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miércoles, 4 de mayo de 2011

Los Walker, los Braverman y las familias cansinas

Los dramas familiares tienen un límite de problemas que me pueden importar y/o emocionar. Bueno, no sé si esto es el paradigma de los dramas del género o sencillamente el resultado de la ineptitud y el no saber llevar las cosas, algo que acaba sucediendo de un momento a otro y que empieza con un mal fichaje, un despido o la falta de ideas (o de cómo exponerlas) por parte de los guionistas. Sea como sea, Brothers & Sisters está de capa caída y en la última temporada, la quinta, los Walker parecen pedir a gritos la eutanasia, dejar de sufrir, porque ha llegado ese momento en el que recuperarse parece una ilusión cada vez más lejana.


Lo más divertido de la serie, más que los lagrimones que querían hacernos saltar en su primera temporada, siempre fueron las interacciones entre los personajes. El esquema siempre era el mismo: todo comenzaba con una llamada a dos o tres bandas, un secreto, un bocazas y una comida donde todos estallaban en recriminaciones. Pero será porque primero se largó Tommy (que a veces aparece pero ya no es el mismo), después Rebecca y su madre (que podía ser una enchufada pero ofrecía buenas confrontaciones) y encima Kitty dejó de participar en todos los episodios, que la magia desapareció. Las situaciones dejaron de tener la chispa de antaño, seguramente perjudicadas por unos arcos individuales y colectivos que hace tiempo que no lucen, aunque los asuntos de paternidad se supone que siempre dan mucho juego.


Todo empezó con la llegada de Ryan, que desapareció por arte de magia, y siguió con situaciones tan absurdas como la novia de Tommy (ese esperpento cuya única función era entrometerse en el árbol genealógico), la enésima putada del patriarca Walker desde la tumba, la inexcusable e innecesaria gravedad de Holly y, no lo olvidemos, esas tonterías crípticas para encontrar la reserva de agua del año pasado. Supongo que cuando se pierde la imaginación y el talento en algo en concreto también significa que habrá repercusiones en otros ámbitos. Ahora no tenemos ni un drama familiar decente, ni unas interacciones ingeniosas (y Beau Bridges, por más que pase el tiempo, es de los actores más olvidables que han pasado por Hollywood).


Siempre es mejor, sin embargo, haber sido sujeto de la inspiración alguna vez que quedarse siempre como un producto sin gracia, que es el caso de Parenthood. Y es que si los Walker han conseguido que acabemos aborreciendo a la mitad de sus personajes (y sobre todo a Olivia), en el caso de los Braverman no hay quien se salve. Supongo que la palma se la lleva Adam solamente porque se comporta como un estúpido en todas las facetas de su vida, desde su relación con sus hijos, a con sus hermanos y en el trabajo, y encima va de rectitud moral en persona.


Pero lo que no entiendo de Parenthood es cómo hay quienes predican que es de las mejores series adultas de la televisión. Su razonamiento es que son problemas reales y contados de una forma real, pero no creo que sea cierto. Más bien diría que son problemas ordinarios, contados sin maña y demasiado almíbar, y encima desarrollados de forma ilógica. Sólo para poner un par de ejemplos recientes, la madre soltera sin estudios pasa de un día para otro a convertirse en autora teatral cuando lo más elaborado que había escrito en su vida era un trabajo de instituto; el niño autista cada vez se comporta de una forma más antisocial y tras medio año en un colegio especial (y sin haber presenciado mejoras) ya recomiendan que vuelva a la escuela convencional (y Adam obsesionado con que sí); y Amber llegó a la serie hace un año siendo una oveja descarriada que no sabía escribir y que debía repetir curso, y ahora todos se extrañan de que no haya entrado en una de las universidades más prestigiosas del país (¿alguien creía que tenía posibilidades? ¿Y qué sociópata la poseyó en los últimos episodios?). En serio, esta serie es de úlcera.

jueves, 20 de mayo de 2010

Las canas de los Walker

Esta entrada contiene spoilers de toda la cuarta temporada de Brothers & Sisters.


Utilizar el flashforward para mandar los personajes de una ficción al futuro se ha convertido en el recurso perfecto para dar un poco de oxígeno a cualquier serial que denote signos de cansancio. Mientras que hace unos pocos años parecía revelador y sobre todo arriesgado, gracias a One Tree Hill, Perdidos y Mujeres Desesperadas, hay quien se ha dado cuenta que remover los cimientos no necesariamente provoca un derrumbe. O que cuando las cosas se dirigen a mal puerto y las ideas se agotan, no puede haber mal que por bien no venga.


La última en caer en esta moda es Cinco Hermanos. Aunque no haya habido una introducción a los nuevos tiempos como si ocurrió con Perdidos y las vecinas de Wisteria Lane, el año que viene los Walker volverán con unas cuantas canitas de más. ¿El motivo? Tanta endogamia en el clan e ineptitud a la hora de presentar nuevos personajes han provocado que, después de cuatro años, no les quede nada por exprimir.


Ante la situación, Ryan ha canalizado esta temporada el odio que bien merecía recibir la propia serie. Ha ejercido de cabeza de turco de los fallos de los guionistas que no saben cómo apañárselas una vez salen de su comfort zone. Y después de casarlos, divorciarlos, enviudarlos, despedirlos, contratarlos, enfadarlos y reconciliarlos, se les han terminado las variables por lo menos dentro de las bases que ahora mismo marcan a los personajes.


Ejemplos de la decadencia de este culebrón amable hemos tenido unos cuantos. Por una parte está ese cliché llamado Luke (que cómo anécdota servía, pero no sirve para mucho más a menos que pongan a Gilles Marini en la ducha como en la película de Sexo en Nueva York), el rollo de Narrow Lake (que se sacaron de la misma chistera en la que estaba el segundo bastardo) y los desvaríos del senador McCallister una vez abandonó la esfera política oficial.


Peor lo peor ha sido comprobar como por primer vez los personajes han deambulado sin ningún tipo de norte. Justin, un tipo sin estudios, empezó la carrera de medicina (con un compañero de laboratorio al que sí mandaría a Iraq); Kevin de repente un día decidió que no le gustaba ni la abogacía ni la política cuando siempre había estado apasionado con su trabajo; y como me comentaron mis amigas BytheWay, a veces incluso parecía que nos hubiéramos saltado algún capítulo. De un día para otro, Ojai estaba vendiendo todos sus bienes en la más profunda bancarrota, o Tommy regresaba y volvía a ser el hijo pródigo (y no el criminal o el renacido de México).


No obstante, con un cambio de aires no siempre basta. Ante el salto temporal que se avecina, los responsables deberán empezar con algo más que excelsos diálogos (que incluso en estos últimos episodios se pasaban de estúpidos y melifluos). La cambiada edad de los nietos, la nueva situación conyugal de Kitty, y las consolidaciones de los negocios, las relaciones y carreras de los protagonistas no excusarán que el baile de novios, embarazos y despidos vuelva a empezar bajo las mismas pautas. Eso ya lo hemos visto.


