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viernes, 26 de diciembre de 2008

Ellas son el 2008 (II)

Esta es la continuación a la lista de lo mejor del 2008. Pinche aquí para ver las otras cinco mujeres

January Jones
Quien adore Mad Men por sus chicos, la segunda temporada emitida en verano seguramente le pareció un poco más sosa. Quien, al contrario, prefiriera el potencial de Betty Draper, habrá disfrutado aún más con los publicistas de Manhattan. Después de perder el plus de la novedad y de mostrar la misma deliciosa ambientación, el contenido cogió más relieve e incluso el enfoque cambió. El personaje interpretado por January Jones prácticamente desplazó a Jon Hamm del primer plano. Los silencios de Betty, su pose artificiosa y su mirada perdida protagonizaron lo mejor del 2008. No de la serie, sino de toda la ficción en general. Además, merecidamente, Jones finalmente ha visto reconocida su labor: la nominación que ha obtenido para los Globos de Oro es una cuestión de justicia.

Sarah Shahi

Life apareció cual agua de mayo entre tanto CSI y detectives impersonales. Pero estaba muy lejos de la perfección. La pasión zen de Charlie Crews, por ejemplo, a menudo entorpecía los capítulos en lugar de mejorarlos. Y su compañera Reese estaba indignantemente desaprovechada. Sin embargo, durante la huelga de guionistas apretaron el botón de reset y formatearon unos cuantos aspectos de la serie. Ahora con la segunda temporada han conseguido insuflar más vida al personaje interpretado por Shahi. La dinámica establecida entre los dos compañeros, sin tener tensión sexual, es de alto voltaje. Y Reese incluso lo sobrepasa, alzándose como líder moral de Life. Los cambios ejercidos en la serie, no obstante, trascienden a una cuestión de personajes. Además de unos casos cada vez más curiosos, los responsables de la serie también han logrado asentar las bases de una estética propia: la música está ejemplarmente colocada, el tratamiento de la luz es único y el tono por fin se ha acercado más claramente a la comedia.

Evangeline Lilly

La labor como actriz de Lilly no ha protagonizado ninguna revolución. Como Kate, uno de los personajes más interesantes de todo Perdidos, ha seguido teniendo las mejores historias, a pesar de quedar diluida entre tantos nuevos otros y tantas ópticas. Sin embargo, es imposible contemplar una lista de lo mejor del 2008 sin una representante de esta serie que revolucionó el panorama televisivo y que, pese a algunas voces que consideran que la cuarta temporada fue un error, está en primera línea por méritos propios. Los diálogos seguirán lejos de Shakespeare, pero la isla, las cifras y los vuelcos que da el corazón al ver la serie, confirman que estamos delante de algo grande, por tramposo que sea. Y tan sólo quedan dos temporadas. ¿Qué haremos entonces con las ansias? De mientras, que sigan jugando conmigo y que me tomen el pelo porque me encanta.

Sara Ramírez

Esto sí que ha sido una revelación. ¿Quién hubiera esperado en septiembre que Anatomía de Grey sabría rectificar tan bien y sabría encaminar otra vez el Seattle Grace? El ritmo, que casi nunca se perdió y que funciona mejor que las mil acciones paralelas de Jack Bauer, se ha unido al sentido común de los guionistas. Este soplo de aire fresco viene de la suma de un conjunto de factores: una acertada vis cómica (la planta de dermatología, los retorcidos residentes), la aparición de sangre fresca (Hunt y la vieja amiga de Meredith), el renacer de los antiguos médicos (Yang, Bailey), el segundo plano al que se somete a los quemados (George, Sheppard, Grey) y, de una vez por todas, el buen uso de aquellos que estaban allí y no terminaban de despegar. Sloan y Callie, a los que no desarrollaban como entes independientes, ahora son dos personajes a los que seguir con lupa. Para empezar, su amistad ya es la más entrañable. Ahora el arrollador atractivo de Eric Dane y la deslumbrante sonrisa de Sara Ramírez ya pueden batirse en duelo con cualquiera de los médicos del hospital.

