martes, 29 de julio de 2014

Los vampiros de Guillermo del Toro

A Guillermo del Toro le gusta pasarlo bien. Forma parte de esa generación de productores de mirada juvenil e hiperactivos donde también pertenece J.J. Abrams, que no entienden el audiovisual sin el factor entretenimiento a todo rendimiento. Algunas veces da prioridad a la vena artística (‘El laberinto del fauno’) y otras a la diversión a secas (‘Pacific Rim’), pero procura dar rienda suelta a su imaginación y entretener.

Si tuviera que enmarcar ‘The Strain’ en una de estas dos vertientes, claramente se incluiría en la segunda. En un principio, esta serie debía emitirse en FOX y, como el canal finalmente se desinteresó, del Toro escribió la historia en tres novelas, que ahora llegan a FX donde tiene más sentido su emisión y su nombre le da prestigio al proyecto. Y esta etiqueta, que curiosamente en España funciona tan bien (y así muchas veces cuelan obras menores donde él poco tiene que ver), también permite que veamos esta nueva raza de vampiros con algo de benevolencia.

En ‘The Strain’ un avión aterriza en Nueva York con todos los pasajeros muertos por un extraño virus. Pronto el equipo de control de plagas descubre que algunos pasajeros no están muertos, a pesar de no entender nada y sospechar que se encuentran ante una amenaza desconocida. Se trata de una invasión vampírica que quiere desatar el pánico en la ciudad más popular de Estados Unidos y Corey Stoll, que pasó a un primer plano gracias a ‘House of Cards’, es el responsable de enfrentarse a los vampiros junto a Mia Maestro, la hermana de Sidney Bristow que quedó en coma porque Jennifer Garner no soportaba que otra chica compartiese protagonismo con ella en ‘Alias’.

Cuando digo que la benevolencia ayuda, no quiero decir que ‘The Strain’ nos venda gato por liebre. Es una obra menor, una obra que homenajea las películas de serie B y que, por lo tanto, tiene su ración de caspa. La presentación del personaje, en una reunión judicial por la custodia de su hijo, no deja lugar a dudas de quien es porque todo se nos explica rápido y masticado. La fotografía rehuye la sofisticación de ciertas series como la propia ‘Fargo’, que se estrenó en primavera en el mismo canal FX, y la tensión es relativa.

Sólo hace falta ver, por ejemplo, la presentación de un secundario, una estrella de rock que se pinta la cara de blanco, lleva una peluca asquerosa (todavía más que la de Corey Stoll) y cumple todos los clichés del músico pasado de rosca y picha-brava. Es aquí donde ves la clase de series que es ‘The Strain’, como también pasa con la niña contagiada (su primera aparición es una forma de decir “conoced a la niña malrollera antes de ser una chupa-sangre") o el primer acto gore de la función, al final del primer episodio y muy gratuito (y bien), sobre todo por lo inesperado y como se recrean en esa escena.

Estos detalles definen la ficción que es, como en su momento descubrimos que Alan Ball no quería hacer una lectura social de Estados Unidos en ‘True Blood’ sino una locura terrorífica-erótico-festiva. Y esta, si bien no tiene el factor erótico, juega en una liga similar y plantea equilibrar terror de segunda, personajes sin ambigüedades (cada vez que aparece el delincuente latino es una declaración de intenciones) y sobre todo un ritmo entretenido que haga que sea un producto solvente. De momento, funciona.

P.D. Podcast: Y el último programa de la temporada de 'Yo disparé a J.R.' ha servido para comentar unos cuantos estrenos de verano, aquellos objetivos que nos hemos puesto, una conversación más flexible de lo habitual. Incluye tantas y tantas series que ni puedo poner un guión mínimo. El blog seguirá vivito y coleando pero el podcast se tomará unas vacaciones hasta finales de agosto.

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