Ahora, en este futuro inmediato, necesitaremos que de una vez por todas sepan construir unos personajes con pies y cabeza y cuyo apellido no sea Walker, y que el tono madure un poco ante tanto ramalazo infantil. Ah, y que el tío Saul de una vez por todas muera o lo utilicen. Sino la quinta temporada será, como las audiencias ya avanzan, un triste epílogo para una serie cuya fórmula ya estaba caducada.

lunes, 10 de mayo de 2010

La crisis de la Santísima Trinidad

Las programaciones infalibles no existen. A veces pueden ser intocables, sobrevivir a cualquier ataque hostil por parte de los rivales, pero siempre llega el día en el que el imperio empieza a decaer. Normalmente los aires de cambio llegan con tanta calma que ni tan siquiera el César se alarma. Primero es un mal registro de un estreno, luego es un bajón importante por parte de la estrella del regimiento... y de repente, sin darte cuenta, ya estás como la ABC.


A la cadena propiedad de Disney no le ha ayudado que la televisión tenga su propia crisis dentro de la crisis global: sus series no son las únicas que han caído en picado de la noche a la mañana (sino que se lo digan a la franquicia de CSI). Pero esta fragmentación provocada por las decenas de canales, los aparatos de grabación (algo que aquí aún no se ha instaurado), e internet le ha pasado factura como a ninguna otra cadena.


De la noche a la mañana, su santísima trinidad del culebrón, o sea Anatomía de Grey, Mujeres Desesperadas y Cinco Hermanos, han perdido como mínimo cinco millones de espectadores y un punto o dos en los deseados demográficos (Grey pasó de los 16 millones a los 10, y del 5 y pico al 3.9, y las de Wisteria Lane siguen la misma línea). El modelo, que tantos otros querrían para si mismos (la NBC lo ejemplifica con con esos sucedáneos llamados Mercy y Parenthood), se ha agotado y toca regenerarse. ¿Pero cómo regeneras toda tu programación cuando te has dormido en los laureles?


Si os fijáis, desde que llegara la generación 2004/05 (Perdidos, Grey y las Desesperadas), la ABC sólo ha creado tres series de éxito: Cinco Hermanos, Castle (que casi debería incluirse entre comillas) y Modern Family. Sin Cita Previa ni tan siquiera la incluyo porque es un apéndice de los médicos del Seattle Grace que pasará a mejor vida a la vez que su madre.


Los ejecutivos en cierto modo ya estaban preparándose para cuando se le terminaran los recursos naturales: ya comenté en otra ocasión que Castle y Modern Family eran justamente el intento de adentrarse en otros terrenos de la ficción, los procedimentales y las sitcoms. El problema está en que no debían esperar que el apocalipsis llegara tan temprano: es normal que los seriales sufran un desgaste natural, pero no que sangren a presión.


De momento, la santísima trinidad volverá el año que viene. Sin embargo, no sería ninguna sorpresa que fuera la última temporada de todas ellas. Los costes de producción de las tres series están por las nubes y supongo que los ejecutivos lo pasarán francamente mal para que los números cuadren si bajan un poco más (sólo con los salarios de los actores podrían financiar toda la programación de sus filiales).


Con ellas, junto con algunos realities como The Bachelor, su versión femenina y Dancing with the Stars, tienen la oportunidad de reforzar los diques la temporada que viene. Pero la televisión es un sector que no suele dar segundas oportunidades, y del paraíso al estado de la NBC sólo hay unas cuantas nefastas decisiones. Y con Happy Town, The Forgotten, Eastwick y The Deep End, ya llevan unos cuantos cartuchos malgastados.


La fotografía, para los que les interese, es una promo cómica que preparó Jimmy Kimmel para la quinta temporada y que incluía a modo de cameo el nadador olímpico Michael Phels (a.k.a. Dr McSwimmy).

sábado, 5 de diciembre de 2009

Malditos Bastardos

Los hermanos, en las series de televisión, son como las setas: de repente un buen día aparecen, sin avisar. Toma un bastardo. Pero luego vienen las complicaciones: un hermano no es como el rollete de una noche al que, si quieres, le das intencionadamente un número de teléfono equivocado. Estos llegan para quedarse por lo menos una temporada. Y aquí es donde están teniendo problemas dos series que hacen bastantes piruetas con el concepto de familia tradicional: Gossip Girl y Cinco Hermanos (y, cómo podéis intuir, habrá espoilers de las actuales temporadas).

El caso de los upper-east-siders fue, como les suele ocurrir, un error de casting. Chris Riggi era guapete (los genes de Rufus y Lilly no podían fallar), pero tenía una expresión de asco perenne en la cara. Como si los ex alumnos de Constance apestaran. Y viendo el panorama, los guionistas eligieron el recurso Aaron pero con un poco menos de glamour: en vez de coger un avión e irse hacia Argentina, se subió a un autobús para volver con sus padres adoptivos en algún lugar menos glamoroso que Manhattan.

O sea, tramó un retorcido plan para luego conformarse con una palmadita en la espalda y en el hogar de los Humphrey nunca más se volvió a hablar del tema. Es obvio que algo no encaja, pero a día de hoy he perdido la cuenta de cuantos actos carecen de lógica en Gossip Girl.

Cinco Hermanos, en cambio, lo pasa peor (simplemente por el hecho que es superior). Ese Ryan es el grano en el culo de la familia Walker y también de los guionistas. Como la carta del bastardo ya la habían utilizado con Rebecca, muy mona y adorable (que por algo Justin bordeó el incesto), buscaron un registro distinto. Pero me da a mí que el resultado no fue el esperado, y los traumas del joven, junto con su cara de asco (también), se acercan más al hermano biológico de Dexter, el psicópata del congelador, que a la filosofía Berlanti.

Desde entonces, al no poder echarlo porque iría contra los pilares de la serie (si se hubiera ido enojado, Nora habría empezado una huelga de hambre), es el escombro que se pasea por el negocio familiar y que, de paso, la lía destrangis. Es el peón que utilizan para elaborar una trama menos trivial pero que, en realidad, queremos que desaparezca. ¿Acaso alguien quiere otro enfrentamiento del clan contra Ryan? ¡Si es tan turbio que no es de extrañar que su madre se tirara por la cuneta! Pero, como ellos lo saben, pasan de profundizar en el personaje. Es una causa perdida.

