viernes, 28 de agosto de 2009

Los americanos quieren ser millonarios (otra vez)

No es muy difícil adivinar porqué ha vuelto el concurso Quién Quiere Ser Millonario al primetime de Estados Unidos. Slumdog Millionaire ayudó a rememorar el éxito de un formato muy rígido, que dio la vuelta al mundo y que culminó vertebrando una película de Oscar. Y si el programa, de origen británico, fue un fenómeno en si mismo fue sobre todo porque las reglas no distinguían entre países y rasgos culturales. Tuvo el don de la universalidad.

Dos sillas en medio de un plató medio a oscuras, el público en la grada y quince preguntas y tres comodines. Al comparar las versiones, sin embargo, poco tiene que ver el recuerdo que tengo de Carlos Sobera (con sus movimientos de ceja) y el programa presentado por Regis Philbin durante este mes de agosto. Son radicalmente distintos, aunque todas sus preguntas conduzcan a un suculento botín.

Esto se debe, en parte, a las modificaciones que se han introducido en un concurso ya bastante agotado y que está celebrando el décimo cumpleaños desde su nacimiento. En lugar de tres comodines, hay cuatro (la ayuda de un especialista de los informativos de la cadena); en lugar de destinar un tiempo indeterminado a cada pregunta, Regis sólo deja unos cuantos segundos para responder (norma ya impuesta en la versión diurna de Meredith Vieira, que siguió con el formato después de despachar a Philbin del primetime); y al final del programa, con ese afán filantrópico tan americano, un famoso responde a una pregunta para luego dar el cheque a una organización sin ánimo de lucro.

Sin embargo, mientras aquí la situación era de total tensión y Sobera se dedicaba a torturar a los concursantes con sus maquiavélicas bromas y ese “¿qué hubieras contestado?” de después de plantarse, la versión actual de Philbin bebe mucho más de la esencia de los lates norteamericanos. El público rompe a aplaudir como si estuviera en el Tonight Show, el presentador, un abuelete simpático, interactúa con mucho humor con los participantes, muchas veces sin hacer referencia a las preguntas, y ellos se entregan completamente, sin ocultar la ilusión. Al ver la televisión de EEUU da la sensación que dentro de cada uno de sus ciudadanos se esconde un showman.
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Y los amantes de esta caja lista que quieran jugar a encontrar las ocho diferencias (o más bien rarezas) tendrán en esta edición especial de Who Wants to Be a Millionaire sus particulares estímulos. No sólo porque los participantes suelen ser unos personajes o para respirar ese optimismo tan born in the USA, sino porque se empieza con una alusión a Slumdog, el público está formado por ex concursantes, podrán descubrir el product-placement agresivo (preguntar sobre el nuevo iPhone es de escándalo), para ver a Vanessa Williams retando al público (y comprobar que fuera de Ugly Betty la cirugía la ha estropeado) y descubrir quién era ese zumbado que también buscaba la hamburguesa perfecta en Cómo Conocí a Vuestra Madre, o sea, el propio Regis.

2 comentarios:

MacGuffin dijo...

Lo mejor es ver cómo el resto de presentadores de late night están siempre cachondeándose de Regis y de su edad, ya que el tío lleva media vida presentando de todo en la tele. Las entrevistas del programa matinal que tiene con Kelly Ripa a veces me dejan ojiplática total.

Crítico en Serie dijo...

Pues señorita MacGuffin, debería ver la primera pregunta de esta edición especial de Who Wants to be a Millionaire:

"¿Qué película ganadora del Oscar de 2008 contenía la frase 'puede usar tres comodines, el del público, la llamada telefònica o 50/50'?

a) The Dark Knight
b) Slumdog Millionaire
c) no-me-acuerdo
d) The Curious Case of Regis' Hair"

Y es que anda que no tiene mérito ese moreno chungo capilar... ;)