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domingo, 20 de enero de 2013

Un Fringe, dos Fringes, tres Fringes, cuatro Fringes

Puede que J.J. Abrams se reuniera con los jefazos de la FOX y les explicara su nuevo proyecto como un cruce entre Perdidos y la serie de ciencia ficción más mítica del canal, Expediente X. Él, Roberto Orci y Alex Kurtzman querían combinar la tendencia televisiva del momento, donde más de la mitad de las series más vistas eran de casos, y aquello que había alimentado las arcas de su productora Bad Robot, un fuerte componente mitológico. Pero desde que se estrenó hace ya cinco años y a pesar de las comparaciones, esa serie que salió de la era post-náufragos acabó siendo una obra con personalidad propia. Una personalidad, por otra parte, muy variable y que ahora con el cierre me suscita impresiones muy distintas.

En sus comienzos, Fringe fue una serie defectuosamente fría. Quería tener un ambiente helado, unas relaciones personales algo tensas y como espectador me sentía alienado. Todo tenía una explicación, por supuesto, y tanto Olivia como Peter tenían sus razones para semejante comportamiento pero, si sumábamos que las investigaciones dependían de los personajes, casi se podía tener escalofríos. Había presentaciones de casos alucinantes (nunca olvidaré las mariposas imaginarias) y desde allí todo caía en picado. Bueno, hasta que sus responsables vieron qué les funcionaba mejor y vieron que no iban a tener grandes audiencias hicieran lo que hicieran. Así, en su segunda temporada, dirigieron la trama hacia una historia más sólida y, contados los pasados de sus protagonistas, entraron en una etapa muy emocionante.

Probablemente el último tramo de la segunda temporada y el primer tramo de la tercera conforman algunos de los mejores pasajes que he visto jamás en televisión. Los saltos de universo, los dopplegangers y ese giro loquísimo protagonizado por Olivia, atrapada en un mundo y con la personalidad inducida de BOlivia, tienen que pasar a la historia. Por arriesgar y por quemar trama sin pensar en el mañana. Un mañana que, por cierto, llegó. Creían que en cualquier momento serían cancelados y, en cambio, les mandaron al cementerio de los viernes donde sus números no mandarían al garete la media del canal. 

Al igual que Walter Bishop, J.H.Wyman y Jeff Pinkner siguieron con sus experimentos cuando entraron en su cuarto año. Anularon a Peter y perfilaron dos universos alternativos alterados. Los que hubieran sido si el hijísimo hubiera muerto definitivamente en el lago. Loable intento, aburrido resultado. Y, cuando Wyman se quedó sólo como showrunner, diseñó una última temporada con esencia de epílogo porque ya había escrito una despedida en el final de la cuarta. Allí, casi como si fuera un regalo, intentó dar sensación de redondez con los observadores como villanos definitivos. Y, si soy sincero, creo que jamás he visto unos malos más aburridos. Escritos de forma muy coherente (no quieren tener emociones) y soporíferos por lo impasibles que son, con un giro dramático que ni estuvo suficientemente bien introducido, ni tuvo unas consecuencias especialmente inspiradas. Una temporada bien pensada pero escrita con una pluma prácticamente sin tinta, cansada de escribir e incapaz de sorprender.

Por suerte, como Fringe va por tramos, podré quedarme con los duelos rubia contra morena, los episodios pseudo-procedimentales donde ninguna Olivia era la que creían y una identidad muy compleja, la de un Peter que estaba en medio de dos universos donde todos sus padres tenían que vivir con la desgracia de haberlo perdido. Un tramo muy estimulante que seguirá intacto, independientemente de los experimentos fallidos de los dos últimos años.

viernes, 2 de noviembre de 2012

El epílogo de Fringe

La situación de J. H. Wyman es privilegiada. Se incorporó al equipo de Fringe en su segunda temporada y, tres renovaciones in extremis después, aún sigue en la producción, esta vez como showrunner en solitario después de que Jeff Pinkner se emancipara al final de la cuarta. Pero lo interesante de Wyman es que, como FOX encargó a la productora trece episodios para cerrar la serie, goza de una libertad absoluta para escribir y dirigir la trama hacia dónde le dé la gana.

Otra de las ventajas del responsable es que, como Fringe ya implementó varios game-changers a lo largo de su recorrido y se permitió ciertos juegos narrativos, de cara a las entregas finales no tiene límites infranqueables porque en esencia ya están de vuelta de todo. Así que él ha optado por tomarse estos trece episodios como un epílogo que nos llevara al futuro y, ya de paso, cambiar las reglas una vez más desarrollando el mundo que había presentado en Letters of Transit, imponiéndole la misión a Olivia Dunham de salvar la humanidad otra vez, en este caso en un futuro donde la sociedad está tiranizada por los observadores.

