miércoles, 14 de mayo de 2014

El sentido del deber

¿Por qué pierdo el tiempo viendo series que no me gustan? Cuando terminé la temporada de ‘Scandal’ y escribí una crítica destructiva en el blog (y antes había publicado otro texto sobre su nefasto reparto en otra web), un lector me dijo que no entendía porque dedicaba horas a ver series que despreciaba. Comprendo su punto de vista y hasta yo mismo me hago esta pregunta cuando leo según qué conductas en las redes sociales. ¿Por qué hay quienes malgastan el tiempo con algo que claramente no les satisface, habiendo tantas joyas por las televisiones de todo el mundo? Pero en mi caso tengo una excusa: el sentido del deber.

Escribo sobre televisión en este blog, en varios medios de comunicación y hablo de series en mi podcast. Por lo tanto, hay muchas series que no merecen la pena y soy consciente de ello, pero nunca sé cuándo tendré que hablar de ellas, sobre todo si se trata de apuestas populares. Por ejemplo, ‘The Walking Dead’ no es santo de mi devoción y probablemente la dejaría tan tranquilamente, pero siento el deber de volver a ella de vez en cuando para comprobar cómo evoluciona.

Es interés por la televisión, por algo que ven millones y millones de personas, y nunca está de más como periodista saber de qué hablas cuando te pones a ello. Lo mismo digo de ‘Dexter’, que jamás disfruté ni un segundo pero de la que vi varias temporadas para intentar entender el fenómeno y lo podría decir de ‘House of Cards’, que demostró con el tramo final de su segunda temporada que no es la buena serie que aspiraba ser (y que vendió tanto humo que hasta algunos críticos se lo creyeron durante un tiempo).

Puede que ‘Scandal’ no tuviera mucho éxito en Cuatro, ni tampoco tenga mucho éxito entre los aficionados a las series que se las descargan, pero en Estados Unidos fue un fenómeno y no quería perderme todos los artículos al respecto, ni que fuera para llevarme las manos a la cabeza mientras pensaba “¿¡por qué demonios le ven!?”. Es una cuestión de estar al día, como los periodistas de política que siguen las maniobras de todos los políticos independientemente de a quienes votan en las elecciones.

Pero sí, siempre hay alguna serie buena (y alguna mala como ‘Reign’) que se me queda en el tintero por culpa de los deberes que me impongo, porque a veces pierdo el tiempo con series que no valen mucho pero me entretienen demasiado (todavía me acuerdo de mi trash-obsesión por las primeras temporadas de ‘Make it or break it’). ¡También me gusta disfrutar de la televisión! Pero, por más que sienta la llamada del deber cuando oigo las palabras “EEUU” y “estreno”, no hay quien me haga perder el tiempo con las series españolas que no valen demasiado. Un episodio de ‘Velvet’ y uno de ‘El Príncipe’ y, aunque no estén mal, duran tantos minutos (y no me interesan lo suficiente) como para seguirlas durante semanas.

En cambio, he hecho cosas como terminar la segunda temporada de ‘The Following’ ahora que sabía que llegaba a la recta final. Maratón de Joe Carroll y Ryan Hardy. Una serie absurda, mal escrita, con cero progresión dramática y unos defectos que se repiten una y otra vez. Esta vez reconozco que no sé si fue mi sentido del deber o puro masoquismo (y digo sentido del deber todo el rato sabiendo que no soy un superhéroe, que tumbarse al sofá a ver series es un placer). Pero también sé que, si no le hubiera destinado estos minutos, en ¡Vaya Tele! no habría crítica sobre el desenlace. Y hay que hacerla, claro que sí, que es suficientemente popular como para dedicarle unas líneas en una página sobre televisión.

4 comentarios:

MadQuark dijo...

Nunca os agradeceremos lo suficiente a gente como tú o Marina que gastéis el tiempo en algunas de estas series para evitar que nosotros cometamos ese error :)

De todas formas algo que no entiendo es que se puedan ver capítulos sueltos para ver cómo sigue una serie. En el CSI de turno no importa, claro, pero en una serializada la opinión tiene que ser necesariamente sesgada al no "ver el cuadro completo ¿no?

Un saludo

Kekos de MJ dijo...

Lo mío es peor... Me he tragado las dos temporadas de The following sabiendo que era una mierda, flipando con las situaciones absurdas sin tener que escribir de ella... No se qué me pasa, si es que me da pena dejar tirado a Kebin Bacon pero no he podido dejarla...

E. Kiddo dijo...

Por fin alguien que dice que House of cards no es ni la mitad de buena de lo que se cree. Yo la dejé en el capítulo 5 de la primera porque, sencillamente, no podía con el nivel de "mira que guay soy". Por la razón contraria, he continuado con "The Following" hasta terminar la segunda temporada. No soporto las series pretenciosas (salvo que estén a la altura de lo que prometen), y sí que disfruto mucho con las series que son una mierda, son conscientes de ello y se lo toman a guasa.

El problema de "The Following" es que creo que no se ha dado cuenta aún de que es pésima. De las series con peor guion que he visto en toda mi vida (incluyendo españolas y todo, eh, ahí es nada). No obstante, es probable que vea la tercera. A eso del cuarto capítulo de la primera temporada alcancé ese estado maravilloso de todo seriéfilo de poder ver una serie que te da vergüenza ajena y divertirte comentando la jugada y mofándote de cada cosa que sucede. Eso sí, lo de que (SPOILER) hayan matado a la Nanny (/SPOILER) me quita un poco las ganas. Era el personaje más divertido... Los demás son un coñazo. Y si encima de ser mala serie, eres aburrida, apaga y vámonos.

pichilemu dijo...

Yo, como simple espectador, puedo darme el gusto de dejar una serie cuando quiera. Me pasa ahora por ejemplo con The Walking Dead, que los ultimos cuatro capitulos de la temporada me estan pareciendo insufrible. Igual los vere, para terminarla y luego evaluare si sigo con ella el proximo tramo, aunque sospecho que no.
The Followng la deje al quinto de su primera temporada, ya la cosa no daba para mas, en eso soy sincero, me doy cuena de inmediato cuando una serie lo vale y si no es asi, me digo "tengo familia, trabajo, libros por leer y otras interesantisimas series o cosas por hacer" como para perder el tiempo con cosas que no me satisfacen.