martes, 22 de noviembre de 2011

La serie de Meredith

El día que Meredith cayó al agua y no quiso salir a la superficie puede que Anatomía de Grey saltara el tiburón. Esas subidas y bajadas de ascensor con fantasmas pasados y la cantidad de minutos que estuvo la cirujana sin respirar fueron una terrible sospecha de que eso iba a peor. O quizá fue la no-química entre Izzie y O’Malley o la presencia de Melissa George, la residente que disfrutaba cortándose. Sea como sea, el drama médico de Shonda Rhimes hace años que no está en su mejor momento y tampoco en el peor, pero algo está muy claro: sus años mozos han pasado.


Con esta entrada, que conste, no quiero pedir la eutanasia para Meredith y sus colegas de residencia. No soy de los que pide que las series mueran porque, cuando me han gustado, siempre espero que tengan algún momento de lucidez, aunque Grey’s Anatomy aún no ha llegado a esta etapa (quizá la pasó, que el cuarto año parecía estar terminal, y ahora vive una falsa segunda juventud). Lo que sí ha encontrado, sin embargo, es una especie de estabilidad. Si estábamos acostumbrados a que Shonda Rhimes fuera un torrente de emociones ñoñas y bipolares, con giros de esos de mirar al cielo y rezar (Izzie operando a un ciervo), que tanto nos ofrecía grandeza en almíbar (esas miradas en el ascensor, el desenlace de Denny) como monólogos propios de retrasadas emocionales, ahora está constante. Divertida y defectuosamente constante.


Por un lado, por fin ha dejado descansar a Meredith, que empezó la serie como una mujer inteligente y la convirtió en la mártir de la estupidez, y ha logrado que sea un personaje digno otra vez (si ahora cayera al agua que querría que se salvara). También ha convertido la serie en algo tan y tan coral que los casos médicos han perdido peso y, gracias a ciertos esfuerzos por su parte, algún nuevo personaje como Teddy o la Dra Kepner son mínimamente simpáticos. Y, además, ha reducido el potencial deprimente (o lo que Shonda cree que es deprimente, que es propio de alguien con el intelecto de una niña de cinco años) a favor de un reparto dinámico que no deja espacio para el aburrimiento. Hasta el antiguo jefe ha perdido la intensidad, como si volviera de un retiro espiritual en un spa. Pero acordémonos: Shonda es mucha Shonda.


Por ejemplo, en Anatomía de Grey siempre tiene que haber algún personaje que merezca una muerte lenta y dolorosa y Miranda Bailey y Alex Karev han tomado el relieve a Meredith y al jefe (¿alguien me puede explicar cómo se puede argumentar que dentro de este desalmado troll con bata hay algo de bondad?). Otros como Lexie y Avery, en cambio, nunca podrán optar al premio porque a) son perfectos y b) tienen menos personalidad que los enfermeros que decoran los pasillos. Y, sobre todo, con esta modificación del rumbo, Anatomía de Grey ha perdido la manipulación que también la caracterizaba a favor de ser un entretenimiento blanco y en positivo (y por manipulación me refiero a buscar la sensibilidad en exceso, que al principio Shonda daba en el clavo una y otra vez).


Cuesta imaginar que algún día presenciemos algo tan emotivo como la boda de Izzie, los acercamientos de Merder en el ascensor o una muerte que nos pueda afectar como la de O’Malley (y alguien tan adorable como Izzie, así en general). Está como Meredith: tan de vuelta de todo que ya sólo quiere pasar un buen rato sin excederse. Pero la paradoja es que Anatomía de Grey era grande cuando se excedía y acertaba. De aquí que hace mucho tiempo dejara de ser una cita imprescindible. Meredith podrá caer bien ahora, lo que es un milagro mucho mayor que ver un corazón latiendo en una cajita pero, si nuestra relación no se remontara a 2005, me pregunto si ya la hubiera dejado.

7 comentarios:

Prax dijo...

Pues a mí con el regreso de Mama O'Malley Shonda me manipuló pero bien. Y la muerte de Henry, aunque jamás me atreveré a compararla con hitos como Denny o George, ha sido todo un golpe de efecto (sobre todo por las connotaciones sobre Cristina que derivan de la fantástica relación con Teddy -para mí mucho más que simplemente simpática-).
¿Qué Grey's ya no se excede? ¿Qué fue el capítulo musical si no el mayor exceso de la historia de la serie? Y fue al final de la séptima temporada, y ahora estamos al principio de la octava. Estoy seguro de que veremos más excesos (este último 8x09, insisto, apunta maneras).
Callie cantando The Story es un momento tan emotivo como la mencionada boda de Izzie. Para mí, la séptima temporada al completo está plagada de momentos emocionantes. Sigo pensando que esta serie sigue en plena forma y que lo único que juega en su contra es el posible cansancio del espectador (es normal que algunos se cansen, después de ocho temporadas).

pabblogger dijo...

Reconozco que el piloto me llenó increíblemente, que la trama de Denny me hizo llorar durante 4 o 5 capítulos mínimo y que hasta la quinta temporada era una buena serie. A partir de ahí todo es folleteo de tíos buenorros y tías con menos cerebro que caderas. Folleteo y más folleteo. Todos con todos. Ah, que están en un hospital... Folleteo entre enfermos y suturas.

Prax dijo...

Ah, ¿y antes no había folleteo? Ahora me entero xD. Precisamente es en las últimas temporadas cuando la mayoría de las parejas se estabilizan...

Diego Martínez dijo...

Respecto al último párrafo, la boda de Callie y Arizona sí que consiguió gustarme mucho y me reconcilió con la serie para la recta final de la temporada. Pero, como dices, se ha vuelto más estable, probablemente más madura, pero también mucho menos adictiva.

Prueba de ello es que, aunque no la voy a abandonar porque me sigue gustando, ahí estoy acumulando episodios para navidad.

Crítico en Serie dijo...

Prax, el 'The Story' fue excelente, sí, pero el capítulo musical fue muy flojo de por sí. Claro que no me quejo, que me hizo gracia ver el universo de Shonda desatadísimo con Callie llorando por los pasillos en modo 'pseudofantasma'.

Pabblogger, lo siento pero tengo que darle la razón a Prax: el folleteo ha estado aquí desde el inicio de la serie. El problema es que ya no nos toca la fibra sensible como antes y, por lo tanto, es sexo sin ataduras, que no es lo mismo ;)

Diego, esa boda me provocó náuseas. De hecho, hace tiempo que aborrezco bastante a estas dos y no he comentado lo odiables que eran al principio de temporada porque sino se me iba la pinza con ellas y el trío que montan con Sloane, de inverosímil para arriba.

Sandro dijo...

Yo por fin ya me he puesto al día con anatomía de grey, y la verdad que aunque tampoco pido yo la eutanasia a la serie, a perdido algo de su esencia, y no estaría mal que se pusieran a pensar en un final de la serie. Prefiero que se vaya por la puerta grande que por la puerta de atrás.
Creo que la serie ha tenido sus altibajos, sus momentos de lucidez.
La 1 y 2 y 3 estuvieron bien. La 4 y sobretodo la 5 me parecieron bastante malillas. La 6 y la 7 creo que han remontado algo el nivel...pero parece que de nuevo se aproxima el vaché. Y es que despúes de tantas temporadas...es normal.

Crítico en Serie dijo...

Sandro, tú que las has visto de carrerilla te habrás dado aún más cuenta de los bajones. Por lo menos los demás los sufrimos capítulo a capítulo durante años. Tú te lo has encontrado de sopetón.