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lunes, 14 de noviembre de 2011

Chicago - Baltimore

The Wire fue un relato sobre cómo funcionaba el negocio de la droga en los bajos fondos de Baltimore y cómo afectaba a aquellos que la sufrían por sus calles, los que la distribuían y los que la perseguían. Pero, a partir de su segunda temporada, también vimos cómo de difícil era la batalla cuando los políticos tenían en su cabeza demasiada ambición y pocas ganas de combatirlo de manera fehaciente. Y es esta dimensión política la que me impide ver Boss como una propuesta genuina. Lo que veo, además de un Kelsey Grammer con muchas ansias de llevarse un Emmy en la categoría de drama, es la serie que intenta ser la nueva The Wire.


Desde que la hija pródiga de David Simon desapareció de la televisión, hay una corriente bastante generalizada de que podría haber sido la mejor serie que haya existido jamás (afirmación que nunca me atrevería y tampoco me gustaría hacer). Ese lento, rutinario y realista paseo por una de las ciudades más deprimidas de los Estados Unidos tenía una manera de ver la vida, por así decirlo. La intención de Simon era ir tejiendo una especie de colcha de patchwork con pedazos de realidad que, al terminar la serie, nos daban una visión bastante global de la problemática de una ciudad que siempre le interesó (Homicio y The Corner son la prueba de ello). Y, ya que la HBO parece darse por satisfecha con mantener Treme en su programación, que también es de Simon pero es menos oscura, Starz busca el hueco dejado por The Wire de forma totalmente directa y descubierta.


En Boss, Grammer interpreta a un alcalde de Chicago, Tom Kane, que tiene los días contados como político desde que su médico le diagnostica una enfermedad neurodegenerativa que le borrará de la primera línea en menos de cinco años. Pero él ni planea hacerlo público ni quiere dejar de mover los hilos. Su intención es agarrarse al poder mientras le quede tiempo, no dejar de lado su sucia forma de hacer política y cobijar de una manera un tanto sospechosa al tesorero de Ilinois, Ben Zajac (Jeff Hephner), a quien quiere avalar para Gobernador del estado. Por lo tanto, Boss cambia Baltimore por Chicago, parcialmente su temática y también la coralidad por algo más egocéntrico, pues aquí el mundo gira entorno a Grammer, pero los objetivos son los mismos: hacer un retrato muy crudo de una ciudad.


Esto no significa, sin embargo, que me haya causado una mala impresión. Boss tiene un arranque tan lento como brutal y visceral y, desde el primer minuto y con Gus Van Sant detrás de las cámaras, quiere impactar con escenas muy potentes que se nos queden grabadas y penetren en los caparazones de los académicos de los Emmy. También tiene a un Grammer muy convincente, con un registro al que no estamos acostumbrados y que hace olvidar al instante que supuestamente se trata de un actor cómico (con tendencia a casarse con strippers). Y hasta despierta el interés de ver algo más y testimoniar cómo se van destapando las distintas capas de la vida del alcalde, incluyendo una esfera familiar que cuenta con Connie Nielsen como su esposa y una trama que me intriga bastante (hay esa hija que parece mudarse de vez en cuando a The Wire...).


Pero también es tanta la ambición del proyecto (y demasiado comparativa), que me siento obligado a tomármela con precauciones. No es que desconfíe de su responsable, Farhad Safinia (guionista de Apocalypto), pero su tono es tan solemne que temo que acabe agotándome. Esa era la ventaja de The Wire, que te hacía sentirte parte de las calles y te lo mostraba con naturalidad y sin excesos, en lugar de dejarte claro con cada plano que todo es muy, muy serio.


P.D.Podcastero: Sobre esta serie y otras discuto con Marina Such en el último programa del podcast Yo Disparé a J.R. que podéis encontrar también en la barra lateral del blog. Aquí tenéis la guía para el episodio:

- 0’: Boss.

- 16’: Grimm.

- 22’: La nueva etapa de Cómo Conocí a Vuestra Madre.

- 36’: The Vampire Diaries.