Esta apuesta es arriesgada no solamente porque es una locura situar la narración en un nuevo mundo que hay que mostrar y explicar, también porque Fringe tiene a Olivia, Peter y Walter fuera de la Fringe Division. En lugar de investigar sucesos límite-científicos, ahora forman parte de la resistencia que pretende derribar el régimen junto con su hija Henrietta. Y, mientras que suena muy ambicioso por parte de Wyman, me está resultando una operación bastante fallida.

Siempre he sido partidario de que Fringe es mejor cuando sabe conciliar sus dos principios básicos: la esencia procedimental y la mitología. Cuando utilizaba las investigaciones para conocer mejor a sus protagonistas y cuando fingía estudiar casos aislados que realmente nos permitían conocer un matiz más de la historia y avanzar en la trama. Adoro, por ejemplo, ese inmaculado tramo formado por la segunda mitad de la segunda temporada y la mitad de la tercera, donde era muy estimulante cómo hacían encajar las dos filosofías.

Por esto, aunque se hayan inventado unas cintas de vídeo que les obliguen a tener una misión en cada episodio, la quinta temporada está siendo descafeinada. Otras veces la serie ya perdió el rumbo, ya fuera porque habían olvidado qué la hacía excelente o porque no todos los experimentos funcionaban (la cuarta, si exceptuamos la season finale, fue muy decepcionante), pero ahora está apostando todas sus cartas en una jugada que quizá no debería haber pasado de la anécdota de la cuarta temporada, sobre todo tras el twist del quinto episodio.

Parece más un anexo o una mini-serie posterior que la conclusión lógica a cinco años de idilio con el espectador. Y, si tenía que despedir a Olivia y a los Bishop, hubiera preferido hacerlo en el universo donde tanto ellos como yo estamos más cómodos. No encerrados en un recuerdo de su laboratorio y luchando por sobrevivir en un mundo donde no encajan.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Los momentos de la temporada

La temporada norteamericana llegó a su fin con las despedidas de American Idol, Modern Family y Revenge el miércoles de la semana pasada y, mientras que los ránkings ya llegarán cuando termine el año, toca hacer algo de balance. Por esto he decidido copiar a mi companion del Diario de Mr MacGuffin y publicar una lista de lo que han sido para mí los highlights de esta temporada. No van por orden, ni son necesariamente las mejores series. Simplemente, algunos de los elementos más destacados, ya sea para bien o para mal.
- La última escena de Mujeres Desesperadas. Un homenaje bastante paródico a lo que fue esta serie y que recordó porqué nos enamoraron.
- Tanta expectación alrededor del arranque de Mad Men podía jugar en su contra, pero Matthew Weiner se sacó el Zou Bisou Bisou de la manga y al día siguiente todo el público estaba enloquecido con Megan.
- No sé porqué algunos críticos yanquis esperaban que 2 Broke Girls fuera “otra cosa”. Cuando Caroline cayó en un montón de mierda de su caballo, quedó bastante claro que Michael Patrick King no pretendía escribir una comedia intelectual.
- El Let Me Be Your Star puso a Smash en el punto de mira de todos los críticos. La continuación probó que nunca podría ser tan elegante, ni tan buena como el mejor piloto de los últimos años.
- Los indios de Hell on Wheels hablando en inglés. No, AMC no era infalible.
- El himno de Colette en Berlín. Puede que se hable de incongruencias históricas, pero la lagrimilla no nos la quita nadie.
- Cierta escena de sexo de The Good Wife. Nunca se había sido tan explícito sin enseñar absolutamente nada (que aprenda Game of Thrones).
- El despertar de Dewey Crowe en una bañera llena de hielo. La escena más perturbadora de la temporada.
- Los títulos de crédito del séptimo episodio de Girls. Lena Dunham bien podría fingir que vive en un mundo de música indie, pero prefirió presentar su fiestero episodio con On The Floor de J.Lo (y rematarlo con un remix de Til The World Ends para el clímax).
- Brody mintiendo en la prueba del polígrafo ante la atenta mirada de Carrie.
- Tara abrazando a Jax Teller emulando a Gemma, ni que sea porque aún no sabemos qué quiere la cirujana.
- El parpadeo de Dalia en Suburgatory. El resto, prescindible.
- La aparición de Sophia en The Walking Dead, aunque se agradecería no tener que sufrir varios episodios aburridos para ver una escena potente.
- Emily Thorne (o Amanda Clarke o Emanda) aprendiendo karate. ¿Alias en los Hamptons?
- Los primeros veinte minutos de Terra Nova. Ojalá jamás hubieran viajado en el tiempo.
- El viaje en lancha de Sarah Michelle Gellar (x2), el momento más bochornoso de toda la temporada.
- El beso en medio de la calle de Fringe. Épico, aunque podría haber durado un minuto más.
Como he dicho antes, esto no es un ránking. Sólo unos cuantos momentos destacados. ¿Y cuáles añadiríais vosotros?

