martes, 20 de marzo de 2012

El distanciamiento de la HBO

El mundo cada vez es más y más cruel para la HBO. Se toman un titánico esfuerzo en lanzar una serie tan ambiciosa como Luck, producida por Michael Mann, escrita por David Milch y protagonizada por Dustin Hoffman y Nick Nolte, y la audiencia les da la espalda, tienen que sacrificar dos caballos, se les muere otro y tienen que cancelarla por cuestión de imagen (y porque nadie la veía). Puede que aún ostenten la etiqueta de ficción de calidad que está por encima del resto (a pesar de que AMC les pise los talones con Mad Men y Breaking Bad) y que todos nos acordemos de lo fundamentales que son series como Los Soprano, A Dos Metros Bajo Tierra o Sexo en Nueva York, que despierten titulares cada vez que arrancan un proyecto (aunque muchas veces se pierdan en el proceso, como la comedia con Diane Keaton), pero la suerte les ha dado la espalda y quizá es hora de que se planteen reformular un modelo de televisión que les elevó por encima del resto de cara a sus próximas propuestas.


Las bases de sus clásicos solían ser una realización que se tomaba sus propios tiempos en contar una historia, prestando mucho detalle en cada plano y en la fotografía, y unos guiones sin mácula que intentaban abordar unos conflictos y realidades que no se habían tratado con tanta precisión en ningún medio audiovisual. No solamente Los Soprano era novedosa por retratar la mafia italoamericana, sino que ser un producto televisivo le permitía desarrollar mejor ese mundo, haciendo un detallista cuadro que no juzgaba ni se perdía ningún matiz, abarcando los conflictos emocionales del protagonista, sus rompecabezas empresariales y una vida familiar repleta de dobleces morales. Lo mismo se podría decir de Deadwood, Roma y The Wire. Se tomaban más tiempo y, al hacerlo, acababan yendo más allá que cualquier otro referente del cine. Y A Dos Metros Bajo Tierra es el ejemplo de serie cuyo concepto no hubiera tenido cabida en ninguna otra cadena. Cualquiera hubiera pensado que la muerte era una temática fatal para atraer a la audiencia.


El relevo generacional, sin embargo, no ha tenido la misma acogida. Boardwalk Empire, a pesar de su bestial promoción, no desbancó a Mad Men en los Emmy intentando copiar los esquemas de los clásicos, ni fue recibida con el mismo furor que en los viejos tiempos y puede que la razón sea simplemente que está demasiado alejada del espectador. Y, cuando les echamos un vistazo a este drama y al de Mann, no nos encontramos con nadie que nos tienda la mano para que nos inmerjamos en las tramas a nivel personal (Tony Soprano en el diván ya era un esfuerzo mucho mayor del que han hecho jamás estas dos series). En cambio, desde que la HBO revolucionó la televisión, sí que nos hemos encontrado con series que intentaban satisfacer al espectador tanto conceptual, como emocionalmente.


Los motoristas de Sons of Anarchy, que podrían habernos sido más raros que un perro verde, nos dieron carnaza; un profesor de química nos contó en Breaking Bad como se destruía su familia a medida que montaba su propio imperio de la droga; hemos visto recientemente un thriller sobre el terrorismo islámico sin perder de vista el equilibrio mental de su protagonista y sin que Homeland fuera lenta; han trasladado el western a la actualidad con Justified; y en la CBS por fin alguien se ha tomado la molestia de explicarnos porqué los abogados tienen la fama que tienen en Estados Unidos con The Good Wife. Todo obras de arte, todas inteligentes y mucho más asequibles para los espectadores.


Prueba de que escuchar al público funciona son algunos de los propios éxitos que ha cosechado la HBO en los últimos años. No entraré en si True Blood es una genialidad posmoderna o una tontería de cabo a rabo (legitimada por el simple hecho de que fue adaptada por Alan Ball), pero sea como sea ha interesado al público de dentro y de fuera del canal. Los cinco millones que la ven en directo en verano no son perdedores que no interesan a nadie, son los propios abonados que pagan cada mes y que encima la comentan al día siguiente por todas partes. Y Juego de Tronos, que sí tiene más elementos en común con la HBO clásica, también juega con un populismo de género que bien le convenía al canal. Y en esta línea, por ejemplo, parece que va a ir la comedia Girls que intenta recuperar al terreno perdido desde que Sexo en Nueva York se retiró.


