lunes, 12 de noviembre de 2012

Gracias, señor Fellowes

La primera impresión fue la acertada y, si bien escribí que la season premiere de Downton Abbey prometía un tacto perdido durante el segundo año, ahora puedo confirmar que la serie se ha redimido de cualquier mal recuerdo. Creo que, al igual que hacemos con las consecuencias de cierta violación en Friday Night Lights, podemos infligirnos un principio de amnesia cada vez que alguien mencione la silla de ruedas de Matthew, los trabajitos de granjera de Lady Edith y esa narración a dos velocidades en la que vivían todos los miembros de la abadía.

Como ocurrió el año pasado, sin embargo, tendremos que esperar al especial de Navidad para tener una opinión completa de este tomo de la historia de los Grantham aunque, a diferencia del pasado, sí podemos tener una visión bastante clara para hacer balance. No nos ha dejado con la sensación de que nos faltaba un capítulo. Así que, para defender esta tercera temporada, qué mejor que hablar de los arcos que sí han funcionado o que creo más destacados (y sí, a partir de aquí hay spoilers):

Negro luto
De todas las hijas de Cora, Sybil probablemente era la menos interesante. Por lo tanto, su repentina defunción fue un win-win. La muerte de un personaje central y bien relacionado da mucho juego y, si encima era de los que funcionaba peor, no perjudica la obra. Si no había calado era culpa del señor Julian Fellowes, que había escrito su trama más relevante con su peor pluma. No obstante, su muerte tuvo mejor suerte y dedicación. Fue dolorosa por lo frustrante de la situación, porque tuvimos que vivir con todos ellos esos instantes agónicos. El duelo estuvo bien llevado, gracias a la pequeña Sybil se pudo acortar el tormento y el nuevo papel de Branson sí me resulta atractivo. El último plano del partido de cricket fue tan redundante como satisfactorio.

El caso de Bates
A diferencia de otras que podemos fingir que no existieron, la situación de Bates pedía una resolución. O lo liberaban o le mataban y, si tengo que ser sincero, sólo me alegro de que no nos torturaran con el llanto de Anna en cada episodio. Fellowes hizo lo que pudo (esta vez sí) con un arco mal llevado, puso un punto final a la situación y ya podemos pasar a otra cosa. Por ejemplo, a Anna y Mary descubriendo que están encinta en el mismo episodio, situación que no descarto.

El secreto a voces
Compro el imprudente paso de Thomas y, si bien se podría criticar el tratamiento del conflicto, que está muy influenciado por el discurso del S. XXI, su divertido desarrollo me impide ser severo con él. Primero quedamos traumatizados por lo incómodo de la situación, luego Carson nos expuso el discurso oficial de la época y finalmente los demás se quedan indiferentes ante la noticia. Era obvio que era un secreto a voces y no extraña que en una sociedad como la inglesa, donde obviar aquello que no conviene estaba a la orden del día, miraran para otro lado. Habrá quienes sean más duros con este tratamiento y puedo comprenderlo, pero recuerdo a Lord Grantham hablando de sus anécdotas gays en Eton y no puedo evitar sonreír. Y, ya puestos, le dio algo de sentido a Jimmy Kent justo cuando parecía que sus flirteos no iban a ninguna parte.

La mujer que vendía su cuerpo
Y, como punto final, la aparición de Ethel acabó siendo representativa de la gracia de la temporada y del estado de Fellowes. El guionista la rescató del montón de desaciertos del segundo año y la recicló en una historia de superación, bien contada y que nos involucró a nivel emocional, esperanzándonos con su determinación de redimirse. Como el jefe que maneja el cotarro, que encontró la forma de pedirnos perdón y nos dio razones de sobas para confiar en él, dando muestras de mejora en todos los capítulos y configurando una temporada de notable alto. Gracias, señor Fellowes, para devolvernos el culebrón con más clase de la televisión.

6 comentarios:

Carlos Sarmiento dijo...

Pues lo cierto es que esta vez coincido en casi todo, salvo tal vez en lo de Lady Edith.