Molly Parker, Miriam Shor y Lana Parrilla
Estas tres mujeres, en el periodo veraniego, formaron uno de los tríos más formidables de la televisión. En la ficción estaban casadas y sus maridos teóricamente también eran los protagonistas, pero todo el peso emocional de Swingtown en verdad recaía sobre ellas. Porque esta serie no era solamente una brillante postal sobre la revolución sexual en los setenta para tres parejas de más de treinta: era una ligero y buen culebrón coral. Perdió gas a medida que se explotaban todas las variables posibles para meter en la misma habitación a los tres matrimonios, pero este rápido desgaste no quita mérito a los buenos ratos que aportaron en unos meses mediocres en cuánto a series. Unas situaciones corales muy bien conseguidas, el distinto trato de la imagen, la detallista ambientación y tres actrices en estado de gracia lograron convertir una defectuosa comedia liviana en un encantador placer de 13 episodios, cuyo fracaso probablemente también fue su salvación. No se necesitaba ni un minuto más.

Ellas, a la vez que sus series, han sido el 2008. Pero en este año ha habido otras dos mujeres que han luchado con uñas y dientes para aparecer en esta lista y no lo han conseguido al no estar sus comedias a la altura. ¿Quiénes serán estas dos guerreras que se quedaron a las puertas?
Continuará...

viernes, 12 de septiembre de 2008

Una familia disfuncional y otra de liberal para salvar un verano

Mi familia será mi muerte. Y no lo digo en el sentido de "niños, me vais a arruinar el día". No. Yo hablo de llamar a las puertas del cielo, arrastrarme por el espiral de la muerte. Fallecer. Pero la auténtica epifanía es que no puedo decir absolutamente nada al respecto.

Y Mary no se equivoca cuando se confiesa estas palabras mientras conduce el coche. Por más que sea una U.S. Marshall, tiene más probabilidades de que sus familiares la maten de un disgusto o la metan en un lío mortal (algo comprobado), que no que la dispare algún malhechor con el que deba lidiar. Porque la coqueta e inútil hermana y la desequilibrada e irreformable madre volverían loco a cualquiera.

Durante este verano en el que Mary McCormack nos ha deslumbrado en In plain sight, he podido observar como en multitud de críticas, las dos parientas acababan por los suelos. La mayoría de estas opiniones se sostenían en el hecho que estaban puestas con calzador, que sus existenciales pequeñeces importaban dos cominos y que estorbaban en el ritmo de la serie. Quizás algo de razón tenían, pues el contraste entre la parte familiar de la serie y los problemas laborales de Mary (siempre amenos) distaban mucho de parecerse. No obstante, este es un modo de verlo. Yo, más que estorbos, las he visto como el complemento necesario (y muy entretenido) para disfrutar a Mary. Ellas son su criptonita. ¿Qué gracia hubiera tenido ver a Mary metiéndose con todo el mundo y sin ninguna debilidad que le diera un poco de guerra? Si Superman tenía la criptonita, ella tiene a Brandi (Nichole Hiltz) y Jinx (Lesley-Ann Warren).

Gracias a ellas (las tres) y al sensacional compañero Marshall (Fred Weller), la televisión americana se ha salvado de la completa aridez en la programación de este verano que, aparte de la veterana e incombustible The Closer, Mad Men, y de los geniales matrimonios revueltos de Swingtown, no ha tenido nada resaltable (lo siento pero The Middleman no ha conseguido anotar suficientes puntazos freakies para meterla en el saco y la embarazada de turno se ha ganado, a pulso, el epígrafe de peor serie del año).


Goodbye to the Millers!

Swingtown, a la vez que Mary, también nos ha abandonado ahora que empiezan a suavizarse las temperaturas. Una lástima, pues los Miller, los Decker y los Thompson no van a volver el año que viene para refrescarnos con sus vaivenes sexuales. La audiencia se la ha jugado. Pero que nadie se engañe por los tristes números que han cosechado: esta dramedia acerca de intercambios de pareja en los setenta ha sido un gran entretenimiento que alegró los meses estivales, en parte gracias a la recreación de la época y de la lujosa dirección artística (que, a ratos, se ha pasado difuminando la imagen).

