Mostrando entradas con la etiqueta Arrested Development. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arrested Development. Mostrar todas las entradas

jueves, 25 de julio de 2013

Una de Netflix que sí, otra que no y la que aún tengo pendiente

Se habla de maratón y atracones cuando toca hablar de las series de Netflix, la plataforma de contenidos que está revolucionando el panorama televisivo y que logró colar ‘House of Cards’ en la categoría de mejor drama de los Emmy. Pero yo, como espectador, suelo decantarme por otra forma de visionado: la ignorancia. Veo un par de episodios y me agobio con la cantidad de material que queda por ver porque Netflix estrena toda la serie de golpe. Y debo ponerle remedio, lo sé, ni que sea para poder criticar con conocimiento de causa a Kevin Spacey y David Fincher, que le robaron el hueco a ‘The Good Wife’.


Me ahuyentó, sin embargo, que se tomara tan en serio a sí misma. Por regla general me repelen las series cuyas intenciones son tan ambiciosas y descaradas y ‘House of Cards’ quería ser la mejor serie dramática de la televisión. Aunque no lo parezca, hay series increíbles que jamás han ido por estos derroteros: ‘Justified’, ‘Mujeres Desesperadas’, ‘Friday Night Lights’ y, por supuesto, ‘The Good Wife’. Pero el modelo “lentitud, frialdad, densidad y antihéroes” me repele casi tanto como Kevin Spacey hablando a cámara, aunque suelo superar en algún momento las introducciones y procuro admirarlas más allá de sus pretensiones (o llego a adorarlas porque logran casar objetivos y resultados). Vamos, que la pongo otra vez en la cola de series pendientes, que en verano toca ponerse al día.


Ahora la serie que está de moda, por lo menos durante estas dos primeras semanas donde la gente devora los episodios disponibles y otros fingen que jamás ha existido, es ‘Orange is the New Black’, un drama presidiario escrito por Jenji Kohan. Puede que yo no fuera amante de su anterior proyecto, ‘Weeds’, pero este piloto despertó mi interés de buenas a primeras. No le puedo decir que no a una serie que presenta a una buena protagonista, Piper Chapman, que comete un error de juventud y diez años más tarde tiene que ingresar a prisión. Taylor Schilling está cómoda en el papel y sabe transmitir bien su fuerza, su bisexualidad y el temor ante el ingreso. También se agradece que intente equilibrar el humor con la verdad que hay detrás de la verja del centro, y que asuma que es un drama ya en su formato (en Showtime hubiese sido una comedia de media hora sin gracia). Y se entiende que Netflix la renovara antes incluso de su estreno: no solamente debían estar encantados con los resultados, sino que la televisión no ofrece muchos productos filo-lésbicos. Buscando nichos, claro que sí.


Pero, en cambio, por ‘Arrested Development’ no voy a pasar. Se dice de ella que comprendió el ‘formato Netflix’ y por eso trazó una temporada donde el humor se reservaba para el final. Entendió que no eran raciones semanales y comprendió toda la temporada como una obra compacta ya que el espectador la podía ver en dos tandas, así que se permitió el lujo de tener episodios poco divertidos de cara al clímax final. Y lo siento pero no cuela. A eso se le llama tener que trabajar en unas condiciones deplorables, procurando estructurar las tramas alrededor de las complicadísimas agendas del reparto y evitando unas escenas corales que no podían tener lugar porque no podían unirlos a todos en un mismo sitio al mismo tiempo.

Además ‘Arrested Development’ tiene unos personajes tan excéntricos que pocos de ellos aguantan episodios centrados en ellos sin saturar. Y los cuatro episodios que vi fueron lamentables. Cualquier comedia cancelada durante este año (incluyendo ‘Partners’) tenía más gracia que la familia Bluth.

lunes, 17 de junio de 2013

El experimento de 'Arrested Development'

La película de ‘Arrested Development’ prácticamente se convirtió en una broma recurrente de la industria de Hollywood. Siempre había algún miembro del equipo que mencionaba en entrevistas que estaba interesado en el proyecto, pero nunca llegaba a rodarse. Hasta que un buen día la plataforma de contenidos Netflix anunció que ofrecería una cuarta temporada de la serie. Hasta parecía mentira. Y la noticia me pilló desprevenido y con la segunda temporada acumulando polvo en el disco duro del ordenador.

