jueves, 7 de abril de 2011

El 165 de Eaton Place

La adoración absoluta que sentían los sirvientes por sus propios amos son fruto de otra época. Unos tiempos en los que el Reino Unido aún era un gran imperio y la servidumbre tenía su propia estratificación social, dependiendo de a qué familia servían. En literatura Kazuo Ishiguro analizó esta relación en Lo que queda del día, una revisión contemporánea que mostraba la fidelidad sabuesa de un mayordomo por su amo. Pero la televisión no se queda corta en esta temática: Arriba y Abajo, que marcó una época en los setenta, provocó que medio mundo adorara los Bellamy, con una fascinación proporcional a la que sentía su ama de llaves por ellos. Y Rose, que así se llamaba la mujer, ha vuelto a su hogar, en el número 165 de Eaton Place.


La familia no es la misma, pues los Bellamy desalojaron la casa en 1930 y ahora sus inquilinos son los Holland, un joven y ambicioso matrimonio que se ven obligados a cobijar a la suegra, una controladora mujer que se dedica a malcriar a un mono, y la cuñada, una joven infantil y resentida. Y los tiempos tampoco son los mismos y Rose, ahora propietaria de una empresa de servicios de limpieza y organización del hogar, es muy consciente de ello. Los presupuestos con los que debe trabajar para mantener la casa no son lo que eran y tampoco lo son las personas dispuestas a trabajar por los Holland. La veneración absoluta ya no existe, pues el mundo evoluciona y ya son conscientes de ello, pero hace lo posible para que vuelva el esplendor en la casa donde vivió durante cuarenta años.


La televisión tampoco es la misma. El clásico británico se creó en 1971 y terminó en 1975, con una mezcla de drama y comedia, bastante amable en su comedido y que rindió a sus pies también a los americanos, con tres emmys al mejor drama. Y ahora una serie que bebió del referente, Downton Abbey, le ha pasado la mano por la cara al renacer de Arriba y Abajo. La fingida sensibilidad de la secuela, la postal con cierto aire retrógrado y el drama palidecen en comparación a los Crawley. Como en los setenta, los ingredientes están; el problema es que se pierde en su propio concepto nostálgico, con unos excesos pastelosos en la fotografía, unas historias superficiales y unos personajes que no transmiten ninguna emoción y cuyas motivaciones se notan muy manipuladas desde la sala de guionistas (la deriva nazi de la cuñada es bastante arbitraria, al igual que la evolución del chófer).


Hay alguna escena preciosa (el descubrimiento del señor Holland) y sirve como obra paralela a El Discurso del Rey, con el trabajo de asesor político del señor de la casa, que mantiene una estrecha relación con el Duque de Kent y a través de los cuales seguimos el lío de Eduardo VIII con la divorciada Wallis Simpson y su actitud positiva hacia el nazismo (además de conocer el auge del fascismo en Inglaterra con Oswald Mosley en cabeza), pero en general transmite demasiada afectación y poca emoción. Downton, en cambio, tiene personajes afectados, que no significa que la óptica también lo sea.


Esta victoria por parte del culebrón de Julian Fellowes es, en cierto modo, justicia catódica. Arriba y Abajo, a pesar de tener a la BBC como responsable de la secuela, era una serie de la ITV y es la misma ITV quien encargó Downton y se anticipó al regreso del 165 de Eaton Place con un producto que encima es superior y mucho más atractivo, otro clásico contemporáneo. A quien no les parecerá justo, sin embargo, será a Jean Marsh (la ama de llaves) y Eileen Atkins (la suegra en la secuela), que idearon Arriba y Abajo ya en los años sesenta y han tenido que esperar cuarenta años para poder actuar juntas en su proyecto (Atkins no participó en la original por sus compromisos con el teatro), esta vez como dos viejas glorias intentando recuperar el tiempo perdido.

5 comentarios:

Héber Sentil dijo...

Estoy perfectamente de acuerdo. La clave del error de 'Arriba y abajo' es el aura de nostalgia y falta de pasión. Y claro, con la comparación con Downton... lleva las de perder sin duda.

Crítico en Serie dijo...

