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martes, 12 de enero de 2010

Guía para ser un buen superviviente

Cada vez queda menos para el acontecimiento del año. La 20ª edición de Survivor se estrena el próximo 11 de febrero y, aunque algunos aún no le hayáis dado una oportunidad, aquí es propongo un recorrido para formaros y mentalizaros de cara a la fecha. ¿Pero por qué diantre hay tanta expectativa con respecto a esta edición? Pues porque se trata de Survivor Redemption: Heroes VS Villains.

Esto significa que, en lugar de mandar a Samoa a gente anónima dispuesta a competir, serán antiguos concursantes los que lucharán para sobrevivir y llevarse un millón de dólares. Pero no serán unos competidores cualquiera: una tribu estará formada por aquellos que despertaron admiración por su juego limpio y otra por aquellos malvados que irritaron al público, a sus compañeros y encima apuñalaron por la espalda a quien fuera. Se me ponen los pelos de punta sólo de pensar en lo feroz que será la lucha y de lo que serán capaces, porque hay que tener en cuenta que todos conocen las tácticas previas de sus rivales.

Para aquellos que sepan vislumbrar una joya en medio de una montaña de bisutería y no queráis perderos la intensidad que proporcionará esta colosal edición, me gustaría proponer una guía para disfrutar de este Heroes VS Villains como si mañana fuera el fin del mundo. Y es que no lo descarto: sólo de saber que Russell (de Samoa) se reuniría con otros de su diabólica especie, ya intuí a los jinetes del apocalipsis cabalgando desde el horizonte.

Primera Parada: COOK ISLANDS
Como el All-Stars de Pearl Islands no lo he visto, para aquellos que nunca han visto el programa recomiendo empezar con la edición de las Islas Cook. Tiene fuegos de artificio suficientes, una heroína (Candice) y una villana (Parvati, que en realidad se pasó al lado oscuro en Micronesia) y es una buen lugar para hacer los primeros pasos con este formato. Si no amas Survivor gracias a las Islas Cook, es que no estáis hechos el uno para el otro.

Segunda Parada: MICRONESIA
Esta fue la primera vuelta de tuerca al concepto de All-Stars: dividieron el rebaño entre los favoritos de las ediciones anteriores (donde hay tres de Cook) y fans anónimos del programa. Se goza con fervor porque todos ellos son pura estrategia, y se crea un club de viudas negras que debería estudiarse en los seminarios feministas. Hay tres héroes y una villana en la edición, y es la más intensa de todas las que he visto hasta el momento.

Tercera Parada: ALL-STARS (en Pearl Islands)
Quizá debería ser el primer destino, porque hay muchos de los futuros concursantes, pero al no haberla visto no sé si es buena o no, aunque después de ver cómo se lo montaron los favoritos de Micronesia está claro que este All-Stars, más antiguo, también debe ser dinamita. Contiene dos héroes y dos villanos.

Cuarta Parada: TOCANTINS
No la he visto, pero tiene dos villanos (que ya es multitud) y un héroe, y las críticas que recibió fueron muy positivas. Teóricamente es de las mejores ediciones. (RECTIFICACIÓN: Es de las peores)

En total, siguiendo esta ruta, contemplaréis las hazañas de 12 de los viejos supervivientes que lucharán con uñas, dientes y puterío por el millón de dólares, y podréis decidir si los Héroes merecían ser denominados así (que yo ya pongo en cuarentena a un par) y si los Villanos dan lo que prometen.

Pero si os preocupa no tener tiempo suficiente como para tragaros tantas horas de maquinaciones, podéis reducir el trayecto a Micronesia, el All-Stars previo y Tocantins, pues Cook Islands sólo es para introducir y entrar con más fuerza en Micronesia. O incluso con sólo Micronesia y ver los vídeos de Russell por youtube Al fin y al cabo, lo que importa es cómo afrontan el próximo reto. Saber los precedentes es casi un plus para disfrutarlo con más alevosía.