Esta es, como podéis imaginar, la otra serie que quiero retomar este verano sin haber visto todas sus temporadas. ¿Por qué no me puse al día si tenía tiempo suficiente? Por falta de interés. Había adorado la primera entrega, la había recomendado a todos mis conocidos e incluso la colé en mi ingenuo ranking de lo mejor de la década anterior (lista que cambiaría de arriba abajo si la tuviera que escribir otra vez). Respetaba que fuera una comedia distinta a las creadas hasta ese momento. Una comedia con unos protagonistas bastante despreciables y que prácticamente diseccionaba a través de su voz-en-off. Bueno, y que jugaba con la línea temporal, al igual que daba unos avances de episodio tan falsos como tronchantes.

Cuando me puse otra vez con la segunda temporada, no obstante, pensé que el narrador se comía tanto los personajes como las tramas. No sé si había bajado el listón la serie de televisión, pues hacía mucho tiempo que había visto la primera temporada, o había cambiado yo. La cuestión es que no me resultaba graciosa, sino más bien forzada. Echaba en falta que el humor viniera de la mano de las acciones de los personajes, no porque Ron Howard nos lo contaba, como si no pudiéramos entender lo patético y divertido de las situaciones con sólo verlas.

Pero tengo que ver la cuarta entrega por dos razones: todo Dios habla de ella. Netflix está aportando su granito de arena en el terreno de la ficción televisiva y ‘Arrested Development’, al igual que ‘House of Cards’, es una apuesta muy fuerte. Y, sobre todo, porque quiero ver hasta qué punto es verdad que se ideó teniendo el medio en cuenta, como dicen los críticos. Que Mitchell Hurwitz entendió que no se emitiría en la televisión convencional, sino que podría consumirse de un solo bocado y por lo tanto podía permitirse otros juegos y licencias. Y, según se ve, es un curioso experimento que tiene un arranque flojo y va acumulando gracia a medida que pasan los episodios.

Esto se explica por el plan de rodaje. Como los actores tenían agendas muy apretadas, su responsable ideó una trama que les permitiera rodar en distintos días y optó por dedicar cada episodio a un personaje distinto. Así, a medida que avanzan las tramas y los episodios aportan datos que quedaban por desvelar, los gags van cogiendo forma. Un experimento que ha tenido críticas muy entusiastas y otras más bien contrarias. De momento, sólo he visto el primer episodio y sí da la impresión de estar sembrando las tramas del resto de la temporada. Lo cual en una comedia de media hora puede considerarse rompedor, pero también puede considerarse fallido y un error de cálculo. Dentro de catorce capítulos ya os contaré.

(No hace falta decir que, si alguien ya ha visto la temporada entera (lo cual es muy probable), quiero saber qué opina al respecto. ¿Magistralmente cómica o decepcionantemente aburrida?)

jueves, 14 de marzo de 2013

Dale un euro a Veronica Mars, hombre

La señorita Veronica Mars dará que hablar. Desde que la serie se canceló en 2007, siempre había alguien que soltaba la liebre y contemplaba la posibilidad de que se produjera una película. Si no era el propio Rob Thomas anunciando que estaba trabajando en el guión, era Kristen Bell diciendo que le encantaría (algo que Sarah Michelle Gellar, por ejemplo, nunca ha dicho respecto a Buffy). Y, viendo las modas que corren, ambos se han decidido a hacer su sueño realidad mediante el crowd-funding.

