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miércoles, 15 de abril de 2009

Comedias: Eastbound no, Party Down sí y Poehler quizás

De las perfectas casas de dos plantas, jardín, garaje y con perro incorporado, a la vida del gris más deprimente. Mientras que In the Motherhood y Surviving Suburbia se escenificaron sobre la premisa del éxito vital y material, al más puro american-way-of-life, en la televisión de los Estados Unidos también llegó esta primavera la cara oculta del mismo camino. Eastbound & Down, Parks and Recreation y Party Down recrean las aspiraciones frustradas, los objetivos que nunca se cumplirán y, paradójicamente, alguna de ellas también simboliza la buena comedia.

Al ser de la HBO, Eastbound & Down es la que tiene más ínfulas de trasgresión, a la vez que es la menos conseguida de las tres. Este relato que narra las vivencias de una estrella del baseball venida a menos por culpa de su narcisismo, mala educación y afición a las drogas se queda en una comedia unidimensional. Es la versión patética y de cable de House, desagradable de ver y cuya radical personalidad, sin ningún atisbo creíble de transformación, satura (ver al protagonista restregándose unos calzoncillos por la cara mientras habla con su cuñada es una muestra del mal gusto). Definitivamente, Danny McBride, el artífice, guionista y protagonista de la función, no será quien enderece a la HBO.

El otro gran nombre que se ha instaurado en la programación es el de Amy Poehler, la Hillary Clinton del Saturday Night Live a la que se ha brindado una oportunidad de oro con el mockumentary Parks and Recreation. Con este título tan poco atractivo, la comedia aprovecha el filón de The Office plagiándolo drásticamente. Y de no ser por el claro referente, es probable que a la serie no le hubieran llovido tantas críticas. Es cierto que Poehler no es Steve Carell, ni tampoco los personajes, ni el nivel de vergüenza ajena llega a las mismas cotas, pero me alegro de esta posible identidad propia de la que han dotado Parks and Recreation. Y donde algunos ven gags fallidos, yo veo nuevas posibilidades y sutilidad; y mientras algunos echan de menos a Carell, yo no puedo dejar de congratularme por la presencia de Poehler. Los personajes negativos ya empiezan a cansar, más aún si están interpretados por Carell.

Pero el auténtico hallazgo ha sido Party Down del casi desconocido canal Starz que se centra en un grupo de camareros que esperan sirviendo copas su oportunidad en Hollywood. Es agridulce y modesta. No opta por estridencias. Sin embargo, la humildad y la sinceridad con la que está realizada, además del cariño que profesa por sus personajes, llegan al espectador. No es una serie para reírse, sino para ver la amarga disección que se esconde en cada fiesta y como la dignidad de cada uno depende del baremo que uno se aplica. Asimismo, a otras series mucho más ambiciosas ya les gustaría contar con una pareja tan disimuladamente encantadora como la formada por Adam Scott y la siempre estimulante Lizzy Caplan.