- 50’: The Secret Circle.

- 1h 2’: Ronda de respuestas con comentario sobre Downton Abbey.

lunes, 1 de marzo de 2010

Ejecutivo busca escrúpulos

La decisión de la CBS de estrenar un reality como Undercover Boss después de la final de la Super Bowl levantó mucha menos polvareda que la llegada de Jay Leno al prime time de la NBC. Pero de esta estrategia de la cadena también se podía sacar una lectura metatelevisiva: ante la constante bajada de audiencia de las series, las networks buscan la forma de rentabilizar sus productos. Y los realities, además de baratos, acostumbran al espectador a ver cada episodio en directo. Son a prueba de internet y de vídeos y, por lo tanto, son perfectos de cara a los anunciantes.


La telerrealidad es un macrogénero catódico que lo engloba prácticamente todo. Si bajara la producción de ficción (no pido su desaparición, ni loco), tampoco sería el fin del mundo: de Survivors, Project Runways y Extreme Makeovers también puede vivir el hombre. Y más en un momento como este que, aparte de cuatro perlas como Community, Modern Family, The Good Wife y V (sí, V), a las generalistas les cuesta bastante elegir con acierto los pilotos que se convertirán en temporadas de 20 episodios. Y la segunda ola dorada, la del 2004/05, cada vez queda más lejos.


Pero de la misma forma que FlashForward o Past Life no valen ni un duro, Undercover Boss tampoco. Este docurreality, en el que el jefazo de una macrocorporación comprueba qué tal esto de trabajar en su propia empresa como un empleado anónimo, no sólo es barato, sino que también es mediocre e insustancial. Si para la CBS reconducir su propia filosofía de cara al futuro significa llenar su programación con productos así, mejor nos retiramos.


El formato, en realidad, es algo así como un remix entre Dirty Jobs y The Secret Millionaire pero con el morbo que despierta la cuestionable ética económica de los Estados Unidos. Así en el primer episodio podemos ver como el máximo directivo de Waste Management, una empresa de gestión de residuos, lidia con la mierda de los lavabos móviles que alquilan, como recoge bolsas de plástico con un palo y cómo se pone los guantes ante una pila de basura.


Dentro del cable, en el canal Discovery e incluso en alguno económico, tendría sentido confeccionar el programa. Otro más con el que llenar las horas. Pero la poca ambición del proyecto, algo sorprendente en una network, hace de Undercover Boss un reality rancio. Una semana de incógnito sabe a poco y el discurso que vende el programa es tan demagógico y gratuito que duele: premiar a los cuatro empleados con los que ha trabajado, cuando el hombre dirige una empresa con 50.000 personas, es insultante.


Puestos a ver a la televisión influenciada por la situación económica del país, me quedo con Shark Tank, que no se avergüenza de mostrar sin tapujos la verdad de los altos directivos, cuyas decisiones sufren para bien o para mal las personas de la calle. Como mínimo no tiene el morro de servir como vehículo de lucimiento para que cuatro ejecutivos bien pagados se laven su imagen pública con el beneplácito de la cadena.

lunes, 9 de abril de 2012

Las chispas de Bent

Que te dediquen un artículo en Los Angeles Times hablando del buen trabajo que has hecho en una serie, tiene que ser muy halagador. Pero que la excusa del reportaje sea que, por enésima vez, la comedia que protagonizas se ha cancelado en su primera temporada, tiene que ser bastante humillante. Este es el caso de David Walton, que tras Heist (que le duró siete episodios), Quarterlife (sólo cinco), 100 Questions (seis y adiós) y Perfect Couples (¡diez!), ha visto como su última incursión en televisión le duraba seis episodios. Y es una lástima, pues Bent tenía cierto encanto.