Yo aún no me puedo quitar de la cabeza que el mundo tal y como lo conocemos se vaya a resquebrajar el 11 de febrero. Aquí el vídeo que se presentó en los People Choice Awards:

miércoles, 6 de enero de 2010

Survivor y sus mil caras

No son pocos los que igualan los realities a la telebasura. Y tampoco los puedo culpar, pues tras ver qué pasa por los programas de Telecinco (que no sólo hace ediciones de Gran Hermano que son circos, sino que además explotan los animales por todos sus programas) es normal que haya quienes crean en esta ecuación. Sin embargo, a todos los que aún piensen así os aconsejo que veáis el Survivor americano (ya que quizá no todo el mundo está preparado para la maldad de Big Brother). Por supuesto que hay controversia y a veces personajes desagradables, pero así también es la realidad.

Si recomiendo este reality en concreto es porque se basa claramente en la premisa de la convivencia, por lo tanto en la naturaleza de diferentes seres humanos y donde muchos realities pierden el oremus, y también porque a la vez es concurso. Pero lo más curioso es que tras emitirse 19 ediciones y de haber visto yo sólo tres (una del 2001, otra del 2006 y la última del 2009), es otro caso de cómo un formato infalible permite saldar siempre el resultado con éxito.

La ventaja de los productores es que el concurso se graba de un tirón bastante antes de la emisión. Esto permite que en posproducción se pueda depurar el metraje y, en cierto modo, decidir qué o quién tirará del metraje. No se trata de engañar, sino de enganchar, y contándolo todo también le dan un sentido de continuidad.

En la 2ª edición, ambientada en Australia, hubo roces y también una mujer fatal (que más que maligna, sencillamente era irritante), pero fue el concepto de supervivencia en la naturaleza lo que tiró del carro. Vivían alrededor de un lago, sin (casi) mamíferos que cazar y con unos recursos muy limitados en cuanto a la pesca. Además, hubo incendios, diluvios que se llevaron los anzuelos y una aridez y un paisaje que les quitó incluso las ganas de comer el arroz que tenían por defecto. Ver cómo adelgazaban, cómo se quedaban sin fuerzas y cómo perdían cualquier atisbo de alegría fue de verdad un interesante ejercicio documental de supervivencia.

En cambio, en las Islas Cook (la 13ª) la preproducción tuvo claro el relato desde el principio: plagar la incierta historia de trucos y giros par guiarla. Esta edición es, comparada con la segunda, muy artificiosa a la vez que trepidante. Cabe decir también que el título de Survivor quizá le queda un poco grande, pues parece que los peces se arrollen a las lanzas y los cocos caigan por si solos de las palmeras, pero el sentido del entretenimiento tan americano plaga todos los episodios.

Hubo un punto, sin embargo, que les falló a los productores: el intento inicial de dividir a los concursantes por razas acabó siendo más anecdótico que definitorio y el experimento sociológico no funcionó. Pero el cásting era tan formidable y los puntos de inflexión tan bien pensados que de las tres ediciones que he visto es la más adictiva.

Así que puestos a recomendar, las Islas Cook son una buena forma de empezar con este reality que Variety ha considerado el programa más influyente de la década en los Estados Unidos (la primera reunió 50 millones de espectadores ante los televisores, como ningún otro reality ha conseguido). Pero no cabe menospreciar los nuevos tiempos y la edición de Samoa, que ha sido la incubadora del ser más despreciable de cuantos han pasado por Survivor (o eso por lo menos han dicho todos los críticos).

