lunes, 30 de mayo de 2011

La operación Dexter y la sorpresa de Debra Morgan

La misión de introducir un personaje nuevo en una temporada y que encima tenga que pasar a un primer plano siempre es un reto difícil. Pocas veces el resultado es convincente a las primeras de cambio y en el caso de Dexter, en la que Miguel Prado pasa a tener un protagonismo desbocado desde su primer episodio, quizá un poco precipitado. Sin embargo, por más que se pueda criticar qué se ha hecho mal al respecto, es inútil discutir cómo debiera haberse hecho. Por más opciones que hubiera, no existe una fórmula mágica que permita saldar la presentación con éxito. De aquí que la televisión sea un arte, puesto que el producto debe ser más que la unión de las piezas y gran parte de esta grandeza proviene de la sala de guionistas.


Esto, por supuesto, forma parte de mi Operación Dexter. Muchos ya me habían avisado de que la tercera temporada no estaba a la altura de la segunda, pero teniendo en cuenta que yo odié la primera, en comparación (y en general) no me ha parecido un descalabro. Por la parte que afecta a Prado, sí. Entiendo que había un conflicto interior de Dexter, el de simpatizar con alguien como él y el de estar tentado con buscarse su propio código, distinto del que le inculcó su padre, para acabar entendiendo que su vocación debe ser solitaria. Pero el fiscal intenta ser tan carismático, estar tanto en todas partes y se le nota tanto que es un instrumento para que Dexter reflexione, que cansa. Jimmy Smits, además, también ayuda a ello con una interpretación un tanto exagerada. Y encima veníamos de un arco tan fuerte como la posibilidad de que la policía descubriera al protagonista.


La ventaja de este inconveniente, por paradójico que sea, es que la falta de garra de la historia principal también ha permitido que me fijara más en los secundarios, justo cuando los escritores se toman la molestia de perfeccionarlos. Y es que algo que recriminé siempre a los inicios de la serie fue que la mayoría de compañeros de Dexter parecieran directamente retrasados. En cambio, en esta temporada la teniente LaGuerta, con su sentimiento de culpabilidad y desconcierto por no haberse dado cuenta de que su mejor amigo era el Carnicero (que no lo era), también ha seguido con su evolución de jefa un tanto imbécil a persona que intenta aprender de sus errores; por fin hemos conocido a Angel Batista a partir de una improbable historia de amor que ha demostrado ser muy efectiva; y Debra ha seguido creciendo hasta convertirse en el ser más entrañable de la serie (solamente empatada con esa monada llamada Rita). Estoy casi por decir que Jennifer Carpenter con sus tics, su tipo masculino y esa mirada felina es la mejor intérprete de la serie, que esto sí que es una evolución por mi parte.


No obstante, por más que la lista de cualidades ya supera claramente la de defectos y el balance me salga positivo, ya tengo claro que nunca llegaré a las cotas de admiración de los fervientes seguidores de Dexter. Sobre todo por lo motivos que critiqué anteriormente: la voz en off es redundante y tengo la impresión de que las apariciones místicas de Harry tienen como única función alargar el metraje. Pero la cuestión que me quita el sueño es qué voy a hacer ahora yo sin mis preciados trolles que me descuartizaban cada vez que criticaba Dexter. Tendré que buscar nuevas e insultantes formas para volver a enervarlos.

8 comentarios:

Lairén dijo...

Entiendo que no has visto la cuarta aún.... y esa temporada es de lo mejor que he visto en la televisión nunca. Después de esa temporada no se puede criticar Dexter ....

WATANABE dijo...

Me alegro de que al final tu balance de Dexter te salga positivo. Para mi es una de las grandes, con sus defectos, pero una de las grandes. Deseando estoy leer tus impresiones sobre la cuarta (la mejor), y la quinta.

martinyfelix dijo...

Te digo lo mismo que WATANABE. Ahora lo bueno sería que también te reconciliaras un poco con las Gilmore.

Crítico en Serie dijo...

Liarén, efestivamente ;) La empecé hace un tiempo pero me aparecieron prioridades y me quedé en un punto muy interesante que retomaré esta semana (cuando muere cierta persona muy vinculada a la hermanísima). Ya noté que estaba ante una temporada superior a la 3ªT. Por lo menos hay un villano inquietante y no un simple coñazo interpretado por Jimmy Smits.

Watanabe, tampoco cantemos victorias. De momento, no la considero entre las grandes (y a quién voy a engañar: nunca pensaré que sea así, que llevo tres temporadas y aún espero).

Martinyfelix, a las Gilmore ya las he terminado. Bueno, bueno. Dentro de poco ya tendrán un post (o varios) ;)

martinyfelix dijo...

Lo sé, y espero por leerlo. Y te discutiré seguro, y luego te diré que la vuelvas a ver. Así que también te lo puedo decir ahora, aunque no me vayas a hacer caso.

torpe dama dijo...

¿Aceptas trolls que te critiquen y te insulten por faltar a tus principios y rendirte a la serie? MUAAAAAAHAHAAAAAAAAA (risa malvada)

[supongo que es evidente, pero es una broma, aunque hoy me siento un poco más sola en mi falta de aprecio por la serie, snif, snif]

Elag dijo...

La cuarta es sin duda la que presenta al villano más a la altura de Dexter, pero, aunque sigo siendo muy fan, ninguna temporada ha llegado al nivel de la segunda, con un(a) secundaria odiosa y el protagonista al borde de la detención. La quinta es hasta el momento mi preferida, a pesar de que reconozco que no es la mejor, pues su arco argumental ya se ha repetido ligeramente en otra temporada.

Crítico en Serie dijo...

torpe dama, siento haberte decepcionado. Sea como sea, yo siempre me apunto a rajar Dexter. Una cosa es que ahora la aguante y sepa apreciar ciertas cosas. Otra que opine que es una buena-buena serie. Venga, va, que me estás haciendo salir mi vena más anti otra vez ;)

Elag, la segunda era muy divertida de tan demente que era todo. Hay que reconocer, sin embargo, que el final estuvo muy bien hilado... por los pelos. Parecía que se arriesgarían a posicionar a Dexter y se sacaron a esa loca en el último momento para evitar que fuera él quien tuviera que hacer la decisión. Fue un poco decepcionante, la verdad.