miércoles, 12 de mayo de 2010

El cuento de Amelia Pond

Nos gusta creer que crecemos y maduramos. Que a medida que avanzamos, los compromisos y problemas nos convierten en otros, en seres más maduros y sabios, como si antes sólo fuéramos criaturas ingenuas u ovejas descarriadas, y todo aquello que pensamos algún día fuera un delirio fruto de la inexperiencia.


Con el tiempo cambiamos las maletas, cada vez más grandes y pesadas, y vamos dando forma y sentido al relato que al fin y al cabo es nuestra vida. Primero lo teñimos de la inocencia de los cuentos de hadas; luego, en la adolescencia, le añadimos la tragedia; y muchas veces lo acabamos salpicando de tintes conformistas, diciéndonos a nosotros mismos que tratamos de ser realistas.


Durante este proceso de maduración a menudo pasamos por alto que “ser” no comporta necesariamente “renegar” y que “crecer” no implica “olvidar”. Cosemos esos instantes donde se hallaron nuestros errores, nuestras vergüenzas y los sueños que nunca cumplimos, y nos desmemoriamos. Por suerte, existe la literatura, el cine y la televisión para quitar esos parches y hacernos ver en los ojos de ese chico del espejo (de veintitantos años en mi caso) al adolescente que mataba su pelo a base de gomina o a ese niño que cada mañana se dirigía al colegio con seis galletas envueltas en papel de aluminio. Y aquí es donde mete el dedo Doctor Who.


Con una filosofía postinfantil, el inicio de la quinta temporada (que se puede interpretar como un piloto) ofrece la posibilidad de volver atrás desde el presente. A partir de la figura de Amelia Pond, una chica que ha esperado durante toda su vida a que volviera un desconocido que una noche le prometió una vida llena de aventuras, hace temblar los cimientos de nuestro costumbrismo. Plantea a todos los adultos que ven la serie si regresarían a su yo de cuento si tuvieran la posibilidad, y relata esa historia que nosotros imaginamos para nosotros mismos y que nunca pudimos cumplir por las limitaciones y las responsabilidades que nos encontramos.


Doctor Who sabe coger la esencia de los dos mundos que retrata, la infancia y el presente, y juega con los registros. La casita del Doctor, pequeña por fuera y amplia por dentro, no deja de representar esas cajas de cartón que tanto fascinan a los niños y su vocabulario sabe exprimir las pequeñeces que antes eran trascendentales (ese “aquello que está en el rabillo del ojo y que nunca quieres ver” ya mencionado en Torchwood y en la línea “del ruido que hace alguien que no quiere hacer ruido” de John Irving).


Pero lo mejor de este estreno es la determinación y concreción con la rehace la propuesta de la serie (algo que no consiguió ‘Rose’, el primer piloto de la nueva era de DW). La trama, los personajes, los actores y la fotografía (¡preciosa!) configuran un episodio que casi podría colar como película y que condensa la esencia de su coprotagonista en tan sólo diez minutos de metraje, con tanta maestría como Up (la pequeña Amelia con su maleta en el jardín duele sólo de recordarla). Y añade un componente romántico tan platónico como cualquier primer amor. De esos que se remontan a los primeros recuerdos y a los caballeros y princesas de los cuentos.

9 comentarios:

ALX dijo...

Argh! me ha borrado el comentario. Ha escribirlo otra vez ¬¬

Coincido en que la presentación de Amelia Pond y el nuevo Doctor es estupenda. Pero el episodio me pareció flojo, en la línea que habitualmente se suele mover el Doctor. Pero es decepcionante teniendo en cuenta que era Moffat quien estaba detrás, responsable de maravillas como Girl in the Fireplace o Blink.

En cuanto a Rose, creo que también tiene una buena presentación. Ella es la típica choni inglesa que trabaja como dependienta a la que de repente la vida le ofrece una oportunidad que para nada esperaba. Eso sí, mi compañera favorita siempre será Donna (la tercera) por la química que conseguía con el Doctor y por su evolución.

Veo que estás con Torchwood. Ten paciencia, que al principio tiene episodios para morir de la vergüenza ajena que dan. Pero mejora y mucho.

Mina Harker dijo...