Sin embargo, con el tiempo se pudo comprobar que no era tanto como algunos presagiaban (Espoiler). Todo lo expuesto en el piloto, que no era poco, no tuvo una evolución. Es más, el único cambio introducido a lo largo de la temporada, los momentos solitarios de los personajes, fueron su mayor defecto. Y es que si Swingtown ha funcionado tan magníficamente ha sido gracias a unos momentos corales heredados, por lo menos de forma más inmediata, de los efectivísimos Cinco Hermanos. Claro que, a diferencia de los Walker, las familias setenteras pusieron la carne en el asador muy pronto y luego no le dieron ni la vuelta. Ofrecieron prácticamente siempre el mismo espectáculo, muy digno, pero que al analizarlo cuidadosamente uno pudo darse cuenta de lo insípida que había acabado siendo tan sabrosa materia prima.

jueves, 28 de agosto de 2008

Obama, Carter y Kennedy al mismo tiempo

Todos lo sabíamos, pero ahora ya es oficial: Barack Obama es el candidato demócrata para ocupar la Casa Blanca. Justamente un día después de que USA Today publicara que el 30% de los clintonianos votarían a McCain o sencillamente no dipositarían su papeleta para el senador de Ilinois, Hillary Clinton Rodham decidió suspender la simbólica votación para así designar a Obama por aclamación. Ahora falta saber si los fieles militantes de la ex primera dama harán caso a la consigna y acabarán apoyando al que es el primer candidato negro a la presidencia. No obstante, éstas no son las únicas elecciones que se deciden en los Estados Unidos.

En Swingtown, Laurie y su profesor de filosofía y también de las artes sexuales están más pendientes de la convención republicana que de la demócrata. No porque ella sea afín al partido al que sí que votan sus padres, sino para saber quien acabará enfrentándose al político por el que ella ha hecho campaña, Jimmy Carter. Finalmente, en ese verano del 76, Gerald Ford es reelegido para enfrentarse al dos veces senador de Georgia y que, en 2002, acabaría recibiendo el premio Nobel de la Paz. Ellos aún no saben que afortunadamente ganará por un estrechísimo margen de votos (50.1% al 48%).

En cambio, en el día de San Valentín del 62, la votación ya está resuelta: Richard Nixon perdió contra John F. Kennedy y su esposa Jackie hace una visita guiada, emitida por televisión, por la Casa Blanca. Destila tanta elegancia, que todos aquellos de Mad Men que posan los ojos en ella dejan el canal e intentan evitar tener sexo conyugal (desde los Draper al armarizado gay de Romano). Todos ellos, además, la admiran ni que sea por la buena campaña que hizo su marido: a diferencia de Nixon, él sí que quiso publicitarse como Dios manda y dio una imagen impoluta encabezada por su mujer, que incluso vimos como pedía el voto en español por la televisión.

Esa imagen es la que también se ha recordado estos días al ver a Michelle Obama leyendo su discurso del prompter en la convención demócrata: la mujer tiene clase y carisma a la hora de dirigirse al público. Aunque sea un discurso milimétricamente calculado, ella consigue insuflarle vida. Es un talento innato y nacen pocas como ella (o Jacqueline Bouvier): sino que se lo pregunten a Laura Bush, a quien Cherie Blair ninguneó, pese a ser una mujer que se admira en este blog (cuando alguien dice que su serie favorita es Mujeres Desesperadas, automáticamente gana puntos).

Otra mujer politizada por contrato matrimonial, Carla Bruni, también ha saltado a la palestra durante el verano a cada intervención oficial que ha hecho. Desde que bajó del avión en Inglaterra y fue recibida por la Reina Isabel, que las comparaciones con Jackie no han parado. Sin embargo, las similitudes entre una y otra, más que naturales, son profesionales. Modelo de profesión, Bruni escogió a Jackie como ejemplo a seguir y ha ejecutado una imitación perfecta. Lástima que, como a un maniquí, le falta personalidad propia y naturalidad, y lo único que deja deslucir con su sonrisa es que se toma su papel como una aventura. Así se comprobó, gracias a las fotografías tomadas, cuando atendió al Dalai Lama en nombre de Francia durante las Olimpiadas.