Russell, un tipo barrigudo, con mirada reptil y al que le gustaba fardar de forrado delante de las cámaras, les dio a los realizadores el protagonista perfecto para esta odisea de supervivencia. Él se dedicó a jugar con fuerza en las pruebas, trazar alianzas con todas las chicas (“las rubias tontas del culo”, como las llamaba a sus espaldas”) y despotricar y maquinar con toda la maldad posible ante las cámaras. Gracias a él, lo que apuntaba a un tramo final aburrido y predecible, se convirtió en un camino a la gloria para algunos de los concursantes. Y si bien las comodidades podrían haberse considerado excesivas (estar en una isla paradisíaca no es lo mismo que estar en una selva o el desierto), la constante frustración de una de las tribus junto con un diluvio que duró una semana le dieron el cariz de supervivencia que el concurso necesitaba. Pasar siete días y siete noches con lluvia a todas horas de la que no podéis huir, tiene que ser una putada enorme.

Y si alguno no tiene suficientes alicientes para conocer a Russell, sólo puedo decir que la melodía del programa pone los pelos de punta, que los cuerpos de Samoa valen la pena (en el vídeo que cuelgo lo veréis) y que encima por allí está Shambo (aquí la foto), que es una versión femenina e inintencionadamente cómica de Rambo, con cinta en el pelo y greñas ochenteras incluidas.


lunes, 4 de enero de 2010

De la A a la Z, que toca hacer repaso del 2009 (III)

Los días navideños junto con el trabajo me impidieron acabar la lista en la fecha prevista. Aquí tenéis con algo de retraso la última parte del especial 2009:

Q de Queen (ya sea B o J): Blair Waldorf pasó de ser la reina de Constance, a una don nadie en la NYU. Ella es lo peor de una serie que justamente en el momento el que hay más elementos inverosímiles (Chuck de empresario, Nate que pasa por allí continuamente, Tyra y su cameo, Serena más perdida que el Doctor Sheppard) pasa por su mejor momento. Pero un poco al estilo de la Queen B, venida a menos, parece como que Gossip Girl está perdiendo influencia. ¿Soy yo o su presencia en los medios se ha suavizado? Ni tan siquiera su trío consiguió elevar un poco las temperaturas y crear un poco de revuelo (tampoco ha entrado en la letra X).

R de Russell: Es tan malo y perverso, que parece más fruto de la ficción que de la realidad. Russell, uno de los concursantes de Survivor, se dedicó a maquinar las 24 horas del día para hacerse con el millón de dólares y cada persona que se le cruzaba por su camino (y que veía que era turbio) terminaba expulsado de la isla. Mentía a diestro y siniestro, y hacía creer a todas las chicas que tenían un trato (“las rubias tontas del culo”, como las llama él). No hay nadie más despreciables y recomiendo encarecidamente el Suvivor: Samoa. Ya vendrá dentro de muy poco un post sobre el reality.

S de Subway: Lo de las campañas para salvar a una serie ya es una costumbre, y su repercusión es siempre bastante poco fiable. Sin embargo, los fans de Chuck se llevaron el gato al agua (con una operación que tenía a todo el equipo de la serie detrás). Su iniciativa de que el público comprara bocadillos Subway para dar su apoyo fue probablemente la más ingeniosa hasta el momento: a base de tratos, esta empresa de cadena rápida se ofreció a meter publicidad a cambio de product-placement. Incluso Zachary Levi fue a uno de los establecimientos para confraternizar con los seguidores.

T de Taylor: El año pasado ya vimos como Friday Night Lights empezaba a despedir algunos de sus seres queridos con mucha clase, pero este hemos visto cómo los guionistas son capaces de sacar agua del desierto: la división de Dillon y la marcha de los alumnos no ha supuesto una muerte en vida de la serie, sino que con cuatro pinceladas han logrado que queramos a unos desconocidos. De momento me quedo con la vecina de Riggins, que físicamente es una Tyra II aunque de carácter no podría ser más distinta. Y las idas y venidas de los antiguos alumnos tienen un tacto que ni los ángeles. Y los Taylor, como siempre, vertebrando el pueblo a su alrededor.