Estos dos, sin embargo, no son las únicas tramas bastardas que tenemos por resolver. Por fin en primavera descubriremos si tiene alguna importancia que Jack y Claire sean hermanos o si todo ha sido una tomadura de pelo (por Jacob que no sea así); en 90210 tienen en stand-by ese fruto de un baile de fin de curso; en Al Descubierto Mary está buscando la verdad; y en Big Love, Nicki aún tiene muchas explicaciones que dar.

viernes, 11 de septiembre de 2009

El día que no fue como cualquier otro

"Sé que para ti sólo es una fecha, pero para un tipo como yo el 11-S es un monstruo. Y no quiero hablar de ello"
Tommy Gavin en Rescue Me

Inevitablemente, para todos el 11 de septiembre es una fecha. Para mí era uno de esos días soleados en los que el sol ya brillaba más cercano del mar y la estelada ondeaba en el balcón. Subía de la playa, por casualidad pasé por el bar de debajo de casa y atisbé en la televisión como salía una densa humareda de un edificio. Era la primera de las dos torres afectadas. El resto ya es historia. Aunque en ese momento, con el agonizante asombro y las retinas pegadas a las pantallas, no nos dimos cuenta que se trataba de una nueva página.

La televisión, donde unos trastornados periodistas nos contaron los hechos tan bien como pudieron, tampoco es la misma desde entonces. Por lo menos la estadounidense, pues los americanos tampoco son los mismos desde ese día. Y Rescue Me es la más evidente consecuencia. En ella se relatan las vidas de aquellos que sobrevivieron a la matanza (donde, entre las víctimas, hubo 343 bomberos) y también de aquellos que se formaron para seguir su ejemplo. Y por cínica que sea la tragicomedia, por más que Denis Leary y el resto de retrasados emocionales no dejen títere con cabeza, hay un tema que es intocable y con el cual todos se serenan. El 11-S. Para la mayoría de ellos no es esa intensa fecha del desconcierto y también del horror, sino el que los definiría y marcaría muy por debajo de la piel.

Los guionistas de El Ala Oeste se adaptaron a las circunstancias y en pocos días tuvieron escrito un nuevo episodio, que no se incorporaba en el arco temporal de la serie, donde se habló explícitamente de la amenaza terrorista. Eran nuevos tiempos y, a su manera, contaron también la invasión al Afganistán durante la serie, pero sin los nombres y apellidos contemporáneos. Ningún avión chocó contra el World Trade Center, ni el Pentágono, ni otro cayó en Pensilvania. Hubo un intento de atentado contra el puente del Golden Gate. Y en lugar de Al-Qaeda, el grupo terrorista enemigo se llamaba Bahji. Pero no sólo afectó a los héroes de ese día y a la clase política.

La semana pasada, en Top Chef, una de las concursantes revelaba cómo descubrió su vocación en el mundo de la cocina. Ese día de septiembre, ante el shock que le suponían esas imágenes, se sumergió en la cocina. Fue su reacción particular a esa catástrofe global. Cocinar. Así que, en cierto modo, también le dictaminó cuál sería su camino a seguir.

En la ficción, Mac de CSI: Nueva York perdió su esposa y Kittie Walker de Cinco Hermanos nunca superó lo de vivir en la zona cero. Ese agujero en el mapa de Manhattan le recordaba la espesa bruma que cubrió las calles y que la dejó incomunicada durante horas. Un tiempo vital que atemorizó a toda su familia y que desencadenó en el alistamiento en el ejército de su hermano menor.

Esa impotencia, desde entonces, también intentó traspasarse a las pantallas. Y mientras en el cine ha habido geniales pero escalofriantes piezas como United-93 o Monstruoso, que dio cuerpo al trauma de Tommy Gavin, en televisión el más fiel relato de esos instantes se halla en la ciencia ficción. Battlestar Galactica, con la inesperada ofensiva inicial cylon y ese vertiginoso caos, dejó sin aliento a los espectadores ante la pequeña pantalla, como ya ocurrió hace ocho años en la tan descorazonadora fecha.

lunes, 25 de mayo de 2009

Tres Críticas con C de Culebrón

Mis niñas mimadas de la cadena estadounidense ABC ya se han despedido temporalmente de la programación: Anatomía de Grey, Cinco Hermanos y Mujeres Desesperadas. Todas ellas tienen algo en común: un punto culebronesco que ni las operaciones quirúrgicas del Seattle Grace pueden ocultar. Ellas buscan la identificación con el espectador a base de sueños, amores y frustraciones; y así también suscitan en nosotros las mayores emociones (o por lo menos conmigo funciona). Sin embargo, esta necesidad de explorar y revisitar los vínculos humanos entre ellos, el motor de todo culebrón, también suscita un mayor desgaste y he aquí el examen. ¿Habrá alguna de ellas que deba hacer deberes durante el verano?
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Anatomía de Grey (5ª temporada)

Es un milagro. Después de dos años en un descenso imparable, los médicos del Seattle Grace han ofrecido una de las temporadas más dignas hasta la fecha, con los mejores episodios de la serie incluidos. ¿Quién hubiera apostado dos duros por esta improbable remontada? Los antiguos grandes personajes han regresado a su esencia (Izzie y Christina), a los bodrios se los ha controlado (Meredith y Derek, básicamente) y a los desaprovechados finalmente les han sacado partido (Callie y Sloan). Empezaron con desenfado y frescor (y unos internos al borde de ser ingresados en una clínica psiquiátrica) y supieron desarrollar nuevas historias y enfoques sin ignorar el pasado pero sin pararle atención. Eso sí, lo han culminado todo con un sprint final que deshidratará a los más llorones. Si Anatomía de Grey siempre ha sido una experta en ejercitar los lagrimales, este curso directamente ha agredido al espectador con unas líneas argumentales que oscilaban entre la carcajada y el sollozo.

Habrá quienes digan que el fantasma de Denny enturbia el asunto o que la season finale (muy reveladora) no aprovecha todo el material, pero algo está claro y es que Anatomía de Grey vuelve a estar en primera línea. A aquellos que abandonasteis el culebrón porque se iba por unos senderos aborrecibles e increíbles... ¡reengancharos! Y es que cuando este drama sabe jugar sus cartas, hay pocas que la superen. Casi había tirado la toalla y ahora no se me ocurre ninguna otra serie que me haya entretenido y emocionado más esta temporada.

Cinco Hermanos (3ª temporada)

A la familia Walker se le deben pasar por alto un par de cosas: primero, que sean tan estúpidos que provocan problemas enormes por culpa de su exceso de comunicación y de su tendencia a hacer una montaña de un grano de arena. Luego, que pasen página tan rápido que casi ni tengan tiempo a enfadarse. Una vez se han aceptado este par de defectos, ya puedes poner las palomitas en el microondas porque toca disfrutar sin prejuicios de los magníficos encuentros entre Sally Field y sus retoños basados en la premisa de “cuantos más mejor”.

