viernes, 20 de febrero de 2009

La representación teatral del poder

En una realidad capitalista, de concentraciones empresariales e intereses políticos, la premisa del periodismo como contrapoder ha perdido mucha fuerza. Ambos mundos están tan íntimamente entrelazados que es imposible discernir cuando se actúa en beneficio de la sociedad y cuando se hace a favor de un partido. Sin embargo, la función de esta profesión como denuncia de la verdad que se esconde tras los casi infranqueables muros de la política debe existir.

En la película de El Desafío: Frost contra Nixon se muestra esta vital necesidad democrática de despojar a los políticos de la impoluta y falsa imagen que intentan vender y de la auténtica naturaleza y ejecución de los proyectos realizados. En el caso del presidente de los Estados Unidos Richard Nixon este afán de ocultar la realidad fue demasiado lejos, de la misma forma que el español José María Aznar también se cargó su reputación, a base de burdos engaños. Y ambos siguieron caminando por el mundo con la cabeza bien alta. La obligación de los periodistas, sin embargo, fue la de pasarles cuentas con hechos y hacerles imposible seguir con esta postura.

En El Ala Oeste de la Casa Blanca, no obstante, esta visión está claramente sesgada: al estar del lado del gobierno norteamericano, muestra los periodistas como simples incordios que no saben esperar al momento oportuno. Pero ese momento al que intenta conducir el gabinete del presidente no es más que otra estrategia para aumentar o mantener la imagen del mandatario, con la teóricamente buena razón de poder seguir en el despacho oval y obrar del mejor modo posible. Aunque ellos no deberían ser quienes lo decidan, escenificando esas representaciones teatrales que son las ruedas de prensa y con entrevistas amañadas. La transparencia es un derecho de los ciudadanos.

La realista voluntad tanto del dirigente Bartlet como de Nixon son la misma: controlar su visibilidad. Ser ellos quienes determinen qué verán los votantes. Así, mientras que C.J. intenta manipular la prensa con tratos especiales, amenazas, falsas pistas y mentirijillas y el propio presidente tiene una clara guía de su comportamiento y discurso, Nixon y sus secuaces también intentan dictaminar las bases de la entrevista y planean las guías para llevar el ritmo. Pero la visión que tiene el espectador de cada caso son completamente distintas. Bartlet quizá no planeará un Watergate, pero sí que mintió al país sobre su salud y en el fondo su engranaje funciona como el de cualquier otro político: ¿desde que llega a la Presidencia de verdad hace alguna auténtica buena reforma? ¿O sencillamente persigue sobrevivir hasta la reelección?

Los espectadores, gracias a un retrato amable en exceso, acaban perdonando todo al mandatario, al igual que luego condenan a Nixon y celebran la labor de David Frost. Lo que no deberían perder de vista, en realidad, es que en ambas ficciones los periodistas cumplen con su función. Y es que, si Bartlet ordenara la colocación de micrófonos en un despacho republicano, entonces veríamos quien es realmente el problema para la libertad de la nación, si C.J. o los periodistas.

5 comentarios:

Van Hessa dijo...

Luego te leeré con detenimiento, que me interesa mucho el tema. De momento, entro para avisarte de que tienes premio en mi blog.

Van Hessa dijo...

Gran entrada, sí señor. Realmente, esta serie está dando para mucho análisis... para los que saben, claro.

Kratos dijo...

Esta es la primera vez que comento pero llevo mucho tiempo leyendote, un aplauso peazo blog, todas tus entradas son interesantes.
Saludos.

El Devorador dijo...

Hola:

No estoy de acuerdo del todo con tu referencia a "El Ala Oeste". En ella el presidente bartlet no es perdonado por haber mentido mentido al país sobre su estado de salud, sencillamente es mejor candidato que su oponente a pesar de ello (un oponente que curiosamente es muy parecido físicamente a G.W. Bush). Además, a diferencia de Nixon, Bartlet en ningún momento argumenta en favor de su enfermedad (como hixo Nixon con su escándalo) sino que lo justifica admitiendo que no lo consideraba como un problema nacional, sino como un problema que pertencía al ámbito personal, auqnue resultó estar muy equivado. Ahí reside la diferencia entre ambos.

Un Saludo.

Crítico en Serie dijo...

Kratos, muchas gracias por seguirme. Siempre ayuda saber que tengo algunos lectores habituales que siempre me siguen, aunque no comenten. Gracias ;)

Devorador, a veces no mencionar algo es igual que mentir. Y no solamente se trata de la enfermedad: sencillamente que la gente debe tener constancia del papel del periodismo y de los gabinetes de comunicación como herramientas, en muchos casos, de incomunicación.