lunes, 25 de octubre de 2010

El ahorcamiento público de Don

Se puede confundir aquello que ocurre dentro de una serie con aquello que nos gustaría que pasara en ella, pero el concepto, por más que nos pese, debe prevalecer. Así que si Mad Men decidiera extrapolar los valores actuales en la sociedad de los sesenta, dejaría de ser la gran serie que es. Debe seguir siendo un retrato de esa época y nosotros tenemos la obligación de criticar aquello que no nos gusta. Debemos aceptar que Don Draper nunca será vilipendiado públicamente por ser el hombre despreciable que es, aunque sea lo que se merezca. Sin embargo, por más que lo diga en voz alta, me ha costado una barbaridad asimilarlo.


Ya nos lo dejaron claro cuando llegó una divorciada en el vecindario la primera temporada: romper un matrimonio nunca es fácil para una mujer, a menos que tu marido se ponga voluntariamente la letra A en el hombro y se largue con una jovencita (al estilo Sterling). Entonces puedes tener algo de dignidad. Pero si decides emanciparte del ogro de tu marido (“un buen proveedor”, como le dice el abogado de su padre) porque no te sientes respetada y encima te quedas sin un duro, la sociedad que conoces te dará la espalda y deberás forjarte otra vez una reputación desde cero. Ni los cuernos del marido servirían de coartada.


Betty Draper, por lo tanto, lo tenía complicado. Los sesenta no solamente son una excusa, sino que definen tanto las costuras de sus vestidos como los de la sociedad. Y con esos pelos y faldas impecables también entraban por contrato unas ataduras y en cierto modo unos barrotes. Unas obligaciones que tenían tanto de real como de moral: existía la posibilidad de separarse, pero los valores que recibieron esas esposas les impedían alzar la voz. De aquí que Betty tardara tanto tiempo en gritar.


La magnífica interpretación de Hamm, además, y el ímpetu que tienen los estilistas para remarcar su hombría y clase con cada una de sus acciones (incluso cuando recoge a la vecina para tirársela) me echaban a ratos para atrás. Me gusta Mad Men por el retrato que hace de esa época, pero también la odio por ser tan jodidamente consecuente. Sin querer siempre espero que los realizadores se posicionen claramente en su contra y lo cuelguen de lo más alto de la plaza del vecindario, pero sería la vía fácil que este drama jamás tomará (y chapeau).


Por esta personal fijación, que me indigna, dejé de lado el serial durante un tiempo con la excusa de que iba para atrás de tan lenta que era y que ya no tenía nada más que aportar después de su hábil retrato en las temporadas iniciales. Y tenía parte de razón: la tercera temporada no estuvo a la altura y la perspectiva laboral (y las relaciones en la oficina) se quedaron estancadas. Claro que sólo hacía falta querer dar la espalda a Mad Men para que te plantara el visceral e intenso enfrentamiento entre los Draper (15 minutos sublimes), el traumático asesinato de John F. Kennedy, que paralizó el país como no volvería a ocurrir hasta el fatídico 11S, y un vuelco en la empresa que brindaría el episodio más dinámico de toda la serie. Después de esto, porque la ley de Murphy es así, Matthew Weiner cortó los frenos y puso la directa con una cuarta temporada que pasó por encima de todas las que habíamos visto, con energías gratamente renovadas.


Y si antes odiaba Mad Men por ser tan coherente, ahora simplemente la odio por lo buena que es. No colgará a Don del árbol más alto de la plaza, pero allí sigue la hipnótica Betty a la que nunca me hartaría de ver, con esos cigarrillos que esconden sus estados de ánimo y que cada vez tiene menos coartadas para ser infeliz, a una Joan en proceso de maduración, un negocio que, si no acaba de hundirse, sólo puede expandirse, y un Don distrayéndose por enésima vez con una muñeca sin darse cuenta que el problema nunca fueron ellas sino él. Pero son los sesenta... ¿para qué iba a dudar un atractivo proveedor como él de su hombría?

6 comentarios:

Dieguiko dijo...

De la forma en que la elogias me dan ganas de darle una cuarta oportunidad, a pesar de que sé que Mad Men me aburre y no está hecha para mí, xD.

Crítico en Serie dijo...

Dieguiko, ¿cuarta oportunidad? A veces debemos asumir que hay series que no son para nosotros. Mírame, yo odio a Dexter por encima de todas las cosas y los otros ya pueden ir construyéndole altares...

Julio C. Piñeiro dijo...

No sería capaz de odiar a una serie que se ha vuelto a superar en una 4º temporada sublime, en la que la mayoría de sus capítulos han sido lecciones magistrales de guión. Especialmente, el 4x07, THE SUITCASE

No te pasaste por el festival de series?

Crítico en Serie dijo...

Julio, no me pasé por el festival. La verdad es que no me demasiadas cosas, aunque también fue porque no me enteré que Brooke Elliott se pasaba por allí, que me hubiera encantado ver.
Con respecto al 4x07... a menos que alguien me lo describa yo soy incapaz de recordar cuál era. ¿Es ese en que Don y Peggy se pasan la noche en el despacho? Tengo una memoria de pez cuando toca recordar episodios y citas de las series, o ubicarlos en el tiempo.

Julio C. Piñeiro dijo...

A mí la asistencia de Jonathan Ames y de los representantes de Perdidos ya era aliciente suficiente como para ir. Además de tener por fin el privelegio de ver las series a lo grande, en el cine.

Sí, el 4x07 es aquel en el que se Don y Peggy pasan la noche en el despacho, la noche del 2º combate entre Muhummad Ali y Sonny Liston, la noche en la que Duck Phillips reaparece, todo borracho, y la noche en la que vemos a Draper romper a llorar tras conocer la noticia del fallecimiento de Anna. Intenté desmenuzarlo lo mejor que pude en este artículo: http://www.enclavedecine.com/2010/09/domingos-en-serie-05092010.html (va incluida la correspondiente de Rubicon, que sé que también admiras).

Abril22 dijo...

Yo a esta serie llegué por curiosidad. Había ganado el segundo Emmy y me dije. Voy a ver qué tal. El Primer Episodio me dejó con la boca abierta es poco. Qué de burradas sueltan todos los tios por esas bocazas. Claro que luego pensé que son los 60 y el Machismo es Brutal. Bueno, vale de acuerdo. Y lo alucinante era que Don Draper hacía cosas que No entendía y que menos entendí al llegar el final del 1x1 que me volví a quedar WFT un buen rato. Asi que me ví el segundo, y el tercero y el cuarto y hasta hoy.

El mejor capitulo de la 4a para mi el 4x7 que comentan arriba. Vaya duelo Peggy-Draper y vaya diálogos. Aunque también me gustan otros. Esta serie es Magristal en todos los aspectos, interpretaciones, guiones, decorados, vestuario, ambientación, música, montaje. Para mí es la mejor serie que he visto. Y aún no he visto ni The Wire y Los Soprano.