miércoles, 9 de abril de 2014

El ruido y la calma

En televisión faltaba un fenómeno desde que ‘Breaking Bad’ se fue. Los medios adoran una serie que desate pasiones, sobre la que hablar con grandilocuencia y escribir cuatro páginas sin que nadie piensa que te pasas tres pueblos. ¿Y quién ha ocupado el puesto de Walter White? Pues los mismos que estaban antes: la Khalessi, los Stark y los Lannister.

‘Juego de Tronos’ es como la chica popular del instituto que, fueras raro, deportista o macarra, sabías quien era y te gustaba. No hay límites a la hora de cubrir la información. Leo por allí, por ejemplo, que el estreno de la cuarta temporada bloqueó el servicio bajo demanda de HBO de tanto éxito que tiene. ¿Noticia? No, lo había hecho ‘True Detective’ hace apenas unas semanas. Pero es ‘Game of Thrones’, tiene rollo, vayamos a por ello. Es esa serie que trasciende el visionado casual (el de las personas que ven series porque las echan en la tele y les gustan) y también el dedicado (el de los viciados, el que procura estar a la última).

Tiene mérito que el arranque de temporada haya batido récords en HBO: 6.6 millones de espectadores en su primer pase en Estados Unidos (3.6 en los demográficos) en un canal con una base de abonados limitada, una cifra que encima crecerá muchísimo cuando se contabilicen los siguientes pases y la demanda de contenidos. Normal, entonces, que ya hayan encargado una quinta y sexta temporadas, que era algo que podíamos suponer (a estas alturas HBO perdería todo su prestigio si no termina en condiciones la saga de G.R.R. Martin).

Tanta noticia, tanto bombo y platillo y tanta expectación chocan con otra realidad, que ‘Juego de Tronos’ ha regresado bastante calmada, como era de suponer. Hay mil comentarios acerca del fenómeno pero, de momento, el primer episodio no ha brindado mil discusiones. Es gracioso, por ejemplo, leer algunos escépticos que indican que todos fingiremos durante media temporada que la serie es interesante y sólo vibraremos en la recta final, sobre todo en el noveno episodio que siempre se reserva algún hecho impactante. Pero la realidad tampoco es tan clara. Puede que las dos primeras temporadas tuvieran unos episodios iniciales faltados de ritmo, pero la tercera fue igualmente calmada pero tenía una intensidad loable. Por aquí parece que irán los tiros.

‘Juego de Tronos’ es como los libros. Hay multitud de personajes y todos se mueven hacia un objetivo concreto. Es, como ocurría en ‘El señor de los anillos’, una historia sobre personas que caminan mucho (menos algunos Lannister que están bien asentados en Desembarco del Rey). En este aspecto, el primer episodio de la cuarta temporada nos mete en situación y nos recuerda en qué punto están los personajes desde que les dejamos, algo que tampoco viene mal si tenemos en cuenta los frentes que hay y cuanto tiempo pasó desde la anterior entrega.

Se podría destacar la primera escena (¡lobo al fuego!), el CGI de los dragones de Daenerys o el sufrimiento de Sansa, que no descansa en sus lloros (completamente justificados), pero lo más jugoso del episodio es la escena final de Arya. Que diríamos de forma un tanto retorcida, por fin la pequeña Stark se hace mujer y esta pérdida de la inocencia pronostica momentos interesantes, ahora que ella y el Perro son compañeros de batalla de igual a igual (bueno, él podría aplastarla cuando quisiera).

¿Que igualmente esperamos el episodio número nueve? Por supuesto. Pero nunca hay que despreciar la importancia del camino en una ficción como esta. Los personajes han crecido mucho desde que les conocimos y David Benioff y D.B. Weiss han aprendido a dar entidad a todas las escenas, lo que permite que sea muy estimulante ver lentamente hacia donde avanzan todas las tramas.

4 comentarios:

Luis Carrion dijo...

La verdadera magia esta en los libros

herb_b dijo...

Pues yo tambien me he leido los libros, y me parece que llevan camino de superarlos, a nada que sepan recortar y reestructurar los dos ultimos, un reto, que a Martin se le fue bastante de las manos, pero no un reto insuperable, ya que los problemas son mas de relleno y estructura que de que no haya trama aprobechable, y ademas, llevan muy buen camino. Sobre el tema de los golpes de efecto, y si eso es lo bueno, y lo demas lo aburrido, se disfruta tambien sabiendotelos y con el factor sorpresa eliminado de la ecuacion, asi que no creo que los que hablan de aburrimientos hasta el episodio nueve tengan ninguna razon: de este nuevo episodio sin ir mas lejos, me han gustado todas las escenas, todas son interesantes, y todas aportan algo.

Dexter Morgan dijo...

Los libros no los van a mejorar, por pura y simple falta de todo el trasfondo que llevan, con todos los temas de la historia de Poniente y las casas, y la multitud de detallitos que tienen (que de vez en cuando meten alguno en la serie, como la mención de Dontos a su casa).

Ahora, no cabe duda de que en la serie tienen la gran ventaja de poder recortar mucho el tema Festín/Danza que tantos problemas dio a Martin, condensando a lo mas "importante" (entre comillas, que con Martin el demonio está en los detalles).

Pero los golpes de efecto, los golpes de efecto dependen de lo demás.
Si en vez de ser en la tercera temporada, noveno episodio, la Boda Roja hubiera sido en el primer episodio de la primera temporada, nadie habría movido una ceja y simplemente estaríamos ante otra historia de venganzas post-trauma familiar.
Y sin embargo, el desarrollo, el conocer a los personajes, lo cambia todo.
Los golpes de efecto dependen del contraste. Si todo son golpes de efecto, el golpe de efecto en si mismo desaparece.

Ya sobre el episodio, me ha resultado llamativo que no se mencione la llegada de los Martell, sin duda lo mas llamativo del mismo.

Dexter Morgan dijo...

Los libros no los van a mejorar, por pura y simple falta de todo el trasfondo que llevan, con todos los temas de la historia de Poniente y las casas, y la multitud de detallitos que tienen (que de vez en cuando meten alguno en la serie, como la mención de Dontos a su casa).

Ahora, no cabe duda de que en la serie tienen la gran ventaja de poder recortar mucho el tema Festín/Danza que tantos problemas dio a Martin, condensando a lo mas "importante" (entre comillas, que con Martin el demonio está en los detalles).

Pero los golpes de efecto, los golpes de efecto dependen de lo demás.
Si en vez de ser en la tercera temporada, noveno episodio, la Boda Roja hubiera sido en el primer episodio de la primera temporada, nadie habría movido una ceja y simplemente estaríamos ante otra historia de venganzas post-trauma familiar.
Y sin embargo, el desarrollo, el conocer a los personajes, lo cambia todo.
Los golpes de efecto dependen del contraste. Si todo son golpes de efecto, el golpe de efecto en si mismo desaparece.

Ya sobre el episodio, me ha resultado llamativo que no se mencione la llegada de los Martell, sin duda lo mas llamativo del mismo.