El presupuesto necesario, dicen ellos, es de dos millones de dólares, asumiendo que ambos trabajarían prácticamente por amor al arte, y el objetivo debía cumplirse en un mes. Si conseguían más dinero, el décimo aniversario de la graduación de Veronica en Neptune sería más espectacular. Y, 24 horas después, ya han recaudado dos millones y medio de dólares a través de esta página web.

Esta petición era la última oportunidad que se daba Thomas, que ya había propuesto la idea a Warner Bros y estos la habían rechazado porque no creían que tuviera suficiente público para hacerla rentable. Recordemos que los episodios de Veronica Mars reunían entre dos y tres millones de espectadores en unos tiempos menos complicados que estos y ya lleva más de un lustro desaparecida. Pero, según comenta él mismo en su propuesta a los posibles donantes, la productora estaría interesada en ceder los derechos del personaje si logra su objetivo. Hay buena voluntad por su parte, dice.

Los premios por donar son bastante simbólicos. Desde el guión en formato PDF el día del estreno a una frase en la película (pasando porque durante un año Kristen y Rob te sigan en Twitter, lo cual es bastante patético). La cuestión, en realidad, es enervar los instintos más básicos de los fans y la estrategia está funcionando. Ahora que ya han llegado al objetivo, será interesante ver en qué queda el proyecto, que supuestamente se rodará este verano. Bueno, y si queréis podéis ver el vídeo que han rodado Rob Thomas, Kristen Bell y tres actores habituales del reparto, Jason Dohring, Enrico Colantoni y Ryan Hansen. Bastante divertido:



Esta recaudación de fondos demuestra también como los tiempos de crisis también son una época de oportunidades y de innovación. Si la película se convierte en una realidad, en cuatro días tendremos a los creadores de series de culto buscando financiación para sus proyectos (Shawn Ryan ya advierte que le gustaría dar un cierre a Terriers con una tv-movie). Además, se une a otras dos noticias más o menos recientes sobre cómo está cambiando la industria de los contenidos. Por un lado, la resurrección de Arrested Development por parte de Netflix y su emisión de un drama original, la adaptación americana de House of Cards, demostró que las series de televisión pueden tener un camino de distribución y de amortización alternativos. Y la distribución independiente del cómico y autor televisivo Louie C.K., que grabó uno de sus monólogos, lo vendió en su propia web y ganó más de un millón de dólares, también indicó que los admiradores son una fuente de ingresos directa que no hay que menospreciar. Algo que Veronica Mars está demostrando.

¿Pronto financiaremos temporadas completas a cambio de un euro por episodio?

jueves, 2 de diciembre de 2010

Del hattrick al rosco

Las comedias marcaron tres goles la pasada temporada y esta seguramente se irán de vacío con las manos en los bolsillos. Primero Modern Family hipnotizó a la crítica con una mirada rejuvenecida de la sitcom familiar de toda la vida; después Community se quitó el disfraz de mediocre tras unos cuantos episodios; y para rematar la jugada Cougar Town demostró que había mucho talento tras un título tan cutre. Pero si el año pasado había pocas esperanzas depositadas en estos productos, este año ha sido al revés. Se esperaba, por lo menos, que la Fox sorprendiera con sus comedias de carne y hueso al igual que hizo la ABC. Y no ha sido así.


Al contar con el creador de Arrested Development (Mitchell Hurtwitz) y con uno de sus actores (Will Arnett), todos los ojos se posaron en Running Wilde a la espera de otra familia Bluth, pero el resultado no podía ser más oligofrénico. En lugar de multitud de secundarios bien definidos y engrasados, una panda de gallinas decapitadas encabezadas por un Arnett que jamás debiera haber sido protagonista. Él es como el color rosa: cómprate un polo si te gusta, pero no pintes las paredes de tu habitación del mismo color. Y la nota triste de tal descalabro (que no se puede coger ni con pinzas y mascarilla) es que Keri Russell no relanzará su carrera justo cuando ha demostrado que era mucho más que Felicity. Una lástima.