Gracias a que en sus inicios Cinco Hermanos eligió el género de la comedia ligera con toques dramáticos, esta serie se puede permitir el lujo de estar en plena forma en su tercer año y removiendo los trapos sucios familiares sin ningún pudor. En el fondo da igual el por qué se pelean, se critican a las espaldas y quienes son los implicados: hay tanta química entre el reparto (con perdón de Balthazar Getty) y tanto ritmo y tanto gancho en los diálogos que no importa si el patriarca Walker tuvo más hijos bastardos que el presidente de Paraguay. Y los que le pidan un tempo más realista a las tramas, menos hermanos sorpresa y madurez a los protagonistas es que no han entendido el concepto. Entretener es el objetivo y durante tres temporadas lo han cumplido.

Mujeres Desesperadas (5ª temporada)

El salto temporal de cinco años debía servir de borrón, dar energías a los personajes y dotarlos de otros bagajes. Se podían introducir a las desesperadas en impredecibles tramas e incluir nuevos vecinos. Sin embargo, ha podido el peso del pasado y las vecinas de Fairview han continuado como en la cuarta temporada: bajas en calorías. No obstante, creo que el desgaste de Mujeres Desesperadas no se debe al agotamiento natural que todo culebrón acaba padeciendo, sino a la evaporación de la magia de Cherry. Las actrices siguen ahí, también las ideas, sólo que han desaparecido las frases punzantes y la desvergonzada acidez. ¿No se puede buscar a otro show runner menos acomodado que sepa aprovechar el precioso plató y los divinos personajes?

Según parece, Cherry se ha apalancado entre las coloristas casas de Wisteria Lane y ha perdido la perspectiva de lo que esencialmente presentó (y con lo que revolucionó el panorama televisivo): una crítica tan cínica que no dejaba títere con cabeza, pero con unas formas tan amables que nadie se sentía insultado. Pero que conste: por lo menos esta quinta temporada ha servido para que la más drástica de las protagonistas, Eva Longoria, pudiera lucirse y demostrar que, además de ser la más joven y guapa, también rivaliza en talento. ¿Será precisamente porque ha sido la única a quien los cinco años no pasaron en balde?

jueves, 14 de mayo de 2009

El castigo de Balthazar Getty

Esta entrada contiene spoilers de toda la tercera temporada de Cinco Hermanos, si bien sólo incumben a Tommy (y básicamente trata el romance del actor con Sienna Miller).

Tommy Walker se arrepintió tanto de haber intentado estafar a Holly y de la persona en que se había convertido que se recluyó en México. Atrás dejó, sin embargo, a su mujer, Julia, y a su hija, Elizabeth, sin demasiadas explicaciones. Las abandonó, básicamente. Y después del movidito verano que tuvo Baltazhar Getty en Italia con la actriz (¡jah!) Sienna Miller, es ingenuo creer que este golpe de guión no tuvo nada que ver con la situación personal de Getty. Se lo tenía merecido.

En julio sonaron las alarmas. El actor de Cinco Hermanos, casado y con cuatro hijos, había sido fotografiado con Miller fumando, magreándose y bebiendo vino en la costa italiana de Amalfi. Por supuesto, levantaron ampollas hasta el punto que cuando Miller volvió a su hogar se encontró una pintada en el que ponía “guarra”.

La supuesta actriz, de quien es imposible nombrar tan siquiera cinco películas de su filmografía, y que se hizo conocida por ser víctima del infiel Jude Law, se había pasado al lado oscuro. De ser la cuernuda a la rompehogares. Y además con la clase que otorga la mezcla del topless y el beber a morro.

No obstante, quien tenía responsabilidades era Getty, con cuatro criaturas de menos de diez años, la última de las cuales había nacido sólo nueve meses antes. Poco después de que salieran a la luz las fotografías, el actor confirmó que él y su esposa, Rosetta, llevaban un tiempo separados. Ella, sin embargo, por el bienestar de sus hijos y la humillación personal, desapareció. Desde entonces, tanto ha habido intentos de reconciliación del matrimonio (en agosto), como reencuentros con Miller (en noviembre).

El affair salpicó Cinco Hermanos, en parte porque el reparto conocía a la ex mujer y se solidarizaba con el ridículo que sufrió. Pero los verdaderos problemas llegaron de la mano de Matthew Rhys. El también hermano Walker, Kevin, había estado en una relación (¿sexual? ¿sentimental?) con Miller, hasta que inocentemente los presentó, sin saber que Sienna se arrima a la cuenta que tenga más zeros. Y los rumores acerca de problemas en el rodaje se sucedieron hasta el punto que se planteó la posibilidad de que Tommy dejara de ser un personaje regular.

El papel que jugará en la próxima temporada no está claro, pero lo que sí se ha podido comprobar es una descarada correlación entre la vida y obra de Getty. Primero despachó (y puteó) a Rhys como abogado de la empresa para reducir gastos, despertando un latente malestar entre ambos personajes. Luego abandonó a su mujer y esposa sin previo aviso. Incluso ocurrió contra todo pronóstico: los spoilers filtrados siempre habían sugerido que iría a la cárcel.

Un argumento, podría ser que querían despistar a la audiencia, pero yo me decanto porque al responsable de la serie, Greg Berlanti, le pudo su sentido moral. Ante la desconsideración hacia su esposa y su compañero de trabajo, le castigó públicamente y retrató el comportamiento real de Getty en la ficción. Ahora sólo falta saber si después de la mortificación viene la redención o un tanto oscuro cambio de contrato.

miércoles, 8 de octubre de 2008

El entretenimiento está en la ABC

La reflexiva y arriesgada calidad teóricamente está en los canales de cable americanos. Aunque mentiría si dijera que el entretenimiento también está allí, puesto que está en la generalista ABC. Puede que no tenga productos tan maduros, espesos e irreverentes como la HBO o la FX, pero sí que tiene Mujeres Desesperadas, Anatomía de Grey, Criando Malvas, Cinco Hermanos o Perdidos. Motivos (muy) de sobras para hablar de la mejor cadena de entretenimiento. Y he aquí la enésima entrega de premieres norteamericanas, esta vez, todas de la ABC.

Mujeres Desesperadas
El tiempo se ha llevado cinco años de sus vidas y ellas, como el buen vino, han vuelto revigorizadas. El salto temporal con el que ha arrancado esta quinta temporada les ha dejado ventilar sus casas y regresar con nuevos aires, que huelen a cambio. Y de este ciclo, por ahora, hay dos elementos que me llaman especialmente la atención. El primero, los trapos sucios que saldrán en casa de Edie. Desde el Paul Young de la primera temporada que no nos encontrábamos con un personaje tan inquietante como el marido de Edie. Y segundo, la nueva cara de Gabrielle, que brindará la oportunidad a Eva Longoria de que los superficiales incrédulos se la tomen en serio. A mí ya hace tiempo que me convenció.