Cualquiera sabe reconocer que, fuera buena o mala, Bent las iba a pasar muy canutas estrenándose en el midseason de un canal con tan mala suerte como es la NBC, sobre todo cuando decidieron emitir los episodios de dos en dos, dejando bastante claro que no tenían muchas esperanzas depositadas en la serie. Y seguramente ni me hubiera tomado la molestia de verla entera (en total solamente 130 minutos) si no me hubiera cautivado con casi tanta rapidez con la que sabíamos que se iba a esfumar. En un panorama televisivo donde las tensiones sexuales cada vez están más forzadas, Bent era un soplo de aire fresco con la palpable química entre sus dos protagonistas, David Walton y Amanda Peet.


La premisa, forzada a simple vista, también era genuina. Una mujer divorciada con el ex marido entre rejas decide reformar toda su casa para empezar de nuevo y contrata al tío más tarambana que se le puede ocurrir porque, a pesar de ligarse a todas sus contratantes y tener cero ética laboral, sabe que hace un trabajo espléndido. Y entre Alex y Pete Riggins (Peet y Walton) automáticamente surge la magia. Lo vemos venir, nos lo restriegan por la cara sin disimulo y su tira y aloja lo hemos visto antes (chica rígida se enerva con el vago ligón de turno). Pero saltan chispas, que es lo que importa.


Lo que no cuadra tan rápidamente es el humor que intentan destilar. Sí, hay apuntes por aquí y allá con los trabajadores de Pete (entre los que nos reencontramos con Landry de Friday Night Lights), el actor frustrado que es su padre (Jeffrey Tambor, el patriarca Arrested Development), la flirteadora hermana de Alex y también la hija, que raramente consigue ser bastante adulta sin ser abofeteable, pero son lo suficientemente simpáticos como para querer ver hacia donde irán mientras disfrutamos con las discusiones llenas de deseo sexual entre los dos protagonistas. Sin embargo, nunca sabremos cómo hubiera aguantado el tipo esta comedia romántica y será una lástima, aunque quienes quieran sumergirse en ella deben saber que tiene un final bastante satisfactorio, como si su creador Tad Quill (de Scrubs) hubiera tenido bastante claro que se la iban a emitir y cancelar en tan sólo tres semanas.


P.D.Podcastero: Ni la Semana Santa nos sirvió de excusa para desconectar y aquí estoy otra vez con el podcast donde comento las series de televisión con Marina Such. Esta vez, para hablar de Juego de Tronos con Montsinya de ByTheWay.TV, de la misma Bent y otra serie del canal, Best Friends Forever, los avances de Once Upon a Time y dos estrenos como son Scandal y Magic City. Podéis descargar el episodio en la barra lateral y aquí tenéis la guía del programa:


- 0': Presentación y Scandal, la nueva serie de Shonda Rhimes.
- 11': Magic City, la gran apuesta del canal Starz (Boss, Spartacus).
- 21': Game of Thrones, e
l arranque de la segunda temporada.
- 53': Bent y Best Friends Forever, una comedia que acaba y otra que empieza.
- 63': Once Upon a Time, algunas respuestas y nuevos interrogantes (con spoilers hasta la fecha).

miércoles, 6 de febrero de 2013

Sherlock y el misterio del apagón

Los problemas técnicos durante la final de la Super Bowl, donde de repente de apagaron la mitad de las luces del estadio Superdome de Nueva Orleans incluyendo el marcador, se cobraron una víctima. Puede que no afectara al desenlace del partido, puesto que los Ravens ganaron igualmente, ni impidieron que Beyoncé diera un espectáculo, pero sí perjudicaron a Elementary, la serie que había programado la CBS a continuación.

En la televisión estadounidense es tradición que el canal que emite el evento, que se turnan cada año las networks, elija una de sus series o programas para emitirse después del partido, dándole un buen espaldarazo. Eso sí, tampoco es una maniobra fácil y aprovecharse a largo plazo de ella es complicado. Las cadenas con el tiempo, por ejemplo, han descubierto que no funciona estrenar series, pues deben ser productos más fáciles de consumir como realities o series ya conocidas, y también hay que procurar no programar series cuyo punto álgido ya ha pasado. De nada les sirvió a House, Glee o The Office el empujón. En realidad, si echamos un vistazo a los programas de los últimos años, nada salta a la vista como los estratosféricos números de los cástings de The Voice (37M), ese reality de segunda llamado Undercover Boss (39M) y, remontándonos a 2006, el It’s the End of the World de Anatomía de Grey (37,8M).