U de ¡Ups!: Adoro las series y los realities, pero fuera de los platós ha habido unos cuantos deslices dignos de recordar: EEUU se animó con los cuernos que llevaba Kate y su divorcio de Jon; Eric Dane bajó unos cuantos peldaños con su menage y los porros (o algo peor); Mischa Barton desfiló por un psiquiátrico; y Jonathan Togo de CSI: Miami y Charlie Sheen han protagonizado dos patéticos episodios de violencia doméstica (después que Sheen pusiera un cuchillo en el cuello de su esposa, la CBS se plantea cancelar Dos Hombres y Medio (o eso cuentan)). Bueno, y David Letterman tuvo que pedir disculpas por acostarse con una becaria (y seguro que de escondidas le dio las gracias a la chica, pues bien que subió en las audiencias).

V de Vampiros: Los chicos de Crepúsculo han monopolizado la actualidad cinematográfica y juvenil, pero en televisión los vampiros han sido otros protagonistas: por una parte ha habido los descarriados discípulos de la HBO, True Blood, que han revolucionado un gallinero completamente distinto al que se muere por tocar el pelo a Robert Pattinson, y por la otra The Vampire Diaries. Sé que no somos muchos los que le vemos todas sus gracias, pero sigo en mis trece de que se trata de la mejor serie de adolescentes desde The O.C.

W de Wisteria Lane: Cuando ya creíamos que las mujeres de de este suburbio sólo podían ir de mal en peor y con unos augurios más bien desalentadores (el embarazo de Lynette), Marc Cherry nos ha devuelto la fe en las desesperadas. Por alguna parte leí que pocos embarazos habían sido tan bien aprovechados como el último de Lynette (y tenía razón), la familia que acarrea un misterio es la mejor desde los Young y la deriva psicótica de Katherine ha recordado la auténtica mala leche que antes corría por el barrio. Yes, they’re back.

X de sexo: En los Estados Unidos tenemos poco. La pasión, en las series, suele brillar por su ausencia. Pero suerte que tenemos True Blood para ofrecer carne y orgasmos a raudales, responsabilidad que esta vez no recayó en Jason (el hombre-objeto por excelencia). Y me quedo con tres momentos: el polvo entre Sookie y Bill del estreno de la primera temporada, con un muerdo perturbador; la paja en la bañera de Jason, a cargo de una muy devota compañera de iglesia; y por supuesto todo el descalabro de las orgías de los poseídos. Era ver unos ojos negros, que ya todos sabíamos que, en lugar de sangre, tendríamos carne.

Con la Y de Cylon: Toca hacer un poco de trampa, pero es que hay letras que no son fáciles y Battlestar Galactica debía aparecer por alguna parte de esta lista. Por fin, este emblema de la ciencia ficción contemporánea se despidió del público tras cinco magníficos años en los que otorgó respeto a un género socialmente difícil de vender. Y a la espera de ver el tramo final, que tengo el pack de DVDs por estrenar, debo reconocer que Galactica fue la responsable de mi trauma del año: llegar a la tienda de la NBC en Rockefeller Plaza y que te digan que justamente se han agotado ese mismo día las tostadoras cylon. Lo sé, las venden por internet, pero ya no es lo mismo.

Z de Zeta Beta Zeta: Y para el adiós definitivo al 2009 (que ya pasó) toca una nota de alegría: Greek, cuyo sentido del humor sigue intacto tras tantos capítulos de novatadas universitarias, de relaciones en espiral y actividades absurdas. ¿Lo mejor? Que la próxima semana vuelve otra vez para fascinarnos con sus referentes pop de lo más cutres y su inexistente vergüenza ajena por ser lo que es: fresca, intrascendente y divertida. Y aprovechemos la experiencia, pues seguramente será el último semestre que disfrutemos con la hermandad de las cursis Zeta Beta Zeta, los pijales de Omega Chi Delta y los guarros de Kappa Tau Gamma. Por supuesto, tendrán un puesto asegurado en la lista del 2010.