadwood), pero su concepto casi elitista de la televisión me obligaba a tener una manía irracional al canal. Sin embargo, el trío de esposas que capitanea la polígama familia Hendrickson logró conciliar una idea compleja (narrar las peripecias de una familia mormona y polígama) con la proximidad que a veces echo de menos en sus producciones. Sin Chloë Sevigny, Jeanne Tripplehorn y Ginnifer Goodwin nada de esto hubiera sido posible.
6.- Criando Malvas

Suficientes piropos he lanzado ya a Criando Malvas, que no supo fidelizar a la audiencia quizá por su exceso de edulcorantes. Igualmente, su derroche visual y la filosofía de cuento, entre Disney y Burton, suponen una entrada directa a lo mejor y más destacable de la década. Y su frase de despedida, demasiado precipitada, le puso una guinda preciosa (como cada fotograma de la serie) que nos dejó a todos sus seguidores con una sonrisa en la cara. No descarto que dentro de unos años algún productor decida comprar los derechos y realizar una versión cinematográfica y en 3-D, porque quizá no cuajó en la programación, pero la materia prima era original y de indudable calidad.
Mañana llegará la segunda parte de la lista, del quinto puesto al segundo. Y quedará en evidencia que lo que me va son las series corales.
sábado, 14 de marzo de 2009
Arrested Development: 20 minutos muy bien aprovechados
20 minutos en la vida de una persona no dan para mucho. Algunos guionistas, en cambio, consiguen coger este breve espacio de tiempo y lo llenan con historias, arrancan unas cuantas risas y evitan adentrarse en el culebrón. Es un trabajo de lo más complicado y a menudo mal remunerado por parte del espectador. Y es que el formato tradicionalmente de comedia, al tener que hacer malabarismos con el factor temporal, el ingenio y las normas, a menudo se queda en algo sencillamente forzado, sin gracia y de esquemas tan típicos que aborrecen.En la programación estadounidense ahora mismo cuesta encontrar algunas propuestas que ocupen satisfactoriamente ese cuarto de hora alargado. Rockefeller Plaza (ahora en un mal momento), Como conocí a vuestra madre (muy irregular) o Gary Unmarried (arquetípica) son los mejores ejemplos (a la espera de ver The Big Bang Theory). Pero, pese a poder disfrutar con ellos, desde la primera y segunda temporada de la serie de Tina Fey que no notaba la flecha de Cupido al posar mis ojos en alguna comedia. Hasta que descubrí Arrested Development.
En ella Ron Howard (el director de películas olvidables como Una Mente Maravillosa o Frost/Nixon) narra la vida de la familia Bluth formada por individuos, a cada cuál más patético, egocéntrico y ruin que el anterior, y del único hijo moral que debe lidiar con ellos cuando el patriarca es enviado a prisión por fraude fiscal. Y realmente haber conocido a los Bluth ha sido una de las mayores alegrías televisivas de este año.
El humor, ácido y absurdo, quizá no logra provocar carcajadas en cada episodio pero sí consigue acercarse al espectador y enamorarlo de cada personaje. No hay ninguno de ellos que no vaya a pasar al altar de mi memoria, de tan carismáticos. Y no solamente buscan hacer reír sino que dan prioridad a formar varias historias en cada episodio, para juntarlas en el minuto final. Así, de no funcionar algunos gags, siempre hay donde agarrarse y el resultado no se antoja frustrado. Gran labor la de sus escritores.




