viernes, 19 de agosto de 2011

La cena de Acción de Gracias de Cathy

Showtime es ese canal de cable premium que tiene legiones de fans dispuestos a atarte a una mesa con papel de cocina transparente y degollarte sólo por meterte con alguna de sus series. Nunca he entendido el porqué, aunque tampoco digo que sea lo peor. Sólo creo que intenta ir tan allá que se pasa de largo. También quiere ser tan visceralmente distinta, que a veces se olvida de algunos puntos elementales.


Pongamos por ejemplo The Big C. Se diferencia de todo lo demás por narrar el moribundo camino de Cathy hacia su lápida. Sí, es un relato sobre el optimismo, las segundas oportunidades y la superación personal, pero todos sabemos que Cathy tiene que morir. También sabemos que, porque lo dice la cadena, The Big C es una comedia y también sabemos, porque es obvio en cada plano, que Laura Linney se hizo el vehículo a su gusto para lucirse y añadir la televisión a su currículum. Lo que no entiendo, sin embargo, es la obsesión por showtimizar el relato aunque éste no lo pida. La filosofía de la cadena quizá será irse por la tangente de vez en cuando, pero que yo sepa debería regirse por criterios de calidad.


Todo esto viene a cuento de la cena de Acción de Gracias que nos mostró el pasado domingo. La serie llevaba unos cuantos episodios siendo más feliciana que de costumbre. Laura Linney tenía sus momentos histriónicos de “tengo cáncer y por esto reivindico mis derechos cada vez que algo no sale según lo planeado para poder ganar un Emmy”, aunque más rollo “heroína casual” que en plan “zorra que se te cuela en el súper”, como hacía al principio. La actriz y el personaje estaban menos irritantes que de costumbre y encima Linney seguía amortizando hoyuelos. Todos contentos.


También teníamos por allí los momentos Showtime de “soy adolescente y sin querer he pillado ladillas de una prostituta dominatrix” o “soy gay, me gustan los osos y masturbo a desconocidos en los cuartos oscuros de los bares”. Supongo que así estaban contentos los guionistas, que también querían colarnos la incorrección política a partir del personaje de Andrea, que consigue mencionar su extrema obesidad en cada plano en el que aparece. Que Gabourey Sidibe se vaya al Seattle Grace, donde son los maestros del egocentrismo y de los falsos diálogos donde los personajes en realidad sólo se quieren oír. Pero no me meto con nadie porque Gabourey es una crack y tiene gracia en su personaje.


La cuestión es que The Big C llevaba unas semanas muy liviana, entretenida y hasta divertida. Pero supongo que los escritores no se sentían bien consigo mismos siendo tan positivos y decidieron tirar un jarrón de agua fría a Cathy, recordándole que: a) se muere, b) ese amigo llamado Lee tiene unos prontos más extremos que los de su esquizofrénico hermano y c) los demás de su alrededor tampoco tienen derecho a la felicidad.


Para algunos el mérito de The Big C tenía que estar en contar un viaje tan oscuro como el de Cathy, que está en la fase terminal de un cáncer, pero siempre creí que el elemento fundamental del relato estaba en su vertiente de comedia. Quizá los responsables sólo estuvieron menos serios y pretenciosos porque querían invitarnos a esta cena de Acción de Gracias y recordarnos con una escena bastante innecesaria que todo esto es muy trágico, pero es una lástima. The Big C parecía haber encontrado su camino con ese tono constante y ligero y con esa escena (necesaria en algún punto) se cargaron la guinda del pastel que debía ser la cena (los astros estaban alineados). Al fin y al cabo, tanto Cathy como nosotros sabemos que ella se está muriendo. No pasa nada porque nos riamos durante el camino con ella. Esta era la intención, ¿no?

3 comentarios:

Alberto dijo...

Otra serie de Showtime que pierde los papeles...

Muy efectiva la escena de la cena y el pavo, pero sí, es de otra serie, no de ésta. Pero claro, ¿cómo iba a negarnos Laurita el privilegio de ver cómo derrocha recursos actorales?

Adri dijo...

Yo estoy disfrutando mucho de The Big C. De su optimismo y de su parte más cómica, pero también de esos prontos absurdos o dramáticos. No puedo evitar pensar que el hecho de que veas cierto tipo de tramas o giros como un simple efectismo para que no olvidemos el drama que hay tras la historia y que "es showtime intentando transgredir" tiene demasiado que ver con ese odio visceral que tienes a la cadena y que muestras cada ver que hablas de algo relacionado con ella.

Personalmete creo que The Big C está siendo mucho más honesta con su tono y su trama esta temporada y por ello, mejor.

Crítico en Serie dijo...

Alberto, esperemos que recupere los papeles, que andaba por el buen camino. Por fin parecía una comedia.

Adri, también yo digo que esta temporada es mejor que la primera, que conste. (Ignoro el tema de 'odio visceral que nubla mi juicio'. ;) )