jueves, 17 de mayo de 2012

Las entregas de Fringe

Ninguna serie con una premisa cercana a la ciencia ficción ha escapado a las comparaciones con Perdidos y Fringe no fue la excepción cuando se estrenó en 2008. Los pequeños elementos mitológicos que se iban sembrando con cuentagotas en cada episodio obligaban a creer en una trama superior que podía ser de cariz absolutista. Me refiero a esos arcos de los que depende la esencia total de una serie, sus tramas y personajes, y que tiende a definirla porque responde a un planteamiento expuesto desde los inicios (los más claros ejemplos de esta categoría son los supervivientes de J.J. Abrams y Battlestar Galactica). Pero Fringe decidió jugar otra carta.
Desde sus inicios, evidenció que tenía una mitología propia que, según sus creadores, estaba pensada para explotarse durante ocho temporadas. De aquí que se tardara tanto en presentar la duplicidad de universos. Pero, cuando decidió que no duraría tanto tiempo y que podían quemar trama como pirómanos para contentar a sus fans (cosa que ocurrió al final de la segunda temporada), también demostraron que tenían otro modus operandi que pudieron corroborar en la tercera y cuarta temporada. Una vez habían construido sus universos de personajes, planteaban conflictos y los resolvían al final de las temporadas. 
Primero fue Olivia atrapada en el universo rojo, después la guerra fría declarada por Walternate y este año la extraña ausencia de Peter. Puede que siempre haya habido profecías, que Peter y Olivia estén predestinados a algo y que apunten a tramas superiores, pero al final del día siempre han dado conclusión a las tramas abiertas. Esto se corrobora, por ejemplo, con el cierre de temporadas. Tanto la tercera como la cuarta temporada, si les quitáramos la escena final, podrían servir como conclusiones definitivas o podrían contentar parcialmente a su parroquia. Sobre todo esta última. Y esto ocurre porque la mitología está al servicio de las tramas y no al revés. Lo que no quita que, cuando emitan la quinta temporada, no puedan escribir algo que dé cohesión y esté orientado a dar aún más sentido a todas las existencias de los personajes. Es la ventaja de tener una mitología. Claro que también hay quienes después se salen por la tangente, como hizo el más obvio referente de Fringe, Alias, cuando se pasó con el señor Rambaldi.
Y, ahora sí, spoilers del final de temporada de la cuarta temporada de Fringe.
Este modelo de Fringe, sin embargo, también comporta que pueda tener tramos más logrados que otros. Si bien nunca compré del todo la desaparición de Peter, me pareció bastante interesante el arranque de temporada. Sirvió, como muchas veces comenta MacGuffin, para darle nuevos matices a la relación entre Olivia y Walter, y nos dio una curiosa premisa con la que divertirnos unos cuantos episodios. Siempre defenderé el arranque de temporada por volver a sus raíces procedimentales, pero también es verdad que perdió fuelle una vez asumieron el nuevo universo, sobre todo porque no sacaron todo el jugo a la confusión de Olivia (ese alzheimer podría haber sido mucho más épico) y tardaron demasiado en exponer el conflicto final, esa arca de Noé orquestada por William Bell (que despreció todos los esfuerzos de Jared Harris por encarnar a un villano memorable, despachado sin gracia).
Pero, contra todo pronóstico (mío, claro), Wyman tenía claro el objetivo de la temporada y brindó una season finale que funcionaría como película. Los poderes de Olivia (demasiado guayones como para que hayan desaparecido para siempre), la visión de Bell y la clara determinación de la trama permitieron que Fringe remontara y nos diera esperanzas de cara a septiembre, cuando regresará para su último tomo donde el enemigo ya sabemos quién será. Es la ventaja de funcionar por entregas y objetivos, que siempre se puede subir (o bajar) el listón. Y, con los observadores acercándose como enemigo final, hasta ha quedado en un segundo plano la decisión de los guionistas de devolvernos al universo inicial, uno en el que Walter pasó su vida con el Peter de otro. Seguramente porque, a fin de cuentas, tampoco nos aporta menos y así tiene más sentido que nos hicieran invertir emocionalmente en Lincoln, los Walters y Nina finalmente ha podido ser humanizada. Bueno, y sobre todo porque necesitaban que el hijo de Peter fuera con Olivia y no con BOlivia, aunque aún nos falta saber porqué.