A mí como inicio de temporada sí me pareció muy bueno. Yo creo que la presentación de personajes está muy bien llevada y el paso de Tennant a Matt Smith no se me hizo tan difícil como pensaba (aunque sigo (y seguiré, por los siglos de los siglos :P) echando de menos a Tennant). Amy Pond me encanta en todos los sentidos. Y lo que va de temporada en general a mí me está gustando. Salvo un capítulo, que me pareció horroroso, los demás me han dejado más que contenta.

Ya que mencionas Torchwood... Las dos primeras temporadas son normalitas (vale, llegando en algunos momentos a ser malas de narices), aunque tienen sus momentos. Eso sí, a mí se me hicieron entretenidísimas y llevaba un enganche impresionante.
Pero la tercera ya sí que es una pedazo de temporada, sin excusas ni nada. A mí me pareció impresionante. Aunque a la vez me dejó con muy mal cuerpo.

Crítico en Serie dijo...

ALX, el primer episodio de Rose es olvidable y en cambio el de Amy me parece una delicia. A ver cuando llego a las próximas acompañantes, que aparte de ver la presentación de Matt Smith, he visto los cinco primeros episodios de Doctor Who y tres de Torchwood. Creo que dejaré los demás de la quinta temporada hasta que haya visto las cuatro temporadas anteriores. Aunque nada es seguro. Seguro que cualquier momento de estos quiero ver más sobre la preciosa relación establecida entre Amelia y el nuevo Doctor.

Mina Harker, aún no he visto nunca a Tennant. Obviamente sé la cara que tiene, pero no lo he visto en acción. Y ya veo que nunca nadie echa de menos a Eccleston. Yo lo siento, pero su cara me resulta imposible.
Torchwood, de momento, me gusta. Le falta algo? Sí. Pero su tono sombrío me está atrapando.

Mina Harker dijo...

Yo sí que eché de menos a Eccleston (el noveno Doctor también me gustó mucho), lo que pasa es que Tennant me gusta todavía más. A Matt Smith aún no le he cogido el cariño que les cogí a los otros dos, pero ya se verá.

Renaissance dijo...

Como entrada del nuevo Doctor Who me ha parecido muy buena: presenta a los personajes de una forma que conectan más con el público, cosa que no pasó con el primer episodio, y eso que mi doctor favorito era Eccleston.

WATANABE dijo...

He intentado varias veces rencontrarme con ese niño que dejé atrás hace tiempo con el visionado de esta serie y no lo he conseguido. Sinceramente os envidio. No he logrado adentrarme más allá de una evidente producción cutre y una propuesta (en principio) demasiado infantil. Aún así no desistiré. Lo seguiré intentando las veces que haga falta. El niño que todavía hay en mí se muere de envidia de que sus “amiguitos” se lo pasen tan bien con algo y él no pueda hacerlo.

Crítico en Serie dijo...

Renaissance, eso mismo. Gracias a esta nueva introducción, se me ha abierto el apetito de cara a los inicios.

Watanabe, ¿has visto el inicio de la quinta temporada? Porque yo lo vi opinando que "Rose" era lamentable, y me sorprendí de lo grande que era. Creo que es el piloto (aunque no lo sea) que más me ha fascinado desde el de Pushing Daisies. Si no lo has visto... míralo ;)

Alex dijo...

En mí modesta opinión, Doctor Who ha dado un salto de calidad exponencial (y de presupuesto, claro) con esta nueva temporada y este maravilloso primer episodio que comentas, que muy bien sirve como piloto de una serie independiente de lo anterior. Pero que además induce a ver todo lo anterior si no lo has visto.

Porque, en definitiva, ya se encargan de recordarlo cada vez que El Doctor cambia de cara, "Nuevo Doctor, nuevas reglas".

Crítico en Serie dijo...

Alex, ese aumento de presupuesto se nota, por supuesto. Y también debo decir que si Matt Smith hubiera sido el primer doctor, estoy seguro que sería el favorito. Lo único que el subconsciente siempre nos dice lo de "los viejos tiempos siempre fueron mejores" y nos juega una mala pasada. Bueno, seguro seguro no estoy, pero bastante ;)
(Por cierto, gracias por el retweet.)