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viernes, 14 de enero de 2011

El gran hombre blanco

Off The Map se sitúa en “algún lugar de Suramérica”. Un exótico paraje donde los doctores deben salvar las vidas de los pueblerinos del “tercer mundo” con las pocas ayudas que les llegan del exterior y donde no hay un sólo centro médico en condiciones en “200 millas a la redonda” pero por la noche pueden tomarse una cerveza fresquita en un chiringuito-discoteca con luces de colores y música sabrosona. Donde, si hace falta, en medio de una operación el médico saldrá a la selva, trepará por un árbol y cogerá cocos para poder hacer una transfusión. Oh, sí. Pero lo mejor es que los clichés más pobres no van solamente en una dirección.


Mientras que los indígenas son “salvados por la gran esperanza blanca” (en palabras de la única doctora suramericana, como para quitar hierro a la premisa humanitaria y sin tener en cuenta que uno de los “blancos” es negro), los gringos deben demostrar que no están allí solamente para limpiarse la conciencia, aunque no sepan ni dos palabras de español y lleguen con aureola de Mesías. Lo mejor es que, en un país donde se supone que no existen especialistas para poder cuidar de su gente, los pocos doctores que hay (yanquis) se dedican a menospreciar a los recién llegados por su condición de niños mimados. Según su opinión, no están preparados para enfrentarse a practicar la medicina en el sitio “donde se creó”, puesto que hay plantas, raíces y cocos para salvar medio (tercer) mundo. Suerte que ellos ya se encargarán de redimir sus pecados con ridículos argumentos del estilo “fui tan orgulloso que perdí toda mi familia, así que, señor (que no entiende ni una palabra de lo que le estoy diciendo), deje que salve la suya aunque sea norteamericano”.


Teniendo en cuenta que la creadora es Jenna Bans, forjada en la factoría de Anatomía de Grey y Sin Cita Previa (y Mujeres Desesperadas, aunque duela decirlo), y que la productora ejecutiva es Shonda Rhimes, podéis imaginar que además el tacto es máximo. Intenta mezclar tanta veracidad geográfica (sigue impresionándome que Cruz del Sur se niegue a situarse en algún punto de tan inmenso continente, como si Chile, Surinam, Venezuela y Brasil fueran la misma cosa) con grandes momentos emotivos. Desde momentos confesionales (“por culpa de la agresividad del modelo de residencia hospitalaria americana, que me obligó a estar despierta tres días seguidos, hice que un niño muriera”), al guapérrimo Martin Henderson quitándose la camiseta o el típico caso del turista que debe tirar las cenizas de su esposa en un estanque latino, aunque esté en una camilla (¿y cómo demonios pasó los controles de los aeropuertos de EEUU?).


Lo peor es que, si no fuera tan insultante, quizá se podría perdonar a Off The Map, que no llega a la grandeza inicial de Anatomía de Grey pero supera (en cuanto a ritmo, diálogos, personajes) a la infumable Private Practice. Y otro defecto, que no quedará bien decir, es el error de cásting que supone Zach Gilford. Es un actor que te hará a la perfección el papel de marginado, de timidillo, de reservado, pero no el de chulito de turno.