jueves, 5 de abril de 2012

Los obstáculos de los enamorados


Cuando Peter Bishop se desvaneció en el aire, como espectadores supimos que las supuestas nuevas líneas temporales, las ámbares, en verdad seguían siendo la azul y la roja de toda la vida. Aunque nos quisieran hacer dudar como al propio Peter, no podía ser de otra forma porque lo habíamos visto con nuestros propios ojos. Las grandes tramas, entonces, tenían estar conformadas ‘sólo’ por cómo se resolvería la no-existencia del hijo pródigo y cómo unirían a Peter y Olivia. Un conflicto que, a resumidas cuentas, ya habíamos visto.
En la tercera temporada, Peter había convivido con una doppleganger de Olivia y había caído en su engaño, mientras ella resolvía casos en el otro universo sin saber su propia identidad. Este arco argumental, que fue la culminación creativa y narrativa de Fringe, nos reveló que estos dos amantes funcionan mucho mejor cuando hay obstáculos aunque diría que es más una cuestión de guión que de química.
Los escritores de la serie jamás han dado la impresión de esforzarse demasiado en desarrollarlos como pareja. Posiblemente siempre han considerado que en un clima tan frío como Fringe, no tenían demasiada cabida las estampas cotidianas y cariñosas de esta pareja, sobre todo cuando ellos son a todas luces una pareja aburridamente bien avenida en la intimidad. Por esto seguramente han racionalizado en exceso esta química y a día de hoy aún cuesta imaginarles teniendo una conversación que no tenga que ver con traumas infantiles y monstruos de la semana y, de hecho, ese momento “he pedido comida” era tan sorprendente para Peter (porque Olivia recordaba la vida pasada con él) como para los espectadores (porque nunca la habíamos visto con semejante complicidad). Por suerte, cuando les tienen separados son mucho más estimulantes.
Las circunstancias de la primera separación, cuando Peter y Olivia habían entendido que su amor tenía mucho más de destino que de casualidad, le había creado algunas cicatrices a la agente del FBI y él no estaba dispuesto a hacerle más daño. De aquí que decidiera mantener las distancias con Ambivia, convencido de que no podía ser su Olivia. Pero quizá porque el verdadero conflicto entre ellos dos no se inauguró hasta pasada gran parte de esta cuarta temporada, no tuvo el mismo efecto. No había excesivas barreras (hubiera sido mucho más interesante si Ambivia hubiera estado en una relación con Lincoln) y el alzheimer de ella, muy dramático, duró relativamente poco. Y, mientras que es obvio que cualquier separación siempre va a ser temporal y que su encuentro por la calle fue precioso, no fue absolutamente épico.
La cocción había sido tan y tan lenta que el plato estrella nos llegó a la mesa algo tibio y de cara a la season finale, que puede ser una series finale a tenor de las audiencias (aunque también lo pronostiqué el año pasado y el tiro me salió por la culata), cuesta imaginar un clímax aún más intenso. Bueno, todavía tienen que practicarles una catarsis a todos los demás personajes y aún planea por el horizonte esa amenaza del Observador de que Olivia tiene que morir, pero diría que emocionalmente ya hemos llegado a nuestro destino. Algo que no sería tan extraño teniendo en cuenta que casi ni me acuerdo de qué ocurrió en la tercera temporada después de que Olivia regresara a su hogar.

jueves, 1 de marzo de 2012

El reino de los randoms

Los secundarios, cuando están bien escritos, dan la vida. Como tienen menos minutos en pantalla, sus guionistas a veces se recrean más en sus caracteres y sus frases, y encima elevan la serie al tener una esfera más de interacciones, permitiéndole darle más matices y complejidad a la serie. Pero a veces también los hay que de muy random que no aportan absolutamente nada. Que podrían desaparecer de la faz de la televisión y nadie se daría cuenta; que los responsables no saben qué hacer con ellos y cuyos actores no tienen el suficiente carisma para sacarlos adelante. A todos ellos va este pequeño ránking al que se le podría dar la vuelta porque, al fin y al cabo, son todos igual de inútiles:


10 y 9. Javier Esposito y Kevin Ryan: Ni todas las bromas sudadas del mundo justificarían la existencia de estos dos tarugos que, además, no nos intentan vender como dos completos estropicios de la policía. Y es que, seamos realistas, es increíble pensar que ayudan a resolver crímenes de Castle cuando a ratos parece que vayan a quitarse garrapatas de la espalda el uno al otro.