Aun así, pese al gran interés que suscita el panorama político americano, las series de televisión se han quedado con la visión retrógrada de esa emoción, quizás en un intento de establecer paralelismos con la actualidad. Mientras que Obama eclipsa los medios de comunicación, su nombre ni tan siquiera ha aparecido en la ficción (sólo recuerdo, hace año y medio, cuando Liz Lemon reconoció en Rockefeller Plaza que lo votaría por su sentimiento de culpabilidad racial). John McCain, por otra parte, tampoco ha hecho acto de presencia aunque habrá quien quiera encontrar paralelismos entre él y Cinco Hermanos. Eso sí, que yo sepa, ni Huckabee, ni Romney, ni McCain se parecían al atractivo personaje interpretado por Rob Lowe.

Con el tiempo y el revisionismo se verá si Obama realmente transfigura en el icono que pretende ser. Por el momento, mencionar este gran debate acerca las elecciones presidenciales americanas en las series es arriesgarse a convertirlas en un producto demasiado caduco. De aumentar su aureola o conseguir ganar, seguro que a la larga se convertirá en otro referente temporal para las ficciones, de la misma forma que (sólo si se muda a la Casa Blanca) Michelle podrá ser el nuevo modelo de elegancia, educación y carisma. Con un mal resultado, cabrá ver si habrá dejado huella en el imaginario colectivo y si será suficientemente significativo como para merecer ser mencionado.

miércoles, 25 de junio de 2008

Estrenos USA: Swingtown, ¡Cambio de pareja!

En las librerías apareció hace poco uno de los últimos vestigios de la represión sexual. Como relata Ian McEwan en Chesil Beach, los sesenta fueron tiempos difíciles para aquellos que quisieron vivir su sexualidad sin tapujos. Reservar la virginidad para la noche de bodas y mantener las relaciones dentro de los muros de los tabús sociales eran parte de esa década con la que llegó el cambio. Swingtown es esta otra cara de la moneda, la que llegó en los setenta y que reformuló la visión con la que la sociedad pasó a ver el sexo.

Esta serie narra esta transición que no fue igual para todos: Susan (Molly Parker, espléndida) y Bruce, ya casados y con hijos, descubren gracias a sus vecinos que el sexo en el matrimonio no tiene que ser cosa sólo de dos. De esta manera, la pareja, profundamente entrada en la treintena, se halla en medio de dos mundos: el que encarnan sus antiguos amigos, recatados y conservadores, y los abiertos inquilinos de delante de su nueva casa que les intentan introducir en el mundo de los intercambios de pareja y del sexo en grupo.

La ambientación es, como suele ser en este tipo de producciones, un pilar básico sobre el que se sustenta la función. Todo rezuma a esa década. Las canciones, los vestidos, la decoración e incluso los bailes: la mayoría de elementos con los que juega Swingtown confeccionan una postal (de muy buen gusto, eso sí). Aun así, no todo se queda en el retrato de una época. Las relaciones de pareja no dejan de ser las protagonistas de esta función. Y he dicho relaciones, no solamente sexo.

De haber caído en manos de una cadena de pago al estilo HBO, seguramente nos enfrentaríamos a multitud de escenas de sexo a cuatro bandas, una especie de versión orgiástica de Dime que me quieres (Tell me you love me). Al programarse en una generalista como CBS, en cambio, intenta pasar por alto todo el trámite del sexo explícito (elemento que tampoco estaría de más, para acabar de entender los apareamientos: ¿sólo se tocan las mujeres entre ellas, o los hombres también hacen sus pinitos?). Así se convierte también en un producto fácil de ver y con un prisma más amplio de lo que podría parecer a simple vista: la entrada en la adolescencia del pequeño de la familia o la efervescente sexualidad de la mayor también consiguen despertar el interés.