jueves, 26 de mayo de 2011

La fidelidad de los casos

La gente a veces se pregunta porqué las series de asesinatos tienen tanto éxito. También son conscientes la mayoría de las veces de la respuesta: es un universo que permite establecer muy claramente las bases del episodio, dejando que un caso sea el protagonista y que, por lo tanto, el espectador nuevo o irregular pueda ir sumándose y dejándolo cuando le plazca. Y tengo que reconocer que se agradece. Está bien poder tomarte la programación y el orden un tanto a la ligera. Abandonar y retomar, como a la antigua usanza.


Ha llegado un punto en el que parece que si te saltas diez minutos de una serie el mundo se viene cuesta abajo y ya no eres un buen espectador. ¡Mentira! Hay series que están hechas para esto. No es tanto que busquen al espectador infiel, sencillamente que no lo penalizan creando una barrera infranqueable hasta el fin de los días. Fringe y Supernatural, por ejemplo, era así en un principio y después se convirtieron en series totalmente distintas. Y como las disfruto ambas como pocas (y antes no), estoy por hacer una guía para nuevos espectadores que no terminan de disfrutar con sus inicios procedimentales (que luego se convertirían en una narración que avanza en cada episodio). Algunos opinan que esto es un sacrilegio. Yo, que cuantos más seamos mejor y que es una pena que muchos se queden por el camino por unas circunstancias que luego desaparecen.


Es por esta condición de los procedimentales que mi misión de esta primavera es ver los finales de temporada de todas esas series que alguna vez dejé. Con esto me refiero a Bones, Castle y El Mentalista, series que sacan mi espíritu más cuernista. Todas han dado tanto que hablar que quiero unirme al radio patio 2.0, puesto que parece que todas han optado para avanzar en las pocas tramas seriadas que tienen.


A partir de aquí, SPOILERS del final de la 6ª temporada de Bones.


Y Bones, que dejé a principios de temporada porque estaba aburridísima, con una Angela y un Hodgins que estaban de un light y de un azucarado insufribles, por fin ha decidido dar el paso adelante en sus últimos dos episodios. ¿Lo de menos? Que uno de los labgeeks temporales, Nigel-Murray, cayera abatido y que Booth atrapara a su némesis, ese francotirador que tenía cero atracción como villano. Lo que importa, en realidad, es que Brennan está embarazada. Esto sí que es liarla parda.


Según el creador de la serie, Hart Hanson, la decisión no se debió únicamente al embarazo de Emily Deschanel. Era una idea que llevaba un tiempo encima de la mesa. Y, como bien comentó mi amiga MacGuffin, ha sido una forma original de saltar el tiburón (te robo la expresión), de pasar página sin centrarse demasiado en la resolución de la tensión sexual. A la nueva condición de pareja de Brennan y Booth se le unirá este factor que obligará a darle un trato especial, no visto antes. A su favor tienen que la química de ambos no es tanto de pelear, pues trabajan muy bien juntos, sino de balance (ella muy apática, él más instintivo).


Será por esto, porque han avanzado, que tras pasar de Bones durante todo el año, volveré en septiembre para ver cómo se las apañan y si consiguen crear otra vez unas interacciones divertidas. También tengo que confesar que igualmente me sentí bastante estafado por cómo nos obviaron el gran momento tórrido-romántico. Sólo podía haber uno y nos lo robaron.

2 comentarios:

MacGuffin dijo...

En plan abogado del diablo, diré que el momento tórrido (más o menos) ya nos lo dieron al final de la cuarta temporada, en la que también vemos por primera vez que Brennan no descarta tener un hijo, y que no descarta tenerlo con Booth. Al final, en el sueño aquél estaban todas las claves de lo que ha pasado más adelante.

Crítico en Serie dijo...

Te entiendo, pero yo quería una escena que nos hiciera sudar a todos y que fuera real, nada de sueños. ¡Y esto no es ser abogada del diablo, mujer! ;)