Cinco Hermanos
Cruzaba los dedos. Necesitaba mi dosis de discusiones de los Walker y reírme un rato con ellas. Y, efectivamente, me he reencontrado con las tortas verbales e infantiles de la burguesa familia. Pero el visionado ha sido agridulce ya que esbozar sonrisas ha sido imposible: la pelea ha sido dura, como las de sus inicios. Sin embargo, es un gran punto de partida para hilvanar el entramado de relaciones de todos los miembros y divertirnos en el futuro. ¿Por qué nadie reivindica un mayor caso de la crítica, además de por sus interpretaciones, por los impecables guiones?

Criando Malvas
La audiencia no está a su favor, pero esta serie debe seguir en la parrilla. Es tan limpia, dulce y original que merece un hueco, algo que se me ha hecho aún más patente después del estreno de la tercera temporada. El singular edificio diseñado como una colmena, el hombre-abeja, el cadáver hinchado por picaduras… ¿pueden tener más imaginación los escritores? Sencillamente… asombrosa.

Sexy Money
Si esta serie tuviera pretensiones, sería odiosa. Pero afortunadamente no tiene. Es una serie menor y es consciente de ello y por este motivo uno se puede divertir tanto con los Darling, ya sea con sus aventuras, sus alegrías o sus penas. Verla otra vez en Antena 3 me ha permitido verlo de forma más clara. ¿Y su segunda temporada? Pues en la línea, sin tomarse en serio, graciosa y ágil. ¿Qué hay de malo en aportar un buen rato?

Sin Cita Previa
Si Shonda Rhimes usó como marioneta al director de cirugía del Seattle Grace para pedir perdón y prometer mejoras en Anatomía de Grey, ahora parece que también se puede hacer una lectura biográfica al spin-off de Addison Montgomery. En el inicio de la segunda temporada, la clínica privada está en bancarrota y deberán trabajar para sobrevivir a la crisis. Igual que le pasa a la serie. No obstante, si con Anatomía de Grey tengo la esperanza de que cumplirá con la promesa (lo demostró en el estreno de la quinta temporada), no creo que haya fundamentos realistas para creer que pasará en Sin Cita Previa. Y es que, lo lamento, pero los brazos de Taye Diggs siguen siendo los de un gorila y Kate Walsh continúa gesticulando como un mimo. La cruz (con permiso de Eli Stone) de la ABC.

viernes, 3 de octubre de 2008

Huir de la crisis

Los norteamericanos ya se han visto obligados a abandonar el país. Después de que las catástrofes medioambientales se cebaran con ellos, que el precio del crudo no dejara de subir y la crisis económica los ahogara hasta la pobreza, han tenido que marcharse de su tierra, de la misma forma que sus antepasados llegaron a ella: con una mano delante y otra detrás. Pero ya no son los reyes del mundo. Ahora son otro colectivo inmigrante más integrado en los otros países. Ellos son los habitantes de unos nuevos ghettos llamados Americatown.

Esto, obviamente, no es la realidad americana. Es la versión futurista que pretende plantear la cadena de pago HBO. Ávida de extrapolar a la ficción las preocupaciones de los ciudadanos estadounidenses, la cadena responsable de series como Los Soprano o Sexo en Nueva York ha puesto en marcha un drama para mostrar esta pesimista hipótesis del futuro derivada de los tiempos que corren y ambientada dentro de unos 40 años. Detrás del título de Americatown (inspirado en la denominación del barrio chino neoyorkino, Chinatown), está Bradford Winters como creador y Barry Levison en las tareas de producción.

No obstante, no hace falta esperar a que se confeccione este proyecto para poder observar el estado de recesión en el que parecen haber entrado los Estados Unidos. Justamente el miércoles pasado llegó a la parrilla americana Friday Night Lights, el drama acerca de un pueblo de la América profunda deprimida que tiene a la crítica del país rendida a sus pies. Si su realidad ya era desalentadora desde sus inicios, en esta nueva temporada la crisis será una preocupación latente en el mundo de los protagonistas, que verán como la escuela debe sufrir recortes de plantilla por culpa de la asfixia financiera.

Esta visión decadente se contrapone a la otra tendencia de la programación: ofrecer mundos completamente ajenos al plan de Bush y a los urgentes rescates de los bancos. Según la periodista del New York Times Ginia Bellafante, productos como 90210, Gossip Girl, Privileged o la recientemente estrenada en Antena 3 (y con éxito) Sexy Money, todas ellas centradas en las vidas de gente forrada, están constituyendo un género por sí solas, de “fantasías de ricos”. Pero esta tendencia a la alienación no es la tónica general de la ficción americana, que suele tratar y acercarse a los desastres que afectan a los ciudadanos.

Este martes, por ejemplo, se podrá comprobar en Cuatro como la guerra de Iraq ha afectado a la sociedad norteamericana gracias al culebrón familiar de Cinco Hermanos. El pequeño de la familia Walker, en las tropas del país asiático, tendrá en vilo a su madre, que no recibe noticias suyas. Y de forma aún más cruda, la HBO también retrató durante el verano esta polémica actuación bélica con Generation Kill, cuando aún es objeto de debate con las cuestiones de si retirar las tropas o cómo hacerlo.

La turbulencia con la que se ha enfrentado estas primarias, tampoco escapó a los guionistas, que introdujeron bromas de Obama en el Rockefeller Plaza de Tina Fey (ahora más conocida por su faceta “a lo Sarah Palin”), que hicieron revivir a los telespectadores elecciones pasadas (Ford y Carter en Swingtown, Nixon y Kennedy en Mad Men), o que enseñaron como funcionaba la preparación de unas primarias (gracias al personaje de Rob Lowe en Cinco Hermanos).

La actual crisis económica, sin embargo, parece que va a influir a la parrilla de una forma más sutil, de la misma manera que la catástrofe del 11-S también acabó impregnando muchas de las producciones. Denis Leary hizo su particular homenaje a los bomberos con Rescue Me, Kitty Walker aún está superando sus vivencias en la zona zero y Mac Taylor de CSI: Nueva York perdió su mujer en el atentado terrorista. Y esto únicamente es el rostro visible de la tragedia. Así que esperemos, tiempo al tiempo, que de bien seguro que la crisis también acabará dejando una profunda huella en la programación, (mucho) más allá de Friday Night Lights o Americatown.

jueves, 28 de agosto de 2008

Obama, Carter y Kennedy al mismo tiempo

Todos lo sabíamos, pero ahora ya es oficial: Barack Obama es el candidato demócrata para ocupar la Casa Blanca. Justamente un día después de que USA Today publicara que el 30% de los clintonianos votarían a McCain o sencillamente no dipositarían su papeleta para el senador de Ilinois, Hillary Clinton Rodham decidió suspender la simbólica votación para así designar a Obama por aclamación. Ahora falta saber si los fieles militantes de la ex primera dama harán caso a la consigna y acabarán apoyando al que es el primer candidato negro a la presidencia. No obstante, éstas no son las únicas elecciones que se deciden en los Estados Unidos.