Héber, es una lástima que la verdadera heredera de Arriba y Abajo (por haberse adaptado bien a los nuevos tiempos) no sea ésta. Como tú dices, le falta pasión. Y para empezar aún no sé qué pienso acerca de la mujer de la casa cuando me gustaría haberme formado una opinión. Pero ni tan siquiera me ha quedado claro qué nos intentaban vender los guionistas.

Arantxa dijo...

La verdad es que no estoy muy contenta con la nueva version de Arriba y Abajo pero me parece que exagerais con la Dowton esa. Mucha mansion, mucho lujo y mucho culebron bastante topico e inverosimil para lucir trapitos de epoca. Ninguna de las dos tiene la naturalidad y la "retranca" moral que tenia la original "Arriba y Abajo", con unas tramas tan sutil y elegantemente hipocritas que dejaban con la boca abierta. Puro Brittish, no las imitaciones actuales.

Arantxa dijo...

Ya que los british se han lanzado a hacer series de epoca, y que en la nueva "Arriba y Abajo" mencionan al fascista y libertino Mosley, deberian hacer una serie de su familia politica, en concreto de su mujer y sus cuñadas, las celebres hermanas Mitford. Esa si que seria una bomba: NANCY, escritora de novelas satiricas sobre la Hyht Society de su epoca; PAMELA, señorita de alta sociedad sin mas; DIANA, casada con el heredero de las cervezas Guiness, al que pone los cuernos t deja para ser amante del casado y putero Mosley, que tras enviudar(tal vez antes, este se llevaba al catre a todo la feminidad Lady de la epoca), la alterna con la hermana de su difunta Lady Cyntia para, finalmente, casarse con ella por ser muy admirada por Hitler, su padrino de boda, con Churchill, su pariente de las Mitford por su mujer Clementine, encarcelandoles en jaula de oro mas que nada para protegerles de la furia antinazi en plena batalla de Inglaterra y padres del pedofilo Max Mosley. Esta señora defendio hasta la muerte que los campos de exterminio eran una falacia y que su padrino de boda -que se quedo con la partida de boda, por lo que despues se volvio a casar con Mosley, al que amo como a un dios- era todo un caballero; UNITY, tan enamorada de Hitler que al saber que Inglaterra ha declarado la guerra a su amado se pega un chapucero tiro en la cabeza en un parque de Berlin quedandose en un estado mental de cinco años y teniendo que devolverla en particular valija diplomatica en plena guerra a Inglaterra para morir ocho años despues gaga perdida; JESSICA, se casa con un joven comunista de la alta sociedad, comprometidos hasta el punto de venir a España para luchar por la Republica - ella trabajo en la evacuacion de los niños vascos a Inglaterra - tienen una hija que se les muere, otra les sobrevive. Despues el se alista en la RAF y lo derriban. Tras la guerra, enemistada con su conservadora familia, se va a los USA, se casa con un activista de los derechos civiles judio, tienen un hijo. La hija se casa con un negro de la rama de Malcom X y los aristocratas Mitford se encuentran con descendientes judeo-mulatos en America. DEBORAH, la unica "normal" dentro de su circulo social natal: se casa con Andrew, segundo hijo de los Duques de Devonshire, convirtiendose en cuñada de Kathleen Kennedy, hermana de JFK, casada con William, el heredero, otro caido en la RAF cuatro meses despues de la boda sin hijos, convirtiendose Deborah en esposa del heredero y actual madre del Duque de Devonshire. Los Mitforf como tales se perdieron al morir, tambien con la RAF, Tom, el unico varon de la familia.

No me digais que no hay aqui un culecron british de campanillas.

Crítico en Serie dijo...

Arantxa, Downton a pesar de las comparaciones también intenta ser ella misma. Tampoco es justo que se la compare de igual a igual con un clásico de los setenta que encima tiene a su favor el efecto nostalgia. Me encanta de ella su ritmo y, por la resonancia mediática y seguimiento que ha conseguido tanto en UK como en USA, ha demostrado que es el equivalente actual (por ser de época y arrasar a su manera).

Y reconozco que me has dejado a cuadros con la historia de las hermanas Mitford. Tienes razón: allí hay un enorme potencial para armar una serie, no como este sucedáneo demasiado 'light' que ha acabado siendo la secuela de Arriba y Abajo.