Raising Hope, en cambio, sí ha sabido atrapar a una legión de fans que adoran el mal gusto con el que impregnan cada imagen. Prácticamente todo en ella es desagradable, desde la abuela exhibicionista con un alzheimer de caballo a la fea mediocridad de Lucas Neff (ahí su truco). Y mientras que se puede respetar al producto por lo que es (la abuela senil jugando a quitar muebles del trastero en ropa interior es un puntazo), personalmente prefiero series menos repulsivas y más inclusivas. Ojalá Martha Plimpton encuentre un vehículo de lucimiento a su altura y Gardner & Lockhart la fiche de forma permanente (o la HBO le prepare un spin-off a su personaje de How To Make It In America), algo que no sería muy descabellado teniendo en cuenta que tras esta temporada quizá Raising Hope cerrará la parada. Y es que una cosa es que la Fox haya comprado una temporada completa y la otra que vayan a renovarla: el pastel que le da en mano Glee cada semana es demasiado grande como para que se coma una porción tan pequeña.


De las otras cadenas, asimismo, poco hay que comentar. La ABC no ha encontrado en Better With You esa serie que le permita completar su noche de comedias, por infantil y artificial (aunque con un estupendo opening), y la CBS tendrá The Big Bang Theory y Cómo Conocí a Vuestra Madre, pero esto no significa que alguien espere algo de ella en cuanto a comedias. Mike & Molly, por ejemplo, es tan vieja que si viajara a los ochenta la desprogramarían. Como concepto, además, no consigo entenderlo. Tomando como premisa que la cadena suele buscar comedias longevas...¿espera pasarse cinco años haciendo chistes sobre la obesidad cada semana? Y da pena ver a Melissa McCarthy, tan querida por los seguidores de las Gilmore (entre los cuales no me encuentro), caer tan bajo. Por suerte, un tal William Shatner en un ataque de demencia senil decidió protagonizar Shit My Dad Says. En comparación, McCarthy es la sufrida diva de una obra de Shakespeare.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

El Top 10 de la década: De lo bueno lo mejor (I)

No hace falta que os diga el criterio que he seguido. En parte, obviamente, es subjectivo. Por la otra, hay razones de cariz emotivo, estético, mediático o de guión que las hacen merecedoras de ser consideradas lo mejor de estos años. Y sólo puedo añadir: que suerte la nuestra por haber vivido en semejante década.

10.- The Closer


El lobby policial no podía ser ignorado en un ranking de lo mejor de la década, cuando han ocupado seguramente más de una quinta parte de la televisión. C.S.I. marcó claramente una tendencia a lo largo de la década, se le debe reconocer el mérito, pero yo me quedo con Brenda Johnson y su secundario equipo de detectives. The Closer ha sido tradicional a la hora de resolver sus crímenes, con la retórica como mejor aliado, y nos ha dado los casos más verosímiles además de bipolares. Bueno, y también está Kyra Sedgwick y un gran cásting que logra que, semana tras semana, incluso los invitados sean magistrales.

9.- Battlestar Galactica


Hija del 11 de septiembre, otra cita que marcó un antes y un después, Battlestar Galactica devolvió la dignidad a la ciencia ficción y gracias a un boca a boca muy intenso se abrió a un público inesperadamente amplio. La cultura cylon se merece por si sola un lugar en el olimpo, junto con sus reflexiones acerca del terrorismo, la democracia y el dilema de dónde se encuentra la humanidad en tiempos de guerra.

8.- Arrested Development


Los críticos postulan que Arrested Development nació prematuramente. Si se hubiera esperado un poco más, a la era Rockefeller Plaza, quizá hubiera tenido un hueco más confortable. Pero la cuestión es ¿hubiera existido Rockefeller Plaza si antes no hubiera pasado la familia Bluth por la programación? Absurda, patética y muy cohesionada en sus episodios, es la ejemplar comedia de la era post risas enlatadas.

