lunes, 4 de junio de 2012

La quinta desesperada (1939 - 2012)

Cuando Marc Cherry escribió el personaje de Karen McCluskey para Mujeres Desesperadas, no tenía previsto darle mucho protagonismo. Sólo sabía que sería la vecina gruñona del vecindario y que, si le funcionaba, quizá aparecería en algún otro episodio. Pero entonces llegó Kathryn Joosten, se apropió del papel y se metió al creador en el bolsillo. Tanto, de hecho, que hasta le sonsacó una promesa: que jamás la mataría en la ficción mientras ésta durara.
La actriz no había tenido mucha suerte, posiblemente porque aparentaba más años de los que verdaderamente tenía, y se había hartado de morir en casi todos los papeles que le ofrecían. El más memorable hasta la fecha había sido el de Dolores Landingham, la secretaria del presidente Bartlet en The West Wing. Aaron Sorkin quiso darle algo de dramatismo a un episodio de la segunda temporada y ella se quedó sin trabajo tras leer que su personaje se había matado en un accidente de coche completamente gratuito.
El recorrido de Joosten hasta entonces había sido muy poco habitual. Trabajó de enfermera, se casó con un psiquiatra e intentó ser una buena madre y esposa hasta que en 1980 se divorció de su marido. Entonces, siguiendo el consejo de su madre de perseguir sus sueños, decidió ser actriz y se apuntó a clases de interpretación. Y, pasito a pasito, fue encadenando trabajitos: papeles en obras de teatro locales mientras pintaba paredes, un puesto en Disney World en Orlando y finalmente se mudó a Los Angeles en 1995 para culminar su propósito, apareciendo en series como Roseanne, Urgencias, Frasier o Buffy, hasta llegar a Wisteria Lane.
El truco de Joosten para adueñarse del papel no solamente fue su talento cómico, sino su capacidad para transmitir humanidad con cada una de sus miradas y de sus gestos. De hecho, le granjeó tanta popularidad que Cherry hasta se planteó darle un spin-off con Lilly Tomlyn, un proyecto que jamás vio la luz cuando la actriz nacida en Chicago fue diagnosticada por segunda vez de cáncer de pulmón en 2009.
Ya había superado la enfermedad tras abandonar el tabaco en 2001 y, consciente de lo querida que era, quiso influenciar a sus seguidores ejerciendo de ejemplo. Se erigió en portavoz de asociaciones contra el cáncer y tuvo apariciones en Mi Nombre es Earl y Anatomía de Grey donde interpretaba personajes que lo padecían. Y, cuando le informaron que volvía a padecer cáncer, aceptó que formara parte de su trama en Wisteria Lane.
Por esta razón, desde que supimos de su muerte el pasado sábado, tocaba recordar su mejor papel: ella misma. Persiguió sus sueños cuando parecían imposibles con mucho esfuerzo, luchó como una guerrera y se ganó un huequecito en el corazón de millones de espectadores gracias a la señora McCluskey, personaje que le reportó dos premios Emmy. Y, cuando pienso en la pérdida que ha sufrido la televisión, no puedo evitar recordar la frase que escribió Marc Cherry para el último capítulo de las desesperadas: “Incluso la vida más desesperada es maravillosa”. Y ella lo era mucho, maravillosa.


(Este vídeo es un momento cumbre del final de Mujeres Desesperadas y, por lo tanto, no es recomendable verlo si no se ha visto el episodio. Claro que, una vez lo ves, quedas sorprendido de las casualidades de la vida o justamente de todo lo contrario. Todo un homenaje, aunque ni lo supieran.)

6 comentarios:

Dro López dijo...

PRECIOSO POST.

pichilemu dijo...

gracias kathryn, nunca te olvidaremos.

Flyingvolandas dijo...

Gran post. Me enteré ayer de la triste noticia. De verdad que lo siento, lo siento mucho.

astrakus dijo...

Precioso homenaje al mejor personaje recurrente de Wisteria...y de fuera de Wisteria. No hace más que engrandecer todavía más el último capítulo de la serie y su trama (nada secundaria) en ella.
Genial.

Eloi dijo...

No me lo puedo creer. Que fuerte. Era una gran actriz. Es una lástima.
Es interesante que aceptara interpretarse a sí misma con cáncer en la serie. Qué valor.

Crítico en Serie dijo...

Y su historia es fascinante. Llena de valentía y esperanza. Deberíamos aprender de ella.