viernes, 1 de abril de 2011

Silenciosa lucidez

Cuesta decir, a veces, porqué vemos depende de qué series y no lo digo para entrar en la eterna definición del placer culpable. Al contrario. Lo que cuesta definir son los motivos para ver lo que realmente es bueno, más allá de criterios estéticos y frases lapidarias. Esas series que hacen sufrir, o que deprimen, o que ponen a prueba nuestra paciencia con dilatados silencios o cuya densidad nos estruja el cerebro con multitud de datos que hasta el momento no conocíamos. Me gusta decir, porque soy así de americanista, que lo hago porque me resultan entretenidas.


El paraguas de la industria del entretenimiento que han creado los yanquis hace que esta palabra, que en realidad significa ‘distraer’ y ‘divertir’, pueda tener connotaciones más serias porque todos los frutos que dan ellos, sean de autor o mainstream, parten de allí. Otros, en cambio, buscan distintas expresiones. Según un profesor que tuve, las grandes series se distinguían por lo que él llamaba “instantes de lucidez”. Y creo que, aunque en ese momento no nos dábamos cuenta, los dos pensábamos conceptos parecidos pero con distintas palabras.


Si me entretengo con (en lugar de aguantar) ciertas series que intentan ir más allá es porque justamente se convierten en productos de consumo (más o menos) fácil, de entretenimiento, una vez has visto esos momentos de lucidez. Él hablaba de “la verdad” que te permitía entender ciertas series como The Wire. Yo, como soy mucho más sentimentaloide, soy más partidario del “sentir”, de ponerse en la piel de otro y experimentar unas sensaciones reales aunque nada tengan que ver con tu propia vida (o sí). Una vez he conseguido llegar a este punto, que en The Wire me vino de la mano de D’Angelo Barsdale y en Boardwalk Empire de la de Margaret Schroeder, no hay silencio que sobre y conversación superflua, porque todo ayuda a construir un mundo, formado por muchos pequeños detalles. Pasa a ‘entretener’.


Pero sin hablar de estos instantes cuesta explicar, por ejemplo, porqué SouthLAnd es una muy buena serie. En la rutina de estos agentes, que es muy realista y se toma muy en serio no meter fuegos artificiales porque sí, hay parte de esa verdad que nosotros no experimentamos en nuestra vida diaria. No es cuestión de si existe ese submundo o no, sino que escenas como la de un agente abatido por un tiro con los pandilleros rondando alrededor, como si se tratara de hienas aprovechando la debilidad de una animal herido, dando patadas cuando pueden (en las costillas, la cabeza) mientras su compañero intenta ahuyentarlos con la pistola (recordando a un humano ahuyentando los animales con una antorcha), transmiten un desolador retrato de parte del alma humana o por lo menos de algunos de los seres de nuestra especie.


Esto, sin embargo, no siempre tiene que ver con la dureza y los bajos fondos. Puede ser la frustración desbocada de Betty Draper apuntando a los pájaros con una escopeta, el viaje liberador de Barb de Big Love en el Mini descapotable con sus dos sister wives o la inquietante naturaleza de los cylon en Battlestar Galactica. Y, como tampoco está solamente en el cable, también se puede tratar del dilema de la buena esposa para hacer lo correcto, la desesperación de Bree Van de Kamp y el dolor de Matt Saracen.


Estas sensaciones y sentimientos que transmiten, más un mundo verosímil y unas formas impecables, es lo que permiten estos momentos de lucidez. Diría que Platón lo describió a la perfección con la teoría de la reminiscencia y el acto de reconocer esas verdades que existen en el perfecto mundo de las ideas. Claro que él no era muy partidario de las sensaciones, que para mí lo son casi todo, así que mejor no sigo por este camino.

8 comentarios:

Hermione-V dijo...

Tan sentimentaloide como tu no puedo estar más de acuerdo. Esos momentos de lucidez hacen posible que muchos seriéfilos amemos series tan distintas entre sí, al mostrarnos un sólo instante que nos enamorará para siempre y que impide que las dejemos incluso mucho después de haber perdido esa lucidez.
Y, con tu ejemplo de Southland, destacas esa parte tan importante como es la metáfora, tan sutil que quizá uno no se da cuenta de la enorme carga emocional que ha depositado en ti. Me gusta llamarlo el "entre líneas".
PD: Curioso, pero es la escena de Betty Draper colocando una mano entre un potencial amante y ella, como muestra de su personalidad contenida por principios, lo que se me ha quedado en la memoria, más que su ataque a los pájaros.

Isa dijo...

Eso, obviamente, también ha de venir acompañado de buenos actores que sean capaces de transmitir ese sentimiento, porque me imagino yo a algunos intentando transmitir el dolor de Saracen o esos momentos Alicia y no sería lo mismo...

Julio C. Piñeiro dijo...

...o por qué la ficción televisiva (anglosajona) le ha ido comiendo la tostada a la cinematográfica.

OsKar108 dijo...

Jo, que bien expresado. Y es que es tan importante que o que nos cuentan, lo hagan de una forma que nos llegue "adentro" realmente, que por eso llegamos a amar a muchas de "nuestras" series, y esa es la mayor diferencia ente una serie y una película, la capacidad de desarrollo, ya sea de la historia como de los personajes (principalmente), al menos en mi opinión.

¡Saludos!

Crítico en Serie dijo...

Hermione, es que esa escena es brillante. Dentro de pocos días volveré a mencionarla, que ya tengo preparada una entrada sobre la 3ªT de Southland. Y Mad Men tiene muchas imágenes potentes, normal que tengamos muchas grabadas en el subconsciente :)

Isa, de buenos actores o de una gran labor de cásting. January Jones, por ejemplo, es una pésima actriz pero su falta de registros (y el único que tiene) son los idóneos para interpretar a Betty Draper.

Julio, esto es un poco relativo. Los británicos tienen buenas obras, pero como comentaba hace poco MacGuffin, nosotros también vemos solamente las que están mejor de todas. De las americanas, en cambio, estamos al día tanto de lo bueno como de lo malo y siguen haciendo obras maestras.

OsKar, el tiempo es una variable importantísima. Por eso cada vez que alguien dice que la tele es mejor que el cine, pienso "¡alto!". Lo que tiene la tele a su favor es que te permite comprometerte con unos personajes durante más tiempo y como más los conozcas también más puedes apreciarlos y afectarte cualquiera de sus pesquisas.

Jorge dijo...

Macho, estoy de acuerdo contigo en todo. Pero sin animo de ofender, me costó leer tú artículo. No se si es por la colocación de los puntos y las comas o por como haces las frases, pero acabé con dolor de cabeza. Te lo digo sin ánimo de ofender, te falta fluidez, aunque lo que cuentas es muy interesante.

Saludos

EnClave de Cine dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Julio C. Piñeiro dijo...

Pere, no me refería a series británicas vs. series americanas, sino a series británicas y americanas vs. cine británico y americano. Uso el término "anglosajón" cuando quiero referirme a ambos (y a Canadá, Australia, Nueva Zelanda y demás Commonwealth).