Precisamente por ser un personaje que ya estaba, casi, fuera de la serie, no creo que consiguiese un efecto realmente profundo. Fue... una solución cobarde. Me parecía evidente que iba a pasar (con algún personaje), pero me sorprendió que optase por una solución tan poco como impactante como ella.

Para mí, esa elección (y la trama de Bates) han sido los puntos más grises de una temporada que, por lo demás, me ha parecido que devolvía Downton a la grandeza y al terreno costumbrista del que nunca debió alejarse.

Ester Vi dijo...

Creo que dentro de las tramas te falta la mas interesante desde mi punto de vista. La lucha entre quedar anclado en el pasado (Robert) y la de mirar hacia el futuro (Matthew apoyado por Branson) representada por esa lucha de poderes entre el patriarca y el primo Matiu. Matthew le salvo el culo a Robert pero a cambio este ultimo ha dado su poder a un joven con ideas progresistas que para nada tienen que ver con la educacion de Robert. Y encima Mary, el gran apoyo de Robert, esta evolucionando y haciendo real la frase de "dos que duermen en el mismo colchon se vuelven de la misma condicion". Los futuros condes de Grantham seran unos progres y Robert esta que no sabe ni para donde tirar jajaja.
Luego no estoy de acuerdo en que Sybil fuera la menos interesante. Era el aire fresco de la casa, la dulzura, un angel... la chica a la que no le importaba bajar las escaleras y aprender a cocinar. Para mi despues de Mary era la mas interesante. Es cierto que Edith ha subido muchos puntos a partir de su NO boda, pero Sybil era un personaje popular... muy popular... y su historia con Branson tambien lo era. Fellowes los tiene cuadrados para haberla matado.

manantial dijo...

Muy de acuerdo con Ester...Sybil era un personaje muy querido por los fans y su historia con Branson una de las mas amadas,tambien era uno de mis personajes favoritos y tambien creo que era muy interesante,ademas creo y tambien he leido en varios sitios que ha dejado dos momentos miticos,cuando baja con el vestido-pantalon y todos se quedan en shock y cuando con Branson dicen a su familia que se van a casar,fue una escena muy buena...ademas defiero totalmente con Carlos, si que era el personaje que mas dolor podia causar,por ser muy querida por toda la familia y tambien por todos los servientes,algo mas desde ahora apuesto que el capitulo con su muerte sera el que va a competir por los Emmys...Por lo demas muy buena critica,ami tambien me gustaron mucho la historia de Edith y de Mrs. Hughes.

Noelia Rodríguez dijo...

A mi la historia de Ethel me sigue sobrando en esta temporada, sinceramente.
Y por mucho que la gente esté transtornada con la muerte de Sybil no creo que fuera para tanto. También es lo que permite que Edith se vea algo más. Conste que es mi preferida de las tres hermanas...

Willow dijo...

Estoy de acuerdo en casi todo lo que comentas. Sybil, aunque ahora estaba algo desaparecida en batalla, era de las más queridas por los fans y la única que quizá aportaba candor y ternura a la familia, ya que sus dos hermanas, como tantas veces comentan este último episodio, se llevan bastante mal y siempre era de agradecer el papel tan amable y gentil de Sybil. Aunque admito que su muerte era algo inesperado y que ha dado bastante juego a la serie y ha hecho de Tom un verdadero personaje de Downton.

Tambíen tengo un blog de series, si algún día quisieras pasarte a visitarme. Saludos!

Crítico en Serie dijo...

Bueno, tenéis razón que Sybil era un personaje muy querido y que su relación amorosa (como toda relación de Downton, por otra parte) tenía muchos adeptos. Pero hay que reconocer que también fue muy criticada porque cronológicamente tenía poca verosimilitud (incluso menos que la de Matthew y Mary) y al final daba la impresión que Sybil era el personaje más simplón de todos. Por lo menos yo sí leí bastantes críticas al respecto (de medios de comunicación, no amantes de la serie). Y por eso me gustó su muerte. Una forma de introducir mejor a Branson y, si alguien tenía que morir, sería la que menos se echaría de menos. Así también tiene más gracia la relación fraternal entre Mary y Edith.