El episodio de Elementary, sin embargo, tuvo que conformarse con los datos más modestos desde Alias con 20,8 millones de espectadores por culpa del retraso de media hora que provocó el apagón y que relegó la emisión a altas horas de la noche. Y, ni que fuera por curiosidad, lo he visto. Siempre es curioso ver qué armas se emplean para abrir una nueva serie a un público más amplio. Más allá, por lo menos, de la táctica utilizada varias veces de poner a chicas en lencería en la primera escena, para mantener a la parroquia masculina del partido enganchada a la tele. En esta adaptación de Sherlock Holmes fueron dos strippers ladronas en una primera escena pseudo-cachonda totalmente gratuita y creo que tanto Alias como Anatomía de Grey fueron más graciosas a la hora de mostrar carne.

Sea como sea, el episodio a primera vista era bastante normal. Ni hubo grandes persecuciones, ni ninguno de sus protagonistas estuvo en un peligro real de muerte. Pero sí tuvo un asesino en serie (de esos que siempre funcionan), un duelo entre Sherlock y otra criminóloga rival que sirve de excusa para discutir la personalidad del protagonista y se establece de forma consolidada la amistad entre Sherlock y Watson. Y, para aquellos que se quedaron en el piloto (como yo), fue una buena forma de ponerlos al día y mostrarles en qué se ha quedado Elementary.

Puede que con el tiempo hayan desarrollado la inercia entre Sherlock y Watson (como tándem funcionan), pero esto no quita que sea una serie que hemos visto antes. Las deducciones de Holmes son demasiado parecidas a las de Patrick ‘El Mentalista’ Jane (que también creó Bruno Heller) y su extraño comportamiento, muy asocial, se ha visto muy a menudo últimamente y en personajes más interesantes. Ojalá la CBS hubiera aprovechado el lead-out de la Super Bowl para contarnos por dónde andaba Person of Interest, que he oído muchas cosas buenas de ella y tiene demasiados episodios ahora mismo para ponerme al día. Dentro de las restricciones creativas que impone la CBS, por lo menos no la hemos visto antes tantas veces.

domingo, 24 de agosto de 2014

Médicos, enfermeras y físicos nucleares

¿Os acordáis cuando en invierno nos rasgábamos las vestiduras porque no había novedades interesantes? ¿O esas series que apuntaban alto y se estrellaron? Pues el verano ha sido el revulsivo perfecto. Sin esperar nada de ninguna propuesta, más que nada porque estoy curtido y me cuesta ilusionarme, ha habido unas cuantas novedades que han sobrepasado las expectativas.

‘The Knick’, por ejemplo, podía ser la enésima obra que llevase la etiqueta de “serie de calidad” pero sin entusiasmar entre el público. Una de esas series que acostumbra a hacer HBO y que gustan más en la teoría que en la práctica (‘Boardwalk Empire’ y ‘Luck’, os miro a vosotras). Pero este proyecto que destinaron a Cinemax, el otro canal del conglomerado, funciona a otro nivel. Es una inmersión absoluta a la medicina del año 1900, en concreto en Nueva York, y Steven Soderbergh hace un buen trabajo plasmando ese universo.

No, de momento no es ‘Anatomía de Grey’. Tampoco lo será nunca, supongo. Su aproximación tiene más de documental, de contarnos otra era con otra filosofía de medicina (las cirugías eran prácticamente experimentos y una fiebre podía significar la muerte), pero es fascinante de ver. La música de Cliff Martinez, bien contemporánea, nos obliga a juzgar a todos los personajes y les desnuda a ellos, a su racismo, su machismo y su adicción a la cocaína. Clive Owen está bien en el papel principal, sí, pero lo interesante es todo lo demás.

