jueves, 12 de noviembre de 2009

¿Qué pasó con la brújula moral de Nip/Tuck?

No puedo con cualquier cinta de terror. Hay una fina línea que separa aquello terrorífico y sádico de aquello que es enfermizo. Y esa línea es el sexo. Mezclarlo con la violencia, vísceras y sangre, sin tener que trascender, es algo gratuito y para un público que necesita urgentemente una visita al psicólogo, si es que alguien es capaz de excitarse con esas escenas.

Nip/Tuck, en algún momento de su existencia, cruzó la raya. No es un filme de terror, pero sí que es el torture porn de los culebrones. Y el sexo, que siempre fue el estandarte, pasó a ser una arma para herir, no a los personajes, sino al propio espectador. Por eso dije “basta” en la tercera temporada, cuando el humor se había perdido y los personajes desalmados, muñecos rotos de los guionistas, se introdujeron en una pesadilla.

La escena que marcó el antes y después no fue la pandilla de transexuales orinando encima del hijo, ni el nazi que lo quiso convertir en eunuco, ni la aparición de un violador en serie (lo único de valía de esa temporada). Fue el trato vejatorio que le infligió el misógino y falocéntrico Doctor Troy a una de sus pacientes. Una corta descripción:

El hombre invita a su casa a una mujer fea que se acaba de operar. Y cuando ella llega, él le suelta “te he dejado algo encima de la cama”. No es ropa interior sexy, no, sino una bolsa de cartón. “¿Acaso creías que te follaría con esa cara de caballo?”. Y ella accede. La cámara muestra la escena y también las lágrimas de ella cuando se quita la bolsa después del orgasmo. ¿Lo peor? Que ella vuelve a por más, estrenada en el rito del sadomasoquismo. Con manillas y todo.

Fue la demostración que Troy estaba dañado, pero también que lo estaba Nip/Tuck. Las ansias de traumatizar y el “todo vale” pasaron a ser reglas en serio y cualquier elemento constructivo murió. Y dolió, ya que su cinismo y ese mismo “todo vale” (retorcido, pero con guasa) también fueron los motivos por los que empecé a adorar la televisión. Por ello, quise despedirla en su última temporada. Lástima que me encontré con la siguiente situación:

Sean está en un proceso de autodestrucción y conoce a una zumbada yonqui morbosa que le acompañe en el camino. Pero ella le pide, por favor, que vayan a un sitio más tranquilo. Claro que esto es Nip/Tuck y, en lugar de ir al asiento de detrás de un coche o a un motel, ella lo lleva a una sala de espera del hospital. Allí le pide que, por favor, la masturbe mientras él le va recitando las enfermedades que tienen los pobres pacientes que deambulan por el lugar. “Tres huesos rotos y una infección”, y ella se excita. “Un cáncer terminal”, y la chica ya no puede contenerse.

Da igual que al cabo de unas horas ella lo apuñale y que luego Sean se la encuentre otra vez en la sala de espera, aunque esta vez sea el hombre de la limpieza el que le ponga la mano entre las piernas. Esa demostración, que sirve el culebrón plástico, el sexo y la muerte en bandeja de plata, me dejó horrorizado. Y es que una cosa es que los personajes pierdan el sentido moral y la otra es que lo hagan los propios escritores.

7 comentarios:

NEWS SOCIETY NETWOR dijo...

Totalmente de acuerdo con tigo, pero auque no lo creas esto es lo que el publico quiere ver y es lo que vende, la televisión norteamericana es un negocio y para ellos una mezcla de sangre, sexo y un sentido del humor muy acido es un negocio redondo, de lo contrario y si toda la audiencia pensara camo nosotros la serie no hubiera durado tanto.

WATANABE dijo...

Siempre me intereso esta serie pero nunca me anime del todo por considerarla demasiado digamos "sexualmente arriesgada" con tus comentarios me encuentro otra vez en la misma disyuntiva, por un lado me gusta que una serie me provoque, y me lleve hasta limites desconocidos, por otra no soporto que valga el morbo por el morbo.

Saludos.
http://hablemosenserie.blogspot.com/

Anónimo dijo...

deacuerdo contido critico se ma hace demasiado con esta serie como el capitulo en que sale annalyn "drunkface" mccord de 90210

Anónimo dijo...

raya, no ralla

Crítico en Serie dijo...

NSN, El declive se basó más en la falta de creatividad de los guionistas (del cansancio o del mal gusto) que de las ganas de atraer más público. Piensa que a partir de la tercera temporada, donde hubo el bajón de calidad, la audiencia decreció (aunque el final de temporada fuera muy seguido porque había mucho interés en saber la identidad del violador en serie). Y desde entonces tiene unos resultados más mediocres, además de no optar a ningún premio, ni ser la joya de la cadena. Una lástima.

Watanabe, el morbo por el morbo me gusta cuando se hace desde un punto de vista irónico y con un poo de gracia. Pero aquí se les fue de las manos. Aunque si quieres empezarla... tú mismo. Las dos primeras temporadas seguro que siguen siendo novedosas y transgresoras (y atento a la Famkee Jannsen de la segunad tanda).

Anónimo, a AnnaLynne no la vi porque es de la etapa en que no lo miraba. ¿Qué era? ¿Una morbosa asesina o algo por el estilo?

Anónimo II, gracias por la corrección. A veces hago alguna catalanada.

Alejandro A dijo...

que escena más fuerte fue la de la bolsa de papel pero creo que a mi me empezó a desagradar desde que un necrofilo quiere una cirugía para un cuerpo con el que se excita, ya sabrás de cual estoy hablando, horror!!

Nahum dijo...

La falta de brújula moral. Eso es lo que me hizo dejar Weeds...