En Swingtown, Laurie y su profesor de filosofía y también de las artes sexuales están más pendientes de la convención republicana que de la demócrata. No porque ella sea afín al partido al que sí que votan sus padres, sino para saber quien acabará enfrentándose al político por el que ella ha hecho campaña, Jimmy Carter. Finalmente, en ese verano del 76, Gerald Ford es reelegido para enfrentarse al dos veces senador de Georgia y que, en 2002, acabaría recibiendo el premio Nobel de la Paz. Ellos aún no saben que afortunadamente ganará por un estrechísimo margen de votos (50.1% al 48%).

En cambio, en el día de San Valentín del 62, la votación ya está resuelta: Richard Nixon perdió contra John F. Kennedy y su esposa Jackie hace una visita guiada, emitida por televisión, por la Casa Blanca. Destila tanta elegancia, que todos aquellos de Mad Men que posan los ojos en ella dejan el canal e intentan evitar tener sexo conyugal (desde los Draper al armarizado gay de Romano). Todos ellos, además, la admiran ni que sea por la buena campaña que hizo su marido: a diferencia de Nixon, él sí que quiso publicitarse como Dios manda y dio una imagen impoluta encabezada por su mujer, que incluso vimos como pedía el voto en español por la televisión.

Esa imagen es la que también se ha recordado estos días al ver a Michelle Obama leyendo su discurso del prompter en la convención demócrata: la mujer tiene clase y carisma a la hora de dirigirse al público. Aunque sea un discurso milimétricamente calculado, ella consigue insuflarle vida. Es un talento innato y nacen pocas como ella (o Jacqueline Bouvier): sino que se lo pregunten a Laura Bush, a quien Cherie Blair ninguneó, pese a ser una mujer que se admira en este blog (cuando alguien dice que su serie favorita es Mujeres Desesperadas, automáticamente gana puntos).

Otra mujer politizada por contrato matrimonial, Carla Bruni, también ha saltado a la palestra durante el verano a cada intervención oficial que ha hecho. Desde que bajó del avión en Inglaterra y fue recibida por la Reina Isabel, que las comparaciones con Jackie no han parado. Sin embargo, las similitudes entre una y otra, más que naturales, son profesionales. Modelo de profesión, Bruni escogió a Jackie como ejemplo a seguir y ha ejecutado una imitación perfecta. Lástima que, como a un maniquí, le falta personalidad propia y naturalidad, y lo único que deja deslucir con su sonrisa es que se toma su papel como una aventura. Así se comprobó, gracias a las fotografías tomadas, cuando atendió al Dalai Lama en nombre de Francia durante las Olimpiadas.

Aun así, pese al gran interés que suscita el panorama político americano, las series de televisión se han quedado con la visión retrógrada de esa emoción, quizás en un intento de establecer paralelismos con la actualidad. Mientras que Obama eclipsa los medios de comunicación, su nombre ni tan siquiera ha aparecido en la ficción (sólo recuerdo, hace año y medio, cuando Liz Lemon reconoció en Rockefeller Plaza que lo votaría por su sentimiento de culpabilidad racial). John McCain, por otra parte, tampoco ha hecho acto de presencia aunque habrá quien quiera encontrar paralelismos entre él y Cinco Hermanos. Eso sí, que yo sepa, ni Huckabee, ni Romney, ni McCain se parecían al atractivo personaje interpretado por Rob Lowe.

Con el tiempo y el revisionismo se verá si Obama realmente transfigura en el icono que pretende ser. Por el momento, mencionar este gran debate acerca las elecciones presidenciales americanas en las series es arriesgarse a convertirlas en un producto demasiado caduco. De aumentar su aureola o conseguir ganar, seguro que a la larga se convertirá en otro referente temporal para las ficciones, de la misma forma que (sólo si se muda a la Casa Blanca) Michelle podrá ser el nuevo modelo de elegancia, educación y carisma. Con un mal resultado, cabrá ver si habrá dejado huella en el imaginario colectivo y si será suficientemente significativo como para merecer ser mencionado.

viernes, 13 de junio de 2008

El ránking de las season finales

Este ránking no será justo. No estará rivalizando, por ejemplo, el gran final de Mujeres Desesperadas (que por lo menos tuvo su artículo propio), ni los precipitados de las nuevas series que aterrizaron a la parrilla este otoño. Pero la vida sigue y he aquí la clasificación sobre las seasons finales de cinco series que aún no había comentado. Que conste (y esto es muy importante) que no son valoraciones sobre las temporadas. Aquí lo que cuenta es el desenlace, así que quien no quiera spoilers que se abstenga de leer sobre lo que no haya visto.

***** HOUSE: Quién me lo iba a decir que la falta de series me conduciría a tragarme la cuarta temporada de House. ¡Maldita huelga! Y es que no soporto a este médico: sigo pensando que quien hable bien del doctor House es porque tiene serias tendencias masoquistas. Pero la cuestión es que los demás (y estúpidos) personajes son quienes me permiten ver los episodios de este drama donde se trata a los pacientes peor que a ratas de laboratorio y encima se le cuelgan medallitas al insufrible médico. Dejando mis diferencias aparte, el final de temporada ha sido algo bestial: de lo más lacrimógeno que he visto este año. Y no de forma gratuita: los 14 minutos de puro dolor son del todo justificados. De ninguna otra manera se podría haber despedido lo que ha sido el puntito de sal de esta temporada.

En líneas generales, además, tengo que destacar que Chase nunca había estado tan guapo (y que se le debe volver al primer plano junto con Cameron), que Trece tiene un morbo al que acabar de explotar (quien descubriera a Olivia Wilde en O.C. lo entenderá) y que espero que la nueva situación de Wilson no sea un farol. Que todo conlleve serias consecuencias. Así que, aunque sea sólo por esos agónicos 14 minutos, creo que las aventuras del doctor más odioso de la tele se llevan la palma a la mejor season finale.

**** PERDIDOS: Como siempre, el episodio final ha servido para que nos replanteemos otra vez la manera de ver la serie. Y, mientras que en la anterior temporada nos hicieron ver que tendríamos flashforwards que cambiarían la manera de explicar los hechos, la nueva visión de Perdidos aún está por determinar: es difícil presagiar como se nos contará la historia a partir de ahora.

Acción, explosiones, muertes, más interrogantes. Ha tenido de todo, incluso un movimiento de palanca que parecía más propio de un episodio de Xena la princesa guerrera que de esta serie. De acuerdo que es ciencia ficción, pero "vigilemos". Y es que ha sido una temporada espectacular, pero que de tan trepidante e intrigante ha acabado dejando bastante indiferente. Ese terror psicológico y el misterio del primer año no están. Ese viaje a lo peor de cada personaje del segundo tampoco. En cambio, hemos tenido a tantos habitantes en la isla y tantas acciones simultáneas que se han acercado demasiado a la saturación. Suerte que, una vez enganchado a Perdidos, se lo perdonas todo con tal de que te den tu dosis.