Otra que es más emocional es ‘Outlander’, la serie que nos han vendido como un ‘Juego de Tronos’ para señoras. ¿Lo es? En concepto, sí. Pero esta adaptación de las novelas de Diana Gabaldón, que empezó con ‘Forastera’, no deja de ser un relato romántico con una gran e inequívoca heroína al frente. Una enfermera llamada Claire tras la Segunda Guerra Mundial se va de viaje a Escocia con su marido y, de repente, se encuentra en 1743. ¿Qué debe hacer una mujer en esa época sin nadie que pueda ayudarla? Pues, según parece, enamorarse de un granjero llamado Jamie.

Lo loable es que Ronald D. Moore (‘Battlestar Galactica’) quiere hacer bien las cosas. La ambientación está conseguida y el drama tiene sustancia: sabe quien es su público y entiende que también quiere algo bien hecho y bien escrito además de tensión sexual. Por esto ‘Downton Abbey’ arrasó en medio mundo porque entendió que una serie destinada al público femenino no tenía porque producirse como si fuera de segunda. Y Caitriona Balfe es una de esas actrices que parecen nacidas para interpretar un personaje de época. Podrían intercambiarla con la protagonista de ‘Call the Midwife’ y probablemente no apreciaría la diferencia. Starz por primera vez hace algo que me interesa (‘Boss’ entraría en esa categoría de series que apuntan maneras pero son un coñazo).

Y finalmente otro canal que está de enhorabuena es WGN. Empezaron en el terreno de la ficción propia con la decepcionante ‘Halem’ y ahora ‘Manhattan’ apunta maneras. ¿Otra serie sobre Nueva York? Ni en broma. Esto es un drama sobre los físicos que inventaron la bomba nuclear, que procuraban tenerla antes que el enemigo durante la Segunda Guerra Mundial. Un concepto original y otra serie sobre un entorno laboral estimulante, al igual que ‘Halt and Catch Fire’ de la que hablé (¡y que ha renovado por una segunda temporada!). Habrá que ver más pero me gusta que su piloto sea accesible, tenga ritmo y explique bien por dónde irán los tiros. No todo tiene porqué ser críptico en este mundo.

¿Quién dijo, entonces, que el verano era para las series ligeras y subproductos? ¡Se nos han amontonado los deberes de golpe!

martes, 31 de enero de 2012

Después de la Super Bowl

Para los que no nos interesa el fútbol americano, la Super Bowl del domingo tiene dos notas muy positivas. Primero, Madonna se encargará del entretenimiento de la media parte, lo que significa que irá a por todas con su último trabajo, MDNA, lo que suele intentar cada vez que un álbum suyo no funciona (y Hard Candy fue un flop a varios niveles). Y en el ámbito televisivo, lo que todos los analistas norteamericanos esperan es ver cómo funciona la nueva temporada de The Voice que se estrena justo después del partido.


La NBC no tuvo que exprimirse mucho la cabeza a la hora de decidir qué programa ocuparía semejante hueco de su programación porque, aunque todos recordamos lo bien que le fue a Anatomía de Grey o a Friends emitirse después de la Superbowl, también es un espacio que comporta muchas responsabilidades y no tenían muchas opciones. Pero, de por sí, no es tan fácil como emitir cualquier programa en la franja y ya está. Hay muchas expectativas y a la práctica se ha demostrado que sirve mucho más para consolidar productos ya populares que para lanzar de nuevos. De aquí qu ela FOX programara Glee el año pasado, aunque para entonces ya había explotado todo su potencial y sólo lo descubrirían a posteriori.


Esta temporada, sin embargo, la decisión de NBC tiene toda la lógica del mundo. La anterior primavera estrenaron el talent show The Voice con mucha promoción pero pocas expectativas por parte de la industria y el público, y les dio resultado. Las interacciones y valoraciones de Christina Aguilera, Blake Shelton, Cee Lo Green y Adam Levine de Maroon 5 encontraron su público con un formato mucho más humilde que X Factor o American Idol, en el que los mentores eligen a sus candidatos sin ver su físico en la fase de cásting. Y se nota que la NBC no tenía nada mejor. Sus series asentadas no cumplen los requisitos mínimos de popularidad o de interés y la historia ha dejado claro que estrenar una ficción nueva no es una buena idea (Extreme de la ABC se canceló antes de terminar la primera temporada).