8. Jackson Avery: Se podría entender como una versión masculina de Meredith Grey, un doctor al que le cuesta escapar de la sombra de su legendaria madre y con un plus: está bueno, bueno. Pero ni esos ojos azules podrían dar algo de personalidad a Jesse Williams, que no tiene ni química de romance ni de bromance. Un desperdicio de torso con cabeza, vamos.


7. Julia Braverman: Esta es un poquito la excepción de la lista, pues siempre ha gozado de tramas propias en Parenthood al formar parte de la familia más drama queen de la TV. Pero cada vez que aparece en pantalla es demasiado tentador fast-forwardear de mero aburrimiento: no es nadie. Sólo el atractivo manitas de Sam Jaeger puede salvar sus escenas, pero únicamente si lleva barba de cuatro días.


6. Carol Peletier: Le matan a su abusivo marido durante un apocalipsis zombie, le desaparece una hija y ni aún así despierta algo de empatía, compasión o tristeza. Tanto lloriqueo por paisajes desoladores (y un peinado tan poco favorecedor) es una de las razones que demuestran cuánto puede (y debe) mejorar The Walking Dead.


5. Harry Crane: Matthew Weiner defendió a uñas y dientes a sus personajes y actores cuando tuvo que negociar la renovación de Mad Men para una quinta temporada. Lo mejor es que nunca entendí a qué venía tanto alboroto cuando hay personajes tan randoms como Harry Crane paseándose por la agencia de publicidad. Gafas de pasta, cara de tonto y poco más. Que contraten a más secretarias, que siempre son más interesantes.


4. Astrid Farnsworth: Por más realidades alternativas que existan, la ayudante de Walter en Fringe siempre será una extra con frase. Incluso la vaca Gene ha tenido líneas más interesantes, ni que fuera quejándose ante los toqueteos varios del chiflado genio. Y lo peor es que siempre pensé que era un personaje con potencial, hasta que vi a Jasika Nicole fingiendo ser otra versión de ella misma en el universo rojo. Vergüenza ajena.


3. Mike Delfino: Otro que confirma que, por más que los guionistas sean quienes escriban sus frases, muchas veces la razón de su falta de identidad se debe a la ausencia de talento en los actores. Cuando James Denton dejó de tener un secreto en Mujeres Desesperadas (y de esto hace siete años), Mike Delfino perdió todo el interés. Sólo alguna escena sin camiseta nos puede recordar el maromo que un día fue pero ya no causa el mismo furor arreglando las tuberías por Wisteria Lane.


2. Nathaniel Archibald: Si los responsables de Gossip Girl hubieran sido inteligentes, hubieran mandado al personaje de Chace Crawford a las saunas gay más oscuras de todo Manhattan. Pero no. Se cerraron en banda y le mantuvieron como rompebragas y príncipe azul y Nate, que rezuma homosexualidad por todos los poros, no supo estar a la altura. Bueno, también porque no se puede ser menos expresivo, ni soltar las frases con menos gracia.


1. La china de Glee: Ni me pienso tomar la molestia en buscar el nombre del personaje. Ella es la reina de los randoms. Lleva tres temporadas siendo una de las caras visibles de Glee y de momento su único talento ha sido el de saber fundirse con el papel pintado de cualquier pared ante la que pase. Ella es invisible y sólo ha servido para mostrar su cara asiática en los tours promocionales de la serie por eso de la integración racial, uno de esos discursos que Ryan Murphy cree haber asimilado en su desequilibrada cabeza. Y cada vez que la han emparejado con alguien, sólo nos hemos acordado del otro. Primero le robó el protagonismo una silla de ruedas y después fue una camisa desabrochada. Seguramente no se puede ser más inútil, ni más random.

lunes, 16 de enero de 2012

El instinto de la señora Bishop

Esta entrada contiene spoilers del último episodio de Fringe, el 4x08. Así que, si aún no lo habéis visto, ya sabéis que os toca hacer y después pasad por el blog otra vez.


A estas alturas está claro que Peter Bishop es la clave de la existencia de realidades paralelas y cualquier matiz de su existencia, desaparición o muerte afecta la(s) realidad(es) presente(s) de un modo absoluto que somos incapaces de comprender. Ni el propio observador que sigue sus pasos logra sacar algo en claro de la no-existencia errada de Peter, que sobrevive en forma de residuo sacado de contexto en la línea temporal naranja.


