sábado, 11 de octubre de 2014

El guapo de verde

Los canales americanos marcan mucho el tono y contenido de las series de televisión que emiten, todos deben ser fieles a una imagen de marca, y la CW tiene sus características. Es un canal destinado al público joven, durante un tiempo se centró mucho en el culebrón teen de manual (‘Gossip girl’, ‘90210’) y sólo admite protagonistas muy pero que muy guapos. El talento es secundario, que digamos, y generalmente sus actores son intercambiables.

Stephen Amell es el protagonista de ‘Arrow’ pero también podría ser un nuevo hermano Winchester en ‘Supernatural’, un príncipe francés de ‘Reign’ y, de hecho, había trabajado en ‘The Vampire Diaries’ antes de tener una serie para él solo. Ya suelen hacerlo en la CW, poner a prueba a los actores en otra serie antes de atreverse a contratarles para dirigir un vehículo. Y Amell, también hay que decirlo, despertó bastantes críticas cuando consiguió el papel de Oliver Queen. No es que no tuviera el cuerpo para hacerlo, esto nadie lo pone en duda, pero su talento como actor dejaba bastante que desear.

Se podría resumir su interpretación como hierática e insípida. Era incapaz de manifestar ningún tipo de emoción cuando vestía de calle como Oliver y, aún así, ahora podría decir que hasta fue un acierto. No me engañaré y fingiré que le contrataron porque confiaban en su potencial. Lo ficharon porque estaba muy, muy bueno y porque tenía un cuerpo de infarto tras matarse en el gimnasio. Pero Amell se tomó su papel en serio y, a medida que avanzaba la serie, ganó presencia.

Desde la segunda temporada está muy correcto, me vende perfectamente el cariño que siente por los demás personajes y la gran losa de responsabilidad que carga. Puede que no le fichara para ningún papel sustancioso en el resto de su vida pero ha sacado partida a su limitado talento, haciéndose con su personaje. Chapeau, chico, chapeau.

Otra de las situaciones con las que ha tenido que lidiar ‘Arrow’ también tiene bastante que ver con la cadena que la emite y en gran parte con la televisión en general. Todo superhéroe necesita su damisela en apuros, una chica en la que esté obsesionado el protagonista y con la que debe surgir tensión. En este caso, se trataba de Laurel, su novia antes de desaparecer en el pacífico (¿o era el índico?) y las chispas no funcionaban. Años después los guionistas por fin han entendido que Amell tenía mucha más química con Emily Bett Rickards, que debía ser un personaje episódico y ganó tantas simpatías como Felicity Smoaks que decidieron quedársela.

Esto no quita que la CW es la CW y que, ahora que lo tienen claro, hayan destinado demasiada parte del estreno de la tercera temporada a poner los puntos sobre las íes. ¿Hacía falta exponer la situación en voz alta, quitarle toda la magia y forzar la relación de estos dos en otra dirección sin pasar por la casilla de salida? No creo, no, pero no es canal de sutilezas y Greg Berlanti y compañía querían satisfacer las ansias de unos jóvenes que supuestamente lo necesitan todo masticado.

A pesar de esto, ‘Arrow’ ha tenido un estreno de temporada muy decente. Los últimos episodios de primavera fueron una maravilla de ritmo, acción y determinación, y ahora recibiremos los frutos. Las piezas más torpes se han quitado de en medio, se ha redefinido mejor los personajes que no encajaban (Laurel no sobra, esto sí que es un milagro) y le sentará bien abandonar la isla por aventurarnos en Asia. Por lo menos tiene una paleta de colores más cálida. En un otoño con pocos estrenos destacados y bastantes desilusiones, agarrarse al arquero encapuchado no es una mala opción. Y la última escena del episodio confirma que, efectivamente, no quiere abandonar su tono más oscuro.

1 comentario:

Eloi Bigas Vila dijo...

Totalmente de acuerdo. El estatus quo de la premiere es nuevo y muy interesante, pero con la escena final le dan la vuelta a todo y no tendrán tiempo de explorarlo. Han pasado al siguiente nivel demasiado rápido.