Lo curioso es que nadie ha puesto el grito en el cielo por la decisión tomada por la NBC. Cuando la CBS eligió estrenar el reality Undercover Boss después de la Super Bowl (de planteamiento y seguimiento mucho más fácil que una serie) fueron muchos los que predijeron que era otro síntoma de que los canales habían dejado de apostar por la ficción de calidad. Pero a nadie se le ha ocurrido hacer tal afirmación con The Voice porque los críticos son muy conscientes que la NBC no tenía otra opción viable con las catastróficas temporadas que ha tenido en los últimos años.


Esta es una de las razones por las que la maniobra de emisión será muy observada y analizada. La NBC necesita un gran éxito para salvar el año de la quema y The Voice podría ejercer de buque insignia del cambio (que además se emite dos noches a la semana). Y también hay mucha curiosidad por ver cómo afecta al monstruo de la TV americana, American Idol, emitiéndose los dos al mismo tiempo, sobre todo ahora que FOX ha cansado a su público con X Factor en otoño.


Y para los que amamos la ficción de calidad será muy importante que funcione toda esta operación. Si bien el domingo comienza The Voice después de la Super Bowl, la serie musical Smash se estrenará el lunes después del talent show. Por lo tanto, si The Voice obtiene buenos registros y arrastra buena parte del público, Smash tendrá una mejor plataforma para construirse una audiencia, algo que es muy difícil cuando el público le ha dado la espalda a tu canal. Entonces veremos si, paradójicamente, la telerrealidad puede salvar a la ficción.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Los Globos, el 'hype' y Madeleine

Los Globos de Oro siempre se han comportado como los nuevos ricos de los premios. En lugar de decidir qué series y películas son las mejores del año, parecen funcionar de otra forma. En el caso de las películas, por más que digan que son la antesala de los Oscar, siempre recopilan las impresiones de todos los críticos que ya se han posicionado. Pero, cuando se trata de televisión, optan por mencionar las series con más hype (que nada tiene que ver con la calidad) y esos actores y actrices que tuvieron una carrera más o menos estelar en el mundo del cine (dando a entender, de manera muy poco sutil, que la televisión es un arte menor en comparación con el cine). Estas son algunas de las impresiones que he sacado del anuncio de las nominaciones de estos días:


Como el “dar de qué hablar” parece ser su criterio fundamental, Ryan Murphy está presente por partida doble. Primero, Glee repite en la categoría de comedia como si nadie se hubiera enterado que la serie ha perdido cualquier ápice de calidad, si es que alguna vez lo tuvo (y no eran simplemente espejismos). Pero lo verdaderamente indignante es que American Horror Story se haya colado en la categoría de mejor drama entre Homeland, Boss, Game of Thrones y Boardwalk Empire. Que haya pasado por delante de Breaking Bad y The Good Wife es un escándalo. No deja de ser curioso, además, que ninguno de los dos protagonistas esté nominado a diferencia de los espléndidos Claire Danes y Damien Lewis por Homeland. Vamos, sólo con esta nominación demuestran cuánto quieren demostrar que son cool y cuanto se dejan llevar por el ruido mediático. De hecho, casi da la impresión que no ha habido una sola serie veterana que haya cumplido, puesto que todas menos Boarwalk Empire son proyectos estrenados este año.


También es gracioso que, aparte de Glee, New Girl se haya colado entre las comedias del año por delante de 30 Rock, Parks and Recreation, Louie, Entourage, Cougar Town, The Middle o Cómo Conocí a Vuestra Madre. En serio, cualquier serie de estas chirriaría menos que estas dos inclusiones que buscan el beneplácito de los fieles seguidores que la siguen. Los Globos siempre han tenido esa tendencia a votar por aquello que más brilla, aunque no sea oro, y además encontrar la aceptación de ciertos públicos. Más comprensible, en cambio, es que Zooey Deschanel esté entre las actrices de comedia. Puede que su serie no me convenza, pero la sostiene ella solita y es lo único destacable de semejante decepción.