*** CINCO HERMANOS: Menos lagrimillas y más risas. Después de averiguar lo que era el punto fuerte de esta serie, se han fomentado unas escenas corales de eficacia comprobada: quién haya visto una cena de los Walker ya sabe que, por mal que acabe, es difícil no soltar una carcajada. Además, es reconfortante ver que la vidilla que ha cobrado no parece resentir la totalidad de Cinco Hermanos. Con esto quiero decir que, por más que sea tan relativista y todo bache se supere a la mínima, no parece dar signos de cansancio a la hora de afrontar una tercera temporada.

No obstante, ha habido un único pero: la season finale ha sabido a poco. De hecho, ni me hubiera enterado de que lo era hasta que me di cuenta de que no emitían episodios nuevos. Otra vez: ¡Maldit
a huelga! Aunque deje la serie con una incógnita notable, la última escena fue demasiado insípida (a pesar de las connotaciones incestuosas). Deberían haber apostado otra vez por algo coral que dejara con buen sabor de boca: los saltos a la piscina del año pasado fueron de lo más refrescantes. Aun así, no enturbia una excelente temporada que supera, con creces, a las demás competidoras del ránking.

** ANATOMÍA DE GREY: Ñoñería de final. Si es que ya lo digo que Shonda Rhimes tuvo un golpe de suerte cuando le salió bien este culebrón romántico. ¿Dónde está ese temple del principio? Por favor, después de una decente cuarta temporada que intentó arreglar el patético descalabro sin sentido de la season finale de la tercera, lo estropeó todo en el último episodio.

La pesada Rebecca, el otro pesado de George, el pesadísimo jefe de cirugía... ¡qué pesadilla! Ni la doctora Bailey parecía tener uso de razón en otro final fallido que lo único que nos ha aportado es saber que las escenas de ascensor entre Meredith y Derek acabarán de una vez por todas. Claro que, lo de las velitas, sobraba.

*GOSSIP GIRL: Tú dale a los guionistas de esta serie un repóker de ases, que igualmente perderán la partida. Casi que provoca impotencia ver como malgastan todas esas cartas que, en manos de otros, darían muchísima guerra. Sólo viendo los vestidos de la boda de la madre de Serena ya se intuye que nada bueno podía salir de este episodio: los modelitos son peores que los elegidos por Carrie Bradshaw en un día de resaca.

Poco más puedo decir. En cierto modo, era de esperar que hicieran un final tan descafeinado y de manual (los últimos cinco minutos que dan la vuelta a la tortilla en todas sus variables es un recurso demasiado fácil). Es lo que han hecho durante toda la serie. ¿Que aparece una villana más lagarta que Diana de V? Pues la despachan con una reunión con los padres. Si es que en realidad es culpa mía: esto está hecho para niñatos impresionables y no para adultos melancólicos de series de adolescentes.

miércoles, 28 de mayo de 2008

God Bless America (La religión y las series Vol. 1)

La primera enmienda de la Constitución americana de 1787 lo dejó claro: “El Congreso no hará ley alguna por la que adopte una religión como oficial del Estado o se prohíba practicarla libremente”. Este principio de separación entre el Estado y religión obtuvo tanta importancia como representó la separación de los tres poderes en Europa (el legislativo, el judicial y el ejecutivo). Y es que en ella se cimentaron los pilares de lo que devendría la sociedad de los EUA: una amalgama de personas que profesan distintos cultos y de procedencias muy diferentes que se unieron pese a esta diferencia en la religión. De hecho, fue esta disparidad lo que les convirtió en iguales, puesto que los colonos fundadores, muchos acusados de sectarios, necesitaron la lejanía de la Iglesia para poder vivir libremente en esa nueva tierra de la que se adueñaron.

Pero que el Estado no interfiera en el personal desarrollo de la fe, un principio que ha peligrado desde que se entronó en el poder George W. Bush, no significa que el país la resguardara para su esfera privada. Al contrario: pocos lugares están tan enraizados en la religión, sea cual sea, y una de las pruebas que confirman esta situación no depende de las encuestas, ni de los religiosos, sino de las series de televisión, eterno reflejo de la realidad y que muestra, como si fuera una estadística, el complejo entramado religioso-social norteamericano.

De esta manera, acorde a la realidad, el cristianismo es la fe imperante entre los productos programados en la parrilla norteamericana. No obstante, a diferencia de España, donde el catolicismo es la única y aplastante opción de los ciudadanos, en EUA no sólo la Iglesia Papal no es la predominante, sino que sólo goza del seguimiento de casi una cuarta parte de los americanos. En cambio, las ramificaciones del protestantismo abarcan poco más de la mitad (51,3%) de la población del país, cuyo último censo la cifró, en el año 2.000, en 281 millones de personas. No es de extrañar, pues, que esta tendencia del cristianismo sea la que marque, de forma sutil, las series.

Las bodas son el más claro ejemplo de esta afirmación. Estas uniones delatan siempre en su emplazamiento su condición de protestante. En el caso de las bodas católicas es obligatorio realizar la ceremonia en un templo de la misma fe, a menos que uno de los contrayentes sea de otra confesión, situación bajo la que se puede realizar una excepción. En cambio, en la corriente de Lutero se acepta la puesta en marcha de la liturgia de entrada en el matrimonio en lugares de lo más variopintos. A consecuencia, Calista Flockhart, la novia de Harrison Ford y hermana mayor de Cinco hermanos, se casó con el Senador McCallister (Rob Lowe) en el jardín de su casa, besándose delante de todos los invitados, al igual que la mala Julie Cooper con el abuelo de los Coen en O.C., la trabajadora Miranda de Sexo en Nueva York con el padre de su hijo en un jardín de Manhattan, o Teri Hatcher, que hizo lo mismo con el fontanero de Mujeres Desesperadas en medio del bosque.
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Por otra parte, ambos rituales aceptan los votos nupciales aunque su concepto dista de parecerse. Mientras que en la fe del Vaticano se siguen las palabras pronunciadas por el párroco, en el protestantismo los novios gozan de libertad para hacer votos y promesas propios. Un ejemplo de elaboración de votos sería Jack del drama con toques de ciencia ficción de Perdidos, que se lo pasó muy mal a la hora de elegir las palabras que decir en medio del casamiento. Pero estas no son las únicas muestras de fe protestante en la televisión americana.
Continuará

miércoles, 26 de marzo de 2008

De vicio

El tabaco ya no es lo que era. Antes, los cigarrillos, caladas y aros de humo estaban en todas partes y ni nos dábamos cuenta de su presencia. Ahora, con la extensa campaña en su contra, cada vez que aparece en pantalla,llama la atención como si se tratara de algo transgresor. Carrie Bradshaw en Sexo en Nueva York ya fue el claro reflejo de este cambio: se vio obligada a dejar de fumar ante la presión de su novio y, al final de la serie, tiró la casa por la ventana en París y se dio otra vez a la nicotina, a sus preciados Marlboro Light. Y sobrevivió puesto que, pese a ser el más mortal de los vicios, no deja de ser el menos traumático y arriesgado en televisión. Sino que se lo digan a Warrick de CSI: Las Vegas, que cometió delitos, sufrió chantajes y casi perdió su empleo por su condición de ludópata. Aun así, este vicio, es un mal menor de la pequeña pantalla: pocos casos aparecen. De hecho, sólo me viene a la cabeza el afroamericano policía a las órdenes de Grissom que, miraculosamente, consiguió superar el perjudicial hábito en la mismísima capital del juego.