Pero, mientras que todo esto está por encima de nosotros, Fringe ha hecho una fantástica labor extrapolando el conflicto a una escala mucho menos teórica y más emocional, demostrando a partir de la psicología del personaje de Walter Bishop las consecuencias del más mínimo cambio. Y cuando digo Walter me refiero a Walter, Walternate y las versiones anaranjadas de ambos.


Cuando el Walter (normal) naranja explicó a Peter que no quería ayudarle, estuvo muy lúcido (tanto él como los guionistas). Mientras que los Walters están enloquecidos por haber cargado con demasiadas culpas (con distintos matices), los Walternates son más viles porque siempre han sido usurpados de sus hijos (también con distintos matices). Pero, fuera cual fuera el Walter, todos han tenido una variable común: Elizabeth Bishop.


La madre de Peter del universo azul se suicidó al no poder soportar haber criado voluntariamente el hijo de otra después de haber vivido la muerte del suyo. La del rojo vivió la angustia de desconocer dónde había acabado Peter, que un día desapareció sin dejar rastro. Y las del otro universo también tuvieron que experimentar la muerte de un hijo.


Los responsables de Fringe, no obstante, jamás se habían tomado demasiadas molestias en demostrar hasta qué punto esta figura era importante. Sí, casi todas las Elizabeths habían aparecido en un momento u otro pero siempre habían sido comparsas para entender a Walter Bishop. Nunca había habido un momento que estuviera especialmente dedicado a ellas, sufridoras por partida doble: por la tragedia relacionada con los Peters y por estar casadas con un genio loco (las azules) o un frío vengador (las rojas).


Supongo que por este motivo, el encuentro entre la señora Bishop y el único Peter adulto que haya existido fue tan simple como tierno. “Peter”. Solamente necesitó mirarle durante un segundo para reconocer en su mirada a su niño. Y ella, a diferencia de los demás personajes de la serie, explicó con cariño en la mirada como los universos alternativos le habían permitido enfocar su muerte con positivismo. “Me dije a mí misma que, si existía otro universo, en alguna parte tú crecerías, serías feliz y te enamorarías. En alguna parte tendrías una vida, sólo que no aquí”.


Si algo podía sobrevivir a tanta confusión interuniversal, era el instinto maternal de la mujer de Walter. Puede que igualmente me haya quedado con ganas de más (también porque Orla Brady siempre aporta algo extra con la mirada), que siga pensando que la madre de Peter es uno de los personajes menos explotados y explorados de la serie, pero mientras haya perlas tan tiernas como esta, Fringe estará a un alto nivel. Porque tendrá mucha clase en las formas y una trama francamente estimulante, pero también mucho corazón. Casi tanto como Elizabeth Bishop.

miércoles, 11 de enero de 2012

La astucia del zorro

La asociación de críticos de televisión de los Estados Unidos está celebrando estos días unas jornadas para que las cadenas puedan presentar sus nuevas propuestas, como bien explicó MacGuffin en el último programa de Yo Disparé a J.R., y es imposible no intentar sacar conclusiones de las declaraciones de los ejecutivos. Al fin y al cabo, los mandamases del sector no se prestan a responder a los periodistas cada día y aún hay demasiados misterios abiertos de cara a la próxima temporada.


Una de las cadenas que lo tiene más peliagudo a la hora de tomar decisiones (por unos motivos que ya le gustaría tener a la ABC o NBC), es la FOX. Entre que no programa la última hora del primetime y que casi toda su parrilla funciona, intuir cuáles se quedarán y cuáles se largarán está complicado. Sobre todo porque hay que mejorar, hacer hueco a nuevas propuestas para no quedarse estancada y tener en cuenta otros factores, y encima X Factor se quedará otra vez tres horas en otoño y American Idol en primavera, dejándoles poco margen de maniobra.


El presidente de la FOX, Kevin Reilly, dejó ir algunas perlas que seguramente tendrán repercusión en las próximas semanas. Para empezar, al ser preguntado sobre Fringe avisó que él no estaba en el negocio de “perder dinero”. Esta declaración que para algunos sonó a “¿preparados para la cancelación?”, para otros como Tim Goodman de The Hollywood Reporter fue interpretada como indirecta de cara a las negociaciones con la productora. Ya puestos a que los viernes son una noche prácticamente muerta, parece ser que la FOX quiere aprovecharla para mejorar su imagen. Otra cosa es que las conversaciones con Warner puedan salir adelante y que aún puedan aplicar más recortes a la serie (o que salga rentable con menos ingresos del canal).