Pero cualquiera que siga este blog y/o el podcast de Yo Disparé a J.R. sabrá que hay una buena noticia: Madeleine Stowe es candidata a la mejor actriz dramática junto con monstruos de la talla de Danes y Julianna Margulies (¿cómo puede ser la única intérprete de The Good Wife nominada?). Sí, está allí porque hizo El Último Mohicano y tuvo carrera en el cine, pero no quita que se lo merezca (aunque estoy seguro que no lo tuvo en cuenta la prensa extranjera). Sea como sea, espero que gane y, si no lo hace, quiero verla aplaudiendo mientras suelta una de sus sonrisas marca de la casa. Sería una dulce venganza poder verla fusilando mentalmente a todos los presentes. En especial a los que eligieron los candidatos de unos premios tan ridículos como estos.


(La próxima vez que escriba supongo que será para acabar de publicar la lista de lo mejor del año, que ya es hora.)

lunes, 30 de agosto de 2010

Emmys para todos los públicos

No abrir la tele, tener que llegar a Clan TV para ver Bob Esponja sin pasar por ningún informativo y no poder abrir el twitter o algún otro blog ha sido arduo. Habrá quienes no lo entenderán, pero evitar espoilearse los Emmy es bastante complicado cuando tu vida casi gira entorno a la televisión (cuestión, de por sí, un poco preocupante). Pero la espera valió la pena, a la vez que los premios fueran bastante previsibles, lo que no significa que me hayan decepcionado. De hecho, después del remake del año pasado, cualquier resultado iba a parecer original. Aquí una breve lista con los highlights de la noche, una serie de impresiones sobre lo más...


Supercalifragilisticoespialidoso: El número musical inicial era para llorar de la emoción (el Born to Run de Bruce Springsteen es infalible) y aplaudir con las manos y los pies al ver a tanta grandeza junta. No sólo estaban por allí los chicos de Glee (en un sketch que casi me hizo reconciliar con Chris Colfer), sino que también estaba Hurley, la monérrima Nina Dobrev, una muy graciosa Tina Fey (haciendo de Liz Lemon, o sea, de ella misma), y también esa extraña pareja formada por Joel McHale (el destroyer de realities por excelencia) y una muy paródica Kate Gosselyn (la víctima de un tercio de sus bromas). Bueno, y ver a Tim Gunn soltándole un “make it work” a Jimmy Fallon mientras imita la portada del Boss... es un sueño catódico hecho realidad.




Cansino: Que Mad Men y Brian Cranston hayan vuelto a ganar ya huele a rancio. En el caso de la serie porque es tan conscientemente inteligente, sutil y cool que empieza a apestar (y los premios sólo hacen aumentar su ego). En cambio, mientras que por fin he dado una oportunidad a Breaking Bad y me parece excelente, Cranston no me entusiasma. Demasiados tics le veo a este hombre (sobre todo para tener tres emmys en el lavabo).


Refrescante: Por suerte, no se podrá acusar este año a los Emmy de premiar siempre a los mismos gracias a la victoria de Modern Family y el sketch con el cameo de George Clooney probó porqué: es una serie en estado de gracia con un elenco muy compenetrado. Cada gag tiene una brillante idea y ejecución detrás.




Irritante: January Jones no se llevó el Emmy a la Mejor Actriz y seguramente nunca lo hará. Y he aquí porqué: no solamente demostró en el Saturday Night Live que era peor actriz que Tyra Banks, sino que además se comportó como la típica vedette estúpida por enésima vez consecutiva al salir con el equipo a recibir el premio a Mejor Drama. Otra que es de risa floja (y que tiene un Oscar en su haber) y en cambio irradia carisma es Anna Paquin. Sale, sonríe tontamente con sus dos maromos y yo sigo queriéndola invitar a conocer a mis padres.


