miércoles, 11 de junio de 2014

Una serie libre de caníbales

Hace prácticamente nada que se despidió el caníbal y ya necesito mi dosis de diálogos y estampas poéticas y macabras. No hay sustitutivo posible para paliar este mono o ninguno que se me pase por la cabeza y que me resulte atractivo. Por esto he decidido saciar mis ansias recuperando otra obra de Bryan Fuller, ‘Wonderfalls’, que nada tiene que ver y a la vez tiene tanto en común.

Si lo que me sedujera de ‘Hannibal’ sólo fuera el horror por el horror, probablemente huiría corriendo. ‘Wonderfalls’ es una obra luminosa y simpática, una serie que aspira claramente a convertirse en un lugar feliz. Es una especie de ‘Doctor en Alaska’ un tanto más excéntrica. Pero Fuller hace que se parezcan en el sentido que no suele apostar bajo. Él tiene una idea original, una concepción estética y todo obedece a estos principios.

El caníbal tiene un vehículo enfermizo, opresivo y cruel, y en ‘Wonderfalls’ se opta por una protagonista de raíces similares. Lecter es un psicópata que aprovecha su formación como psiquiatra para descubrir posibles monstruos como él y o bien enfrentarse a ellos o llevarles a su bando. Jaye Tyler (Caroline Dhavernas), en cambio, es una cínica licenciada en filosofía que desperdicia su ingenio en una tienda de souvenires en las cataratas del Niágara. Ella también tiene un punto sociópata, desprecia constantemente a su familia, es una inepta en su trabajo y una antipática, pero recibe un peculiar don que la obliga a ayudar a los demás. Vamos, que se convierte en una buena samaritana en contra de su voluntad y encima debe cometer alguna que otra locura, que las voces que oye no son siempre muy racionales.

Lo sorprendente de la propuesta es la osadía conceptual y estética. Fuller contempla sus obras como un todo que incluye el guión, la dirección, los decorados, los personajes y el vocabulario. La elección de los planos y la atmósfera a ratos de fábula permite que ‘Wonderfalls’ sea una grata sorpresa. Probablemente no he visto ninguna obra suya que tenga protagonistas socialmente cómodos y siempre transmite bien el perfil de “inadaptado entrañable” (en el caso de ‘Hannibal’, el de monstruo carismático).

Quienes adorasen ‘Pushing Daisies’ deben verla, ya que se puede interpretar perfectamente ‘Wonderfalls’ como el paso previo a crear a Ned. Allí se tiraría de cabeza a la piscina con su ambientación de cuento, la premisa más sorprendente, romántica y encantadora que he visto nunca en televisión, momentos musicales y casos episódicos absolutamente surrealistas. ¡Qué delicia era ‘Pushing Daisies’! A ratos empalagosa pero estimulante y novedosa (y lo seguiría siendo si se emitiera). ¡Ojalá siempre hubiera una serie de Fuller en antena, él y sus refrescantes perspectivas...!

1 comentario:

jordim dijo...

Esta me la apunto.