La solución, por lo tanto, quizá no debería ser confeccionar series para premiar a la parroquia más sofisticada (que para esto ya emiten Treme) sino acercar las mismas premisas a un público más amplio, sin renunciar a la ambición ni al estilo. El público ha visto, ha crecido y la industria ha demostrado que existen caminos igual de estimulantes sin caer en cierto elitismo conceptual. Ahora es a la HBO a quien le toca mover ficha si no quiere quedarse atrás.

4 comentarios:

Flyingvolandas dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices en tu artículo. Cada vez que emprendo el visionado de una nueva serie HBO noto como aflora mi psicópata interior. No me refiero a que los dramas sean amorales, The Wire presentaba, sin maniqueísmos, todos los puntos de vista de cada uno de sus protagonistas, sin poner ninguno por encima del otro pero haciéndolos encajar en una gran rueda que solamente éramos capaces de vislumbrar al final de su último episodio. Lo que quiero decir es que noto cierta apatía emocional en la forma en que se construyen las tramas y se relacionan los personajes entre si, cosa que, como tu bien dices, es la sensación de poso que le queda a uno tras ver Boardwalk Empire; una ambientación perfecta, una estética cuidadísima, unas tramas envolventes y una sensación de frialdad, como de algo ajeno, que rodea todo el producto final.
Mención aparte para las dramedias de la HBO. Aquí sí se busca una mayor empatía con los personajes pero sin perder la marca estética del canal. Recomiendo tres; Eastbound & Down, How to Make it in America y Bored to Death (a veces al verla no puedo evitar que las lágrimas empañen mis gafas de pasta).

madseries dijo...

Me parece interesante lo que comentas, y estoy bastante de acuerdo. Todos deseamos que la profundidad en una serie venga acompañada de entretenimiento, algo que es muy difícil de conseguir. Los Soprano y The Wire fueron series de guión impecable, vibrantes, emocionantes, con acción... De ahí su éxito rotundo. Pero también creo que Treme es una serie que cautiva y que es necesario que exista. Me parece importante que la HBO apueste por proyectos más enfocados al gran público como Juego de Tronos, pero que también realice delicatessens como Treme. Buen post!

torpe dama dijo...

A pesar de todo, yo sigo reverenciando a la HBO.

Primero, porque fueron los primeros en creer en esa imagen de marca basada en la calidad. Si series como mi adorada Mad Men existen, si canales como Fox o AMC son lo que son (o más bien lo que querrían ser), es gracias a que el camino marcado por HBO tuvo éxito. Si no hubiera sido así, seguramente seguiríamos anclados en los procedimentales interminables.

Segundo, decimos que la HBO ya no es lo que era, pero debemos tener en cuenta que por cada "éxito" o "bombazo" hay muchas horas de parrilla que cubrir con "morralla". Quizá sí tuvieron algún momento de especial suerte en el que coincidieron varias series de éxito, pero recordemos que The Wire no la veía ni el tato y que empezó a gozar de una popularidad relativa (habría que ver cuánta gente realmente la ha visto fuera de los círculos seriéfilos más duros) cuando ya había terminado.

Lo que quiero decir es que me da la impresión de que caemos en el "cualquier tiempo pasado fue mejor" y no es así. La grandísima y minoritarísima Treme será algún día lo que fue The Wire y en unos años, cuando observemos las series de ese momento, diremos "la HBO ya no es lo que era, ¿te acuerdas cuando ponían Treme y True Blood? ¡esos sí que eran buenos tiempos!"

En fin, que creo que tenemos suerte: tenemos unas series fantásticas (no solo en HBO, pero sí gracias a ella) y podemos verlas casi en primicia. Podemos decir "yo estuve allí, yo la vi durante la emisión original". ¿Qué más podemos pedir?

Eloi dijo...

Genial, el antepenúltimo párrafo! :D
De las mencionadas solo me falta ver The Good Wife, y tengo muchas ganas.

Cierto que es raro que Game of Thrones sea una serie de HBO. Estos días estoy volviendo a mirarla y sí que veo aquello que comentaste hace tiempo: faltan muchos extras, y algunas localizaciones son muy pequeñas.
Espero que en la 2a temporada, ahora que tienen el apoyo de medio mundo, mejoren mucho este aspecto.

P.D.
Alguien se ha leído la saga de George R.R.Martin? A mi me parece recordar que la trama de Robb en la 2a temporada de la serie (con la chica de la que se enamora) formaba parte del 3r libro. Es posible? :O