Sexo, drogas y...
Otro vicio que ha aparecido con cuenta gotas en televisión, que es igual de perjudicial pero terriblemente más placentero, es la adicción al sexo. Y el rey de tan oscuro hábito es, sin lugar a dudas, el Doctor Troy de Nip / Tuck. Jóvenes, mayores, ricas, transexuales, en grupo, gemelas, madres con hijas... nadie escapa a sus atractivas garras. Sin embargo, también es de los más minoritarios hábitos, puesto que aparte de él y de otros individuos que aparecen en el frío culebrón, pocos personajes memorables han pasado por la misma situación, como Samantha de Sexo en Nueva York (que aunque no reconocida, creo que muchos la consideran un poco ninfómana) o la detective Reese de Life. Otro cantar ya son las drogas, obviamente. Ya sean duras o blandas, tienen su lugar en cualquier producción que se precie.

Los escarceos con ellas siempre conllevan catastróficas consecuencias, o sea, que son como miel para los labios de los guionistas. Entre ellas hay muchos ejemplos. Uno de los Cinco Hermanos, Justin, casi logró acabar con la inquebrantable cohesión del clan Walker con sus caídas y recaídas en el mundo de las drogas duras. De Charlie de Perdidos, lo primero que supimos de él fue que estaba esnifando en el lavabo en el momento que empezó a haber turbulencias en el Oceanic 815. El personaje encarnado por Clara Segura en Porca Misèria, casi mata a los catalanes entre raya y raya mientras intenta cumplir su papel de madre soltera y trabajadora. Emily VanCamp también tanteó el terreno en Everwood y en Cinco Hermanos. Por otra parte, los porros, calificados como una droga más blanda, sí que han dado mucho juego. Seth de O.C., en un descuido causado por el colocón de un porro, provocó un incendio en el despacho de su padre. Sally Field, la matriarca Walker, incluso fue detenida por fumar marihuana con Margot Kidder dentro de un coche. Pero el caso más sonado es el de Mary-Louise Parker, la Nancy Botwin de Weeds y la camello más querida de la televisión. Así, en lugar de juzgarse las drogas sólo desde el punto de vista del que las consume y se consume, enseña la parte "divertida" del asunto y los esfuerzos de una madre para sacar adelante a sus hijos. No obstante, pese al eco y peso que adquieren las drogas en televisión, el único vicio que realmente nunca pasa de moda es el alcohol.
Alcohólicos anónimos
A veces no nos enteramos de su presencia, pero siempre está allí.Y cuando hablo de alcohol no quiero decir el mal trago de George O'Malley que empezó su calvario con Izzie después de una noche cerca del coma etílico en Anatomía de Grey, una serie muy inofensiva en este aspecto, donde lo más de lo más es la cerveza de después de trabajar. Cuando hablo del alcohol me refiero a la sutileza con que aparece en pantalla. Que esté presente en cenas o en copas por la noche es normal (o por lo menos, socialmente aceptado). Pero: ¿qué pasa con todas esas copas en horas poco habituales? Porque una cosa es pedirse vino para cenar y la otra es ver a Carrie Bradshaw pidiendo un "martini de vodka" para comer en una cita (sin hablar de los Manhattans y Cosmopolitans que se pide luego con Miranda, Charlotte y Samantha). O Victoria Ford en Lipstick Jungle, que le comunican una desgracia y se toma un whisky (al igual que sus compañeras, siempre con un vaso en la mano a la mínima). Y por catastróficas consecuencias, las de Calamity Jane en Deadwood, ese pueblo lleno de alcohólicos, donde la mujer se paseaba con tal cogorza que era capaz de dormirse de pie. O Bree Van De Kamp en Mujeres Desesperadas. Una copa al día, y la mujer acabó en alcohólicos anónimos, al más puro estilo Kirsten Coen, la madre coraje de O.C. que se abandonó a la bebida para aguantar a su padre. Y es que parece que en toda serie debe haber un exalcohólico, porque, aparte de estas dos también está Fritz de The Closer, el novio de Samantha en Sexo en Nueva York, el padre de Jack en Perdidos, el personaje de Campbell Scott en Seis Grados o la Christina Applegate de Samantha ¿Qué? (aunque este caso es un poco menos claro).
Adolescentes y drama queens
Asimismo, los adolescentes, siempre tan extremistas ellos, han hecho preocupar bastante con su adicción al alcohol. Uno de los consternados per el asunto ha sido el entrenador Taylor de Friday Night Lights, que debe lidiar con las monumentales resacas de Tim Riggins (Taylor Kitsch). ¿Qué joven de dieciseis años se pasa el día entero tomando cervezas solo en casa como un cosaco? Por no decir que encima es un as en el campo de fútbol cada viernes por la noche... Aunque para situaciones inverosímiles están los pijos de Gossip Girl. Van a las fiestas en limusinas y abren botellas de champán en los vehículos, sin importar la moqueta y brindando como si fuera el pan de cada día entre ellos. Luego llegan a la fiesta y los cubatas y cócteles más exclusivos están a disposición de todos los menores de edad... y no pasa nada. Y lo mismo con Serena (Blake Lively), que si está triste se sienta en la barra de un bar y se pide martinis secos. Por lo que parece, las leyes no van con los del upper-east side. Aunque, pese a estos casos más juveniles, la auténtica drama queen del alcohol siempre será Marissa Cooper. El personaje de O.C. interpretado por Mischa Barton dejaba en evidencia a sus padres en cada fiesta, con sus penosos numeritos, con problemas para vocalizar y aún más para andar en línea recta. La chica era capaz de tirarse la etílica bebida nórdica en el café con leche: era su modo de despertarse por las mañanas. También se tumbaba al lado de la piscina al mediodía o por la tarde, con el sol dándole en la cabeza, tomando su combinado rico en alcohol, como si hubiera nacido con una botella de vodka bajo el brazo. Algunos podrían pensar que era débil por ser tan viciosa, por huir de la realidad que tanto le disgustaba a base de rellenar la plateada petaca. Otros, en cambio, la veían, por encima de todo, humana. ¿Y acaso es que nadie sueña alguna vez en vidas ajenas? del alcohol siempre será Marissa Cooper.