Emotivo: Por si el número musical no fuera suficiente, los americanos demostraron con los montajes para drama y miniserie que ellos saben de qué va el asunto. Que sí, que era muy sensiblero, pero la emoción con un remix sigue teniendo mérito (y terminar el montaje de comedia con un gag sobre minusválidos tiene coraje).


Merecedor: Después de cuatro intentos fallidos Kyra Sedgwick se llevó el premio a la Mejor Actriz de Drama al que ya debía haber renunciado y sirvió para confirmar que The Closer tiene cuerda para rato. Si alguien debía ganar a Julianna Margulies y Connie Britton era ella. ¿Cómo elegir entre tres madres?


Sorprendente: Aunque actuar sea un oficio (que no necesariamente estigmatiza al sujeto), a menudo pierdo la cabeza pensando qué deben tener en común los personajes y los actores. Y difícilmente me hubiera imaginado que Archie Panjabi sonaría tan dulce (God Bless Her, aunque algunos critiquen su “this is great for my career” con el que terminó su discurso), y que Aaron Paul sería pastado a su personaje, en el recibimiento de premio más vulgar desde que Cuba Gooding Jr salió a recoger su Oscar por Jerry Maguire.


Gay Friendly: En un año en el que se habló demasiado acerca de las limitaciones de los gays en la industria y acerca de la constitucionalidad de los matrimonios del mismo sexo, se agradece que Jane Lynch salga a recoger su Emmy, que Neil Pratrick Harris sea el eterno nominado por hacer de seductor, Chris Colfer ande por ahí (aunque odie a su personaje) junto con Jesse Tyler Ferguson (homosexual reconocido), aunque gane Eric Stonestreet por interpretar a uno sin serlo y también Archie Panjabi por interpretar a la ambigua Kalinda. O que también corra por la sección de miniseries el veterano Ian McKellen y gane a Mejor Dirección de comedia el weirdísimo Ryan Murphy.


Soporífero: Ya sabéis que amo la televisión, ¿pero hace falta que las categorías a Mejor Telefilme y Mejor Miniserie sean tan aburridas? ¿No podrían esparcirlas durante la noche para que ni nos diéramos cuenta de su presencia? Eso sí, me quedó claro que toca ver Temple Grandin y que el mundo debe dar las gracias a la HBO por hacer de la televisión un lugar mejor (¿estaba en los contratos de Claire Danes y Al Pacino lo de adorar a la cadena en directo?).


WTF: Al Pacino haciendo de Al Pacino, las brutales envenenadas bromas sobre Conan O’Brian que tiraron a la NBC (que emitía la gala), el tremebundo traje de Rico 'Manny' Rodríguez, el auténtico asombro del equipo de Top Chef (y la casi caída de una de sus integrantes), la muy rara Julia Ormond (que perdió su característica clase, soltó palabras sin mucho sentido y encima se olvidó de mencionar a su compañera de reparto Catherine O’Hara) y las necesarias apariciones (en el montaje de realities) de Danielle Staub, Rob Mariano y Snooki. Ellas por ser de lo peor de América; él por ser lo mejor de Boston.


Y hasta aquí el resumen de este año. Ahora la pregunta es cuándo empezará la promoción de Friday Night Lights para Mejor Drama del año que viene, después de ver que finalmente el duro trabajo de Connie Britton y Kyle Chandler rinde sus frutos (que el próximo año podrían materializarse en estatuillas), si Mad Men seguirá ganando enemigos con su éxito crítico (¿os imagináis que El Señor de los Anillos hubiera ganado el Oscar a la Mejor Película durante tres años consecutivos?) y si The Good Wife y Julianna Margulies seguirán al pié del cañón y recibirán el cariño de una Academia que solía amar los procedimentales.


(Ah, y si no he mencionado a Betty White en ningún momento es porque gala tras gala (y cameo tras cameo) quizá también bajará a los infiernos de los cansinos. Acepto que está mayor, pero tampoco hace falta que la exprimáis tanto por miedo a que muera cualquier día de estos. Que se nota.)