7.- Big Love


Big Love es la serie que me reconcilió con la HBO. Ya me habían gustado muchas de las series que había en su programación (Los Soprano, Deadwood), pero su concepto casi elitista de la televisión me obligaba a tener una manía irracional al canal. Sin embargo, el trío de esposas que capitanea la polígama familia Hendrickson logró conciliar una idea compleja (narrar las peripecias de una familia mormona y polígama) con la proximidad que a veces echo de menos en sus producciones. Sin Chloë Sevigny, Jeanne Tripplehorn y Ginnifer Goodwin nada de esto hubiera sido posible.

6.- Criando Malvas


Suficientes piropos he lanzado ya a Criando Malvas, que no supo fidelizar a la audiencia quizá por su exceso de edulcorantes. Igualmente, su derroche visual y la filosofía de cuento, entre Disney y Burton, suponen una entrada directa a lo mejor y más destacable de la década. Y su frase de despedida, demasiado precipitada, le puso una guinda preciosa (como cada fotograma de la serie) que nos dejó a todos sus seguidores con una sonrisa en la cara. No descarto que dentro de unos años algún productor decida comprar los derechos y realizar una versión cinematográfica y en 3-D, porque quizá no cuajó en la programación, pero la materia prima era original y de indudable calidad.

Mañana llegará la segunda parte de la lista, del quinto puesto al segundo. Y quedará en evidencia que lo que me va son las series corales.

sábado, 14 de marzo de 2009

Arrested Development: 20 minutos muy bien aprovechados

20 minutos en la vida de una persona no dan para mucho. Algunos guionistas, en cambio, consiguen coger este breve espacio de tiempo y lo llenan con historias, arrancan unas cuantas risas y evitan adentrarse en el culebrón. Es un trabajo de lo más complicado y a menudo mal remunerado por parte del espectador. Y es que el formato tradicionalmente de comedia, al tener que hacer malabarismos con el factor temporal, el ingenio y las normas, a menudo se queda en algo sencillamente forzado, sin gracia y de esquemas tan típicos que aborrecen.

En la programación estadounidense ahora mismo cuesta encontrar algunas propuestas que ocupen satisfactoriamente ese cuarto de hora alargado. Rockefeller Plaza (ahora en un mal momento), Como conocí a vuestra madre (muy irregular) o Gary Unmarried (arquetípica) son los mejores ejemplos (a la espera de ver The Big Bang Theory). Pero, pese a poder disfrutar con ellos, desde la primera y segunda temporada de la serie de Tina Fey que no notaba la flecha de Cupido al posar mis ojos en alguna comedia. Hasta que descubrí Arrested Development.

En ella Ron Howard (el director de películas olvidables como Una Mente Maravillosa o Frost/Nixon) narra la vida de la familia Bluth formada por individuos, a cada cuál más patético, egocéntrico y ruin que el anterior, y del único hijo moral que debe lidiar con ellos cuando el patriarca es enviado a prisión por fraude fiscal. Y realmente haber conocido a los Bluth ha sido una de las mayores alegrías televisivas de este año.

El humor, ácido y absurdo, quizá no logra provocar carcajadas en cada episodio pero sí consigue acercarse al espectador y enamorarlo de cada personaje. No hay ninguno de ellos que no vaya a pasar al altar de mi memoria, de tan carismáticos. Y no solamente buscan hacer reír sino que dan prioridad a formar varias historias en cada episodio, para juntarlas en el minuto final. Así, de no funcionar algunos gags, siempre hay donde agarrarse y el resultado no se antoja frustrado. Gran labor la de sus escritores.

Además, el reparto está hecho a medida. Prueba de ello es que, conociendo algunos de los intérpretes de trabajos posteriores, esta sea la primera vez que disfrute viéndolos en pantalla. También, a consecuencia de esta sincronización entre actor y personaje, muchos de ellos acabaron encasillados, como demostrarían Will Arnett (luego en Rockefeller Plaza), Jessica Walter (90210), Tony Hale (Chuck) y sobretodo Michael Cera, que consiguió con los mismos registros el estrellato en Hollywood (Juno, Supersalidos).