domingo, 9 de enero de 2011

Volver al escenario del crimen

Las series de casos pueden llevar a la saturación si llega un momento en el que el espectador llega a la conclusión que ya no le aportan nada, ni siquiera entretenimiento, eso que tanto se valora en Estados Unidos y que desde la óptica europea a veces casi parece ser un término apestoso. Por ello un día dejé de ver el CSI original. Tendría que volver a esos episodios que no me motivaron, que estaban por allí la séptima temporada, pero entonces culpé a los personajes de haberse convertido en una especie de robots sin emociones. Quizá era simple y puro agotamiento, quizá tenía razón. Pero tras unos años de descanso decidí volver a Las Vegas, ni que fuera porque puede tener los días contados y quería rendirle un homenaje. Lo que no me esperaba es que aquello que iba a ser una excepción se volvería a erigir en vicio.


El argumento principal fue la incorporación de Katee Sackhoff, que sabía que llegaría cualquier día de estos a los laboratorios de Catherine Willows y tenía curiosidad por ver a Starbuck fuera de la nave Galáctica. La llegada, sin embargo, sucedió sin bombos ni platillos. Una agente de policía más que de repente acompaña a Nick a un caso, una decepción en letras mayúsculas para quienes la considerábamos un mito catódico viviente. Incluso la alusión del Doctor Langston a Battlestar Galactica no pudo compensar el gatillazo (“¿Frak? This sounds like a SyFy expletive”). Pero por suerte CSI da mucho más donde agarrarse.


Desde que regresó en septiembre diría que no ha habido episodio en el que no haya disfrutado con los esperpénticos asesinatos sucedidos en la capital del vicio. Desde el explosivo estreno de temporada, a encontrarse un tiburón en una piscina, una guerra entre vampiros y hombres lobo, la mordedura de un tiranousaurus rex o el siempre curioso síndrome de Diógenes. O la aparición de un retorcidísimo (tanto figurado como literal) asesino llamado Sqweegel que torturó a Ann-Margret con una cuchilla de afeitar y que sirvió para promocionar la nueva novela de Anthony E. Zuiker, Level 26. Su forma de desplazarse, el peculiar disfraz de justiciero y el modus operandi (que recordó a cierto acosador que vivía en el ático de Nick) brindaron uno de los asesinos más inquietantes que han pasado jamás por la franquicia. Y descubrir a Catherine Willow investigando un caso sobre contaminación de aguas también tiene miga, sobre todo cuando su superior le suelta “you’re a CSI, not Erin Brokovich”. Por supuesto que lo sabía mi querida Catherine, sobre todo porque Marg Helgenberger interpretaba a la enferma más carismática de toda la película de Steven Soderbergh. A CSI le sienta muy bien esto de alimentarse de pequeñas anécdotas, hacer un guiño a los espectadores y acercarlos un poquito más.


Pero la reciente inmersión también me ha servido para volver a conocer unos personajes que, como dijo hace un tiempo MacGuffin, en estos once años han ido cambiando. Catherine Willows, por ejemplo, ha pasado de pedir perdón por su pasado y esforzarse para impresionar a Grissom a ser una jefa prepotente con constantes choques con Brass y una relación sentimental a largo plazo. Jorja Fox, en cambio, con sus idas y venidas ha configurado una Sarah que está de vuelta de todo y gracias a la cual podemos percibir a Grissom en cada episodio, pues hay amores que dejan huella y ella debe cargar con una enorme. Y Nick, el eterno optimista, ha envejecido. Puede tener siempre una sonrisa lista pero la juventud se le ha escapado por las grietas de la cara y ahora esa mirada aniñada es lo único que le queda. Bueno, tampoco es que sea viejo, pero ha crecido y ya no es el chico joven e inocente que colegueaba con Warrick en los vestuarios, o que cuando Grissom le dijo “eche, eche, eche. ¿Qué bebe la vaca?” respondió “Leche”.

3 comentarios:

MacGuffin dijo...

De vez en cuabdo, sarah dice algunas cosas muy de Grissom. Me hace gracia :)

titania (Verónica) dijo...

Yo no la veo ya pero estoy segurísima de que me pasaría como a ti, que si empiezo me engancho de nuevo. Pensaba que le sentaría peor la pérdida de Grissom pero veo que no, que está en plena forma, quizá le de una oportunidad cuando tenga tiempo.

Crítico en Serie dijo...

MacGuffin, es que te deja pasmado con sus salidas. Es como si en lugar de volver de un respiro espiritual en la India (el cliché por antonomasia), haya vuelto de Grissomlandia.

Titania, la pérdida de Grissom no la noto tanto porque creo que Catherine es un personaje potente y Laurence Fishburne no es un protagonista absoluto como era Gil (y siguen estando los históricos como Nick, Sarah, Greg y Brass).