martes, 21 de octubre de 2014

La leyenda de Aang

Contemos los países del mundo, el número de canales, los géneros y las plataformas de contenido. Estar al día de todo es una misión literalmente imposible, no existen suficientes horas en el día. Pero esto no significa que de vez en cuando no se pueda salir del molde para probar un poquito de aquí y un poquito de allí. ¿Quién hubiera imaginado que intercalaría durante una semana la versión británica de ‘X Factor’ con la australiana y la sudafricana? El otro día, sin embargo, me picaron la curiosidad con algo completamente distinto: la animación infantil.

Al final del año pasado reivindiqué ‘Gravity Falls’ como una de las series del año pero había cierta trampa. Esa serie, por más que vaya dirigida a niños, tiene muchas capas, guiños y referencias a los mayores sin ser un producto adulto. Para eso ya tenemos ‘Bob’s Burgers’ que es fantástica y arrancó la temporada con musicales improvisados de ‘Jungla de cristal’ y ‘Armas de mujer’ (sí, hay que adorar todavía más a los Belcher y a Tina en especial por llevar hombreras para su estreno teatral). Pero la cuestión es que el otro día leí a alguien comparar el nivel de ‘The legend of Korra’ con ‘The good wife’ y se me erizaron los pelos. Ya tenía el gusanillo.

Esta serie, que conste, todavía no la he empezado. Como siempre tiene que ocurrir con toda serie que se precie, hay que pagar un peaje antes de adentrarse en ese universo. En este caso, hay que ver ‘Avatar: The legend of Aang’ que es la serie que la precede y que muchos reconocerán porque M. Night Shyamalan adaptó al cine con críticas catastróficas. Y, si ‘The legend of Korra’ está escrita para aquellos que crecieron con Aang (2005-2008), significa que efectivamente ‘Avatar’ es una serie infantil. Para ser exactos, estaba destinada al público de 6 a 11 años (como si fueran el mismo, pero supongo que Nickelodeon debe ponerse los objetivos de alguna forma).

La premisa es interesante. El equilibrio del mundo se divide en cuatro tribus: aire, tierra, fuego y agua. Cada grupo tiene guerreros que dominan su elemento a su antojo pero este equilibrio se trunca cuando el Imperio del Fuego decide someter al resto de la humanidad. Cien años llevan apoderándose del territorio y exterminando a sus enemigos, y el único que puede cambiar el curso es el Avatar, una figura única que controla todos los elementos y que cuenta con la ayuda de los espíritus. Pero el Avatar lleva un siglo desaparecido y es porque Aang, que todavía es un niño, ha estado congelado durante todo este tiempo. Cuando despierta no sólo descubre que el planeta está en guerra, también que es el último maestro del aire y que tiene que aprender a dominar todos los elementos para luchar contra el Fuego. De su formación y valentía dependerá el futuro de la humanidad.

Este argumento, que se toma licencias de las culturas asiáticas, no puede ser más claro y esta es su virtud. En estos tiempos donde todas las series tienen miradas que debemos interpretar y antihéroes, es refrescante encontrarse con una obra de trama directa (porque tiene trama, esto es innegable), héroes, humor y ritmo. De hecho, las ganas de divertirse de Aang, que no deja de ser un niño, me recuerdan demasiado los inicios de ‘Bola de dragón’ cuando Son Goku todavía era un renacuajo con cola.

Según dicen, más adelante la animación dejará de ser tan simple para inspirarse en Ghibli pero el universo está bien creado y se permite esas licencias que sólo puede permitirse la animación. Islas con templos imposibles, palacios de hielo y unas peleas muy entretenidas. Y, como tiene la ambición de contar un gran relato, ofrece algo más a la simple diversión. Es la clásica lucha del bien contra el mal y sorprendentemente se toma muchas molestias en retratar las motivaciones del enemigo. Abandonar de vez en cuando el molde de las series adultas para coger aire es sano y el camino hacia ‘The legend of Korra’ está siendo una buena vía de escape.

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