Pero otro tema candente es el futuro de House y el de Terra Nova. Mientras que siempre se dio por supuesto que el éxito de Alcatraz, que se estrenará en breves, podría comportar la extinción de los dinosaurios, Goodman sostiene que el huraño doctor puede tener también algo que ver. Con unas audiencias bastante mediocres, unos costes por las nubes y el contrato de Hugh Laurie en el aire, la FOX podría optar por finalizarla, lo que tendría sentido. Pero tanta la cancelación de ésta como la renovación de Terra Nova son decisiones que deben tomarse rápidamente.


Por un lado, David Shore quiere darle un cierre en condiciones a House y la serie de Steven Spielberg necesita tiempo para planear la producción de la segunda temporada. Además, tal maniobra ahorraría el tener que reconocer el relativo fracaso de Terra Nova y sus audiencias, a pesar de no ser masivas, tampoco están mal para arrancar una noche tan complicada como la de los lunes. El presidente de la FOX tiene muy claro que toca crear comedias multicámara, pero ante el triunfal bloque de la CBS no sería muy buena idea y Alcatraz parece ser material para las 21h.


Claro que, si Terra Nova vuelve, tendrá que limar muchas asperezas. Durante todo el otoño hemos visto cómo vacilaba a la hora de encontrar un tono familiar, de aventuras y misterio firme, con ideas interesantes que no lograba ejecutar de forma inteligente y una ambientación lamentable. Pero la premisa sigue allí y la ausencia de una cancelación oficial da que pensar que alguien aún confía en ella, aunque tenga que reconstruirse desde sus cimientos en septiembre y seguramente dejar que un tyrannosaurus se coma a Josh Shannon.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Prever el futuro

Estos días se ha instalado la paranoia entre los seguidores de Community porque la NBC ha decidido sentarla en el banquillo a mitad de temporada. Up All Night tomará su lugar en la programación pero, según los directivos, en algún punto regresará y emitirá todos y cada uno de los episodios de la tercera temporada. Por supuesto cualquier información puede cogerse con pinzas, pero si quisieran cancelarla seguramente lo hubieran anunciado, al igual que se ha hecho público que el rodaje de Prime Suspect ya se ha parado.


El mundo de las audiencias y las renovaciones, como he dicho alguna otra vez, es complejo y bastante impredecible. Quién hubiera dicho el año que viene que Fringe y Chuck estarían aún en antena entre nosotros. Sólo con los espectadores se podía intuir que desaparecerían y no fue así. Es por esto que los oráculos esta vez se andan con pies de plomo y ya han avisado que hay posibilidades de que algunas de las niñas queridas del público muy seriéfilo vuelvan (y otras no). He aquí las teorías que corren por allí:


- Community, a pesar de tener unas audiencias lamentables y ser sustituida temporalmente en su franja, puede volver el año que viene a la NBC con una última temporada. Con lo que cuentan los que pronostican la renovación es que en junio estará a una sola temporada de poder sindicarse, cuando las productores pueden vender los episodios a los canales de cable y les entra una cantidad ingente de dinero. Mientras que esto último es bastante improbable con Community, pues ya tiene poca audiencia de por sí en una network, lo más seguro es que Sony, que la produce, les venda los episodios a un precio irrisorio para llegar a los 88 capítulos necesarios. Se dice de ella que podría ser la ‘Til Death de este año, que empleó esta táctica con FOX y les funcionó. Y esta teoría sigue en pie incluso después de su desaparición de la programación.


- Este factor debió ser también el que influyó la renovación de Fringe la pasada primavera. A la serie le faltaba sólo una temporada para venderse como un sólido pack al cable y esta cuarta temporada probablemente le está saliendo a precio de ganga a la FOX. Por esto, de momento, diría que la renovación es aún menos posible que la temporada pasada porque encima ha bajado en sus cifras: la última semana llegó por poco a los 3 millones y se quedó en un 1.1 en los demográficos. La serie ya puede sindicarse, se supone que les entrará dinero con esta maniobra pero difícilmente la cadena querrá seguir bajando la media de la cadena con una serie que seguramente podría ser igualada o superada si Gordon Ramsay pasara a ocupar las dos horas del viernes, que ya tiene mejores audiencias a las 20h que Fringe a continuación.


- Y como donde se ruedan tres se compra una cuarta, este año ni sufro por The Good Wife. Esta serie difícilmente conseguirá buenos tratos para emitirse en el cable, pero es propiedad de la cadena que la emite, la CBS, lo que significa que sólo les puede reportar beneficios a ellos y después de emitirse esta tercera temporada necesitarán de una cuarta. Este es su modelo de negocio. También hay otros factores: tiene una audiencia demasiado envejecida pero que se mantiene muy constante. Ha sobrevivido de momento su paso a los domingos y también a los retrasos provocados por el football (algo que en EEUU les parece un sacrilegio), que son un gran impedimento para que el canal pueda crear un bloque muy fuerte en esa noche. Bueno, y la CBS tiene una programación tan fuerte que diría que The Good Wife alimenta el ego de sus ejecutivos, que gozan como niños pequeños al verla nominada en los Emmy a las mejores categorías, al lado de obras de cadenas mucho más sibaritas como AMC, Showtime y HBO. Esto no quita que sus registros son bajos para la cadena y podría ser que cambiara de franja, ya sea a las 22h del domingo o hasta a los viernes (noche donde es muy probable que termine la temporada que viene).

martes, 25 de octubre de 2011

El oasis de los viernes

Los viernes se han convertido en un paraíso para los radicales de las series desde que Fringe, Supernatural y Chuck se han reunido en esta noche por razones varias. La primera fue desterrada y, por acuerdos que nunca llegaremos a leer, sigue en antena con unas cifras terribles; los Winchester se mudaron para hacer un tándem de ciencia ficción con Smallville, que se retiró en primavera y le dejó a Nikita de compañera de batallas; y la NBC le hizo un favor a Josh Schwartz permitiéndole emitir una última tanda de trece episodios de Chuck para así tener suficientes episodios para vender la serie mediante la sindicación. La única cadena que, sin embargo, invierte específicamente en esta noche es la menos querida entre los aficionados a la televisión, la CBS.


El canal de CSI no renuncia a establecer éxitos en una noche tan difícil como esta. No es tanto una cuestión de público (está comprobado que el consumo televisivo es inferior pero no impediría algunos buenos resultados), como de hábito: los viernes los espectadores norteamericanos prefieren ver películas y, como también es una noche sociable, cuesta más fidelizarlos con productos que requieran un seguimiento intensivo (paradójicamente, Fringe). De aquí que otras cadenas como ABC aproveche la noche para emitir algún reality y también reposiciones de series emitidas durante la semana.


La CBS, no obstante, también tiene sus problemas a la hora de encontrar público. Bueno, para ser más preciso, público joven. Con el equipo formado por CSI: Nueva York y Blue Bloods logran semana sí y semana también audiencias superiores a los diez millones de espectadores, pero difícilmente llegan a superar un 2 en el sector demográfico que interesa a los anunciantes. Para que se entienda, de estos diez millones, ni tres están en la franja de edad comprendida entre los 18 y los 49 años (el año 2007/08 el punto en los demográficos estaba en 1.3 millones de personas). Pero esto se agrava en la primera hora del primetime, las 20h.


El consumo televisivo se ha demostrado menor en esta hora y su nueva apuesta para los viernes, A Gifted Man, sufre al igual que le ocurrió en su momento a Entre Fantasmas, Medium y cualquier serie que han situado en este horario en los últimos años. Es una hora, por decirlo de alguna forma, improgramable o por lo menos sí resulta imposible atraer unos resultados en los demográficos aceptables. Esto no comporta que no sea una serie de éxito, pues aunque su audiencia sea mayor no significa que no exista y tener entre ocho y nueve millones de espectadores no es moco de pavo. La cuestión es si podrá sobrevivir con un 1.2 en los tan buscados ratings (Fringe consigue este mismo (malo) resultado con poco más de tres millones en total).


Curiosamente, si ahora los viernes se consideran la noche de culto, poco tiene que ver la CBS. Con la tontería se ha convertido la noche de los nichos y donde las cadenas arriesgan más. Por un lado están dos muy estimulantes drama de ciencia ficción (Supernatural y Fringe), la fracasada intentona por hacer de The CW algo más que un canal para niñas rematadamente estúpidas (Nikita) y también estará la serie nerd-juvenil por excelencia que se despedirá en su quinto año (Chuck) y, además, a todo esto se le añadirá Grimm esta semana. La pregunta que se hacen todos los aficionados a la ciencia ficción es si será un divertimento a tener en cuenta y que espera obtener un público (en la noche más competitiva para el género, que también tiene guasa), o es un bodrio que por algo ha terminado allí. Sea como sea, lo verdaderamente importante será ver qué les ocurrirá a todas ellas. Puede que varias de ellas sean lo mejor de la TV, pero los viernes siguen siendo un cementerio de elefantes y, como la esperanza es lo último que se pierde, hasta los fans de Chuck suspiran por un encargo contra todo pronóstico de más episodios por el simple hecho de que la NBC está por los suelos. Tocará estar atento.